Ciclo alcista

y lucha sindical

 

1 - Introducción

 

    Las elecciones del 27 de abril de 2003, con el triunfo de Kirchner, cerraron definitivamente la crisis política iniciada luego de la caída de De la Rúa. Aunque ya desde la previa asunción de Duhalde, dicha crisis había comenzado a buscar su salida.

    Desde el segundo trimestre de 2002, tiene inicio un nuevo ciclo de acumulación capitalista. Luego de la crisis económica de 2001, al no haber podido darse la clase obrera una salida de tipo revolucionario, la salida de la misma que se dio el capital es básicamente de “manual”, es decir, la salida de la crisis se sustenta en una formidable caída del salario real (vía devaluación e inflación), afirmando la tendencia que ya se encontraba en curso en plena convertibilidad (pero durante ésta, vía deflación): incre­mento de la desocupación, aumento de la explotación mediante la flexibi­lización y racionalización laboral, y depuración de las fracciones más débiles del capital, intentando de esta manera recomponer la tasa de ganancia1.

    De esta manera podemos observar la continuidad del disciplinamiento laboral a través del mercado, la constante precarización laboral y los diversos regímenes instalados en la década anterior, la inserción en la globalización a través de la apertura comercial, el aumento de la explo­tación, el deterioro de la salud y la educación, la continuidad de las priva­tizaciones (“emprolijando” en algunos casos aquellas que por sus carac­terísticas o por otras razones era necesario), etc.

 

Es por todo esto que sostenemos que el gobierno de Kirchner no planteó ni se propuso en ningún momento retroceder en todo lo avanzado durante los noventa, por el contrario lo que intenta es consolidar aquello que la radicalidad burguesa logró en dicha década, a lo sumo puliendo aquellas aristas más ríspidas. En dicho marco proponemos entender cómo el ciclo de acumulación alcista conecta con el reavivamiento de la lucha de clases.

 

 

2 - Situación Económica

 

A - El ciclo de acumulación

 

    El siguiente apartado no intenta desde ningún punto de vista discutir la veracidad o falsedad de los datos económicos exhibidos comúnmente por el gobierno. Sino por el contrario demostrar cómo todos ellos se inscriben dentro de un ciclo de acumulación capitalista basado en un aumento de la explotación de la clase obrera. La crisis económica y política de 2001, su salida a partir del segundo trimestre de 2002 y el posterior ciclo alcista de diez trimestres consecutivos responden a esta tónica. A continuación describiremos algunos indicadores que dan cuenta de dicho ciclo alcista.

    Entre enero y marzo de 2004 el PBI creció a un ritmo interanual del 10,5 %, para desacelerarse posteriormente hasta el orden del 8 % producto de la crisis energética2. Superados dichos problemas se estima que el crecimiento del PBI en el año 2004 cerraría en el orden del 8,4 %. Aunque caería aproximadamente en un 0,5 % respecto del año anterior (en 2003 el crecimiento del PBI fue de 8,9 %), el crecimiento estimado del 2004 no dejaría de ser importante, sólo aventajado por el crecimiento esperado de países como China. Es más, y confirmando que nos encontramos ante un nuevo ciclo de acumulación capitalista, desde el segundo trimestre de 2002 se registran diez trimestres ininterrumpidos de crecimiento del PBI (algo que no se daba desde antes de 1997). Otro aspecto importante, que señala fundamentalmente sobre qué se sustenta este nuevo ciclo de acumulación, es que la recuperación del PBI fue liderada por el sector industrial (el cual era al momento de la crisis, el que se encontraba más retrasado) seguido por el resto de los sectores.

    Entre el primer trimestre de 2002 (el crecimiento en el sector industrial se manifiesta un trimestre antes que en el resto de la economía) y el tercer trimestre de 2004 la producción industrial acumula un crecimiento del 35,4 %, a una tasa aproximada del 12,9 % anual. Los datos desesta­cionalizados de la industria textil y metalmecánica de dicho período pueden servirnos de referencia: la industria textil acumula un crecimiento del 188 %, mientras que la metalmecánica un 148 %. Los despachos de cemento han crecido un 78 % en el mismo período. Aunque en el mes de octubre de 2004 se registra una leve desaceleración de la actividad industrial del 0,1 %, se estima que el crecimiento para el año 2004 será aproximadamente del 12 %.

    Al mismo tiempo la importación de bienes de capital subió en el primer trimestre de 2004 a una tasa que orilla el 170 %3, llegando a representar en el tercer trimestre de 2004 el 24,4 % del total de las importaciones, y encontrándose un 0,1 % por encima del promedio de la década del noventa. A partir del segundo trimestre del 2002 se verifica un alza continuada de la inversión interna bruta fija, que entre el segundo trimestre de 2003 e igual trimestre de 2004 crece un 38,8 %, llegando la inversión en equipo durable también al promedio de la década del noventa. La inversión creció en el primer trimestre de 2004 respecto de igual período de 2003 a una tasa record del 50 %, representando el 18,3 % del PBI, liderada por la compra de maquinaria y equipo, a diferencia de otros períodos donde a la cabeza se encontraba la construcción. La inversión en maquinaria creció un 90 %, y en construcción un 35 %.

    Con respecto a los recursos tributarios la suma del IVA, ganancias y retenciones entre 2001 y 2004 aumentaron un 90 %, representando dos tercios de la recaudación. Y más allá de las enfrascadas discusiones entre neoliberales y “progresistas” sobre lo progresivo o regresivo de tal o cual impuesto, todos ellos representan alícuotas de la plusvalía capitalista, con lo cual y de forma general, dicho aumento en la recaudación marcaría la mejora de los negocios capitalistas. En total los ingresos tributarios de 2004 alcanzarían los 98.000 millones de pesos, lo que representa un crecimiento del 35,5 % respecto del año anterior.

    Al mismo tiempo se ha pasado de un déficit fiscal de 8.780 millones de pesos en 2001, a un superávit que hacia finales de 2004 se ubicaría en torno a los 18.000 millones de pesos. Es decir un 4,5 % del PBI; si a esto último se suma el hecho de que se espera que las provincias aporten de conjunto un 1,5 del producto, el resultado se elevaría al 6 %, exactamente el doble de lo acordado con el FMI. En consonancia con ello el gasto público registra una notoria caída; si se compara el gasto primario promedio acumulado entre enero-septiembre del período 2002/04 en relación con el mismo entre los años 1999/2001, vemos que en el presente es un 20 % menor. Lo que por otra parte no resulta un dato menor, y lejos ya de toda la verborragia oficial explica, en parte, el amplio apoyo de importantes sectores del establishment, quienes sostienen hasta el cansancio que el gobierno de Kirchner ha logrado indudablemente lo que siempre habían buscado.

    Otro de los puntos a destacar sería, por un lado, los avances que se han hecho a mediados de año en las negociaciones comerciales con la Unión Europea. Por otro lado, y más allá de las recientes versiones (y de los aspectos cuantitativos de éstas), ya desde mediados de año se había comenzado a trabajar en un acuerdo en donde las autoridades chinas comprometieron la apertura del mercado a determinados productos de origen primario, lo que permitiría elevar las exportaciones argentinas. También en dicho período encontramos la reunión de Kirchner con una veintena de empresarios chinos, con los cuales se debatió la posibilidad y los marcos necesarios, para realizar en la Argentina diversos tipos de inversiones. Luego de la visita del presidente de dicho país, se establecieron grupos de trabajo bilaterales para establecer las condiciones de las inversiones que China realizaría para el desarrollo de la red ferroviaria argentina, como así también en construcción de viviendas populares, telecomunicaciones, petróleo, y se acordó la construcción de un cruce cordillerano, que será financiado con créditos blandos, y demandará unos 250 millones de dólares. Todo esto a cambio del reconocimiento de China como economía de mercado, hecho que podría comprometer en buena medida la tendencia del ciclo debido a las diferencias de escala de ambas economías.

 

 

B - Deuda externa

 

    El tema de la deuda y su negociación se presentaba en un primer momento como un punto problemático para el gobierno. Sin embargo el tiempo parece confirmar lo que hemos sostenido, que a pesar de las tensiones que puedan presentarse entre alguna fracción burguesa y el gobierno (o inclusive entre fracciones mismas del capital) existe un amplio apoyo en cuanto al rumbo de la economía en general, y al tema de la negociación de la deuda en particular. Para ubicar la situación en perspectiva, es necesario tener en cuenta que si bien es cierto que Kirchner no era el candidato que la burguesía había elegido para gobernar, sin lugar a dudas el actual gobierno no cambia en nada la tónica general de los negocios.

    La negociación de la deuda se ubica, como toda negociación capitalista, en el plano donde ambas partes negocian intentando obtener los mejores beneficios para sí, pero donde por supuesto a ninguna de las partes se le ocurre la “absurda” idea de patear el tablero. En estos términos es que el gobierno ha mejorado ya a mediados de año la anterior oferta de rees­tructuración de deuda privada respecto de la oferta de Dubai y recien­temente la ha vuelto a mejorar.

    La oferta hecha por el gobierno a mediados del presente año a los acreedores representaba una mejora con relación a la de Dubai. La misma suponía el reconocimiento de intereses impagos del orden de los 20.000 millones de dólares, mayores cupones de renta a cambio de plazos más largos (mientras que en la primer oferta los cupones oscilaban entre el 0,5 % y el 1,5 %, luego se han mejorado esos porcentajes de forma significativa según sea el bono por el cual se opte). Al mismo tiempo, a cambio de los más de 150 bonos en default se ofrece un cupón atado al crecimiento, que incluye tres tipos de bonos diferentes (par, cuasi par, discount) con diferentes niveles de quita y plazos. Muchos especulaban por aquel entonces que ante la anunciada suba de las tasas de interés en EEUU la presión por parte de los acreedores se haría sentir de manera tal que la Argentina se vería casi obligada a mejorar la oferta para promover su aceptación. Sin embargo en aquel entonces, junio de 2004, el Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos sólo aumentó la tasa de interés de referencia de corto plazo en un cuarto de punto, llevando la tasa de interés a 1,25 % anual. Hoy día la misma se ubica en el 2,25 %, luego de ser subida en cinco ocasiones en un cuarto de punto, lo que si bien marca una tendencia (aumentando los servicios de la deuda argentina que no ha entrado en default), demuestra que la suba de la tasa de interés hecha de manera paulatina ejerce una presión menor sobre la negociación de la deuda.

La oferta de mediados de año ya suponía una mejora sustancial para los acreedores respecto a la oferta de Dubai, de hecho la situación se retrotraía casi a la existente previamente al default. Sin embargo se produjo una nueva mejora hacia finales de año.

     Esta nueva oferta supone una quita sobre el valor de mercado del 66 % (la quita sobre el valor nominal es del 75 %) de los 81.800 millones de dólares de deuda a reestructurar. Como mayor incentivo el gobierno ha corrido la fecha de emisión de los bonos al 31 de diciembre de 2003, lo que implicaría que apenas concluida la operación los bonistas cobrarían aproximadamente 1000 millones de dólares en 2005. Al mismo tiempo se establece un cupón ligado al crecimiento económico (se estima su valor en 22.900 millones de dólares), el cual se pagaría a partir de 2006, siempre y cuando el PBI crezca más del 3 % anual. Del total de ese crecimiento se destinará el 5 % a pagar a los acreedores, y otro 5 % de ese crecimiento a la recompra de los nuevos títulos para achicar el volumen de la deuda. A pesar de ello la negociación continúa con algunas demoras y tensiones. Por ejemplo el Banco de New York que se encargaría del canje en los Estados Unidos se había salido de la operación a finales de año. Hecho que se manifestó al día siguiente con la caída de la Bolsa de Buenos Aires en aproximadamente 5 puntos. Pero posteriormente luego de una serie de nuevos acuerdos este mismo banco fue recontratado, y recientemente el SEC (Comisión de Valores de Estados Unidos) acaba de aprobar la iniciación de las operaciones del canje de deuda en este país.

    Según estimaciones, con la inversión en torno a los niveles de hoy día, 18,3 % de PBI, el crecimiento de la economía podría descender y amesetarse entre el 3 y el 4 % anual, no obstante con dichos niveles de crecimiento y en función de los plazos de pagos propuestos (y el cupón atado al creci­miento) el pago comprometido de la deuda bajo esta nueva oferta recién podría entrar en un cuello de botella en 6 o 7 años. Plazo más que suficiente para continuar negociando. Es que ni a los acreedores ni al gobierno capi­talista de turno les conviene que se interrumpa el pago; por supuesto que ambas partes pueden negociar con mayor o menor dureza, pero todo ello dentro de la comunidad de negocios.

    Por eso creemos que es conveniente no sobredimensionar la situación en ningún sentido. Los acreedores buscan que se restablezca el pago lo antes posible, pero la dilatación de las negociaciones no supone el abismo. Por otro lado, el gobierno busca restablecer el pago lo antes posible, pero bajo condiciones que no lleguen a comprometerle a futuro más de lo esperable los indicadores económicos. Es por supuesto un absurdo, en este sentido y en cualquier otro, reclamar o esperar de un gobierno capitalista que adopte medidas en contra del conjunto de su clase. Y en función de ello, y de la necesidad del gobierno de llegar a la próxima revisión de metas con el FMI, es que se ha hecho más atractiva la oferta para lograr una mayor aceptación por parte de los acreedores.

C - Hermandad en la explotación y lucha interburguesa. Los límites del ciclo

 

    Queremos destacar aquí lo que a nuestro entender se presentan como tendencias y limitaciones en el marco del ciclo alcista anteriormente descripto.

    Todo parece indicar que el presente año (2005) estará signado por el aumento de la conflictividad entre el capital y el trabajo. Lo que podría reflejarse al mismo tiempo en un aumento de las luchas interburguesas por la apropiación de la plusvalía. De ser así, es conveniente tener en vista la evolución de una serie de cuestiones.

    En primer lugar la discusión sobre la coparticipación federal, y la implementación de cierto tipo de reformas impositivas. No debemos olvidar que ello implica transferencia de plusvalía entre diversos sectores de la burguesía.

    En segundo lugar se encuentra el tema de la renegociación de las tarifas con las empresas privatizadas4, algo por lo cual el FMI, Estados Unidos y los principales países de la Unión Europea se encuentran presionando fuertemente.

    Esta última cuestión es de tener en cuenta, dado que podría actuar como limitación del ciclo alcista. Es que de concederse el aumento de tarifas a las empresas privatizadas, el resto de las empresas podría trasladar dichos aumentos a sus productos, debido al aumento en los costos de producción que ello supondría (sumada a ello también la posibilidad de traslado de los aumentos de salarios). Este aumento generalizado de precios, es decir aumento de los índices de inflación5, en tanto el tipo de cambio nominal permanezca alrededor de los $ 3, afectará sin lugar a dudas al tipo de cambio real6. Es decir, en relación, los productos argentinos serán más caros. Con lo cual la mejora de la competitividad, de los sectores exportadores y de aquellos sectores que se abocaron a la sustitución de importaciones, que había sido lograda mediante la devaluación con bajos salarios se vería notoriamente afectada. A esto habría que agregar cómo esto afectará en gran medida el tema de futuras inversiones, un elemento más que esencial para la continuidad de la acumulación de capital.

    Con todo lo que hemos dicho hasta aquí no pretendemos insinuar que existan diferencias de fondo en cuanto al rumbo. Por el contrario existe a nuestro entender un profundo acuerdo, una hermandad en cuanto a la explotación, y diferencias particulares por la apropiación de la plusvalía que se expresan en la competencia.

     Respecto de la situación política, nos limitaremos a señalar lo que entendemos como la cuestión central. Sin oposición fuerte, ni por derecha ni por izquierda, toda la política pareciera girar en torno a las disputas internas del PJ. Kirchner goza de un más que respetable apoyo por parte de la población y ha logrado concentrar una importante cuota de poder propio. Pero insuficiente aún para disputarle la cabeza del PJ a Duhalde. Este constante tire y afloje entre ambos se manifiesta, por ejemplo, en las cuestiones que debieron ser dejadas para el 2005 en las discusiones del congreso de finales de 2004, o en la reciente votación del presupuesto para el 2005 en la provincia de Bs. As. (donde Kirchner parecía semanas atrás haber jugado todo su apoyo a Solá).

    Nuevamente aquí queremos destacar que no estamos hablando de modelos antagónicos o diferencias sustanciales, ni nada que se parezca. Sino de luchas por el poder en un marco de profundo acuerdo, en un momento donde no existe oposición fuerte y en un partido que por su historia no resiste la existencia de dos líderes.

 

3 - Situación de la clase obrera

 

A - Reavivamiento de los conflictos laborales

 

    A pesar de persistir los altísimos niveles de desocupación, y de que más de la mitad de los trabajadores ocupados se encuentran en negro, hemos presenciado en los últimos tiempos un reavivamiento de la conflictividad laboral por aumento de salarios principalmente, pero también por condiciones de trabajo. En nuestro anterior documento7 sosteníamos cierta tendencia al aumento de los niveles de resistencia por parte de la clase obrera ocupada, pero teniendo en cuenta que la misma parte desde un piso muy bajo y con una correlación de fuerzas desfavorable para ella. No obstante en la última parte del 2004 asistimos a un incremento de las luchas, que, de confirmarse y afianzarse, dicha tendencia podría ser el punto de partida para cuanto menos frenar el avance que la burguesía venía llevando adelante en los últimos años sobre la clase obrera. Por otro lado, esto no hace más que confirmar, a nuestro entender, la centralidad de la clase obrera, volviendo a colocar nuevamente en el centro el conflicto capital-trabajo. Sin embargo la correlación de fuerzas continúa siendo aún favorable para el capital, es por ello que debemos plantear la situación con cautela. En la presente etapa tenemos por delante el rearme paciente de la clase, rearme que no se da de un día para el otro, y que exige la máxima unidad de acción por puntos elementales. Es hora de comenzar a ganar algunas pequeñas batallas, dado que los pequeños triunfos por más mínimos que sean permitirán ir recomponiendo poco a poco la confianza de la clase en sus propias fuerzas.

     Debemos tener en cuenta que la desocupación (sin considerar los planes sociales) ronda aproximadamente el 13,2 %, mientras que si tomamos esos planes llega al 19 %. A ello tenemos que agregar que la subocupación afecta aproximadamente a 2.240.000 personas (un 15,2 % de la población económicamente activa). Y que el 49 % de los trabajadores se encuentra en negro (sin contar aquí aquellos trabajadores cuyo salario no se encuentra totalmente en blanco), con un promedio salarial de aproxi­madamente 375 pesos.

    Todo esto continúa ubicando a la clase obrera en una situación de debilidad frente al capital, lo cual nos obliga en buena medida a ser cautelosos ante las implicancias de los recientes conflictos. Como así también no podemos dejar de señalar que el crecimiento económico registrado brinda las bases materiales para la agudización de la lucha de clases.

 

B - Bases materiales de la conflictividad; desarrollo, alcances y límites

 

    En sus inicios la recuperación económica se sustentaba fundamen­talmente sobre dos elementos. En primer lugar, en la formidable caída de salarios, producto de la devaluación y de la inflación. Se estima que la caída promedio del salario real ha sido aproximadamente del 53 %. En segundo lugar, en el aumento de productividad basado en la utilización de capacidad instalada que se encontraba ociosa8. Ambas razones reducen la participación del salario en el ingreso.

     Pero a medida que avanza la recuperación económica el aumento de la productividad basado en la utilización de la capacidad instalada comienza a encontrar su límite. Se hace necesario para continuar aumentando la productividad, y con ello la acumulación, la incorporación de nueva tecnología, es decir debe crecer la inversión. Al respecto podemos señalar lo siguiente. Si bien es cierto que la inversión aumentó, hoy día se encuentra en 18,3 % del PBI9. De hecho la utilización de la capacidad instalada ha descendido en este último trimestre de 2004 al 70,4 % en un contexto de alza de la productividad, lo que indicaría que se está ampliando la capacidad instalada a través de la inversión. Es conveniente matizar la situación, aún el aumento de la inversión resulta insuficiente para promover un crecimiento generalizado de la ocupación y de la productividad.

    Para graficar la situación podemos observar cómo ha ido evolucionando el crecimiento económico en relación con el aumento de la ocupación. Frente a estos niveles de inversión, conjuntamente con la constante presión por parte de burguesía por extender todo lo posible la jornada laboral e incrementar los ritmos de trabajo, observamos que se registra un relativo estancamiento en la generación de empleo. Según datos oficiales el empleo estaba creciendo en una relación 1:1 (por cada punto de crecimiento económico, crecía un punto el empleo) hacia comienzo de la recuperación económica, mientras que en la actualidad lo hace aproximadamente en una relación de 1: 0,75 (otros cálculos lo ubican en una relación de 1: 0,44). A esto debemos sumar los altos índices de sobreocupación (3 millones de personas), que han ido en aumento, y que nos permiten ver inclusive cómo el aumento de la inversión, y el consecuente aumento de la productividad, no se traduce mecánicamente en una disminución del ejército industrial de reserva.

 

C - Crecimiento económico y reactivación de los conflictos sindicales

 

    En función de lo anteriormente dicho, tenemos que por un lado la partici­pación de los beneficios capitalistas en el ingreso aumenta, mientras que por otro, se reduce la participación de los salarios en el ingreso, fundamentalmente debido al aumento de la productividad que supone el aumento en la utilización de la capacidad instalada y a que los salarios se mantienen relativamente fijos (los salarios en los inicios del ciclo, luego de su caída inicial, tienden a mantenerse relativamente estables como producto de la alta desocupación que persiste y la debilidad que ello supone para la clase obrera). De esta forma, si tomamos la relación en la participación del ingreso entre los beneficios capitalistas y el salario, vemos que en los inicios del ciclo económico la tasa de plusvalía tiende a subir fuertemente; esto es la explotación aumenta considerablemente en este momento.

    A su vez, la reactivación económica brinda la base material para el reavivamiento de los conflictos sindicales. A medida que avanza la acumulación, la clase obrera comienza a percibir la mejora en los negocios capitalistas, lo que sumado a cierto descenso de la desocupación abre las puertas para la intensificación de la lucha de clases. Intensificación que tiene sus inicios en aquellos sectores con mayor grado de organización, o donde la burguesía encuentra más dificultades para reemplazar mano de obra.

    Un hecho a resaltar es que, este aumento de las luchas sindicales se inicia en sectores estatales, los cuales no sólo son de los más organizados, sino que también son aquellos que poseen un grado relativamente mayor de estabilidad laboral. El aumento de conflictos en sectores de servicios (fundamentalmente aquellos vinculados a las privatizaciones de la década del noventa), es lo novedoso en esta etapa por tratarse de empresas privadas. Aunque en buena parte de ellos ha existido históricamente gran tradición de lucha, es de destacar que dichos conflictos se desatan en sectores donde la patronal había expulsado a un número importante de la vieja dirigencia sindical. Por otro lado, en sectores importantes de la industria como la metalmecánica, vemos que lejos de incrementarse la conflictividad laboral, la misma inclusive ha descendido.

D - Cambia el eje de la conflictividad social

 

    En los últimos meses se ha registrado una caída general del número de protestas sociales, acompañada al mismo tiempo por un aumento de protestas sindicales. En 2002 se contabilizan 4925 protestas sociales de toda índole, en 2003 el número desciende a 2484 (según datos del INDEC sólo 120 de ellas fueron de tipo laboral) y hasta el tercer trimestre de 2004 el número era de 1473, registrándose trimestre contra trimestre respecto del año anterior una notoria caída. Un dato importante a resaltar es que entre enero-marzo de 2004 sobre un total de 200 conflictos de todo tipo sólo 12 de ellos obtuvieron una aceptación total de las demandas planteadas, y 21 de ellos aceptación parcial. Esto nos permite ver desde qué situación partimos y cuáles son las fuerzas con las que cuenta la burguesía para frenar y rechazar sistemáticamente todo planteo de la clase obrera. No obstante esto, es necesario remarcar un hecho que a nuestro entender es de vital importancia, y es no sólo el cambio en la tendencia, sino fundamentalmente un resurgimiento de los conflictos salariales o laborales en general, en detrimento de las diversas medidas planteadas por las distintas organizaciones de trabajadores desocupados. Ya habíamos señalado en otro documento10 lo que a nuestro entender era un límite con el cual chocaban dichas organizaciones, a esto sumado la estrategia del gobierno que ha logrado captar algunas de ellas y aislar a otras. A lo largo de 2004, el mayor peso que tenían en los conflictos sociales los diversos reclamos de los trabajadores desocupados ha ido revirtiéndose, para ceder paso a conflictos de origen gremial. De hecho en noviembre de 2004 el 55 % de los conflictos lo representan conflictos sindicales, a diferencia de años anteriores. Otro de los aspectos que merecen ser destacados es que mientras entre diciembre de 2003 y octubre de 2004 el mayor número de conflictos sindicales se registraba en el sector estatal representando el 60 % del total (siendo el 31 % en servicios y el 9 % en industria), en noviembre de 2004 vemos que servicios y el sector estatal poseen un porcentaje del 47, 5 %, mientras que la conflictividad en la industria ha descendido al 5 %. Este último dato se encuentra relacionado con la enorme precariedad laboral que persiste en gran parte de la clase obrera.

    No debemos perder de vista que si bien en el 2004 el número de conflictos sindicales llegó casi a duplicarse, llegando aproximadamente a 226, frente a los 122 del año 2003, este número se ubica muy por debajo de la media de los últimos 25 años que fue de 387 conflictos, número que aumenta aún mucho más si tomamos como referencia la década del ochenta. Lo cual nos obliga sin lugar a dudas a matizar la situación, para no caer en triunfalismos absurdos como los que tanto abundan.

E - Ilustración sobre el aumento de la conflictividad

 

    Expondremos a continuación algunos de los conflictos sindicales que se han desarrollado recientemente. Portuarios (debido a despidos y nuevas fuentes de trabajo), Unión Ferroviaria Argentina ex líneas Mitre y Sarmiento (reincorporación del compañero cesanteado), Unión Ferroviaria, Metropolitano S.A., Operarios de la Planta de Pasta de Celulosa Poray de Posadas / Misiones (reincorporación de 17 trabajadores cesanteados), Estatales de San Juan (haberes atrasados), UTPBA Diario Crónica (preservación de la fuente de trabajo). Los conflictos planteados por temas salariales son aún mayores, Subterráneos y Premetro; Federación de Trabajadores de la Industria de Gas Natural de San Martín; LT 11 Radio General Francisco Ramírez, Concepción del Uruguay; Docentes, Tierra del Fuego; Estatales, Tucumán; AEDGI Nacional; Estatales, San Juan; Municipales, Santiago del Estero, Sindicato de Obreros Marítimos de Bs. As.; Recolectores de Residuos, Jujuy; Frente Gremial Docente, Bs. As.; Judiciales, Bonaerenses; UPCN, Casa de la Moneda; Docentes, Salta; Estatales, Formosa, UOM (que habría llegado a un acuerdo con las cámaras metalúrgicas por aumentos salariales), UTA Transportes de Pasajeros de Larga Distancia, Choferes de camiones y recolectores de residuos de la Ciudad de Bs. As, Trabajadores del INTA (APINTA) quienes lograron un aumento salarial del 25 %, Personal del Malbrán, Trabajadores del Instituto Nacional del Agua (ATE), Asociación del Personal Legislativo (APL), Personal del ministerio de Defensa, Dirección de Migraciones (ATE), UECARA (Red de accesos Metropolitanos) reclaman un aumento salarial del 45 %, Asociación de trabajadores de la industria lechera Parmalat Carapachay y Pilar, Salud (Hospitales públicos bonaerenses), Sindicato de Luz y Fuerza Mar del Plata.

     Y posiblemente el conflicto más resonante de los últimos tiempos fue el de FOETRA Bs. As., debido a que, por un lado, se obtuvo una recomposición salarial del 20 %, la recategorización de los trabajadores y $ 500 por única vez para el mes de diciembre. Por otro lado este último conflicto demostró que el reclamo firme por cuestiones puntuales y una acertada estrategia sindical, junto a la unidad de acción, inclusive con sectores de la burocracia sindical, son elementos esenciales para revertir la situación.

F - Conclusiones

 

    La reactivación económica, el nuevo ciclo de acumulación capitalista, es la base sobre la cual se sustenta el aumento de la conflictividad entre el capital y el trabajo. Es la base económica de la reactivación de la conflictividad sindical.

    Sin apresurarnos en hacer predicciones sobre el futuro desarrollo de la conflictividad, creemos necesario señalar algunas cuestiones que a nuestro entender son de utilidad para su comprensión. En primer lugar que la misma se da en un marco de reactivación económica donde la correlación de fuerzas continúa aún siendo desfavorable para la clase obrera. A pesar de esta correlación, es posible identificar una serie de conflictos particulares que por su propia dinámica adquieren carácter de ofensivos, como los de subterráneos y telefónicos.

    Posiblemente el más renombrado de todos ellos es el conflicto telefónico, que ha logrado recomponer la masa salarial de los trabajadores en un 20 % (es de destacar en este sentido que la caída del salario como producto de la inflación es de aproximadamente un 21 %), pero sobre todo vuelve a colocar en escena la centralidad del trabajo.

    Algunos de los puntos a señalar son: que los conflictos, por lo menos los más renombrados en función de los logros, se caracterizaron por la concentración geográfica, es decir por la posibilidad, a partir de condiciones particulares, de concentrar las fuerzas puntualmente sin tener una amplia dispersión de las mismas, afectando de esta manera enormemente a la patronal. No sólo porque golpeaban fuertemente en sus bolsillos, sino también porque afectaban a sectores estratégicos. Por otra parte se caracterizaron por un correcto análisis de la correlación de fuerzas en las que se encontraban frente a la patronal. De hecho, por ejemplo, en el conflicto telefónico se manejaba la idea de “conflicto corto” en función de una acertada caracterización de la correlación de fuerzas. Es decir tenemos en primer lugar la confluencia de una acertada caracterización combinada con particularidades del sector donde se desarrollaron los conflictos. A esto debemos sumar el alto acatamiento y la disciplina sindical que mar­caron los conflictos, hecho que merece una especial atención, dado que para buena parte de los trabajadores estos conflictos han constituido sus primeras experiencias de lucha. Por último, el hecho de que gran parte de los conflictos fueron llevados adelante priorizando la unidad de acción por puntos elementales por sobre las diferencias secundarias, sumando a ello formas de democracia sindical no registradas desde hace tiempo.

    Tampoco debemos perder de vista que muchos de estos conflictos se desarrollan en empresas que mantienen por lo menos en apariencia ciertas disputas con el gobierno. Sectores que en los últimos tiempos se habían transformado en “blanco” de críticas del gobierno. Quien por otra parte, en los conflictos telefónicos y de subterráneos se ha colocado en un rol de mediador, inclusive favorable a los trabajadores. Lo cual no nos permite inferir que ésta será a futuro la línea política a seguir por el gobierno ante los conflictos.

    Podemos sostener que la recuperación económica es la base material sobre la cual se sustenta el incremento de la lucha sindical por bajar el grado de explotación. Luchas que a pesar de su aumento no cambian de momento la etapa. Se inscriben en una situación general de retroceso. Y cobran importancia no sólo en la medida en que mejoran la situación de la clase obrera (de aquellos sectores que conservan cierto tipo de protecciones), sino también a partir de que permiten recomponer la confianza en las propias fuerzas de la clase, que es posible obtener algunos triunfos en un momento que hasta ahora estaba signado por el quietismo.

     Si bien en sí estos conflictos son de tipo ofensivo, se enmarcan aún en una etapa defensiva de la lucha de clases. Es decir, estamos ante una ofensiva táctica en el marco de una defensiva estratégica, es a partir de esta caracterización que se desprenden las tareas a seguir en esta etapa.

     Tareas que a nuestro entender deberían estar marcadas por la lucha contra toda forma de trabajo en negro, contra todo tipo de precarización y disciplinamiento laboral y, por supuesto, por bajar el grado de explotación de la fuerza de trabajo, y que exigen todas ellas la máxima unidad de acción posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apéndice: Elementos fundamentales para

nuestro análisis11

 

Pobreza, Explotación y Tasa de Ganancia

 

     Comencemos por decir que en el eje de nuestro análisis se encuentra la teoría de la plusvalía. Nuestra crítica va dirigida a lo que a nuestro entender es el corazón del sistema, la relación de explotación capitalista. Es por ello que dejamos de lado aquellas posiciones que se sustentan en la idea del saqueo de nuestros recursos, la corrupción o cuestiones de tipo moral.

     A continuación utilizaremos dos posturas ampliamente difundidas para explicar algunas de nuestras posiciones. Es común escuchar en diversos sectores las siguientes críticas: “El capitalismo ha fracasado porque en su desarrollo no ha logrado que el conjunto de la población viva en mejores condiciones”, o que “en la etapa actual del desarrollo capitalista lo único que habría por delante sería la generalización de la pobreza y el aumento cada vez más acelerado de una población excedente, ya no relativa sino absoluta, hasta llegado casi el momento en que ésta supere a la clase obrera ocupada”.

     Ahora bien, la primer proposición supone a priori como uno de los objetivos naturales del sistema de producción capitalista el elevar las condiciones de vida de capas cada vez más amplias de la población. Nuestra posición al respecto es bien distinta, en primer lugar porque hacemos hincapié en que el objetivo del capital en su conjunto es elevar todo lo posible la tasa de ganancia12. Si como consecuencia de la lógica del capital se mejoran las condiciones de vida de la clase obrera, esto es por un lado, resultado de la propia acumulación13 del mismo, pero por el otro, y más importante aún, producto de las luchas económicas y reivindicativas en las cuales pueda salir victoriosa la clase obrera. Luchas económicas que a pesar de ser importantes, encuentran un límite estructural dentro del sistema capitalista. Con ello queremos decir que si bien es posible que la clase obrera mediante una serie luchas logre arrancar a la burguesía parte de la plusvalía, que ella ha arrancado a la clase obrera, elevando inclusive el salario por encima del valor de su fuerza de trabajo, el límite de esta lucha está dado en tanto la misma comienza a afectar la tasa de ganancia de la burguesía.

     El segundo enunciado, es también a nuestro entender erróneo, porque si bien es cierto que bajo determinadas situaciones la pobreza absoluta puede aumentar (y de hecho lo hace) esta idea deja de lado uno de los conceptos más revolucionarios de Marx, el concepto de pobreza relativa, y con ello también el de plusvalía relativa. No se trata de demostrar (de hecho no es posible, y para comprender esto no hace falta ser ningún iluminado) que la clase obrera hoy sea más pobre en términos absolutos que sus hermanos de clase de un siglo atrás. Cualquier obrero hoy día sabe perfectamente, por ejemplo, las privaciones y penurias que pasaron sus abuelos, o comprende que la cantidad de bienes a los que puede acceder es infinitamente superior a los que accedían los miembros de su clase a principios del siglo XX. Pero el secreto a todas voces del modo de producción es que el obrero es tanto más pobre en cuanto más riqueza produce. La brecha entre el polo del capital y el de la clase obrera es hoy infinitamente superior a la de antaño14. Para ilustrar basta el siguiente dato, la relación en la Argentina en 1974 entre el 30 % más pobre de la población y el 10 % más rico era la siguiente: mientras que los primeros concentraban el 12 % del ingreso los segundos el 27 % aproximadamente, en 1990 el porcentaje más pobre concentraba el 7 % y el más rico el 42 %. Tendencia ésta, que se ha acentuado enormemente desde dicha fecha. Hoy día según los últimos datos que disponemos, el 20 % más rico de la población concentra el 52,1 % de la riqueza mientras que el 40 % más pobre el 12,8 %.

     El otro punto es el que se refiere a una masa de población excedente, la cual objetivamente dejaría de cumplir la función de ejército industrial de reserva. Es decir la existencia de una masa de desocupados de tipo estructural los cuales no tendrían ya posibilidad alguna de reinsertarse en el mercado laboral. Dicha afirmación contendría esencialmente dos errores. El primero de ellos es que deja de lado que la constante atracción y repulsión de mano de obra por parte del capital responde a la propia acumulación del mismo. Y que siempre el aumento de obreros ocupados se encuentra condicionado por el aumento proporcional mucho mayor del capital global invertido dentro del ciclo de acumulación. Es por ello que en el caso de la Argentina, dada la masa de desocupados existentes hoy día, se requeriría de una enorme masa de capital para que se produzca en lo inmediato una brusca reducción de la desocupación. Lo cual no quiere decir que en el mediano y largo plazo, y respondiendo a la acumulación e inversión de ca­­pital no se vaya a revertir esta tendencia. El otro error de esta posición, es de tipo político: suponer que esta impresionante cantidad de seres humanos forzados a vivir por debajo de cualquier nivel de vida digno no pueden ser considerados ya parte de los trabajadores desocupados, empujados constantemente por el capital fuera del ámbito de la producción, pero vueltos a atraer con posterioridad. Implica transformarlos no sólo en marginados, sino que también debería llevarnos a replantearnos cuál es el sujeto político revolucionario al que nos referimos constantemente.

Enero de 2005

 

 

1Para una visión amplia al respecto, Cfr. Liga Comunista, Las elecciones y el cierre de una crisis: Balance, etapa y tareas políticas, Cuadernos de Debate Marxista, Junio 2003. Astarita Rolando, Ciclo y coyuntura económica, Cuadernos de Debate Marxista, Abril 2004.

2 Si bien es cierto que la crisis energética de principio de año afectó el crecimiento del PBI, el posterior desarrollo de la crisis (al poco tiempo de iniciada la crisis comenzaron a levantarse ciertas restricciones a la exportación de gas a Chile) muestra que no es posible comenzar a hablar de crisis final a partir de cualquier dificultad tanto económica como política, como las que afectan a cualquier gobierno burgués.

3 Si bien aquí existen algunas distorsiones, dado que en este rubro se contabilizan teléfonos, video grabadoras u otros artículos por el estilo, creemos que la cifra antes mencionada marca a las claras la tendencia predominante.

4 A partir de febrero de 2005 ya regiría un aumento del 28 % en la energía eléctrica que abarcará a industrias y comercios. Como así también se encuentra en discusión el aumento para el gas y el agua, que seguramente saldrá en el transcurso del año.

5 Como dato al respecto podemos comentar que recientemente (en la segunda semana de enero de 2005) el Banco Central salió a licitar 1.500 millones de pesos como parte de los redescuentos otorgados a las entidades bancarias en el 2001. De esta manera el Banco Central busca retirar pesos del mercado como un mecanismo para contrarrestar el impulso inflacionario de los últimos meses en la economía. Si bien este tipo de medidas pueden ser efectivas en el corto plazo, en el mediano y largo plazo resultan ser insuficientes.

6 De hecho diversos cálculos ubican hoy el tipo de cambio real, respecto al existente con anterioridad a la devaluación, entre un 25 % y un 45 % devaluado.

7 Liga Comunista, Análisis de coyuntura: Situación de los trabajadores, Cuadernos de Debate Marxista, Julio 2004.

8 Esto permite a las empresas pasar de rojo en sus balances (producto del aumento en los costos fijos que supone tener ociosa la capacidad instalada) a tener ganancias en los mismos.

9 Sólo como comentario, en la década pasada el llamado “milagro” de los Tigres Asiáticos se sustentó sobre una inversión promedio del 30 % del PBI.

10 Liga Comunista, Movimiento piquetero y la cuestión de la vanguardia, Cuadernos de Debate Marxista, Marzo 2004.

11 Intentaremos a continuación hacer breves comentarios explicativos acerca de algunos de los conceptos fundamentales que aparezcan en el texto.

12 Es la relación entre el excedente de valor producido por el obrero, y no retribuido a él, sobre el capital total invertido por el capitalista en la producción (maquinarias, materias primas, salarios). Expresándose esta relación en la fórmula P / C, ó P / c + v.

13 Entendemos por acumulación de capital, la tendencia existente en el sistema capitalista a acrecentar más y más el capital en manos de la burguesía a partir de la explotación de la clase obrera.

14 Sólo para aclarar más los conceptos de absoluto y relativo, propondremos un ejemplo del reino animal para intentar clarificarlo. Nadie dudaría un instante en sostener que un elefante es en términos absolutos infinitamente más fuerte que un escarabajo, sin embargo, en términos relativos no es así, mientras que el elefante es capaz de cargar el 25 % de su peso corporal, existen ciertas subespecies de escarabajos que pueden cargar sobre sí 100 veces su peso corporal.