EDITORIAL


En el editorial del primer número de DEBATE MARXISTA nos planteábamos como objetivo luchar por el rearme teórico y político de la vanguardia, "en base a un exámen exhaustivo y superador de las concepciones, de las políticas y de las estrategias que llevaron al fracaso". Decíamos entonces que la crisis del movimiento marxista, la desmoralización y la confusión que reinan entre los luchadores socialistas, no se pueden superar con maniobras, que no existen "atajos" en nuestro camino, porque "la clave de la actividad marxista hoy consiste en entender primero las raíces teórico políticas de la crisis y explicar pacientemente a la vanguardia y a la clase obrera lo adquirido". Por este motivo afirmábamos que en esta etapa la propaganda política cobra un gran peso en la actividad de los revolucionarios. A la par que participamos junto a la clase obrera y el pueblo en sus luchas defensivas, desarrollamos el trabajo propuesto, en la perspectiva de la construcción de un partido marxista revolucionario, instrumento imprescindible en el camino de la liberación de la clase obrera.


Esta actividad debe acompañarse de la preparación de cuadros y equipos militantes para la elaboración, discusión, propaganda e intervención en el movimiento de masas. Frente a la ideología del individualismo pequeño burgués anarquista, que reniega del trabajo colectivo en nombre de una supuesta "libertad de criterio" y del "antidogmatismo", nosotros nos reivindicamos -utilizando una expresión que era cara a Lenin- "hombres de organización". Los objetivos propuestos requieren concentrar esfuerzos, socializar las elaboraciones y organizar la intervención en la lucha política cotidiana. Por esto hemos decidido constituirnos como grupo de propaganda, bajo el nombre de LIGA MARXISTA.


La LIGA MARXISTA no pretende ser hoy un partido; queremos evitar el pecado de soberbia en que incurren muchos pequeños grupos, que pretenden "constituir" el partido marxista de la clase obrera a partir de la autoproclamación. Su formación dependerá de una combinación de factores, objetivos y subjetivos, que por ahora no están dados. Los primeros son aquellos que atañen a los procesos de la lucha de clase y de la conciencia de las masas; los segundos se relacionan con el trabajo de elaboración y superación de las políticas stalinistas y pequeño burguesas, pro-estatistas -defensa del capitalismo de estado y del estatismo burocrático- y nacionalistas del movimiento obrero. Políticas que acompañamos y en las que estuvimos inmersos durante muchas décadas los marxistas. En este terreno se ubican nuestros afanes y aportes, que a su vez deben conjugarse con los esfuerzos de elaboración y crítica revolucionaria de otros compañeros y grupos que apunten en la misma dirección.


Hoy nuestra lucha tropieza con el sentimiento de fatiga y desmoralización que embarga a muchos compañeros. El ciego optimismo que durante muchos años alimentaron los partidos autotitulados marxistas -que se manifestaba en los análisis de una revolución mundial siempre en ascenso- profundizó el abismo de la caída. Cuando se desnudó la miseria del "socialismo real" y se comprobó el rechazo de sus poblaciones al movimiento comunista oficial; cuando los datos sobre la restauración capitalista en el Este se volvieron indisimulables; cuando, en el plano local, se cayó en cuenta que las masas no defienden las empresas del estado -"de todos", como decía el marxismo vulgar-; cuando todas los análisis tradicionales fueron reducidos a meras representaciones ideológicas o prejuicios dogmáticos por la dialéctica viva de la historia, la crisis estalló con todas sus fuerzas en el seno del movimiento revolucionario. Incapaces de dar cuenta teórica de sus errores, los partidos de la izquierda sólo atinan a acentuar el burocratismo. Muchos compañeros se refugiaron entonces en el sindicalismo, otros en el posibilismo burgués reformista del Frente Grande -o variantes parecidas-, otros en fin, abandonan toda actividad política o sindical.

Se nos impone entonces un tipo de actividad acorde con la etapa y las tareas planteadas. Objetivamente existe una reserva potencial de militancia revolucionaria, que debemos tratar de salvar de la desmoralización. A su vez, es necesario participar en las luchas defensivas de nuestra clase y de las masas; estos son los pilares sobre los que se asentará la actividad de la LIGA MARXISTA.

Muchos de los grupos que se reclaman del marxismo también sostienen la necesidad de recuperar a la militancia; pero este objetivo es imposible si no se ahonda en las razones de la crisis, si no se hace un balance científico -o sea, marxista- de lo sucedido. No es ninguna salida decir a compañeros, que han sido llevados a la derrota y a la frustración, que han sentido en carne propia los efectos de terribles métodos burocráticos, "todo se arregla militando y agitando las consignas de siempre entre las masas". Centenares de militantes, hoy en inactividad, esperan una respuesta a qué pasó en la URSS, a porqué fracasaron tan estrepitosamente todos los análisis y pronósticos, a porqué decenas de huelgas y luchas sindicales no frenaron el ataque del capital o a porqué la lucha en defensa de las empresas estatales terminó en tal derrota política e ideológica a manos de la burguesía. La edición que hoy presentamos de DEBATE MARXISTA está dedicada en lo esencial a este objetivo.


Todo esto nos plantea un tipo de militancia distinto al que se ha llevado hasta ahora. Lo común era aprender algunas consignas para salir rápidamente a agitarlas. La venta más o menos rutinaria de la prensa partidaria acompañaba esta actividad. La discusión estaba casi ausente, la actividad política se reducía a invitar a tal o cual acto, a votar a tal o cual candidato o aportar tanto dinero a la campaña financiera de turno. El entusiasmo de la militancia se mantenía en base a las campañas, con el telón de fondo del optimismo acrítico al que hicimos referencia. Nunca había tiempo para pensar, reflexionar o discutir -actividades consideradas propias de "diletantes intelectuales"- porque siempre la revolución estaba "a la vuelta de la esquina". Así se estructuró un tipo de militancia que también debemos superar.


Cuando hablamos de superar lo decimos en el sentido hegeliano del término, esto es, superar conservando los elementos positivos que encerraba esa práctica y criticando todo lo que tenía de negativo. Lo positivo era la búsqueda de ligazón con las masas, el intentar superar los pequeños círculos de cenáculos intelectuales estériles. Lo negativo residía en que esa militancia no permitía la formación de cuadros marxistas entrenados, capaces de responder a las múltiples necesidades de la actividad revolucionaria. Esto a su vez acentuaba la despolitización general de los partidos y su burocratismo y llevaba, paradójicamente, a la desconexión con la realidad y con las masas, a las que tanto se invocaba. De allí que todos los intentos de formar partidos marxistas ligados a las masas hayan terminado en meras sectas -algunas grandes- de naturaleza entre lunática y oportunista.


Lo que se necesita ahora es el compromiso militante para realizar un gigantesco trabajo de propaganda y lucha política. Se trata de replantear las discusiones, formar grupos de obreros, estudiantes y luchadores populares que estudien los materiales, que examinen críticamente las experiencias pasadas y las actuales corrientes políticas y sociales, nacionales e internacionales; que busquen con espíritu científico la verdad sobre qué fueron los llamados "socialismos reales" o "estados obreros burocráticos" del Este, que se replanteen las estrategias sindicales y políticas llevadas hasta ahora. Los compañeros de la LIGA MARXISTA ponemos a discusión nuestros materiales, nuestros análisis y estudios, que pretenden dar respuestas a partir de reasumir conscientemente el enfoque marxista.

La tesis básica que ilumina nuestras elaboraciones es que a partir del triunfo de la reacción stalinista en la URSS y la quiebra de la dictadura revolucionaria del proletariado en los años treinta, el programa del marxismo fue progresivamente reemplazado por el del burocratismo stalinista, con todas su consecuencias: apología del capitalismo estatal y del nacionalismo, relaciones jerárquicas y burocráticas hacia el movimiento de masas, desprecio y degradación de la teoría, adaptación al régimen burgués y a su ideología. Estos son los temas que llamamos a discutir y a organizar grupos de trabajo y de propaganda para difundir las conclusiones adquiridas, para ganar más compañeros, para hacer más grupos de propaganda y de trabajo. Se trata del primer momento de un proceso, momento al que hemos llamado de acumulación primitiva de cuadros, con vistas a encarar posteriormente trabajos más amplios de agitación política entre las masas. En particular será necesario entonces encarar una amplia actividad de esclarecimiento sobre las nuevas opciones políticas con que la burguesía y la pequeña burguesía opositora "izquierdista" -léase Frente Grande, por ejemplo- preparan nuevas derrotas y nuevos golpes desmoralizadores a las aspiraciones obreras y populares. Esto lo podremos encarar en la medida que avancemos sólidamente en las tareas de esclarecimiento, fortalecimiento político e ideológico y agrupamiento organizativo de los cuadros.


Pero al mismo tiempo que trabajamos en el anterior sentido participaremos en las luchas obreras y populares. Sin ultimatismos, sin hacer divisionismo a partir de cuestiones tácticas -como acostumbra gran parte de nuestra izquierda-, luchando codo a codo con todos los compañeros en los combates de nuestra clase. Se trata de ayudar, en la medida de nuestras fuerzas, a organizar, extender y profundizar las peleas defensivas, vitales para impedir que el pueblo explotado sea llevada a la degradación social completa, como trata de hacer hoy el capitalismo. Para intervenir políticamente en esta lucha de clase contra el capital y su estado es que la LIGA MARXISTA centra hoy su trabajo de crítica y propaganda en la formación de cuadros revolucionarios.


No nos consideramos "iluminados", sino el resultado de una historia del movimiento revolucionario que asumimos crítica y conscientemente. La caída final de los estados del Este puso de manifiesto y arrojó luz sobre la situación de conjunto del marxismo, y por eso mismo se fija como hito en la memoria histórica de la clase obrera y de la militancia de izquierda. Sus efectos traumáticos se prolongan en la crisis de los partidos que pretendían ser la antítesis del stalinismo y de la socialdemocracia reformista. Efectos que reverberan en cada contorsión táctica -y oportunista- con la que buscan desenredar la trama que los ahoga.

Hemos asistido a acontecimientos de esos que dividen aguas en la izquierda. De un lado se agruparán los que claudican y se pasan al posibilismo burgués. Son los pequeños hombres, filisteos de ayer que medraban en el stalinismo, filisteos de hoy que engordan con las migajas que caen del banquete de los vencedores. A su lado quedarán también algunas pequeñas sectas "marxistas", rumiando sus dogmas, rancios e incapaces de interpretar la realidad, pero esenciales para mantener unida a su escasa militancia en torno a prácticas burocráticas y programas oportunistas. El peso de las tradiciones -stalinistas y reformistas!- y de sus errores oprime insalvablemente sus cerebros. ¡Quien no tiene valentía para repensar como revolucionario, nunca podrá revolucionar a la sociedad!

Por otra parte se agruparán todos aquellos que no reniegan de la lucha contra la dictadura del capital, los que siguen apostando al futuro de la lucha proletaria, pero al mismo tiempo están dispuestos a ir hasta el fondo con el arma de la crítica, para cambiar todo lo que haya que cambiar, sin perder la perspectiva ni la intransigencia revolucionarias. La situación actual, el fracaso de la vieja estrategia, nos obliga a reestudiar, reexaminar, volver a los fundamentos que no son otros que la teoría marxista, enriquecida por más de un siglo y medio de luchas, experiencias, estudios y discusiones.

Fruto del trabajo de crítica y análisis en el sentido mencionado es el conjunto de artículos que este tercer número de DEBATE MARXISTA contiene. En el "Análisis de la Coyuntura Nacional" intentamos captar los trazos fundamentales de la realidad actual, sin caer en los extremos irreflexivos que no se ajustan a la verdad. Los movimientos aislados y estallidos momentáneos en nuestro país no son casos únicos en el mundo. El artículo sobre Chiapas busca esclarecer las limitaciones de este tipo de movimientos cuando no son liderados concientemente por la clase obrera.

El artículo sobre la crisis de la CGT aborda el proceso de descomposición del "viejo sindicalismo" y el fracaso del nacionalismo estatista que le daba sostén. A la luz de ésto se reexamina la política sindical de la izquierda, reducida a una versión "radicalizada" de ese sindicalismo nacionalista, abandonando así posiciones de clase. Por último, estos pasos en falso de una izquierda que se llama a sí misma marxista y actúa sin ninguna consideración de la praxis socialista en pos de un tacticismo "transicional" es expuesto en el trabajo "La Consigna de Asamblea Constituyente y su Vulgarización por la Izquierda".

Invitamos por lo tanto a todos los compañeros que coincidan con las posiciones de Debate Marxista a organizarse en equipos, a difundir nuestra revista, a organizar grupos de estudio en torno a ella y a los problemas vitales del marxismo que han sido dejados de lado durante tantos años de oportunismo.