LA CONSIGNA DE ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y SU VULGARIZACIÓN POR LA IZQUIERDA

Edi Mondes

  En los momentos de ser escrito este artículo el país ha entrado en una campaña electoral para las elecciones a la Asamblea Constituyente. Por esa razón, tanto los diarios burgueses como la prensa de los partidos de izquierda bombardean con artículos referidos a la reforme proyectada para la Constitución. En un recuadro aparte reproducimos nuestra posició al respecto. En este artículo pretendemos mostrar la posición que el marxismo ha sostenido históricamente en relacion a la Asamblea Constituyente, así como contrastarla con la manera en que ésta ha sido utilizada por la izquierda, específicamente por los partidos que se consideran trotslkistas 1. Creemos y queremos demostrar, que mientras que los marxistas revolucionarios nunca han renegado de la utilización de ésta, así como de otras consignas democráticas, siempre lo han hecho ante situaciones específicas, y dándole a la consigna un carácter clara y explícitamente de enfrentamiento al régimen. Los partidos trotskistas, en cambio, la han levantado en forma casi permanente, y lo que es más grave, cambiándole el contenido, conviertiéndola en una consigna por una salida propia de la dominación de la burguesía. Esto incluso se expresa en la formulación con que esta llamado ha sido hecho.

Sobre el recurrente llamado a una Asamblea Constituyente

  Si revisamos la prensa del trotskismo de los últimos años, podremos comprobar la incontable cantidad de oportunidades en que los distintos grupos han llamado a la Asamblea Constituyente (A.C.). Así, la consigna de A.C. ha sido utilizada recientemente ante la crisis de Santiago del Estero, en contra del pacto Menem-Alfonsín, en otros momentos frente a la hiperinflación, para "democratizar las Fuerzas Armadas", etc. En general ésta es levantada ante cualquier hecho considerado como "antidemocrático".

  Esto ha tenido, por supuesto, su extensión al plano internacional, donde una y otra vez, por ejemplo para México, Yugoslavia o Alemania por citar algunos casos de estos últimos años, se ha propuesto esta consigna como quientaesencia de una política revolucionaria. No llama la atención que la vanguardia, o los pequeños sectores a los que esos partidos llegan, en general hayan hecho caso omiso a este llamado; si bien en muchos casos sin comprender la gravedad política de la manera en que éste era hecho, sí el absoluto desatino del mismo. Por ejemplo, pocas semanas después de las elecciones de octubre del año pasado, alrededor del pacto que comenzaban a tejer Menem y Alfonsín para llamar a una A.C., el MAS en su períodico del 4 de noviembre o, más descaradamente el PTS desde la tapa de su per&ioacute;odico del día 3 del mismo mes, contestaban al pacto con ... la llamada a una Asamblea Constituyente 2.

  Analicemos más detalladamente qué significa el llamado en esta situacióm. Luego veremos lo que estos partidos consideraban diferente en su llamado del que simultáneamente hacían Menem y Alfonsín, pero queremos remarcar aquí lo que para cualquiera con cierta independencia de la influencia de la ideología burguesa es más que evidente: cualquier llamado a elecciones vuelve a sumergir al país en el terreno favorito de la burguesía. En esta situación, para colmo, la ridiculez no tiene límite: a días de las elecciones anteriores, sin que haya habido cambios substanciales en la relación entre las clases, la composición de la A.C. ansiada, repetiría, más o menos, los resultados de las elecciones de octubre. De este modo, ésta como cualquier otra A.C., aunque le agreguemos el título de libre y soberana no puede ser otra cosa que una reunión para dirimir pequeñas rencillas entre patrones a través de sus representantes.

  Históricamente, en cambio, esta consigna democrático-burguesa ha sido siempre utilizada por los marxistas para hacer avanzar un proceso revolucionario en situaciones específicas, para enfrentar a las masas con el régimen, ¡no para que la política de izquierda se diluya y confunda con la política burguesa!

  Esto ha ocurrido en general en las luchas contra regímenes dictatoriales o bonapartistas (sean feudales o capitalistas), y especialmente después de la caída de éstos, cuando las masas, de conjunto sin una perspectiva revolucionaria de clase, tenían enormes aspiraciones democráticas y la necesidad de una A.C. para definir el tipo de régimen, la organización general del estado, estaba a la orden del día. O sea, para verlo en situaciones concretas, tanto el llamado de Lenin en 1905 o luego en 1917, como el de Trotsky en China o luego en España, está planteado para situaciones, antes o inmediatamente después de derrocar al poder dictatorial, en las que las masas jamás habían pasado por la experiencia de la democracia burguesa, del sufragio universal3. Esto, como explicaba claramente Trotsky, generaba una situación en las que las masas más atrasadas, básicamente el campesinado, tenían enormes ilusiones en que el voto permitiría expresar los intereses de la mayoría. Por otra parte, ante la caída de estos regímenes, ante la necesidad objetiva de definir el tipo de régimen a sucederlos, el anhelo de las masas de imponer por el sufragio una forma de gobierno que de cabida a las necesidades populares convertía en obligación de los revolucionarios el tener una política, de la cual esta consigna combinada con otras es parte, para disputar a los partidos de la burguesía la capitalización de esta aspiración.

  En cambio, el repetido llamado de las organizaciones trotskistas nada tiene que ver con esas circunstancias. Por el contrario, un llamado en estos momentos, cuando las masas no ponen las tareas democrático-burguesas como necesidades prioritarias, cuando los problemas que objetivamente enfrentan los trabajadores, incluso los de tipo democrático, nada puede cambiar en el marco de la restricta democracia burguesa, el uso de esta consigna es reaccionario y lleva agua al molino de la ficción de la "democracia de todos" con la que la burguesía pretende investir su dominio. ¡El estado burgués es presentado —en una de sus instancias, la A.C.— como un recurso para cambiar la situación del movimiento obrero, como una salida a las necesidades de nuestra clase!

La A.C. en la política de Lenin en Rusia

  Entre las posiciones más importantes sobre una orientación revolucionaria de la consigna de A.C. está lo escrito por Lenin en su libro Dos tácticas de la socialdemocracia. En éste, Lenin polemiza con la posición de los mencheviques la política a seguir frente al proceso revolucionario que había puesto en crisis al régimen del zar después de la revolución de enero de 1905. El objetivo de este escrito es distinguir claramente la política revolucionaria de los bolcheviques, de la reformista de los mencheviques, en la lucha por la consecución de las tareas democráticas. Como parte de esta discusión, Lenin trata extensamente esta distinción en relación a la A.C. En primer lugar, Lenin enmarca el llamado a la A.C., explicando de este modo el por qué de éste.

  "Una nueva situación ... ha sido creada por la revolución iniciada en Rusia, es decir, por la divergencia completa, decidida y abierta, entre la inmensa mayoría del pueblo y el gobierno zarista".4

  Frente a esta situación, Lenin explica cómo hay tres posiciones. Mientras que el trotskismo local le ha dado permanentemente a la consigna de A.C. un carácter revolucionario en sí, este escrito de 1905 comienza mostrando que la A.C. está planteada por todos los sectores de la sociedad rusa, incluyendo en ésto al propio zarismo, a la burguesía liberal y a los reformistas5. ¿Pero qué es lo que distinguía a los bolcheviques de todos los otros partidos, y también de la manera en que esta consigna es usada por los partidos trotskistas?

  "Para la instauración de la república es absolutamente necesaria la asamblea de los representantes populares, asamblea que debe ser necesariamente de todo el pueblo,(a base del sufragio universal, igual, directo y secreto) y constituyente. Esto es lo que reconoce más adelante la resolución del Congreso (bolchevique). Pero no se limita a esto. Para establecer un nuevo orden de cosas que 'exprese realmente la voluntad del pueblo' no basta con dar a la asamblea representativa la denominación de 'constituyente'. Es preciso que dicha asamblea tenga poder y fuerza para 'constituir'. Dánose cuenta de ello, la resolución del Congreso no se limita a la consigna formal de 'Asamblea Constituyente', sino que añade las condiciones materiales, únicas bajo las cuales será posible a dicha Asamblea el cumplimiento de su misión. Indicar las condiciones en que la Asamblea Constituyente efectiva es de una necesidad imperiosa, ya que la burguesía liberal, personificada por el partido constitucional monárquico, falsea deliberadamente, como hemos indicado ya más de una vez, la consigna de AsambleaConstituyente de todo el pueblo, reduciéndola a una frase vacía.

   La resolución del Congreso dice que sólo un  gobierno provisional revolucionario, con la particularidad de que sea el órgano de la insurrección popular victoriosa, es capaz de garantizar la libertad completa de la agitación electoral y de convocar una asamblea que exprese realmente la voluntad del pueblo ... La Asamblea Constituyente debe convocarla alguien; las elecciones libres y justas deben ser garantizadas por alguien; alguien debe otorgar enteramente a esta Asamblea la fuerza y el poder; sólo un gobierno revolucionario que sea el órgano de la Insurrección puede querer con entera sinceridad esto y tener fuerzas para hacer todo lo necesario con el fin de realizarlo.6

  Para Lenin, para que la A.C. no sea una frase vacía, debe junto con su llamado, especificarse quién debe ser el que la convoque, porque sin esto, tal como hacían los mencheviques, la A.C. no es más que una institución de la democracia burguesa (o en el caso de Lenin, del pactismo entre la burguesía y el zarismo), un instrumento al servicio del orden existente. Esto es lo que para Lenin definía en cada situación concreta la política a seguir, la corrección o no de una consigna.

  "La consigna de 'asamblea constituyente', como consigna independiente, es errónea, puesto que en el momento actual el problema es saber quién la convocará. Los liberales admitieron esta consigna en 1905, pues entonces podía ser interpretada en el sentido de una asamblea convocada por el zar y que estuviese deacuerdo con él."7

  Insistimos en este aspecto, porque mientras que Lenin en 1905 recomienda no utilizar la consigna de A.C. por ser aceptada ésta por la burguesía monárquica, y esto en el marco de una situación en que la enorme mayoría de la población no tiene ninguna posibilidad de votar, aquí tenemos tapas de periódicos de izquierda, que dicen hablar desde el trotskismo, cuya consigna no se diferencia en nada sustancial de la del gobierno, incluso, como veremos, siendo idéntica a la de algunos sectores del mismo. Es necesario comprender el grado de oportunismo, de deformación de la política revolucionaria que esto significa.

 Por otro lado, Lenin cita a Marx para explicar la otra condición que debe tener este llamado para convertirlo en revolucionario: la necesidad de garantizar con el proletariado armado sus resoluciones. De otra manera, como veremos en los llamados que realizan recurrentemente los partidos trotskistas, se educa en el peor de los reformismos. Veamos la lógica implícita: una A.C. con mayoría trotskista gana las votaciones para una nueva constitución aue 'legaliza' la expropiación por ejemplo, y pacíficamente se ha derrotado a la burguesía e instaurado el socialismo.

  Trotsky explicaba que a veces la necesidad del armamento debía plantearse en forma táctica, probablemente en forma de destacamentos de defensa. Lo que no se puede soslayar es la necesidad de combinar con la consigna de A.C. la educación sobre el carácter del estado, específicamente de su aparato represivo, y la inexorable violencia que éste engendra. Por eso Lenin escribe categóricamente sobre este punto.

 "... Marx fustigaba a los demócratas burgueses por sus 'ilusiones constitucionales' en una época de revolución y de franca guerra civil. El sentido de estas palabras es particularmente claro en el artículo de la Nueva Gaceta Renana del 6 de junio de 1848: 'La Asamblea Constituyente Popular -escribía Marx- debe ser, ante todo, una asamblea activa, revolucionariamente activa. Pero la asamblea de Frankfurt se entrega a ejercicios escolares sobre el parlamentarismo y deja hacer al gobierno. Admitamos que este sabio concilio llegue, tras madura reflexión, a elaborar el mejor orden del día y la major de las constituciones. ¿Para qué servirá el mejor orden del día y la mejor de las constituciones si, mientras tanto, los gobiernos alemanes han colocado ya la bayoneta a la orden del día?'

 ... Los grandes problemas en la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza. Las propias clases reaccionarias son generalmente las primeras en recurrir a la violencia, a la guerra civil, 'colocan las bayonetas a la orden del día'..."8

León Trotsky y la consigna de A.C. para China

 Trotsky va a levantar la consigna de A.C. en China, como consecuencia de la derrota de Cantón. Como él explica, la situación abierta con ésta no permite la lucha por el poder, lo que lleva a los revolucionarios a pelear por las instancias más democráticas de la aún no conquistada democracia burguesa, frente al régimen burocrático-militar de Chiank Kai Shek. La necesidad de utilizar las consignas de la revolución democrática es explicada repetidamente por él, en contra de la orientación ultraizquierdista de la dirección del Comintern. Trotsky estaba embarcado en una lucha fraccional contra ésta, la que se negaba a levantar cualquier consigna democrática, tildando en consecuencia al propio Trotsky de oportunista por no levantar directa y exclusivamente la consigna de Soviets.9

 En ese marco, él discute el uso de la consigna de A.C., reivindicando el uso de ésta para esa etapa de disminución de luchas en China. Como él explica, es una consigna destinada al sector más atrasado del proletariado y a la pequeño-burguesía, que aún tienen ilusiones en la democracia burguesa, en el sufragio universal. En La cuestión china después del VI congreso, escrito en contra de la dirección de la Tercera Internacional, explicando la necesidad de usar los espacioes de la democracia burguesa, Trotsky tiene un apartado especial donde se va a referir al llamado de una A.C.

  Como él aclara, la política del partido debe ser la de no permitir que la burguesía liberal democrática conquiste a ese enorme sector de las lasas, que cree que por ser mayoritario puede, por medio de la democracia formal, por medio del sufragio universal que no posee, oponer su voluntad a la de los sectores dominantes. Pero veamos en primer lugar cómo Trotsky es consciente que esta política hacia los sectores más atrasados, acarrea peligros reformistas, por lo que debe necesariamente acompañarse con la explicación más general de nuestras perspectivas.

  "Sin ninguna duda al entrar en la vía de la lucha por la A.C. se pueden reanimar y reforzar las tendencias mencheviques en el Partido Comunista chino (...) Pero, como se ha dicho anteriormente, de ello resulta la necesidad de no tachar de oportunismo lasconsignas democráticas, sino de prever garantías y de elaborarmétodos de lucha bolchevique en favor de las mismas. En grandes líneas estos métodos y garantías son los siguientes:

1. El partido debe recordar que, en relación con su principal objetivo, la conquista del poder con las armas en la mano, las consignas democráticas no tienen más que un carácter secundario, provisional, pasajero y episódico. Debe explicarlo. Su importancia fundamental reside en que permiten desembocar en la vía revolucionaria.

2. El partido debe, en la lucha por las consignas de la democracia, arrancar las ilusiones constitucionales y democráticas de la pequeña-burguesía y de los reformistas que expresan sus opiniones explicando que el poder en el Estado no se obtiene mediante formas democráticas de voto, sino mediante la propiedad y el monopolio de la enseñanza y del armamento.

(...)

5. La dirección del partido debe desenmascarar implacablementetodas las vacilaciones oportunistas que tienden a una solución reformista de los problemas planteados al proletariado chino, y debe separarse de todos los elementos que se esfuerzan conscientemente en subordinar el Partido al legalismo burgués.

  No es más que teniendo en cuenta estas condiciones como el Partido (...) se opondrá, desde su creación, al Estado burgués, con todos sus camuflajes parlamentarios y democráticos."10

  En vano buscaremos en la prensa de izquierda algunas de estas recomendaciones. Su uso de esta consigna es cediéndole todo el campo a las ilusiones reformistas, pacifistas. Prefieren limitarse a la crítica de Trotsky a los estalinistas sobre la necesidad de las consignas democráticas. Pero ni siquiera respetan a ese aspecto de su política, pues el uso que éstos hacen de las consignas democráticas es opuesto al uso que hacían los revolucionarios. Habíamos visto en Lenin, cómo su concepción de A.C. estaba totalmente ligada a la denuncia del régimen; su explicación sobre la única posibilidad en que esta consigna podía empujar la lucha hacia adelante. Cuando Trotsky defiende la necesidad de levantar consignas democráticas se mueve en ese mismo plano. Por eso, aún como consigna secundaria, él explica cómo no convertirla en una fórmula vacía.

  "... las tareas burguesas pueden ser resueltas de varias maneras. La consigna de Asamblea Constituyente deviene una abstracción vacía, a menudo simple charlatanería, si no se agrega quien la convoca y con que programa. Chiang Kai Shek puede levantar la consigna de Asamblea Constituyente contra nosotros mañana, tal como ahora levantó el programa de 'obreros y campesinos' contra nosotros. Queremos una Asamblea Constituyente convocada no por Chiang Kai Shek, sino por el comité ejecutivo de los Soviets de obreros y campesinos. Ese es el único camino serio y seguro."11

 

El camino serio y seguro ... de los trotskistas argentinos: La A.C. libre y soberana

Ð Dijimos más arriba que los grupos trotskistas también tienen sus condicionamientos al exigir la A.C. Más allá de la recurrencia en plantearla, más allá de vaciarla de contenido al no ligarla al problema de quién la convoca y como la garantiza, creen haber encontrado la fórmula que permitiría borrar todas estas diferencias con los revolucionarios, suprimir todas estas similitudes con los reformistas: exigir que sea libre y soberana. Es cierto que no pueden aducir muchos antecedentes en la política de los bolcheviques. Pueden sí, en cambio, como decíamos antes, en el caso de la A.C. a realizarse este año en Argentina, converger con sectores del peronismo que están deseosos que se declare soberana, ya lo han dicho, para posibilitar votar la reelección por más de un período.

  Podría pensarse que el uso de este condicionante: libre y soberana, viene acompañado por algún atenuante, alguna explicación, que permita delimitar esta política de la del régimen. Tomemos como ejemplo el periódico del PTS del 24 de noviembre del año pasado, para examinar el contenido de este aditamento12 En la tapa aparece la consigna, Abajo el Pacto Menem - Alfonsín; Por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. En la página central aparecen las condiciones mínimas para ésto. Estas son, sin recortar ninguna, representación proporcional directa, derecho para que cualquier grupo de trabajadores pueda presentarse a elecciones con la misma cantidad de espacio de propaganda en los medios, que la A.C. no se subordine al Parlamento ni a ninguna institución del régimen, que el temario sea abierto. Así es la educación que estos partidos dan a sus militantes y periferia. Este veneno pacifista, que no se diferencia en nada de varios de los constitucionalistas del régimen, prepara las futuras claudicaciones frente a las masas. Cuando éstas empiecen a enfrentar directamente al régimen, cuándo la actividad de los cuadros formados en épocas como éstas sea decisiva para la suerte de las movilizaciones de los batallones proletarios, estos partidos educan en el peor de los reformismos. ¡Recordemos que Trotsky explica en la Historia de la Revolución Rusa, la importacia en febrero del 17, aún ante la ausencia de la dirección, de la acción de centenares de cuadros formados en el bolchevismo para el derrocamiento del zar!

Ð La tarea de la construcción de un partido como fue éste, es negada cotidianamente por los partidos que se reclaman del trotskysmo. La concepción de la relación entre un partido revolucionario y las masas ha sido completamente subvertido por éstos. En otro artículo de esta revista explicamos cómo se han reducido a jugar un rol de versión más o menos radical de sindicalistas, de tradeunionistas usando el término de Lenin. Un sindicalismo que en el mejor de los casos es consecuente pidiendo mejoras, pero nunca diferenciándose, como explica Marx en el Manifiesto Comunista, por explicar los problemas más generales, más mediatos que enfrenta el movimiento obrero.

  Ante una situación cómo la actual, con el grado de movilización más bajo de los últimos años, la tarea central de un partido revolucionario es la de preparar las condiciones, en primer lugar los cimientos de la organización para poder capitalizar un próximo ascenso. Frente a esa situación, la política de propagandizar la necesidad de una salida que enfrente al régimen, que explique el carácter de clase del Estado, la miseria de la democracia burguesa, las perspectivas más generales para acabar con los pactos y demás chanchullos inherentes al sistema capitalista e inexorables en el mismo: el fin del sistema capitalista de explotación, adquiere una dimensión casi absoluta.

  En cambio, una consigna que, como vimos, ha sido usada por el marxismo para hacer avanzar políticamente a las masas más atrasadas, para enfrentarlas al régimen, es utilizada como consigna eje... para educar y propagandizar sobre unos pocos miles, los que leen la prensa, en una falsa salida dentro del sistema burgués, y, lo que lo hace más reaccionario, coincidiendo con la propia campaña de la burguesía para la A.C. Esto es formar a la vanguardia, a los futuros cuadros de la revolución, en que la política de un partido revolucionario consiste en levantar consignas de la democracia burguesa, pelear por asambleas que son parte del régimen, y que obviamente, estando absolutamente hegemonizadas por las fuerzas burguesas no pueden cuestionar al sistema.

  Un partido educado en la tradición del marxismo revolucionario hubiese reaccionado frente a la política del gobierno con una concepción mucho más profunda de lo que se enfrentaba. La recurrencia y aburguesamiento del uso de éste llamado por parte de los partidos trotskystas argentinos, los lleva a intervenir en esta campaña con su ya común fiebre electoralista y con un programa que, como corolario inexorable (ver crítica en la Declaración de la Liga Marxista), no plantea la necesidad de derrocar al sistema burgués.

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NOTAS

Nota 1

De aquí en más los llamaremos directamente partidos trotskistas, refiriéndonos especialmente al MAS, MST, PO y PTS, aunque creemos que tanto en el aspecto cuestionado en este artículo, como en incontables más, su relación con las enseñanzas de Trotsky es más que dudosa.

Nota 2

Sólo a título de ejemplo del aspecto ridículo de este llamado, el PST hace eje en su campaña electoral para la A.C. en que ésta debe autodisolverse ... para llamar a otra que sea libre y soberana.

Nota 3

Por eso a Trotsky jamás se le ocurrió levantar esta consigna por ejemplo en Alemania, pese a las convulsiones que se suceden entre la caída de la República de Weimar y el ascenso de Hitler en el poder

Nota 4

Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia. Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekin, 1976, p. 3.

Nota 5

Es importante volver a remarcar que en la caracterización de Lenin está planteada la lucha por una república democrático-burguesa, por el derrocamiento de la autocracia. Sin embargo veremos cómo su política es mucho más radical que la de los que hoy dicen estar luchando por la revolución socialista.

Nota 6

Op. cit., pp. 7-8.

Nota 7

Lenin, Obras Completas, Tomo 27, p. 51.

Nota 8

Dos tácticas de la socialdemocracia, p. 146.

Nota 9

Es de suma importancia destacar esto, porque en muchos casos se han tomado algunos conceptos de los escritos de Trotsky de esta eépoca, de su lucha contra el ultraizquierdismo, para presentarlos aislados y vaciarlos de contenido. De esta manera, los partidos trotskistas han querido encontrar en Trotsky un apoyo para justificar levantar la consigna de la A.C., por ser la instancia más democrática de la democracia burguesa, dejando de lado el régimen que enfrentaba y, como veremos más adelante, el conjunto de su política en relación a esta consigna.

Nota 10

Trotsky, Stalin, el Gran Organizador de Derrotas, pp. 363/4.

Nota 11

The Chinese Revolution and the Theses of Comrade Stalin, León Trotsky on China, p. 163.

Nota 12

Insistimos en que la esencia de la política de este partido en relación al uso de la A.C. no se diferencia en nada de la levantada en múltiples oportunidades por el MAS, el MST, e incluso el PO, que si bien ha criticado últimamente el uso reformista de esta consigna por parte de otros partidos, no ha criticado su propio uso idéntico ante por ejemplo los hechos de Semana Santa del 87 en el país entre otros.