El movimiento piquetero

y la cuestión de la vanguardia

 

1  Introducción

 

E

n recientes análisis de la Liga Comunista1 hemos planteado  nuestra posición respecto del movimiento piquetero y cuáles eran, a nuestro entender, los problemas que veíamos en lo inmediato y lo mediato. No intentamos aquí hacer una descripción particular de cada uno de los grupos piqueteros y de sus diferencias, que por cierto existen y requerirían un conocimiento especializado al respecto, sino que nos enfocaremos en aquellos puntos que resultan centrales para poder establecer una caracterización de los mismos.

     Por otro lado no desconocemos el compromiso y la lucha llevada adelante por muchos compañeros y sus organizaciones, pero el reconocimiento de ello no debe guiarnos a un camino acrítico, evitando ver lo que consideramos sus limitaciones, y problemas más profundos en algunos casos. Por último nos centraremos fundamentalmente en la discusión sobre el movimiento piquetero como vanguardia.

     Más allá de compartir una metodología de lucha, no podemos hablar del “movimiento piquetero” como si se tratase de un todo homogéneo. Hay aproximadamente ochenta grupos piqueteros de diversa envergadura, entre los cuales existen notorias diferencias, no sólo entre ellos, sino muchas veces al interior de los mismos. Diferencias que van desde la caracterización política, relación con el Estado o formas de construcción de la organización.

     Hoy día podemos verificar una tendencia, tanto en la izquierda como en la derecha, a sobredimensionar las fuerzas del “movimiento piquetero”. Por lo tanto para comenzar en nuestra aproximación  nos parece interesante tener en vista una serie de datos, según estimaciones del INDEC2 en mayo de 2003 la población urbana total era de 34.393.000 personas, al tiempo que la población económicamente activa (PEA) era de 14.393.000, agrupados de la siguiente manera:

 

 

                                  Población             Total               % de                                  % de des-                                     % de

                                    Econó-                  de             ocupados         Deso-            ocupa-             Sub-               subocu-

                                micamente       Ocupados       sobre la        cupados       dos sobre      ocupados            pados

                                activa (PEA)                                    PEA                                      la  PEA                                    s/la  PEA

 

 


Mayo de 2003       14.393.000      12.191.000          84,7           2.202.000           15,3           2.647.000               18

 


Fuente: Elaboración propia a partir de datos del INDEC.

 

 

     En junio de 2003 los beneficiarios de planes sociales eran aproximadamente 1.978.149. De estos planes, 1.850.149 son manejados directa o indirectamente por el PJ y sus punteros, de los restantes 128.000, el 70% (90.000 planes) se encuentran en manos de la FTV y la CCC (35 % para cada una de ellas), quedando 38.000 planes para los grupos denominados como “duros” que se hallan distribuidos de la siguiente manera: 9.000 para la Coordinadora Aníbal Verón (MTD y CTD) es decir un 7%, otros 9.000 para el MIJD, y 16 %  (unos 20.000 planes) para el Bloque Piquetero.

     Ahora bien, si tenemos en cuenta que entre subocupados y desocupados se cuentan 4.849.000 personas, vemos que el peso relativo del movimiento piquetero en su conjunto es del  3,77%3 (si contabilizamos los 183.000 “militantes” de los diversos grupos). Si sólo tomamos en cuenta la Coordinadora Aníbal Verón, el  MIJD, y el Bloque Piquetero que suman un total de 63.000 “militantes” su peso relativo desciende al 1,2 %. Y ni siquiera merece ser comentado el porcentaje si lo hiciéramos sobre el conjunto de la PEA.

     Es cierto que ninguna organización, revolucionaria o no, puede esperar la adhesión de todos, sin excepción de uno, los miembros de la clase obrera y los sectores populares en su conjunto para llevar adelante sus reivindicaciones. Pero no menos cierta es aquella fórmula, sostenida por un gran revolucionario, que para poder operar cambios cualitativos los militantes y los sectores de la clase obrera ganados para lucha deben contarse no en cientos, miles, o cientos de miles, sino en millones. Sólo cuando se han operado cambios cuantitativos de cierta magnitud pueden tener lugar cambios de tipo cualitativo.

 

2  Los avances del movimiento piquetero

 

Si nos remitimos a los avances logrados por los diferentes grupos piqueteros, podemos destacar:

 

1)  Haber logrado, en cierta medida, a través de la obtención de Planes Sociales paliar la terrible situación que implica el hambre de miles de compañeros.

 

2)  La obtención de bolsones de comida que se dirigen en la misma dirección que el punto anterior.

 

3)  Organizar pequeños emprendimientos productivos (aquí nos referimos a aquellos emprendimientos que se han realizado con relativa autonomía) que tienen por fin desarrollar a escala muy reducida y limitada una economía de subsistencia.

 

4)  En algunos casos, principalmente las organizaciones más ligadas al gobierno, han logrado participar de proyectos de construcción de obras públicas o contar con el apoyo del Estado para emprendimientos de mayor envergadura. Por ejemplo la construcción de viviendas en el norte argentino, o la entrega de 80 toneladas de semillas para la siembra de algodón que entregara Alicia  Kirchner a la CCC.

 

5)  Y por último la organización de miles de compañeros desocupados en diferentes organizaciones, no deja de constituir un notorio avance.

 

A pesar de todos estos importantes y notorios avances, creemos necesario marcar lo que a nuestro entender son algunas limitaciones.

 

3  Los límites del movimiento piquetero

 

Existen a nuestro entender y en función de los datos antes expuestos una serie de límites que deben ser tenidos en cuenta.

     En primer lugar, encontramos el techo de crecimiento de las organizaciones mismas, y que en gran medida se encuentra atado al número de planes sociales de los que dispone cada una y el movimiento en su conjunto, esto es un 6,5 % aproximadamente, es decir unos 128.000 planes. A esto hay que agregar que dentro de este porcentaje el 70 % se encuentra en manos de organizaciones que se han alineado de manera directa con el gobierno como en el caso de la FTV, o va camino a ello, con pequeñas diferencias,  como es el caso de la CCC (situación esta última que de confirmarse agregaría una mayor complejidad a la situación).

     El segundo límite está ligado al control de dichos planes, y depende de manera directa de la estrategia política que adopte el gobierno con algunas o todas las organizaciones. Si se suprime la mediación de dichas organizaciones en la asignación de los planes, de seguro aquellas que han basado gran parte de su construcción política en los planes verán peligrar su existencia. Otros por desplazamiento se verían impulsados a radicalizar sus posiciones, lo que posiblemente podría dejarlos en un alto grado de aislamiento. No debemos olvidar por un lado que, de los 1.978.149 planes, 1.850.149 de ellos aproximadamente se encuentran en manos del PJ, y  del resto, el 70 % están en manos de la FTV y la CCC como ya hemos dicho. Por otro lado, nos agrade o no, es de tener en cuenta el amplio consenso que posee el actual gobierno entre amplios sectores de la misma clase obrera, gobierno que lejos está de encontrarse en una posición defensiva como “sueñan” algunos dirigentes políticos.

     En tercer lugar, el otro límite se encuentra ligado a la confirmación de la tendencia establecida en el último documento de la Liga Comunista sobre Ciclo y Coyuntura Económica4. De confirmarse que nos encontramos ante un nuevo ciclo de acumulación capitalista, y no ante un mero “rebote” de la economía, es esperable que la tasa de desocupación descienda, de manera muy lenta y en pocos puntos. Esto último a nuestro entender es deseable, dado que permitiría elevar el nivel de vida de una parte de nuestra población aunque sea en niveles ultramínimos, muy a pesar de aquellos que sostienen “cuanto peor mejor”; por supuesto y como se sostiene en el documento, todo nuevo ciclo de acumulación capitalista se apoya sobre el aumento de la explotación de la clase obrera.

     En cuarto lugar, en cuanto a la incidencia objetiva en la lucha de la clase obrera en su conjunto, el movimiento piquetero no ha podido frenar en ninguna medida el avance del capital. Los salarios registraron un descenso aproximado del 60 % en los últimos dos años y la precarización laboral crece día a día a pesar de las marchas piqueteras. Esto se debe principalmente a que el ámbito donde se decide la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo es fundamentalmente el de la producción. Por otro lado la utilización por parte del gobierno y de las empresas privadas de los beneficiarios de los planes como mano de obra barata, ha contribuido a una precarización mayor de los salarios. Un caso ejemplificador de ello es la utilización de los trabajadores desocupados en diversos hospitales, la contratación por parte de las empresas privadas de los trabajadores desocupados con la obligación de las mismas a completar el salario mínimo, o el intento realizado en algunas localidades de la Provincia de Bs. As. para que los beneficiarios realicen contraprestaciones por ejemplo en la limpieza de calles. Tampoco han podido frenar la Ley laboral impulsada por el gobierno, al tiempo que la burocracia sindical parece salir reforzada.

 

4  Las organizaciones de izquierda en el movimiento piquetero

 

     Existen por un lado muchos grupos piqueteros que a pesar de todas las contradicciones y divisiones que podamos encontrar en su interior, han desarrollado una construcción genuina desde sus bases, expresando una necesidad real del movimiento. Mientras que, por otro lado, encontramos partidos de izquierda que buscando pequeñas cuotas de poder, o formas de aumentar su número en las movilizaciones partidarias, e inclusive en algunos casos el sostenimiento económico de militantes de su organización, se abocaron a la construcción de grupos piqueteros que no expresan de manera alguna la necesidad real de las bases, tomando para tal fin y de la manera más despreciable y miserable aquellas prácticas clientelares que históricamente desde la izquierda hemos criticado  al PJ y sus punteros.

     Es de tener en cuenta que en la mayoría de los casos la adhesión de los compañeros de base a tal o cual organización, se debe fundamentalmente a una cuestión territorial y a la influencia que puedan tener las diferentes organizaciones en el barrio; rara vez se debe a una decisión política conciente. Es más, la mayoría de los compañeros difícilmente conozca en profundidad las diferencias políticas, ideológicas o de otro tipo que los separan de los compañeros de otras organizaciones.

     No debemos perder de vista que el motivo fundamental por el cual se organizan los compañeros es para evitar en gran medida morir de hambre.

     Por supuesto que celebramos los avances organizativos de los trabajadores desocupados, pero creemos que dado el eje de sus reclamos debería apuntarse a una organización lo más amplia posible, que permita llevar adelante la lucha por reclamos de tipo elemental, y no una decena de grupos que se fraccionan y atomizan hasta el infinito.

     Sólo en el último año en la Provincia de Buenos Aires casi se quintuplicaron los grupos piqueteros. Pasaron de 14 a 62 grupos en los últimos doce meses, de ellos, 43 son desprendimientos de grupos ya existentes y 19 son nuevos grupos. El MTD Aníbal Verón se ha escindido en: MTD Aníbal Verón, MTD Evita, MTD Luchar y MTD Resistir y Vencer, este último recientemente ha tenido una nueva escisión,  el MTD 26 de junio. La CTD Aníbal Verón se ha escindido en CTD La Plata y CTD Lanús. Algunos de los nuevos grupos surgidos son:  Asociación de Trabajadores Varelenses (ATV), Barriadas del Sur, Frente de Organizaciones Comunitarias, Asamblea de Desocupados de Ezeiza, Organizaciones Libres del Pueblo (OLP), El Kadri.

     A este fraccionamiento hay que agregar que, lamentablemente, en algunos casos se utiliza los movimientos de desocupados para dirimir mezquinas internas o aumentar el número de militantes en actos partidarios. De esta manera se ha reemplazado la construcción política, a través del convencimiento y el avance de la conciencia por la presión económica a partir de la situación material que atraviesan los compañeros. Inclusive hoy en la izquierda se asume que se es alguien en los movimientos de masas y en la clase obrera si se “posee” un grupo piquetero. De hecho muchas veces podemos verificar la identificación de las siglas partidarias con los respectivos grupos de trabajadores desocupados (PO-PO, MST-MST).

 

5  Las organizaciones de izquierda y el problema de la vanguardia

 

     Otro de los problemas a tener en cuenta es aquel relacionado con la definición del movimiento piquetero, por lo menos los más combativos, como vanguardia. Lenin sostenía, y con justeza, que el medio más seguro para desacreditar una nueva idea política (y no solamente política) y de perjudicarla consiste en llevarla hasta el absurdo con el pretexto de defenderla. Y esto, lamentablemente, es lo que se está haciendo desde muchos partidos de izquierda.

     La vanguardia es definida por distintos sectores en función de diversos factores.

     La primera definición de vanguardia es aquella que sostiene que la adopción de determinado programa5 (el propio) expresa el avance de la conciencia revolucionaria del movimiento. Ahora bien, suele suceder que no siempre la elaboración de un programa a nivel de las cúpulas expresa el movimiento real y la conciencia real de las bases. Por el contrario en dicha argumentación se suprimen todas las mediaciones necesarias, con lo cual en última instancia la vanguardia termina por ser definida por aquel sector donde se tiene influencia. Esta posición propia de las sectas políticas, grandes o chicas, posee fundamentalmente dos problemas. Por un lado la creación de microclimas políticos que impiden el correcto análisis de la situación y de la correlación de fuerzas existentes. Por  otro lado, todo aquel que no forme parte de dicha “vanguardia”, o que plantee objeciones a dicha caracterización cae en el terreno contrarrevolucionario.

     Una segunda definición de vanguardia es la que liga, en gran medida, vanguardia con pobreza absoluta. El argumento es más o menos el siguiente: “el capitalismo no puede generar más empleo, no se volverán a ver grandes fábricas con miles de trabajadores, la desocupación de tipo estructural es una tendencia que se irá acentuando con el correr del tiempo y que tiene carácter de irreversible”.

     Si tenemos en cuenta algunos datos históricos vemos que la desocupación a finales del siglo XIX en los principales países capitalistas oscilaba entre el 35% y el 45%6 de la PEA, muy por encima de lo que se verifica hoy día, lo que llevó a mucho economistas burgueses a dirigir sus investigaciones sobre esta situación. De hecho el propio Engels en el Prólogo de 1890 a la edición inglesa de El Capital se refiere a dicha situación. Pero la posterior situación a nivel internacional con el reinicio de un nuevo ciclo de acumulación capitalista permitió disminuir considerablemente la población obrera sobrante.

     Repetidas veces, a lo largo de la historia, producto de las leyes de la acumulación capitalista y de las mejoras que logró arrancar la clase obrera a través de su lucha con la clase capitalista ha tenido lugar la disminución de la tasa de desempleo. Por supuesto que no abrigamos la más mínima esperanza en que los problemas de la clase obrera puedan ser resueltos dentro del capitalismo, pero nada nos demuestra que dicha situación de desempleo sea irreversible aún dentro de los límites que impone el capitalismo.

     Si ante una crisis la clase obrera no logra encontrar una salida revolucionaria a la misma, se producirá el reinicio de un nuevo ciclo de acumulación con la profundización de todas las relaciones capitalistas. Debemos tener en cuenta que el desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo no es algo que avance en una dirección de forma permanente, como así tampoco la situación de crisis se prolonga dentro del mismo de manera indefinida. “El desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo no es armónico y continuo, sino pleno de contradicciones”7.

     De modo que aquel planteo confunde varias cuestiones. Por un lado confunde la derrota y la situación defensiva a la que ha pasado la clase obrera ocupada con su “desaparición” dado que plantea la irreversibilidad y profundización de dicha situación. Por otro lado toma como referencia el concepto de pobreza absoluta y olvida el concepto de pobreza relativa, que tanto para Marx como para Engels era de vital importancia. Al mismo tiempo que identifica de forma mecánica, pobreza con cambio revolucionario, es decir el pauperismo se vuelve determinante en este análisis.

     Desde diversas perspectivas, tanto aquellos que se enmarcan en esta segunda definición como los de la primera, al desplazar por diferentes razones el eje, terminan por intentar liderar al movimiento obrero en su conjunto desde los diferentes movimientos piqueteros.

     La tercera definición de vanguardia, es también altamente problemática, la misma es definida por aquel sector que en un determinado momento es el más  movilizado. Es cierto que luego del 19 y 20 de diciembre del 2001 el movimiento piquetero, con sus diferentes vertientes, es el único que ha logrado sostener con relativo éxito grados importantes de movilización. No obstante, a lo largo del 2003 se ha registrado una significativa caída del número de cortes. Mientras que en el transcurso del 2002 el número de cortes y movilizaciones llevadas adelante por los distintos grupos que conforman el movimiento piquetero fue de 2336, en el 2003 el número descendió a 1278. Esto da cuenta de que si bien el surgimiento de los movimientos piqueteros tiene como su determinante fundamental el crecimiento de la desocupación desde mediados de la década del noventa, en cuanto a los niveles de movilización deben ser tenidos en cuenta otros factores de vital importancia. No podemos olvidar que la lucha en esta situación aparece más ligada a un instinto natural de conservación, por lo menos en la mayoría de los casos, que al producto del avance de la conciencia de clase como resultado de un trabajo orgánico.

     Y si bien uno de los componentes más importantes para definir la vanguardia se encuentra dado por su predisposición a la lucha, definirla solamente, y a partir de ella, es tomar el problema de manera absolutamente unilateral. Si así fuera se correría un enorme riesgo, por ejemplo, si crecieran los constantes reclamos por seguridad, por los cuales se han realizado algunas movilizaciones, principalmente por un aumento de  mayor presencia policial en las calles, de mayores atribuciones para la policía o del endurecimiento de las penas como realiza gran parte de la pequeña burguesía, pero también sectores de la clase trabajadora, desde esta lógica, la vanguardia pasaría a estar representada por estos sectores, que en última instancia, concientes o no,  piden una mayor represión. Por ello creemos que caracterizar la vanguardia  a partir de este único elemento, da cuenta por lo menos de un alto grado de espontaneísmo.

     Otra cuestión a tener en cuenta es que a pesar de haber logrado sostener cierto grado de movilización, el “movimiento piquetero” no ha podido liderar una respuesta revolucionaria de la clase trabajadora, debido principalmente a:

 

“En primer lugar porque por su misma naturaleza tiene como eje el reclamo de subsidios para paliar el hambre; de ahí a un programa global hay un paso muy grande. Además, y teniendo en cuenta la experiencia de las Asambleas, ya debiera ser claro que una cosa es que se vote algún programa revolucionario a nivel de la dirigencia, y otra muy distinta es que ese programa se haga carne en las bases. Para la mayoría de los que participan en los movimientos piqueteros la reivindicación central es conseguir más y mejores planes sociales; sólo una minoría se incorporó activamente a un trabajo orgánico de vanguardia, asumiendo discusiones y alternativas globales”8.   

 

     Por lo tanto lo primero que habría que definir es ¿a qué nos referimos cuando hablamos de vanguardia? Como la definición de vanguardia remite a una significación muy amplia, creemos que es necesario hacer algunas aclaraciones. Siempre se es vanguardia de algo y en relación con algo. Por lo tanto cuando desde diversos análisis se escamotea el término vanguardia sin definirlo claramente se está ante un problema político o ante una actitud miserable.

     Si se sostiene que el “movimiento piquetero” es la vanguardia de los desocupados, estamos totalmente de acuerdo con ello, dado que por supuesto son el sector más avanzado en la lucha, no sólo por el grado de movilización sino también porque han logrado cierto desarrollo organizativo. En este sentido es que el movimiento piquetero tiene un carácter progresivo, en tanto que a partir de lo antes dicho ha logrado en cierta medida frenar la terrible situación en la que se encuentran miles de compañeros9.

     Si por el contrario se sostiene que el “movimiento piquetero” es la vanguardia revolucionaria en la lucha por la construcción de una sociedad socialista, estamos absolutamente en desacuerdo. De ser así, si se considera al “movimiento piquetero” como la vanguardia revolucionaria, dicho planteo debería ser hecho explícito por los compañeros y arribar de esta manera a las conclusiones que de ello se desprenden.

     Pero por el contrario esta cuestión aparece lamentablemente contrabandeada en la mayoría de los análisis, y a pesar de no hacerlo explícito, implícitamente se desliza en muchos de dichos análisis la idea de la irrupción de un “Nuevo Sujeto Revolucionario”. Cuestión ésta que rechazamos de plano, más allá del componente espontaneísta que posee dicha tesis, y que se comporta políticamente como el “burro con la zanahoria”.

     Nuestro rechazo se debe a que para nosotros la contradicción principal continúa siendo la relación capital-trabajo, en tanto que, las determinaciones fundamentales que dan lugar a dicha contradicción permanecen en lo esencial inalteradas, el Sujeto Revolucionario para nosotros continúa siendo la clase obrera, de la cual forman parte los trabajadores desocupados.

     Para aclarar la cuestión, el movimiento de trabajadores desocupados es parte de la clase obrera, parte que expresa en su forma más cruda la derrota y el retroceso sufrido en los últimos años, y que como hemos venido sosteniendo tiene por su naturaleza como eje central el reclamo por más y mejores planes y la obtención de trabajo.

     En este sentido ya hemos expresado nuestra posición respecto a la centralidad de la clase obrera como sujeto revolucionario10, intentando demostrar cómo el aumento de los trabajadores de “servicios” y el crecimiento de la desocupación lejos están de la pérdida de centralidad de la clase obrera como sujeto de la transformación revolucionaria de la sociedad, sino que por el contrario significan su ampliación y la profundización de su carácter.

     Si se supone la pérdida de vigencia de dicha contradicción y de sus determinaciones, como lo hacen algunas corrientes, no sólo se debería hablar de un “Nuevo Sujeto Revolucionario”, sino que para ser consecuentes con dicho planteo deberían  llevarlo hasta sus últimas consecuencias, lo que implicaría que el marxismo en general como  teoría científica de la praxis revolucionaria del proletariado pasaría a ser una filosofía muerta.

     Otro dato que da cuenta de dicho desplazamiento, no es sólo el que podemos inferir de los diversos análisis. En la práctica muchas organizaciones, por espontaneísmo o error de análisis, o ambas a la vez, han orientado gran parte de su activismo, que se encontraba ligado de manera directa o indirecta al movimiento obrero ocupado o al movimiento estudiantil, al trabajo sobre desocupados. Perdiendo de esta manera la pequeña, pero importante, influencia que se tenía en estos movimientos.

     Por supuesto que toda organización debe tener una política para los trabajadores desocupados como parte de su política hacia la clase obrera, de hecho la lucha por la obtención de trabajo o por un seguro de desempleo ha sido una parte importante de los reclamos de tipo elemental que pueden ser llevados adelante, con las limitaciones del caso, dentro del sistema capitalista, que han levantado históricamente como bandera los diversos partidos revolucionarios11.

     Pero hacer de esta política para los trabajadores desocupados, todo el eje de la política de un partido que se proclama como revolucionario, no sólo constituye un hecho lamentable que da cuenta de manera palmaria de dicho desplazamiento, sino que entraña en el mediano y el largo plazo consecuencias nefastas para la izquierda misma.

     Debemos tener en cuenta que si bien la organización de los trabajadores desocupados, en la forma que se ha dado en la Argentina resulta un hecho novedoso, la misma por otro lado, se encuentra enmarcada como producto y expresión en gran medida de la derrota de la clase obrera.

     Ahora bien, ante este problema debemos tomar una posición inequívoca respecto a la definición de lo que es una vanguardia revolucionaria. La vanguardia revolucionaria, creemos que debe ser definida a partir de una serie de diversos  factores, como son la conciencia, objetivos estratégicos, programa, grado de organización y por supuesto predisposición a la lucha12. Por otro lado, si nos remitimos a la historia, veremos que la vanguardia revolucionaria se encontraba encarnada precisamente por aquellos sectores de la clase obrera que habiendo logrado estar por encima del nivel de subsistencia impuesto por la burguesía, han podido pasar de la lucha por reclamos elementales de tipo económico a la lucha política.

            Todo este argumento no intenta ni mucho menos, despreciar la lucha llevada adelante por miles de compañeros del movimiento piquetero, pero confundir la justicia de dicho reclamo, con una vanguardia revolucionaria constituye un craso error. Resulta altamente improbable que aquellos que se han visto empujados a resistir en niveles de vida por debajo de los de subsistencia, en condiciones infrahumanas, puedan constituirse en vanguardia sin mediar una larga serie de cambios.

 

1 “Las elecciones y el cierre de una crisis”, Cuadernos de Debate Marxista, Junio 2003.

2 Estas estimaciones se basan en las proyecciones realizadas a partir del Censo de 1991, y no contemplan la información del último censo de 2001.

3 Aquí hemos tomado como dato el número de “militantes” de las diferentes organizaciones (las de mayor importancia numérica), y no el número de planes manejados por éstas, debido a que nos pareció un indicador más correcto para medir su peso relativo en cuanto fuerza social.

4 “Ciclo y coyuntura económica”. Rolando Astarita, 05-12-2003. Se puede consultar en nuestra página Web: LIGACOMUNISTA.TRIPOD.COM.AR

5 Aquí no nos interesa analizar tal o cual programa. Sino que nos enfocaremos en la relación programa-conciencia-base.

6 Citado por Arghiri Emmanuel, La ganancia y las crisis. Un nuevo enfoque de las contradicciones del capitalismo, España, ED. Siglo XXI, 1978.

7 Premisas teóricas y políticas de la Liga Comunista, Cuadernos de Debate Marxista, Noviembre de 2001.

8 “Las elecciones y el cierre de una crisis”. Cuadernos de Debate Marxista. Junio de 2003.

9 Una cuestión a destacar es que a pesar de que celebramos la organización de los compañeros desocupados  y los avances logrados por ellos, efectivamente, en el terreno de las reivindicaciones elementales han logrado casi los mismos resultados que la enorme masa de desocupados que no se encuentran dentro del “movimiento piquetero”. Aquí hay que tener en cuenta que la generalización de los Planes se da con posterioridad a la crisis del 2001, como un intento por parte de la burguesía por controlar la conflictividad social.

10 Premisas teóricas y políticas de la Liga Comunista, Cuadernos de Debate Marxista, Noviembre de 2001.

11 Desde esta perspectiva  la Liga Comunista reivindica la vieja división entre programa mínimo y programa máximo. A la vez que  somos conscientes que la obtención de las reivindicaciones elementales, que constituyen el programa mínimo, siempre posee carácter precario y momentáneo.

12 Aquí no ahondaremos sobre un tema que requeriría un mayor desarrollo, sólo aclararemos que además de los factores antes mencionados, la vanguardia no puede ser autoproclamada, sino que debe ser reconocida como tal por un gran número de miembros de la clase.