LIGA COMUNISTA (ARGENTINA)

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Crítica del Programa de Transición

Osvaldo Garmendia

Las páginas que siguen están dedicadas a un estudio y crítica del programa fundacional de la Cuarta Internacional, el Programa de Transición, escrito por León Trotski en 1938. Además, se reproduce un artículo, publicado en Debate Marxista N°8, dedicado al estudio y crítica del concepto de fuerzas productivas y su desarrollo, tal como fue formulado por la mayoría de los grupos trotskistas en la posguerra. De conjunto, ambos trabajos representan una crítica global a premisas analíticas y políticas de la Cuarta Internacional, y se inscriben en el marco de la necesaria evaluación autocrítica que nos debemos los militantes revolucionarios.

Es natural que históricamente los programas hayan jugado un rol central en la conformación de los partidos y organizaciones de la izquierda. Además de precisar los objetivos de máxima y las reivindicaciones elementales que se proponen a la clase trabajadora y a las masas, definen también en buena medida sus estrategias esenciales. Pero con toda la importancia que hayan tenido, nunca determinaron la política y las tácticas de las organizaciones; éstas siempre gozaron de relativa autonomía, dando lugar, de esta manera, a un amplio campo de variaciones en la aplicación de las orientaciones concretas. Por eso Engels comentaba, en 1875, que "importan menos los programas oficiales de los partidos que sus actos", a la hora de evaluar el comportamiento de las organizaciones.

Pero no es éste el caso del Programa de Transición (en adelante PT). Este programa no se limita a exponer las consignas reivindicativas y los objetivos de máxima, sino que su sentido y estructura determinan una orientación política específica, cuyo eje es la agitación de las llamadas demandas transicionales. En este respecto Trotski introdujo un giro decisivo, consistente en la supresión de la distinción entre el programa mínimo y máximo; en su lugar el PT presenta un sistema de consignas mínimas y transicionales, íntimamente conectadas y orientadas a la movilización hacia la toma del poder. Este cambio a su vez tuvo como premisa la tesis de que el capitalismo ya no puede desarrollarse, que las masas están embuidas de una profunda inquietud revolucionaria y que la democracia burguesa en esta época está liquidada; es significativo que el título completo del PT sea "La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional".

Estas concepciones determinaron las modalidades y contenidos de las tareas de la Cuarta Internacional (en adelante, CI) hasta el día de hoy . En este trabajo no cuestionamos una u otra consigna del PT, sino una metodología política que, a pesar de variaciones en su aplicación, ha pasado a integrar el patrimonio común del movimiento trotskista. De hecho se trata de un "sistema de pensamiento" con el que se elaboran las tácticas y las consignas, y se conciben las campañas de agitación. El artículo "Sobre las fuerzas productivas y su desarrollo" -y el Apéndice que lo acompaña- complementa la crítica a los presupuestos teóricos del método transicional planteados por Trotski.

Somos conscientes de las reacciones que suscitará este trabajo. Si siempre es difícil problematizar lo que se considera de "sentido común" dentro de un grupo político o social, en este caso la dificultad se multiplica. En primer lugar porque durante décadas las organizaciones de la CI se han visto obligadas a adoptar una actitud extremadamente defensiva frente a los ataques del stalinismo. De allí derivó una tendencia -que continúa en muchos grupos- a encerrarse en la defensa "in limine" de las enseñanzas de Trotski, resultando de ello una pérdida de distanciamiento crítico con respecto a las políticas legadas por el fundador de la CI. Pero además la resistencia a cuestionar el PT se relaciona con la creencia de que este programa está indisolublemente vinculado al combate contra el oportunismo; en la CI se piensa que volver a la vieja división entre programa máximo y mínimo equivale a postular la revolución por etapas y la estrategia del reformismo. Sin embargo, y como trataremos de demostrar luego, una simple mirada a la historia desmiente esa idea: el partido bolchevique tomó el poder (en época de guerras y catástrofes sociales) manteniendo la división entre programa máximo y mínimo; la Tercera Internacional sostuvo en sus primeros años una línea revolucionaria sin adoptar un programa transicional general. Tampoco desde el punto de vista teórico se puede encontrar alguna vinculación orgánica entre la lucha por la revolución socialista y la agitación de las consignas transicionales en todo tiempo y lugar, como hace la CI. Más aún, la aplicación del método transicional en situaciones no revolucionarias tiende a generar dinámicas oportunistas; demostrar este punto es uno de nuestros propósitos .

Por otro lado, al iniciar un trabajo de este tipo es común referirse a estudios que nos hayan precedido. Sin embargo, hasta donde alcanza nuestro conocimiento, no disponemos de muchos antecedentes de crítica al PT. De la obra de los clásicos nos apoyamos en un importante escrito de Engels sobre el tema, en alguna referencia de Marx a la metodología transicional y en otras, muy contadas, de Lenin. La oposición de estos autores a la política del PT se deduce más de sus orientaciones concretas que de estudios focalizados en las consignas transicionales y su uso. En lo que hace a los escritos posteriores a 1938, es curioso constatar que los enemigos del trotskismo no criticaron las consignas transicionales; sencillamente las desecharon sin examinar su lógica política. Y por el lado de los militantes de la CI, la mayoría se redujo a comentarios apologéticos o a competir sobre qué interpretación se ajustaba mejor a "lo que verdaderamente dijo Trotski". Dados estos antecedentes, este trabajo se sustentará en nuestra experiencia de dos décadas de militancia en organizaciones de la CI y en el razonamiento comparado de dos lógicas de hacer política, la de Marx, Engels y Lenin, por un lado, y la de Trotski, por otro. Sabemos entonces que avanzamos por un terreno poco explorado; por eso sólo pretendemos abrir un sendero que, manteniendo el sentido revolucionario e internacionalista del combate de Trotski y de la CI, supere las deficiencias que advertimos en sus análisis y política. Por consiguiente, aunque nuestras críticas adoptan la forma de lo categórico, no tenemos la intención de "cerrar" la discusión; este estudio seguramente tiene muchos errores y falencias, que hoy no alcanzamos a percibir, y que exigirán la intervención crítica de muchos otros compañeros. Si este escrito contribuye a la necesaria elaboración colectiva, habrá llenado su cometido, y habremos dado un paso en la superación de la crisis que atraviesa el movimiento revolucionario.

CAPÍTULO 1: PREMISAS ANALÍTICAS
Crisis económica "sin salida"

El punto de partida del PT es la tesis del estancamiento crónico de las fuerzas productivas. En el primer apartado, dedicado a las "premisas objetivas de la revolución socialista" se afirma:

Las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer. ... Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores ... Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra .... La burguesía misma no ve salida .

Estas ideas fueron vertidas en un período en que la economía norteamericana no salía de la depresión, Europa estaba sumida en el marasmo y la Segunda Guerra asomaba en el horizonte. En ese respecto, el pasaje citado sería muy apropiado para un programa de coyuntura . Pero en realidad está apuntando más allá de la coyuntura determinada por la depresión económica y el inicio de la guerra, porque este pasaje resume una de las tesis centrales del pensamiento de Trotski: que el capitalismo había entrado, desde 1914, en una crisis que históricamente ya no tenía salida. La revolución rusa sólo habría podido triunfar por esta situación, la depresión de los treinta constituiría una nueva manifestación de esa crisis crónica y la Segunda Guerra -que se avecinaba- de la insolubilidad absoluta de la contradicción entre las economías nacionales De allí que pensara que si la revolución no triunfaba al cabo de la guerra, la humanidad se sumergiría en el fascismo o en la "barbarie", concebida como un sistema social postcapitalista.

En base a este enfoque Trotski consideró que cualquier reforma o transformación del capitalismo no alteraría la marcha hacia la inmediata catástrofe final:

La crisis actual, que está lejos aún de haber completado su curso, ha podido demostrar ya que la política del "New Deal" en los Estados Unidos como la política del frente popular en Francia no ofrece ninguna salida al impasse económico.

Y más en general:

La putrefacción del capitalismo continuará también bajo el gorro frigio en Francia como bajo el signo de la svástica en Alemania. Sólo el derrumbe de la burguesía puede constituir una salida (énfasis nuestro).

En discusiones con sus partidarios explicaba:

... la burguesía no tiene otra solución que el fascismo, y la profundización de la crisis va a forzar a la burguesía a abolir los remanentes de la democracia y a reemplazarlos por fascismo (énfasis agregado).

Teniendo en cuenta lo que discutimos antes, habría que analizar estos pasajes en dos planos: desde el punto de vista de lo que se avecinaba, -la guerra, las espantosas calamidades que sufrirían cientos de millones de seres humanos y la destrucción inaudita de bienes y riqueza- eran acertados. Trotski tenía presente ese horizonte, en un contexto intelectual en el que, además, estaban muy extendidas las ideas sobre "el fin de la civilización" y "la decadencia de Occidente". Pero desde el punto de vista más general, perdía de vista que toda crisis capitalista implica a largo plazo -y en la medida en que la clase obrera no encuentre la salida de la toma del poder- la regeneración de las fuerzas productivas y de las relaciones de explotación, como lo demostraría la recuperación del capitalismo a partir de 1945.

Pero lo más grave es que las corrientes trotskistas (su mayoría) no corrigieron aquellos análisis de Trotski y eso se constituyó en un grave problema. Si lo hubieran hecho aquellos vaticinios habrían sido, en los años cincuenta o sesenta, hasta cierto punto inocuos, como lo fueron algunas exageraciones de perspectiva histórica de El Manifiesto Comunista, que Marx y Engels rectificaron años después. Por el contrario, la mayoría de los dirigentes de la CI forzaron por todos los medios los argumentos para seguir afirmando que seguía vigente "la crisis crónica" del capitalismo ; así las catástrofes económicas siempre eran "inminentes" y los períodos de desarrollo meros "espejismos" o "superficiales". La única excepción fue Ernest Mandel y el sector influenciado por su pensamiento; pero aun así éste no sacó las conclusiones políticas que se derivaban de su crítica a la idea del estancamiento crónico.

En base a la tesis del estancamiento, Trotski concluía que el capitalismo ya no podía dar ninguna reforma seria

.. en la época del capitalismo en descomposición .... no puede dar reformas sociales sistemáticas y elevar el nivel de vida de las masas;

por eso

... cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeña burguesía, conducen inevitablemente más allá de los límites de la propiedad capitalista y del estado burgués

Esta visión constituyó el fundamento de la agitación transicional hasta el día de hoy. Nuevamente, debemos señalar que fue cuestionada, de hecho, por el sector liderado por Mandel, pero sin sacar ninguna conclusión acerca de la necesidad de modificar la política transicional. Los otros dirigentes de la CI se limitaron a afirmar su vigencia; así, por ejemplo, en el prólogo de la edición inglesa del PT antes citada, Cliff Slaughter escribía que en nuestra época ni aún la más elemental de las demandas puede satisfacerse sin la expropiación revolucionaria de la clase capitalista .

En 1982 Moreno escribía que había que explicar a las masas que:

... la solución de todos los problemas, por mínimos que sean, exigen la insurrección contra el gobierno burgués y la conquista del poder por el proletariado...

Los ejemplos se repiten a lo largo de los años y en prácticamente todas las publicaciones de la CI.

La economía dirigida a voluntad

Una de las obsesiones de Marx fue poner de manifiesto las tendencias objetivas del capitalismo, tales como su impulso a extender las relaciones de explotación asalariada, al dominio de la máquina sobre el trabajo, a la concentración de los capitales y a las crisis económicas cada vez más abarcativas. Marx demostró que esas tendencias no dependen de la voluntad de los seres humanos y que, por lo tanto, si no se acaba con la propiedad del capital y con su Estado, no habrá solución de fondo para los males de los explotados. Ninguna relación de fuerzas, por más favorable que sea al movimiento obrero, modificará estas tendencias profundas del sistema.

Lamentablemente a lo largo del siglo veinte este enfoque fue dejado de lado por muchos de sus seguidores (la mayoría, nos atrevemos a decir). En su lugar éstos adoptaron otras teorías que ponían el acento en factores idealistas y subjetivos para explicar la acumulación y las crisis; la concentración gigantesca de los capitales pareció dar alas a la idea de que la economía era manejada según el capricho de los poderosos, a quienes muchos identificaron con el capital financiero. A pesar de que en el PT no se desarrolla este tema, contiene pasajes que se inscriben claramente en esta corriente de pensamiento; por ejemplo:

[Los bancos] Organizan milagros de técnica ... organizan también la vida cara, las crisis y la desocupación .

La frase es escueta, pero sus implicancias son difíciles de disimular, porque si fuera cierto que los bancos organizan la inflación y las crisis, la teoría económica de Marx debería desecharse por "obsoleta" y el trotskismo debería elaborar otra teoría, orientada en la misma dirección en que trabajaron keynesianos de izquierda, como Kalecki, o marxistas, como Baran y Sweezy . Sin embargo el tema nunca fue cuestionado ni problematizado en la CI; el pasaje citado se repitió sin que nadie se preguntara cómo encajaba en las explicaciones de El Capital y en tantos otros estudios económicos marxistas. Tampoco se indagó qué implicancias tenía en relación a la estrategia del movimiento obrero. Obsérvese que si la economía es manejada a voluntad, la solución de los problemas decisivos de los trabajadores se ubica en un plano muy distinto al planteado por Marx. Así, por ejemplo, sería lógico esperar que los precios se pudieran moldear a capricho y voluntad de los reformadores sociales; idea que ha primado en la izquierda y de la que el PT parece hacerse eco:

Los campesinos, los artesanos y los comerciantes, ... en su condición de consumidores, deben tomar una participación activa, junto a los obreros, en la política de los precios

?Cómo se compatibiliza esta propuesta con la ley del valor, que demuestra que los precios no se pueden gobernar mientras exista la propiedad privada? Problemas similares surgen cuando analizamos la salida que da el PT a la desocupación. Recordemos que la teoría de El Capital demuestra que el capitalismo no puede sobrevivir sin los ejércitos de desocupados, y que éstos siempre son recreados por la máquina y se multiplican en proporciones gigantescas durante las crisis. Esta tesis, clave en la obra de Marx, constituye en sí misma una crítica a los programas que pretenden eliminar la desocupación "imponiendo" tal o cual reforma al capitalismo en crisis ("correlación de fuerzas" mediante), y por eso mismo encierra un llamado a los trabajadores a acabar con la propiedad privada capitalista para garantizar a todos el empleo. Sin embargo en el PT se afirma que acabar con la desocupación

... es una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha

Estas nociones, que no vacilamos en conceptuar como idealistas y subjetivistas, se superponen con la tesis de la crisis "sin salida" de manera acrítica. De aquí la pregunta de por qué la clase dominante estaría condenada al marasmo económico si, según el PT, los bancos son tan poderosos como para organizar las crisis. ?Cómo no "organizan" con la misma facilidad la superación de las crisis? El asunto tiene consecuencias teóricas y políticas: desde el punto de vista teórico, porque el PT oscila entre el objetivismo extremo (nunca se explican las razones de por qué las fuerzas productivas ya no podrían crecer) y el subjetivismo (los precios y las crisis son gobernados por sujetos). En lo político, porque por un lado afirma que avanzadas medidas transicionales pueden imponerse al capitalismo (aquí es funcional el idealismo económico) y por otra parte se sostiene que el capitalismo no puede conceder la más elemental demanda democrática o económica (y aquí entra en juego la fundamentación objetivista extrema). Estas contradicciones son reveladoras de problemas de táctica política, que luego analizaremos en detalle.

Caracterización de la lucha de clases

Las anteriores ideas sobre la economía van acopladas en el PT a una visión eufórica de la lucha de la clase obrera, de su grado de conciencia y combatividad. El tono de los primeros pasajes del programa de la CI es claramente triunfalista; la clase obrera mundial, a fines de los treinta, tendría un alto nivel de movilización revolucionaria:

En todos los países el proletariado está sobrecogido por una profunda inquietud. Grandes masas de millones de hombres vienen incesantemente al movimiento revolucionario (énfasis agregado)

Pero esta caracterización se acompaña del reconocimiento -expresado a lo largo de muchos pasajes- de la derrota de las masas a fines de los treinta; así se afirma que entre los obreros de vanguardia "hay no pocos fatigados y decepcionados", que las derrotas "no favorecen una conmoción revolucionaria en Alemania e Italia", y de manera más contundente aún, que la CI surgía

... de las más grandes derrotas que el proletariado registra en su historia.

?Cómo se compagina esto último con la frase sobre las "masas de millones" volcándose "sin cesar" a la revolución? La respuesta es que Trotski piensa que, a pesar de las derrotas, las masas se recuperarían rápidamente -con excepción de los países fascistas y la URSS-; en un pasaje muy significativo afirma que "la lucha de clases no tolera interrupciones", y en otros dice:

... la crisis actual puede exacerbar extremadamente la marcha de la lucha de clases y precipitar el desenlace. (...)

... en la época actual la lucha de clases infaliblemente tiende a transformarse en guerra civil (énfasis agregado).

Refiriéndose a los comités de fábrica, sostiene que una ola de ocupaciones de empresas "se ha desencadenado en algunos países", y agrega:

Nuevas olas de ese género son inevitables en un porvenir próximo.

También hace una evaluación exaltada del grado de influencia que tenía la CI:

Los obreros avanzados de todo el mundo ya saben que la derrota de Hitler y Mussolini se logrará bajo las banderas de la Cuarta Internacional .

Obsérvese que aquí hay una evaluación de una situación supuestamente existente ("los obreros avanzados ya saben") que no se limitaría a un país o sector, sino a la vanguardia "mundial".

En esta visión subyace la idea de que los sufrimientos de las masas generarán inevitablemente una agudización de la lucha de masas:

... la agudización de la crisis social aumentará no solamente el sufrimiento de las masas sino también su impaciencia, su firmeza y su espíritu de ofensiva.

Sin embargo la experiencia histórica nos dice que no siempre la agudización de las crisis aumenta la "firmeza y el espíritu de ofensiva" de los trabajadores; menos aún crece la adhesión a las corrientes revolucionarias. Resulta inexplicable que Trotski, que en otros escritos había advertido sobre las consecuencias de la crisis y de las derrotas (nos referimos a sus estudios sobre Francia y Alemania de los treinta, o anteriores sobre China) haya generalizado de manera tan mecánica y desacertada una supuesta relación de "más crisis, más espíritu de lucha", en un texto de tanta trascendencia, y en el marco de derrotas profundas. Sin embargo su pensamiento en este sentido en el PT es sistemático. A continuación del último pasaje citado pronostica que a medida que aumenten los sufrimientos millones de necesitados comenzarán a presionar al reformismo, los desocupados se pondrán en movimiento y los campesinos arruinados buscarán una nueva dirección

Posiblemente estas caracterizaciones y pronósticos estuvieran "sobredeterminados" por la inminencia de la guerra. Las experiencias históricas que Trotski tenía presente lo llevaban a la conclusión de que el desenlace de la contienda estaría marcado por la irrupción revolucionaria de las masas. Después de todo la guerra franco-prusiana de 1870 había terminado en la Comuna de París; la guerra ruso-japonesa en la revolución de 1905 y la Primera Guerra en el Octubre ruso e intentos insurreccionales en otros países. Claro que a ninguna de ellas se había llegado en un marco de derrotas tan profundas del movimiento proletario y de su vanguardia revolucionaria, como sucedía en vísperas de la Segunda Guerra.

Sea como fuere, una vez más debemos decir que el problema más grave en la CI no estuvo tanto en el diagnóstico equivocado de 1938, sino en que no se haya modificado en las décadas que siguieron. Aunque en su práctica cotidiana los trotskistas reconocían que en la mayoría de los países no existían situaciones revolucionarias, siguieron sosteniendo la tesis de la "crisis revolucionaria inminente", de manera que las categorías de análisis y evaluación se mantuvieron distorsionadas; los manómetros con que la CI medía la presión de la lucha de clases daban resultados sistemáticamente desajustados al alza. Por eso, cuando en las décadas de los setenta y ochenta se produjo un reanimamiento de las luchas sindicales y democráticas (acompañadas del debilitamiento del aparato stalinista), las caracterizaciones alcanzaron alturas impensadas; así la LIT llegó a decir que asistíamos a una "insurrección de masas" en el mundo y "encontró" revoluciones "socialistas objetivas" por todos lados. Si las masas sufrían derrotas, éstas eran episódicas y representaban apenas breves entreactos en el gran concierto del ascenso revolucionario. Así se llegó al derrumbe del stalinismo, punto que marcaría el colapso definitivo de la tesis del "ascenso revolucionario permanente" con que se había manejado el movimiento. Sin embargo, todavía hoy muchas organizaciones de la CI se niegan a reconocer los estragos teóricos y la desorientación que causaron aquellas evaluaciones, tan febriles como carentes de asidero real.

Sobre la "crisis de dirección

Con los análisis precedentes como sustentos y premisas, era lógico que se dedujera que el único obstáculo para el avance de la revolución se reducía al "puñado de traidores" de la dirección del proletariado. Según el PT, en el camino del futuro poder proletario sólo se interponían las direcciones de masas. El pasaje que antes hemos citado parcialmente concluye con esa afirmación:

Grandes masas de millones de hombres vienen incesantemente al movimiento revolucionario pero siempre tropiezan en este camino con el aparato burocrático-conservador de su propia dirección (énfasis agregado).

De esto se deducía que bastaba tomar la dirección del movimiento para desarrollar el potencial de lucha de las masas, contenido (a duras penas) por los dirigentes. De allí que la clave del PT se sintetiza en su primera frase:

La situación política mundial del momento se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado.

que se repite hacia el final del programa, casi en los mismos términos, pero desde una perspectiva histórica global:

La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección del proletariado.

Esta tesis también fue mantenida hasta hoy por la CI. Así, pasaron los años y las décadas y los trotskistas siguieron "viendo" grandiosos ascensos de masas, siempre traicionados por los burócratas, sin que los grupos pudieran sacar algún provecho de esas traiciones y de aquellos ascensos.

Lo anterior se potenció con un pronóstico optimista, lindando con el fatalismo; a pesar de que varias veces Trotski advirtió que su pronóstico era "alternativo" (en el sentido de que podría imponerse la barbarie o el socialismo), en el PT prevalece la idea de que los "incesantes" embates revolucionarios terminarían destruyendo a los aparatos, impotentes para detener por mucho tiempo la marcha de la historia:

Los "Frentes Populares" por una parte, el fascismo por otra, son los últimos recursos políticos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria. No obstante, desde el punto de vista histórico, ambos recursos no son sino una ficción (énfasis agregado).

.... las leyes de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos. .

Cualquiera que sea la diversidad de métodos de los socialtraidores ... no lograrán quebrar la voluntad revolucionaria del proletariado.

Esto llevará al reconocimiento de la CI:

Cada vez en mayor escala, sus esfuerzos desesperados por detener la rueda de la historia demostrarán a las masas que la crisis de la dirección del proletariado ... sólo puede ser resuelta por la Cuarta Internacional.

Estas ideas sirvieron para renovar constantemente la fe en que, al fin de cuentas, la agitación de las consignas daría frutos revolucionarios y que el programa de la CI estaba destinado -sí o sí- a prevalecer. Esta convicción impregnó a muchas organizaciones de un carácter casi "místico", que fue útil para resistir las presiones del medio en que se movían (y sostener enormes sacrificios militantes), pero anuló en buena medida su capacidad crítica y de análisis.

Pensamos que es necesario criticar de raíz el esquema interpretativo de "masas que siempre luchan versus direcciones que siempre traicionan". Si bien en determinadas coyunturas las direcciones oportunistas enfrentaron a las bases que las desbordaban , no es cierto que permanentemente las masas estén volcándose a la revolución y chocando con los traidores. Por el contrario, -y hay que reconocerlo de una buena vez en el trotskismo- millones de obreros y de oprimidos estuvieron convencidos de que el socialismo en un solo país y la estrategia de la revolución por etapas y del Frente Popular, eran viables; otros muchos millones confiaron en la democracia burguesa y en la socialdemocracia; y otros tantos en los nacionalismos burgueses. Esa confianza en el reformismo y en la burguesía no es explicable por la mera acción -sistemática y a lo largo de años- de "traidores". En este sentido el PT está impregnado de "objetivismo", porque desconoce los fenómenos de conciencia de masas, su complejidad y contradicciones; es antidialéctico, porque no pone en conexión orgánica la situación de las bases con sus direcciones (estas últimas surgen de la nada) y porque desprecia la capacidad de aprendizaje de las masas, que repiten el proceso con los burócratas que las traicionan sin reconocer a los revolucionarios. Además, induce a la adulación del movimiento y a capitular a su conciencia pequeño burguesa y reformista .

Dicho esto, aclaremos que no negamos la influencia de las direcciones sobre las masas, y por lo tanto tampoco la importancia de la lucha de los revolucionarios contra esas direcciones. Simplemente queremos ubicarla en una perspectiva correcta. En este terreno nos inspiramos en Marx, Engels y Lenin, quienes tuvieron una concepción más acertada que la CI sobre la relación entre las masas y sus direcciones. Ninguno de ellos cayó en la adulación a la clase obrera y los oprimidos. Marx decía que había que explicar a los trabajadores que deberían pasar por décadas de guerras y revoluciones, no tanto para cambiar las condiciones, sino para cambiarse a ellos mismos y convertirse en aptos para ejercer el poder político. También era consciente del papel que jugaba la estupidez en toda revolución y cómo "es explotada por lo pícaros" . Precisamente ésta fue una de las enseñanzas de 1848 que destruyó "el entusiasmo casi pueril con que saludamos la era de la revolución antes de febrero de 1848" . Tampoco Lenin hacía demagogia con respecto a la conciencia de las masas. El centro del ?Qué hacer? es la crítica a la idea de que existiría un "vacío ideológico", que podría ser llenado por la mera agitación economicista, que permitiría el avance a la conciencia socialista. Por eso Lenin siempre pondrá el acento en los problemas que se derivan de la conciencia burguesa o pequeño burguesa del movimiento. Por ejemplo, durante la Primera Guerra explicará que

el principal obstáculo [para la revolución] es la confianza que una parte de los obreros con conciencia de clase tiene en los socialimperialistas y socialpacifistas

de allí que planteara que la principal tarea de los revolucionarios era destruir la confianza "en estas tendencias, ideas, tipos de política" . En sus escritos de 1917 encontramos un enfoque similar. Inmediatamente después de derribado el zar las masas entregan el poder a la burguesía conciliadora y la revolución "se estanca". Existía entonces un problema de dirección, pero derivado de la confianza de los trabajadores en el capitalismo, porque la fuerza política de los conciliadores se derivaba de la ideología democratista que había impregnado al movimiento. Los dirigentes mencheviques y socialrevolucionarios reforzaban esa sujeción de los trabajadores a la burguesía, pero la clave de la situación era la confianza "suicida" (sic, Lenin) de las masas en la democracia burguesa. Lenin no concibe a la dirección aislada, en un mar de masas "traicionadas", pero dispuestas a tomar el poder.

De los enfoques de Marx o Lenin se desprende una orientación que hace eje en la lucha política e ideológica por ganar la conciencia de las masas, por "destruir la confianza en ideas y tipos de políticas", explicando "pacientemente" la relación que existe entre las penalidades que sufren los explotados, sus experiencias de lucha y el sistema capitalista. Por el contrario, del esquema del PT se deriva una orientación política mucho más centrada en la táctica y la maniobra para "ganar" la dirección y "empalmar" con el movimiento obrero, al que se atribuyen propiedades casi ontológicamente revolucionarias. Además, según el esquema clásico del marxismo, la marcha de la historia depende de una compleja conjunción de factores, entre los cuales cuentan los procesos objetivos y moleculares que afectan las experiencias de millones de seres humanos, independientes de la acción y la voluntad de los revolucionarios; estos últimos pueden acelerar algunos procesos, pero no determinar el curso de la historia. Pero en el pensamiento de la CI la historia pasaba a depender de la habilidad de los militantes para desplegar el método político recomendado Trotski, porque el resto de las condiciones objetivas "estaban dadas". Cliff Slaugther, en el prólogo del PT que hemos mencionado, expresa muy claramente esta idea; afirma que la crisis económica (de los ochenta)

... genera situaciones revolucionarias en la lucha de clases que requieren la construcción de una dirección alternativa, que sólo será construida por los cuadros del Comité Internacional [fracción de la CI en que militaba CS], y la responsabilidad por su éxito o fracaso es nuestro y sólo nuestro (énfasis agregado).

De allí el rol "decisivo" que se otorga en la CI a la táctica transicional "precisa" y a su agitación sin fisuras.

Por supuesto, estas nociones indujeron al desprecio del combate ideológico y de las complejidades de la lucha política. Ellos fueron suplantados por la política de "exigencias" a las direcciones, que encontraba su fundamento en la idea de las "masas quieren luchar pero los dirigentes las traicionan". Por eso, en lugar de contestar el discurso político de esas direcciones, las organizaciones trotskistas repetían monótonamente las acusaciones a los "traidores", acompañadas de las más insólitas exigencias de "planes de lucha para imponer programas transicionales", que a nadie conmovían (volvemos sobre este importante asunto).

La conciencia burguesa de las masas en el PT

Todo lo anterior nos conecta con otro tema que "brilla por su ausencia" en el PT: la influencia de la ideología democrático burguesa entre los explotados. Destaquemos que en 1938 la respuesta de la burguesía al peligro revolucionario no fue sólo el fascismo, porque también la democracia burguesa tuvo incidencia sobre los trabajadores. La ideología democrática se reforzaba por el ejemplo de la dictadura stalinista, que se identificaba en la conciencia de los explotados con el comunismo. Sin embargo esta cuestión desaparece del PT como un problema; las ilusiones democráticas sólo son tratadas en relación a los regímenes fascistas o los países atrasados, pero no con respecto a la democracia burguesa de los países adelantados. Es muy significativo que en las explicaciones de Trotski sobre cómo aplicar el PT en Estados Unidos, donde la democracia burguesa era sólida y la CI tenía su sección más importante, no haya una sola referencia a la cuestión; tampoco en el PT se plantea ninguna política específica para enfrentar las ilusiones democráticas de las masas estadounidenses . Cuando en las discusiones con sus partidarios Trotski analiza las perspectivas que abriría la generalización de la consigna de partido obrero, prevé que la única respuesta de la burguesía serían las bandas fascista; no menciona siquiera la posibilidad de que la clase dominante lograra "socialdemocratizar" y burocratizar al eventual partido de los trabajadores . De conjunto, la idea que recorre el PT es que la democracia burguesa está "liquidada" a nivel mundial. Por eso presenta una previsión infantilmente optimista sobre cómo se desarrollaría un futuro ascenso revolucionario en Alemania: antes de que se convocara una Asamblea Constituyente, dice, el territorio alemán se poblaría de soviets, el proletariado no se detendría a resucitar la democracia burguesa y los líderes reformistas no tendrían posibilidad de dirigir el proceso de ascenso antifascista.

Sin embargo, lo más importante es que cuando la democracia burguesa ya se consolidaba en Europa, Japón y Norteamérica en la posguerra la CI no se sintió obligada a modificar aquellos análisis En las décadas que siguieron al fin de la guerra los trotskistas europeos o estadounidenses siguieron afirmando que las respuestas para su actividad se encontraban en un programa que ni siquiera mencionaba la cuestión de la democracia burguesa en sus países, porque estaba "liquidada". Pero como sucede siempre que en política se quiere desconocer un problema real, lo que se despedía por la puerta terminó entrando por la ventana de la CI, y de tan mala forma que muchas organizaciones, cuando "tropezaron" con la democracia, se desbarrancaron en el oportunismo.

Síntesis provisoria

Antes de abordar el método de la agitación transicional, recapitulemos brevemente los puntos básicos del PT que hemos analizado:

a) las fuerzas productivas están estancadas, la burguesía no tiene otra salida que el fascismo, no puede dar ninguna concesión. Sin embargo esto se combina con una visión subjetivista, idealista, sobre las posibilidades de la alta burguesía de dirigir la marcha de la economía a voluntad.

b) las masas están radicalizadas a pesar de las derrotas y sólo las frenan sus direcciones. Los obreros de vanguardia "ya saben" que la CI dirigirá revoluciones tan importantes como la alemana e italiana.

c) la democracia capitalista no tiene fuerza; la ideología burguesa desaparece como problema (la burguesía no puede dar ninguna concesión).

d) la crisis de la humanidad se reduce entonces a la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado.

CAPÍTULO 2: LA POLÍTICA TRANSICIONAL
La lógica política del PT

Siguiendo una definición que tomamos de Lenin, se puede decir que las reivindicaciones mínimas son aquellas que, en principio, no cuestionan la propiedad privada capitalista ni su Estado; así, son demandas mínimas las de aumento de salarios, libertad a los presos políticos, derecho al voto, e infinidad de otras reivindicaciones elementales de las masas explotadas y oprimidas . Estas demandas siempre constituyeron un apartado especial de los programas tradicionales de los partidos obreros, conocido como el programa mínimo. Por otro lado, se enunciaba el objetivo de la toma del poder y las medidas de socialización, que conformaban el programa máximo de los partidos socialistas o comunistas; y las medidas transicionales son aquellas que, sin ser socialistas, son sin embargo incompatibles con la propiedad privada capitalista. Entre las más conocidas encontramos el reparto de las horas de trabajo (hasta acabar con la desocupación) sin disminución salarial; la obligación de trabajar; la anulación de la propiedad privada de la tierra ; la abolición del secreto comercial y el control obrero; la nacionalización de la banca y su puesta bajo el control obrero.

La primera característica del PT, que lo distingue de los programas precedentes, es que desaparece el programa mínimo como un apartado específico y separado de las consignas de máxima. Trotski critica la división entre programa máximo y mínimo, dando a entender que fue propia (?y exclusiva?) de la socialdemocracia anterior a la Primera Guerra:

La socialdemocracia clásica, que desplegó su acción en la época del capitalismo progresivo, dividía su programa en dos partes independientes una de otra: el programa mínimo, que se limitaba a algunas reformas dentro de la sociedad burguesa, y el programa máximo, que prometía para un porvenir indeterminado el reemplazo del capitalismo por el socialismo. Entre el programa máximo y el programa mínimo no existía puente alguno. La socialdemocracia no tenía necesidad de ese puente porque sólo hablaba del socialismo en los días de fiesta.

En la época imperialista las demandas mínimas exigirían su combinación inmediata con las consignas transicionales:

En la medida en que las viejas reivindicaciones parciales, mínimas, de las masas entran en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente -y eso ocurre a cada paso- la Cuarta Internacional auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es el de dirigirse cada vez más abierta y resueltamente contra las bases del régimen burgués. El viejo "programa mínimo" es superado por el "programa transicional", cuyo objetivo consiste en la movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria (énfasis agregado).

De acuerdo a esto, en el trotskismo reinó indisputada la creencia de que el uso de las reivindicaciones mínimas, desligadas de las consignas "superadoras", era sinónimo de oportunismo.

En segundo lugar, el PT es concebido como un programa para la acción hacia la toma del poder:

... nosotros no hablamos sobre la revolución social, sobre la toma del poder por la insurrección, la transformación de la sociedad capitalista en la dictadura, de la dictadura en la sociedad socialista. Lleva al lector sólo hasta el umbral. Es un programa de acción desde hoy hasta el comienzo de la revolución socialista .

Por este motivo el PT presenta un sistema de consignas que desembocan en la formación de soviets y el doble poder, "punto culminante del período de transición". Esto determina en gran medida la perspectiva del programa, porque la clave serán las consignas transicionales para movilizar, sin especificar la relación que guardan con el poder.

La tercera característica del PT es que se propone movilizar a las masas mediante la agitación de las demandas transicionales; el objetivo es "la movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria" (aun siendo la CI extremadamente pequeña). En las conversaciones con sus partidarios, Trotski insiste:

Toda la cuestión es cómo movilizar a las masas para la lucha .

A estos efectos, y esto determina la cuarta característica de la metodología propuesta por Trotski, los revolucionarios debían concentrar la atención en sólo una o dos consignas. En el curso de las discusiones sobre el programa Trotski explicita esta lógica de acción política, al proponer para Estados Unidos la agitación por la escala móvil de salarios y horas de trabajo. Afirma que los trabajadores norteamericanos son empíricos, y que los partidos políticos tuvieron éxitos levantando una o dos consignas que se popularizaban. Estas consignas "se expanden como fuego salvaje entre las masas" y cuando éstas ven que la panacea falla, "esperan por una nueva". En 1938 el problema más grave era la desocupación y Roosevelt proponía un programa de obras públicas. Trotski explica que la plena ocupación solo podía lograrse con la escala móvil de horas de trabajo y de salarios. Había que concentrar la atención en ese punto, en una consigna que resumiera "el socialismo en pequeño":

Creo que podemos concentrar la atención de los trabajadores en este punto. Naturalmente éste es sólo un punto. En principio esta consigna es totalmente adecuada ... Pero las otras consignas pueden agregarse en la medida en que se desarrolle la situación. (...) Pienso que en el comienzo esta consigna [escala móvil de salarios y horas de trabajo] será adoptada por las masas. ?Qué es esta consigna? En realidad es el sistema de trabajo en la sociedad socialista. ... Lo presentamos como una solución a esta crisis ... Es el programa del socialismo, pero presentado de una manera muy simple y popular .

Alguien pregunta sobre las posibilidades de lograr estas reivindicaciones bajo el capitalismo. Trotski explica:

Es más fácil derribar al capitalismo que lograr esta demanda bajo el capitalismo. Ninguna de nuestras demandas se realizarán bajo el capitalismo .

Sin embargo, ya vimos que en el PT la cuestión de la posibilidad o imposibilidad del logro de esta consigna bajo el capitalismo se remite a "la relación de fuerzas"; allí se sugiere que esta explicación debería esgrimirse frente a las objeciones contrarias a la movilización. Sin embargo, a nivel del análisis, el PT insiste en que

Ninguna de las reivindicaciones transitorias puede ser completamente realizada con el mantenimiento del régimen burgués.

Veremos luego las razones de por qué en la actividad de agitación esta advertencia no puede difundirse, so pena de anular la política propuesta.

Las consignas transicionales en Marx y Engels

Una de las cuestiones que alentó la aceptación de la metodología transicional en la CI fue la creencia de que, de alguna manera, el PT recogía lo mejor de las tradiciones revolucionarias del marxismo, y en particular de la política de los bolcheviques en 1917. Esta idea se afirma en el punto 3 de los Estatutos de la CI:

En su plataforma la Cuarta Internacional concentró la experiencia internacional del movimiento marxista revolucionario, y especialmente aquella que surge de las conquistas socialistas de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia

El mismo Trotski se vio a sí mismo como el guardián e indispensable transmisor de aquella experiencia . En la CI tampoco se hizo algún estudio más o menos profundo (por lo menos hasta donde conocemos) de cómo se habían utilizado las demandas transicionales en el pasado, y de esta manera se aceptó que la política del PT era, en esencia, la misma que la aplicada por Marx en períodos revolucionarios o por los bolcheviques en 1917. Todo esto contribuyó a dotar al PT de un prestigio de "táctica probada". Pero esta creencia no se ajusta a la verdad histórica; la metodología transicional recomendada por Trotski es distinta a como fue concebida por Marx, Engels, Rosa Luxemburgo o Lenin. Para demostrarlo nos es preciso desarrollar con alguna extensión la historia de los programas transicionales en el marxismo.

Según Marx y Engels, las medidas transicionales debían concebirse en función de un desarrollo revolucionario. Engels explicó esta cuestión en el curso de una polémica con Heinzen, un demócrata "radical". Heinzen pregonaba las reformas sociales que los comunistas planteaban "como preparación para la abolición de la propiedad privada" (es decir, las demandas transicionales); entre ellas la restricción de la competencia, la limitación o supresión del derecho de herencia, la organización del trabajo por el Estado. Como explica Engels, se trata de medidas que en sí mismas no se sostienen, porque una enlaza con la otra y obliga al proletariado

a ir más y más hacia adelante, hasta la abolición de la propiedad privada, para no perder lo ya ganado .

Sin embargo en manos de Heinzen las consignas transicionales se convertían en un dislate porque éste no las ponía en íntima relación con una situación insurreccional:

No ... las relaciona con una situación revolucionaria, sino con una situación pacífica, burguesa.

Como explica Engels, en condiciones de dominio "normal" de la burguesía no se pueden contestar "las correctas objeciones" que hacen los economistas burgueses. Por fuera de la acción revolucionaria, las medidas transicionales se convierten incluso en reaccionarias y "están destinadas a sucumbir". En cambio esas objeciones burguesas

... pierden toda su fuerza tan pronto se consideran las reformas sociales, apuntadas como "pures mesures de salut public", como medidas revolucionarias y transitorias...

Heinzen, por el contrario, planteaba las demandas transicionales en forma aislada, como si en sí trajeran soluciones a las masas:

Pero el señor Heinzen presenta estas propuestas como medidas fijas y últimas. No como medidas preparatorias, sino como medidas definitivas, no como medios, sino como fines.

Por todo esto es esencial comprender que estas medidas

... son posibles porque está tras ellas todo el proletariado puesto de pie, apoyándolas con las armas en la mano.

Engels insiste en un punto central: si estas medidas se presentan en un contexto no revolucionario y separadas "del desarrollo de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía" aparecen como "quimeras de mejoramiento del mundo, fruto de una especulación arbitraria" y no entroncan "con el desarrollo histórico"; es como si se quisiera modificar el derecho de propiedad y de herencia "a gusto y antojo" ..

Siguiendo estos criterios, Marx y Engels presentaron un programa transicional en El Manifiesto Comunista, en el capítulo titulado "Proletarios y Comunistas". Con mucha precisión los autores del Manifiesto explican que cada una de las medidas transicionales sólo adquiere sentido en relación con todo el resto, porque en sí misma cada una es "insuficiente e insostenible":

...desde el punto de vista económico parecerán insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción .

A su vez aclaran que "el primer paso" para la aplicación de este programa es la elevación del proletariado a clase dominante.

Después de 1848 no encontramos muchas referencias de Marx o Engels a las demandas transicionales. Sin embargo, en una carta de 1881, Marx se refiere al pasar a las demandas transicionales en el mismo sentido que en 1848; se burla de quienes pretendían aplicar una política transicional en condiciones de dominio normal de la burguesía e insiste en que esas medidas "son y deben ser contradictorias en sí mismas" .

Las consignas transicionales en la política leninista

Con respecto a Lenin, es importante examinar su política ante dos coyunturas claves: la Primera Guerra y los meses previos a la toma del poder, en 1917. Analizaremos luego las políticas de Lenin y Trotski frente a la guerra y ahora nos concentraremos en la orientación de 1917.

De acuerdo a los parámetros que se manejaron tradicionalmente en la CI, la situación posterior a la revolución de febrero constituiría un escenario privilegiado para la agitación de las demandas transicionales en el sentido en que lo recomendaría luego Trotski en los años treinta. Sin embargo el texto fundamental en que se fija la estrategia y táctica bolcheviques hacia la toma del poder, las conocidas "Tesis de abril" , están muy alejadas de la metodología del PT, como lo muestra un análisis medianamente pormenorizado de las mismas.

Una primera cuestión vital que enfrentaban los bolcheviques era la actitud ante el "defensismo revolucionario" de mencheviques, socialrevolucionarios y otros partidarios del gobierno provisional. "Si no continuamos la guerra, si no nos defendemos de los alemanes, éstos entrarán en Petrogrado y Moscú y ahogarán a los soviets en sangre", decían. Las masas eran permeables a este argumento "de izquierda", lo que representaba un inmenso peligro para el desarrollo de su conciencia socialista. La primera tesis orienta sobre la respuesta de los bolcheviques al defensismo de izquierda; lejos del "agitativismo transicional" que luego postularía la CI, Lenin explica que a

las grandes capas de la masa de partidarios del defensismo revolucionario ... es preciso explicarles su error de un modo particularmente minucioso, paciente y perseverante.

Había que demostrar

la ligazón indisoluble que existe entre el capital y la guerra imperialista, y demostrarles que sin derribar el capital es imposible poner fin a una guerra con una paz verdaderamente democrática...

Estrechamente ligado a lo anterior estaba la actitud ante el Gobierno Provisional. La tercera tesis dice que hay que demostrar la falsedad absoluta de todas las promesas", "desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de "exigir" que deje de ser imperialista, cosa inadmisible y que no hace más que despertar ilusiones". En la cuarta se insiste en el rol de la propaganda y la agitación educativas:

Explicar a las masas que los soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario ... nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado a especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores ...

En un trabajo posterior Lenin respondería a Kamenev, que criticaba la orientación "propagandista" de las Tesis, con estas palabras:

?Acaso no es precisamente el trabajo de los propagandistas en este momento lo más necesario para liberar la línea proletaria de los vapores tóxicos del defensismo "masivo" y pequeñoburgués? .

La quinta tesis propone consignas transicionales, tales como la elegibilidad y revocabilidad de los funcionarios, y salarios iguales a los salarios obreros, pero no como demandas al gobierno provisional, sino para ser aplicadas por los Soviets de obreros y campesinos en el poder. La sexta dice que la nacionalización de la tierra debía ser aplicada por los soviets, es decir, tampoco la exige al gobierno. Las propuestas de las tesis séptima y octava -fusión de los bancos en un Banco único bajo control de los soviets e instauración del control obrero- son presentadas como medidas a adoptar desde el poder de los soviets . La novena, si bien está destinada a las tareas del partido, en su punto b) señala la necesidad de modificar el programa mínimo, "ya anticuado"; no dice que el programa mínimo debe desaparecer, sino debe reformarse .

Un criterio central que domina estas tesis, y el conjunto de la política leninista, es la cuestión de cómo y quién aplica una consigna. Lenin plantea que los revolucionarios siempre deben preguntarse por las condiciones de aplicabilidad de la consigna, y clarificarlas frente a los trabajadores. Este tema aparece muy claramente expresado en las discusiones que se desarrollan a lo largo de 1917 sobre las consignas de "control" de las masas sobre el gobierno y los capitalistas. Los líderes del bloque pequeñoburgués pregonaban el control y esta orientación fue apoyada por algunos dirigentes bolcheviques de Moscú. En la Conferencia del partido Lenin explica:

El control sin el poder en las manos no es más que una frase vacía. ?Cómo voy a controlar yo a Inglaterra? Para ello tendría que apoderarme de su flota .

Luego de admitir que la masa de obreros podía creer, ingenua e inconscientemente en el control, pero que en realidad esa creencia era "una desviación de los principios básicos de la lucha de clases", continúa:

?Qué es el control? Si yo escribo un papel o una resolución cualquiera, ellos escribirán una contrarresolución. Para controlar hay que tener el poder ... si encubro esta condición fundamental del control, no digo la verdad y hago el juego a los capitalistas e imperialistas ... Sin poder, el control no es más que una frase pequeñoburguesa que frena la marcha del desarrollo de la revolución rusa" (énfasis agregado).

La cuestión es tratada otra vez en mayo de 1917, en un pequeño artículo titulado "Se han olvidado lo principal", en alusión al "olvido" de las condiciones reales para la realización de las promesas que pregonaban los populistas. Estos hablaban, por ejemplo, de la fijación de límites máximos para los alquileres mientras durase la guerra, de la requisición de víveres para asistir a la comunidad, de la organización de proveedurías sociales, comedores y cocinas. Lenin opone a estas promesas vacías las condiciones para su logro: ningún apoyo a la guerra, ni al gobierno capitalista e impedir el restablecimiento de la policía para sustituirla por una milicia general del pueblo; sin poder armado (milicia general del pueblo) era imposible imponer esas medidas.

Luego, polemizando con Avilov, un menchevique que proponía en los soviets que el Estado actuara "contra la rapacidad capitalista", que "asumiera el control de los negocios", aupado en "la intervención de la democracia revolucionaria", Lenin escribe:

?No es ridículo apelar contra la "política de rapacidad de los capitalistas" al Estado de los capitalistas? .

Por otra parte, en su folleto El Estado y la revolución hace una referencia expresa a demandas transicionales que llevan hasta las últimas consecuencias la reivindicación del democratismo radical de las masas:

La completa elegibilidad y la revocabilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del "salario corriente de un obrero", estas medidas democráticas, sencillas y "comprensibles por sí mismas", al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización estatal, puramente política, de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la "expropiación de los expropiadores" ya en realización o en preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social (énfasis agregado)

De nuevo vemos que no son medidas a "exigir" al Estado burgués, sino consignas "puente" que profundizan el movimiento revolucionario en curso y adquiren sentido en relación con las expropiaciones, con la toma del poder. En el curso de nuestra discusión volveremos sobre ejemplos de la política leninista que preparó la toma del poder.

En lo que respecta a la Tercera Internacional -bajo conducción de Lenin- también es significativo que tratándose de un período globalmente revolucionario no se haya votado un programa de transicional para el conjunto de los países, ni siquiera para Europa, donde la lucha de clases había adquirido mayor agudeza. El Cuarto Congreso destacó la importancia para el desarrollo del movimiento revolucionario de las consignas transicionales, pero advirtió sobre sus peligros oportunistas en caso de que no se especifiquen las condiciones bajo las cuales pueden utilizarse En la Resolución sobre Programa se recomienda la elaboración de programas nacionales en los que pueden incluirse consignas transicionales, y se subraya la necesidad de precisar las condiciones bajo las cuales pueden lanzarse; no se las considerada una panacea, para ser agitadas en todo momento y lugar, en condiciones de dominio "normal" de la burguesía.

Las consignas transicionales en la política leninista "Catastrofismo" y oportunismo

Por otra parte, las tesis "catastrofistas" sobre la imposibilidad permanente y absoluta de la burguesía no preservan a un partido del oportunismo. Es importante discutir este tema porque en la CI muchos compañeros piensan que se es "más revolucionario" cuanto más incendiarios sean los análisis, cuanto más se insista en la situación "sin salida" de los enemigos y en la imposibilidad de reformas; de allí concluyen en que no hay idea más revolucionaria que la tesis de que las luchas por demandas elementales lleva al socialismo.

Pensamos que en este punto también tuvo razón Lenin, cuando alertó sobre los peligros oportunistas que se derivarían de esta concepción. En un borrador de crítica a un trabajo de Zinoviev, explica:

... lo principal en su idea -errónea de raíz- es que "sus reivindicaciones (las mínimas del programa) ... en su conjunto dan como resultado la transición a un régimen social basado en principios diferentes". ?Esto es absolutamente erróneo! Ni esas reivindicaciones mínimas del programa ni todo el conjunto de la reivindicaciones mínimas del programa ofrecen jamás la transición a un régimen social basado en principios diferentes. Pensar así es pasarse al principio del reformismo, es abandonar el punto de vista de la revolución. ...

El programa mínimo es un programa que, por sus principios, es compatible con el capitalismo y no rebasa su marco. ...

Sólo puede decirse que en la práctica, lo más probable es que toda lucha seria por grandes reivindicaciones del programa mínimo pueda desembocar en la lucha por el socialismo y nosotros en todos los casos tendemos a ello (énfasis en el original).

?Por qué Lenin dice que pensar en que la lucha por el programa mínimo lleva siempre al socialismo es "pasarse al principio del reformismo" y "abandonar el punto de vista de la revolución"? La razón es sencilla: si un grupo revolucionario considera que la burguesía no puede conceder ninguna reforma, concluirá en que la lucha por alguna reivindicación reformista "seria" llevará a las masas a la lucha por el poder. De allí habrá una tendencia a prescindir de las explicaciones que deben rodear una demanda, que precisan las condiciones para que su aplicación sea revolucionaria y no oportunista.

Es muy importante tener presente esta cuestión cuando se milita con consignas democrático burguesas, referidas al régimen político. Un ejemplo de adónde conduce la concepción catastrofista en este terreno nos lo proporciona N. Moreno. El dirigente de la LIT consideraba que existía una tendencia permanente del imperialismo y de las burguesías a los regímenes totalitarios , razón por la cual, pensaba, las consignas democráticas adquirían un contenido "objetivamente socialista" .. Esto explica que muchos grupos de la corriente que dirigía agitaran, frente a dictaduras militares, la demanda de Asamblea Constituyente, libre y soberana, sin ligarla al poder obrero. "De por sí", sostenían, "la consigna apunta a la revolución proletaria, porque ningún sector de la burguesía quiere ni está dispuesto a conceder la democracia".

En cambio, si partimos de la idea de que la burguesía utiliza la democracia para engañar y someter a los explotados y que la democracia -restringida, amañada- es el régimen "normal" para la acumulación capitalista, entonces aparecerá claramente el error, oportunista, de considerar que la agitación de las demandas democráticas es "en sí" socialista y lleva al enfrentamiento con el capitalismo. Nuevamente es interesante rescatar el abordaje leninista del problema, muy distinto al que primó en la LIT y otros grupos (no todos) de la CI. En la obra de Lenin es una constante la denuncia de las posibilidades de maniobras democráticas de la burguesía; maniobras que podían empantanar al movimiento revolucionario y llevarlo a un callejón sin salida. Por esa razón el líder del bolchevismo explicaba, en los años prerevolucionarios, que la burguesía podía llegar a una salida democrática "pactada" con el zarismo, y llamar a una Asamblea Constituyente; esto es, llevar al movimiento de masas al "aborto constitucional" (Lenin). Este peligro no se eliminaba agitando más frenéticamente la demanda de Asamblea Constituyente, sino explicando a las masas que una Asamblea verdaderamente libre y democrática sólo podría ser convocada por un gobierno de los obreros y campesinos, surgido de la insurrección . Después de la revolución de febrero de 1917 Lenin tampoco descartó que la burguesía terminara convocando a la Asamblea Constituyente, y por eso insiste a lo largo de los meses que preceden a la revolución en que una Asamblea libre sólo podían convocarla los Soviets, desde el poder . Nunca se le ocurrió exigir la Asamblea Constituyente al Gobierno Provisional, en la esperanza de que las masas "vieran" la imposibilidad de obtenerla bajo el capitalismo y derribaran a la burguesía. Pero ésta es la táctica que luego intentarían aplicar -sin ningún éxito- infinidad de partidos trotskistas. Su fundamentación última está en la visión de la "crisis sin salida" de los regímenes y de la política burguesa.

Arrancar" la movilización y agitar "una o dos consignas"

Otra idea del PT que debe criticarse es que un pequeño grupo arrancar a los trabajadores de su apatía y generar movilizaciones de masas. Hay que comprender que las movilizaciones son fenómenos objetivos; no es posible provocarlas con la agitación, por más correcta que sea la consigna, por más unificadamente que trabaje el grupo. Al intentarlo, los grupos de izquierda caen en remedos grotescos de los partidos con inserción, con consecuencias políticas y organizativas nefastas. Los revolucionarios deben intentar influir desde el seno del movimiento, tomando la lucha tal como se da, para desarrollar sus tendencias progresivas y explicar las perspectivas más generales del combate en curso. Esta era la concepción que presidía el accionar de Marx, Engels y Lenin, que les permitía acercarse al movimiento de obrero sin ultimatismos, mantener una actitud unitaria en las luchas concretas -a diferencia de los partidos que dividen por lo táctico- y una crítica al oportunismo. Desde sus años de juventud Marx había adquirido conciencia de que la misión de los pequeños grupos no podía consistir en "bajar línea táctica" al movimiento de masas. En un pasaje de su carta a Ruge de setiembre de 1843 decía:

No compareceremos, pues, ante el mundo en actitud doctrinaria, con un nuevo principio: ?he aquí la verdad, postraos de hinojos ante ella! ... No le diremos: desiste de tus luchas, que son una cosa necia; nosotros nos encargaremos de gritarte la verdadera consigna de lucha. Nos limitaremos a mostrarle por qué lucha, en verdad, y la conciencia es algo que tendrá necesariamente que asimilarse, aunque no quiera .

En el Manifiesto Comunista Marx y Engels sintetizan la actividad de los comunistas diciendo que éstos no se distinguen por dar precisiones "tácticas" al movimiento obrero, sino por hacer valer los intereses comunes a todo el proletariado, las concepciones internacionalistas y estratégicas.

Por su parte Lenin insistió en que las medidas de lucha y organización surgían -en especial cuando el partido marxista es débil- del propio movimiento de masas, y los revolucionarios debían ser "tribunos del pueblo", para mostrar las raíces de los males. Los mismos obreros y campesinos "sabrán organizar hoy un tumulto, mañana una manifestación.." . Lenin apelaba a la conciencia, a la comprensión de las masas, y confiaba en que ellas sabrían resolver, que desplegarían iniciativas que superarían en mucho todas las predicciones de los intelectuales . Esto explica que los bolcheviques criticaran la propuesta de agitación sistemática de una o dos consignas "ejes", "solución". En sus "Resoluciones sobre táctica" el Tercer Congreso de la IC critica la idea de Lasalle de

...concentrar todas las energías del proletariado sobre una reivindicación única para hacer de ella una palanca de acción revolucionaria conduciendo por su desarrollo a la lucha por el poder, en este caso tenemos ante nosotros a un sueño de visionario: la clase obrera sufre hoy en todos los estados capitalistas calamidades tan numerosas y espantosas que es imposible combatir todas estas cargas aplastantes y sus golpes persiguiendo un objetivo demasiado sutil y completamente imaginario .

Sin embargo ésta es la idea que recomienda Trotski a sus partidarios, y que inspiró el "campañismo" de las secciones más consecuentes de la CI. Decía Trotski:

... si repetimos las mismas consignas, adaptándolas a la situación, entonces la repetición que es la madre de la enseñanza, actuará de la misma forma en política ... Es necesario repetir con insistencia, repetir todos los días y en todo lugar. Este es el objetivo del borrador de programa, dar una impresión homogénea .

Existe aquí una concepción de la política al estilo de "campaña publicitaria":

Lo que es importante cuando el programa esté definitivamente establecido es conocer las consignas muy bien y maniobrar con ellas hábilmente, de manera que en cada parte del país todos usen las mismas consignas al mismo tiempo, 3.000 pueden dar la impresión de 15.000 ó 30.000 .

Aquí encontramos la equivocada idea de que la base de la enseñanza es la repetición, pero además se sostiene que los marxistas pueden descubrir y anticipar cuál será el móvil y el punto de arranque de las movilizaciones, algo verdaderamente imposible para pequeños grupos. Obsérvese el contraste con el criterio de Lenin; en época de la IC -que gozaba de una influencia muy superior a todo lo conocido por el trotskismo-, el líder bolchevique advierte que los comunistas no pueden saber de antemano

cuál será el motivo principal que despertará, inflamará y lanzará a la lucha a las grandes masas, hoy aún adormecidas... ..

Las penalidades del capitalismo son innumerables, los caminos de la lucha de las masas, sus ritmos y formas, dependen de tantos factores concurrentes, que es imposible elegir "ésta" o "aquélla" como "la" consigna que movilizará. Esta es una visión viva, rica en posibilidades, muy distinta a la táctica mecánica de pequeños grupos agitando la misma "consigna solución".

Antes de terminar este punto, quisiéramos hacer una aclaración sobre el sentido de la agitación. En el movimiento trotskista muchas veces se la entendió como la acción de vocear (o más bien vociferar) una frase; "no pagar la deuda externa", "castigo a los genocidas" son demandas que se pregonan insistentemente, en la idea de que se estaba desarrollando "agitación revolucionaria". Pero... ?por qué Lenin habría hablado entonces del "arte de la agitación"? ?qué tiene de "artístico" gritar monótonamente una frase? La cuestión nos permite detectar, una vez más, una diferencia entre las tradiciones bolcheviques y lo que la CI creyó interpretar en ellas. Según Lenin la agitación es el arte de explicar una o dos ideas a las masas, a partir de sus experiencias y vivencias, para que saquen alguna conclusión política. Por ejemplo, demostrar que con la guerra imperialista no podría haber una paz justa y democrática; explicar esta idea, de manera sencilla y accesible, a decenas de miles de obreros y campesinos fue una proeza de agitación llevada a cabo por centenares de agitadores bolcheviques. Pero vocear con monocorde insistencia una o dos frases es reducir aquel arte de los "tribunos del pueblo" al oficio de un vulgar vendedor ambulante.

Consignas transicionales "factibles

A lo largo de su historia el movimiento trotskista ha llegado a imaginar todo tipo de "soluciones", como "planes obreros de emergencia impuestos al Estado", "control obrero del mercado cambiario" (en períodos de intensa especulación) y hasta planes internacionales de cooperación proletaria y desarrollo planificado en combinación con la ex URSS (propuestos por Trotski). Se trata de mostrar el "plan" de organización del socialismo "en pequeño" para movilizar a las masas.

Esta orientación nos parece incorrecta por varias razones. En primer término porque ese plan no se liga indisolublemente a la toma del poder, y por lo tanto se invita a las masas a movilizarse para exigirlo al Estado capitalista . En segundo lugar, porque aparece como una elaboración desligada de las luchas concretas de las masas, quienes -sobre todo en períodos de retroceso o estabilización burguesa- intuyen que esos "socialismos en pequeño" son irrealizables. En tercer término, porque es absurdo pretender explicar el "socialismo en pequeño" a través de una o dos consignas, en una situación no revolucionaria; como decía Engels en su crítica a Heinzen, en ese caso las propuestas aparecen como elucubraciones de reformadores sociales, sin relación con el movimiento real.

Pero existe todavía un problema más grave, a saber: para "arrancar" la movilización de las masas es necesario presentar las consignas transicionales y los "planes del socialismo en pequeño" como realizables; por eso, aunque los trotskistas sepan que no son factibles en este sistema, no lo pueden decir al movimiento de masas (porque en ese caso nadie se movilizaría). Esto explica que en su agitación los militantes de la CI hagan abstracción de las condiciones concretas bajo las cuales se pueden aplicar las demandas transitorias. De esta manera terminan presentando como posible, por ejemplo, el reparto de las horas de trabajo hasta acabar con la desocupación en el sistema capitalista. Trotski explica esta importante cuestión en un texto de los años veinte:

... cuando se trata de una reivindicación, sea cual sea, formulada en las condiciones generales de la sociedad burguesa o en determinado estado de esta sociedad, el simple criterio de la posibilidad de su realización no es decisivo para nosotros ....

No son las conjeturas empíricas sobre la posibilidad o imposibilidad de realizar algunas reivindicaciones transitorias las que pueden resolver la cuestión. Es su carácter social o histórico el que decide: ?Es progresiva para el desarrollo ulterior de la sociedad? ?Corresponde a los intereses históricos del proletariado? ?Consolida su conciencia revolucionaria? ... en determinadas condiciones es totalmente progresivo y justo exigir el control obrero sobre los trusts aun cuando sea dudoso que se pueda llegar a ello en el marco del Estado burgués. El hecho de que esta reivindicación no sea satisfecha mientras domine la burguesía, debe impulsar a los obreros al derrocamiento revolucionario de la burguesía. De esta forma la imposibilidad política de llevar a cabo una consigna puede ser más fructífera que la posibilidad relativa de realizarla" (énfasis agregado).

Trotski dice que "sea cual fuere" la consigna, no hay que cuestionarse sobre su posibilidad o imposibilidad. Con esto borra la especificidad de las consignas mínimas, porque sería tan correcto exigir una "paz justa" al gobierno imperialista como pedir un aumento de salarios, dado que "el criterio de posibilidad no es decisivo para nosotros" y ambas "responden a los intereses históricos del proletariado". Sin embargo el razonamiento de Trotski es abstracto, porque deja de lado las decisivas cuestiones de qué se exige, a quién y cuándo. Cuando Lenin se negó a exigir al Gobierno provisional una "paz justa" tuvo en cuenta el "criterio de posibilidad" o cuando decimos que no tiene sentido exigirle al Estado capitalista que aplique medidas de transición al socialismo, estamos utilizando el criterio de "posibilidad e imposibilidad".

Trotski también se equivocaba al creer que, aunque la demanda no pueda ser satisfecha, ello "impulsará" a los obreros a la toma del poder, y que en cualquier caso la clase obrera avanzará y se fortalecerá su conciencia socialista (en el PT se expresa la misma idea). Esto no sucede; en primer lugar, porque las masas no salen a luchar por reivindicaciones nítidamente transicionales, por lo menos partiendo de una situación no revolucionaria; en segundo lugar, porque aun en el hipotético caso de que lo hicieran, la burguesía tiene posibilidades de maniobrar, como ya hemos demostrado; y en tercer lugar, porque el ascenso de la conciencia nunca se registra a la manera de "comprobamos que no nos otorgan la demanda, ahora pasemos a la toma del poder". Las masas vacilan, las ideologías reformistas tienen su influencia, compiten otras "soluciones", o sencillamente los trabajadores se desaniman, no ven perspectivas. La intervención del partido con el conjunto de su actividad -agitación, propaganda, lucha ideológica, etc.- es decisiva para superar estas situaciones.

Una interpretación equivocada

Antes de terminar este capítulo queremos discutir una interpretación particular del PT, que hizo Nahuel Moreno en 1982, en polémica con Lambert. En su "Carta a los camaradas del POSI español del CC" plantea que la agitación de las consignas transicionales debe hacerse

... insistiendo en este criterio de que si las reivindicaciones transicionales no se ligan al problema del poder no sirven...

y agrega el ejemplo de la demanda de las expropiaciones sin pago de las empresas, que Trotski ligaba a la toma del poder.

Aparentemente esta interpretación coincide plenamente con la táctica transicional de Marx, Engels o Lenin. Sin embargo Moreno no pudo dar otro ejemplo de demanda transicional del PT vinculada a la toma del poder que la expropiación sin pago de empresas; hemos visto cómo Trotski recomienda a sus partidarios llamar a la movilización en pos de "una o dos" consignas transicionales, sin especificar el tema del poder ni cuestionarse sobre su "posibilidad o imposibilidad" en el capitalismo. Por otro lado, los partidos trotskistas, incluidos los que actuaron de acuerdo a las orientaciones de Moreno, agitaron siempre demandas transicionales sin explicar que su aplicación estaba subordinada a la conquista del poder; esto sucedió, y sigue sucediendo, incluso con respecto a las nacionalizaciones. Es decir, ni siquiera se tuvo en cuenta la recomendación que la consigna de nacionalizaciones debía agitarse indisolublemente ligada a la cuestión del poder obrero. La razón última de este comportamiento es la lógica que domina la política recomendada por Trotski a la CI.

Pero además, con el argumento de tener siempre política "concreta" de poder, las organizaciones de la LIT pretendieron aplicar el criterio de las demandas "en escalera" a esta cuestión, lo que derivó en políticas oportunistas. Volveremos sobre el tema.

CAPÍTULO 3: DISCUSIÓN DE POLÍTICAS TRANSICIONALES CONCRETAS
El control obrero

En este capítulo vamos a profundizar en la concepción transicional y en nuestra crítica examinando aplicaciones concretas de la táctica. Empezaremos con la cuestión del control obrero, demanda transicional clave, permanentemente agitada por los grupos de la CI.

Si bien Trotski sostuvo que las consignas transicionales son irrealizables bajo el capitalismo, planteó que la abolición del secreto comercial y el control obrero de las empresas serían logrables y con efectos positivos para la educación socialista de las masas. Efectivizados por los comités de fábrica permitirían, según el PT:

...aclarar cuáles son las ganancias y gastos de la sociedad, empezando por la empresa aislada; determinar la verdadera parte del capitalismo aislado y de los capitalistas en conjunto en la renta nacional; desenmascarar las combinaciones de pasillos y las estafas de los bancos y los trusts...

Los comités de fábricas deberían convocar a "especialistas honestos y afectos al pueblo" como consejeros; además se prevee que los obreros podrán elaborar un plan general de obras públicas "trazado para un período de varios años" (sic, énfasis agregado), abrir las empresas cerradas y ponerlas a trabajar por su cuenta. En este caso, el control obrero "será sustituido por una administración directa por parte de los obreros" (énfasis agregado). Por último, estos comités podrán reunirse para elegir comités por ramas enteras de la industria y de esa forma

...el control obrero pasará a ser la escuela de la economía planificada. Por la experiencia del control, el proletariado se preparará para dirigir directamente la industria nacionalizada cuando la hora haya sonado

Pero la realidad es que bajo el capitalismo el control obrero -entendido en sentido revolucionario, como lo quería Trotski- sólo se puede aplicar en condiciones revolucionarias muy agudas. En una situación no revolucionaria, la consigna de control obrero sólo puede ser aplicada en forma burocrática, y lleva a la colaboración de clases.

Es curioso que en el movimiento trotskista, que tanto utiliza la consigna del control obrero, nunca se haya discutido la crítica de Rosa Luxemburgo a Conrad Schmidt sobre la cuestión. Conrad Schmidt proponía el control obrero de los sindicatos sobre la producción; Rosa Luxemburgo respondía que, que en la eventualidad de que pudiera obtener esta demanda, los sindicatos no podrían eludir las exigencias de la competencia capitalista -y esto los llevaría a la conciliación de clases-, o en su defecto, deberían adoptar políticas reaccionarias . Por este motivo el ala de izquierda del socialismo alemán no agitaba el control obrero -como medida de aplicación inmediata- en el período no revolucionario.

Por otro lado en Rusia el control obrero se comenzó a implantar recién en 1917, acompañado por la organización soviética y la formación de la milicia. En esas condiciones sólo podía mantenerse por un lapso muy corto de tiempo, a menos que los Soviets se hicieran del poder.

Sin embargo en el PT no se discuten las condiciones políticas para efectivizar el control; en ningún lado se afirma que sólo puede tener un significado revolucionario en condiciones de tipo insurreccional, y que por lo tanto, sólo puede durar un muy corto lapso bajo el capitalismo. ?Por qué Trotski desconoce las enseñanzas que se desprendían de largos años de lucha contra el revisionismo? Pensamos que una posible explicación es que considera a la consigna como una clave para movilizar, en un cuadro social que concibe como de revolución "inminente". Ya vimos cómo en 1938 Trotski pensaba que, a pesar de las derrotas, la nueva ofensiva generalizada de los explotados estaba "a flor de piel". Por eso seguramente apostaba a que la agitación del control obrero pudiera desatar la movilización en escalera.

Nuestra interpretación se refuerza cuando leemos un texto, escrito seis años antes, para Alemania, donde aconseja la agitación del control obrero. En 1932 la coyuntura alemana era inestable. En un artículo que lleva por título "Y ahora?" , Trotski explica que la consigna del control obrero no puede agitarse en un período no revolucionario, porque adquiriría un carácter "puramente reformista". Una afirmación que está en la línea de lo explicado por Rosa Luxemburgo. Pero en seguida agrega que puede ser agitada aunque no exista una ofensiva de las masas:

En la actualidad sería incorrecto rechazar esta consigna, en una situación de crisis política creciente, únicamente porque todavía no hay una ofensiva de masas. Para la ofensiva misma se necesitan consignas que precisen las perspectivas del momento. La penetración de las consignas en las masas debe ser precedida invariablemente por un período de propaganda .

Trotski era consciente de que no existía una ofensiva revolucionaria; pero piensa que la agitación de la consigna llevará a un "proceso" de ascenso creciente a través de consignas: del control obrero del consumo al de la producción, de allí a la dirección de empresas en crisis o cerradas, para pasar a la gestión estatal de la industria, al plan económico en combinación con la URSS y a la toma del poder. Así opera la "inversión" de la política transicional con respecto a las concepciones tácticas de Engels o Lenin; la consigna transicional ya no exige ciertos supuestos (insurrección, poder efectivo de las masas), porque ahora éstos aparecen como resultados y la agitación transicional como supuesto. Pero esto se logró al precio de presentar un panorama de control obrero "por años", e incluso de administración de la industria en el seno del sistema capitalista.

La demanda de no pago de la deuda externa

En los años ochenta el MAS concibió la demanda del no pago de la deuda externa como una llave para arrancar la movilización "transicional". El ejemplo nos parece muy conveniente para demostrar las consecuencias de hacer abstracción de las condiciones de aplicación de una demanda, y además porque el no pago "cumple" con las premisas metodológicas que Trotski estableció para desarrollar el PT: en 1983 se presentaba como una consigna-solución, factible, en principio, en el sistema capitalista; era transicional (dejar de pagar la deuda afecta esencialmente las relaciones capitalistas, aunque siempre puede cumplirse "a medias"); y además fue predicada con empeño y homogeneidad ejemplares por uno de los partidos más grandes que existieron en la historia de la CI. En una palabra, no se puede alegar "inconsecuencia" ni "somos un pequeño grupo que no nos oyen" para explicar la frustración de la "escalera transicional".

Pues bien, aplicando las recomendaciones de Trotski, el MAS trató de convencer a las masas de que la solución de todos sus problemas pasaba por el no pago de la deuda externa; incluso la militancia se consustanció con esta idea. Como la situación no era revolucionaria, el "no pago" se agitaba en las elecciones y luchas reivindicativas (huelgas generales, movilizaciones estudiantiles, etc.). Como es natural, los economistas burgueses presentaban objeciones; pero éstas no se podían contestar de forma convincente (es decir, desde un punto de vista marxista) sin relacionar el no pago de la deuda externa con toda una serie de medidas revolucionarias, que sólo podría tomar un Estado proletario; por ejemplo, había que hablar de armamento de las masas, de expropiaciones, de apoyo revolucionario del proletariado internacional.

Sin embargo este contexto de medidas no se podía presentar porque hubiera implicado cambiar la metodología del PT (agitar una o dos consignas para movilizar "ya"); era imprescindible presentar el no pago de la deuda como "factible" en lo inmediato para que las masas votaran a los candidatos trotskistas o decidieran en alguna asamblea sindical exigirle al gobierno el no pago. Para lo cual había que demostrar que un gobierno burgués podía aplicar la consigna en un sentido progresivo.

Como era de esperar, esta orientación terminó empujando al partido por la pendiente del pacifismo y del nacionalismo, porque explicaciones del tipo de "el imperialismo no nos puede atacar si no pagamos" o "podemos vivir con lo nuestro porque la Argentina tiene recursos" se convirtieron en argumentos cotidianos, al servicio de que las masas "vieran" la consigna como accesible y además se pudiera responder a las objeciones de los "economistas burgueses". Pero además, al convertir el no pago en "eje" de las soluciones, se alentaba la falsa idea de que los males del país se debían a la acción de una pequeña "patria financiera". Empujado por esta política, el MAS adoptó como propia la consigna del economista del partido radical Aldo Ferrer de pagar con sólo el 10% de las exportaciones, a los efectos de hacerla aún más "factible" a los ojos del pueblo. Pero la consigna no "prendió", porque en última instancia no se podía convencer a nadie de que "el no pago" encerraba todas las soluciones de las contradicciones del capitalismo argentino. Y la estocada final fue el ejemplo del no pago de la deuda externa por el gobierno de Alan García en Perú, que terminó sumido en una catástrofe económica y social; entonces toda la agitación en torno a la "solución" se derrumbó.

Abajo la diplomacia secreta

Otra consigna muy importante del PT es el reclamo de abolir la diplomacia secreta:

Abajo la diplomacia secreta, que todos los tratados y acuerdos sean accesibles a cada obrero y campesino

?Es posible lograr esta reivindicación bajo el capitalismo, conduce a algo exigirla a los Estados capitalistas? Nuevamente, tenemos que preguntarnos por la manera en que podría aplicarse, esto es, verificar que realmente el gobierno capitalista dé publicidad a los acuerdos y tratados secretos que, invariablemente, lo conectan con el sistema de naciones burguesas .

Para contestar estas preguntas analicemos una coyuntura que habría sido óptima para el logro de esta reivindicación, la situación rusa de 1917. La cuestión de los tratados secretos se había convertido en un problema candente. El Gobierno provisional estaba vinculado a las potencias aliadas por pactos secretos, que lo comprometían a continuar la guerra; los obreros y soldados tenían confianza en la burguesía "democrática", pero no querían seguir la guerra y estaban dispuestos a movilizarse para imponer sus consignas. Además, existía un partido revolucionario capaz de vehiculizar y agitar las demandas revolucionarias. En abril de 1917 estalla un escándalo cuando se conocen tratativas secretas del Ministro de Exteriores ruso con los aliados, y surgen manifestaciones en Petrogrado. El resultado fue la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores, pero los tratados y acuerdos secretos con los imperialismos siguieron vigentes y sólo fueron develados, y anulados, después de la toma del poder por los soviets. Es decir, ni siquiera bajo la presión de inmensas movilizaciones, el Estado capitalista daba fin a la diplomacia secreta. De hecho, no hay poder en el mundo capaz de torcer esta práctica de los Estados. A lo sumo, la burguesía operará modificaciones superficiales, cambios de personajes, bajo la presión de las movilizaciones de masas.

Pero lo que nos interesa aquí es la política de los marxistas ante la cuestión. En su Historia de la Revolución Rusa Trotski explica que los bolcheviques participan en las manifestaciones de abril con la consigna, entre otras, de "publicación de los tratados secretos, ruptura con los planes de conquista de la Entente, proposición abierta de paz inmediata a todos los países beligerantes" . En una palabra, habrían aplicado la política de "exigencia transicional" que defiende el PT.

No estamos en condiciones de afirmar si algunas células bolcheviques efectivamente tomaron parte de esas jornadas con la política que presenta Trotski. Pero es claro que la política de Lenin fue muy distinta a lo que se señala en la historia de la revolución de Trotski. En la Séptima Conferencia del POSDR Lenin plantea:

Aquí nuestra línea no puede consistir en exigir del gobierno la publicación de los tratados. Eso sería una ilusión. Exigir esto a un gobierno de capitalistas es lo mismo que exigirles que descubran sus trampas comerciales. Cuando decimos que es necesario renunciar a las anexiones y contribuciones debemos explicar además cómo ha de hacerse; y si se nos pregunta quién tiene que hacerlo, diremos que se trata de un paso revolucionario por esencia, y que ese paso sólo puede darlo el proletariado revolucionario. De otro modo no serían más que promesas vacías, expresión de buenos deseos con que los capitalistas llevan al pueblo de las riendas .

Nuevamente, vemos dos lógicas de hacer política. La de Trotski que apuesta a la "exigencia", cualquiera sea su objetivo, y la de Lenin, que sostiene que no es posible avanzar en la conciencia de las masas trabajadoras agitando demandas que son sólo "expresión de buenos deseos", porque permiten a los capitalistas llenarse de "promesas vacías". En Lenin advertimos la preocupación por preguntarse qué se exige, porque hay demandas que encierran la posibilidad del engaño y la maniobra, y no conducen a ningún lado. Por eso insiste en que no tiene sentido exigir a la burguesía que publique esos tratados, de la misma manera que no se puede esperar que mientras exista el régimen capitalista "los capitalistas abran sus libros a todo el que quiera verlos" . En Rusia de 1917, con los soviets, con las masas armadas y movilizadas, con un gobierno débil y comprometido por miles de vínculos con las masas, esa demanda era imposible de lograr, ?qué sentido tiene exigirla en condiciones no revolucionarias, de dominio "normal" de la burguesía?

La política ante la Primera Guerra

Las guerras, junto con las revoluciones, representan coyunturas que prueban a fondo las tácticas y orientaciones políticas, porque ambas llevan las contradicciones sociales al punto de máxima ebullición. Pero a diferencia de la revolución, en la coyuntura del estallido de la Primera Guerra la actividad de los revolucionarios se vio muy limitada por el estado de exaltación patriótica que la burguesía -con la colaboración de los socialpatriotas- había suscitado en los pueblos. Por eso el examen de la política de Trotski ante esa coyuntura nos brinda la oportunidad de estudiar cómo funciona el método transicional ante la ausencia de impulsos revolucionarios en las masas, pero en el marco de una suprema tensión social.

Tanto Lenin como Trotski coincidieron en caracterizar a la guerra como imperialista y condenaron a los socialpatriotas. Sin embargo Lenin descargó juicios durísimos contra Trotski; no sólo calificó su política de "centrista", sino también lo acusó de "justificar el oportunismo", y llegó a incluirlo entre los "lacayos impotentes" del socialchovinismo . ?Se debía esto a diferencias menores, como explicaría luego Trotski en los treinta, y a "malentendidos"? Pensamos que, al margen de las exageraciones polémicas (Trotski nunca fue "lacayo" de los chovinistas), los calificativos del líder bolchevique obedecían a diferencias con Trotski bastante más profundas que las que luego pretendería éste.

Recordemos que la política de Lenin en 1914 se estructura en torno a la consigna de guerra civil de los proletarios de todos los países beligerantes contra sus burguesías; esto implicaba propagandizar una política derrotista con respecto a la propia nación. Sin embargo desaconsejaba las actividades de sabotaje, los actos "heroicos" desesperados; por el contrario, los marxistas debían explicar pacientemente a las masas la necesidad de continuar y profundizar la lucha de clases contra la propia burguesía, que los obreros y campesinos en armas confraternizaran en los frentes y transformaran la guerra imperialista en guerra civil. En esta perspectiva los revolucionarios combatirían toda ilusión en una "paz justa y democrática" firmada por las potencias imperialistas. Esta orientación debía aplicarse a pesar de que las masas no la entendieran durante todo un período. En una carta Lenin explica:

Nuestra consigna es guerra civil. Es puro sofisma afirmar que esta consigna es inapropiada, etc., etc. No podemos "hacerla", pero la predicamos y trabajamos en esa dirección. (...) Nadie se atreverá a garantizar cuándo y hasta qué punto se "verificará" esta prédica en los hechos, no se trata de esto (sólo los infames sofistas renuncian a la agitación revolucionaria porque no se sabe cuando tendrá lugar la revolución). Lo importante es trabajar en esa línea. Sólo ese trabajo es socialista y no chovinista. Y sólo él rendirá frutos socialistas .

Desde el punto de vista metodológico, esta carta es de gran importancia. Lenin no busca movilizar a las masas, sino dar claridad sobre la estrategia y rearmar a la vanguardia.

Veamos ahora la política de Trotski ante la coyuntura. Brossat dice que Trotski llega a la guerra con sus fortalezas y debilidades, y entre éstas estaban las "conocidas": su aislamiento, su centrismo con respecto al menchevismo, sus resistencias al leninismo, sus vacilaciones con respecto al kautskismo . Estos son los "errores" que por lo general admiten en el Trotski del período prerrevolucionario los militantes de la CI. Pero también está el problema que Trotski intenta responder a la guerra con el método transicional, y por eso buscará a toda costa arrancar la movilización de las masas. De allí que rechaza la política del derrotismo de Lenin, por considerarla "peligrosa e incomprensible, un obstáculo real a la movilización de las masas en la lucha contra la guerra, es decir, por la paz" . Por eso también se acercará a Rosa Luxemburgo y su demanda de "parar la guerra". Así en su folleto "La guerra y la revolución" Trotski plantea consignas como "Cese inmediato de la guerra", "Ni vencedores ni vencidos", "No a las contribuciones". Todas demandas semipacifistas, que lo ponían en la vecindad del centrismo kautskista. Como explicaba Lenin, esas consignas confundían acerca de la única salida progresiva para las masas: la guerra civil contra el propio gobierno y la confraternización en el frente. Peor aún, la demanda de "ni vencedores ni vencidos" se ubicaba en el terreno del defensismo e implicaba preservar de la derrota a los gobiernos imperialistas .

La política de Trotski se combinaba, insistimos en ello, con una correcta caracterización de la guerra como de rapiña imperialista; además, vinculaba su desenlace con la perspectiva de la revolución proletaria, mucho más estrechamente que lo hacía Lenin; y en su folleto explicaba que la paz justa, sin anexiones ni indemnizaciones, que reconociera el derecho a la autodeterminación de las naciones, sólo podría lograrse con un levantamiento de los pueblos contra sus gobernantes. Pero la idea de que la única forma de ayudar a la evolución de la conciencia de las masas era con consignas movilizadoras y "sentidas", lo empujaba al centrismo, y a no plantear las perspectivas y condiciones reales de la cuestión ante las masas. Temía que al exponer consignas revolucionarias "abstractamente justas" los revolucionarios no fueran comprendidos por los trabajadores . Por eso "juega a las escondidas" con las perspectivas revolucionarias, es reticente a explicarlas públicamente e incluirlas en la agitación. Por el contrario, Lenin plantea que las acciones de las masas en pos de soluciones revolucionarias deben convocarse explicitando sus perspectivas:

No basta con aludir a la revolución .... Es necesario indicar a las masas clara y exactamente su camino. Es necesario que las masas sepan adónde ir y para qué. Es evidente que las acciones revolucionarias de masas durante la guerra, en caso de desarrollarse con éxito, sólo pueden desembocar en la transformación de la guerra imperialista en una guerra civil por el socialismo, y es dañino ocultar esto a las masas. Por el contrario, este objetivo debe ser claramente señalado, por difícil que parezca alcanzarlo cuando estamos sólo al comienzo del camino .

Trotski, en cambio, busca rápida e inmediatamente el "puente" hacia las masas, y en lo posible, arrancar la movilización.

A pesar de las enseñanzas que encierra, la CI nunca profundizó en estas divergencias, aunque el calibre de algunos calificativos de Lenin, deberían haber alertado a los trotskistas sobre la importancia de la cuestión. Para colmo Trotski hizo un balance equivocado de la profundidad de las diferencias con Lenin en la Primera Guerra, lo que sumó que la cuestión quedara en aguas de borrajas. En un texto de agosto de 1940, que quedó inacabado, "Bonapartismo, Fascismo y Guerra", Trotski explicó que la vanguardia había sido sorprendida por el estallido de la Primera Guerra desprovista de toda política revolucionaria y que se habían visto reducida a una actitud defensiva, sin posibilidad de intervenir. Agrega que la política derrotista de Lenin respondía a necesidades propagandísticas y de formación de los cuadros, pero no era capaz de ganarse a las masas; que las consignas que habían ganado a las masas habían sido las "respuestas positivas a sus aspiraciones", como la lucha contra el militarismo y la guerra. De esta manera da a entender que quien verdaderamente había tenido razón habría sido él, no Lenin. Con este balance (que implicaba toda una orientación) se preparaba la intervención de la CI en la Segunda Guerra.

Una cuestión digna de destacar en este texto es el argumento de que la política de Lenin serviría para ganar cuadros y hacer propaganda, pero no para las masas. Ese mismo argumento abarca una buena parte de su crítica a Lenin en Nuestras tareas políticas, -de 1904- cuando explica que la propaganda de los bolcheviques servía para la "intelligentsia", pero que los obreros sólo avanzaban con la movilización por demandas "concretas" y "tangibles". Ante la Primera Guerra repitió esta tesis, y un cuarto de siglo después la transmitía a la CI; pero esta vez agregando que las diferencias con Lenin en torno a esta cuestión eran "secundarias", "tácticas".

Por todo esto pensamos que Deutscher se equivoca al decir que "no eran diferencias políticas" las que había entre Lenin y Trotski en 1914, sino "sobre el método de propaganda" . Es que el "método de propaganda" se vinculaba estrechamente con los cursos tácticos y con concepciones profundas sobre la posible evolución de la conciencia de las masas y el rol del partido.

Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa

Durante la guerra Lenin y Trotski también difirieron sobre la consigna de Estados Unidos de Europa. Trotski la planteó de forma propagandística, en la perspectiva de que adoptara una dinámica transicional. Como observa con acierto Brossat, Trotski habla "con ciertas desenvoltura una veces de Estados Unidos "socialistas" de Europa, otras de "republicanos" o "democráticos" y otras de Estados Unidos a secas" porque lo que le importaba era "la dinámica revolucionaria contenida en la lucha por ese orden"; el combate por la unidad democrática de Europa debería conducir a la "subversión de toda la sociedad burguesa" . Brossat explica que Lenin criticó ese planteo de Trotski "debido a la incomprensión de esa dinámica transitoria" y agrega que Lenin exigía "más claridad y la supresión de toda ambigüedad que permita mantener la ilusión de un posible retorno a un "statu quo" capitalista" . Esta última observación debería haber hecho reflexionar a Brossat acerca de que la crítica de Lenin no obedecía tanto a una "incomprensión" de la mecánica transicional, como a la oposición a utilizarla en circunstancias no apropiadas. Es que en un principio Lenin abogó por la agitación de la unidad europea republicana, pero en un sentido distinto a la metodología transicional recomendada por Trotski. Lenin, como siempre, insiste en explicitar sus condiciones de logro:

La consigna política inmediata de los socialdemócratas deber ser la formación de los Estados Unidos republicanos de Europa; pero a diferencia de la burguesía, que está dispuesta a "prometer" cuanto se quiera con tal de que el proletariado se deje arrastrar por la corriente general del chovinismo, los socialdemócratas habrán de explicar cuán falsa y disparatada es esta consigna si no se derrocan por vía revolucionaria las monarquías alemana, austríaca y rusa (énfasis agregado).

Posteriormente, la Conferencia del POSDR en el extranjero (marzo de 1915) decide aplazar la agitación de esta consigna, "hasta que se discuta en la prensa el aspecto económico del problema" (Lenin). Finalmente, en agosto de ese año Lenin explica en la prensa partidaria que la reivindicación es "errónea desde el punto de vista económico", porque, o bien es irrealizable en el capitalismo, o bien se convertiría en una consigna reaccionaria, porque se podría concretar como un acuerdo entre los capitalistas europeos, para fortalecerse frente a Japón y Estados Unidos ..

Estas divergencias entre Lenin y Trotski tampoco fueron exploradas por los militantes de la CI. En general se tomó demasiado al pie de la letra la explicación que dio Trotski en los veinte, bajo el fuego del ataque difamatorio del stalinismo; Trotski adujo que durante la guerra había acuerdo entre él y Lenin en que la consigna era irrealizable bajo el capitalismo . Esto es así, pero lo que exigía Lenin -en caso de utilización de la consigna- era hacer explícita esa imposibilidad, para abortar en lo posible las maniobras de la burguesía. Trotski no advierte que en esta crítica se encerraba un cuestionamiento a su política transicional.

La CI ante la Segunda Guerra

La política del trotskismo ante la guerra comienza a definirse ya en 1934, cuando el Secretariado Internacional de la Liga Comunista Internacionalista (antecesora de la CI) publica las tesis sobre "La Cuarta Internacional y la Guerra", escritas por Trotski. Con ellas pretendía retomar la orientación central de Lenin ante la Primera Guerra. Por eso las Tesis plantean una estrategia derrotista, sobre la base de caracterizar al conflicto que se avecinaba como un guerra de rapiña imperialista. En particular ponen el acento en la mentira de las democracias imperialistas de la lucha "por la democracia contra el fascismo"; el objetivo del conflicto sería un nuevo reparto del mundo.

A medida que se acercaba la guerra esta política fue reafirmada, pero al mismo tiempo Trotski comienza a desarrollar una orientación tendiente a intervenir y movilizar a las masas, prolongando sus orientaciones de la anterior guerra. De esta manera, si bien en el PT se proclama el principio general de la derrota del propio gobierno -"la derrota de nuestro propio gobierno imperialista es el mal menor"-, la consigna de guerra civil no figura como el eje que estructura la política. Por el contrario, ésta se vertebra a través de una serie de consignas cuyo objetivo es hacer avanzar la conciencia de las masas hacia la comprensión del carácter de la guerra. Entre ellas figura la exigencia del referéndum -con el derecho a voto a los mayores de 18 años-, medida que se explica como un medio para despertar la crítica de las masas e incluso para "reforzar su control sobre las maquinaciones de la burguesía". También se reivindica el control obrero sobre la industria de guerra, la negativa a un programa de armamentos y el reemplazo por un programa de obras públicas, junto con la negativa a apoyar presupuestos de guerra; para terminar, se exigen la instrucción militar de las masas bajo el control de comités obreros y campesinos, la creación de escuelas militares para la formación de oficiales salidos de las filas obreras y elegidos por las organizaciones de la clase obrera y la formación de una milicia ligada a las fábricas, las minas y los campos

Todas las críticas que hemos visto en Lenin, aplicadas a las consignas utópicas, que hacen abstracción de sus condiciones de aplicación, encuentran aplicación a este programa. Empezando por la idea de que un referéndum, convocado por la burguesía, en un clima de preparación para la guerra, podría incidir en algo en el avance de la conciencia socialista de los trabajadores, o que podría ejercer algún "control sobre las maquinaciones de la burguesía". La idea de llamar a un referéndum frente a la guerra confunde, es una medida que no lleva a ninguna parte, que incluso favorece las maniobras de la burguesía. Aun en el caso de que se hubiera convocado a un referéndum y hubiera existido cierta agitación contra la guerra, para los trotskistas hubiera sido imposible distinguirse del pacifismo burgués.

Pero tanto o más ingenuo es pretender desarrollar un programa de control obrero del servicio militar de un Estado imperialista que participa en una guerra de rapiña. Obsérvese que si esto hubiera sido posible en Estados Unidos, en 1940, con un movimiento obrero pasivo, sin partido revolucionario desarrollado, con la burguesía relativamente sólida ?qué no podrían haber logrado los bolcheviques con la consigna del "control"? Pero es una utopía, un absurdo, pretender establecer este tipo de controles sobre el Estado burgués. Plantear estas medidas como consignas de lucha, en una situación en la que no existía una insurrección revolucionaria de las masas, era irreal, para decirlo de manera suave . Esto equivale a plantear el control del Estado burgués por la clase obrera, algo que va en contra de toda la experiencia histórica y la teoría marxista sobre el Estado. Si fuera posible establecer ese control para hacer la guerra imperialista, sobre el Estado más poderoso del planeta, entonces habría que concluir que la vía de Bernstein no había estado tan equivocada. Trotski, por supuesto, era un revolucionario intransigente, y siempre actuó con el propósito de desencadenar la revolución. Pero su táctica equivocada, su fe en la fuerza de la agitación transicional, generaba una política muy peligrosa.

Hacia el final de su vida Trotski va a profundizar la orientación del PT; recomienda a sus partidarios en Estados Unidos apoyarse sobre el justo odio de las masas al nazismo para reivindicar la preparación militar de los trabajadores bajo control sindical, con el objetivo de luchar contra Hitler. La consigna "transicional" pasa a ser "queremos luchar contra el fascismo, pero no a la manera de Petain" . El rechazo al pacifismo se transformó en manos de los militantes trotskistas en la ubicación del principal enemigo ya no en la propia burguesía, sino en Hitler ; con esta perspectiva, era muy difícil combatir el propio imperialismo norteamericano, que lanzaba a cientos de miles de trabajadores a la carnicería para disputar la hegemonía del mundo, y prácticamente imposible predicar algún tipo de derrotismo en las filas del Eje.

Sin entrar ahora a analizar el carácter de la guerra y el sentido de la política derrotista de Lenin , y aun admitiendo que fuera correcta la orientación de hacer "bien" la guerra contra Hitler, no tiene sentido pretender "superar" a la burguesía y al Estado norteamericanos en el arte de conducir una guerra imperialista con un programa "transicional proletario", destinado a su brazo armado, y para colmo orientado por un pequeño grupo de revolucionarios marginados. Pero todo el trotskismo aceptó esta orientación, la conservó y repitió como ejemplo de "política concreta", pensando que constituía una redición -superadora- de la vieja política de Lenin.

Estos extremos han educado a miles de esforzados militantes de la CI. La no comprensión de la relación entre el programa militar y la toma del poder abrió el camino a políticas como la del MAS con respecto a la policía y el ejército en los años ochenta, cuando planteó la sindicalización de las fuerzas represivas y su control por los sindicatos. Desgajado del tema del poder ese programa caía en el utopismo pacifista y educaba a la militancia en una estrategia reformista, del tipo de "control obrero sobre el Estado burgués".

La táctica del "gobierno obrero y campesino"

Una táctica que ha jugado un rol importante en la CI ha sido la que gira en torno a la consigna del gobierno obrero y campesino, no entendida como popularización de la dictadura del proletariado, sino como exigencia a los reformistas, en períodos de ascenso revolucionario, que rompan con la burguesía y tomen el poder en sus manos. El PT fundamenta la táctica apelando a la experiencia de 1917:

En abril-setiembre de 1917, los bolcheviques exigían que los socialistas revolucionarios y los mencheviques rompieran su ligazón con la burguesía liberal y tomaran el poder en sus propias manos Con esta condición los bolcheviques prometían a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios ... su ayuda revolucionaria contra la burguesía renunciando, no obstante, categóricamente a entrar en el gobierno y a tomar ninguna responsabilidad política por ellos. ...

... la reivindicación de los bolcheviques dirigida a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios: ?"Romped con la burguesía, tomad en vuestras manos el poder!" tiene para las masas un enorme valor educativo.

El pasaje termina diciendo que la negativa de los oportunistas a tomar el poder los perdió definitivamente. En su Historia de la revolución rusa Trotski explica que en las jornadas de abril, cuando las masas se movilizaron exigiendo la renuncia del ministro Miliukov, los bolcheviques agitaron la consigna de "Abajo los ministros capitalistas".

Sin embargo en la obra de Lenin de 1917 no encontramos la orientación que Trotski dice que aplicaron los bolcheviques. En las "Tesis de abril" la demanda a los mencheviques y socialistas revolucionarios de "Romped con la burguesía" sencillamente no figura. En ningún lado se plantea que ésa fuera una táctica, mucho menos "privilegiada". Por otra parte cuando suceden las movilizaciones de abril Lenin no plantea la consigna de abajo los ministros capitalistas. Por el contrario, explica que la renuncia de un ministro no conducía a ningún lado, que no se trataba de personas, sino de cambiar el sistema . La política que Trotski atribuye a los bolcheviques, en cambio, se mueve en la tónica de la "superación", que domina toda su táctica transicional. La idea es que si el movimiento de masas exige la renuncia de un ministro capitalista, los marxistas planteamos la renuncia de todos los ministros capitalistas. Se busca sobrepasar a la burguesía, provocando el choque del movimiento que sube en escalera. Pero la burguesía "otorgó" la renuncia del ministro (para eso sirven los fusibles gubernamentales), dando la sensación al movimiento de haber obtenido un triunfo real, cuando en realidad se trataba de una maniobra dilatoria y de distracción.

Por otra parte el ofrecimiento de colaboración a los mencheviques y socialrevolucionarios, si éstos rompían con la burguesía, figura en los escritos de Lenin de 1917 como propuesta, en los días que siguen a la derrota de Kornilov. Sin embargo esta propuesta no debe entenderse en el sentido de que los funcionarios mencheviques y socialrevolucionarios del Gobierno Provisional expulsaran a sus pares capitalistas, sino que los soviets, aun dirigidos por los oportunistas, se hicieran del poder. En ese caso los bolcheviques apoyarían, aunque sin tomar responsabilidades en el eventual gobierno soviético.

Por otra parte, y al margen de aquella experiencia, lo importante es cuestionar la eficacia de esta política de "exigencias" a los reformistas. En algún momento Lenin también la recomendó con respecto al partido Laborista de Gran Bretaña y desde entonces muchos grupos llamaron a votar críticamente a este partido. Los resultados han sido demasiado magros para seguir insistiendo con ella. Llamar a los partidos oportunistas a que apliquen un programa de ruptura con el capital no tiene sentido; en última instancia, cuando asumieron solos el gobierno fue para aplicar la política burguesa, con apenas algunos cambios cosméticos.

Pero la orientación del PT que estamos criticando derivó en el movimiento trotskista en una orientación que pretende avanzar "en escalera" en la cuestión del poder, en todo momento y lugar. Nahuel Moreno fue posiblemente quien llevó esta política al extremo. Ya hemos señalado que sostuvo que las demandas transicionales debían ligarse siempre a la cuestión del poder; y aunque las organizaciones de la LIT las agitaron muchas veces sin ligarlas al problema del poder, casi siempre plantearon algún tipo de consigna "de gobierno y de poder opuesta a la burguesía" (Moreno). En la "Carta a los camaradas del POSI", antes citada, sostiene que

Jamás un partido trotskista deja de hacer un planteo de poder

Desde el punto de vista de la propaganda, es correcto decir que los revolucionarios debemos presentar la cuestión del poder, esto es, nuestro programa del gobierno de los obreros y oprimidos y de la destrucción del Estado burgués Pero lo grave es cuando se quiere presentar en todo momento y lugar una consigna de poder "realizable", a los efectos de que las masas hagan también en este terreno su experiencia transicional. Con este propósito Moreno plantea como posibles variantes "Fuera los ministros capitalistas" (frente a gobiernos de socialistas y comunistas con burgueses); "Todo el poder a la Asamblea Constituyente", (frente a dictaduras militares o regímenes represivos); "Unidad del PC y PS para echar al gobierno burgués" (en países donde aquellos partidos eran fuertes). En todos los casos se trata de hacer "concreta" la cuestión del poder; con este criterio, en 1982, ante la caída de la dictadura argentina, Moreno planteó "Que asuma el gobierno el Congreso de 1976", propuesta que se basaba "en las instituciones reales" (sic) que habían existido en el país . En 1975, y con un enfoque parecido, el PST propuso un gobierno encabezado por un senador "obrero" (un burócrata sindical), que aplicara un "plan de emergencia"; y antes, en la campaña electoral de 1972, la propuesta fue que Perón asumiera el gobierno rodeado de ministros "proletarios" (o sea, de nuevo, burócratas sindicales). En 1983 Moreno admitía que la consigna para Argentina debía ser "más abstracta y general" -"por un gobierno socialista u obrero y socialista"-, pero en cuanto se diera la ocasión, la consigna volvería a "concretarse":

... en caso de que no aparezcan [los soviets] o sean débiles, o se den simultáneamente con la aparición de partidos burgueses o pequeñoburgueses que se enfrenten objetivamente al imperialismo, debemos estar preparados para llamar a estos partidos -que hoy no existen- a que tomen el poder y rompan con la burguesía ...

Estas alternativas no hicieron avanzar un milímetro la conciencia de las masas en la necesidad de la independencia de clase. En última instancia, los ministros "obreros" (burócratas) aplican los programas de la burguesía incluso con más ardor y devoción que los mismos burgueses. Lo mismo sucede con las corrientes pequeño burguesas, para no hablar de los capitalistas "progresistas" cuando asumen el poder.

Exigencias al reformismo para que aplique su programa

En la CI se dio otra variante táctica, consistente en exigir a los reformistas que rompieran con la burguesía para aplicar su programa a fin de que las masas hicieran la experiencia. Trotski nos da un ejemplo de esta política. En los años treinta el líder sindical belga Henry De Man elaboró un llamado "plan de trabajo", a ser aplicado por el partido Obrero, del cual era vicepresidente; se trataba de un programa de reestructuración económica del capitalismo de tipo distributivo-keynesiano. Si bien Trotski lo criticó, sostuvo que los marxistas debían ponerse a la cabeza de la lucha para que De Man tomara el poder y aplicara el plan, de manera que los trabajadores hicieran la experiencia, vieran lo irrealizable y utópico de su programa y rompieran con su líder:

Entonces cuando les decimos a las masas que para aplicar este imperfecto plan es necesario pelear hasta las últimas consecuencias estamos lejos de ocultarles el engaño, les ayudamos a descubrirlo a través de su propia experiencia. (...)

La tarea revolucionaria consiste en exigir que el POB tome el poder para hacer efectivo su plan .

Esta orientación fue tomada luego por el movimiento trotskista como modelo de política "concreta". "Que tal reformista tome el poder y aplique su plan". Así, por ejemplo, la sección de la LIT en España planteó el 1977 la consigna "Que el PSOE tome el gobierno y aplique su plan". Verdaderamente, Felipe González tomó el gobierno en 1982, y aplicó "su" plan...

Bromas aparte, a pesar de los buenos deseos revolucionarios, esta política crea ilusiones y confunde, ya que siempre los líderes reformistas presentan programas utópicos y realizables "a medias", para que los trabajadores los apoyen para llegar al poder; después de todo siempre habrá tiempo para justificarse ante las masas diciendo que por tal o cual razón el programa prometido no se pudo aplicar, que es necesario tiempo, o hacerlo de manera parcial, mutilada, burocrática. El resultado es, invariablemente, que los trabajadores se desilusionan y desmoralizan. Así perpetúa el capital su dominación; no existe "la" experiencia definitoria de las masas con respecto a las maniobras burguesas, al margen de la labor de crítica y esclarecimiento del partido marxista.

En el escrito antes citado Trotski defiende su táctica recordando la política -de 1917- de los bolcheviques con respecto al programa agrario de los socialrevolucionarios. Explica que el plan de estos últimos estaba plagado de consignas utópicas y pequeño burguesas, pero que los bolcheviques, a la vez que criticaban sus contradicciones, impulsaron a los campesinos a luchar por su imposición:

[Los bolcheviques] terminaron incluyendo el plan en su programa de acción. Les decían a los campesinos: los errores de vuestro programa los corregiremos juntos, a la luz de la experiencia común cuando hayamos tomado el poder. Sin embargo, vuestros dirigentes, Kerensky, Chernov y los otros, no quieren la lucha. Allí está su mentira. ?Tratad de arrastrarlos a la lucha, y si se obstinan, echadlos! .

La referencia es desafortunada, porque los bolcheviques adoptaron esa táctica en vísperas de la toma del poder, ofreciendo una especie de transacción a los campesinos: si éstos apoyaban a los bolcheviques a tomar el poder, juntos harían la experiencia del programa. O sea, la posibilidad de agotar la experiencia -y por lo tanto de incorporar un programa utópico pequeño burgués al programa del partido revolucionario- estaba condicionada a la perspectiva de la toma del poder. Por el contrario, mientras ésta no estuvo planteada, los bolcheviques se negaron (y Lenin fue muy explícito en esto) a exigir la nacionalización de la tierra al Estado, fuera zarista o encabezado por el Gobierno Provisional. En definitiva, una cosa es hacer una experiencia con un programa reformista desde el poder, desde los Soviets -y las masas tendrán entonces posibilidades prácticas de sacar conclusiones de su experiencia- y otra es exigir que un gobierno burgués reformista "demuestre" la no factibilidad del programa para que las masas "lo superen".

CAPÍTULO 4: CONCLUSIONES

Es necesario reelaborar críticamente el método del PT y de los análisis de Trotski que lo acompañan. Por supuesto, las demandas transicionales pueden utilizarse hoy para la propaganda toda vez que se quiera explicar qué medidas de emergencia tomaría un gobierno revolucionario de los obreros y oprimidos. Pero no es posible continuar con la mecánica política propuesta por Trotski.

Provisoriamente, y de acuerdo a lo estudiado, podemos decir que existe en el PT se evidencia un afán por reducir la complejidad de la política marxista a fórmulas simples, que expresarían desarrollos lineales y mecánicos. Por eso la situación económica del capitalismo no se estudia ni se problematiza, la evolución de la conciencia de las masas es considerada como simple reflejo del agravamiento de la miseria, la relación dialéctica entre las bases y sus direcciones es ignorada, la compleja elaboración de la política, con sus combinaciones entre agitación, propaganda, fases de la lucha con distintas exigencias, etc., es reemplazada por recomendaciones rígidas del tipo de "agitemos todos la misma consigna sistemáticamente".

La generalización abstracta está presente entonces como uno de los errores centrales del PT. Hay generalización abstracta cuando se engloba a todo el mundo en una crisis "sin salida" o cuando se habla de las masas volcándose siempre hacia la revolución y chocando con sus direcciones. Con estas premisas es imposible distinguir las situaciones concretas, los flujos y reflujos del movimiento y las necesidades de consignas distintas para cada paso. Es cierto que en determinados pasajes del PT se hacen observaciones sobre que ciertas consignas deberían ser agitadas a partir de que el movimiento de masas adquiriese determinada entidad, pero están referidas a la organización: cuándo plantear los soviets o las milicias. Las consignas transicionales se presentan como si hubiera que agitarlas en todo momento o lugar. De allí la obsesión de los trotskistas por encontrar para toda ocasión "la" consigna transicional.

En general el enfoque del PT es de oposiciones rígidas, de relaciones mecánicas de causa-efecto y perspectivas triunfalistas. Oposiciones rígidas del tipo de la salida es fascismo o socialismo; relaciones mecánicas como la que todo empujará a las masas inevitablemente a superar a sus direcciones; perspectivas triunfalistas como derivado natural de todo ello; y sentencias indemostradas -teórica y empíricamente- como la de la "crisis final" del capitalismo. De nuestra crítica a este marxismo dogmático y mecanicista no debe deducirse que todo debe "inventarse" ante cada caso concreto. Lo que tratamos de explicar es que las leyes de la economía capitalista o de la lucha de clases descubiertas por el marxismo son sólo "guías para la acción", de acuerdo a la conocida expresión de Engels. Cuando el marxismo dice que todo análisis es concreto, está significando que deben tenerse en cuenta las múltiples determinaciones que inciden para que cada hecho social e histórico se presente de forma siempre nueva. Esta complejidad, la combinación de formas y estadios de desarrollo de las diferentes esferas de la sociedad, sus influencias y condicionamientos mutuos, los cambios en la conciencia de las clases, explican por qué es imposible encerrar el análisis social en fórmulas únicas; muchos menos se puede pretender elaborar programas para décadas y décadas, y a nivel planetario.

De todas maneras, tampoco debe pensarse que el error del trotskismo consistió en sus análisis meramente mecánicos y "deterministas" de la sociedad. La aclaración es importante porque hoy muchos compañeros, buscando las raíces de los errores que llevaron a la crisis, insisten en la crítica al "economicismo", al "determinismo". Pero como lo hemos visto en el punto en que tratamos sobre economía, las formulaciones mecánicamente deterministas coexistieron, y hasta funcionaron como tapaderas, de políticas voluntaristas y perspectivas profundamente idealistas Los planteos sobre la posibilidad de "arrancar" las movilizaciones de masas, la incitación a "concentrarse como un solo hombre" en la agitación de una o dos consignas y la afirmación de que la superación de la crisis de la humanidad dependía de la actividad de un pequeño grupo de militantes, denuncian un sesgo subjetivista, idealista, casi mesiánico. Más en general, hemos explicado en otros trabajos que las tendencias idealistas y voluntaristas aparecen en muchas otras corrientes de la izquierda de las últimas décadas, solapadas con las posiciones burdamente mecanicistas .

La CI heredó fundamentalmente los aspectos más débiles de Trotski, sin explotar las posibilidades teóricas y políticas que abrían otros análisis del fundador de la CI, como sus estudios sobre la lucha de clases en Alemania o en Francia, todos ellos ricos en determinaciones y matices. Adoptaron una metodología de trabajo, a nivel planetario, y la mantuvieron rígidamente, haciendo alarde de "ortodoxia", por encima de todo avatar. Los trotskistas se acostumbraron a desproblematizar y a militar con una fe casi religiosa en lo acertado de la táctica heredada y "probada en la revolución". El razonamiento común era que "pase lo que pase la historia está de nuestro lado, todo terminará por venir hacia la CI, la única poseedora de la verdad". Aferrado a esta metodología de análisis y política -que también se manifiestan en sus análisis sobre la URSS y otros- el movimiento terminó marginado de las masas y en crisis, sin comprender qué le había sucedido ni qué había sucedido en el mundo "con la crisis sin salida de la burguesía y la radicalización permanente del movimiento de masas".

 

APÉNDICE 1

La vanguardia y el partido

 

Una cuestión que no ha sido tratada en el PT, ni en las discusiones sobre la táctica política que se desprendía de él, es el tema de la vanguardia del movimiento de masas. Este es un elemento central, ineludible en todo análisis político de la izquierda. Lenin caracterizaba a la vanguardia como el sector de los obreros "conscientes, reflexivos, políticamente activos" . Por extensión hablamos de estudiantes o activistas sociales de vanguardia. Estos obreros, estudiantes, campesinos o pobladores en general a veces pertenecen a organizaciones políticas, sindicales, o sociales, otras veces pueden estar dispersos y desorganizados, pero siempre constituyen una mediación importantísima entre el partido revolucionario y las más amplias masas. En la Historia de la revolución rusa Trotski también resaltó la importancia de esta vanguardia, al decir que fueron los obreros de vanguardia los que dirigieron la revolución de febrero. Eran los que habían asimilado las enseñanzas de la revolución de 1905; la mayoría no pertenecía al partido de Lenin, pero durante los años de la reacción mantuvieron sus enseñanzas, relaciones con la prensa partidista, preocupaciones políticas.

Este sector constituye entonces una mediación objetiva entre el partido y las masas; de allí se deriva una mayor complejidad entre la agitación y la propaganda que la que generalmente se presuppone. Cuando Lenin escribía a principios de siglo, consideraba que con la agitación despertaban a la actividad política sectores del movimiento de masas, de los cuales surgirían los líderes y la vanguardia. Hacia esta vanguardia se dirigía el periódico del partido y la lucha ideológica contra otras corrientes de la izquierda rusa. La revolución de 1905 sacudió las conciencias de las masas e incorporó a muchos nuevos sectores a la actividad política. Durante los años de reacción que siguieron a la revolución los bolcheviques dedicaron especial atención a la lucha ideológica y política destinada a educar y preparar a esos obreros de vanguardia. Hubo períodos de intensa reacción en que -al decir de Lenin- la principal forma de la lucha de clases pasó por lo ideológico, la lucha contra el misticismo y el idealismo, contra los liquidacionistas y los ultraizquierdistas, productos de la contrarrevolución triunfante, de la desesperanza y la ofuscasión. Fueron los tiempos en los cuales el núcleo leninista luchó contra la dispersión y el abatimiento, males que no se combaten con la agitación de consignas para la movilización. Esta lucha por los obreros de vanguardia preparó las condiciones para la intervención del partido en el ascenso revolucionario; fue la etapa en que se forjaron los cuadros, en que sectores de la vanguardia clarificaron posiciones y sacaron conclusiones.

Pero en este período de reacción, que va de 1907 a 1914, Trotski se estanca; su actividad estuvo centrada, como él mismo reconocería en Mi vida, en "comentarios sobre la revolución de 1905 y en la preparación teórica de la próxima revolución". Brossat, refiriéndose al período, señala

En la contrarrevolución Trotski respira mal, se traba y se estanca. Sus antiguos defectos se acentúan, precisamente cuando se desarrollan las cualidades obstinadas y metódicas y la perspicacia de Lenin .

Muchos partidarios de Trotski reconocen este problema en el fundador de la CI, pero no se cuestionan sus raíces.

En nuestra opinión esto se explica en buena medida por la tendencia de Trotski a hacer política exclusivamente a través de la "escalera transicional". Con ese esquema el trabajo sistemático de la propaganda, en particular con la vanguardia, se diluye. Es cierto que Trotski escribe folletos y libros -y lo haría luego en los veinte y los treinta-, pero no concibe el trabajo de propaganda sistemática sobre la vanguardia "amplia". El mismo Pravda vienés, que orienta durante un lapso durante la contrarrevolución zarista, no logra hacer pie en los cuadros obreros de Rusia.

Luego, la victoria de la revolución significó un nuevo y gigantesco paso, de escala planetaria, en el despertar de millones de explotados a las ideas de la revolución socialista y posibilitó la agitación política de grandes proporciones entre las masas más atrasadas. Lenin subrayó, en época de la Internacional Comunista, la importancia de esa conquista:

La vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo .

Para Lenin es "lo principal", sin lo cual no se puede ni siquiera dar un paso hacia la victoria. A partir de esa conquista se podía arrastrar a las más amplias masas, a las más atrasadas, hacia la revolución socialista; para eso ya no bastaba la propaganda y la agitación. Pero aquel "paso" se perdió a partir de la reacción stalinista y el PT no parte precisamente de ese retroceso. Debe recordarse que en los treinta no se trataba tanto del "despertar" de los obreros más avanzados -como lo planteaba Lenin a principios de siglo- porque millones de activistas sindicales y juveniles se habían incorporado al trabajo político. La agitación de consignas reinvidicativas por parte de los trotskistas podía jugar en ellos un rol muy menor. La incorporación de algunos centenares de militantes a la CI no implicaba que la tarea de ganar a la vanguardia estaba cumplida, y que había posibilidades de movilizar a las masas. La victoria del stalinismo en la URSS y en la Tercera Internacional proporcionaba a los partidos Comunistas el apoyo de miles y miles de obreros, convencidos partidarios de las ideas y de la estrategia defendida por su dirección. En algunos escritos Trotski reconoce que no es sencillo que los obreros rompan con quienes los despertaron a la actividad política, y este sólo hecho demostraba la difícil situación en que se encontraba el trabajo de la CI, calumniada y perseguida por el aparato stalinista. Pero esto no se podía superar con la agitación directa hacia las masas amplias, pretendiendo movilizarlas con consignas revolucionarias por fuera de sus direcciones y de las relaciones que mantenían con los obreros de avanzada.

De hecho Trotski invirtió la relación política real, porque consideró que era posible ganarse a la vanguardia -que seguía mayoritariamente al stalinismo- a partir de movilizar a las masas detrás de las demandas transicionales. Pero lo cierto es que las masas reciben las consignas y la propaganda mediadas, entre otros elementos, por la vanguardia, por los miles de activistas sindicales y políticos que existen en los lugares de trabajo y barrios. Para decirlo con un ejemplo, cuando un trotskista lanzaba panfletos en una empresa en la que había militantes stalinistas o socialdemócratas, las consignas transicionales no llegaban "puras", sino "filtradas" por la crítica, las tergiversaciones o las calumnias vertidas por esos activistas. Pretender ganar a las masas sin haber ganado la lucha política, por lo menos "hasta cierto grado", entre los sectores más conscientes, más activos, es dar pasos sin respaldo sólido. En el PT y en las "Conversaciones sobre el programa" Trotski pasa por alto esa mediación, y la pasa por alto precisamente en el momento en que mayor es la confusión, la dispersión de los mejores elementos de la clase obrera. La situación posiblemente se haya agravado porque los reconocimientos de lo difícil de la situación se solapaban con exageraciones eufóricas como la ya señalada, acerca de la "conciencia" de los "obreros de avanzada" sobre que la CI dirigiría el derrocamiento de Hitler y Mussolini.

Las diferentes actitudes de Trotski y Lenin ante la tarea de ganar a la vanguardia también resaltan en la Primera Guerra. Mientras Lenin pone todo el acento, en los primeros años de guerra -años de desconcierto y retroceso del movimiento- en propagandizar y ganar a la vanguardia para su programa de derrotismo revolucionario, Trotski considera posible y necesario lanzar consignas para que las masas se movilicen por lo que ven inmediato. En vísperas de la Segunda Guerra repite el error, de manera agravada. Posteriormente los grupos trotskistas desarrollarían y profundizarían esta orientación, cayendo en el campañismo y el agitativismo desenfrenados, a la par que alimentaban un desprecio sistemático por la lucha ideológica y política entre los sectores más avanzados.

 

Apéndice 2 Trotski sobre la Segunda Internacional

 

En el PT se sostiene que la socialdemocracia "hablaba del socialismo sólo los días de fiesta". Más en general, en la CI está muy difundida la idea de que en la Segunda Internacional habría prevalecido, de manera más o menos homogénea, una concepción evolutiva y pacifista del desarrollo del capitalismo y del movimiento obrero, "a lo Bernstein" En varios escritos Trotski presenta la actividad de los socialistas, especialmente durante el período 1870 - 1914 centrada exclusivamente en las luchas reivindicativas inmediatas, en la "táctica", como se diría después. Por ejemplo, en los años veinte, y criticando al stalinismo, escribiría:

Antes de la guerra no habíamos hablado de la táctica del partido proletario; esta concepción correspondía con exactitud suficiente a los métodos parlamentarios y sindicales predominantes entonces, y que no salían del marco de las reivindicaciones y de las tareas corrientes. La táctica se limita a un sistema de medidas relativas a un problema particular de actualidad o a un dominio determinado de la lucha de clases ....

La época de la Segunda Internacional obligó a recurrir a métodos y a concepciones a causa de los cuales, según la famosa expresión de Bernstein, "el movimiento es todo y el objetivo final no es nada". En otros términos, la labor estratégica se reducía a nada, se disolvía en el "movimiento" cotidiano con sus fórmulas cotidianas de táctica

Trotski agrega que sólo la Tercera Internacional restableció los derechos de la estrategia, concebida como "un sistema combinado de acciones" que en su desarrollo deben llevar a la toma del poder. Los revolucionarios hoy no tendríamos nada que aprender sobre táctica en los escritos anteriores a 1914 (por lo menos no de los referidos a los países avanzados).

De aquí se desprende la idea, muy extendida en el movimiento trotskista, de que en períodos no revolucionarios y de desarrollo capitalista, la actividad de los marxistas prácticamente se debería restringir a las luchas inmediatas, a retomar la vieja consigna de "el movimiento es todo".

Discrepamos con esta visión. Ya en 1915 Lenin había criticado la anterior caracterización de Trotski, que entonces compartía con Potrésov ; de acuerdo a ella

... podría creerse que la democracia contemporánea de esa época [entre 1870 y 1914] permaneció como un todo único que, en general, se impregnó de la idea del desarrollo gradual, tomó carácter nacional, perdió el hábito de las alteraciones del desarrollo gradual y de las catástrofes, se empequeñeció y se cubrió de moho .

En realidad, junto a las tendencias señaladas actuaron otras en sentido contrario, tanto en el desarrollo social y la lucha de clases, como en el interior del movimiento socialista. Lenin señala que, además de la aparición en ese período de "formas de lucha más agudas y más violentas, como las huelgas de masas", el enfrentamiento entre las dos grandes corrientes contradictorias de la socialdemocracia "adoptó a veces las formas más violentas, llegando a provocar divisiones", y agrega:

La "idea universal de un desarrollo gradual" no era en modo alguno el estado de ánimo predominante de manera absoluta en toda la democracia de esa época, como resulta en Potrésov y Trotski .

La historia de la socialdemocracia alemana desmiente la afirmación de que antes de la Primera guerra los socialistas sólo se dedicaban a problemas de táctica, que la estrategia era dejada de lado y que del socialismo todos hablaban únicamente "en los días de fiesta" La política basada en la premisa de "el objetivo final el movimiento es todo" no fue aplicada por el ala izquierda; ésta mantuvo una lucha en torno a la estrategia revolucionaria, deslindando posiciones, educando pacientemente a la vanguardia obrera y sectores de las masas trabajadoras en las ideas del marxismo revolucionario. Los trabajos de Rosa Luxemburgo contra el revisionismo constituyen el ejemplo clásico al respecto. Es necesario aprender de esta experiencia del movimiento revolucionario en estos tiempos de profundo retroceso y de lucha por las posiciones del marxismo.