CRITICA A NAHUEL MORENO DESDE EL TROTSKISMO

PROLOGO DE 1995

Este trabajo fue dado a conocer por primera vez en 1991, en forma de copias "mimeo". Nos encontrábamos entonces en pleno derrumbe de los regímenes stalinistas del este de Europa; el Movimiento Al Socialismo (MAS) y otros grupos trotskistas, en nuestro país y en el extranjero, estaban desarrollando los análisis y estrategia que marcarían a fuego sus bancarrotas teóricas y políticas, previas al estallido de sus crisis organizativas. Efectivamente, saludaban como triunfos de la revolución proletaria y etapas de la revolución política (que en la concepción de Trotsky es sinónimo de revolución antiburocrática socialista, soviética) a la instalación de Estados capitalistas en Hungría, Polonia, Checoslovaquia, etc.

Estas circunstancias determinaron una cierta urgencia en hacer circular entre la militancia esta crítica a Nahuel Moreno, lo que explica varios errores formales y cierta falta de precisión en las citas de aquella primera "edición". En la presente edición por lo tanto, hemos revisado y corregido algunos aspectos de forma, cambiado el sistema de notación y referencias y ampliado algunas de las referencias y pasajes que se mencionaban en 1991. Pero además, hemos agregado algunas notas "1995", en las que hacemos referencia a problemas y aspectos de nuestra anterior crítica en los que hemos profundizado y avanzado en los puntos de vista que sosteníamos en 1991. El marco general y el sentido de estas notas puede entenderse si volvemos la vista y reexaminamos el significado de los errores cometidos por el movimiento trotskista ante la caída de los regímenes stalinistas, y las exigencias teóricas y críticas que se desprenden de los mismos.

Es cierto que a lo largo de la historia del movimiento trotskista podemos encontrar muchos ejemplos de análisis enfebrecidos y políticas oportunistas, pero la posición de los partidos que se reivindican de la Cuarta Internacional ante los acontecimientos que se desarrollaron en el este de Europa entre 1989 y 1991 marca un punto de no retorno. El haberse mimetizado con los gritos de triunfo del imperialismo y la socialdemocracia, del Vaticano y de los gobiernos burgueses de todo el mundo, muestra tal grado de envilecimiento de las ideas del socialismo revolucionario que exige indagar hasta el fondo en las raíces teóricas y políticas de la bancarrota.

Si bien este libro está dedicado al examen de las posiciones de Nahuel Moreno, la mayoría de las categorías y enfoques que se critican son extensivos al resto de los partidos que podemos considerar dentro del movimiento trotskista. El objetivismo, que desprecia los fenómenos de la conciencia en la movilización y lleva a borrar las caracterizaciones de clase de las revoluciones; el pragmatismo, que elude los fundamentos de la teoría marxista; el catastrofismo en el análisis de la situación de la burguesía, unido al exitismo a la hora de evaluar la fuerza de la clase obrera, son algunas constantes que encontramos en este movimiento, que llevarían a las estrategias y tácticas oportunistas. Este libro fue por lo tanto una primera respuesta a la necesidad de superar esa situación, a partir de reivindicar las tradiciones del socialismo revolucionario.

En el curso de los cuatro años transcurridos desde 1991 la crisis del movimiento trotskista se agravó. La esclerosis teórica, el dogmatismo y el burocratismo, se revelaron como formidables barreras para que sus dirigentes pudieran atisbar siquiera las razones de la crisis que desvastó a sus organizaciones. Lejos de revisar sus posiciones, la mayoría profundizó en los errores e hizo teoría de miserables autojustificaciones; todo ello con el infaltable condimento de las calumnias sistemáticas a los opositores, las persecuciones y las expulsiones arbitrarias a los críticos. El resultado fue que cayeran en mayor descrédito, que aumentara la dispersión organizativa y la confusión y desmoralización de centenares de militantes.

Al reflexionar hoy sobre este curso, debo reafirmar entonces la concepción fundamental que preside el trabajo que hoy editamos, no sólo en lo que respecta a la crítica al dogmatismo y al pragmatismo y a los errores teóricos en los análisis de la situación de la lucha de clases, sino también en lo que se refiere a nuestra crítica por el abandono del programa básico de la revolución permanente, esto es, el internacionalismo y la reivindicación de la dictadura del proletariado. Sin embargo, estos años de estudio y militancia me llevaron a profundizar en muchos aspectos que en 1991 todavía estaban en etapa de elaboración, y en otros que en aquel momento aún no veía como problemáticos e impugnables.

Es así que en este trabajo se pasan por alto las posiciones pro estatistas del MAS y de Nahuel Moreno, que fueron una constante en la política de toda la izquierda. Dirigentes de esta organización -y de otros partidos autotitulados "marxistas"- no ven inconveniente en sostener que las empresas estatales "son del pueblo", en reivindicar el monopolio del Estado en la educación y embanderarse detrás del sistema estatal capitalista de jubilación. Esta orientación es una muestra del oportunismo frente al Estado capitalista y refracción de la influencia de la burocracia sindical nacionalista y del stalinismo en las filas de los movimientos de izquierda.

De la misma forma puedo considerar grave otra ausencia en este texto, la crítica a las posiciones nacionalistas de Nahuel Moreno y del MAS. Su expresión más clara fue la campaña de los años ochenta contra el pago de la deuda externa, medida a la que se presentaba aislada de la lucha más general por el socialismo y con argumentos que apelaban al arsenal teórico del stalinismo y del nacionalismo burgués clásico. Cuando el MAS sostenía que no había que pagar la deuda para "vivir con lo nuestro" (sic, "lo nuestro" encierra toda una definición!) reeditaba en versión criolla la tesis stalinista y nacionalista burguesa del desarrollo autárquico, de la independencia económica de un país vuelto de espaldas al mercado mundial. Incluso no faltaron en esta carrera desenfrenada por aparecer como verdaderos "patriotas", las clásicas referencias stalinistas a las "excepcionalidades" de las riquezas naturales argentinas, que permitirían a este país prescindir de las importaciones por largo tiempo. Nacionalismo y estatismo burgueses fueron entonces dos componentes esenciales de la política de la corriente morenista -y de otras tendencias trotskistas- que serían incorporadas a la crítica más tarde, desde la revista Debate Marxista.

Existe un tercer elemento, muy ligado a los anteriores y a la crítica que en este trabajo hago al abandono del programa de la revolución permanente, que sin embargo no está tratado. Se refiere a las posiciones de Moreno y del MAS ante las guerras interburguesas. Ya en los cursos internos de formación Moreno enseñaba que la segunda guerra mundial no fue solo ni principalmente una guerra interimperialista, combinada con el ataque a la URSS, sino en esencia una guerra entre el fascismo y la democracia. De allí que caracterizara como un gran triunfo de la "revolución democrática" el triunfo del frente popular mundial entre el imperialismo y el stalinismo, que a su vez habría abierto -según su posición- una era de revoluciones socialistas inminentes en todo el planeta. Con esta visión general del Estado, la democracia y las guerras, no es de extrañar que el MAS reprodujera una y otra vez los análisis y las políticas del pacifismo pequeñoburgués ante las guerras interburguesas. Por ejemplo, en plena guerra entre Irak e Irán, el periódico Solidaridad Socialista del MAS propugnaba "una paz justa", omitiendo toda referencia a la necesidad de desarrollar la política leninista del derrotismo revolucionario. La misma orientación hoy la podemos leer en la prensa "morenista" ante la guerra entre Perú y Ecuador.

Pero tal vez uno de los puntos más altos del desbarranque oportunista sea la educación que se brinda a la militancia sobre las supuestas habilidades de la burguesía para desarrollar guerras "por la democracia". Efectivamente, como prolongación de las facultades productivas y educativas que se le asignan al Estado burgués, y en tanto parte integrante de la glorificación de la democracia burguesa, en 1992 el MAS publicaba escritos y cursos de formación interna dados en los años ochenta por Nahuel Moreno, en los que se puede leer lo siguiente:

"Si hoy [1984] la Argentina entra en guerra con Chile,lo considero muy positivo. ... Otra cosa que tenemos que aclarar es que estamos en contra de una guerra por las islas. Nosotros vamos a plantear que el gobierno debe aclarar que, cuando ganemos, le regalamos las islas a Chile y salimos de Chile. Que peleamos contra Pinochet. Que entramos para ayudar al pueblo chileno, y no bien caiga Pinochet y haya elecciones y se llame a Constituyente, nos vamos. Y además les regalamos las islas y la mitad de Tierra del Fuego" (Nahuel Moreno, 1992, pág. 114- 5).1

Ni siquiera Kautsky, cuando justificaba "por la izquierda" al imperialismo alemán, había llegado a tanto. Aquí tenemos todos los ingredientes del oportunismo: chauvinismo gran argentino ("les regalamos"), desprecio por el sentimiento de las masas chilenas (que en esa eventualidad se hubieran alineado con Pinochet contra el "imperialismo" argentino), incluso desprecio por la opinión de sus camaradas trotskistas chilenos (que ni sospechaban que en Argentina se educaba a la militancia en esta basura), confianza ilimitada en el Estado argentino y su ejército (que llegaría a Chile para llevarles la "democracia"... ¡el mismo ejército que masacró, torturó y secuestró en nuestro país!), desconocimiento de la ideología y de la dinámica del chovinismo y patrioterismo que se despierta en toda guerra y un largo etcétera. Todo esto no impide que los partidos de la LIT sigan abrevando intelectualmente en estas concepciones, en estos textos que se publican sin críticas ni observaciones y que se dan a la militancia para que se oriente en medio de su desorientación.

Tal vez éstas sean las ausencias más "evidentes" de esta crítica a las concepciones de Nahuel Moreno. Sin embargo existe otro aspecto que en 1991 no estaba presente todavía en mis preocupaciones, pero que al poco tiempo fue adquiriendo entidad como un verdadero problema a resolver. Puedo ensayar de plantearlo de esta forma: dada la persistencia de estas políticas dentro del trotskismo, había que buscar sus causas saliendo de los clásicos marcos en que se habían buscado. Básicamente estos son de dos tipos, a saber: por una parte, los que explican todos los males del trotskismo por los errores personales de los dirigentes, incluso apelando a una especie de maldad inherente que los habría afectado. Esto llevaba a los infaltables apelativos de "traidor", "renegado", etc.; la resultante inevitable de esta óptica es ubicar la solución de los problemas en el terreno del subjetivismo y del voluntarismo. De allí la cantidad de tendencias surgidas dentro de los partidos que, detectando correctamente algunos de los problemas más graves de sus organizaciones, rompen con éstas con la promesa de "regenerarse" y "fundar, ahora sí, el socialismo revolucionario". Pero al poco tiempo están repitiendo casi al milímetro lo que habían criticado poco antes acerbamente.

Esta dinámica generó la otra gran tesis sobre la crisis del movimiento trotskista: ésta se debería a la marginalidad social, al aislamiento con respecto al movimiento de masas.

Si esto fuera correcto, estaríamos entonces ante la imposibilidad de remontar la crisis, porque hoy la marginalidad se ha agravado. Pero además esta explicación no logra dar cuenta de la evolución de los errores, porque en momentos en que ciertos partidos trotskistas lograron alguna inserción en la clase obrera y los barrios populares, sus desaciertos en los análisis y las políticas oportunistas, lejos de atenuarse, se profundizaron. Por otra parte, podemos dar el ejemplo de Marx y Engels, quienes durante muchos años después de la derrota de la revolución de 1848 estuvieron completamente aislados, sin dejar por ello de desarrollar al marxismo. Al margen de las evidencias empíricas que invalidan esta tesis sociológica de la crisis del trotskismo, es de notar que la misma incurre en un fatalismo propio del materialismo vulgar, para el cual no existe el lado activo del sujeto.

En nuestra crítica a Moreno se registran sus errores como parte de los más generales de todo el movimiento y se habla de la insuficiencia teórica de los dirigentes trotskistas para interpretar los acontecimientos de posguerra, tales como la nueva etapa de acumulación capitalista, los resultados de la segunda guerra con respecto al movimiento de masas y en particular el significado de las revoluciones china, yugoslava y cubana. No tengo hoy por qué cambiar nada sobre todo esto, pero sí he profundizado, a partir de muchos debates con mis camaradas de la Liga Marxista y con otros compañeros revolucionarios, en las razones de aquella insuficiencia teórica. Las conclusiones a las que estamos arribando es que ya en Trotsky se pueden encontrar análisis sesgados por el catastrofismo en lo que respecta a la situación económica del capitalismo (del tipo de "crisis sin salida"); exitismo en la evaluación de la situación de la clase obrera y en especial de sus posibilidades de superación (tal vez un punto saliente lo constituyen algunas afirmaciones del Programa de Transición, tales como que en 1938 los obreros avanzados del mundo "ya saben que la derrota de Hitler y Mussolini se hará bajo las banderas de la Cuarta Internacional"); y en especial mecanicismo en la visión de cómo evolucionaría la conciencia de la clase obrera, lo que llevaba a una sobrevaloración de la agitación de las consignas y a un mal empleo del método de las consignas transicionales.

En 1991 no era consciente de estos problemas, a pesar de que en la crítica a las concepciones de Moreno sobre los avances de la conciencia de las masas y la actividad del partido, apenas me basé en los escritos de León Trotsky y sí en el ¿Qué hacer? de Lenin. Sólo dos años después comenzamos a indagar -como parte de los estudios en equipo que encaramos desde la publicación de Debate Marxista- en las diferentes perspectivas de trabajo político que se desprenden de ambos textos, y a problematizar el uso de las consignas transicionales. De la misma forma, comenzamos a cuestionarnos más a fondo sobre la naturaleza de la ex URSS y de los demás regímenes del Este, esta vez estimulados no sólo por buscar una explicación a la estrepitosa y rápida caída de esas "dictaduras del proletariado", sino también por indicaciones del propio Trotsky.2

Todos estos cuestionamientos me han llevado a encarar un trabajo más ambicioso de examen crítico de las posiciones de León Trotsky, intentando rescatar sus grandes enseñanzas y las banderas que defendió frente a la contrarrevolución stalinista, esto es, el programa de revolución permanente, el internacionalismo, la lucha contra la burocracia y por la dictadura del proletariado. Pero al mismo tiempo, para tratar de superar las falencias de análisis y de política que debilitaron el combate por esos objetivos y que terminarían por empujar a sus continuadores a una completa ruptura con los principios básicos de la estrategia socialista revolucionaria y a suplantarlos por los del stalinismo y el socialismo pequeño burgués, democrático y estatista. Este trabajo, hoy en preparación, será la continuación de la crítica a Nahuel Moreno de 1991.

Osvaldo Garmendia

Agosto de 1995

NOTAS PROLOGO 1995

Nota 1 En 1991 no conocía este trabajo; fue publicado en una recopilación sobre sus cursos. Se trata de N. Moreno (1992): Escuela de cuadros Crux, Buenos Aires.

Nota 2 Es curioso que ninguno de los dogmáticos exégetas de Trotsky haya prestado atención a la observación del gran revolucionario, cuando sostuvo en 1940 que, si el régimen de la URSS ocupase otro país sin tocar los derechos de propiedad privada sería necesaria una recaracterización del Estado soviético (ejemplo Afganistán). (Trotski, 1971, pág. 22)




CRITICA A NAHUEL MORENO DESDE EL TROTSKISMO

Introducción

El año 1989 marca un punto de viraje en la historia del movimiento obrero mundial, cuyas repercusiones y consecuencias aun están lejos de poder evaluarse plenamente. En todo el Este de Europa el aparato estalinista cae, demolido por los formidables golpes que le asestan las incontenibles mareas humanas puestas en movimiento. Las imágenes de cientos de miles de hombres y mujeres, derribando el muro de Berlin quedan como el símbolo más genuino de la agonía final e irreversible de la odiada burocracia estalinista. En todos lados sus representantes y defensores acompañan el proceso con pérdidas de militancia, disgregación, divisiones, crisis, parálisis progresiva. Hemos entrado así en un nuevo período, que en principio se está caracterizando por la intensa crisis ideológica y política que hace presa de la vanguardia obrera y popular, tanto en los países capitalistas como en los Estados obreros. En millones de conciencias se ha terminado por identificar los ideales del socialismo con la basura ideológica y política de la burocracia stalinista, y de esta manera los ideólogos del capitalismo encuentran el campo propicio para avanzar su propaganda a favor del mercado, la libre empresa y los beneficios de la Coca Cola. Desde el campo abonado por años y años de dominio de manuales stalinistas de "marxismo leninismo" es en vano esperar algún tipo de respuesta teórico política a esta situación. Todo lo que puede producir es rumiar algunos viejos aforismas socialdemócratas, cuando no se refugian en los dogmas estalinistas de los viejos tiempos.

Es desde el terreno del trotskismo donde se debía de esperar una respuesta acorde con la exigencia de la hora. Después de todo fue Leon Trotsky quien legó a sus partidarios el primer y más acabado análisis del proceso de burocratización de la revolución de octubre, de la estrategia stalinista de la revolución por etapas y del socialismo en un solo pais y de la crisis del movimiento comunista internacional. Pero la crisis del estalinismo encontró al movimiento trotskista sumido en una crisis teórica, política y organizativa de proporciones. La hora del stalinismo había finalmente llegado, pero marcaba también un punto muy agudo de parálisis de su pretendida antítesis, el movimiento trotskista.

En ningún lado, tal vez, se haya expresado esto con más agudeza que en la Argentina. En este país se encuentra el partido más numeroso del mundo, que se reclama de las ideas de Trotsky, el MAS. Pero en 1989 este partido prácticamente no podía decir una palabra esclarecedora sobre los acontecimientos del Este porque estaba comprometido en una alianza estratégica con el partido Comunista Argentino, que incluía un proyecto común de gobierno y de construcción de una sociedad "socialista". Y en las pocas ocasiones en que arriesgó alguna explicación, acicateado por las críticas y la ofensiva burguesa, fracasó en los pronósticos y en la interpretación de la dirección de los acontecimientos. Así por ejemplo, se quiso ver en los acontecimientos del Este una especie de revolución en marcha incontenible hacia el socialismo -se llegó a proclamar que los obreros alemanes nunca volverían al capitalismo - para encontrarse finalmente ante el hecho inesperado de gobiernos burgueses, llevando adelante planes de restauración capitalista y una completa y pacífica absorción de Alemania del Este por el capitalismo.

El objetivo del presente trabajo es examinar las premisas teóricas y políticas que subyacen a esta crisis del MAS -y de la Liga Internacional de los Trabajadores, LIT, organización internacional a la que adhiere el MAS- discutiendo los trabajos más importantes de Nahuel Moreno, fundador del MAS y de la LIT y su fundamental mentor teórico y político. Con ello queremos abrir un debate que apunte a las raíces mismas de la presente crisis. Pensamos que mientras no se vaya al fondo de esta crisis, se estará condenado a repetir los mismos errores una y otra vez, con el único resultado de una agudización de la crisis. Precisamente la tesis central del trabajo que presentamos sostiene que lo que está en juego es toda la visión del marxismo revolucionario, tal como es formulada en los textos claves del MAS y de la LIT elaborados por Moreno. Como tratamos de demostrarlo más adelante, pensamos que las ideas fundamentales de la teoría de la Revolución Permanente de Trotsky fueron reemplazadas por las concepciones, el método y el programa de la teoría stalinista de la revolución por etapas y del socialismo en un solo país, y esta es la razón más profunda de la crisis del MAS y de la LIT, precisamente en momentos en que el stalinismo entró en su crisis más aguda. En particular, se ha mostrado totalmente equivocado el pensar que cualquier partido burocrático o pequeño burgués, presionado por las circunstancias, puede reemplazar al partido marxista revolucionario y llevar adelante, "en la práctica", la teoría de la revolución permanente.

Esto está conectado con una visión empírica y pragmática del marxismo, y del avance de la conciencia en general, que se revela nefasta para superar la actual crisis de orientación. No habrá salida mientras no se rompa decididamente con ella, mientras no se reoriente todo el debate hacia estos temas fundamentales y se deje de buscar la salida en fórmulas mágicas del tipo de "volvamos a la clase obrera", "volvamos a los maestros", "seamos internacionalistas", etc. De lo que se trata es de pensar e investigar las raíces de una crisis y no obnubilarse con recetas inútiles.

Por otro lado, pensamos que este texto puede ser de utilidad e interés para muchos otros militantes que no pertenecen al morenismo, pero que de una u otra manera están ligados al movimiento trotskista. Como lo explicamos más ampliamente luego, las posiciones que criticamos de Moreno no son su patrimonio exclusivo. Por el contrario, han sido expresadas -aunque en formas y circunstancias distintas- por casi todas las corrientes trotskistas en la posguerra. No se trata de una película de "buenos y malos", sino de la extrema debilidad teórica en que se vio envuelto el movimiento trotskista en la posguerra para responder a revoluciones como la de China, Yugoslavia y Cuba, que aparentemente desmentían las tesis centrales de la teoría de Trotsky. Así se podrá ver cómo encarnizados enemigos políticos dentro del trotskismo, que se acusaban mutuamente de "revisionistas", partían siempre de las mismas premisas: de alguna manera los maoístas y/o castristas "cumplieron" y "llevaron adelante en la práctica" la teoría de la revolución permanente. Y si esto era posible, entonces el marxismo también era susceptible de ser entendido como una mera "empiria". Así se abría el camino para la vulgarización del marxismo y su negación de ciencia del proletariado revolucionario. Es la lógica que van a seguir los maestros de Moreno (los trotskistas norteamericanos) y el propio Moreno, así como otros grupos argentinos -y extranjeros-.

Digamos algunas palabras sobre nuestro origen.

Este trabajo es el resultado de un largo proceso de ruptura con las ideas de Moreno, luego de haber militado muchos años en la LIT y en el MAS. Fuimos parte de los militantes que en 1988 somos expulsados del MAS, con los cargos de "enemigos del partido y de la revolución", entre otras cosas porque cuestionamos la absurda idea de que la Argentina era el centro de la revolución mundial y el MAS el faro de la revolución mundial. Posteriormente fuimos también expulsados del PTS -el partido que habíamos fundado los expulsados- porque nos negamos a aceptar el clima de intimidación, represión, e insultos con que se quiso acallar nuestras profundas diferencias políticas y teóricas. Tanto en el MAS como en el PTS se puso en evidencia la incapacidad absoluta de estos partidos para garantizar un debate mínimamente democrático. El intercambio de ideas es reemplazado por los insultos, la atención a las razones del oponente por la campaña difamatoria, la argumentación por el patoterismo liso y llano. El clima stalinista llega a los extremos de perseguirse a los opositores por hablar en un bar sus diferencias, o por mantener alguna conversación no "controlada" por la dirección. Se ha llegado a grabar conversaciones telefónicas secretamente de opositores (MAS) y a agredir física y verbalmente a militantes y dirigentes en reuniones, porque opinaban "distinto" (PTS).

A pesar de que no hemos dedicado un punto especial en nuestro trabajo al régimen partidario con Moreno, es evidente que todo esto no es producto de generación espontánea, sino el resultado inevitable de un partido donde no se hacían congresos anuales, (y muchas veces mediaban varios años entre congreso y congreso), donde de hecho se intimidaba a la oposición y no había posibilidad de formar tendencias y fracciones, y donde en general la discusión teórica y la reflexión era suprimida en aras de las urgencias de la militancia cotidiana.

Esta situación también ayuda, tal vez, a explicar todo lo que hemos tardado en iniciar esta crítica de posiciones, cuyos resultados hoy presentamos. Pero también hubo otra razón, y que posiblemente haya pesado más que todo lo anterior: se trata de los éxitos logrados en la construcción del MAS en los últimos años. Debemos confesar que nos movimos con un criterio pragmático, ajeno al marxismo. No tuvimos en cuenta que lo que estábamos ayudando a constuir se alejaba más y más del marxismo revolucionario, que las concesiones oportunistas en busca de "atajos" para construir el partido iban a terminar convirtiendose en un pesado lastre, en una soga alrededor del cuello del partido, de la que iba a ser cada vez más difícil deshacerse. La profundidad de la actual crisis que sacude de pies a cabeza al MAS y a la LIT es la prueba del punto al que se llegó. Este trabajo es entonces, tanto un ajuste de cuentas con un pasado como nuestra contribución a la discusión necesaria para superar la crisis actual del movimiento trotskista. En este sentido, si este trabajo sirve para promover e incentivar nuevos y más profundos estudios y debates (entre ellos, otros con mayor material histórico y de las corrientes internacionales), habrá cumplido su misión.

Por último, quiero decir que, a pesar de que este trabajo lleva mi firma individual, debe mucho a las largas discusiones, aportes, críticas y objeciones de toda una serie de militantes trotskistas. Sería muy largo enumerarlos a todos, pero sí quisiera destacar los aportes de dos de ellos: en primer lugar, el de Geoff Pilling, del Workers Revolutionary Party de Inglaterra, con el que mantuve provechosas discusiones sobre problemas de método del marxismo, sobre el significado más profundo de la lucha contra el stalinismo y la lucha de la Cuarta Internacional. En segundo lugar, los aportes y críticas del compañero J. Poliansky, ex redactor de Correo Internacional, tambien expulsado del MAS y luego del PTS. A él le debo la corrección de no pocos errores de este trabajo. A ellos, y a todos los que han contribuido con sus observaciones y críticas, va mi agradecimiento. Por supuesto, la persistencia de debilidades, omisiones y errores caen bajo mi entera responsabilidad.

 

Osvaldo Garmendia

Julio de 1991

 




CAPITULO I

CONCIENCIA DE CLASE Y EL ROL DEL PARTIDO

El papel de la práctica y el avance de la conciencia

Vamos a iniciar nuestra discusión con el examen de la solución que da Moreno a uno de los problemas más debatidos a lo largo de la historia del marxismo: cómo avanza la conciencia de la clase trabajadora.

Las posiciones de Moreno sobre el tema están desarrolladas en un libro escrito a principios de los setenta, de polémica contra las posiciones ultraizquierdistas de Ernest Mandel y la dirección mayoritaria del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional. Nos referimos a Partido mandelista o partido leninista1(Moreno, 1984). Este libro se ha transformado en uno de los pilares de la formación política y teórica del MAS y de la LIT. Así lo atestiguan las innumerables reediciones que ha tenido desde su aparición, y los cursos periódicos de formación de los militantes que se basan en el.

En la polémica con Mandel, Moreno destaca la importancia que tiene la experiencia viva y la actividad de las masas para el avance de la conciencia. En este sentido su rechazo a las posiciones vanguardistas de Mandel, que defendía una visión propagandandista abstracta, y desligada por completo de las preocupaciones de los trabajadores, es totalmente correcto.

Pero el problema es que a partir de ese rechazo Moreno desarrolla unilateralmente la importancia de la práctica en el avance de la conciencia de las masas, hasta el punto de convertirla en un hecho absoluto. La proposición básica de Moreno es que la práctica de por sí basta para encadenar niveles de conciencia cada vez mayores de los trabajadores. Dice en ese libro:

"[la clase obrera] ... no aprende más que por sus acciones. Las acciones del movimiento obrero encadenan distintos niveles de conciencia y experiencia, hacen que cada una tenga siempre como punto de partida un determinado nivel, que desembocará en otro nivel superior, el cual-a su vez- será el punto de partida de nuevas acciones" (Moreno, 1984, pág. 12).

Y más adelante afirma:

"...como en todo conocimiento el papel de la práctica es decisivo. Sólo la práctica puede afirmarlo en su conciencia de clase [al obrero] o atacarle su falsa conciencia; sólo la práctica puede permitirle superar lo falso y afirmar lo verdadero, para llegar a un nuevo nivel de conciencia que tendrá nuevas contradicciones siempre superables a través de nuevas acciones" (ídem pág. 12).

Es decir, para Moreno las acciones del movimiento de masas "encadenan" los diversos niveles de conciencia. Se parte de uno y se desemboca en otro "superior", que a su vez será el punto de partida de nuevas acciones. Y sólo la práctica hace avanzar la conciencia del obrero, llevándolo a nuevas contradicciones que "serán siempre superables" a traves de "nuevas acciones".

Moreno reconoce que las masas "no llegan automáticamente a la conciencia de clase, a la conciencia universal e histórica". Para eso hace falta la intervención del partido revolucionario. Pero sí pueden avanzar y avanzar en su conciencia por la sóla virtud de las acciones de la lucha de clases y acercarse así "inexorablemente" (sic, ídem pág. 13) a esa conciencia universal. Para graficar su concepción usa la imagen de la asíntota:

"Por supuesto que las masas no llegan automáticamente a la conciencia de clase, a la conciencia universal e histórica...Podríamos decir que el movimiento de masas se acerca a ella [la conciencia de clase] asintóticamente, es decir que en cada etapa está más cerca de ella, pero nunca la alcanza por sus propios medios. El partido es el único que puede hacer que esas dos líneas cada vez más cerca una de la otra, dejen de ser asintóticas: que el movimiento de masas se confunda con la conciencia política de clase" (ídem págs. 12 y 13).

La metáfora de la asíntota es muy significativa. Una asíntota es una línea recta que para valores suficientemente grandes de una curva dista de ella una distancia tan pequeña como se quiera, lo que da la idea de un avance lineal. El partido solo deberá intervenir para dar el "toque final".

Dada la importancia del tema, era de esperar por parte de Moreno una amplia fundamentación de sus afirmaciones. Pero esta brilla por su ausencia. A lo sumo nos dice que "como en todo conocimiento", el papel de la práctica es decisivo. Esta afirmación la podríamos relacionar con las posiciones de Piaget, de quien Moreno era un profundo admirador, y cuyas explicaciones sobre cómo se avanza en el conocimiento fueron tratadas y elogiadas por Moreno en su libro dedicado a la lógica. Pero en este caso se trataría de una interpretación abusiva y marcadamente reduccionista de las posiciones de Piaget. Porque, según éste, si bien las acciones son las decisivas y determinantes para el avance de la conciencia, las mismas de ninguna manera se reducen a las acciones exteriores del sujeto. En todo proceso de conocimiento siempre intervienen operaciones interiores, esto es, representaciones previas, ideología, etc, junto a las acciones exteriores.

En el caso de la conciencia de toda una clase, los factores de la influencia del conjunto de la estructura social e ideológica son aún más decisivos. La clase trabajadora no sólo sufre la explotación económica, sino que la misma está mediada por las relaciones mercantiles y capitalistas cosificadas, fetichizadas; o sea, la explotación económica de la clase obrera no surge a la vista, no es "evidente" sino que está encubierta por la estructura de la sociedad productora de mercancías. Desde este punto de vista, debemos decir que la práctica cotidiana de la explotación capitalista, lejos de permitir el avance hacia la conciencia socialista, refuerza la ideología reformista y sindicalista; por ejemplo, la ideología del "salario justo", o del "reparto equitativo".

Por este motivo Marx tuvo como preocupación central poner al desnudo las verdaderas relaciones de explotación que se esconden detrás de las relaciones "entre iguales" del mercado. Este es un tema al que Piaget ni se asoma -sus concepciones estructuralistas y funcionalistas sobre la sociedad constituían de hecho un impedimento para ello-, pero que ningún marxista puede desconocer. Ademas, estas condiciones objetivas para la recreación permanente de la ideología burguesa, se refuerzan por los aparatos ideológicos dominantes, por el peso de las tradiciones, de la ideología de la clase media, etc, etc.

 

Los dos polos de un largo debate

De lo dicho anteriormente se podría deducir que estamos oponiendo al espontaneísmo de Moreno la absolutización del papel de la teoría crítica del partido, la posición de Lukacs en Historia y conciencia de clase. Lukács se opone a la idea del avance evolutivo, determinado mecánicamente por lo económico, que había dominado en la mayoría de la Segunda Internacional, rescatando el concepto de Marx de cosificación. Pero en esta operación Lukács hizo a la cosificación tan total, tan abarcadora, que de hecho la alienación se convertía en una condición permanente del ser humano. En el fondo era una situación pesimista (el propio Lukács lo habría de reconocer más tarde), donde la sociedad aparecía como una totalidad cerrada.

La única manera de salir entonces de este "encierro" era por medio de un proletariado que llegase a conocer esta totalidad cosificada. Pero ¿cómo podía el proletariado adquirir conciencia de clase? ¿Qué pasaba con la conciencia empírica del proletariado si la sociedad estaba totalmente cerrada, si todo estaba dominado por la cosificación, por el fetichismo? Y aquí intervenía "milagrosamente" (empleando el término con el que Lukács luego calificaría su solución) el partido, dotado de la conciencia de clase para infundirla desde afuera a la clase obrera, que como tal era completamente pasiva. La concepción de Lukács terminaba identificada con el idealismo - y así fue calificada por los dirigentes de la Tercera Internacional - al punto de negar el determinante económico en el desarrollo social.

En la raíz de esta visión hay una subvaloración del papel de las contradicciones de la mercancía y del capital, que están en el origen del fetichismo. Pero a su vez la sóla acción de las contradicciones no lleva a la toma de conciencia de la esencia de la sociedad capitalista. Afirmar esto último sería caer en el polo opuesto de la concepción de Lukács, en el espontaneísmo.

Creemos que la solución de Lenin, como la de Marx, tiene en cuenta ambos polos de una contradicción que es real, no lógica, y que sólo se resuelve en una práctica política que, sin ultimatismos, y participando de conjunto en el movimiento, no deja por ello de combatir la falsa conciencia provocada por la fetichización. Se trata de un combate político e ideológico imprescindible para el avance de la conciencia antiburguesa, pero que a la vez sería idealista, quimérico, si no se asentase en las contradicciones materiales de la sociedad capitalista. Es decir, creemos que la solución a este problema ha sido dada por Marx y luego por Lenin, en "estado práctico" a través de las innumerables polémicas contra los dos polos interpretativos que mantenían metafísicamente separadas ambas determinaciones. Casi desde el inicio de su actividad política Marx criticó a quienes iban a las masas "como doctrinarios", a quienes pretendían que las luchas cesaran hasta que ellos proporcionaran las "verdaderas consignas" (actitud característica de muchas sectas que militan en el movimiento obrero). Pero al mismo tiempo Marx llamó a "mostrar por qué se lucha"2.

O sea, la actitud de Marx hacia el movimiento obrero es la de participar activamente en la lucha, pero al mismo tiempo combatir el espontaneísmo haciendo valer los intereses comunes y finales de todo el proletariado en cada etapa del movimiento (ver El manifiesto comunista). Lo mismo podemos decir de Lenin. Aun en lo más duro de sus polémicas contra el espontaneísmo subraya que la propaganda revolucionaria debe asentarse en las experiencias vivas de las masas, en los hechos concretos y cotidianos. La actividad revolucionaria del partido bolchevique se debía basar en las "tendencias instintivas" -y Lenin usa repetidas veces esta expresión - de las masas en lucha.

El otro polo es la lucha contra los que aceptan "lo dado", se postran ante el espontaneísmo del movimiento y eluden la actividad crítica y el papel de la teoría.

¿Ideología burguesa o ideología socialista?

La recreación de la ideología burguesa en el movimiento obrero es uno de los hechos que con mayor exactitud puede verificar cualquier militante revolucionario. Tomemos el ejemplo de nuestro país: en Argentina hubo innumerables luchas sindicales en los ultimos años, pero no por ello los trabajadores rompieron con la ideología burguesa distribucionista, sindicalista. Esto se puede ver cuando la clase trabajadora vota y confía en dirigentes y partidos defensores del sistema capitalista.

Este hecho debería hacer reflexionar a los militantes que esperan un avance asintótico, encadenado por las acciones de los trabajadores, hacia la conciencia socialista. La lucha abre la posibilidad objetiva del avance de la conciencia de la clase obrera, pero solo la posibilidad. Pensar lo contrario es caer en el espontaneísmo. Lo que decimos se ve confirmado por toda la experiencia de la clase obrera, y ya a principios de siglo fue registrada por Lenin en su libro ¿Qué hacer?.

Para Lenin la acción de la clase obrera es sólo "la forma embrionaria de lo consciente". En las grandes huelgas de 1890 en Rusia, ve "destellos de esta conciencia", pero las huelgas eran luchas sindicalistas y los obreros no tenían conciencia del antagonismo irreconciliable entre sus intereses y el régimen político y social. Escribe:

"Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser introducida desde afuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo puede elaborar una conciencia sindical..." (Lenin, 1969, págs. 430-1).

Y también:

"...el desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha hacia la subordinación a la ideología burguesa...y el sindicalismo implica el sometimiento ideológico de los obreros por la burguesía" (ídem pág. 440).

En esta visión el papel del partido marxista lejos de reducirse "al toque final" en el avance de la conciencia de las masas, es la clave para la ruptura con la ideología burguesa sindicalista que se genera espontáneamente. Por otra parte, es de hacer notar que este énfasis en el carácter de clase de la conciencia de la clase trabajadora, del "salto" que media entre la conciencia burguesa y socialista, se borra cuando adoptamos una visión lineal, "inexorablemente" asintótica, del avance de la conciencia.

La lucha teórica e ideológica

Lo dicho hasta aquí explica el desprecio del MAS y la LIT por la lucha teórica y por las posibilidades de que la clase obrera asimile la conciencia socialista. Si bastan las acciones de las masas para el avance de la conciencia, la actividad del partido se limitará a la lucha política y sindical. La importancia de la lucha teórica por parte del partido llega a ser ridiculizada y la asimilación del marxismo científico por la clase obrera considerada una utopía.

En Partido mandelista... Moreno critica a Mandel cuando éste sostiene que el marxismo sólo puede ser asimilado en forma individual y no colectiva, diciendo:

"Si pretendemos expulsar de la conciencia de los trabajadores toda la basura ideológica acumulada por la burguesía y la burocracia y reemplazarla por la "ciencia marxista", no debemos construir un partido sino pedirle al imperialismo que nos subvencione una Universidad con capacidad para cientos de millones de trabajadores de todo el mundo, con becas para que todos puedan concurrir" (Moreno, 1984, págs 13 y 14).

En esencia, tanto la posición de Mandel como la de Moreno son profundamente pesimistas en cuanto a la posibilidad de que la clase obrera adopte la ideología socialista, como pretendía Lenin. Mandel dice que la asimilación sólo puede ser individual, y Moreno articula su respuesta sobre la base de negar que la clase obrera pueda adquirir una conciencia que vaya más allá de la que proporciona la práctica espontánea. Moreno pasa por alto la experiencia de la clase obrera internacional, que probó que el marxismo puede ser asimilado colectivamente. Una vez más debemos hacer referencia al ¿Qué hacer?, donde Lenin cita a Engels:

"Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre el resto de Europa. La primera es que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y han conservado ese sentido teórico casi completamente perdido por las denominadas clases "cultas" de Alemania. Sin la filosofía alemana que lo precedió y sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán... Si los obreros hubiesen carecido de sentido teórico, este socialismo científico nunca habría sido, en la medida en que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y cuán inmensa es esta ventaja lo demuestran, por una parte, la indiferencia por toda teoría - que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente organización de los diferentes oficios - y por otra parte la confusión y las vacilaciones sembradas por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas..."3.

A diferencia de Moreno, Engels y Lenin destacaban que la lucha del partido marxista debía desarrollarse en forma combinada en los tres frentes, el sindical, el político y el teórico:

"Citaremos las observaciones formuladas por Engels en 1874 sobre la importancia de la teoría en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce no dos formas de la lucha de la socialdemocracia (la política y la económica), como se estila entre nosotros, sino tres, pues coloca a la par con ellas también la lucha teórica" (Lenin, 1969, pág. 426).

Y decía Engels:

"Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones, combinadas y relacionadas entre sí: teórica, política y económico- práctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside la fuerza y la invencibilidad del movimiento obrero alemán" (ídem, énfasis nuestro).

 

¿Sólo el programa?

En oposición a estas concepciones, Moreno sostiene que basta que los trabajadores acepten el programa y los estatutos del partido para que hayan adquirido la máxima conciencia de clase posible:

"Es suficiente con que individuos o sectores de clase se incorporen al partido y acepten su programa y estatutos para que sean la máxima expresión de la conciencia de clase" (Moreno, 1984, pág. 16).

En principio el programa nunca es tan decisivo para determinar el grado de conciencia revolucionaria, ni la actividad del partido. Muchas veces un partido acepta formalmente un programa para practicar en los hechos una política opuesta4. Desde 1903 hasta 1917 los mencheviques y bolcheviques tuvieron el mismo programa, y desarrollaron políticas muy distintas. Actualmente muchos grupos que se reclaman trotskistas adoptan formalmente el Programa de Transición y desarrollan una política oportunista. Pero lo más importante es que Moreno olvida la larga lucha de los marxistas por inculcar las ideas socialistas en la clase trabajadora. Y para sustentar su posición recurre a una analogía asombrosa. Compara la adquisición de la conciencia de clase con los conocimientos médicos y con el uso de la aspirina: así como millones de individuos en el mundo no conocen el procedimiento científico por el que cura la aspirina, pero sin embargo la toman para el dolor de cabeza, de la misma manera todo lo que debe saber la clase obrera es que el programa del partido es el que puede solucionar las contradicciones de la sociedad. Por este motivo dice que:

"...la sociedad (o la clase obrera o cualquier sector de ella) avanza incorporando los resultados científicos, no los métodos de investigación que llevaron a esos resultados" (ídem pág. 14).

Ante semejante afirmación, lo primero que se nos viene a la cabeza es la pregunta de ¿cómo valoraba Moreno obras tales como El Capital, El anti-Duhring, El Estado y la revolución, La revolución traicionada, etc, etc.? ¿Son "resultados" o "métodos de investigación"? Moreno se metió en un callejón sin salida. ¿Acaso Marx no escribió El Capital para los obreros alemanes? Y esta obra es tanto el resultado de muchos años de investigación, como un tratado implícito del método marxista.

Por el contrario, Moreno reduce toda la conciencia socialista a una mera "receta", y para colmo sacada por analogía de un problema vulgarmente cotidiano. Pero la preparación de la vanguardia proletaria para la toma del poder y la transformación de la sociedad exigen mucho más que algunas recetas, porque de lo que se trata no es de curar un mal pasajero, sino de comprender las raíces del cáncer social del capitalismo. Después de todo también los políticos burgueses dan "recetas", soluciones "mágicas" para convencer a los explotados de que los voten y los apoyen (de la misma forma que los monopolios capitalistas de la salud dan "recetas" masivamente).

Muchas veces se aduce el ejemplo de Lenin en 1917, dando la "receta" de la toma del poder por los soviets para conseguir el pan, la paz y la tierra. Pero se olvida que ello iba acompañado por años de educación socialista de la vanguardia proletaria, que una y otra vez Lenin subrayaba la necesidad de explicar pacientemente a las masas el carácter capitalista de la guerra y del gobierno colaboracionista, etc, etc; ¿cómo se puede decir que las Tesis de abril -para tomar un ejemplo- fueron una mera "receta" del tipo de "tómese una aspirina contra el dolor de cabeza"? (para terminar con este absurdo ejemplo, podríamos preguntarnos, además, ¿cuántos han muerto por confundir un dolor de cabeza con un tumor cerebral, por confiar en la "conciencia médica" vulgar? ¿Y acaso no ha provocado mucho más daño la conciencia "socialista" vulgar, que invariablemente ha llevado a la clase obrera a derrotas con su soluciones milagrosas encapsuladas en "recetas"?)

Por este motivo, Engels luego de recomendar a los dirigentes socialistas que debían estudiar al marxismo como una ciencia, agregaba:

"La conciencia así lograda y cada vez más lúcida debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor..." (Citado por Lenin, 1969, pag 428; énfasis nuestro).

Solo nos queda preguntar... ¿por qué Moreno no ironizó sobre las subvenciones del imperialismo y las universidades, a propósito de esta recomendación de Engels?

Lucha teórica y oportunismo

La lucha teórica también está ligada a la elaboración de una política y un programa revolucionarios y a la lucha contra las tendencias oportunistas. Un programa no puede "conservarse" si no va acompañado de la lucha del partido en los tres frentes a los que hacían alusión Engels y Lenin. Esto se debe a que sobre el partido se concentran las mayores presiones políticas y sociales. Estas presiones no pueden ser resistidas con la sóla inserción social en la clase obrera porque ya vimos que dentro de la clase trabajadora se recrean constantemente las condiciones del dominio de la ideología burguesa. Sólo una firme base teórica -"de granito", como decía Lenin - puede resistir la ofensiva ideológica de las clases enemigas. Recordemos, como ejemplo histórico, que el camino en pendiente hacia el oportunismo por parte de la socialdemocracia alemana comenzó por una creciente "vulgarización" del marxismo. Que este proceso respondiese a profundas causas sociales no debe hacernos perder de vista el papel que en sí mismo jugó para privar a la vanguardia obrera de las reservas teóricas necesarias para resistir ese curso.

El marxismo no puede "conservarse" al margen de las luchas teóricas del partido; sólo puede sostenerse desarrollándose, lo que implica, por lo menos, tres aspectos:

a) el estudio y la difusión de las obras más importantes que determinan la constitución del marxismo como ciencia.

b) la incorporación de los avances más importantes de las ciencias; recordemos el seguimiento de Marx y Engels de los avances científicos de su época, y la infuencia que ejercieron doctrinas como las de Morgan y Darwin en la teoría marxista.

c) la lucha ideológica contra las formas más destacadas de la ideología burguesa. Para rescatar un ejemplo histórico, señalemos la seria actitud de Lenin en las discusiones con los empiriocricticistas. Durante todo un período consideró que el eje de la lucha en el seno del movimiento obrero pasaba por el plano filosófico. Y esto no era un mero pasatiempo, sino que estaba relacionado con profundos problemas de método y de preparación política de la vanguardia proletaria.

En la concepción de Moreno que estamos examinando ninguno de estos aspectos tiene cabida. Entre la militancia del MAS el estudio del marxismo es casi inexistente, no sólo en la base del partido, sino también en la dirección. No es una mera anécdota el que la mayoría de la dirección del MAS y de la LIT desconozcan obras básicas del marxismo como El Capital. O que en los cursos partidarios sólo se lean algunas citas de libros, convenientemente seleccionadas para los objetivos que se quieren demostrar. En lo que respecta al seguimiento de los avances de las ciencias, y a exepción del trabajo de Moreno sobre lógica, que se basa en Piaget - y veremos luego que esta elección no es casual!- sencillamente no existe. Lo mismo podemos decir sobre la lucha ideológica. Las direcciones del MAS y de la LIT ignoran no sólo las posiciones ideológicas burguesas, sino también las discusiones actuales entre las diversas corrientes marxistas. Es lo opuesto al proceso de formación del partido revolucionario más importante que registra la historia, el bolchevismo ruso y cuya experiencia presentaba Lenin con carácter de enseñanzas generales para todos los revolucionarios; desde el punto de vista teórico el bolchevismo se formó siguiendo "...con celo y atención admirables cada última palabra de Europa y América" en el terreno de la teoría revolucionaria (Lenin, 1960, pág. 20).

Por el contrario, y en momentos en que la reacción ideológica de la burguesía es muy fuerte, la dirección formada por Moreno revela una llamativa pobreza de argumentos para responder. Y veremos también cómo, una y otra vez, todo el movimiento ha sido víctima de presiones extrañas al marxismo (entre ellas las presiones de la democracia burguesa) a las que no se pudo dar adecuada respuesta teórico política.

Consignas y agitación según Moreno

En base a lo desarrollado, Moreno sostiene que la actividad central del partido es la agitación de consignas, en especial las destinadas a la movilización.

"...las consignas tienen un sólo objetivo, que es movilizar a los trabajadores" (Moreno, 1984, pág. 62).

En trabajos posteriores esta afirmación fue relativizada, admitiendo la existencia de consignas

"...para tratar de ir convenciendo al movimiento de masas, aunque no haya posibilidades inmediatas de que pase a la acción" (Moreno, 1980, pág. 87.

De todas maneras, las consignas destinadas a la movilización son las que cobran el mayor peso. Pero lo más importante es que todas las consignas, sean o no para la movilización inmediata, surgen, según Moreno, como

"...una síntesis de las necesidades inmediatas de las masas y de su nivel de conciencia" (Moreno, 1980; también en Moreno, 1984).

Moreno sintetiza su posición diciendo que

"...la política trotskista es concreta, presente, a nivel de sus consignas..." (Moreno, 1984, pág. 65; énfasis nuestro).

Su posición es ilustrada así

"Supongamos que hay conflictos por salarios, en forma aislada en el 30 o 40 por ciento de las empresas industriales. ¿Cuál es la necesidad que tienen las masas en ese momento? La de unificar estos conflictos en una huelga general. ¿Cuál debe ser nuestra consigna? ¡Huelga general! "(ídem, pág. 63).

A partir de conseguir la huelga general, se plantearía el problema del poder.

"Pero lo plantea cuando la huelga es un hecho. Para poder plantear la toma del poder, primero tenemos que conseguir que la huelga general se haga" (ídem, pág 146).

Si se consigue que las masas hagan la huelga general, y que desesperen a la burguesía,

"...sólo entonces las masas estarán en condiciones de ver claramente que la única salida de la huelga general es la toma del poder" (ídem, pág 146).

Decenas de cuadros leen y repiten este ejemplo pero... ¿qué relación tiene con la vida real del movimiento de masas? Muy poca. Como ya hemos indicado, el desarrollo de la conciencia de las masas es mucho más contradictorio que este esquema. En particular, el condicional "si" las masas llegan a la huelga general, "si" desorganizan al país y desesperan a la burguesía encierra todo un salto que es sencillo dar en el libro, pero muy complicado en la realidad de la lucha de clases. Por ejemplo, en Argentina la necesidad de la huelga general se plantea una y otra vez. Sin embargo, y a pesar de la reiterada propaganda a favor de la misma, ésta no se produjo (los paros generales han sido manifestaciones de protesta, lejos del concepto de huelga general de Moreno y que es tradicional en el marxismo). ¿Por qué?

Porque los factores políticos e ideológicos están íntimamente entrelazados con las decisiones sobre cómo continuar una huelga parcial. Entre ellos -y sin pretender agotar la enumeración- mencionemos la presión de las clases medias, la confianza, o no, en el régimen democrático burgués, las direcciones oportunistas stalinistas o nacionalistas, etc, etc. Esto explica que las consignas que lanza el partido están determinadas por muchos factores, entre ellos, el conjunto de las relaciones entre las clases, la situación ideológica de la clase obrera, etc. Podemos aclarar más este punto examinando la diferencia entre la actividad de un buen sindicalista y la de un marxista.

¿Qué diferencia a un marxista de un buen sindicalista?

Si tomamos el anterior ejemplo de la huelga, puede observarse que cualquier sindicalista con conciencia de clase hace lo mismo que hace el partido revolucionario, por lo menos hasta las puertas mismas de la toma del poder. Con lo cual la actividad del partido revolucionario quedaría reducida a la de ser un "táctico" en cuestiones sindicales e inmediatas. La lógica de las posiciones de Moreno obliga a repetir, casi al detalle, los argumentos que en su momento esgrimió Lenin contra los economicistas en Rusia, quienes reducían la actividad de los revolucionarios a las necesidades del momento. Lenin enumera las actividades que hacía cualquier honesto sindicalista inglés:

"a) ayuda siempre a los obreros a desplegar la lucha económica

b) organiza la denuncia de los abusos cometidos en las fábricas

c) explica la injusticia de las leyes y reglamentos que restringen la libertad de huelga y el derecho de ubicar piquetes cerca de las fábricas

d) explica la parcialidad de los tribunales integrados por miembros de las clases burguesas de la población" (ver Lenin, 1969, pág. 477).

Todo esto responde a las necesidades y a la conciencia inmediata de las masas. La actividad que se explica aquí es, por lo menos, tan "política" como la que Moreno recomienda a todo el partido en las etapas previas a la huelga general. Para cualquiera que siga los consejos de Moreno, estas actividades son condición suficiente para definir una actividad como socialista. Pero con toda razón Lenin explica que:

"...nunca se insistirá bastante en que esto no es aún socialdemocracia, que el ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario sindical, sino el tribuno popular..." (Lenin, 1969, pág. 477).

Desarrollando esta idea, Lenin compara la acción de un socialdemócrata como Liebknecht con la de un buen sindicalista inglés, R. Knight. Knight "formuló las reivindicaciones inmediatas del proletariado e indicó los medios para obtenerlas", mientras que Liebknecht hizo lo mismo, pero además dio importancia "a la propaganda de ideas brillantes y acabadas". Desde sus orígenes, el marxismo se distinguió porque puso el acento en esas "ideas acabadas y brillantes", a la par que luchaba por las reivindicaciones inmediatas. Que Mandel haya despreciado el trabajo gris y cotidiano de la lucha sindical y política no autoriza a borrar de un plumazo esta idea central del marxismo. Ya en El manifiesto comunista Marx y Engels decían que

"Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte...destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento de conjunto" (Marx, 1984, pág. 103).

Moreno no se refiere a ejemplos históricos. Sólo hace una referencia a Trotsky, diciendo que éste habría abogado por una política basada sólo en las necesidades y la conciencia inmediata de las masas (Moreno, 1984, pág. 64). Pero esto no es cierto. Toda la metodología del Programa de Transición destaca la necesidad de presentar las perspectivas más generales al proletariado, y de agitar consignas adecuadas a ellas. Podemos dar un ejemplo (entre muchos) que destruye la posición que Moreno atribuye a Trotsky. Cuando en los años treinta Trotsky recomienda a sus partidarios lanzar la consigna de partido obrero en los Estados Unidos, agrega que, en caso de concretarse la realización de tal partido, debía preveerse el surgimiento del fascismo. Por lo tanto, era necesario lanzar desde el inicio también la consigna de piquetes armados, para preparar a la clase obrera para lo que vendría:

"Pero la cuestión es cómo conseguir esa pequeña minoría que debe ser organizada y armada con la simpatía de las masas. ¿Cómo lograrlo? Preparando las mentes de las masas mediante la propaganda. La crisis, la agudización de las relaciones de clase, la creación de un partido obrero, de un partido laborista, significa inmediatamente una terrible agudización de las fuerzas. Es por ello que ya mismo debemos conectar la idea del partido laborista con sus consecuencias -si no apareceremos como pacifistas con ilusiones democráticas".5

Moreno conocía este ejemplo,... ¿cómo podía entonces atribuir a Trotsky la idea de que las consignas se basaban sólo en una síntesis entre las necesidades y la conciencia inmediatas?6. Reducir el trabajo del partido marxista a ello es borrar lo que distingue al marxismo como corriente revolucionaria. Todas las corrientes reformistas fueron tacticistas y privilegiaron la política "del presente". El ataque revisionista de Bernstein en la Segunda Internacional tenía como premisa que la política de los socialistas debía centrarse en los temas del momento. De ahí su slogan: "el movimiento es todo". Los marxistas, por el contrario, sin perder de vista las necesidades del momento, las enmarcaron en el conjunto de la teoría revolucionaria y en las perspectivas de todo el movimiento (ver Lenin, 1973 a).

Pongamos un ejemplo que muestra las consecuencias de la concepción de Moreno. En 1988 en los barrios obreros de Buenos Aires hubo una oleada de asaltos a los colectivos que provocó la indignación general y una huelga de los conductores. El MAS apoyó esta huelga (lo que era correcto), con la consigna de "queremos más policía en los barrios obreros" (lo que es oportunismo). Pero analizada la consigna con las herramientas que nos da Moreno, vemos que es correcta, ya que movilizaba por una necesidad inmediata (más policía) y se adaptaba a la conciencia de las masas (que no entendían la necesidad de piquetes). De esta manera la síntesis entre las necesidades y la conciencia inmediata terminaron por producir una consigna oportunista - "queremos policía" - que educa en la confianza en los organismos de represión del Estado burgués.

Todo esto refuerza el desprecio por el marxismo y la teoría revolucionaria, dado que para determinar las necesidades y la conciencia inmediata de las masas no hace falta estudiar marxismo. Y lleva a que las tendencias sindicalistas y electoralistas reaparezcan una y otra vez en un partido absorbido por la táctica y la consigna "del momento".

El argumento de la construcción del partido

Además de justificar las consignas por la necesidad de movilizar, Moreno dice que son correctas si permiten crecer al partido. Pero esto es convertir al partido en un fetiche, donde prima lo organizativo sobre la educación de la conciencia. El objeto de la actividad del partido es el avance de la conciencia revolucionaria. Si el partido se construye a costa de este avance, no estamos construyendo un partido marxista, sino otra cosa. Nuestros avances siempre deben ser medidos en relación con la educación revolucionaria, y no con las conquistas organizativas "en sí". Es el método que aplicó Trotsky para evaluar los "avances" del stalinismo: haciendo el balance de los pros y contras de las nacionalizaciones de Stalin en Polonia, Trotsky decía que, por encima de la progresividad del cambio de las relaciones de producción en una parte del planeta, pesaba más el retraso que provocaba en la conciencia de las masas la acción de Stalin (Trotsky, 1971, pág. 166).

NOTAS CAPITULO I

Nota 1 Originariamente este texto correspondía al capítulo 6 de Un documento escandaloso, un trabajo de crítica a los documentos de la mayoría del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, preparatorios del décimo Congreso mundial que se realizó en febrero de 1974.

Nota 2 Carta de Marx a Ruge de setiembre de 1843; ver Marx, 1987, págs. 458-9.

Nota 3 Engels, La guerra campesina en Alemania, citado por Lenin, 1969.

Nota 4 Consciente de esta posibilidad, Engels escribía a Bebel, en carta del 18 de marzo de 1875, que "como regla general el programa oficial del partido es menos importante que lo que éste hace" (Marx y Engels, 1973, pág. 277).

Nota 5 Extraemos esta cita de "Conversaciones con Leon Trotsky" publicadas en El programa de transición, pág. 99 ediciones Crux La Paz, Bolivia, sin fecha de edición (esta falencia de la edición nos impide utilizar el modo de referencia empleado en esta edición).

Nota 6 Nota de 1995: si bien Trotsky nunca redujo la determinación de las consignas a la síntesis entre las necesidades inmediatas y la conciencia de las masas, sí incurrió en el error de concebir el avance de la conciencia de forma demasiado mecánica, a partir de la agitación de las consignas transicionales. Este problema no lo tenía presente cuando escribí esta crítica a N. Moreno en 1991. Espero tratarlo extensamente en un próximo trabajo.




CAPITULO II

MARXISMO Y DIALECTICA

Una concepción empirista del marxismo

El empirismo también impregna la concepción del marxismo de Moreno:

"La conciencia del partido revolucionario [esto es, el marxismo, ya que se trata de partidos trotskistas] no es más que la experiencia histórica del movimiento obrero y de masas" (Moreno, 1984, pág. 13).

Pero el marxismo es mucho más que una experiencia histórica del movimiento de masas. Como muy bien lo explica Lenin, el marxismo surge como una síntesis superadora de la economía política clásica, de la filosofía alemana y del socialismo utópico francés. Esto significa que el marxismo no es un mero resumen de experiencia del movimiento obrero, sino que se trata de una ciencia que parte de los logros más elevados del desarrollo del pensamiento burgués que lo precedió. Presentar al marxismo como sólo una síntesis de experiencia del movimiento obrero es vulgarizar desde la raíz la concepción del marxismo, es reducirlo a mera empiria, esto es, a una forma del pensamiento que ni siquiera llega a las formas más elevadas del pensamiento burgués (como es la filosofía especulativa que arranca con Spinoza y culmina con Hegel, o el pensamiento analítico de Ricardo). Es un hecho altamente significativo, y sobre el que deberían reflexionar los militantes del MAS, que la concepción del marxismo que Moreno plasma en el anterior pasaje es exactamente igual a la que presenta Stalin en Los fundamentos del leninismo:

"La teoría [se refiere a la teoría del partido obrero revolucionario] es la experiencia del movimiento obrero en todos los países, tomada en su aspecto general" (Stalin, 1975, pág. 22).

Los militantes del MAS, seguidores de Moreno, que se sientan molestos por esta coincidencia, deberían tratar de explicarla sin recurrir a subterfugios, y en base a la lógica de las posiciones desarrolladas. Estamos discutiendo un problema básico y hemos extraído la cita de Moreno del libro que se convirtió en texto fundacional del partido y la organización internacional. Pero además la mejor prueba de que no estamos frente a un descuido en el manejo de los conceptos la encontramos en los escritos de Moreno sobre lógica y marxismo, donde se llega a sostener que se puede llegar a las concepciones marxistas en forma espontánea e inconsciente. Es lo que pasamos a examinar.

 

"Marxismo" espontáneo

En 1973 Moreno escribió un trabajo sobre lógica (ver Moreno, 1981), originariamente concebido como prólogo para un libro de Novack sobre el tema (ver Novack 1975). Constituye su exposición más extensa sobre método y lógica.

Uno de los problemas que más marcadamente resaltan en este trabajo es la extensión por parte de Moreno del espontaneísmo al plano de toda la teoría marxista. Si el marxismo no es más que resúmen de experiencia, entonces será posible llegar a la teoría marxista desde cualquier campo de la práctica científica. Es lo que afirma Moreno, al referirse a la evolución de Piaget, a quien considera "el genio más grande del siglo junto con Trotsky" (sic), y a quien presenta como alguien que

"ha llegado a coincidir con el marxismo y la dialéctica, debido a que su base metodológica es, sin saberlo, marxista" (Moreno, 1981, págs. 11-2).

Es decir, según Moreno es posible poseer la base metodológica del marxismo (o sea la dialéctica materialista) inconscientemente, y además, por la sóla fuerza de tal método se podría llegar a "coincidir" con el marxismo (¿compartir su crítica de la sociedad capitalista?) y con ... el "método" (¡que ya se poseía "inconscientemente"!). Según Moreno, la base metodológica de Piaget, que lo lleva espontáneamente a coincidir con el marxismo, tiene dos grandes premisas:

"1) la explicación de todos los fenómenos, incluido el conocimiento, hay que buscarla esencialmente en la praxis o actividad considerada genética o históricamente como relación entre un todo organizado social e individual, el hombre, con el medio ambiente.

2) el hombre es la continuación, en un nuevo plano y en un cierto sentido, de la vida biológica..." (ídem pág. 12).

Examinemos estas dos premisas. Empezando por la segunda, vemos que se trata del postulado fundamental del materialismo. Pero a pesar de la importancia que el materialismo ha tenido en la conformación del marxismo1, por sí no basta para llevar a un científico a coincidir con el marxismo . Pero es en la primera premisa que volvemos a encontrar la glorificación y la absolutización de la práctica, ahora convertida en la clave de la explicación de todos los fenómenos. Es decir, para Moreno no se trata sólo de que es la vía infalible del avance asintótico de la conciencia de las masas, sino también el camino de acceso a la ciencia marxista y hasta la clave explicativa de todos los fenómenos sociales. A tanto llega la adoración de Moreno de la actividad que afirma que la explicación de la sociedad de Piaget es científica porque

"La sociedad se explica [en Piaget] por la actividad, ya que la multiplica al transformarla en una actividad coordinada exteriormente" (ídem pág. 15).

Cuesta creer que esto pueda tomarse por marxismo. Cualquier sociólogo burgués, partidario de la "acción social" podría suscribir esta proposición. Hoy es un lugar común en innumerables manuales de sociología o economía burguesa sostener que la sociedad es esencialmente un sistema basado en la interacción de los seres humanos. El propio Piaget no deja de repetir esta vulgaridad, a la par que afirma explícitamente su acuerdo con Parsons, el pope de la sociología burguesa norteamericana enseñada en los santuarios "científicos" del imperialismo. Y en un nivel más general, cualquiera que tenga algún conocimiento de la historia de la filosofía podrá encontrar contraejemplos que desmienten a Moreno. Tomemos el caso de Bergson (quien dicho sea de paso, ejerció alguna influencia en Piaget). Bergson sostenía que la teoría sólo podía alzarse de la práctica. Definía al hombre como "homo faber" y desde la primera página de su libro La evolución creadora anunciaba que "la capacidad de la inteligencia es un retoño de la capacidad de acción". ¿Llegó por ello Bergson al marxismo? No, todo lo contrario; Bergson quería fundar una filosofía práctica irracional que, según sus palabras, "abarcase la vida en su devenir" (lo cual también nos podía llevar a hablar de dialéctica espontánea; las consecuencias de andar buscando marxistas "espontáneos" todavía no han sido explotadas a fondo!!).

Pero además las explicaciones que da Piaget de fenómenos centrales de la sociedad contemporánea nos muestran que sus concepciones sobre la misma se asemejan como dos gotas de agua a la vulgata burguesa sobre el tema. Por ejemplo, Piaget define valor de intercambio (¡nada menos que la clave de El Capital para comprender la sociedad mercantil!) de acuerdo a la tradición metodológica del subjetivismo: el intercambio de dos bienes se convierte en "económico" si:

"...el intercambio ha sido calculado en forma intencional y el tiempo de conversación" [Piaget se está refiriendo al intercambio de ideas entre dos estudiantes] ha sido medido" (Piaget, 1975, pág. 176).

Y sobre las grandes crisis sociales y económicas explica:

"Las crisis son en definitiva, porque fracasan las regulaciones de detalle, pero al mismo tiempo marcan la restitución de equilibrios mediante reacciones compensatorias, o sea, mediante nuevas regulaciones" (ídem pág. 193).

Regulaciones, equilibrios, fracasos temporarios que son compensados para llegar a nuevos equilibrios... ¿qué economista educado en la tradición burguesa del equilibrio general no suscribiría la explicación de Piaget de las crisis? ¿Qué tiene todo esto de "coincidencia" con el marxismo? ¿Cómo se pueden mostrar estos resultados como prueba de la fuerza de un método que sería capaz de llevar a cualquiera "espontaneamente" al marxismo? Restablecer el estatuto de ciencia del marxismo exige acabar con este espontaneísmo que se ha introducido en el campo de la ciencia2.

 

Estructuralismo y funcionalismo en lugar de dialéctica

Además de servir de base para la absolutización de la práctica como método y de culto al espontaneísmo en la ciencia, la lectura "marxista" de Piaget por Moreno termina por deformar completamente la dialéctica en beneficio de concepciones burguesas, en particular el funcionalismo y el estructuralismo. Este es el resultado inevitable de querer "combinar" acríticamente la metodología de Piaget en bloque con el marxismo. El resultado de la operación se va a demostrar desastroso para el marxismo. Examinemos el tema con cierto detenimiento.

En los años sesenta el culto a las estructuras por parte de muchos científicos sociales constituyó una moda intelectual, principalmente en Francia. El tomar en cuenta el concepto de estructura tenía su correlato en el concepto hegeliano -y de la dialéctica marxista- de totalidad, y en este sentido encandiló a muchos marxistas, aun cuando estos rechazaban los extremos antihistóricos a los que llegó la escuela estructuralista. Estudiar las interrelaciones de los elementos que constituyen la estructura y la relación del todo con las partes constituía un paso adelante con respecto a otras concepciones sustancialistas, metafísicas, que habían dominado en la ciencia social burguesa. Pero aun así no tiene más que una relación superficial, exterior, con la dialéctica. Con toda la importancia que puede adquirir el tener un enfoque relacional en los estudios científicos (estudiar las relaciones entre elementos y el todo), esto aún no constituye la dialéctica, sino, a lo sumo, una parte subordinada de ella. Hegel explica muy bien este punto:

"La relación del todo y las partes, en cuanto es la relación inmediata, se acerca más al entendimiento reflexivo y por esto mismo éste se satisface con ella, cuando se trata, sin embargo, de relaciones más profundas" (Hegel, 1970, pág. 268; énfasis nuestro).

Para Hegel el entendimiento no capta el verdadero movimiento dialéctico, ya que mantiene aún las determinaciones en su fijeza y en su aislamiento. En cambio la razón dialéctica supera al entendimiento, estableciendo la conexión interna y la contradicción como principio de todo automovimiento. La verdadera relación está lejos de ser "la relación exterior y mecánica del todo y las partes" (Hegel), sino que:

"La verdadera relación consiste, por el contrario, en que el ser, como tal, no es un término fijo, ni el último, sino que más bien como dialéctico se cambia bruscamente en su contrario, el cual, igualmente considerado en su estado inmendiato, es la nada" (ídem, pág. 185; énfasis nuestro).

Esto quiere decir que la relación dialéctica, profunda, sustancial, no es del tipo de la que establecen dos elementos interactuando - por ejemplo, al estilo de dos equipos de rugby - previamente constituidos. Sino que se trata de una relación donde uno existe por el otro, es idéntico y a la vez opuesto al otro; se trata, en fin, de la contradicción, la verdadera "alma" de la dialéctica (como la llamaban Marx y Lenin), el principio de todo automovimiento. No es casual que todos los científicos influenciados de una u otra manera por el estructuralismo hayan rechazado precisamente este principio, el de la contradicción. Piaget no fue ajeno a la presión estructuralista, a pesar de las críticas que dirigió a muchos de los extremos de esta escuela. Como tampoco dejó de sentir la influencia de la corriente funcionalista burguesa -de ahí su elogio al método de Parsons-. Para Piaget una estructura es:

"...un sistema de transformaciones que implica sus leyes como totalidad... y leyes que aseguren su autorregulación" (Piaget, 1971, pág. 85).

Según Piaget toda estructura se puede formalizar. Esta formalización puede traducirse en ecuaciones lógico matemáticas, o representarse por medio de modelos cibernéticos. Piaget considera que las estructuras de tipo social -entre otras- corresponden al modelo cibernético. Estos modelos tienden hacia la autorregulación por medio de mecanismos internos de retroalimentación. En el plano social todo se reduce a la interacción del todo y las partes -estando los elementos subordinados al todo estructurado- y al estudio de los desequilibrios y restablecimiento de los equilibrios (ver Piaget, 1971, págs. 88 a 91). Piaget ha hecho un culto de este estructuralismo funcionalista, agregando -en contra de la escuela propiamente estructuralista- que las estructuras, lejos de ser ahistóricas, se construyen. Pero esta introducción de la historia, con todo lo importante que pueda ser, no garantiza que su concepción de la sociedad sea marxista, como sugiere Moreno.

Como es sencillo advertir, en la visión de Piaget de la sociedad como una totalidad "autorregulada", con sus "equilibrios y desequilibrios", no hay lugar para la contradicción dialéctica, para la lucha a muerte de los contrarios. No es casual que Piaget haya sostenido que las contradicciones no son una necesidad interna del pensamiento sino una mera expresión del desequilibrio. La noción fundamental de Piaget es la "compensación". Sostiene que desde el comienzo de la vida nuestras percepciones se dirigen hacia los aspectos positivos de la realidad, y esta preeminencia de afirmaciones debe compensarse con la construcción de negaciones. Con este marco conceptual las contradicciones desempeñan un papel de equilibración (ver R.Vuyk, 1984, págs. 177-8 volúmen 1). De esta manera ha desaparecido el aspecto más revolucionario de la dialéctica; la contradicción, el motor revolucionario del automovimiento, la lucha a muerte, ha sido reducida a tener el pacífico y burgués papel de "compensar los desequilibrios". Una vez más debemos preguntar: ¿cómo es posible que Moreno haya presentado esto como un método espontáneamente dialéctico, y además tan poderoso como para hacer coincidir inconscientemente con el marxismo a quien lo practicase?3.

 

La dialéctica en Moreno

Todo el método de Moreno está inficionado por las concepciones funcionalistas y estructuralistas que encontramos en Piaget. Es característico de este método la división analítica de cualquier fenómeno en sus "elementos", para luego ponerlos en interrelación, y explicar así el conjunto. Por ejemplo la sociedad se explica por medio de la interrelación de elementos que se combinan de diferentes formas. Así los estructuralistas marxistas considerarán a los modos de producción como combinaciones de elementos -fuerzas productivas, relaciones de producción-, las formaciones sociales como combinaciones de modos de producción, y los cambios sociales como productos de nuevas y diferentes combinaciones. Podemos decir que la ciencia social se reduce al estudio de una combinatoria de elementos dispuestos de diferentes formas y constituyendo diferentes totalidades. El siguiente pasaje del libro de Moreno sobre historia argentina pone en evidencia hasta qué punto el método de Moreno estuvo inficionado por el estructuralismo no dialéctico. Dice:

"Analizar la historia de un país determinado como parte de ese todo que es la economía y la política mundial es, entonces, la primera herramienta conceptual que utilizaremos para desentrañar los fenómenos que atañen a la Argentina. El segundo elemento a considerar en cualquier estudio histórico serio... es el desarrollo de las fuerzas productivas... El tercer elemento a considerar es el que se refiere a las relaciones de producción o relaciones entre las clases. Es indispensable entonces, que precisemos primero la existencia de las clases, qué relaciones se establecen entre ellas, el grado de explotación de unas por otras, quien o quienes detentan el poder político o cómo están subdivididos. ...con la combinación de estos tres elementos estamos en condiciones de definir las etapas históricas de cualquier país" (Moreno, 1975, pág. 7; énfasis nuestro4).

Este pasaje sigue fielmente la metodología de los marxistas estructuralistas. Aquí cada una de estos elementos -fuerzas productivas, relaciones, etc- se considera como una entidad que se combina externamente con la otra. Es lo que también encontramos en un estructuralista marxista como Godelier. En esta concepción las fuerzas productivas constituyen realidades completamente distintas e irreductibles a las relaciones de producción, y como tales pueden ser estudiadas con prescindencia de las segundas, como entidades aisladas. Es lo opuesto a la dialéctica desarrollada por Marx para quien fuerzas productivas y relaciones de producción son a la vez idénticas y opuestas porque tienen la relación de "contenido y forma". Por este motivo para Marx una fábrica es tanto una fuerza productiva como una relación de producción porque una fuerza productiva sólo existe bajo una determinada "forma social".

Moreno, en cambio, influido por el método estructuralista, nos presenta cada elemento como una entidad constituida "en sí". Pongamos un ejemplo, extraido del mismo libro. En él se nos presenta el saladero de la época de Rosas como una fuerza productiva, "establecimientos manufactureros que empleaban a varias decenas de trabajadores" (Moreno, 1975, págs. 20-1). Pero el saladero, además de ser una fuerza productiva existe bajo una "forma social", es una relación de producción. Esto se le escapa totalmente a Moreno. La descripción que nos hace de las divisiones del trabajo es puramente técnica. Las relaciones de producción de la época son tratadas en otro punto y están centradas casi exclusivamente en las divisiones de las clases dominantes. Es lo opuesto al método de El Capital, donde Marx al estudiar la manufactura parte de la base técnica de la misma, pero la liga estrechamente a los cambios sociales que se producen en las relaciones de producción dentro de la propia manufactura. La organización del trabajo es a la vez una relación técnica de producción y una relación social de producción. Esta identidad de opuestos escapa a la comprensión estructuralista5.

La explicación de todo fenómeno como una combinación de elementos también se manifiesta en la historia de la lógica que bosquejó Moreno:

"Así como al comienzo de la lógica y de las matemáticas éstas se combinaban con la observación para dar la lógica concreta aristotélica, la clasificación de los objetos y de los seres, hoy día es la nueva ciencia fomal lógica matemática la que debe combinarse con la lógica marxista (...) para darnos una lógica mucho más rica..." (Moreno, 1981, pág. 97; énfasis nuestro).

En este caso el afán de explicar todo como "combinación" de elementos le juega una mala pasada a Moreno, porque no tiene ningún sentido plantear que es posible combinar la lógica matemática y la marxista. En los estudios marxistas es posible, por supuesto, utilizar la matemática y formalizar, pero esto constituye un nivel distinto al empleo de la dialéctica6 . Este es el resultado de pretender "combinar" el marxismo con el estructuralismo.

 

 

Sobre la ley del desarrollo desigual y combinado

La interpretación de Moreno de la dialéctica está entonces "absorbida" por la preocupación de todos los estructuralistas funcionalistas: cómo surgen las estructuras concebidas como combinaciones de elementos y cómo se regulan y transforman. Para Moreno, basta que la explicación estructural incluya la génesis, para que la misma deje de ser formal (Moreno, 1981, pág. 47); y los grandes temas serán entonces (igual que en la concepción general de Piaget) las equilibraciones de las estructuras, sus diferenciaciones internas, transformaciones, y creaciones de nuevas estructuras. En base a esta preocupación Moreno sintetiza todo el problema de la dialéctica en la ley del desarrollo desigual y combinado. La esencia de la dialéctica la reduce al descubrimiento de esta ley, y así presenta a Trotsky y a Piaget casi coincidiendo en la concepción metodológica más general: Trotsky formulando claramente la ley del desarrollo desigual y combinado; Piaget, empujado por sus estudios sobre las estructuras del conocimiento y los procesos de acomodación y asimilación, hablando de los procesos de diferenciación e integración.

De esta manera, Piaget habría avanzado metodológicamente mucho más que Marx, porque éste no habría llegado a fomular con claridad la ley del desarrollo desigual y combinado. Al respecto Moreno rescata los escritos de Marx donde éste alude a la síntesis de diversos modos de producción, como su formulación más avanzada de la ley. Piaget habría planteado de hecho la ley, aunque sin reconocerla explícitamente. De ahí la afirmación de Moreno sobre el marxismo espontáneo de Piaget. La significación de la ley es destacada por Moreno en los siguientes términos:

"La ley del desarrollo desigual y combinado es la única que explica el surgimiento de una nueva estructura, además de los cambios dentro de ella, que ya habían sido explicados en cierta medida por el salto de cantidad en cualidad. Sólo la combinación de lo desigualmente desarrollado originará una nueva estructura" (Moreno, 1981, pág. 61).

En realidad la ley del desarrollo desigual y combinado da cuenta de la forma del desarrollo, pero no explica el motor del desarrollo, del cambio. Si se reduce el cambio a las diferentes estructuraciones y desestructuraciones de elementos desigualmente desarrollados, de nuevo debemos decir que toda la explicación científica se reduce a ver cómo se combinan, cómo se estructuran y/o desestructuran los diferentes elementos desigualmente desarrollados. Y se pierde de vista -debemos insistir en ello- que el "alma", la esencia del cambio es la lucha, la contradicción. No es casual que Moreno se detenga en los textos de Marx donde habla de la combinación y síntesis de modos de producción, y pase por alto ese verdadero ejemplo de pensamiento dialéctico que es el estudio de Marx del desarrollo de las contradicciones de la sociedad mercantil y capitalista. O que ponga por las nubes el método funcionalista estructuralista de Piaget, y no preste la mas mínima atención a la lectura de Hegel por Lenin.

El marxismo convertido en escolástica

Las consecuencias del reemplazo de la dialéctica marxista por el funcionalismo y por el estructuralismo se van a hacer sentir en la elaboración de las categorías sociales y políticas de Moreno. Si la esencia de las explicaciones científicas marxistas es ver cómo se combinan diferentes elementos para formar estructuras, la clasificación de estos elementos va a jugar un rol preponderante en toda la elaboración "teórica". De esta manera van a surgir en todos los libros una manía clasificatoria; tuvimos un anticipo en los pasajes que citamos anteriormente de los libros sobre historia argentina e historia de la lógica, pero este método va a alcanzar su mayor expresión en los textos de la última etapa de la vida de Moreno. Basta echar una mirada a libros como Las revoluciones del siglo XX o Conceptos políticos elementales para tener una idea de los extremos a los que llegó. En ellos toda la "teoría" termina reducida a la monótona clasificación de los fenómenos sociales: revoluciones, Estados, regímenes, situaciones políticas, etc. En todos ellos se tratan de descubrir elementos comunes y diferentes, combinados de distintas formas. El resultado es una escolástica estéril desde el punto de vista revolucionario, desprovista de vida, donde el pensamiento dialéctico vivo, la contradicción, ha desaparecido. Todo se reduce a "meter en el casillero correspondiente" la categoría social correspondiente. La manía por las clasificaciones es inherente a la lógica formal, ya que una definición siempre puede hacer las veces de una premisa para una investigación lógica.

Esta determinación escolástica de categorías juega un rol primordial en toda la argumentación política del MAS y de la LIT. Se trata de dar definiciones, y a partir de ellas establecer clasificaciones, para las cuales luego se aplicarán "recetas políticas". Por ejemplo, se establece escolásticamente una definición de situación revolucionaria, basada en una cita de Lenin: "los de arriba no pueden mantener la dominación, los de abajo ya no quieren seguir viviendo como antes". A partir de allí se buscan los elementos, en una determinada situación concreta, que demuestren, sí o no, si se cumplen los dos términos de la definición, esto es, si "los de arriba no pueden y los de abajo no quieren". Si se encuentran suficientes elementos, (que son más bien ejemplos), se "caracteriza" la situación como revolucionaria. ¿Qué tiene que ver esto con el método marxista? Nada, absolutamente nada que ver. Las definiciones como tales son de muy escaso valor científico. Nunca pueden captar toda la riqueza de la cosa bajo estudio. Y nunca pueden ser tomadas abstractamente, porque hay que ver los procesos concretos, sus desarrollos y contradicciones y el papel que juegan los elementos en ellos. Por ejemplo, Moreno clasifica todas las revoluciones en "conscientes" (también llamadas "de octubre") e "inconscientes" (o de "febrero"). Las primeras son las dirigidas por el partido bolchevique, marxista, las segundas las que tienen otra dirección. Este es un caso muy claro de aplicación de la escolástica a los fenómenos sociales. Es el método del "blanco" o "negro". Pero en la realidad viva de la lucha de clases existen los grises, los fenómenos intrínsecamente contradictorios, que no se dejan encasillar. Ya Lenin decía, refiriéndose a estas "clasificaciones" de los procesos conscientes e inconscientes, que eran pura metafísica, ya que lo consciente e inconsciente es relativo. Por ejemplo, la revolución rusa de febrero de 1917 es inconsciente en relación a la de octubre, pero es consciente en relación a cualquier otra revolución dada previamente en la historia7 . Con la "clasificación" metafísica de Moreno toda la riqueza de lo concreto, de lo particular, se pierde. No enseña a distinguir, lo que Trotsky consideraba la clave para orientarse correctamente en la política revolucionaria. Para que se vea con claridad los absurdos a los que se llega, de acuerdo con estas clasificaciones que nos da Moreno, la revolución de la Comuna de Paris (que no estuvo dirigida por marxistas) es "inconsciente", de "febrero", al mismo nivel que la revolución contra Marcos en Filipinas. ¡Cuando se llega a tales extremos deben revisarse muy seriamente las bases metodológicas que los posibilitaron! Y lo más grave de todo esto es que se acostumbra a la militancia a un pensamiento muerto, estéril, clasificatorio. Otro ejemplo es la "definición" que da Moreno de una revolución: ésta sería el surgimiento de lo nuevo con ruptura. Es una definición escolástica, abstracta, que trata de abarcar las revoluciones científicas como las sociales, y por lo tanto, inservible para analizar con ella los procesos históricos.

Podríamos dar más ejemplos del uso de estas clasificaciones en los trabajos de Moreno (entre ellos, las "clasificaciones" de las situaciones de la lucha de clases, donde aquí también se cae en divisiones "blanco" o "negro") pero basta reflexionar sobre los casos que hemos presentado.

Criticando esta metodología, Marx escribía

"No se trata aquí de definiciones, bajo las cuales pueden ser subsumidas las cosas. Se trata de determinadas funciones, las que pueden ser expresadas en determinadas categorías" (Marx,1977, pág. 228).

Por otra parte la escolástica de Moreno de las definiciones se une a la formulación de leyes "históricas" rígidas, antidialécticas. Por ejemplo, dice que es imposible el tránsito abrupto de un régimen bonapartista a uno democrático burgués sino es por medio de una revolución. Ya hace muchos años Marx criticaba a quienes querían convertir a su teoría de la historia en "una teoría histórico filosófica de la marcha general que el destino le impone a cada pueblo" (ver Marx y Engels, 1973, pág. 290).

Todo esto es lo opuesto al método marxista, a la elevación de lo abstracto a lo concreto, único camino para captar la formación de la cosa en su necesariedad dialéctica, en el proceso de despliegue de las tendencias contradictorias, en su unidad y lucha. Este método dialéctico no se puede entender si no se relaciona con la crítica a la idea del "concepto" que predominó en la filosofía prehegeliana. Todavía en Kant el concepto no es más que la representación de aquello que es común a muchos objetos, pero Hegel plantea una solución más profunda: no basta abstraer elementos comunes para combinarlos en una definición, dado que el verdadero concepto es aquél que expresa la ley del surgimiento, del desarrollo y desaparición de las cosas. A su vez esta ley por lo general no es evidente, hay que descubrirla detrás de la apariencia8 . Por este motivo Engels o Lenin advertían sobre la provisionalidad y la precariedad de toda definición, ya que nunca esta capta la inmensa riqueza de la cosa en su automovimiento y desarrollo. En cambio en el MAS y en la LIT se reemplazó el estudio del desarrollo de los fenómenos sociales por el mero registro de acontecimientos a los cuales luego se les da la correspondiente clasificación. Además de los libros citados puede leerse cualquier Correo Internacional (la revista teórica de la LIT), para comprobar lo que decimos. Grandes acontecimientos de la lucha de clases son incapaces de promover la menor reflexión teórica. Todo se limita a la crónica periodística de los acontecimientos -cuidadosamente registrados- y a su encasillamiento en las categorías dadas de una vez para siempre: "situación revolucionaria", "bonapartismo", "kerenskismo", etc. Esta escolástica se reduce a registrar hechos con el fin de clasificarlos en base a la importancia que se atribuye (de manera muchas veces arbitraria) a tal o cual característica. Veremos así cómo se clasificarán las revoluciones, separando antidialécticamente forma y contenido, o cómo se equipararán revoluciones de contenidos de clase totalmente distintos bajo las mismas determinaciones.

 

El método inductivo

Lo visto en el anterior punto se "combina" (usamos este verbo con todo el significado que discutimos más arriba, ya que en Moreno los diversos métodos de acceso al conocimiento coexisten y se superponen acríticamente) con la utilización del método inductivo para establecer las clasificaciones, las categorías y las llamadas "leyes sociales". Como se sabe, la inducción pretende generalizar teoría a partir de la observación de hechos particulares. Un ejemplo típico del método inductivo es el famoso caso de los cisnes: si se ven muchos cisnes blancos se puede deducir la "ley": todos los cisnes son blancos; si aparece un cisne negro, la ley se reformulará.

No vamos a discutir aquí todos los problemas que plantea la inducción (hoy es un tópico de innumerables trabajos sobre metodología de las ciencias). Bástenos decir que el método inductivo como tal no tiene ningún valor explicativo, ya que se limita a decir "todos" donde antes decía "muchos", pero Moreno emplea este método en el estudio de las revoluciones, y en general de los fenómenos sociales. Toda la revisión que Moreno hizo de las leyes de la revolución permanente se basó en una premisa metodológica: la necesidad de "generalizar teóricamente" (como escribió en los cursos partidarios) los hechos sucedidos en la posguerra. En particular, que partidos obreros marxistas no habían dirigido revoluciones como la china, yugoslava y cubana. El método consiste en "observar" muchos fenómenos, sacar sus características comunes, y formular una "ley" general. De la misma manera se establecen los diferentes "tipos" de regímenes, Estados, revoluciones, etc.

Esto es lo opuesto al método marxista y en general es lo opuesto a todo método científico. Marx no estudia el capitalismo sobre la base de "generalizar" los rasgos comunes de muchas sociedades capitalistas (que por otra parte no existían en su época), sino de entender la ley de desarrollo del caso más avanzado, Inglaterra. Y Engels, explicaba que las leyes de la termodinámica no se descubrían estudiando 1.000 máquinas a vapor, sino conociendo las leyes del funcionamiento de una. Lo mismo sucede con las revoluciones. Sus leyes no se reducen al estudio de "casos" para clasificar rasgos "comunes" y "específicos", a partir de los cuales se haría teoría, porque se trata de descubrir las leyes, las conexiones internas de los fenómenos que den cuenta tanto de lo general como de lo particular (lo general sólo se expresa a través de lo particular, e inversamente, éste no existe si no es por lo general). En definitiva estamos repitiendo lo que ya dijimos sobre el concepto. Para la dialéctica éste es el resultado de una construcción, de un desarrollo, que parte del concreto representado para elevarse a lo abstracto, a partir del cual se vuelve al concreto, pero esta vez pensado, reproducido por vía del pensamiento. Moreno señala este camino en su libro de lógica, pero lo deja coexistir, y lo combina con la metodología empirista, con el funcionalismo. Y cuando llega el momento del estudio de las leyes de la revolución permanente cae de lleno -como veremos luego con detalle- en el método inductivo.

Para la dialéctica marxista el conocimiento y la formulación de las leyes de la evolución no se logran con una mera generalización de rasgos comunes, agrupados bajo una definición. Por el contrario, se trata de explicar las leyes más profundas de la sociedad (y en este caso particular de la revolución) captando toda la riqueza de lo particular (y explicándolo). La mera definición y la inducción empírica nos llevan -hay que insistir en ello!- a la escolástica, no al marxismo.

Del empirismo al pragmatismo

El desarrollo del empirismo lleva a la reducción de la práctica a su dimensión utilitaria y a establecerla como criterio de validez de toda afirmación. Esta es la filosofía del pragmatismo: para el pragmático es válido todo aquello que proporcione éxito inmediato. En la política diaria del MAS vemos aparecer una y otra vez el argumento pragmático como razón última de las líneas políticas. Así escuchamos a los militantes del MAS justificar la alianza con el Partido Comunista no por razones estratégicas o programáticas de algún peso, sino por la muy prosaica razón de que "permitió obtener un diputado". De la misma manera se mide la corrección de una línea política por los éxitos cuantitativos del crecimiento partidario (número de periódicos vendidos, de concurrentes a un acto, etc.).

Detrás de estas concepciones algunas veces se deslizaron referencias a la famosa Tesis 2 sobre Feuerbach de Marx, que habla del criterio de la práctica como criterio de verdad9 . Pero en realidad esta tesis se transforma, bajo la interpretación pragmática, en algo muy distinto: pasa de ser criterio de verdad a ser criterio de validez, lo que es muy distinto10 . O sea, una teoría debe poder ser aplicada en la práctica, y una explicación teórica debe poder reconstruir mentalmente un movimiento real. Pero esto no debe leerse como que el éxito constituye la verdad de una teoría11 .

Es difícil exagerar la importancia de este punto. Todas las corrientes oportunistas del movimiento obrero tuvieron como justificación última de sus políticas -agotados los argumentos teóricos- el recurso a "los resultados prácticos, inmediatos". Es fácil advertir la conexión de esta concepción con todo lo visto anteriormente.

NOTAS CAPITULO II

Nota 1 Por otro lado no estamos tan seguros de que Piaget no haya dejado deslizar un alto componente de idealismo en su sistema explicativo. Decimos esto porque nos parece por lo menos discutible la explicación de Piaget acerca de la causalidad. Según Piaget la relación de causalidad no se daría en la realidad objetiva; por el contrario, la explicación causal se debería a que el sujeto atribuye sus estructuras a los objetos. Sospechamos que se trata de una explicación de tipo kantiano, aunque en este caso las estructuras mentales no sean innatas sino construidas. Creemos que es un punto que merece discutirse.

Nota 2 La crítica que hacemos aquí a las concepciones sociológicas de Piaget (y las que señalamos luego sobre sus concepciones acerca de la dialéctica y la contradicción), de ninguna manera pretenden cuestionar o minusvalorar los aportes científicos en su campo específico, la psicología y la epistemología genéticas. En este sentido seguimos el consejo de Lenin, cuando criticó a Mach, eminente físico, que pretendió generalizar abusivamente conclusiones extraidas de su campo de estudio al plano filosófico general. Lenin nunca cuestionó los logros científicos de Mach, pero sí señaló la distancia que mediaba entre la filosofía y concepciones generales de Mach y el marxismo. Con respecto a Piaget, está fuera de toda duda que su concepción del conocimiento como producto de las acciones y como una construcción progresiva, así como su crítica al empirismo y al innatismo, son grandes aportes al avance de la epistemología. Además los innumerables campos que ha abierto, muchos de ellos por resolver, como la relación entre la lógica natural y la formal, la profundización en las relaciones de causalidad, etc., son aportes fecundos que deberín ser profundizados por futuros estudios. Pero todo esto no autoriza para considerar a Piaget como marxista (también Goldman y R. García han considerado las teorías de Piaget coincidentes con el marxismo). Esta clarificación es muy necesaria en la LIT, donde viejos militantes consideran el método de Piaget como una especie de lógica marxista de "alto nivel".

Nota 3 Digamos de paso que Piaget no tuvo una actitud abiertamente hostil hacia el marxismo. Pero no es casual que, en su eclecticismo que rescata a Parsons, Keynes, Marshall o Durkheim, también haya dejado un lugar para la rama del marxismo... estructuralista! Efectivamente, Piaget reivindica (ver Piaget, 1971) a la escuela althusseriana, en la que encontramos a destacados representantes que han hecho grandes esfuerzos por expurgar a la contradicción del marxismo para acomodarlo al estructuralismo. Al respecto, digamos también que la confusión que introduce Moreno llega al máximo, ya que mientras Piaget reivindica el marxismo althusseriano, Moreno critica a Althusser, y sostiene que Piaget es marxista espontáneo.

Nota 4 Agradezco a J. Poliansky, quien en una comunicación personal me ha llamado la atención sobre los problemas metodológicos de este pasaje.

Nota 5 No es casual que otro partidario de las explicaciones de los modos de producción a partir de la combinación de elementos y estructuras, Godelier, haya criticado en la dialéctica hegeliana precisamente la identidad de los contrarios. Y que en general los marxistas estructuralistas relegaron a la contradicción a un plano secundario (Balibar); ver Godelier y Seve, 1973; Althusser y Balibar, 1983.

Nota 6 También debo a J.Poliansky esta observación.

Nota 7 Trotsky destaca este aspecto del febrero ruso cuando explica quién dirigió esa revolución. No es casual que febrero del 17 haya dado los soviets. Ver Trotsky, 1985.

Nota 8 Además de Hegel, 1968; ver Ilienkov, 1982 y 1984.

Nota 9 La tesis dice:

El problema de si se puede atribuir al pensamiento humano una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica es un problema puramente escolástico (Marx, 1984, pág. 10).

Nota 10 Tomamos esta idea de Sánchez Vázquez, 1980; ver particularmente su crítica al pragmatismo, pág. 270 y siguientes.

Nota 11 Es doloroso tener que explicar esto en referencia a posiciones que se reivindican del trotskismo. Fueron los partidarios de Stalin los que pretendieron descalificar a los trotskistas con el argumento de "son pocos" y "no dirigieron revoluciones".




CAPITULO III

LAS CATEGORIAS DEL ANALISIS

La crisis económica "sin salida"

Posiblemente lo que más llame la atención de la militancia obrera y de izquierda en general cuando se acercan al MAS y a la LIT son sus análisis catastrofistas sobre la situación política, del país y del mundo. Por ejemplo, la caracterización de que desde hace ocho años la situación del país es revolucionaria, o que en 1982 hubo una revolución en Argentina.

Una idea clave que sustenta estos análisis es que existe una crisis económica crónica y sin salida. En el Manifiesto de la LIT (1985) (documento fundamental elaborado por Moreno), leemos

"Una crisis económica sin salida" [subtítulo de un punto].

"La crisis económica se ha hecho crónica, permanente, y sus efectos son y serán cada vez peores" (pág. 15).

La tesis de que el capitalismo había entrado en un estancamiento permanente y que la crisis era crónica fue muy difundida en los años treinta entre una serie de economistas burgueses (por ejemplo Hansen), y también por el stalinismo (Varga, el economista "oficial" de la Tercera Internacional). Pero en realidad, y a pesar de su apariencia "revolucionaria", esta caracterización de la dinámica de la crisis económica está alejada del marxismo. El propio Marx en El Capital califica a tal concepción, que espera un fin casi automático del capitalismo, de "burguesa" y "ricardiana". Si los explotados no dan una salida revolucionaria a la crisis, el capitalismo acabará por encontrar el camino de salida. Las reestructuraciones y desvalorizaciones masivas de capital, la caída de los salarios, el aumento de la explotación, permiten en definitiva recuperar la rentabilidad del capital y reiniciar el ciclo de acumulación capitalista. Aun en lo más profundo de la crisis del treinta, y cuando el pesimismo sobre el futuro del capitalismo había invadido a los propios medios burgueses, Trotsky alertaba que si las masas no encontraban salida revolucionario, el capitalismo encontraría salida a la crisis económica. Lo mismo decía Lenin a los ultraizquierdistas en los primeros años de la Tercera Internacional : "no hay crisis económica sin salida"1. La historia económica del capitalismo contemporáneo confirma plenamente esta afirmación.

 

 

Luchas siempre en ascenso

Ahora es relativamente sencillo unir los dos conceptos de Moreno: las luchas de las masas provocan niveles de conciencia siempre crecientes; y la crisis es permanente. El resultado será entonces luchas siempre en ascenso, en Argentina y a nivel mundial. La crisis económica sin salida empujaría a las masas a la lucha sin cesar. Y los avances de la conciencia provocados por esas luchas profundizarían cada vez más las luchas y éstas la crisis económica, que a su vez reactuaría sobre las luchas, generándose una espiral imparable. Los documentos de la LIT y del MAS reconocen que hay traiciones de las direcciones reformistas, pero estas traiciones no detienen la marcha general de todo el movimiento de explotados. A veces se constatan pequeños retrocesos, pero son considerados parciales, y rápidamente superables por el torrente revolucionario.

Esto se expresa muy claramente en el Manifiesto..., donde a pesar de que se alerta sobre los peligros de las políticas de pactos y acuerdos de las direcciones burocráticas o pequeño burguesas de las masas, se sostiene que:

"La revolución no da treguas ni acata pactos" [subtítulo]

y se dice que, a pesar de los peligros que ocasionan, la tendencia efectiva está marcada por las masas derribando estos pactos "como castillos de naipes" (sic) con sus "furiosas arremetidas". Si la revolución "no da treguas", estamos de hecho ante una insurrección general, y de ahí que el Manifiesto... comience con un capítulo titulado "Una insurreción de masas conmueve al mundo". En esta línea de análisis la LIT llegó a sostener que hasta la invasión de los Estados Unidos a Panamá fue un avance de la revolución mundial.

Estos análisis se sustentan siempre en una larga enumeración de luchas obreras y de explotados del mundo, sin analizarse, por otro lado, los retrocesos en la conciencia, las contradicciones, las derrotas. Para dar un ejemplo típico de lo que decimos, pueden estudiarse los actuales análisis de la dirección del MAS: se registran cuidadosamente todas las luchas existentes, pero no se han pesado los efectos de cómo los trabajadores registran la caída de los países del Este como un fracaso del socialismo.

Evolucionismo lineal

Una de las manifestaciones más claras de la ruptura con la dialéctica es el reemplazo de la concepción del desarrollo basada en la contradicción por una visión lineal y evolutiva del mismo. Ya tuvimos oportunidad de hacer referencia a esto cuando hablamos del avance "asintótico" de la conciencia de las masas, según Moreno. Pero lo mismo se aplica a la visión general del desarrollo histórico de los últimos 60 o 70 años.

La ruptura con la dialéctica lleva, invariablemente, a concepciones evolutivas, reformistas, de los fenómenos sociales. Por ejemplo, los líderes de la Segunda Internacional desarrollaron una visión lineal del progreso del proletariado, partiendo de la premisa de que era imposible volver de las conquistas realizadas por el proletariado, y que por delante sólo quedaba seguir avanzando sobre esa base. El Manifiesto de la LIT expone la misma visión a nivel mundial. En la página 25 podemos leer la enumeración de las conquistas "ya" logradas:

a) "ya" se han liberado del yugo político todas las colonias,

b) "ya" se liquidaron casi todas las dictaduras,

c) "ya" se independizaron del imperialismo Irán y Nicaragua,

d) "ya" se liberaron del capitalismo dieciseis países.

Y lo que queda entonces es "Sigamos adelante!" (sic)

Hoy sabemos que estos "ya logramos" se han venido abajo en casi todos lados. Una vez más ese juez inapelable, la historia, ha dado un rotundo mentís a las visiones no dialécticas del desarrollo. Señalemos también que en esta visión de las conquistas del Manifiesto... se encierra una tácita admiración por la obra de las burocracias que "liberaron" países del capitalismo, o por las direcciones burguesas o pequeño burguesas que "independizaron" a otros del imperialismo, porque se parte de la premisa de que son conquistas "ya logradas", a partir de las cuales no hay más que avanzar.

 

Revoluciones sin que las masas lo sepan

El objetivismo lo lleva a Moreno a sostener que pueden existir revoluciones sin que los trabajadores y el pueblo sepan que han hecho una revolución. Así afirma que en 1982, en Argentina, hubo una revolución que habría derribado a la dictadura, sin que ningún obrero o campesino, estudiante o intelectual, argentino o extranjero, se diese cuenta, excepto... Moreno. Para demostrar la existencia de una revolución tan esotérica, Moreno recurre a una "petición de prinicipio": Afirma que existió un cambio total en el régimen político, luego establece el axioma (que desmienten tanto las experiencias históricas como la teoría) de que ese surgimiento de un régimen "diametralmente opuesto al anterior" es imposible sin una revolución, por lo tanto.... hubo una revolución2 (Moreno, 1984, págs. 18-9) .

Tratando de generalizar este tipo de explicaciones, Moreno afirmó que una revolución es el surgimiento de algo totalmente nuevo que "liquida" lo anterior (Moreno, 1984, pág. 14). Con esta definición se despoja a la idea de revolución (como movimiento social y político) del significado que adquirió en el curso de la historia y que hace referencia al carácter de levantamiento de las masas, del pueblo, de los explotados, contra el régimen o el gobierno existente3. Como se ha señalado algunas veces, históricamente la conciencia de "hacer una revolución", de "cambiar la historia con la propia acción" es un sentimiento que se desarrolla a partir de la revolución francesa (ni siquiera la revolución norteamericana habría visto ese fenómeno). De ahí viene la aureola popular que las revoluciones han adquirido a los ojos de los pueblos, y el hecho de que no pasen desapercibidas como tales para el simple obrero o campesino. Cualquier trabajador iraní o cualquier campesino nicaragüense sabe que hubieron sendas revoluciones contra sus dictaduras; pero en Argentina nadie, ningún obrero, ningún militante, notó que en 1982 hubiese habido una revolución. En la concepción de Moreno la revolución, en lugar de ser el acto supremo de las masas, pasa a ser algo esotérico, sólo descubrible con la lupa de un análisis que debió cambiar, para ello, las categorías más básicas del análisis histórico. Nunca se enfatizará lo suficiente el rasgo característico de una revolución, la intervención activa, que desborda los límites legales establecidos por el régimen establecido, por parte de las masas. Este es un concepto vivo, dialéctico, muy alejado de la fría escolástica de la "definición" de revolución que nos brinda Moreno, y que pretende tener un carácter supra histórico, pero termina cayendo en la abstracción vacía. Por ello no podemos resistir la tentación de contraponer a esta tesis de Moreno este pasaje que extraemos del prefacio de la Historia de la revolución rusa de Trotsky:

"El rasgo más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas en este oficio: monarcas, ministros, burócratas, parlamentarios, periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean el punto de partida para el nuevo régimen" (Trotsky, 1985, pág. 25).

Trotsky mantuvo esta concepción en textos tan distantes cronológicamente como 1905 Resultados y Perspectivas o La Revolución Permanente, en los que habla de la revolución como de "la lucha de las masas por el poder"4. Puede verse así el abismo que separa esta visión de Trotsky de la revolución de la que presenta Moreno. Claro que si Moreno hubiese adoptado esta posición nunca podría haber llamado a los acontecimientos de 1982 en Argentina una revolución. Al respecto es interesante detenerse aún un momento para examinar el método de argumentación de Moreno y del MAS. Ya dijimos que caracterizan a una revolución como el surgimiento de lo nuevo con ruptura. Aplicado a la Argentina, lo "nuevo" sería la democracia burguesa instaurada en 1983, mientras que la "ruptura" sería la crisis gubernamental que se produjo luego de la renuncia de Galtieri y antes de la asunción de Bignone. A los efectos de presentar este proceso como una revolución, Moreno se ve obligado a:

a) suplir la falta de acción directa de las masas argentinas en 1982 -en ningún momento el movimiento de masas desbordó el marco burgués establecido- con el descontento generalizado de la población que sí existía contra la dictadura. Con lo que se rebaja el papel activo de las masas en una revolución a una simple manifestación de bronca contra el régimen establecido, canalizable además por la burguesía.

b) mientras Trotsky -consecuente con toda su concepción- habla de que durante la revolución es el Estado el que pierde el control de la situación, para Moreno bastó que durante tres días el gobierno se mantuviera prácticamente acéfalo para declarar que había ocurrido una revolución. El estudio de la situación de aquellos días demuestra que, a pesar del descontento generalizado de la población -que incluía a la burguesía de conjunto- la historia siguió a cargo, y fue decidida, por los "especialistas en este oficio" de que habla Trotsky: burócratas, políticos burgueses, ministros, etc.

La discusión histórica sobre la situación revolucionaria

Así como Moreno parte de una definición de revolución en la que desaparece la actividad de las masas, también presenta una "definición" de situación revolucionaria donde la actividad independiente del movimiento está completamente diluída. La categoría de situación revolucionaria en el análisis político del marxismo juega el importante rol de marcar una coyuntura política y social en que la agudización de la lucha de clases plantea la inminencia de la revolución y la posibilidad de la toma del poder. Es inherente a la misma, entonces, la idea de ser una coyuntura relativamente breve porque se está hablando de un grado muy alto de tensión social. Pensamos que es muy importante en este punto clarificar sobre la tradición teórica del marxismo, de la que Moreno dio una interpretación muy particular.

La categoría de situación revolucionaria fue planteada por Lenin en 1915, refiriéndose a una situación en que las masas comienzan a romper con sus viejas direcciones reformistas, e inician "acciones históricas independientes". Sintetizó esta situación con la conocida fórmula de "los de abajo no quieren seguir como antes, y los de arriba no pueden dominar como antes". Luego Trotsky retomó esta categoría de análisis en sus polémicas con el stalinismo. En los años veinte la discusión sobre la existencia o no de situaciones revolucionarias adquirió un particular relieve en el movimiento comunista. El tercer Congreso de la Internacional, realizado en vida de Lenin, fue una verdadera escuela de estrategia revolucionaria. Como diría años más tarde Trotsky, este Congreso "enseñó a distinguir" los períodos de flujo y de reflujo del movimiento, una situación revolucionaria de una no revolucionaria, como base para dotarse de una política marxista. Pero posteriormente el quinto Congreso de la Internacional Comunista, realizado ya bajo la orientación de la burocracia stalinista, hizo exactamente lo opuesto. Como también explicó Trotsky,

sustituyó el análisis de los acontecimientos por una fórmula de agitación: "la clase obrera se radicaliza, la situación es cada vez más revolucionaria" (Trotsky, 1974, pág. 39).

En el mismo texto enfatizó que era necesario realizar una análisis concreto de la situación de la clase obrera y del conjunto de las clases sociales; en especial, debían distinguirse con sumo cuidado las fases por las que atravesaba la clase obrera, y las expresiones políticas de las mismas. Trotsky tenía presente que una situación revolucionaria es una coyuntura en la que las masas rompen los marcos de la legalidad burguesa, desbordan a sus direcciones y emprenden las acciones históricas independientes de las que hablaba Lenin. Años después sintetizaba esta idea diciendo:

"A partir de un momento determinado los trabajadores "dislocan" el marco de la ley o lo echan abajo, o simplemente lo desprecian en su totalidad. Precisamente en eso consiste la transición a una situación puramente revolucionaria" (Trotsky, 1980, págs. 59-60; énfasis nuestro. Nótese que es el mismo concepto de Lenin: se enfatiza en las acciones independientes de las masas).

Por esta razón, y criticando los análisis del quinto Congreso de la I.C., Trotsky decía que era imposible que hubiese una situación revolucionaria sin que se expresase, entre otras cosas, en el rompimiento de los obreros con los partidos reformistas y en su pase al marxismo revolucionario. Y agregaba:

"El que repite de año en año: "las masas se radicalizan, la situación es revolucionaria", no es un dirigente bolchevique, sino un agitador locuaz, y es seguro que no reconocerá la revolución cuando ésta se aproxime realmente" (Trotsky, 1974, pág. 41).

Actualmente el MAS y la LIT repiten, "año tras año", que la situación revolucionaria "se profundiza". Para sostener su posición Moreno ha dejado de lado los análisis de Trotsky y ha tratado de oponerles los de Lenin, que supuestamente harían más hincapié en "lo objetivo" de la situación revolucionaria. Es decir, según Moreno, el concepto de situación revolucionaria de Trotsky habría enfatizado en demasía los aspectos conscientes del ascenso revolucionario. Sin embargo, también Lenin sostuvo que un índice indudable de la radicalización de las masas desde 1915 fue el rompimiento de los obreros con las direcciones socialpatriotas de la Segunda Internacional5. Y al hablar de las acciones históricas independientes de las masas, Lenin también subrayaba la actividad por encima de las direcciones reformistas de las masas, que indudablemente está ligada a factores de la conciencia.

Moreno argumentó que hay que reconocer la existencia de situaciones revolucionarias por fuera de la conducción de un partido comunista revolucionario. Esto es cierto, hay situaciones revolucionarias sin conducción de un partido comunista revolucionario, y Trotsky se refirió repetidas veces a tales coyunturas. Pero de todas maneras siempre queda en pie que una situación revolucionaria se caracteriza por el hecho de que las masas movilizadas rompen con los canales "normales" de la legalidad, y con las direcciones que las quieren mantener dentro de estos marcos legales. O para decirlo en el bello lenguaje que emplea en su Historia de la revolución rusa, es el período en que se "engendra ese movimiento exaltado de las ideas y de las pasiones", en que se produce el "desplazamiento de unos partidos por otros cada vez más extremos", en que "hay una presión creciente de las masas hacia la izquierda", en fin, en que las masas "escriben la historia" con sus acciones (ver prólogo de Trotsky, 1985). Por eso, también diría que en Francia, en 1936, las masas obreras abrían una situación revolucionaria con las ocupaciones de fábrica, con su acción independiente, a pesar de que no existía un partido revolucionario.

¿Situación revolucionaria y vías democráticas?

Los análisis de Moreno sobre las situaciones revolucionarias a nivel mundial en constante profundización son, por otra parte, contradictorios con las vías electorales y el desarrollo de las tendencias semi pacifistas y conciliadoras de amplios sectores del movimiento de masas. De nuevo encontramos una profunda divergencia entre lo que sostienen la LIT y el MAS y todo lo que enseña la historia de la lucha de clases y el marxismo revolucionario. Ya hace muchos años Trotsky decía que la profundización de la revolución no podía darse por vías de la democracia burguesa:

"Ningún período de la historia humana ha estado tan sobrecargado de antagonismos como el nuestro. Cada vez son más los puntos al rojo vivo en la red de alta potencia de Europa. Bajo el impacto de las contradicciones de clase e internacionales, los interruptores de la democracia se funden o explotan. Este es el significado esencial del cortocicuito de la dictadura" (Trotsky, 1975, pág. 54).

El MAS no se cansa de repetir que desde 1982 la Argentina vive una situación revolucionaria. Pero ¿cómo encaja esta caracterización con la renovación periódica de elecciones? ¿Habría posibilidades de que una situación revolucionaria se profundizara constantemente, esto es, que las masas rompiesen los marcos de la legalidad burguesa, y además en forma cada vez más decidida, y al mismo tiempo con regularidad periódica se renovasen los actos eleccionarios? Es evidente que esto es imposible. Ante el desborde de las masas de la legalidad burguesa, los mecanismos democráticos se agotan, y aparecen las alas "kornilovistas" (golpistas) y kerenskistas (frente populares) de la burguesía para frenar el ascenso. Por otra parte, si se piensa un momento en la situación de la burguesía argentina, se comprobará que hubo un acuerdo muy profundo en mantener la unidad en torno al régimen democrático burgués desde 1983. Y además hay que evaluar sin recurrir a subterfugios ni a frases consoladoras las tendencias legalistas y pacifistas, que han sido muy fuertes durante estos años en la mayoría del proletariado.

Más en general, la caracterización del Manifiesto de la LIT de la existencia de una situación revolucionaria a nivel mundial es también equivocada. El proletariado de los grandes países industriales no ha entrado en movimiento desde hace varios años y éste es un factor esencial en la situación mundial. No puede ser marginado, no puede ser "tapado" hablando de movilizaciones en países del llamado "tercer mundo". Si se habla de situación revolucionaria a nivel mundial se está haciendo una caracterización tan general que pasa por alto este elemento esencial.

Pero además, y como lo explicaba Trotsky, hablar de situación revolucionaria "mundial" y en constante profundización se convierte en "una expresión tan general que no es más que una frase hueca" (Trotsky, 1974). De lo que se trata es de hacer análisis concretos. Estos no se pueden limitar a "contar" movilizaciones -como lo hace Correo Internacional- sino que se trata de analizar las contradicciones, de ver el desarrollo de la conciencia de las masas, de analizar cómo golpean los acontecimientos de la lucha de clases mundial. Por ejemplo, en estos momentos debemos discutir la incidencia que tiene la caída de los países del Este y la identificación del stalinismo con el socialismo en la conciencia de las masas, para explicar el reforzamiento de las corrientes socialdemócratas y/o burguesas.

Por este motivo Lenin y Trotsky, más que interesarse por "definiciones" tan generales y abarcadoras, buscaban caracterizar con precisión los eslabones débiles, las coyunturas revolucionarias concretas, lo que Trotsky llamaba "la clave de la situación" del proletariado mundial en una situación concreta. Digamos por último que sostener que existe una "insurreción de masas" en el mundo, y al mismo tiempo decir que la política del imperialismo, la iglesia, la socialdemocracia, el stalinismo, las buguesías nacionales, la pequeño burguesía, etc (el llamado "frente contrarrevolucionario mundial") es de democracia burguesa y pacifismo es repetir la contradicción de la que hablábamos al referirnos al caso argentino, pero a escala planetaria y agravada, ya que se trata ahora de una "insurrección". Una insurrección de masas nunca puede ser enfrentada con los métodos de la democracia burguesa y el pacifismo, precisamente porque se trata de un acto de guerra, de lucha abierta por el poder. Una insurrección de masas es enfrentada siempre con los métodos de la guerra civil, de la dictadura abierta. Pensar lo contrario es alentar ilusiones pacifistas muy peligrosas.

 

 

¿Vacíos de dirección?

Lo anterior se complementa con otra idea que refuerza el peso de "lo objetivo": habría "vacíos de dirección" en el movimiento de masas. Según el Manifiesto... habría dos grandes frentes antagónicos, uno el de la revolución, donde las masas luchan con direcciones espontáneas, y otro el de la contrarrevolución que abarcaría todas las direcciones políticas del mundo, desde el gobierno norteamericano a los sandinistas o Castro, pasando por todo el imperialismo, las burocracias, las iglesias, las burguesías, etc. Todas estas direcciones traicionan a las masas; las masas, que no dan tregua en su ascenso revolucionario, prueban una tras otra a estas direcciones, volcándose cada vez más a la izquierda y haciendo la experiencia con todas las direcciones que traicionan, a las que desechan. De esta manera se crean vacíos de dirección:

La crisis de las viejas direcciones deja un vacío enorme. Millones de explotados que luchan buscan en todas las direcciones cómo organizarse y detrás de qué programa marchar; y no encuentran nada" (Documento 3 pág. 31, énfasis nuestro).

"El vacío de dirección sigue existiendo... Pero es llenado, parcial y transitoriamente, por esas nuevas direcciones de los nuevos procesos revolucionarios. Sin embargo, la crisis de dirección no se soluciona. Rápidamente esas nuevas direcciones defeccionan, los luchadores revolucionarios se apartan de ellas y nuevamente se produce el vacío de dirección" (ídem).

Este esquema se aplicó, naturalmente, a la Argentina (este país está considerado uno de los puntos más altos de la revolución mundial, sino el más alto). El Tercer Congreso del MAS votó la caracterización de que el partido estaba sólo con los trabajadores que luchaban, que todas las direcciones burocráticas, del partido Comunista, de la pequeña burguesía, ya estaban del lado contrarrevolucionario y que lo único que debía hacer el partido era "empalmar" con un proceso que "objetivamente" iba hacia la izquierda. La prueba de la lucha de clases ha desmentido tozudamente estos análisis enfebrecidos.

Pero además es asombroso que el Manifiesto de la LIT no haya destacado el rol nefasto que ha tenido el stalinismo en las luchas obreras de los últimos sesenta años. Alguna vez Lenin sostuvo que el peor enemigo del movimiento obrero era la socialdemocracia que había pasado del lado del imperialismo; lo era porque dirigía a amplios sectores del movimiento obrero, y por lo tanto se convertía en el enemigo más peligroso. El papel de los marxistas revolucionarios era desenmascarar este papel ante el movimiento obrero. En los últimos sesenta años ese rol pasó a ser cumplido centralmente por el stalinismo. Su influencia fue doble: por un lado, por la dirección directa que ha ejercido sobre los trabajadores con su política de frente popular y revolución por etapas. En segundo lugar, por el peso que ejerció sobre la conciencia de las masas del mundo el modelo stalinista de Estados obreros burocratizados. La lucha contra estas influencias es por lo tanto más urgente que nunca, dado que las políticas del frente popular provocaron grandes derrotas (ver Nicaragua, sólo la más reciente), y a ello se suma hoy el fracaso de los países del Este que es identificado por los pueblos como el fracaso del socialismo.

Hablar de un "frente contrarrevolucionario" presenta, por lo tanto, numerosos problemas. El primero es que minusvalora el peligro de las direcciones oportunistas en el seno del movimiento de masas. El rol del imperialismo está claro para los explotados, no así el de las direcciones reformistas, y el objetivo central de los marxistas revolucionarios en el movimiento de masas no es denunciar "en general" a los enemigos, sino desenmascarar el papel pérfido, traidor, del oportunismo en el movimiento. En segundo lugar hablar de un "frente" contrarrevolucionario minusvalora las contradicciones objetivas que se dan entre todas estas fuerzas. La idea de "frente" lleva a la visión de una organización con dirección y programa, lo que es falso cuando nos referimos, por ejemplo, a las relaciones entre las direcciones oportunistas obreras, o las direcciones nacionalistas pequeño burguesas y el imperialismo. Observemos, por ejemplo, que el Manifiesto de la LIT dijo que los sandinistas integraban este frente con el imperialismo en el mismo momento en que enfrentaban el minado de puertos y la guerrilla "contra". Si se trataba de denunciar la política pro-capitalista, o negociadora de los sandinistas, se lo podía hacer perfectamente sin necesidad de recurrir a la idea falsa de que existe un "frente" entre imperialistas y sandinistas.

Es necesario distinguir entre el imperialismo y el oportunismo, no por un mero purismo sociológico, sino por importantes razones políticas. No es la misma la forma de actuar de los oportunistas dentro del movimiento de masas y del imperialismo, y esta distinción es vital. Como decía Trotsky

"Los reformistas no son traidores porque siempre y con cada uno de sus actos cumplan las órdenes de la burguesía. Si así fuera no tendrían influencia en el movimiento obrero y, por consiguiente, la burguesía no los necesitaría.

Justamente a fin de contar con la autoridad necesaria para traicionar a los obreros en el momento decisivo, en el período preparatorio los oportunistas se ven obligados a dirigir luchas obreras, sobre todo en las primeras etapas de radicalización de las masas" (Trotsky, 1977, págs. 663-4).

Es evidente que a efectos de derrotar a los oportunistas en el seno del movimiento obrero la caracterización de que integran un frente con el imperialismo repite los errores ultraizquierdistas, ya cometidos por el stalinismo cuando consideraba que la socialdemocracia era "la otra cara" de la moneda del fascismo. En el camino hacia la conquista de la dirección del movimiento obrero y de masas el partido marxista deberá distinguir cuidadosamente las contradicciones entre las diferentes fuerzas, y deberá usar las tácticas del frente único, junto a la denuncia del papel del oportunismo en el movimiento obrero, a los efectos de desenmascarar su papel ante el movimiento de masas.

Por otra parte, y a un nivel más general, observemos que Moreno también en este punto ha dado un giro completo a las caracterizaciones del Programa de Transición. Mientras que en este último se caracteriza que el problema clave de la época es la lucha por superar la crisis de dirección, el Manifiesto de la LIT habla simplemente de vacío de dirección. No se trata de una diferencia semántica. Cuando hablamos de crisis de dirección revolucionaria estamos diciendo que hay una dura lucha contra las direcciones oportunistas en el seno del movimiento de masas. Cuando hablamos de vacío de dirección damos a entender que "estamos sólos", que "todo viene para nosotros", que es suficiente "empalmar" con "procesos objetivos" de las masas que supuestamente vienen sin direcciones. Es de nuevo un panorama falso del desarrollo de la lucha de clases. Aun en situaciones de falta casi completa de actividad política durante años, como sucedió en muchos países del Este, los "vacíos" fueron llenados rápidamente por direcciones reformistas o burguesas. Ello se debe a la existencia de ideologías y de falsas conciencias en el seno del movimiento de masas. Una vez más debemos recordar que las movilizaciones no se dan "en el aire" ni parten de cero.

Olvidar estas verdades elementales lleva a casarse con el oportunismo. Es lo que le sucedió al MAS luego del tercer Congreso. Casi inmediatamente después de haber votado las caracterizaciones ultraizquierdistas a las que hicimos referencia, el Congreso hizo una pirueta política y terminó aprobando el llamado a un frente oportunista con el partido Comunista,que daría como resultado la formación de Izquierda Unida. Los que gritaban contra cualquier tipo de acción común mínima con el stalinismo o el reformismo para movilizar, terminaron realizando un frente estratégico con el partido Comunista y representantes pequeño burgueses para... llegar al socialismo! Los militantes del MAS que hoy critican esta alianza con el stalinismo y al mismo tiempo reivindican los análisis del Manifiesto de la LIT y del tercer Congreso del MAS deberían tratar de explicarse por qué estos documentos no proveyeron las reservas teóricas y políticas necesarias para no realizar el frente con el stalinismo, a pesar de que denunciaban incansablemente al "frente contrarrevolucionario mundial". Es que una definición altisonante y vacua, que hace abstracción de las contradicciones y procesos reales es la invitación más fuerte para la posterior capitulación.

NOTAS CAPITULO III

Nota 1 Este punto debiera ser extendido y profundizado, en relación con la polémica que se dio en el trotskismo en la posguerra sobre el desarrollo o no desarrollo de las fuerzas productivas. Esperamos poder tratar el tema en un próximo trabajo.

Nota de 1995: Esta tesis estancacionista la critiqué en un documento titulado El desarrollo de las fuerzas productivas y el programa de transición en noviembre de 1991.

Nota 2 Para Moreno los cambios en el régimen político de Argentina o Bolivia se produjeron de manera abrupta, mediante un corte o "crisis", que el llama "revolucionaria". Y de allí deduce que por lo tanto existió una revolución, que califica de "democrática" (ver Moreno, 1984, págs. 17 a 20).

Nota 3 No es casual que Moreno prepare la discusión sobre las revoluciones refiriéndose a las revoluciones tecnológicas o científicas (surgimiento de algo completamente nuevo en relación a lo anterior). Cuando esta concepción de revolución se traslada al campo del análisis marxista de los movimiento sociales, se logra borrar la especificidad de las revoluciones como acciones de las masas; de allí a ver revoluciones y situaciones revolucionarias por todo el mundo, no hay más que un paso.

Nota 4 En 1905... Trotsky afirma que "la revolución es una prueba abierta entre las fuerzas sociales en lucha por el poder" (Trotsky, 1971 a, pág. 171). En el segundo libro citado, escribe que "...la revolución no es otra cosa que la lucha por el poder; una lucha política que las clases sostienen no con las manos vacías, sino por medio de instituciones políticas concretas" (Trotsky, 1973, pág. 92).

Nota 5 Hacemos referencia al siguiente pasaje:

"¿Estamos o no ante una situación revolucionaria? ...Los hechos económicos proporcionan una respuesta: el hambre y el frío originados en todas partes, por la guerra, entrañan una situación revolucionaria. También los hechos políticos proporcionan una respuesta: desde 1915 se observa en todos los países un claro proceso de división en los viejos y podridos partidos socialistas, un proceso por el cual las masas del proletariado se apartan de los dirigentes socialchovinistas y se inclinan a la izquierda, a las ideas y opiniones revolucionarias, a los dirigentes revolucionarios..." (Lenin, 1960 a, págs. 286-7).

Trotsky, por su parte, también señaló que una situación revolucionaria se manifestará en procesos de ruptura política de las masas con los reformistas:

"Para aproximarse a una situación revolucionaria "la radicalización" de las masas debe en todo caso atravesar previamente la fase en la cual los obreros vendrán de la socialdemocracia al partido comunista" (Trotsky, 1974, pág. 40).

 

 




CAPITULO IV

LA REVOLUCION PERMANENTE

Actualidad de una discusión

Al finalizar su libro La Revolucion Permanente, Leon Trotsky quiso sintetizar las ideas esenciales de su teoría, formulándolas en una serie de 14 Tesis. En la primera de ellas se refiere a la importancia de esta teoría:

"La teoría de la revolución permanente exige en la actualidad mayor atención por parte de todo marxista, puesto que el rumbo de la lucha de clases y de la lucha ideológica ha venido a desplazar de un modo completo y definitivo la cuestión, sacándola de la esfera de los recuerdos de antiguas divergencias entre los marxistas rusos para hacerla versar sobre el carácter, el nexo interno y los métodos de la revolución internacional en general" (Trotsky, 1973, pág. 167).

Estas palabras, escritas en 1929, no han perdido actualidad. El fracaso del "socialismo en un solo país", y las derrotas provocadas por la estrategia stalinista de la revolución por etapas, plantean con agudeza la discusión sobre "el carácter, el nexo interno y los métodos de la revolución internacional en general".

El trotskismo heredó esta teoría, con el Programa de Transición, y su plasmación organizativa, la Cuarta Internacional, fundada por Leon Trotsky. Hoy la Cuarta Internacional enfrenta una aguda crisis, varias de cuyas manifestaciones mencionamos en el Prólogo de este trabajo. No podemos hacer aquí la historia de este proceso de crisis, pero sí señalar la importancia que tuvo en esta debacle la interpretación y la política que los trotskistas se dieron frente a las revoluciones china, yugoslava y cubana.

Estos procesos revolucionarios aparentemente desmentían las tesis de la revolución permanente formuladas por Trotsky. La presión que ejercían estas revoluciones, que despertaron el entusiasmo de los oprimidos a nivel mundial, fue muy intensa. La idea de que ya no sería necesaria una dirección sólidamente marxista para dirigir el proceso revolucionario hacia el socialismo, o que cualquier clase oprimida podría llegar a la revolución socialista, fue aceptada como "evidente" por miles y miles de obreros de vanguardia. El movimiento trotskista tuvo que enfrentar esta presión en condiciones de extrema debilidad teórica y de aislamiento social. La respuesta que dio a los acontecimientos de China, Yugoslavia y Cuba fue, en algunos casos sectaria (por ejemplo, no reconocer que países como Cuba se habían transformado en Estados obreros), o peor aún, oportunista. Y este oportunismo comenzó siempre por la idea de que había que modificar la teoría de la revolución permanente para... terminar adoptando de hecho el programa de la revolución por etapas.

Hay un punto que resume esta posición: sostener que corrientes pequeño burguesas o burocráticas (o sea, no marxistas), podían cumplir el rol del partido revolucionario marxista, realizando la revolución democrática y abriendo el camino de la revolución socialista. Si esto fuera cierto, toda la teoría y el programa del bolchevismo fueron equivocados, y las direcciones burocráticas o pequeño burguesas han cumplido un rol históricamente progresivo.

En diversos grados, ésta fue la pendiente por la que se deslizaron las corrientes trotskistas para terminar negando, explícita o implícitamente, la necesidad de la Cuarta Internacional, su teoría y programa. Moreno no fue inmune a este proceso. Sus errores y sus interpretaciones fueron, hasta cierto punto, el producto del marco político y teórico en el que estaba inmerso. Tal vez esta pequeña disgresión ayude a evitar una visión que divide esta historia en "buenos y malos", en "traidores y revolucionarios", clasificados según el lado que hable. No se trató de "traiciones", (por lo menos en la inmensa mayoría de los casos), sino de una extrema debilidad teórica para enfrentar condiciones adversas que refutaban, aparentemente, la teoría marxista (boom de posguerra, Estados burocráticos poderosos, supervivencia del reformismo, etc). No es casual que la última batalla que dio Trotsky entre sus partidarios fue contra el empirismo y el desprecio por la dialéctica que imperaba en el partido norteamericano, el Socialist Workers Party (SWP), la sección más fuerte de la Cuarta Internacional. Esta situación comprendía a la dirección que permaneció al lado de Trotsky, y esos dirigentes (Cannon en especial) fueron los maestros políticos de Moreno, como él mismo gustaba decir. El SWP fue uno de los primeros partidos trotskistas que habló de direcciones marxistas leninistas "prácticas" (refiriéndose a los cubanos), concepto que en su momento compartió Moreno.

Moreno y la Revolución Permanente

En el libro Partido mandelista..., refiriéndose a las revoluciones de posguerra, Moreno sostiene lo mismo que dijeron todos los trotskistas que cedieron a las presiones del maoismo y del castrismo. En las revoluciones cubana y china:

"...el papel del partido revolucionario fue cumplido por partidos pequeño-burgueses con influencia de masas" (Moreno, 1984, pág. 29).

Por este motivo habría que realizar una "generalización teórica" del hecho de que hubo revoluciones que expropiaron a la burguesía, dirigidas por partidos burocráticos o pequeño burgueses. Para fundamentar su posición, Moreno privilegia una vez más los fenómenos de la práctica, de lo "objetivo inconsciente", que podrían llevar a direcciones políticas y clases no proletarias a cumplir el rol de la vanguardia obrera marxista. Según Moreno, Preobrajensky habría tenido razón cuando criticó a Trotsky porque éste, supuestamente, no tenía en cuenta "lo objetivo" en la dinámica de las revoluciones1. Para expresarlo con la analogía que Moreno empleaba en sus cursos, el campesinado chino (sujeto histórico) habría sido empujado por las circunstancias objetivas de la misma manera en que un coche sin motor cae por una pendiente (la pendiente juega el rol de "lo objetivo", convertido en el verdadero motor del proceso). Así una clase pequeño burguesa, con una dirección no marxista que suplantaba al partido revolucionario, habría encontrado por sus propios medios el camino de la revolución socialista. De ahi la expresión con la que Moreno gustaba coronar esta explicación, de que "la realidad fue más "trotskista" que Trotsky".

Para corregir este hecho, Moreno consideró que era necesario reivindicar la vigencia de la teoría y del programa de la revolución permanente, pero había que corregir las tesis de la misma. De esta manera la teoría de la revolución permanente podría ser separada en partes, algunas que conservarían validez, y otras que habría que reemplazar. A igual que un coche, al que se le cambian las partes "gastadas", aquí habría que cambiar algunas partes para que todo funcione bien. Dice Moreno:

"Así como se impone reivindicar más que nunca el Programa de Transición y el trotskismo, debemos hacer lo mismo con la teoría de la revolución permanente. Pero debemos distinguir cuidadosamente la teoría del texto escrito de las tesis de la revolución permanente. En algunos aspectos estas tesis han envejecido. Cuanto más pronto lo reconozcamos tanto más pronto estaremos en condiciones de combatir al revisionismo" (Moreno, 1980, pág. 94).

Y agregaba:

"Pero las tesis, no la teoría, hicieron una evaluación incorrecta de la dinámica y de la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista en los países atrasados. Las tesis categóricamente afirmaron que la revolución democrático burguesa, mucho más la socialista, sólo puede ser llevada a cabo por un partido comunista, leninista, revolucionario, apoyado en la organización revolucionaria del propio proletariado. Las tesis tienen como eje fundamental el proceso de transformación de la revolución democrático burguesa en revolución socialista, de la expropiación de los terratenientes, de la burguesía y el imperialismo por el sujeto social, el proletariado, y por un sujeto político, el partido comunista revolucionario (...)

Esto se ha revelado como equivocado. Hay que reconocerlo así. El propio Programa de Transición modifica levemente, con su "variante improbable" teórica las categóricas afirmaciones de las tesis. Hay que reconocer que partidos pequeño burgueses, (entre ellos los stalinistas), obligados por las circunstancias se han visto empujados a romper con la burguesía y el imperialismo, a llevar a cabo la revolución democrática y el comienzo de la revolución socialista, rompiendo con la burguesía y expropiándola e inaugurando así nuevos Estados obreros burocratizados" (Moreno, 1980, pág. 95; énfasis nuestro).

Y en apuntes de las escuelas de formación interna de 1984/5, agregaba:

"Nosotros creemos que los hechos han demostrado que en esta posguerra no se dio lo que decía el texto de la revolución permanente: que sólo habría revoluciones socialistas si las hacía la clase obrera dirigida por un partido bolchevique. Este fue un tremendo error porque hubo procesos de revolución permanente que expropiaron a la burguesía, hicieron la revolución obrera y socialista sin ser acaudillados por la clase obrera y sin partido comunista revolucionario... Hoy tenemos que formular que no es obligatorio que sea la clase obrera y que sea un partido marxista revolucionario con influencia de masas el que dirija el proceso de la revolución democrática hacia la revolución socialista. Negarlo sería ser un ciego, un fanático de Trotsky, un religioso de Trotsky... Sin embargo seguimos siendo fanáticos de la teoría de la revolución permanente."

¿Qué es entonces la "teoría" de la revolución permanente defendida por Moreno como la "esencia" del trotskismo?. La teoría, lo "rescatable" de Trotsky serían tres puntos:

a) el carácter internacional de la revolución,

b) la democracia obrera y

c) la clase obrera dirigiendo el proceso histórico (en un sentido muy general, porque Moreno sostiene que otras clases sociales, además de la clase obrera, pueden encontrar el camino de la revolución socialista por sus propios medios).

Sobre el significado histórico de la teoría de la Revolución Permanente

El resultado de esta operación de "rescate de la esencia" de la teoría de la revolución permanente es que el aporte original de Trotsky a la teoría de la revolución proletaria queda reducido a la nada, ya que los tres puntos que Moreno señala como centrales del pensamiento de Trotsky no constituyen una teoría específica del trotskismo. Ya estaban establecidos mucho antes de que Trotsky escribiera la primera formulación de su teoría en 1905. No se trata de ser "fanático" o no de Trotsky, como dice Moreno. Se trata simplemente de clarificar la discusión, estableciendo qué significado tuvo históricamente la teoría de la revolución permanente.

El resultado al que llega Moreno proviene de desconocer que el fondo histórico de la teoría de la revolución permanente constituye el tránsito de la revolución democrática a la revolución socialista. Si se procede a amputar las partes de la teoría que tratan precisamente esta relación, la teoría queda despojada de todo contenido. Creemos que el propio Trotsky minusvaloró en sus escritos la originalidad de su aporte. En su libro La Revolución Permanente, Trotsky nos dice que en 1905 él habría "resucitado" la teoría de la revolución permanente, esbozada por Marx y Engels luego de la revolución de 1848. Si bien Marx y Engels avanzaron en aspectos centrales de la teoría, el trabajo de Trotsky fue más que un mero "revivir" la teoría. Fue darle una forma y un contenido acorde con la época en que el capitalismo en su fase imperialista borraba las diferencias entre países "maduros" e "inmaduros" para la revolución proletaria, y ponía a ésta a la orden del día como problema inminente para la estrategia del movimiento obrero. Sí es cierto que Marx y Engels plantearon muchas de las ideas centrales que se mantendrán luego como pivotes de la teoría marxista del Estado y de la revolución. En especial las formulaciones sobre la relación entre las banderas de la revolución democrática y el movimiento obrero. Durante la revolución de 1848 Marx y Engels insistieron en la idea de que no puede haber verdadera democracia sin armar al pueblo, sin milicia, sin avanzar por el camino de las medidas sociales, en una palabra, sin dictadura revolucionaria. Estas ideas pasarán luego al arsenal de los revolucionarios marxistas rusos. Lenin, por ejemplo, citará una y otra vez estas enseñanzas de la revolución de 1848 en su polémica con los mencheviques, que limitaban la revolución democrática a un mero cambio de la forma de gobierno. También Marx y Engels fueron los primeros en plantear la posibilidad de que un país atrasado como Alemania en 1848 abriese las puertas a la revolución socialista. Pero esta idea no es sistematizada; en escritos posteriores a los años de la revolución podemos notar que Marx y Engels oscilan a veces en esta posición. Esto corresponde a la inmadurez del marco capitalista en el que trabajan.

Será Trotsky (con la ayuda de Parvus en este punto) quien llevará al plano de la teoría la necesidad de borrar definitivamente la distinción entre países maduros e inmaduros para la revolución. Si bien es cierto que en su Mensaje del CC a la Liga de los Comunistas de 1850 Marx y Engels hacen un llamado a convertir la revolución en "permanente", y avanzan en muchas de las ideas que luego formularía Trotsky, aún escribían con la perspectiva de una revolución por etapas2. Ellos todavía preveían una revolución dirigida por la pequeño burguesía, a la que debería seguir la revolución proletaria. Trotsky introduce una variante importantísima: la revolución democrática ya no tenía espacio histórico como etapa independiente bajo la dirección de fuerzas no proletarias. La integración de Rusia en el sistema imperialista anulaba esta posibilidad. En la futura revolución, la ciudad tendría el papel dirigente, y dentro de ésta, el papel de vanguardia que había cumplido el artesanado en la revolución francesa, ahora sería cumplido por el proletariado. La realización plena de las tareas democrático burguesas estaba unida a la dictadura del proletariado y al transcrecimiento de la revolución hacia la revolución socialista en un proceso permanente. Un aspecto condicionaba dialécticamente al otro. Si no había dictadura del proletariado, las tareas democráticas no se consolidarían, y a su vez esta dinámica exigía su realización plena en el plano de la revolución socialista internacional.

Es necesario subrayar que, si la revolución no transcrece hacia la revolución socialista internacional, no sólo no se inicia la revolución socialista (en los años treinta Trotsky sostenía que en Rusia la revolución socialista ni siquiera había iniciado su primera etapa), sino que tampoco se consolidan las propias tareas democrático burguesas3. De esta manera Trotsky rompe con la idea de una sucesión de etapas. El punto esencial de esta verdadera "ruptura" de Trotsky reside en impugnar la posibilidad de que el campesinado pueda formar un partido propio capaz de llevar adelante una política revolucionaria independiente. De ahí también el énfasis que pone en el engarce de la revolución democrática con la socialista bajo dirección de la dictadura del proletariado, y en el hecho de que solo una dirección marxista revolucionaria podía garantizar este proceso.

Se puede estar de acuerdo o no con este análisis, pero lo que no se puede es "vaciar" su teoría hasta el punto de hacer desaparecer su contenido.

Las revoluciones de posguerra

Hemos citado a Moreno afirmando que:

"...no es obligatorio que sea la clase obrera y que sea un partido marxista revolucionario ...el que dirija el proceso de la revolución democrática hacia la revolución socialista"

¿La prueba? Las revoluciones china, yugoslava, etc, habrían "desmentido" a Trotsky. Según Moreno, Trotsky sólo modificó "levemente" las afirmaciones categóricas de las tesis, cuando planteó en el Programa de Transición que no se podía descartar que, presionados por circunstancias excepcionales, partidos burocráticos o pequeño burgueses podrían ir "más allá" y llegar a la expropiación.

En primer lugar, es necesario aclarar que Trotsky nunca sostuvo, ni en el Programa de Transición, ni en ninguno de sus escritos, que una dirección burocrática o pequeño burguesa pudiera cumplir el rol del partido marxista revolucionario. Si hubiese sido partidario de esa idea, no hubiera luchado por la construcción de la Cuarta Internacional, ni hubiese desarrollado una política mortalmente enfrentada al stalinismo. Tal interpretación sí concuerda, en cambio, con la de M. Pablo, el dirigente de la Cuarta Internacional que en la posguerra sostuvo que los partidos comunistas podían cumplir un rol revolucionario, y que por lo tanto los trotskistas debían disolverse en su interior para ayudarlos con consejos. En segundo lugar, en todas las afirmaciones de Moreno que acabamos de citar se ha introducido una confusión entre dos aspectos: por un lado, lo que nos dice una ley general, por el otro, el desarrollo real de los acontecimientos, a través de los cuales los nexos y la dinámica interna que se determinan teóricamente se pueden presentar bajo formas particulares. Trotsky nunca pretendió prescribir un curso obligatorio a los acontecimientos históricos. Sólo trató de revelar la dinámica interna y las contradicciones que plantea la revolución proletaria en nuestra época. Es lo que hemos llamado el concepto de la revolución. Por este motivo Trotsky analizó los casos en los que fuerzas burocráticas - o centristas - se vieron obligadas a "ir mas allá" de los límites que originariamente se proponían, sin por esto modificar su teoría. Por el contrario, ésta le permitió no ceder ante las presiones de los "hechos", e interpretar los acontecimientos en forma marxista. Ya en 1927, durante los acontecimientos de Canton, vemos un caso típico en que la burocracia stalinista, presionada por los acontecimientos, se ve llevada en esa ciudad a establecer en los hechos una dictadura del proletariado "en laboratorio" (ver Trotsky, 1974). Posteriormente, en la URSS la burocracia, asustada por las consecuencias de su propia política derechista, es arrastrada hacia una verdadera "revolución" en las relaciones de propiedad del agro ruso, es decir, a la colectivización forzosa.

Además la invasión de la URSS a Polonia y a Finlandia en los treinta, dieron ocasión a Trotsky de analizar transformaciones de las relaciones de propiedad llevadas adelante por la burocracia. Por otra parte Trotsky conocía los casos de revoluciones proletarias dirigidas por partidos no marxistas. Entre ellas, la Comuna de Paris y la República húngara de 1919. Trotsky se refirió a estos dos ejemplos mucho antes de la redacción del Programa de Transición (ver Escritos, 16 de diciembre de 1932). Sin embargo, no por ello se sintió obligado a modificar la teoría ni las tesis de la revolución permanente. ¿Por qué? ¿Sería simple ofuscación teórica, voluntad de negar una realidad que lo contradecía?

No, se trata simplemente de una realidad que no dejaba de confirmar su teoría y sus tesis, y que sólo podía ser interpretada correctamente a la luz de ellas. Todo lo que nos dice la teoría es que no se puede cumplir la revolución democrática en forma acabada y si no transcrece en socialista, y a la vez, ésta sólo puede ser llevada adelante en el plano internacional, bajo una dirección marxista revolucionaria. Esto no niega que direcciones no proletarias puedan encabezar procesos de expropiación. Pero una expropiación no significa por sí misma la revolución socialista, ni garantiza las conquistas revolucionarias, ni siquiera las conquistas democráticas. Y estas afirmaciones sí están iluminadas por la teoría y las tesis de la revolución permanente.

Esta fue la posición con la que Trotsky enfrentó las capitulaciones ante el stalinismo de muchos militantes de la Oposición de Izquierda -como el caso de Preobrajensky- quienes asignaban un valor revolucionario y socialista objetivo a la colectivización de Stalin. Para Trotsky, tal colectivización podía modificar -y de hecho lo hacía- las formas y los ritmos del desarrollo de la historia soviética, pero no alteraba en lo más mínimo su diagnóstico de fondo: o la revolución se extiende en el plano internacional, o todas las conquistas se pierden. En el escrito de diciembre de 1932 al que hicimos referencia, Trotsky alude a la posibilidad de que partidos centristas tomen el poder. Y sostiene que, como ya lo demostraban las experiencias de la Comuna o de Hungría, las conquistas serían precarias e inestables, dada la incapacidad de estas direcciones de tener una orientación revolucionaria en el plano interno e internacional.

Finalmente, en polémica con una fracción del partido norteamericano, Trotsky vuelve sobre el tema del significado de las expropiaciones de la burocracia, referidas a Polonia, diciendo:

"La estatización de los medios de producción es, como dijimos, una medida progresiva. Pero su progresividad es relativa; su peso específico depende de la suma de todos los otros factores. Por lo tanto, primero y antes que nada, nosotros debemos decir que la extensión de territorio dominado por la autocracia burocrática y el parasitismo, embozado por medidas "socialistas", puede aumentar el prestigio del Kremlin, engendrar ilusiones con respecto a la posibilidad de reemplazar la revolución proletaria por maniobras burocráticas. El mal sobrepasa por mucho al contenido progresivo de las reformas stalinistas en Polonia. Para que la propiedad nacionalizada en las areas ocupadas, así como en la URSS, se conviertan en la base de un desarrollo genuinamente progresivo, esto es, socialista, es necesario derribar a la burocracia de Moscú. En consecuencia, nuestro programa retiene toda su validez". (Trotsky, 1971, págs. 23-4).

Como vemos, Trotsky consideraba que su programa seguía vigente, a pesar de las expropiaciones, porque éstas, de por sí no garantizan ningún desarrollo socialista. Lo mismo podemos decir con respecto a las revoluciones de la posguerra. Las revoluciones china, yugoslava, cubana, si bien tomaron las medidas "progresivas" de la expropiación, no por ello garantizaron que el proceso de la revolución democrática se dirigiese hacia la revolución socialista4. Por el contrario, el prestigio ganado por esas direcciones con tales medidas se convirtió a su vez en un terrible peso que se hizo valer en el seno de la vanguardia proletaria mundial para imponer la política de la revolución por etapas. Más aún, el aislamiento de estas revoluciones - bajo la cubierta de la "construcción del socialismo en un sólo país" - no solo impidió que se avanzase hacia el socialismo, sino también amenaza más y más con acabar con todas las realizaciones democráticas. Lo mismo podemos decir de la URSS, y del resto de los Estados obreros. Desmintiendo a los que durante años presentaron las expropiaciones como los inicios de revoluciones socialistas, o peor aún, como verdaderas revoluciones socialistas, hoy se comprueba que no sólo las expropiaciones están amenazadas, sino que también se pierden las conquistas democráticas. Hoy en todos los Estados obreros vuelven a plantearse las tareas de la revolución democrática: democratización del Estado, expulsión del imperialismo, autodeterminación nacional, liberación de la mujer, el problema de la tierra (¡en China vuelve a aparecer el acaparamiento de tierras y la usura!).

La teoría de la revolución de Trotsky encuentra así una confirmación a una escala histórica gigantesca. Las tareas democráticas no se pueden cumplir acabadamente 5 si la revolución no transcrece en socialista, y esta última no puede limitarse a nacionalizaciones de los medios de producción, sino que debe extenderse en el plano internacional bajo la dirección marxista revolucionaria.

Algo más sobre la revolución china

Contra lo que afirma Moreno, tampoco podemos decir que en la revolución china el campesinado, por sus propias fuerzas, encontró el camino de la expropiación. Este proceso no fue un mero reflejo de condiciones objetivas, como lo presenta Moreno (recordemos su ejemplo del coche empujado hacia la revolución por lo objetivo). Si éste fuera el caso, habría que preguntarse por qué las insurreciones campesinas del siglo XIX, gigantescas por los millones de hombres que involucraron, no llegaron a la nacionalización de los medios de producción6. Tampoco se explicaría por qué en este siglo, con condiciones revolucionarias muy profundas, las masas campesinas no llegan a la expropiación, como es el caso de la revolución mexicana. Es que la revolución china de 1949 no se puede explicar prescindiendo de la influencia que ejerció la revolución soviética primero, y la burocracia stalinista luego.

Ya en los años veinte Trotsky hablaba de la popularidad que tenían los soviets, aun entre el campesinado pobre. Se vislumbraba entonces una posibilidad que Engels había señalado teóricamente con relación a la vieja Rusia campesina: que ésta siguiese a una revolución proletaria europea victoriosa. Posteriormente Lenin contempló esa alternativa con relación a los países campesinos de Oriente, sacudidos por el impacto de la revolución de Octubre. Esto es, la dirección del proletariado era tan poderosa como para mostrar el camino al campesinado más allá de las fronteras de Rusia. Pero luego la influencia de la revolución de Octubre sobre las masas campesinas chinas fue mediada y distorsionada por la burocracia stalinista. Como ha señalado el dirigente trotskista chino Peng Shu-tse, en polémica contra las posiciones de Pablo en el Tercer Congreso de la Cuarta Internacional, las expropiaciones y la profundización de la revolución en 1949 no fueron un mero producto de "lo objetivo"; por el contrario, la política y los intereses de la burocracia stalinista tuvieron mucho que ver.

En contra de una vieja leyenda a la que adherían sectores de la Cuarta Internacional, según la cual el PC chino habría sido "independiente" de la dirección soviética, Peng demostró que Mao enfrentó primero a las masas chinas en defensa de posibles acuerdos con la burguesía, y que sólo viró hacia las nacionalizaciones cuando se demostró la imposibilidad de llegar a acuerdos, y cuando la política de Stalin giró hacia la guerra fría (ver Peng, 1980).

El tema de los pronósticos

Para terminar con este punto, nos queda aún una aclaración: ¿acaso lo que desarrollamos hasta aquí implica que Trotsky no sólo tuvo razón en la teoría, sino que también todos sus pronósticos se demostraron exactos? Creemos que no, que la realidad se demostró más rica de lo que previó Trotsky. Trotsky preveía que la guerra cambiaría la relación de fuerzas en favor de la Cuarta Internacional, y no previó que los aparatos burocráticos aún tendrían varios años más de vida. El propio Trotsky aludió, en los años treinta, al hecho de que la URSS había sobrevivido aislada más tiempo de lo que en un principio creían los revolucionarios, incluido Lenin (quien gustaba decir que "si la revolución europea no viene en nuestro auxilio, pereceremos"). De acuerdo al método de la generalización teórica a partir de lo empírico,... ¿habría que cambiar toda la teoría del socialismo? ¿Se equivocaba Lenin? No, sólo había que explicar los nuevos hechos a la luz de esta teoría: la historia dio un rodeo -gracias a la combinación de circunstancias tales como la crisis del capitalismo en los veinte y los treinta, y las rivalidades interimperialistas- que permitieron sobrevivir a la URSS aislada. En lugar de caída en el corto plazo del régimen soviético, tuvimos un largo proceso de degeneramiento, que termina por provocar también la caída a largo plazo7. Como dice Trotsky:

"Es cierto que nosotros esperábamos el naufragio del Estado soviético, más que su degeneración; para decirlo más correctamente, no diferenciamos tajantemente entre estas dos posibilidades. Pero ellas no se contradicen. La degeneración debe, indefectiblemente, terminar en la caída en un cierto estadio" (Trotsky, 1971, pág. 16).

Esta situación se prolongó en los años de posguerra, favorecida por una serie de circunstancias que no es el caso analizar ahora. Lo que no previó Trotsky fue la extensión que adquirirían los Estados obreros burocratizados, y la duración de los mismos. Podemos decir que su pronóstico, referido a la precariedad de las conquistas logradas por direcciones centristas o burocráticas (recordemos que tenía presentes los ejemplos de la Comuna y de la República húngara de 1919), falló en cuanto al tiempo, al ritmo, no en lo que hace al contenido fundamental del proceso, como lo demuestra ahora la crisis de todos estos regímenes.

Así las revoluciones que expropiaron a la burguesía nacionalizaron sin abrir por ello un camino de auténtica revolución socialista; por el contrario, lo bloquearon, agudizaron la crisis de la dirección del proletariado, sin resolver por ello tampoco las tareas de la revolución democrática. Esto se explica no mediante el abandono de la teoría ante la "refutación" de los hechos, sino precisamente gracias a esta teoría.

 

NOTAS CAPITULO IV

Nota 1 Se trata de una discusión a través de cartas intercambiadas entre Trotsky y Preobrajensky; se pueden encontrar en Trotsky, 1981.

Nota 2 Marx, 1984 a. Los trabajos de Brossat, 1976, y Claudin, 1985, destacan correctamente este aspecto.

Nota 3 Nota de 1995: Creemos necesario hacer esta aclaración: hablamos de cumplimiento de las tareas democrático burguesas en sentido radical, jacobino, al estilo del programa mínimo bolchevique. En el momento en que escribimos por primera vez esta crítica a Moreno no destacamos con total claridad este punto, que Trotsky tampoco aclara suficientemente. Vamos a explayarnos más a fondo sobre este punto en un trabajo especial dedicado al análisis del pensamiento de Trotsky. Adelantemos por ahora que Lenin, correctamente según nuestra opinión actual, enfatizó que la burguesía rusa podía cumplir -a la manera "prusiana"- con la revolución democrático burguesa. Por eso hablaba de "revoluciones democrático burguesas y revoluciones democrático burguesas", en el sentido de que las dirigidas por la burguesía liberal darían regímenes democrático burgueses con fuertes elementos anti-democráticos, mientras que las conducidas por la dictadura revolucionaria de obreros y campesinos llevarían al cumpliminento total de las tareas democrático burguesas, entendidas en su sentido cabal, en su desarrollo lógico al ultranzas (como en realidad nunca se había dado en la historia). Es en este sentido en el que Trotsky tenía toda la razón cuando afirmaba que el camino de la revolución democrático burguesa pasaba por la dictadura del proletariado, y no por la dictadura "democrática" de los campesinos y obreros. Pero debería haber aclarado tal vez con más énfasis que se estaba refiriendo a la revolución democrática cumplida en el sentido proclamado por Lenin, en el sentido jacobino más radical.

Nota 4 Nota de 1995: Hoy, a la luz de nuevos estudios y reflexiones, pensamos que estos países ni siquiera llegaron a dictaduras del proletariado, con lo cual la tesis central de la teoría de la revolución permanente y la importancia del partido marxista para la revolución proletaria adquieren, en nuestra óptica actual, aún mayor importancia.

Nota 5 Nota 1995: Insistimos, hoy enfatizamos todavía más este "acabadamente" diciendo que se trata del cumplimiento de la revolución democrático en el sentido jacobino y radical en que lo planteaba Lenin, siguiendo a Marx y Engels.

Nota 6 Sobre la historia de las gigantescas revoluciones campesinas chinas del siglo XIX puede consultarse J.Chesneaux, 1978.

Nota 7 Nota de 1995: Hoy releemos estas afirmaciones con una óptica crítica, porque en el momento de escribirlas no sacábamos todas las consecuencias del "degeneramiento" y de la importancia que tenía la afirmación de Lenin -y del propio Trotsky- sobre los peligros que encerraba la no extensión de la revolución mundial. Concretamente, en nuestra actual opinión la dictadura del proletariado ya no existía a fines de los treinta, reemplazada por la dictadura de una burocracia no capitalista, pero a la vez ajena socialmente al proletariado, al punto de que se había convetido en explotadora de la clase obrera a partir del poder político que ejercía.

 

 




CAPITULO V

LA REVOLUCION DEMOCRATICA

La revolución democrática en la tradición marxista

En los últimos años Moreno sostuvo que el mundo estaba lleno de revoluciones democráticas, tales como las de Nicaragua e Irán en 1979, Argentina en 1982, Filipinas en 1986, que derrotaban dictaduras y abrían el camino a la "democracia". Esta caracterización es contradictoria con la tesis central de la teoría de la revolución permanente para los países atrasados, que Trotsky sintetizaba diciendo que "el camino de la democracia pasa por la dictadura del proletariado" (Trotsky, 1973, pág. 31). En el núcleo de esta polémica está qué se entiende por democracia y por revolución democrática. Recordemos al respecto que, mientras los mencheviques querían reducir la conquista de la democracia a un cambio de las formas de gobierno, Lenin (y en esto había un completo acuerdo con Trotsky), no dejaba de ligar a la revolución democrática con un profundo contenido social.

La posición de Lenin enlazaba con una larga tradición del marxismo. Ya en 1846 Engels decía que "después de la revolución francesa, que fue un movimiento social ... la democracia puramente política no tiene sentido..." y agregaba que "la democracia de nuestro tiempo es el comunismo"1. Pero ¿acaso negaban Marx o Engels entonces la posibilidad de una democracia burguesa, dirigida por la clase burguesa? No, no era esto lo que negaban, sino la posibilidad de que la burguesía pudiera llevar adelante un programa de democracia "radical", "jacobina", al estilo del que llevaron adelante los representantes más avanzados de la revolución burguesa. Por este motivo Marx no saluda a la revolución de febrero de 1848 en Francia -que implanta un régimen de libertades burguesas- como "la revolución democrática", sino como un simple cambio de las formas de gobierno de la burguesía, que no por ello traería la democracia. Durante todo el curso de la revolución alemana Marx y Engels van a sostener la misma posición. Levantan un programa de revolución democrática que estaba muy lejos de limitarse a un cambio en las formas de gobierno. Para los dos revolucionarios la revolución democrática debía incluir la tierra para los campesinos, derribar el viejo aparato reaccionario, la milicia, la guerra revolucionaria contra las potencias extranjeras, elegibilidad de los funcionarios, la persecución de la reacción, el derecho a la autodeterminación. Y todo esto pasaba, indefectiblemente, por la instalación de la dictadura revolucionaria2.

Esta es la concepción que defienden Lenin y Trotsky. Las diferencias entre ambos en los años prerrevolucionarios se referían a la clase que podría encabezar la dictadura revolucionaria, pero en el ala revolucionaria a nadie se le ocurría discutir acerca de la necesidad de la dictadura; ni tampoco, por supuesto, sobre el carácter social, radical, de las tareas democráticas.

Los mencheviques, en cambio, que querían llegar a un acuerdo con la burguesía liberal, solo podían defender esa política limitando el contenido de la revolución democrática a un cambio de la forma de gobierno. Este es un eje diferenciador que ilumina el verdadero contenido de las polémicas entre bolcheviques y mencheviques. Así, mientras que los mencheviques agitaban por la consigna de Asamblea Constituyente con prescindencia del tema de quién la convocaba, Lenin ligaba esta consigna indisolublemente a la instalación de un gobierno revolucionario surgido de la insurrección, y que llevase adelante todas las tareas de la revolución democrática (ver, entre otros textos, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática).

¿Cómo caracterizar una revolución?

La concepción de Lenin se opone por el vértice a cualquier intento de presentar, por ejemplo, el cambio ocurrido en Filipinas (la caída de Marcos) como una "revolución democrática", entendida en el sentido leninista, revolucionario. Para sostener su posición Moreno se ve obligado a introducir nuevas categorías de análisis, que tienden a presentar un "contenido" objetivamente socialista y proletario en estas revoluciones, independiente de sus programas, direcciones, y conciencia de las masas. De esta manera el objetivismo adquiere una nueva dimensión. Ya habíamos visto que Moreno minusvaloraba todos los fenómenos de la conciencia, cediendo al espontaneísmo. Ahora, dando un paso más, va a sostener que toda revolución en el siglo XX, esté dirigida o no por partidos obreros, expropie o no a la burguesía, tiene un contenido socialista. Los cambios "democráticos" serían el producto -a falta de la dictadura revolucionaria- de revoluciones con "contenido" socialista.

Ya explicamos que a todas las revoluciones que no están dirigidas por el partido comunista revolucionario Moreno las llama de "febrero", y a las que dirige el partido revolucionario marxista, de "octubre", pero bajo tales denominaciones ambos tipos tendrían un contenido igualmente socialista. En algunos textos Moreno va a caracterizar a estas revoluciones de "febrero" directamente como "socialistas":

"Febrero es una revolución obrera y popular..." (Moreno, 1980, pág. 44).

En textos posteriores trata de destacar un "contenido" obrero y socialista en estas revoluciones, por debajo de sus formas. Así las revoluciones de febrero se caracterizarían por un contenido obrero que Moreno define así:

a) porque enfrentan a instituciones capitalistas [al punto que sostiene que hasta la revolución anticolonial norteamericana del siglo XVIII "presenta elementos anticapitalistas"; ver Moreno, 1986, pág. 32].

b) porque las soluciones a los problemas que enfrentan las masas sólo encuentran solución en el socialismo.

c) porque las hacen las masas (ver Moreno, 1986, pág. 38 y sigs.).

En primer lugar, si tomamos en cuenta las instituciones que enfrentan, también las contrarrevoluciones fascistas podrían considerarse de "contenido socialista". Y en general cualquier cosa podría ser caracterizada por lo opuesto de lo que enfrenta. Este método de definir los conceptos lleva al caos conceptual en cualquier campo científico.

En lo que hace al segundo argumento, podemos decir que nunca los problemas de las masas encontraron solución bajo regímenes basados en la explotación de clases, lo cual no nos autoriza a sostener que toda revolución, no importa la época ni las fuerzas en pugna, tuviese un carácter socialista.

Y con respecto al tercer argumento, ya Trotsky lo contestó, en su libro La revolución permanente. También Radek, partidario de la estrategia de la revolución por etapas, defendió la idea de determinar la naturaleza de una revolución por "quienes la hacen". Trotsky argumenta que siempre las revoluciones fueron hechas por las masas; en toda revolución burguesa son las masas las que luchan, y luego viene la burguesía a ocupar el puesto (Trotsky, 1973, pág. 77-8).

Las consecuencias que se desprenden del método de análisis de Radek y Moreno son desvastadoras para la teoría marxista. La separación antidialéctica entre forma y contenido que realiza Moreno de las revoluciones podría extenderse a innumerables fenómenos sociales. Después de todo... ¿por qué no caracterizar entonces a los partidos políticos, por ejemplo, por las bases que los componen? ¿Qué resultado nos daría este método aplicado a la caracterización del peronismo, por ejemplo? No, las revoluciones, al igual que el Estado, se definen por quienes las dirigen y por los contenidos de los programas que llevan adelante. Ya Trotsky sintetizaba lo que decimos, cuando combatía a los que caracterizaban a la revolución española de 1931 de "democrática":

"El carácter del régimen social, y en consecuencia, el de cada revolución, vienen determinadas por el carácter de la clase que detenta el poder" (Trotsky, 1977 a, pág. 137).

Una vez más vemos cómo desaparecen en Moreno los fenómenos de la conciencia, tapados por el objetivismo. Las situaciones a que nos lleva esta metodología las podemos ver si recurrimos de nuevo al caso de la Comuna de Paris, y la comparamos con otras revoluciones que Moreno califica "de febrero", como la de Filipinas o la Argentina: todas entrarían en la misma "clasificación" de ser de "contenido socialista".

La importancia política de una caracterización de clase correcta

Si Moreno hubiera caracterizado a revoluciones como la iraní o la filipina lisa y llanamente de burguesas, (o a la revolución argentina de 1982, aunque aquí también discrepamos en que se pueda calificar de revolución a los sucesos que provocaron la caída de la dictadura), hubiese aparecido muy vivamente la contradicción con toda la teoría de la democracia defendida por el marxismo revolucionario. ¿Acaso puede existir una revolución democrática sin acabar de raíz con todo el viejo aparato reaccionario, sin entregar la tierra a los campesinos, sin milicia, sin romper con el imperialismo? ¿Qué régimen de los que nos nombra Moreno como de "revolución democrática" ha llevado adelante estas tareas? ¿El iraní, el filipino, el argentino? ¿Puede hablarse de revolución democrática en países sometidos al tratamiento del Fondo Monetario Internacional, y a regímenes de democracia burguesa restringida para imponerlos?

Pero además el objetivismo trae aparejado el ceder ante las presiones. Esto adquiere una importancia multiplicada en los procesos revolucionarios victoriosos; cuando se conquista la "democracia", cuando cunde lo que Lenin llamaba la "borrachera democrática", y tantos personajes de la pequeña burguesía se presentan como amigos de la revolución "democrática y popular", la caracterización precisa de su carácter de clase es un arma imprescindible para la vanguardia proletaria y para el partido.

Por este motivo Lenin, lejos de confundir a los explotados sobre supuestos contenidos "socialistas" de la revolución de febrero de 1917, escribía:

"Nuestra revolución es burguesa, por lo tanto los trabajadores deben apoyar a la burguesía; esto es lo que dicen los políticos sin valor del campo de los liquidadores. Nuestra revolución es una revolución burguesa, decimos nosotros los marxistas, por lo tanto los trabajadores deben abrir los ojos del pueblo sobre el engaño de los políticos burgueses, deben enseñarle a creer solo en sus propias palabras, a confiar solo en sus propias fuerzas, en su propia organización, en su propia unidad, en sus propias armas" (Lenin, 1957, págs. 307-8).

Lenin enfrenta las ilusiones democráticas que suscita febrero de 1917 explicando que sin la destrucción del Estado burgués todas las conquistas de las masas corrían peligro, que no habría una verdadera democracia sin tierra para los campesinos, sin milicia, sin barrer todo el viejo aparato del Estado. Si esto no sucedía, la democracia sería "precaria" (tal es el término que utiliza en su libro El Estado y la revolución). Las Tesis de Abril contienen todo un punto dedicado a demostrar a los obreros los elementos de continuidad en el aparato de Estado luego de la revolución de febrero3. Todo esto se sintetiza en la explicación de que no se trata de la revolución democrática, sino de la revolución burguesa, que ha dado lugar a un tipo de régimen político superior, sí, pero que no deja de ser una dictadura de la burguesía4. Esta es en esencia la misma posición de Trotsky, quien años después va a demostrar a Radek que febrero no fue una revolución democrática; que la revolución democrática se cumplió en Octubre. De ahi la fórmula de Trotsky de que el camino de la democracia había pasado por la dictadura de Octubre.

La posición de Moreno es la opuesta. Decir que en 1982, en Argentina hubo una "revolución democrática" es abrir de par en par las puertas a la intoxicación de fraseología de la democracia burguesa. En 1982 y 1983 Moreno hace la apología de los "grandiosos" cambios ocurridos. A diferencia de Lenin, que señalaba la continuidad esencial del viejo aparato, Moreno le dice a la militancia que el nuevo régimen es "diametralmente diferente" al anterior (Moreno, 1983, pág. 16; ver también Moreno, 1984, págs. 17 a 19); lejos de hablar de la precariedad de las conquistas democráticas, dedica páginas y páginas a elogiar las "fabulosas" libertades conseguidas. Era la única manera de justificar el llamar "revolución democrática" a lo acaecido; había que glorificar el cambio de la forma del régimen, al punto de hacer olvidar a la militancia una verdad elemental del marxismo revolucionario: que no podía haber ninguna revolución democrática en un país sometido al saqueo imperialista y capitalista en descomposición. El precio pagado fue la caída más completa en la borrachera democrática.

Esta concepción de la revolución democrática tiene dos consecuencias directas muy evidentes: por un lado, caer en una estrategia etapista para la revolución, en segundo lugar imposibilidad de dotarse de una política correcta frente a la democracia burguesa.

NOTAS CAPITULO V

Nota 1 Citado por Claudin, 1985, pág. 39.

Nota 2 Ver, por ejemplo, Claudin, 1985. También Marx y Engels, 1981.

Nota 3 Escribe entonces Lenin:

"Una vez en el poder [luego del triunfo de la revolución de febrero] la burguesía formó un bloque ... con los monárquicos declarados (...) este gobierno designa en puestos clave a partidarios del viejo régimen (...) Las posiciones clave, los cargos ministeriales decisivos en el nuevo gobierno ... se hallan en manos de reconocidos monárquicos y partidarios de la gran propiedad terrateniente" (Lenin, 1973, págs. 37-8).

Nota 4 Siguiendo un consejo de Marx y Engels de 1850 (ver Marx y Engels, 1984 a), Lenin busca "enfriar" el entusiasmo del proletariado y las masas por lo logrado. Por ello dice que la situación "exige en primer lugar" que "se derrame hiel y vinagre en el agua dulce de la fraseología revolucionaria" (Lenin, 1973, pág. 44).

 

 




CAPITULO VI

ESTRATEGIA ETAPISTA Y PROGRAMA DEMOCRATICO

La revolución por etapas

En lo que hace a la dinámica, estrategia y táctica de la revolución, a partir de la burocratización de la Internacional Comunista existieron dos grandes líneas de pensamiento: por un lado la estrategia stalinista de revolución por etapas y socialismo en un solo país, por el otro la estrategia trotskista de revolución permanente y socialismo internacionalista. La estrategia stalinista, a pesar de los matices que pueden tener las diversas interpretaciones, implica una serie de conceptos que son solidarios unos con otros: la estrategia se funda en afirmar la posibilidad y necesidad de conseguir la democracia ("popular", "avanzada", "revolucionaria", etc.) como etapa previa a la revolución obrera y socialista. Esto implica a su vez un programa esencialmente democrático para la primera etapa y la posibilidad de realizar alianzas interclasistas donde el proletariado resigne su hegemonía. No solo estos conceptos son solidarios, sino que a su vez los unos refuerzan a los otros. La estrategia trotskista responde a una lógica inversa. Sin negar la importancia de las consignas democráticas, éstas juegan en el programa un rol subordinado, en la perspectiva de la lucha por el gobierno obrero y las reivindicaciones transicionales hacia la revolución socialista.

Llevado por la convicción de que es posible conquistar la revolución democrática al margen de la revolución proletaria, Moreno termina planteando también una estrategia etapista para la revolución. En la lucha contra dictaduras militares habría una primera etapa en la que sería posible agrupar a "todo el pueblo" detrás de una consigna democrática, que juega el rol de eje vertebrador de todo el programa. Moreno explica la estrategia desarrollada contra la dictadura militar argentina con las siguientes palabras:

"A partir de que el golpe de Estado de marzo de 1976 inaugura la etapa contrarrevolucionaria... la consigna central del programa socialista revolucionario pasa a ser `¡Abajo la dictadura!' " (Moreno, 1983, pág. 23).

Y en la misma página agregaba:

"...al mismo tiempo decíamos que la única manera de defender los salarios o reconquistar las libertades políticas para toda la población y la libertad de organización para el movimiento obrero era derrocando a la dictadura."

El carácter etapista de la estrategia se ve aún más claramente reflejado en el siguiente pasaje:

"La clase obrera y el pueblo actúan ...con una lógica de hierro" [se está refiriendo al período posterior a la caída de la dictadura], "ya conquistamos la democracia....sigamos la lucha hasta arrancar de cuajo... el sistema capitalista...." (ídem pág. 27; énfasis nuestro; nótese cómo reaparece la concepción evolutiva del "ya logramos" que vimos en el Manifiesto de la LIT).

"Si antes llamábamos a los trabajadores a concentrar sus movilizaciones en derribar a la dictadura, ahora los llamamos a que hagan centro en liquidar al sistema capitalista imperialista" (ídem).

"En la etapa contrarrevolucionaria... nuestra consigna central era Abajo la dictadura... Porque ante todo [énfasis nuestro] para abrir paso a la revolución socialista debíamos destrozar el obstáculo del régimen burgués contrarrevolucionario" (ídem).

Esta estrategia cobra un carácter general en las Tesis para la actualización...:

...la revolución de febrero se hace alrededor de una consigna fundamental... "Abajo las dictaduras" (Moreno, 1980, pág. 27)

Además tal consigna se aplicaría no solo contra las dictaduras capitalistas, sino también en los Estados obreros burocráticos. Trataremos luego el tema. También insiste en el rol que tiene la consigna democrática como polo de agrupamiento policlasista:

"Esta consigna [abajo la dictadura], que llama no solo a la clase obrera sino a todo el pueblo a derrocar a estos gobiernos totalitarios... es la fundamental" (ídem).

Cómo corrige Moreno a Trotsky

Todas las expresiones del tipo "ya conseguimos la democracia", "luego viene la revolución socialista", o "para luchar por el salario primero hace falta la democracia" se corresponden con la idea que ya hemos criticado, y que fue el eje de toda la polémica de Trotsky contra los frentes populares stalinistas. No vamos a repetir la argumentación contra la estrategia etapista de la revolución. Pero sí queremos señalar que no es cierto lo que afirma Moreno, respecto a que Trotsky habría dejado pendiente el problema de cómo enfrentar a los regímenes dictatoriales. La lucha contra regímenes dictatoriales fue clave para la elaboración de la estrategia de la revolución permanente, forjada en la lucha contra el yugo zarista. Y Trotsky mantuvo y acentuó las ideas centrales sobre la independencia de clase en la lucha contra las dictaduras europeas de los treinta que ya había desarrollado para Rusia. Es lo que orienta su conocida posición en la guerra civil española, y antes en la lucha contra Hitler. Por ejemplo, escribía en relación a la lucha anti nazi:

...la fórmula de la unificación de "todas las clases" suena absolutamente increíble. Los marxistas rusos abusaron en un tiempo de esa formulación en la lucha contra el zarismo. De este abuso surgió la concepción menchevique de la revolución, adoptada luego por Stalin en China. Pero en Rusia, al menos, se trataba de la colisión de la nación burguesa con la monarquía privilegiada. ¿En qué sentido puede uno hablar, en una nación burguesa, de la lucha de "todas las clases" contra el fascismo, que es la herramienta de la gran burguesía contra el proletariado?... ¿De qué otra manera puede uno unir al movimiento de todas las clases si no es poniéndose sobre la base de la democracia burguesa?" (Trotsky, 1976 b, pág. 445).

Moreno dice:

"Lo que Trotsky no planteó... fue que también en los países capitalistas era necesario hacer una revolución en el régimen político: destruir al fascismo para reconquistar las libertades de la democracia burguesa aunque fuera en el terreno de los regímenes políticos de la burguesía, del Estado burgués. Concretamente, no planteó que fuera necesario una revolución democrática que liquidara al régimen totalitario fascista como parte o primer paso del proceso hacia la revolución socialista" (Moreno, 1986, pág. 53; énfasis nuestro).

Es cierto que Trotsky no planteó la revolución por etapas contra las dictaduras como planteó Moreno. Pero es falso decir que dejó el tema sin tratar, precisamente porque alude directamente al eje de la estrategia permamentista, a saber, la relación entre democracia y revolución.

Etapismo recurrente

La estrategia de la revolución permanente da solución a un grave problema que es preocupación constante de los revolucionarios: cómo se puede enfrentar la trampa de la democracia burguesa y de los mecanismos parlamentarios. El planteo de extremar las reivindicaciones democráticas al punto de "hacer estallar" al régimen puede ser un arma mortal para el capitalismo, si tal estrategia es instrumentada por un partido revolucionario con una perspectiva de revolución permanente. Pero para ello es necesario dar un contenido social a todo el programa democrático (usamos una expresión de Marx), combatiendo toda tentativa de frenar la revolución en la conquista de la democracia burguesa. Inversamente, cuando se tiene la política de "conquistemos primero la democracia" se está condenado a dar vueltas y vueltas en torno al nunca conseguido objetivo democrático. Dado que toda conquista democrática en los actuales regímenes capitalistas es precaria, y finalmente recortada por la reacción burguesa, una y otra vez se vuelve a plantear la necesidad de unir a todos los descontentos detrás de la consigna democrática como "primer paso". Es la experiencia de los partidos comunistas, que siempre están peleando por la salida "democrática" del momento, y es también la experiencia del MAS. A partir de 1983 el MAS ha planteado reiteradas veces la necesidad de unir a todos los descontentos contra el gobierno de turno para conseguir como primer paso una salida democrática a través de una Asamblea Constituyente1.

De nuevo estamos ante una estrategia etapista, ya no aplicada a la lucha contra una dictadura, sino contra un régimen democrático burgués. Y ante cada crisis política grave del régimen se vuelve a plantear la necesidad de una salida democrática, "factible", "potable". Por ejemplo, a la caída de Galtieri la consigna recomendada por Moreno al partido fue "Que asuma el Congreso de 1976"

"Si estaba planteado el problema del gobierno, del poder, era necesario salirle al paso con una consigna positiva, una propuesta de poder. Esa consigna, para ser concreta, debía basarse en instituciones reales, que existieran o hubieran existido. La clase obrera y el pueblo, a lo largo de su movilización revolucionaria no había construido organizaciones propias capaces de tomar el poder" (Moreno, 1983, pág. 26, énfasis nuestro).

Consignas "positivas", basarse en lo "real", soluciones "concretas" para una crisis burguesa... Nos resistimos a creer que esto pueda ser llamado "trotskismo ortodoxo".

La actitud general hacia la democracia burguesa

Es cierto que en determinados artículos polémicos escritos contra otros dirigentes trotskistas de la Cuarta Internacional, Moreno argumentó en contra de concepciones stalinistas de la revolución. En particular escribió un libro contra la política de Lambert, de Francia, de apoyo a Mitterrand. Pero esto no impidió el desarrollo de las posiciones que hemos estudiado. Hay un comportamiento doble en la dirección del MAS y de la LIT, ya que se critica muy duramente las políticas de otras corrientes trotskistas internacionales -y muchas veces con razón- para terminar defendiendo, práctica y teóricamente, lo que se critica.

Dada la glorificación de las virtudes de las revoluciones "democráticas" y de sus "conquistas", logradas bajo el capitalismo, no es de extrañar que partidos como el MAS, con relativas posibilidades electorales, terminen sucumbiendo a los cantos de sirena de la democracia burguesa. Lo extraño es que determinadas actitudes políticas puedan convivir con la lectura y la repetición ritual de viejos textos y de declaraciones programáticas donde se fustiga lo que se hace. En lo que sigue no debe perderse de vista que el marco conceptual de la militancia del MAS es que se conquistó la "democracia" gracias a una revolución de contenido "socialista". Esto implica que desde el arranque se han perdido las caracterizaciones de clase de la "revolución", y también de la democracia. Esto último puede no ser evidente, ya que en documentos internos se habla de que estamos en una democracia burguesa. Pero lo central para la actividad revolucionaria no son los documentos internos, sino la política pública del partido. Se pueden revisar colecciones enteras de Solidaridad Socialista y no se encontrará ninguna educación mínimamente sistemática acerca del carácter de clase de la democracia. Más aún, el MAS firmó documentos programáticos, electorales, en los que se reclamaba una "democracia auténtica" (sic), a lograrse del brazo del partido Comunista (ver documentos constitutivos de la coalición Izquierda Unida).

Veamos ahora algunos de los casos que entran en contradicción con lo que está escrito en documentos hoy reivindicados

Defensa de presos políticos

En 1986 Moreno sostenía que

"...nuestra única obligación de principios en relación a la guerrilla es defenderla de la represión del régimen burgués"(Moreno, 1986 a).

En la polémica contra Lambert, Moreno lo criticó porque se había negado a defender a los presos de ETA, y dijo que:

"...no se puede considerar revolucionario al que se calla y no defiende a los presos políticos del gobierno reaccionario" (Moreno, 1981 b, págs. 4-5).

Pero esto no impidió que Moreno se negase a defender a los presos de la guerrilla en 1975. Luego, en 1989 el MAS se negó a defender a los presos de La Tablada, no denunció la masacre del ejército, pidió la investigación sobre el grupo atacante y envió condolencias a los familiares de militares del Proceso muertos en el ataque. Las cosas llegaron al punto de que periodistas reaccionarios felicitaron públicamente la actitud del MAS.

Actitud ante la Iglesia

Moreno acusó a Lambert de abandonar la lucha contra la Iglesia y exigió un programa que decía:

"¡Fuera los curas y las monjas de la escuela, los sindicatos, los hospitales, las asociaciones deportivas y culturales, de toda actividad que no sea estrictamente de culto! ¡Expropiación inmediata y sin pago de todos los bienes de la Iglesia!

Que los curas se ganen la vida trabajando, no difundiendo su pútrida ideología al servicio de la explotación.

Fondos públicos a la escuela pública, fondos privados... también!" (Moreno, 1982, págs. 61-2).

Por supuesto que nunca hemos escuchado este discurso "rojo" ni en la televisión ni en las radios por parte de Zamora o Silvia Diaz. Ni tampoco hemos visto propaganda, ni sistemática ni circunstancial con esta orientación en los periódicos del MAS. En lo que hace al programa partidario, además de pedirse la nacionalización de los institutos de enseñanza privada, poco más es lo que se habla de la Iglesia:

"Total separación de la Iglesia del Estado y prohibición de toda subvención pública a los cultos religiosos" (Documento 2, págs. 21-2).

El programa de Izquierda Unida -el programa efectivo que llevó el MAS ante el movimiento obrero en la campaña electoral, y al que se caracterizaba de revolucionario- estaba aún más "lavado" en relación a la Iglesia.

Actitud ante el ejército

También en la crítica a la OCI, Moreno sostuvo que en relación a las fuerzas armadas hay que exigir públicamente

"Sustitución del ejército permanente por una milicia popular en unión indisoluble con las fábricas, las minas, las granjas" (Moreno, 1982, pág. 61).

"...las consignas de reducción del servicio militar y utilización del presupuesto militar son correctas, pero de ninguna manera pueden considerarse como una campaña por la destrucción sistemática del ejército, y menos aún tratándose de una situación de guerra civil en germen

En ningún lugar [de los periódicos de la OCI] aparecen artículos agitativos llamando a los soldados y suboficiales a rebelarse contra el mando reaccionario y a negarse a actuar contra los trabajadores. Tampoco se los llama a sustraer las armas de los cuarteles y a entregarlas a las organizaciones obreras" (ídem, pág. 37; énfasis nuestro).

No vamos a discutir ahora si era aconsejable para un partido revolucionario hacer agitación entre los soldados y suboficiales para que sustrajeran armas en una situación como la de Francia en 1981. Pero señalamos que media una distancia apreciable entre estas exigencias a una organización trotskista francesa y la propaganda y agitación que hace el MAS en relación al ejército argentino, donde nadie nunca oyó semejantes proposiciones (a pesar de que se caracteriza que estamos en una situación revolucionaria en constante ascenso), donde se habla permanentemente de la "democratización" del ejército, donde la diputada Silvia Diaz ha considerado un modelo de política revolucionaria presentar un proyecto parlamentario de "democratización" de la policía, donde se piden más fuerzas de seguridad para "cuidar" los barrios obreros y se envían condolencias a los asesinos del Proceso...

Independencia sindical

El Programa del MAS dice con respecto a la independencia de los sindicatos del Estado:

Fuera el Estado de los sindicatos (Documento 2, pág. 8).

Moreno ha sostenido reiteradas veces que es uno de los tres o cuatro principios fundamentales de la política marxista: rechazar toda ingerencia del Estado en los sindicatos. Sin embargo ha sido una práctica -¡no ocasional!-, realizada en vida de Moreno y luego de su muerte, pedir la intervención del Ministerio de Trabajo en elecciones sindicales con el propósito de frenar fraudes de la burocracia. Se llegó al extremo de llamar a concentraciones en las puertas del Ministerio para presionar por esas intervenciones. Salvando las distancias, es como si los trotskistas hubiésemos solicitado la intervención del imperialismo en la URSS para... garantizar la democracia obrera.

Asamblea Constituyente

El eje de la transformación política del país se plantea, en la política práctica, por los clásicos mecanismos de la democracia burguesa, a través de la Asamblea Constituyente. La Asamblea Constituyente se ha convertido en los hechos en un fetiche democrático que cumple el rol de presentar un panorama tranquilizador y una perspectiva de cambio ordenado dentro de la Constitución burguesa. La propaganda por la Asamblea Constituyente por parte del MAS presenta las siguientes características:

a) se plantea con independencia de quien la convoca. Esto permite eludir el cuestionamiento a los poderes constituidos (desde este punto de vista es un cambio completo de la perspectiva con que fue usada por revolucionarios marxistas).

b) se presenta como virtud el hecho de que su convocatoria esté contemplada en la Constitución del país, lo que refuerza el carácter respetuoso del orden burgués de la propuesta.

c) se sostiene que es posible ganar la mayoría de la Asamblea Constituyente y por este camino "decidir el futuro socialista del país". Es la clásica vía al socialismo por las elecciones.

d) como ya dijimos, se plantea como salida democrática mínima destinada a agrupar a "los de la vereda de enfrente", convirtiéndose en el eje del programa de la revolución pacífica y por etapas.

El electoralismo

Las expresiones más agudas de esta posición conciliadora hacia la democracia burguesa han terminado por provocar descontento entre un sector de la militancia, y se ha reconocido que el MAS ha caido en "desviaciones electoralistas". La palabra "desviación" es de uso problemático, porque siempre da a entender que en algún momento existió una línea política "esencialmente justa", de la que por algún motivo la dirección del partido se ha "desviado". Esta lógica lleva a quedarse en lo superficial, y a presentar los problemas políticos desde una perspectiva subjetivista de "errores personales en la conducción". En la explicación que se da en el MAS y en la LIT, tales "desviaciones" lo serían con respecto a los análisis y la política de Moreno, enteramente correctos. Por todo lo argumentado hasta aquí, pensamos que hay que revisar teóricamente toda la concepción de Moreno. Pero además el electoralismo reconoce otra fuente "práctica": la misma presión electoral. Es una presión material, objetiva, que refuerza todo lo anterior. Las presiones electorales se hacen sentir con más y más fuerza. Izquierda Unida fue justificada enteramente a partir de las posibilidades electorales, a pesar de que esto implicaba no denunciar al stalinismo, presentar una falsa perspectiva hacia el socialismo y llevar a personajes salidos de las filas políticas de la pequeño burguesía en los primeros puestos electorales. Por presiones electorales se callan verdades y se buscan atajos propagandísticos vulgarizando al marxismo; por presiones electorales y legalistas se adoptan determinadas políticas -caso Tablada-.

Lo que decimos puede parecer muy duro, pero más duro es ver a miles de honestos compañeros de lucha embarcados en un camino que puede ser sin retorno. Recordemos el caso de la socialdemocracia alemana, que tenía detrás la tradición teórica de Marx y Engels, que agrupaba a lo mejor de la clase obrera y de los intelectuales socialistas de su tiempo. Todas esas reservas no detuvieron el desbarranque, que comenzó por algunas "concesiones" electorales, por "pequeñas vulgarizaciones" del marxismo, en aras de mantener la legalidad y aumentar el caudal electoral. Lenin decía que la burguesía tiene dos medios de dominio: por la represión abierta o por el engaño sistemático y organizado, con la adulación y las promesas al pueblo (Lenin, 1973, págs. 45-6). Podemos aplicar esto a las organizaciones del movimiento obrero. A veces es más fácil domesticar permitiendo cierto juego libre, que la represión abierta. Lo peor es cuando esto se empieza a teorizar, cuando lo que es trampa del enemigo se presenta como victoria de las masas, cuando lo que es adulación burguesa se lee como "seriedad de los medios que nos respetan porque nos temen". El movimiento obrero tiene una larga experiencia en este tipo de dinámicas trágicas.

 

NOTA CAPITULO VI

Por ejemplo el llamamiento a "los de la vereda de enfrente al gobierno" para conseguir una Asamblea Constituyente; ver Solidaridad Socialista, abril/mayo de 1990.

 

 




CAPITULO VII

LA REVOLUCION POLITICA

Una revolución "democrática y popular" en los Estados obreros

Moreno extiende el concepto de revolución "democrática" a una primera fase de la revolución política en los Estados obreros burocratizados. La misma sería "democrática y popular". Hablando de estas revoluciones, Moreno decía que:

"Todas ellas en su primera etapa, la que no han logrado superar triunfando, son democráticas, populares, contra el régimen totalitario. Pero esta revolución democrática abrirá paso inmediatamente, ni bien triunfe, a la necesidad de imponer un régimen como el de Lenin" (Moreno, 1986, pág. 71).

Aquí se repite, con caracter aún más acusado, la renuncia a dar una caracterización de clase a un fenómeno social, nada menos que a la revolución. Puede argumentarse que durante el curso de una revolución es muy difícil precisar su carácter de clase, ya que se trata de un fenómeno altamente dinámico. Por este motivo Trotsky recomendaba a veces, esperar y ver cuál era el contenido social definitivo de la revolución. El mismo dependía de la clase que se hiciera del poder (es el mismo criterio que aplica Lenin para caracterizar la revolución de febrero). Pero de todas maneras es imposible que la revolución sea "popular", de la misma manera que no puede haber Estados "populares".

En segundo lugar es muy problemático llamar a una revolución no socialista "democrática", ya que caemos en los mismos casos que ya hemos examinado. Ningún régimen social puede permanecer "en el aire"; la democracia adquiere un carácter de clase imposible de eludir. Hoy podemos ver el verdadero rostro "democrático" de las revoluciones polaca, checoslovaca, etc., en los planes de austeridad y de ajuste calcados de los que se aplican en los países latinoamericanos o africanos y en los gobiernos que piden "poderes" para aplicarlos. Aquí se aplica lo que hemos discutido: no hay una etapa "democrática" autónoma de la revolución política. Si los levantamientos de 1989 hubiesen sido el prólogo inmediato de una revolución de tipo soviético, de consejos obreros democráticos, no hubiera sido por ello democrática. Precisamente la posibilidad de tal revolución socialista residía en la incapacidad de la burguesía y el imperialismo para realizar una revolución democrática. Solo podían llegar a una democracia burguesa precaria, restringida, como la que hoy vemos en Polonia o Checoslovaquia.

Un analisis de las fuerzas en juego equivocado

Sobre las fuerzas en lucha en la revolución política polaca, escribe Moreno

"De hecho en Polonia se enfrenta la revolución política con la contrarrevolución burguesa imperialista, actuando esta última por intermedio de la burocracia. No existen dos contrarrevoluciones -una burocrática y otra imperialista-, sino una única contrarrevolución mundial, dirigida por el imperialismo" (Moreno, 1982 a, pág. 55).

Es decir, la contrarrevolución burguesa solo podía venir, según Moreno, de parte de la burocracia o del imperialismo. Por lo tanto, una vez barrida la burocracia por la revolución "democrática y popular", la única posibilidad de restauración capitalista sería la intervención imperialista. Agregaba:

"Puede llegar el momento en que el gobierno se transforme de indirecto en agente directo de las inversiones imperialistas. Este no es el caso actual de Polonia ni de ningún Estado obrero, porque este cambio cualitativo, que transformaría al Estado obrero en burgués semicolonial solo se podrá llevar a cabo mediante una contrarrevolución sangrienta restauracionista que derrote a los trabajadores. Nunca se podrá producir como consecuencia de un ascenso revolucionario, aunque éste, por el bajo nivel de conciencia del movimiento obrero y por la traición de sus direcciones, pueda levantar o aprobar por un momento programas restauracionistas [énfasis nuestro], como la autogestión de las empresas o la autonomía de éstas contra el monopolio estatal" (ídem).

"Solo la contrarrevolución burocrático imperialista puede ser restauracionista, jamás las masas revolucionarias en su ascenso y con sus organizaciones de enfrentamiento a la burocracia" (ídem).

El sistemático relegamiento por Moreno de los elementos conscientes, programáticos, de la actividad política lo llevaron a pasar por alto la existencia de las fuerzas y tendencias restauracionistas que existían dentro del movimiento antiburocrático. El desarrollo real de los acontecimientos del Este, que terminaron por la restauración de gobiernos y Estados capitalistas montados sobre el movimiento de la revolución antiburocrática, constituye la mejor prueba del fracaso de este método y esta concepción. Por el contrario, la concepción que valoró correctamente el peso de los elementos conscientes en todo movimiento social y que, inscripta en la misma línea de pensamiento de el ¿Qué hacer?, no apostó al desarrollo espontáneo de los acontecimientos, pudo predecir con una exactitud asombrosa las tendencias generales que se desenvolverían en el movimiento antiburocrático. Lejos de hacerse ilusiones sobre los desarrollos espontáneos, Trotsky apostaba todo el futuro del movimiento antiburocrático de la URSS al desarrollo de programas conscientemente socialistas dentro de la vanguardia obrera. En caso contrario, decía, el resultado sería la restauración capitalista:

"El hundimiento inevitable del regimen político stalinista no desembocará en el reestablecimiento de la democracia soviética a menos que el rechazo del bonapartismo sea un acto consciente de la vanguardia proletaria. En cualquier otro caso no podría venir a sustituir al stalinismo más que la contrarrevolución fascista capitalista" (Trotsky, 1979, págs. 280-1).

Lo único que habría que rectificar en este asombroso pronóstico, escrito hace 55 años, es que por el momento la caída de los regímenes del Este no dio lugar al fascismo, sino a democracias burguesas precarias y con rasgos bonapartistas. La diferencia está en que Trotsky escribía sobre la URSS en momentos en que las reservas y la memoria de Octubre estaban vivas en las masas, y en que la reacción capitalista se manifestaba en Europa esencialmente en la forma de fascismo.

El programa para la revolución política

No es de extrañar entonces que Moreno termine presentando un programa revolucionario marcadamente distinto del programa que concreta las ideas de la revolución permanente. Se trata en Moreno de un programa esencialmente democrático, destinado a la primera etapa de la revolución.

"Del carácter totalitario del régimen se desprende, en principio, el carácter democrático de la mayor parte de las tareas planteadas. Abajo el regimen burocrático. Viva la democracia. Esas son las dos grandes consignas, planteadas no por nosotros sino por la realidad" (Moreno, 1981 a, págs. 27-8).

En el mismo artículo defiende calurosamente la consigna de Asamblea Constituyente. Observese cómo en el anterior párrafo Moreno llega a sostener que el programa lo plantea "la realidad"; la "democracia" (a secas, es decir, en el sentido burgués del término), se desprende "naturalmente" de la "realidad" (?). Estamos en el terreno del derecho natural. Por otra parte, es claro que estamos ante un programa adaptado a la estrategia etapista de la revolución, pero con un agravante en relación a la estrategia etapista clásica: ésta se aplicaba en la lucha contra dictaduras capitalistas, defendiendo un regimen político superior que conservaba su naturaleza capitalista. En este caso se defiende un proyecto político de democracia burguesa contra una dictadura bonapartista de un Estado obrero1. Desde este punto de vista, el programa democrático que defendía Moreno solo podía dar la preeminencia a las corrientes liberales burguesas que actuaban en la oposición a la burocracia. El programa soviético, de la democracia consejista, quedaba relegado a las calendas griegas.

Una interpretación equivocada del programa de Trotsky

En apoyo a su posición Moreno recurre una vez más a Trotsky:

"Esta consigna [la Asamblea Constituyente], esta tarea, más que necesaria, es indispensable. Es la conclusión lógica del análisis de Trotsky sobre los nuevos regimenes totalitarios, el fascismo y el stalinismo (a los cuales evidentemente diferenciamos entre sí en tanto regímenes sociales). Toda la posición de Trotsky a partir de la victoria de Hitler después de Stalin consiste en desarrollar las consignas democráticas -defensa del Reichstag que eligió a Hitler, autodeterminación para Ucrania- pero no en el marco de un renacimiento de la revolución democrático burguesa en los países capitalistas más adelantados y en la URSS burocrática" (Moreno, 1981 a, pág. 27).

Esta versión del desarrollo de las ideas de Trotsky rompe la coherencia interna de la teoría de la revolución permanente. Ya hemos visto cómo la agitación y lucha en torno a las consignas democráticas no es ninguna novedad tardía del marxismo (supuestamente impulsada por los triunfos de Hitler en los treinta); por el contrario, la discusión sobre las relaciones entre democracia y revolución nacen con la actividad política del marxismo y es parte esencial en el surgimiento y elaboración de la teoría de la revolución permanente. Y otorgarle importancia a las consignas democráticas no implicó nunca estructurar el programa revolucionario en torno al eje democrático. Pero además, en lo que respecta a los Estados obreros burocratizados, el marxismo subrayó siempre la diferencia de naturaleza social que media entre los mismos y los Estados capitalistas. Es que frente a un Estado obrero burocratizado los marxistas revolucionarios no defendemos una "vuelta hacia atrás", hacia la democracia burguesa, sino un avance hacia la democracia de los consejos revolucionarios. Por este motivo el Programa de Transición no plantea las consignas de la democracia burguesa para la URSS, sino la democracia y las libertades soviéticas. Creemos que sigue siendo válida la ley que alguna vez había enunciado Plejanov para las revoluciones: la defensa de la revolución frente a los reaccionarios debe ser el criterio supremo. En este caso, la defensa de la revolución frente a la burocracia y el restauracionismo.

Que la debilidad del marxismo revolucionario en los Estados del Este no haya permitido desarrollar este programa no permite deducir que fuera incorrecto. Los acontecimientos demostraron que el vacío que dejo el marxismo revolucionario fue ocupado por el programa de la democracia burguesa subordinada al imperialismo. No había tercer camino disponible. Desde este punto de vista siguen manteniendo vigencia las advertencias de Trotsky contra los peligros de confundir el programa de lucha anti burocrática y a favor de la democracia soviética con el programa de la restauración capitalista vía democracia burguesa:

"La Plataforma de la Oposición de Izquierda no contempla, naturalmente, una democracia absoluta y autosuficiente, que se eleve por encima de la realidad política y social. Necesitamos democracia para la dictadura del proletariado y dentro de los marcos de esa dictadura" (Trotsky, 1976 a, pág. 247).

Lejos de soñar con un período de "revolución democrática y popular", con el único peligro de restauración proveniente del imperialismo, Trotsky advirtió una y otra vez sobre los peligros de confundir las banderas de la oposición antiburocrática obrera con las de la oposición restauracionista. Así, por ejemplo, se opuso explícitamente a la consigna de "Abajo Stalin" en los años treinta (el período en el cual, según Moreno, Trotsky habría cambiado su posición):

"Es verdad que la consigna "Abajo Stalin" es muy popular ahora, no sólo dentro del partido, sino mucho más lejos de sus perímetros. En esto uno puede ver la ventaja de la consigna, pero al mismo tiempo, indudablemente, su peligro. Asumir un color protector y disolverse políticamente en el descontento general con el régimen stalinista es algo que nosotros no podemos hacer, no haremos ni debemos hacer" (Trotsky, 1979 a, págs. 170-1).

Y años después, escribía:

"No perdemos de vista en ningún momento el hecho de que la cuestión de derribar a la burocracia para nosotros está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS; que la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS está subordinada para nosotros a la cuestión de la revolución proletaria mundial" (Trotsky, 1971, pág. 26).

De la misma manera, y para terminar con este punto, queremos destacar que la posición de Trotsky sobre Ucrania se ubicaba en la misma línea de razonamiento que lo anterior:

"Los nacionalistas pequeño burgueses ... quieren una Ucrania democrática, independiente y no una Ucrania soviética (...) La consigna de una Ucrania democrática está históricamente perimida. Para lo único que sirve es para consolar a los intelectuales burgueses" (Trotsky, 1976, págs. 152-3).

NOTA CAPITULO VII

Nota de 1995: A pesar de que ya no pensamos que en 1989 estábamos en presencia de estados obreros, esto no disminuye un ápice la gravedad del error de Moreno y de la LIT, porque sigue vigente el hecho de que se defendió un programa burgués frente a un régimen social no capitalista.





CAPITULO VIII

LUCHA CONTRA EL STALINISMO Y LA CUARTA INTERNACIONAL

¿Cuba más democracia?

En muchas ocasíones el MAS ha sintetizado su programa y objetivos con el slogan de "socialismo con democracia". Esta formulación es manifiestamente anticientífica: el socialismo implica una sociedad sin clases, mientras que la democracia es una forma de Estado. Es la repetición de la clásica fórmula vulgarizadora con la cual la socialdemocracia buscó encuadrar la lucha por el socialismo bajo los moldes de la democracia burguesa. Pero además esta consigna se combinó muchas veces con la de "Cuba más democracia". Es decir, el programa del MAS se sintetizaría en el "modelo" cubano, pero con "democracia". Cuba sería "socialista", y sólo haría falta "agregarle" la "democracia".

En primer lugar, esta consigna lleva implícita la idea de que el castrismo ha realizado la tarea histórica de la revolución socialista dentro de las fronteras de una isla. Estamos muy lejos, por lo tanto, de la concepción internacionalista de la teoría de la revolución permanente. En segundo lugar, la "democracia" es presentada sin ninguna determinación de clase, con lo que se viene a coincidir con la oposición burguesa al régimen cubano. En tercer lugar, aun en el caso de que se quisiera expresar con esta fórmula la lucha por la democracia obrera -cosa que, insistimos, no se hace- ésta aparecería como un simple "aditamento", como un adorno para una sociedad que en lo esencial ha realizado "el socialismo".

Pero la democracia obrera no es un mero adorno, sino un asunto de vida o muerte para el porvenir del proletariado cubano. No solo porque hay que acabar con los privilegios y los despilfarros y mejorar el nivel de vida de la población, sino también -y fundamentalmente - porque la única manera de romper con el aislamiento de Cuba es mediante una política exterior que acabe con la estrategia stalinista de la coexistencia pacífica con la burguesía mundial, con la política de la revolución por etapas y construcción del socialismo en un solo país, y desarrolle una estrategia marxista revolucionaria. Para esto la democracia obrera es imprescindible e implica derrotar en toda la línea a la burocracia cubana.

La política de frentes y la lucha contra el stalinismo

Todo lo que hemos desarrollado hasta aquí explica que el MAS haya terminado por abandonar la lucha política, teórica y estratégica, contra el stalinismo. Si los partidos stalinistas han sido capaces de conducir revoluciones democráticas y abrir el camino hacia la revolución socialista, si lo único que hay que agregarles a estos procesos es la "democracia", es natural extraer la conclusión de que es posible formar frentes por objetivos estratégicos con el stalinismo.

La política de los frentes obreros se planteó como un problema agudo luego de la Revolución de Octubre, cuando el movimiento obrero europeo se dividió en dos grandes sectores, el socialdemócrata y el comunista. No podemos extendernos aquí en este importante problema. Bástenos señalar que la política de la Tercera Internacional en época de Lenin fue una profundización del comportamiento que ya habían adoptado Marx y Engels desde 1848, que se puede sintetizar en la conocida fórmula de "golpear juntos, marchar separados". Esto es, hay que ser unitarios en toda lucha, en todo paso adelante que dé el movimiento, y hay que mantener la intransigencia ideológica y teórica.

Con la burocratización de la Tercera Internacional, la política stalinista devino exactamente en lo opuesto: división para las luchas efectivas, unidad programática con los enemigos de la clase obrera. Trotsky combatió esta política, reivindicando el legado de las enseñanzas marxistas y leninistas como parte del legado estratégico del proletariado. Por este motivo combatió enérgicamente tanto el divisionismo y sectarismo criminal del stalinismo durante el llamado "tercer período" frente al avance del fascismo, como también la posterior política del frente popular. Aun en lo más duro de su batalla contra la política divisionista del stalinismo hacia la socialdemocracia alemana, Trotsky se opuso a la presentación de listas electorales comunes del PC y del PS, bajo programa común. La unidad que pregonaba era la unidad de lucha, no la confusión programática. Y por otro lado, durante la lucha contra el frente popular con la burguesía, Trotsky no dejó de predicar a favor de la unidad siempre que estuviese implicada alguna medida efectiva de lucha en favor del proletariado.

La política del MAS, bajo orientación de Moreno y después, fue lo opuesto. Por un lado, un sectarismo exacerbado en las luchas obreras que alejó a muchos de los mejores activistas y dirigentes. Es muy frecuente que los activistas y luchadores obreros acusen al MAS de buscar a cualquier costo la hegemonía, y de embanderar rápidamente toda lucha con los colores partidarios. Al respecto sería conveniente que la dirección del MAS prestase atención a los consejos que daba Trotsky a la dirección del SWP de los Estados Unidos, cuando salía en defensa de la manera en que Cannon se acercaba a dar apoyo y solidaridad a los conflictos obreros1.

Pero la otra cara ha sido el oportunismo electoral, que ha llevado a la conformación de Izquierda Unida, y antes del Frente del Pueblo. Ambas coaliciones se formaron a partir de un programa común de gobierno -"para sacar al país de la crisis"- elaborado entre el MAS y el partido Comunista, amén de la participación de personajes provenientes de la pequeña burguesía como Nestor Vicente. El votar programas de gobierno con el stalinismo significa decirle al movimiento obrero que hay un proyecto común. Por ejemplo, el programa de Izquierda Unida habla del socialismo y de la liberación nacional - a la par que no dice una palabra de la destrucción del Estado burgués -. Es decir, el MAS se presenta al movimiento obrero diciendo que con el stalinismo y los representantes de la pequeña burguesía "democrática", y además sin destruir al Estado burgués, es posible avanzar hacia el socialismo. Y esto en momentos en que las masas de los países del Este repudiaban y derrocaban al aparato stalinista. No es casual que durante la conformación del Frente del Pueblo y de Izquierda Unida se hayan frenado todas las discusiones y críticas estratégicas al stalinismo. En plena crisis de la burocracia stalinista los trotskistas del MAS hicieron actos conjuntos con el stalinismo -caso del 1ero. de Mayo de 1989- sin hacer ninguna referencia a las luchas de las masas del Este.

A veces se ha querido defender estos frentes recordando la política de Trotsky del "frente único obrero". La referencia es desafortunada, y tergiversa la táctica bolchevique. Como Trotsky señaló en su momento al partido Laborista Independiente inglés, la política del frente único obrero está destinada a las grandes organizaciones de masas, y no a los pequeños partidos de izquierda. Esto se debe a que es una táctica cuyo objetivo es movilizar a las masas; pero exige como condición la más completa independencia programática. Por este motivo el frente único nunca se hace con objetivos de propaganda. De lo contrario estaríamos hablando de programas comunes, pero entonces se trataría de un mismo partido. Precisamente la necesidad de un frente surge de las divergencias programáticas y de la necesidad de la lucha común por los puntos mínimos. Las elecciones son lo opuesto a una movilización. La participación de los marxistas en ellas se reduce a la agitación de los puntos centrales del programa obrero y socialista. Por supuesto esto no impide la realización de tácticas electorales especiales. Por ejemplo, en determinados casos los marxistas pueden llamar a votar a un partido obrero reformista, explicando este llamado por el carácter de clase de tal partido. Pero al mismo tiempo tienen la obligación de señalar que no comparten el programa, y que no confían en sus dirigentes. Esta política también es opuesta a la que instrumentó la LIT en Brasil frente al PT, a quien se presentó ante las masas como dotado de un programa socialista, y a su máximo dirigente como un "luchador socialista".

Lo que decimos tampoco excluye la posibilidad de lograr acuerdos tácticos electorales para no dispersar el voto de la izquierda. Pero ésta es una cuestión de técnica electoral que no puede comprometer la lucha programática. De lo contrario se renuncia a la necesidad misma del partido.

 

Moreno y la dirección de la Cuarta Internacional

Hemos comenzado nuestra discusión sobre las posiciones de Moreno examinando uno de los documentos críticos centrales que escribió contra Mandel. Podemos decir que gran parte de las posiciones de Moreno se desarrollaron a través de las largas polémicas contra la dirección de la Cuarta Internacional (Secretariado Unificado). Pero por lo discutido hasta aquí se podrá comprender por qué nunca pudo llegar a una crítica a fondo de las posiciones que primaron en el seno de la Cuarta Internacional: en esencia compartía sus marcos conceptuales fundamentales. Hemos visto cómo fue común a casi todo el movimiento trotskista pensar que cualquier partido u organización podía llegar por la práctica a cumplir con el rol del partido marxista revolucionario. Que la teoría de la revolución permanente podía ser llevada a cabo "prácticamente" por direcciones stalinistas o pequeño burguesas. Esta posición se mantenía junto con la repetición ritual de algunas fórmulas del Programa de Transición, o de libros de Marx, Lenin o Trotsky.

Esto explica la situación de dirigentes como Moreno, que podían en determinados momentos dirigir críticas correctas a tal o cual posición de otros dirigentes de la Cuarta Internacional pero, debido a que no superaban la raíz teórica del problema, estaban condenados a repetir, en otros momentos históricos, lo mismo que criticaban. Moreno criticó a Mandel y al SWP por sus alabanzas al castrismo, aunque nunca pudo dar una explicación coherente de por qué él mismo en su momento calificó al castrismo de "marxismo práctico". Moreno criticó el apoyo de Mandel al sandinismo, o al eurocomunismo europeo y luego firmó en Argentina un programa de gobierno con el stalinismo, y suspendió durante ese tiempo toda crítica al mismo. Y tal vez el caso más evidente es el de la crítica de Moreno a Mandel acerca de la democracia socialista. Poco tiempo después de escribir un violento libro contra las posiciones pro- democracia burguesa en los Estados obreros que defendía Mandel, Moreno las adoptó integramente. El propio Moreno dio a entender que las diferencias no eran de fondo. Esto se refleja muy bien en el veredicto último que da Moreno sobre la caracterización del mandelismo; el problema de éste sería el "impresionismo" y no su abandono del programa y la teoría de la revolución permanente. Por este motivo, Moreno sostiene en los documentos de la LIT de 1985, que el mandelismo es "internacionalista", y alienta esperanzas de que aún pudiese ser ganado para las posiciones trotskistas. A su vez, no es de extrañar que Mandel, en una carta enviada al PTS en 1988, haya sostenido que si Moreno hubiese vivido, habría acordado con él en el tema clave de la democracia socialista. Esto no es mala fe por parte de Mandel, sino la comprensión del desarrollo lógico de las posiciones de Moreno. Y ambas posiciones se hacen idénticas en torno a cómo entendían el tema de la Cuarta Internacional.

La Cuarta Internacional

Así como Moreno abandona el programa y la teoría de la revolución permanente, abandona finalmente la lucha por la Cuarta Internacional. Si bajo presión de las circunstancias cualquier grupo o partido puede iniciar la revolución socialista, si con el stalinismo se pueden lograr frentes estratégicos y programas para la construcción del socialismo (recordemos que la dirección del MAS llegó a decir que "hemos ganado al Partido Comunista al programa revolucionario" en ocasión de la firma del pacto de Izquierda Unida), la Cuarta Internacional y su programa, el Programa de Transición, no son necesarios. Surge así en Moreno la idea de un "frente único revolucionario" de diferentes organizaciones centristas, conformado alrededor de un programa mínimo, para avanzar hacia la revolución socialista. Nótese que no se trata de una organización circunstancial para alguna lucha puntual, sino de un frente estratégico para la revolución socialista mundial (después de todo, como gustaba decir Marx, para la lucha no hace falta ninguna unidad especial). Este es el llamado que hace Moreno en el Manifiesto de la LIT, considerado por el propio Moreno como la síntesis más acabada del programa y la estrategia de la organización. En el último punto se incluye un programa en torno al cual se convoca a conformar un frente único revolucionario. Comprende 7 puntos:

a) lucha contra el hambre y la desocupación

b) apoyo a las luchas de las masas en todo el mundo.

c) rechazo de los pactos y acuerdos con el enemigo y de las direcciones de masas que los realizan.

d) solidaridad revolucionaria internacional.

e) ninguna confianza en direcciones burguesas, burocráticas y/o pequeño burguesas, porque solo un partido obrero revolucionario podrá encabezar el triunfo.

f) llamado a tomar el gobierno destruyendo al Estado capitalista.

g) por la democracia obrera.

Y finalmente se dice:

"Llamamos a las organizaciones y militantes revolucionarios del mundo que concuerden con este programa a unirse a nosotros. Solo así las masas revolucionarias encontrarán finalmente una dirección revolucionaria que no las traicione y las lidere en la lucha por la destrucción del imperialismo capitalista, la toma del poder por los trabajadores y la construcción del socialismo en todo el mundo" (énfasis nuestro)

Nótese que este llamado final es contradictorio con el punto (e), que dice que sólo el partido obrero revolucionario podrá encabezar la lucha hasta el socialismo. Era de suponer que tal partido estuviese asentado en una sólida base teórica y programática, en el marxismo. Pero finalmente se descubre que sólo es necesario unirse por un programa mínimo de frente único revolucionario para tener garantizada no sólo la victoria sobre el capitalismo, sino también la construcción del socialismo mundial. Es otra dirección con otro programa que el programa y la teoría de la revolución permanente. Es otra organización, distinta a la Cuarta Internacional. Se cierra así el círculo del pragmatismo y de la minusvaloración de todos los fenómenos de conciencia con el rechazo en el plano programático-organizativo de la necesidad del partido marxista. Por otra parte, es una posición idéntica a la que siempre defendió Mandel sobre la Cuarta Internacional, y que ayuda a explicar por qué, a la hora de la crisis final del stalinismo, la Cuarta también se encontró sumida en una grave crisis teórica, política y organizativa.

 

NOTA CAPITULO VIII

Nos referimos a la carta que con fecha 17 de abril de 1933 Trotsky dirige al Secretariado Internacional, con copia al Comité Central de la sección norteamericana de la Oposición de Izquierda. Cannon había sido acusado por la dirección del partido porque al concurrir a dar apoyo a obreros en huelga no se había presentado como miembro del partido. Trotsky sale en defensa de la actitud de Cannon:

"El camarada Cannon es criticado por haberse presentado como representante de los obreros de vanguardia y no como representante de la Liga. (...) El reproche al camarada Cannon me parece dictado por una pura intransigencia formalística. No pienso que fuese la tarea del camarada Cannon presentarse como delegado de la Liga, siendo esta una organización política. No se logra mucho con demostraciones políticas dentro de los sindicatos; es importante entrar en ellos, ganar autoridad en su seno, trabajar dentro de ellos, crear una fracción allí, que a su vez no debe abusar del nombre de la Liga en cada ocasíón, especialmente mientras siga siendo una debil minoría". E insistía Trotsky en que veía en las críticas a Cannon un "cierto espíritu de sectarismo formal". Pensamos que las organizaciones trotskistas hubiesen avanzado mucho en su relación con la clase obrera si hubiesen seguido este consejo.




UN LLAMADO FINAL

En su libro Stalin el gran organizador de derrotas, Trotsky aventuró algunos pronósticos sobre lo que sucedería en caso de que la Internacional Comunista, bajo conducción de Stalin, continuase su política de errores en la conducción de las fuerzas del proletariado revolucionario. Sostuvo que si la Internacional seguía con su nefasta política, el resultado inevitable sería su hundimiento y el posterior hundimiento de la URSS. Esto, a su vez, provocaría "un daño infinito al proletariado mundial" (Trotsky, 1974, pág. 35). Aun en ese caso la revolución proletaria sabría abrirse paso nuevamente, pero a costa de grandes sacrificios. Y los revolucionarios se verían obligados "a reanudar el hilo de sucesión roto y conquistar nuevamente la confianza de las masas" (ídem pág. 36).

En los últimos tiempos la revolución proletaria ha cedido muchas posiciones. La confianza de las masas en el socialismo se ha quebrantado. La caída de los Estados obreros en manos de gobiernos capitalistas está mostrando la profundidad de la crisis. Esta afectó decisivamente también al trotskismo. Se ha abierto un período en el que es necesario "reanudar el hilo rojo"; para ello es imprescindible discutir exahustivamente cómo se llegó a la actual situación. Durante muchos años los métodos stalinistas de discusión entre revolucionarios fueron moneda corriente, dentro y fuera de las organizaciones de izquierda. Es hora de romper con esta práctica para despejar el camino a la más plena discusión.

Muchos militantes del MAS y de la LIT se niegan obstinadamente a sostener cualquier debate con los "excomulgados", los "enemigos", por la sencilla razón de que no soportan las críticas. Muchas veces oponen argumentos formales, del tipo de "discusiones por fuera del partido no están permitidas". Estos no son más que subterfugios que obstaculizan el rearme teórico y político de la vanguardia marxista. Al respecto, quisiéramos terminar este trabajo recordando que en 1932 Trotsky pedía a la dirección del partido Comunista alemán una discusión donde pudiesen participar todos los comunistas, expulsados o no del partido, con la sola condición de que fuesen invitados por las células. En un escrito con fecha del 14 de setiembre de 1932, decía:

"El Congreso del partido debe ser precedido, naturalmente, de una discusión completa. Todos los obstáculos del aparato deben ser suprimidos. Cualquier organización del partido, cualquier núcleo, tiene el derecho a llamar a sus reuniones a cualquier comunista, miembro del partido o expulsado de él, si lo considera necesario para formarse opinión. La prensa debe ponerse al servicio del debate; en todos los periódicos del partido debe asignarse diariamente el espacio suficiente para los artículos críticos. Comisiones especiales de prensa, elegidas en las asambleas generales de miembros del partido, deben velar para que los periódicos sirvan al partido y no a la burocracia.

La discusión exigirá, ciertamente, no poco tiempo y energía. El aparato argumentará: "¿Cómo puede permitirse el partido el lujo de una discusión en un período tan crítico?" Los salvadores burocráticos creen que en condiciones difíciles el partido debe callarse. Los marxistas, por el contrario, creen que cuanto más difícil es la situación, más importante es el papel independiente del partido (Trotsky, 1980, pág. 245).

Parte de la recuperación del marxismo revolucionario es volver a estos consejos de Trotsky, que por otra parte no hacían más que retomar la tradición del bolchevismo. Las circunstancias actuales transforman este pedido en una exigencia imperiosa. Es el primer paso para empezar a superar la crisis de la Cuarta Internacional y del movimiento marxista. Por supuesto esta discusión debe ser llevada también en un plano internacional.




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Documentos

Documento 1: Programa de Transición.

Documento 2: Programa del MAS (1985).

Documento 3: Manifiesto de la LIT (1985)

También se utilizó colección de Solidaridad Socialista semanario del MAS.