LIGA COMUNISTA (ARGENTINA)

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas octubre de 2003
Elementos para el análisis de la coyuntura económica
Ciclo y Coyuntura Económica

Rolando Astarita

En los últimos meses se ha dado un interesante debate sobre la naturaleza de la recuperación económica argentina. La cuestión se plantea así: ¿se trata de un "rebote" o de la fase alcista de un nuevo ciclo económico? La primera posición es defendida por acérrimos neoliberales y menemistas y , aunque por razones opuestas a los anteriores, por economistas de izquierda. La segunda por keynesianos y progresistas partidarios del gobierno. El cruzamiento de posiciones es hasta cierto punto paradójico. Por un lado, los neoliberales dicen que el gobierno abandonó el "modelo de libre competencia" para reemplazarlo por "un régimen estatista y dirigista" que sólo puede resultar en un crecimiento débil y muy limitado en el tiempo. Los economistas de izquierda, por el contrario, sostienen que continúa en esencial la misma política que en los noventa, y por consiguiente la economía sólo puede tener un rebote. A su vez los defensores del gobierno afirman que el "modelo" actual es opuesto al de los noventa, y que es precisamente esto lo que posibilita iniciar un crecimiento a largo plazo, sustentado en una mejor distribución del ingreso.

La posición que vamos a defender en este trabajo se diferencia de estos enfoques, ya que sostenemos que estamos ante más que un "rebote" de la economía, pero también afirmamos que no cambiaron los rasgos sustanciales que caracterizaron al "modelo" de acumulación de los noventa y que las debilidades estructurales del capitalismo argentino siguen presentes. La exposición la desarrollamos de la siguiente forma: en primer lugar, demostramos que no estamos ante un mero "rebote" de la economía, sino ante una fase ascendente de un nuevo ciclo económico. En segundo término analizamos cómo se produjo la salida a la crisis. En tercer término, mostramos cómo existe una continuidad sustancial de las políticas económicas de los noventa, aun teniendo en cuenta el giro hacia una dosis de mayor intervención del Estado en la economía. En cuarto lugar señalamos los límites del actual crecimiento. Por último, planteamos algunas conclusiones que se desprenden del análisis realizado.

 

I. ¿Rebote o salida de la recesión?

Esta pregunta se ha planteado siempre que una economía ha caído en recesión y comienzan a verse los primeros síntomas de recuperación.Dado que muchas veces se registran amagues de recuperación que luego no se confirman, es comprensible que los primeros síntomas de recuperación del 2002 fueran tomados por muchos con prudencia y una dosis de escepticismo. Esta actitud se potenciaba a la vista del alto endeudamiento de la economía, de la profundidad de la crisis bancaria -con un costo equivalente a un 18% del pbi- y de la gravedad de la crisis política que había atravesado el país. Pero a la luz de los datos de que disponemos en estos momentos (octubre de 2003) todo indica que la economía entró en una fase ascendente de un nuevo ciclo económico. Para fundamentar lo que decimos, presentemos los hechos:

 

·        El crecimiento del pbi en lo que va del año es del 7%, aproximadamente, en un contexto de precios estables; la inflación para el año estaría en el 3%. El dólar no sólo se ha mantenido estable, sino que se ha revalorizado un 15% desde enero, acompañando a la recomposición de reservas del Banco Central (subieron en ese período casi 3.000 millones de dólares). En setiembre el uso de capacidad instalada en la industria fue del 67,2%, el más alto desde 2001 y hay sectores que ya tienen estrangulamientos en la oferta (ver infra). El índice de obreros ocupados en el tercer trimestre del año fue un 6,3% más alto que un año atrás; la mejora es pequeña, pero en el contexto que estamos describiendo indica también una tendencia; en ese lapso las horas trabajadas crecieron un 8,4% con relación a 2002. La construcción, que tiene un fuerte efecto multiplicador, ha venido aumentando la actividad de manera sostenida (aunque todavía no se ven obras de largo plazo): casi un 40% interanual. El otro sector que tiene efectos multiplicadores fuertes, el automotor, se mantiene rezagado. Sin embargo en las últimas semanas estuvo repuntando, en parte ayudado por el Plan Boden; lo vendido en setiembre de 2003 todavía es la mitad de los picos promedios previos a la crisis, pero tres veces más que a comienzos de año. Lo más importante es que un crecimiento sostenido durante más de tres trimestres por lo general indica la salida de una recesión; en Argentina hemos entrado en el séptimo trimestre de recuperación del pbi.

·        Mejoró la situación fiscal. Este año el superávit fiscal alcanzaría el 2,5% del pbi. Se trata de un superávit fiscal inédito en este país, que no habían impuesto los más "ortodoxos" ministros de Economía. En este marco se recuperó buena parte de los bonos que circulaban como cuasi-monedas. 

·        Las tasas de interés han bajado, un fenómeno que por lo general se da en la fase post-depresión aguda. Esto ayuda a la recomposición del crédito. En junio el nivel de facturación de las emisoras por las ventas en cuotas ya volvía a las cantidades -en términos nominales- previas a la crisis de fines de 2001. Además hay un inicio de recuperación de crédito para Pymes y personales. Ejemplo: el banco Río informa que antes de la crisis colocaban 16.000 préstamos entre personales y prendarios; a comienzos de 2003 colocaba 2200; en setiembre llegó a 10.500; aún lejos del pico previo a la crisis, pero superior al fondo de la crisis. Otro dato: diecisiete bancos privados acordaron prestar al Estado $500 millones para realizar obra pública, y ADEBA dejó abierta la puerta para ampliar esta cantidad. La contrapartida del inicio de recuperación del crédito es la recomposición de los depósitos, en especial a plazo fijo. Hay que tener en cuenta que hace poco más de un año miles de ahorristas juraban que "nunca más" volverían a poner un peso en el sistema bancario argentino. A mediados de octubre de 2003 los plazos fijos totalizan casi 40.000 millones de pesos; además se  terminan las colocaciones a menos de 30 días. Todo esto no implica que los bancos hayan salido del "rojo" (sus balances siguen con pérdidas, en especial por la falta de colocación de crédito) ni que se haya recuperado en nivel de depósitos previos a la crisis. Pero la recomposición debe compararse con respecto a la crisis padecida. 

·        Se registra una recuperación sostenida de la bolsa de valores. Al cierre del 22/10 el índice Merval llevaba una suba del 74%. Si bien en términos de dólar el índice está todavía muy por debajo de los máximos alcanzados en 1992, el aumento no es desdeñable porque la bolsa anticipa evoluciones de la economía. El alza de los precios de las acciones está apuntalado en la mejora de los balances. Esto mejora a su vez el clima para los negocios.

·        Reabrieron empresas que producen para el mercado interno o exportan. Se pueden citar casos en textiles, vidrio, fabricantes de componentes (ejemplo, Aiwa en Tierra del Fuego), vitivinícolas, cuero, frigoríficos, bienes durables línea blanca, neumáticos (ejemplo Fate), entre otros. Además están en estudio proyectos de reactivación, como el de Pirellli de volver a fabricar cables; de Siemens de producir aparatos telefónicos (era el principal proveedor de las telefónicas, pero levantó la planta en 2000).También se ha dado la reactivación de algunos ramales ferroviarios (ejemplos Mesopotamia, anuncio de reanudación del ramal San Miguel de Tucumán y San Salvador de Jujuy en el cual está interesado el ingenio Ledesma).

·        Se ha registrado un incremento de la inversión. Aquí opera el fenómeno de "aceleración". En la medida en que crece el ingreso y la demanda, los sectores que hacen punta en la recuperación económica comienzan a verse con capacidad  insuficiente y necesitan invertir en equipos. Según analistas del Indec, en los últimos tiempos varias empresas debieron hacer paradas técnicas para adecuar sus plantas ante el alto índice de utilización de la capacidad instalada. Por ejemplo la industria del acero está cerca de la plena capacidad; en alimentos, cemento, alimentarias hay cuellos de botella que están demandando inversión. Pero además, la mejora de la demanda y de la rentabilidad eleva las perspectivas de ganancias, lo que a su vez aumenta también las inversiones. Sobre inversión, datos más recientes son los correspondientes al primer trimestre de 2003; según Economía, la inversión interna bruta fija, medida a precios constantes, subió un 20,6% en comparación al mismo período de 2002; la construcción aumentó un 22,6% y la inversión en equipos durables importados un 26,3%. Debe considerarse que la inversión venía cayendo desde el cuarto trimestre de 1998. El pico más bajo se alcanzó a mediados de 2002, y desde entonces comenzó una lenta recuperación, que se ha venido acentuando desde el cuarto trimestre de 2002. En términos de pbi, la inversión interna bruta fija pasó del 11,96% en 2002 al 13,69% en el primer trimestre de 2003, y todo indica que continúa creciendo. En este sentido un dato que apuntala esta hipótesis es el aumento de las importaciones de equipos: subieron un 60% en los ocho  primeros meses del año. Petróleo, alimentos, metálicas básicas, química, caucho, plásticos, papel, textil, cuero y calzado son los sectores que más aumentaron las compras de maquinarias importadas. Sin contar al agro, que multiplicó por ocho sus compras externas en relación a 2002. En el otro extremo están las empresas de servicios públicos, que apenas importan un 10% de lo que hacían en 1990. Aunque se anuncian algunas inversiones, por ejemplo en telecomunicaciones de 320 millones de dólares; en términos absolutos no es una cifra significativa, pero es sintomática porque se da en un sector que ha experimentado una baja en su rentabilidad. Existe además una recuperación de la producción de bienes de equipo en el país. Por ejemplo, en términos interanuales (setiembre 2003/2002) la industria metalmecánica aumentó un 31%. También aumentó la inversión en turismo y comienza a recuperarse alguna inversión inmobiliaria de grandes grupos (ejemplo, planes de IRSA en la Ciudad deportiva de Boca y en Bariloche); creció la inversión inmobiliaria en comercio en los grandes centros urbanos.También hay indicios de leve recuperación en el área de locaciones para industrias; se demandan en especial pequeñas superficies de plantas como es el caso de talleres que sustituyen importaciones. Textiles, laboratorios, plásticos, papel, son algunos de los sectores que están demandando; la dinámica de la inversión es esencial para la afirmación de una fase ascendente del ciclo.

·        Comenzó una lenta recuperación de salario. Cuando la fase alcista del nuevo ciclo comienza afirmarse, el salario recupera algo del terreno perdido durante la crisis. Esto sucede no sólo por la presión de la amenaza de la lucha de clases -a la salida de la recesión los efectos de la desocupación se hacen sentir en la capacidad de las reivindicaciones- sino también por la recuperación de las horas de trabajo, y/o necesidad de empresas de recomponer parcialmente el valor de la fuerza de trabajo para mantener el personal medio calificado. Además de la suba del salario básico, está el aumento del 30% para los metalúrgicos que acaba de negociar la UOM (a partir de la incorporación a los salarios de convenio del aumento de $224 del salario mínimo). También consiguieron algunas mejoras alimentación, telefónicos, trabajadores navales; y estarían por firmarse acuerdos con aumentos en construcción, gráfica, madera, plásticos, lecheros, algunos sectores de provisión de agua. Se parte, por supuesto, de niveles bajísimos, que casi no garantizan la reproducción mínima de la fuerza de trabajo. Pero tienen una incidencia política y social que no se puede pasar por alto. Además pueden ser el punto de partida para que otros gremios comiencen a reivindicar aumentos y para nuevos y más altos reclamos de estos mismos sectores que acaban de recibir aumentos.

·        Los puntos anteriores explican que en agosto pasado la compra de los productos que integran la canasta básica registrara la mayor suba del año, el 18%, y que gran parte de este crecimiento se debiera a los hogares de menores recursos (estudio de la consultora Latin Panel). Los niveles de consumo venían creciendo en forma sostenida respecto de 2002 desde mayo, pero en agosto fueron los consumidores de menores ingresos los que mostraron los índices de recuperación más altos, y ésta es una novedad.

 

Los datos son consistentes entre sí y confirman la caracterización que hacemos de estar en presencia de la fase ascendente de un nuevo ciclo. Veamos ahora cuál fue la mecánica profunda con que se dio esta recuperación.

II. Una salida capitalista de la crisis

Hace dos años en el trabajo "La crisis y los programas de salida progresista" [1] discutíamos la posición de quienes sostenían que había una manera de salir de la crisis a partir de una redistribución del ingreso en beneficio de los trabajadores. Siguiendo una vieja tradición reformista, esa tesis planteaba que la crisis se debía al bajo poder de compra de los sectores populares, y que la redistribución del ingreso reactivaría el mercado interno, lo que llevaría al aumento de la producción y la inversión. De esta forma, se decía, sería posible conciliar los intereses del capital "nacional y productivo" y con los del trabajo en pos de una salida democrática de la crisis.

En oposición a esta postura sostuvimos entonces que las crisis del capitalismo siempre se resolvieron bajando los niveles de vida de las masas, y que esto es consistente con la teoría de la plusvalía, en el sentido que durante las crisis se trata de aumentar la rentabilidad general del capital para volver al ciclo "normal" de los negocios. Decíamos que toda crisis "depura" a las fracciones más débiles y mejora la tasa de ganancia a partir de la desvalorización de los activos, de la centralización de los capitales y particularmente del aumento de la explotación, potenciada por el disciplinamiento que impone la desocupación sobre el trabajo.

Retomando aquella discusión, y a la luz de lo sucedido desde diciembre de 2001 a la fecha, se puede comprobar ahora que la reactivación económica argentina siguió las pautas generales que se deducen de la teoría marxista de la acumlación. Es que lejos de la redistribución del ingreso y el aumento de los salarios, la "solución" capitalista de la crisis se verificó en Argentina de manera particularizada y aguda en la brutal caída del valor de la fuerza de trabajo en términos del mercado mundial. Fue sólo sobre esta base que comenzaron luego a concatenarse la serie de fenómenos que llevaron a la recuperación económica. Así, a partir del abaratamiento de los costos, en especial de la mano de obra, primero se recuperaron empresas y sectores ligados a la exportación y a la sustitución de importaciones, que vieron mejorada rápidamente su rentabilidad. Luego comenzó a recuperarse la inversión en stocks y a levantar el consumo postergado de los sectores pudientes; su vez, fracciones del capital local o externo, que disponían de líquido en moneda extranjera, compraron selectivamente activos desvalorizados [2]; además, una vez que tocó fondo el sistema financiero, empezó a recomponerse la liquidez y apareció algo de crédito [3]. De conjunto, estos factores recuperaron la demanda, lo que a su vez reactuó positivamente sobre la rentabilidad de muchas empresas; esta situación a su vez reactuó sobre la inversión.Y por último, arrancó una muy tímida recuperación del salario. Pero lo que nos interesa destacar aquí es que el punto de arranque del proceso fue el aumento de la tasa de explotación, que fue previo al inicio de la recuperación. Los datos al respecto son contundentes: la baja de salarios, que ya estaba en curso durante la Convertibilidad vía deflación, se profundizó con la devaluación. Así, el piso del salario se alcanza durante el tercer trimestre de 2002, cuando fue un 25,1% menor en términos reales a su nivel previo a la devaluación [4]. Luego, durante el cuarto trimestre de 2002, el salario se mantiene estable, en un nivel un 24% menor al período pre-devaluación [5]. Para entonces la reactivación económica ya había comenzado (la podemos fechar en el segundo trimestre de 2002). Por último, el salario recupera un 6 % durante la primera mitad de 2003. Por lo tanto es claro también que la reactivación sigue dándose sobre el fundamento de la baja del salario: con una suba del índice de precios al consumidor desde enero de 2002 del 43,9%, la caída promedio del salario a junio de 2003 era del 20% [6]. Fue entonces desde este gigantesco aumento de la tasa de plusvalor en términos del mercado mundial que comenzó a recuperarse la demanda por el lado de las exportaciones y la sustitución de importaciones. Un aspecto a resaltar es que el capital "productivo, nacional y progresista" acompañó y sigue acompañando esta salida de la crisis basada en la explotación y la precarización del trabajo.

La dimensión política y el contexto internacional de la salida de la crisis

 En el análisis de los factores que llevaron a la reactivación es necesario incorporar ahora la dimensión política. Es que la salida de la crisis fue posible porque en un mar de desocupación, quiebras y despidos, y carente de un programa alternativo, la clase obrera no pudo responder al empobrecimiento generalizado que se dio a partir de la devaluación con acciones de lucha y movilización. De manera que la clase dominante tuvo espacio para ir imponiendo "su" programa frente a la crisis. Se realimentaron así las instancias económica y política. Los primeros pasos en la estabilización política (elección del gobierno Duhalde) generaron el marco para el inicio de la recuperación económica; y ésta reforzó progresivamente los factores de estabilización política (llamado a elecciones, canalización de la crisis del PJ,). De a poco los sectores medios, afectados por el "corralito" se tranquilizaron, y las asambleas barriales cedieron terreno y perdieron convocatoria. Progresivamente el gobierno de Duhalde se fortaleció; luego los defensores del capital y la propiedad privada se legitimaron como "representantes del pueblo" con abrumadora superioridad en las elecciones, en tanto la recuperación económica avanzaba.  Ahora la reactivación fortalece al gobierno Kirchner. Todo lo cual contribuye a recuperar la confianza de la clase dominante, cuestión vital para sostener la demanda.

Señalemos también que la recuperación se ha dado en un contexto internacional que en líneas generales no ha sido desfavorable para la economía argentina, a pesar del estancamiento relativo de la economía brasileña (crecería un 1,5% en 2003). Contra los pronósticos de algunos sobre el inicio de una depresión, el pbi mundial crecería en 2003 un 3,2% (los países del G7 un 1,8%) y un 4,1% en 2004 (los países del G7 2,8%; proyecciones del FMI). Además, hubo una mejora de los precios relativos de productos claves de las exportaciones argentinas; durante el primer semestre del año los precios de los productos importados cayeron un 1% en relación con el mismo período de 2002, mientras que los valores de exportación crecieron un 11%. El sostenido alza del precio de la soja (mala cosecha en Estados Unidos) en los dos últimos meses mejoró aún más esta situación. Por último, también se ha registrado una caída de las tasas de interés internacionales. La baja de las tasas dispuesta por la Fed de Estados Unidos en junio último las llevó al nivel más bajo desde 1958, lo que reduce los costos de la deuda argentina que no entró en default.

Ha sido entonces la conjunción de estos factores la que determinó la entrada en la fase ascendente de un ciclo económico.

III. Continuidad, rasgos estatistas y unidad del capital

La salida de la crisis, que operó siguiendo la lógica del capital, permite a su vez comprender la vinculación orgánica existente entre las políticas económicas que se instrumentaron en los noventa y la que está llevando ahora adelante el gobierno de Kirchner. Es que los fundamentos que posibilitaron la recuperación económica "exigen" que las políticas de ofensiva sobre el trabajo y de acomodamiento a las demandas del capital -de las "condiciones propicias para invertir y competir en el mercado mundial"- se mantengan en sus rasgos esenciales. Sin embargo, lo que sí ha cambiado con respecto a la década pasada es que ahora se apunta a una dosis de mayor ingerencia del Estado en la economía, en consonancia con un cambio que se verifica a nivel internacional y que es avalado incluso por la "ortodoxia" de los organismos financieros. Así, por ejemplo, el Banco Mundial se muestra partidario en sus últimos informes sobre desarrollo de las intervenciones estatales en un sentido "amigable para los mercados", y el FMI admite que una dosis de inflación, en bajas proporciones, puede ser apropiada para "rectificar desequilibrios". Pero lo fundamental se mantiene; en particular:

a)      los regímenes laborales que apuntan a la precarización y desvalorización sistemática de la fuerza de trabajo

b)      el disciplinamiento vía mercado y la sujeción de todos los sectores de la economía, incluidos los servicios públicos, a la constricción que impone la valorización de los capitales

c)      las reducciones del gasto para salud y educación para la población y de los salarios de los estatales

d)      la fuerza del sector financiero, en el que se expresa de manera concentrada la exigencia del aumento permanente de la extracción de plusvalor

e)      la estrategia de inserción en la globalización sustentada en las aperturas comerciales y búsqueda de la competitividad por medio del aumento sistemático de las tasas de explotación

Veamos con algún detalle la cuestión:

 

a) Mantenimiento de los regímenes laborales instalados en los noventa

 

¿Alguien se acuerda de los discursos de Moyano y De Gennaro, cuando afirmaban a los cuatro vientos que la derogación de la ley de flexibilización laboral de De la Rúa debería ser la primera medida a tomar por un gobierno "popular"? ¿Qué sucede con "el cambio de modelo", que de esto no se habla? Lo cierto es que, al margen de proclamas y discursos, conquistas históricas como las ocho horas de trabajo, los derechos sindicales, la defensa ante la prepotencia patronal, se han perdido por completo. Señalemos como dato ilustrativo que hoy de los ocho millones de trabajadores, casi tres millones están en negro, con salarios promedio (julio) de 361 pesos mensuales; de éstos, el 37% trabaja más de 9 horas diarias. En cuanto a los empleados del sector privado que están "en blanco" -un poco más de tres millones- el salario promedio (julio) era de 740 pesos mensuales; de estos, un 46% trabaja más de 45 horas semanales. Nada indica que este panorama cambie sustancialmente en los próximos meses, de no mediar la lucha de clases que obligue al capital y a su gobierno a ceder terreno. Lo que se busca ahora es "blanquear" el trabajo en negro, oficializando los bajos salarios y la precarización. Un hecho relevante al respecto son los acuerdos que el gobierno está firmando con las cámaras empresarias para ofrecer mano de obra barata subsidiada por los Planes sociales; los salarios establecidos serán de apenas 300 pesos mensuales, de los cuales 150 los paga el Estado. Esto significa que se siguen ofreciendo las mejores condiciones de explotación al capital privado, a cambio de que las empresas cumplan con los aportes de seguridad social. Agreguemos que aun con este nivel de miseria, organismos como el Banco Mundial recomiendan al gobierno nuevas "reformas laborales" porque "los altos costos laborales y de indemnizaciones impiden luchar contra la desocupación".

 

b) Continuidad de las privatizaciones

 

Todavía en la década de los ochenta buena parte de la producción y la mayoría de los servicios públicos estaban en manos del Estado, sustrayéndose, de alguna manera, a la constricción que impone la ley del valor. Las privatizaciones de los noventa, por el contrario, dieron como resultado que estos sectores se subordinaran a los imperativos de la valorización y del mercado, y que incluso los trabajadores del Estado se vieran sometidos progresivamene a la misma precarización y baja salarial que los asalariados del capital privado. El cambio de "modelo" proclamado ahora por el gobierno y sus partidarios, ¿modifica esta última situación? La respuesta es: no la modifica, simplemente se ajustan aspectos y se ponen límites a algunos excesos que pudieran implicar tasas de ganancia demasiado altas en beneficio de alguna fracción del capital.

Lo que afirmamos se evidencia, entre otros hechos, en los proyectos que se barajan para la reforma previsional y en las renegociaciones de los peajes de rutas.

Con respecto a la reforma previsional todas las fuentes oficiales subrayan que el sistema seguirá siendo mixto, con un componente de capitalización del ahorro; incluso el Gobierno prometió al FMI que enviará un proyecto de ley previsional al Congreso en marzo de 2004 dentro de las "reglas del juego" establecidas. En cuanto a los peajes, la renegociación de las concesiones fue por casi 8.000 kilómetros de rutas; o sea, el sistema de peajes continúa, sólo que en condiciones algo modificadas. ¿Qué cambio "de fondo" hay aquí? Ninguno esencial; ahora el Estado se hará cargo de las obras, pero siempre en acuerdo con las empresas y licitando con capitales privados. Salen algunos grupos favorecidos bajo el menemismo (Roggio, Macri, Dycasa) para dar lugar a otros que piensan hacer un buen negocio (la tasa de retorno garantizada a las empresas es del 15%).

Por supuesto está la discusión sobre tarifas de servicios, donde existe un conflicto con el gobierno. Pero también aquí se parte de la premisa que las empresas seguirán en manos del capital privado. O sea, la negociación será un poco más o menos dura, según los sectores, pero nada demuestra que se esté ante un cambio sustancial.

Lo que apuntamos se puede ver también en el proyecto de presupuesto que elaboró Economía. Entre las áreas que aumentan sus partidas está el apoyo a la actividad área nacional, que sube el 10%; aquí la idea es subvencionar hasta que capitales privados se hagan cargo del negocio. Además sube un 18% la partida para Fabricaciones Militares. El fomento a las Pymes aumenta un 47%, y las políticas industriales casi un 35%; también aumentan las partidas para promover el comercio exterior; a su vez el Ministerio de Planificación Federal subirá un 101% la asignación para política energética; también hay aumentos para obras públicas, fomento del transporte ferroviario, capacitación laboral. En niveles absolutos son cifras bajas, pero marcan un cierto cambio en relación a lo anterior, ya que hay mayor intervención estatal. Sin embargo lo central es que son intervenciones en consonancia y acuerdo con el capital, y para favorecer la acumulación privada. Ya hemos mencionado además la subvención a empresas para la contratación de mano de obra barata. Por lo tanto no se busca reemplazar al capital privado, sino cumplir con aquello de una "intervención amigable para los mercados". Todo esto, además, en el marco de la extensión de los contratos "basura" entre los trabajadores estatales y de precarización de sus condiciones de trabajo.

 

c) Gastos del Estado en servicios públicos y salarios

 

Como lo dice el borrador de presupuesto elaborado por Economía, se prevee una inflación del 10% sin aumentos de salarios. Las partidas de educación y salud públicas siguen sin cubrir las necesidades mínimas indispensables para el funcionamiento de escuelas y hospitales. Millones de argentinos carecen de obras sociales, la división entre la educación y la medicina privada para la clase alta y para las inmensas masas populares se hace cada vez más profunda. Dejando de lado algún paliativo menor, cabe preguntarse también ¿qué ha cambiado aquí en lo esencial?

 

d) Los intereses financieros

 

Un tema repetido de la propaganda oficial, en especial a partir de la oferta de pagar la deuda con una quita del 75%, es que el gobierno de Kirchner "ha sabido enfrentar con una posición digna y firme a los acreedores internacionales". Pero la realidad es muy otra.

En primer lugar, hay que subrayar lo que significa el acuerdo que se ha firmado con el FMI: en los próximos tres años se girarán a los acreedores unos 13.500 millones de dólares, equivalentes anualmente al 3% del pbi. Esto implica una transferencia de recursos en términos reales, ya que no se pagará tomando nueva deuda, sino a partir de un doble superávit, fiscal y de cuenta corriente. Dinero que, por otra parte, paga los servicios de una deuda que se contrajo para financiar la fuga de capitales que operó la misma burguesía argentina. En este respecto tienen razón Kirchner y Lavagna cuando se vanaglorian de haber firmado un acuerdo "serio" con el FMI; son "serios" en intentar restablecer la confianza del capital, cumpliendo a costa del hambre y la miseria de amplias masas de la población.

En segundo término, es evidente que ante un default los acreedores siempre deben asumir pérdidas; después de todo la situación ya era insostenible mucho antes de la caída de la Convertibilidad, cuando los ministros de Economía tomaban deuda a tasas crecientes sólo para "cumplir" con los intereses de una deuda también creciente. Estas espirales de endeudamiento exponencial terminan invariablemente en la desvalorización de capitales financieros; de manera que ya el mercado había descontado la caída, como lo reflejaban los precios de los títulos de la deuda antes del default. Pero además la acción del gobierno encaja en la política que adoptó la administración Bush con respecto a las deudas externas. Es que mientras Bush (padre) y Clinton habían alentado la intervención en las crisis mexicana de 1994 y asiática de 1997 con enormes paquetes de rescate, esta política cambió luego de la operación de refinanciamiento de 2000 con Argentina. A partir de ese momento cobró fuerza en Washington la prédica de ideólogos conservadores que argumentan que con esos rescates se estaban financiando fugas de capitales y se salvaba a "prestamistas y prestatarios irresponsables". Entonces empezó ganar terreno la idea de que había que dejar librados a su suerte a los tenedores de bonos y el FMI terminó "bajándole el pulgar" a Cavallo y De la Rúa cuando éstos quisieron avanzar a fines de 2001 con las refinanciaciones. Por lo tanto el acuerdo firmado con el FMI garantiza lo que preocupa verdaderamente en el sistema financiero internacional, a saber, el pago a los organismos internacionales.

En otro plano del análisis, la política del gobierno de Kirchner, y a pesar del discurso del oficialismo "progre", tampoco fue de enfrentamiento con "la banca usurera" nacional. El Ejecutivo y el Congreso estuvieron de acuerdo en dar  las compensaciones a los bancos, a costa de un  mayor endeudamiento general del Estado.

 

e) El fortalecimiento del Mercosur y la globalización

 

Las reuniones que se han mantenido en los últimos tiempos para fortalecer el Mercosur y avanzar en la convergencia macroeconomica con Brasil también son presentadas como un signo del "cambio radical del modelo de los noventa". Pero un examen medianamente atento de los hechos tampoco confirma esta idea. 

En primer lugar, hay que decir que el Mercosur se inscribe en la estrategia de las burguesías del Cono Sur de integrarse en la globalización. No se trata de volver a los proyectos de integración latinoamericana que en algún momento impulsó el desarrollismo cepaliano, como fueron la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), de 1960, o la posterior Asociación Lationaamericana de Integración (ALADI) [7]. Estas tenían como propósito profundizar el crecimiento basado en la sustitución de importaciones y el mercado interno. Por eso el FMI y Estados Unidos vieron la ALALC como un proyecto de impulso a economías autárquicas y la rechazaron. Pero más importante es que las condiciones económicas eran muy distintas a las actuales. Hace cuarenta años las empresas multinacionales que operaban en los territorios nacionales latinoamericanos se inclinaban por comportamientos oligopólicos de reparto de mercados, y preferían operar en compartimientos estancos; una especialización de la producción por país les hubiera implicado grandes desembolsos de capital, a los que no estaban obligadas en tanto los mercados estaban protegidos. Por otro lado las empresas de origen local no tenían ni la capacidad ni la talla para operar por fuera de sus territorios nacionales [8].

El Mercosur, por el contrario, se inscribe en una etapa distinta, marcada por una internacionalización del capital muy superior, y por lo tanto se encuadra en la estrategia de Estados dependientes de negociar en mejores términos su inserción en la globalización. Hoy los capitales más fuertes consideran al Mercosur funcional a sus intereses, y a la política de Kirchner y Lula en este terreno como apropiada. En primer lugar, los capitales con inversiones diversificadas en los países del bloque están interesados en la homogeinización de las políticas estatales y la liberalización del comercio intrafirma, ya que favorece la especialización de la producción. Esto sirve para lograr economías de escala, importantes para enfrentar la exacerbada competencia internacional; los acuerdos de complementación y especialización en automóvil, maquinaria agrícola, alimentos, responden a esta estrategia. Existen además capitales con importantes estrategias de inversión; son los casos de las adquisiciones recientes de Perez Companc y de Quilmes que ya mencionamos. Otros capitales, más débiles, también están interesados en el fortalecimiento del Mercosur porque siguen una estrategia de inversiones para la ampliación de ventas dentro del bloque; hay ejemplos en alimentación, aluminio, servicios de asistencia médica, seguros. También están interesados en potenciar el Mercosur capitales que realizaron acuerdos de distribución y complementación, como sucede con empresas de siderurgia, autopartes, electrodomésticos, materiales para la construcción. Y existe por último un interés común de los capitales en utilizar el Mercosur como trampolín para negociar en mejores condiciones los términos de su participación en otros mercados y el comercio con otros bloques. Por supuesto, todo esto no anula las tensiones competitivas, en particular las que se originan en los capitales nacionales débiles afectados por la competencia intra-Mercosur. Pero en términos generales las políticas de los gobiernos de Lula y Kirchner de fortalecimiento del Mercosur son propicias a los intereses de los capitales más concentrados, y de ninguna manera son antagónicas al ALCA. Una y otra vez los gobiernos de Argentina y Brasil aclararon que su objetivo es la negociación con vistas a la conformación del ALCA. Además, el Mercosur también ha dado los pasos iniciales para establecer una zona de libre comercio con la Unión Europea. Y el gobierno de Kirchner continúa trabajando con su par mexicano para profundizar las negociaciones iniciadas en diciembre de 2001 y concretar una zona de libre comercio entre Argentina y México; grandes multinacionales del automóvil radicadas en Argentina se vieron favorecidas con la apertura de este mercado, a su vez que capitales mexicanos han comenzado a invertir en Argentina (caso notorio la entrada del grupo de Carlos Slim).

Tenemos entonces aquí un nuevo ejemplo de políticas estatales "amigas de los mercados". Obsérvese que en ningún momento las negociaciones entre los socios del bloque han incluido clásulas de protección de los derechos laborales, o el establecimiento de algún piso a los salarios. Toda la "integración y coordinación" se hace desde el punto de vista de los beneficios del capital.

Es importante señalar también que las políticas de integración regional refuerzan desde el punto de vista ideológico las políticas del capital contra el trabajo. El argumento que se esgrime es que si no se aceptan las políticas en curso es imposible "integrarse al mundo", o "avanzar en la coordinación con nuestros socios". Frente a esto se hace imprescindible que las fuerzas del trabajo coordinen sus plataformas reivindicativas, para responder desde una perspectiva internacionalista a la ofensiva internacionalizada de los capitales y sus Estados.

A pesar de tensiones, unidad del capital

Lo anterior explica que la postura de las grandes cámaras empresarias haya sido de comprensión y disposición al diálogo con el gobierno Kirchner. Por ningún lado se advierten los enfrentamientos que acostumbran caracterizar las relaciones entre gobiernos populistas-nacionalistas y los grandes capitales. Además, la mejoría económica ha disminuido algunas tensiones. Por ejemplo, los reclamos del agro por las retenciones a la exportación, si bien continúan, se han suavizado; los buenos negocios y las altas ganancias calman los ánimos. El mayor conflicto parece centrado en las tarifas de los servicios públicos y en los reclamos de los acreedores; pero no es suficiente para cambiar la caracterización general: ninguna fracción burguesa importante está en una línea de ruptura con el gobierno. Es significativo, por ejemplo, que las cámaras empresarias apoyaran la propuesta de reestructuración de la deuda y el acuerdo con el FMI. La Unión Industrial Argentina emitió un comunicado de respaldo a Lavagna "por iniciar el proceso de reestructuración de la deuda ... sin asfixiar el proceso de recuperación". La Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa también apoyaron. La Asociación de Bancos Argentinos planteó que tanto el acuerdo con el FMI como los anuncios sobre la reestructuración de la deuda "constituyen pasos indispensables y muy positivos para restablecer el crédito internacional hacia la Argentina y encarar el crecimiento sostenido que necesita la economía". Además de declaraciones, los banqueros ofrecieron crédito para la obra pública y participar en el fideicomiso financiero para el desarrollo de complejo industrial nacional de las telecomunicaciones [9]. Por su parte la Asociación de Empresarios Argentinos (la que agrupa al capital más concentrado) ha mantenido una posición de diálogo con el gobierno. Representantes de algunas grandes multinacionales han tenido entrevistas con el presidente para manifestar "su compromiso con el país"; un ejemplo es el reciente anuncio de Repsol YPF de su plan de inversiones de 2.200 millones de pesos para este año luego de una cordial reunión con Kirchner.

En definitiva, si bien subsisten fuertes tensiones en sectores, todo apunta a la redefinición de posiciones dentro de la política económica en curso, con tipo de cambio alto y admitiendo una dosis de ingerencia del Estado en la economía.

IV. Las debilidades profundas del crecimiento

Ahora es necesario ubicar en sus justos términos el crecimiento en curso. En primer lugar, hay que ponerlo en la perspectiva de la profundidad de la caída previa. Entre 1998 y 2002 el retroceso de la economía fue del 18,4%, la segunda caída en importancia desde comienzos del siglo veinte. Esto es, muy superior a las caídas de 1987-1989, del 8%; de 1980-1982, del 8,7%; incluso superior a la baja que se produjo por las repercusiones del crac de 1929 en Wall Street, ya que entre 1929 y 1932 la economía argentina se redujo un 13,7%. Hay que remontarse a la primera Guerra mundial para encontrar algo parecido, una caída del 19% en tres años. De manera que la actual recuperación es sólo una parte del terreno perdido, y se arranca de niveles bajísimos.

Por otro lado, y esto se ha señalado, los servicios de la deuda a los que se ha comprometido el gobierno impondrán una pesada punción de riqueza durante años a la economía en su conjunto. Además, no se trata sólo del pago de la deuda, sino también de la salida de divisas sea por fuga de capitales o por pagos de utilidades y dividendos. Por ejemplo, el fuerte superávit comercial entre enero y setiembre de 2003, de casi 10.000 millones de dólares, sirvió en buena parte para financiar estas salidas: las salidas netas de capital representaron 3.877 millones de dólares, los pagos de rentas 3.032 millones; a lo que hay que sumar 1.630 millones de dólares que se pagaron a los organismos financieros internacionales. En síntesis, si bien la inversión aumentó, una parte importante de la plusvalía no se destina a la acumulación ampliada de capital en el país, sino se sigue dirigiendo al exterior.

Pero además, para que el actual ciclo adquiera consistencia y solidez debería darse una fuerte expansión de la inversión de largo alcance, que se caracteriza por la construcción de plantas, la renovación masiva de equipos, la expansión de infraestructura y producción de tecnología. Sin embargo hasta el momento se está muy lejos de esto. La inversión interna bruta fija ni siquiera llega a la media de los noventa en términos del pbi, cuando rondaba el 17 al 19% del pbi. Los problemas que se están evidenciando en la energía eléctrica por falta de mantenimiento y ampliación de las redes de transmisión son sólo una muestra de cómo la falta de inversión en infraestructura y construcciones puede afectar a un plazo mediano la economía. Téngase en cuenta que los países asiáticos que experimentaron fuertes desarrollos tuvieron tasas de inversión superiores al 25% del pbi, durante años.

La falta de inversión de largo aliento se manifiesta indefectiblemente en la baja productividad de la industria argentina, que si bien mejoró durante los noventa (y parte de la recuperación ha sido posible porque entre 1990 y 1998 hubo renovación de equipos y aumento de la productividad) está aún lejos de los niveles compatibles con una inserción exitosa en la globalización. Hoy en buena medida la competitividad en los mercados mundiales se sustenta en la altísima tasa de explotación que ha posibilitado el tipo de cambio alto. Pero aun con esto el desempeño de las exportaciones está lejos de ser brillante. Así, si bien crecieron un 16% en los primeros seis meses de 2003, sólo el 5% de este aumento se debe a volúmen; el resto es por la mejora de los precios. Además, el 90% del aumento del valor de las ventas externas se debe a los productos agropecuarios; las exportaciones industriales cayeron un 3,4%, en gran medida debido a la caída de las ventas a Brasil (-18%). La dependencia de la demanda de productos industriales del mercado brasileño, y en particular de los acuerdos de complementación de la industria automotriz, es un índice más de la debilidades estructurales, de largo plazo, de la inserción productiva de Argentina en el mercado mundial.

Pero tal vez más significativa sea la situación del complejo sojero, que se ha convertido en el sector más dinámico y es presentado como modelo de la competividad argentina. La situación real es que los cultivos de soja están llevándose más nutrientes de los que se aportan, y a largo plazo -algunos calculan unos 50 años- esto provocará un agotamiento de los suelos, aun considerando el aporte de los fertilizantes. En palabras de especialistas del INTA, "las producciones en muchas zonas se están realizando en un 50 o 60 por ciento apelando a la caja de ahorros que es nuestro suelo". Por lo tanto, si bien la producción argentina de grano pasó de 37 millones de toneladas a 70 millones desde comienzos de los noventa -y el cultivo de la soja pasó en siete años de 12 a 35 millones de toneladas- la necesidad de avance tecnológico sigue siendo vital. Si esto sucede con el sector estrella de la economía, ¿qué decir del resto? La mayoría de las industrias tiene capital tecnológicamente más atrasado en relación a las tecnologías de punta en el mundo. La producción de maquinaria compleja, de productos de alto valor agregado, es extremadamente débil. La ausencia de inversión en investigación y desarrollo, y de producción de alta tecnología con utilización de trabajo complejo -generador de más valor por unidad de producto- son también claras muestras de la debilidad de la inserción capitalista de Argentina en la economía mundial. Según la Segunda Encuesta Nacional de Innovación y Conducta tecnológica 1998-2001, que llevó a cabo el Indec, lo invertido por la industria argentina en investigación y desarrollo en ese período apenas fue de 204 millones de pesos anuales en promedio; en innovación fue de 1.850 millones de pesos. De conjunto las actividades de innovación representaban en 1998 el 2,1% de la facturación de las empresas, contra 3,7% el promedio europeo. La inversión del Estado en investigación y desarrollo es de poco más del 0,4% del pbi, seis o siete veces menos, en términos relativos, que lo que se invierte en países adelantados. Por eso, si bien puede prolongarse el ciclo actual de crecimiento, éste se sigue dando en el marco de un desarrollo económico tecnológicamente atrasado y dependiente. Todo esto realimenta la necesidad "estructural" del capitalismo argentino de continuar las políticas de baja salarial y precarización del trabajo, como respuesta a la creciente brecha tecnológica y competitiva que existe con los países más desarrollados. 

V. Algunas conclusiones

En síntesis, hemos planteado que no estamos ante un mero "rebote" de la economía, sino ante un nuevo ciclo económico, en su fase ascendente, en el marco de una superación de la crisis política que tuvo su pico a fines de 2001.Esta coyuntura mejora las condiciones para la lucha por reivindicaciones elementales y apuntar a la recomposición y acumulación de fuerzas en el movimiento obrero y popular.

En segundo término, hemos planteado que la salida de la crisis se ha operado a través de la lógica despiadada de la valorización del capital y del aumento de la explotación. Esto ha demostrado, una vez más, que en tanto impere la propiedad privada del capital no son posibles salidas concertadas de la crisis; entre el capital y el trabajo los intereses son irreconciliables. La conclusión es clara, o bien la clase obrera presenta un programa alternativo frente a la crisis y lo impone desde el poder. O bien el capital termina imponiendo su salida.

En tercer término, y en conexión con lo anterior, hemos planteado que existe una continuidad esencial de la política que se ha llevado en la década pasada con respecto al trabajo. Esta definición marca una divisoria de aguas en el seno del movimiento obrero y popular entre aquellos que apoyan al gobierno y los que, de alguna manera u otra, están dispuestos a resistir.Toda política de frente único se asienta en esta toma de posición.

Por último, destacamos la debilidad de este ciclo alcista, señalando que la baja productividad general de la economía constituye una constricción objetiva, que empujarán al capital y a su Estado a continuar su presión sobre el trabajo. Esto a su vez determina la perspectiva de la acumulación de largo plazo en este país, y los marcos en los que deberían elaborarse los programas de resistencia del movimiento obrero y popular.

  



[1] En Debate Marxista setiembre 2001.

[2] Inversiones de capitales brasileros en la compra de Quilmes y Pérez Companc, de capitales mexicanos en Fargo y CTI; también de grupos argentinos, como Werthein que compró la mitad de la sociedad controlante de Telecom Argentina; la compra de Scotiabank Quilmes por Comafi-Macro; de Bodegas Suter por Colnvest;  de GasNEA por el Sindicato de Luz y Fuerza (¿empresa?); de Argener por Techint, y otros. 

[3] Cuando se llega al "piso" de la caída existe liquidez en los bancos porque no hay quien tome prestado. En las primeras fases de la recuperación las empresas tendieron a financiar su capital circulante con flujo de caja. .

[4] Según datos de la consultora Ecolatina. Se tomaron los salarios nominales declarados por las empresas en la AFIP y se les aplicó el efecto inflación para obtener la variación del salario en términos reales. 

[5] Según el Indec.

[6] Datos del Ministerio de Economía e Indec.

[7] Ver al respecto el interesante trabajo de Guillen Romo, "De l'integration cepalienne a l'integration néoliberale en Amérique latine: de l'ALALC a l'ALENA" en Mondes en Development N° 3/4, t. 29, 2001.

[8] Guillen Romo, op. cit.

[9] Esto confirma, por otra parte, que los intereses del capital bancario no son antagónicos con los del capital productivo, como muchas veces ha postulado un sector de la izquierda y el progresismo. Uno se nutre del otro; a pesar de las divergencias, existe una comunidad de intereses esencial, asentada en la común apropiación de la plusvalía generada por el trabajo.