Acumulacionycrisis

ACUMULACIÓN Y CRISIS CAPITALISTA, TENDENCIAS ACTUALES

Rolando Astarita

Introducción

En este artículo vamos a examinar algunos de los rasgos salientes de la actual situación de la economía capitalista mundial. Para ello, previamente, introduciremos la discusión teórica sobre la crisis capitalista en el marxismo, y algunas de las líneas políticas que se derivan de esos análisis; en segundo lugar avanzaremos en la discusión sobre la crisis de acumulación desatada a partir de los fines de los sesenta en el mundo capitalista, y presentaremos lo que a nuestro entender constituyen los rasgos fundamentales de la dinámica actual.

Dentro del pensamiento marxista la discusión sobre las causas de las crisis capitalistas tiene una larga data, y está lejos de haberse agotado. Aun entre autores pertenecientes a algunas de las diferentes corrientes principales en que se dividen las explicaciones sobre las crisis capitalistas, encontramos innumerables matices y divergencias de mayor o menor importancia. No pretendemos en este trabajo presentar un panorama exhaustivo de estas corrientes, sino ubicar nuestro enfoque teórico frente a los últimos desarrollos del sistema capitalista y contraponerlo a tres de las corrientes interpretativas más difundidas dentro de la izquierda, la que encuentra la raíz de la crisis de acumulación capitalista en el subconsumo de las masas, la teoría de las crisis por desequilibrios y la que ubica su causa en el empuje salarial. A estas explicaciones de la crisis opondremos aquella que se basa en la ley descubierta por Marx, llamada ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en adelante LTDTG). Al respecto, y a los efectos de profundizar en su comprensión, esbozaremos una crítica a algunas interpretaciones de esta ley que pecan de excesivo esquematismo y mecanicismo, y a su vez presentaremos algunos resultados de investigaciones empíricas muy importantes que validan la acción de esta ley.

Sobre la base de estos elementos teóricos, pasaremos luego a plantear cómo operó en concreto esta ley durante la última crisis capitalista, y la dinámica del capitalismo durante la crisis. Por último, pasaremos revista a los últimos desarrollos, en sus rasgos centrales, y trataremos de interpretarlos a la luz de las tendencias operantes y los efectos de la ley.

La discusión sobre las causas de la crisis

a) la teoría de la crisis por subconsumo

Vamos a distinguir entonces tres grandes corrientes interpretativas sobre la crisis de acumulación que se desató en el mundo capitalista desde comienzos de los años setenta, la llamada teoría del subconsumo, la de reducción de ganancias por presión salarial y la que obedece a la LTDTG.

La teoría sobre el subconsumo fue posiblemente la explicación sobre las crisis más popularizada dentro del marxismo, y también en los medios socialdemócratas y sindicalistas de izquierda1. La teoría del subconsumo hace hincapié esencialmente en la falta de demanda del consumidor, en la que ve el origen de la crisis; pueden distinguirse dos corrientes principales dentro de ella, la que plantea que esa ausencia de gasto se debe a las tendencias al ahorro excesivo por parte de la clase capitalista (Malthus) y la que pone el énfasis en la falta de poder adquisitivo de los sectores de menos ingreso, especialmente de los obreros. Es en esta última versión como la teoría del subconsumo es reivindicada hoy por muchos izquierdistas, incluidos marxistas y la que por lo general se discute. Tal vez su primer exponente lo encontramos en Sismondi, y desde entonces esta línea de pensamiento ha tenido una larga tradición en el marxismo; es a ella a la que nos referiremos en lo que sigue.

Antes de continuar, es menester aclarar en qué sentido hablamos de crisis por subconsumo. La aclaración es necesaria porque es conocido el hecho de que es inherente a las crisis capitalistas la falta de consumo, por un lado, y su contrapartida, la sobreproducción por el lado de la oferta2; por lo tanto, suena a pura tautología hablar de una teoría de las crisis por subconsumo. Específicamente entendemos por teorías de la crisis por subconsumo a las que centran la explicación de las causas de la crisis en la falta de consumo final de la población, o sea, la que ven en ella el motivo desencadenante de la crisis. Por otro lado, es evidente que cuando la crisis se desata, todas las teorías reconocen que existe una falta de consumo de las masas; esto podría llevarnos a calificar a toda crisis como de subconsumo.

Muchos marxistas han querido encontrar en la obra de Marx un apoyo a esta teoría, y efectivamente es posible hallar en ella muchos pasajes en los que Marx sostiene que la causa de la crisis se debe a la falta de consumo de los trabajadores. La teoría de la crisis de Marx fue evolucionando, desde una adhesión bastante clara a la explicación de la crisis por la falta de consumo de la clase obrera, hasta su crítica más acabada en las últimas páginas que escribió de los borradores de El Capital3. Todavía en el tercer tomo, a pesar de que Marx está desarrollando otra explicación de las crisis, encontramos ecos de la teoría del subconsumo en varios pasajes. Fue en ellos en los que se basaron muchos - por ejemplo Sweezy (1974)- para argumentar que Marx siempre conservó la idea de que la razón fundamental de la crisis estaba en la falta de consumo de las masas. Sin embargo en sus últimos escritos, cuando está trabajando los esquemas de reproducción del libro segundo de El Capital, Marx hace una decisiva crítica a la teoría del subconsumo, al sostener que las crisis por lo general se desatan precisamente en el momento en que las masas están gozando de salarios más altos, esto es, en el punto máximo del ciclo económico, cuando los desocupados tienden a desaparecer y la presión obrera por los salarios es mayor4.

Más en general, si la explicación de la crisis por falta de consumo de los trabajadores fuera cierta, no se explica cómo podría funcionar el sistema capitalista, ya que los trabajadores nunca pueden realizar más que una parte del conjunto de la producción. La existencia de una parte del valor del producto que repone el valor del capital constante consumido, y de otra parte que representa la nueva plusvalía producida están determinando que las mismas sólo puedan ser realizadas por los gastos de los capitalistas. No es casual que los subconsumistas no hayan podido defender su teoría poniéndola a prueba a la luz de los esquemas de reproducción descubiertos por Marx5. Los esquemas demuestran que a una oferta de producción corresponde siempre un poder de compra paralelo por el lado de la demanda; el tema esencial está en determinar porqué en determinado momento ese poder de compra puede no efectivizarse en compras efectivas. Es decir, porqué puede existir en momentos del ciclo capitalista un poder de compra no correspondido por un deseo de compra paralelo. En ese caso, la crisis es inevitable.

A pesar de las protestas de Marx contra la teoría del subconsumo, y del propio Engels, quien llama la atención sobre esta crítica de Marx en El Capital y explícitamente critica a los partidarios de Rodbertus por la defensa del subconsumo, esta teoría gozó de amplio predicamento entre los marxistas, tanto revolucionarios como reformistas. El propio Lenin reivindica en varias partes de su obra la explicación de las crisis por el subconsumo6 y también en cierto sentido R. Luxemburgo7. Es llamativo, por otra parte, que en ocasión de las discusiones sobre "el derrumbe" en la Segunda Internacional, nadie se haya basado sistemáticamente en la LTDTG de Marx. Incluso Bernstein, cuando quiere demostrar que Marx al final de su vida había renunciado a una teoría de las crisis, cita la crítica de Marx a la teoría del subconsumo, como si la misma anulara toda otra posibilidad de explicación de las crisis por parte del marxismo.

Solo paulatinamente, y en especial en los últimos años, las explicaciones de las crisis por razón del subconsumo fueron perdiendo fuerza dentro de los medios marxistas, pero todavía subsisten fuertemente arraigadas en los reformistas y socialdemócratas. En nuestro país, por ejemplo, muchos partidarios de la llamada escuela de la regulación defienden esta explicación de la crisis capitalista. La consecuencia política que extraen de la misma es cristalina: se sostiene que, dado que la causa de la crisis o de la débil acumulación se encuentra en los bajos salarios, la forma de salir de la crisis es aumentando los ingresos de la clase obrera. De esta forma, la mejora de los niveles de ingreso de los trabajadores iría en beneficio de todos, capitalistas y obreros. Por ello sería posible la realización de un pacto social con el capital, y la posibilidad de la emergencia de un "capitalismo humano" no estaría reñida con las leyes objetivas del sistema capitalista. Cómo se explica que el gobierno de Menem, por ejemplo, no entienda lo que es beneficioso para todos? Ante esta objeción se recurre a una tesis de tipo conspirativo, que viene a decir que el poder está en manos de un núcleo de capitalistas monopolistas y estafadores, que aplican un "plan excluyente" que deja por fuera los intereses de la inmensa mayoría de los argentinos, en provecho del enriquecimiento de la cúpula que gobierna y sus monopolios amigos. Esta es la base teórica del discurso político "ad usum" en el Frente Grande y adyacencias socialdemócratas y reformistas.

b) La crisis por desequilibrios

La teoría de las crisis por el desequilibrio inherente al sistema capitalista encontró su más decidido defensor en Tugán-Baranovski, un autor ruso de fines de siglo pasado y comienzos de éste, que tuvo influencia en el pensamiento del marxismo austriaco y ruso8. Basándose en los esquemas de reproducción de Marx, Baranovski trata de demostrar que la acumulación capitalista es en general independiente de las formas capitalistas de distribución y consumo, porque su mejor mercado no es el consumo sino la producción misma. De acuerdo a la ley del valor, cada nueva mercancía producida representa un nuevo poder de compra para la adquisición de otras mercancías, de manera que la producción capitalista siempre se crea un nuevo mercado. Decía Tugán-Baranovski:

Los esquemas citados [de reproducción, elaborados por Marx] debían probar hasta la evidencia un principio ... que la producción capitalista se crea un mercado para sí misma. Con sólo se posible la ampliación de la producción social, si las fuerzas productivas son suficientes para ello, entonces en la distribución proporcional de la producción social también debe experimentar la demanda una ampliación correspondiente, pues bajo esas condiciones cualquier nueva mercancía producida representa un poder adquisitivo nuevo surgido para la compra de otras mercancías. (...) ... el volumen total del consumo social puede descender y al mismo tiempo crecer la demanda social total de mercancías, por absurdo que esto pueda parecer desde el punto de vista del "sentido común". (...) No el consumo, sino la producción es el factor determinante de la economía capitalista .... puede decirse en cierto sentido que el objetivo de la producción capitalista no consiste en el consumo, sino en el crecimiento del propio capital (Tugán-Baranovski, 1983, págs, 269-70).

En base a este análisis, Tugán-Baranovski planteaba que la contradicción central, específica del capitalismo9, es la que existe entre la organización de la producción en la fábrica capitalista y la anarquía de la producción en la sociedad total. Las crisis provendrían de esta falta de planificación, inherente a una economía mediada por las relaciones mercantiles y monetarias.

El aporte de Tugán-Baranovski fue el haber llamado la atención sobre la importancia de los esquemas de reproducción de Marx para discutir las teorías de la crisis por falta de consumo de las masas, y el haber planteado cómo la producción capitalista puede desarrollarse acumulando medios de producción para producir más medios de producción, generando por lo tanto sus propios mercados y ampliando sus esferas de influencia. Se han dado casos de economías capitalistas con fuerte crecimiento económico y bajos salarios, que no encontraron impedimentos para ese tipo de expansión durante largos períodos; por ejemplo, Japón en la posguerra. Pero por otra parte, la explicación de las crisis en la anarquía capitalista encuentra muchas dificultades. Es cierto que la regulación de los tiempos de trabajo a través de la acción del mercado y la ley del valor genera constantes desfasajes entre la producción de valores de uso y las necesidades sociales. Estos desfasajes pueden prolongarse durante todo un período, obligando al cierre de empresas en aquellas ramas de la producción en que se esté empleando más del tiempo de trabajo socialmente necesario, de acuerdo a una estructura de necesidades sociales dada, y el traslado de capitales a otras ramas. Pero con todos los trastornos que tales quiebres de empresas y hasta ramas pueden ocasionar, no pueden explicar las crisis generales, con sus periódicos derrumbes del sistema capitalista. Por este motivo Marx no le dio mucha importancia a este tipo de desequilibrios como causa de las crisis, a pesar de ser consciente del significado de la anarquía de la producción capitalista. Por otra parte, como muy bien dice A. Emmanuel (1978), esta tesis de la crisis no puede conciliarse con el hecho de que las sobreproducción se presenta súbitamente en forma universal; es decir, no se trata de que una mercancía -o un grupo de mercancías- no encuentran salida en el mercado, sino que todas las mercancías de pronto empiezan a no encontrar compradores, y esto sucede justamente en el momento en que el ciclo capitalista está en su apogeo, en que el consumo general es mayor. De todas maneras, la tesis de las crisis por desproporcionalidades se prolonga hoy en cierto sentido en las tesis regulacionistas10.

c) La crisis debida a la restricción de ganancias por la presión obrera

La teoría de la crisis por la caída de las ganancias debido a la presión salarial (en inglés se la conoce como teoría del "profit squeeze") no tuvo la cantidad de partidarios en el pensamiento marxista clásico de la Segunda o de la Tercera Internacional que tuvo la teoría del subconsumo, pero en los últimos años ha ganado fuerza en muchos teóricos marxistas11. Además ha sido adoptada como explicación de las crisis por la mayoría de los keynesianos y neo-ricardianos, y se encuentran elementos de esta teoría en las explicaciones regulacionistas sobre la llamada "crisis del fordismo", cuando se insiste en cómo la lucha de clases dentro de la producción, hacia el final de los años sesenta, estranguló los incrementos de la productividad, y con ello la tasa de ganancia del capital. Esta caída de la tasa de ganancia habría provocado en consecuencia la caída de las inversiones, y con ella la crisis.

M. Itoh (1987) ubica el primer antecedente de esta tesis en Otto Bauer, quien veía el origen de la crisis en la sobreacumulación del capital en relación a la población trabajadora. El crecimiento de esta última no podría seguir el ritmo de aumento de la acumulación capitalista, obligando periódicamente a disminuir la acumulación del capital a los efectos de reconstituir el ejército industrial de reserva. Esto haría bajar los salarios y subir las ganancias, con lo que se relanzaría la inversión. De acuerdo a Itoh, el marxista japonés Kozo Uno planteó la misma explicación de las crisis en los años 30, es decir, basada en el exceso de capital por penuria de mano de obra. El capital entonces se haría sobreabundante porque no encontraría condiciones adecuadas para valorizarse. Los marxistas occidentales modernos, defensores de esta tesis hacen intervenir en forma más decidida la lucha de clases que el agotamiento de la población como causa de la crisis. Al tiempo que rechazan la acción de la LTDTG -a la que injustamente atribuyen un enfoque puramente "economicista"-se concentran fundamentalmente en la explicación de los mecanismos sociales que llevaron a la crisis de acumulación capitalista a fines de los sesenta. Sostienen que el auge de la acumulación intensiva en que culminaba el boom de la posguerra en los mediados de los sesenta llevó a un fortalecimiento de la lucha reivindicativa de la clase obrera; esto habría originado una fuerte presión de los salarios sobre las ganancias, debilitando decididamente la rentabilidad de los capitales y abriendo así una crisis de inversión. Una variante de esta teoría podemos encontrarla en los que afirman que esta combatividad no solo -ni tal vez principalmente- estuvo centrada en la industria, sino que se extendió a nivel de toda la sociedad; los Estados burgueses, en busca de legitimarse ante las masas y mantener la adhesión al sistema democrático burgués, se vieron confrontados a una creciente ola de demandas sociales que no pudieron satisfacer; esta situación llevó a la crisis fiscal del Estado, empeoró el clima político general para los negocios capitalistas, todo lo cual llevó a la caída de la tasa de ganancia y de la acumulación12. Por último podemos citar al enfoque llamado de "composición de clase", para quienes la crisis del capital de los fines de los sesenta fue precipitada por una serie de luchas interconectadas, que incluían a los campesinos, las mujeres, los obreros industriales, lo estudiantes, los trabajadores estatales; estas luchas habrían tenido éxito en romper las estructuras del poder capitalista tal como estaban dispuestas en la posguerra, recomponiendo entonces un poder de la clase obrera -a la que se define en un sentido más amplio que el tradicional- que se desarrollaba de forma más o menos autónoma13.

En estas teorías se insiste entonces en una relación causal que va de lo político y social a lo económico. A diferencia de la teoría del subconsumo, que no puede explicar la periodicidad de las crisis -ya que el retraso del consumo de las masas con respecto a la producción capitalista es una constante del sistema- los teóricos del "profit squeeze" sí ligan el ascenso de la presión obrera sobre los salarios a la expansión, esto es, al momento en que el ejército de desocupados es menor.

Veremos después que esta teoría ha captado, en nuestra opinión, una parte de la realidad, pero no logra encajar un hecho significativo de la evolución del capitalismo de las dos últimas décadas, que es la respuesta a porqué, con la caída de los salarios operada en los últimos años en el mundo capitalista, no se ha logrado reiniciar la acumulación sostenida que conoció el capitalismo en los 25 años que siguieron a la Segunda Guerra mundial. Por otra parte, desde el punto de vista teórico más general, los efectos que puede tener la presión salarial son muy limitados, como lo plantea Marx (ver capítulo 23, libro I de El Capital). La lucha salarial puede efectivamente erosionar la tasa de plusvalía, en especial en épocas de caída en el ejército industrial de reserva; pero la respuesta del capitalismo es invariablemente la recreación de ese ejército industrial de reserva, ya sea acentuando la mecanización o enlenteciendo momentáneamente la acumulación. Esto puede provocar oscilaciones coyunturales del ciclo y del nivel de inversión, pero no puede ser la explicación de una fase larga de crecimiento débil y recesiones, o menos aún de depresiones. Marx subrayaba este hecho para demostrar, por otra parte, que la lucha salarial o sindical reivindicativa no puede en sí misma convertirse en la palanca del derrumbe del capitalismo; mientras no se acabe revolucionariamente con la relación capital-trabajo asalariado, las reivindicaciones salariales tienen límites precisos: no pueden afectar en forma continuada las necesidades de la valorización del capital. El elemento de la presión salarial -y de la resistencia obrera-lo integraremos dentro de los factores que explican la evolución de las causas que aceleran o contrarrestan los movimientos en la tasa de ganancia, pero no puede ser encuadrado como el factor determinante de los movimientos largo plazo y duraderos. En un plano teórico más general, no creemos en la posibilidad de "autonomización" de la clase obrera con respecto a la lógica del capital, a no ser que el movimiento rompa revolucionariamente con las estructuras sociales de la propiedad privada y del capital. Esto no significa tampoco que la resistencia obrera no juegue su rol importante, tanto en las formas de la acumulación capitalista como en la crisis; el capital no es una "cosa", sino una relación social de explotación, que como tal determina y condiciona el movimiento económico. Con un enfoque de este tipo, que es el de Marx cuando discute la LTDTG, como veremos en el siguiente punto, se evita el peligro del "economicismo" -por ejemplo ver las crisis como productos de mero factores "económicos", entendidos estos por fuera de la lucha de clases- pero por otra parte no se cae en la sobrevaloración de las posibilidades revolucionarias de la lucha reivindicativa.

La teoría de la LTDTG

Esta explicación de la crisis se liga estrechamente a las leyes de la acumulación capitalista discutidas por Marx en El Capital y a las contradicciones que surgen inevitablemente de tal acumulación. La base de tal ley la encontramos en la dialéctica que se plantea entre el capital, en cuanto valor en proceso, que se valoriza por medio de la explotación del trabajo vivo, y el sesgo del cambio tecnológico que inevitablemente se ve obligado a emplear. Concretamente, mientras que el trabajo vivo es la única fuente del valor y de la valorización del capital -o sea del plusvalor-, el capitalismo acumula tendiendo a desplazar a la mano de obra por la máquina, esto es, a disminuir la fuente del plusvalor en relación al conjunto del capital invertido. De esta forma la tasa de ganancia, que se determina por la relación entre la plusvalía y el capital invertido tiende a descender a medida que se avanza en la acumulación capitalista. En las conocidas fórmulas de Marx:

tasa ganancia = plusvalía / capital constante + capital variable

o

siendo pl: plusvalía

c: capital constante

v: capital variable

A medida que avanza la acumulación, el capital tiende a desplazar la mano de obra por la maquinaria, de manera que la relación entre trabajo vivo/trabajo muerto tiende a disminuir. En términos de valor, esto significa que aumenta la relación cap. constante/ capital variable; a esta relación Marx la denomina composición orgánica del capital (COC). Es la expresión en valor del creciente dominio del capital constante sobre el trabajo vivo. Es la expresión en términos del valor del desarrollo de las fuerzas productivas.

Volviendo ahora a la fórmula de la tasa de ganancia, podemos reescribirla de manera que incorporemos la COC y la tasa de plusvalía, que mide el grado de explotación del trabajo14

Tenemos entonces

lo que implica que

siendo

pl': tasa de plusvalía y a: COC.

De lo anterior se ve claramente que si aumenta la COC y ese aumento no es compensado por un aumento paralelo de la tasa de plusvalía, la tasa de ganancia baja (ver apéndice). Marx planteó que, a pesar de que el aumento de la mecanización aumentaba la plusvalía -por aumento de la plusvalía relativa-, a largo plazo se produciría una caída de la tasa de ganancia porque el aumento de la composición orgánica del capital terminaría por imponerse. La LTDTG es la expresión de la contradicción más profunda que acarrea el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo. El objetivo de la producción capitalista es la valorización del capital, y para ello debe desarrollar la productividad del trabajo y el volumen absoluto de la producción; pero al mismo tiempo, ese desarrollo termina embotando el aguijón de la acumulación, la tasa de ganancia, y de allí las crisis. Durante las crisis, los valores de uso son destruidos -o no se producen-porque entran en contradicción absoluta con la producción de plusvalor, con la valorización del capital; las relaciones de producción se convierten en cadenas para la creación de la riqueza, y con ello se plantea objetivamente la posibilidad de la revolución. Como se puede apreciar, la LTDTG expresa el carácter contradictorio del desarrollo de las fuerzas productivas. Precisamente la crisis de acumulación capitalista se produce porque existió previamente una fase de fuerte desarrollo capitalista. A su vez, si la clase obrera no encuentra salida revolucionaria, el capitalismo podrá recomponer la acumulación y llevarla a nuevos niveles. Por eso no encontramos en Marx una concepción de una crisis final "absoluta" del capitalismo, sino la de un proceso en espiral, donde las crisis se hacen progresivamente más abarcativas (ver más abajo para una discusión sobre el carácter de este proceso en la actualidad).

Las objeciones que se hicieron a Marx fueron de dos tipos: por un lado, se sostuvo que no se podía descartar que los aumentos en la composición orgánica del capital no se vieran compensados -y hasta superados- por aumentos en la tasa de plusvalía, debidos a una creciente productividad del trabajo, y por lo tanto un abaratamiento tendencial de la fuerza de trabajo. A esta crítica se puede responder demostrando que, aun suponiendo una tasa de plusvalía máxima -los obreros vivirían del aire- si la COC tiene tendencia a crecer finalmente la tasa de ganancia descenderá15. La segunda objeción -cuyo paradigma fue sentado por Okishio, en lo que se conoció como el "teorema Okishio"-sostiene que de ninguna forma está probado que la COC deba subir. Se afirma que, si bien en épocas en que Marx escribía la COC aumentaba, hoy no se puede decir lo mismo, ya que el capital revertiría esta tendencia al aumento de la COC en la medida en que advirtiera que cae su tasa de ganancia16. El peso de la demostración sobre la ley de Marx recae entonces en probar que existe efectivamente una tendencia en el sistema capitalista a aumentar la COC.

El sesgo del cambio tecnológico bajo el capitalismo

Desde el punto de vista matemático es estrictamente cierto que nada puede demostrar una tendencia de la COC a aumentar a medida que progresa la acumulación capitalista. Como pregunta Roemer, el centro de la cuestión es ¿qué puede llevar a los capitalistas a desplazar crecientemente mano de obra, cuando advierten que cae la tasa de ganancia? Este es el eje del problema17 que debe ser respondido.

El error de Roemer y otros impugnadores de la LTDTG es que olvidan que el cambio tecnológico no se produce "en el vacío", ni en las condiciones abstractas de competencia inter capitalista que imaginan los economistas neoclásicos. Por el contrario, el cambio tecnológico está atravesado y determinado, en lo fundamental, por la relación capitalista. Esto significa -y éste es el sentido profundo del capital-, por una relación contradictoria, consistente en la oposición del capital al trabajo vivo. Esta oposición se concreta y manifiesta en la subsunción del trabajo vivo por el trabajo muerto, por el valor que busca valorizarse; por eso, en el proceso de trabajo esta contradicción se plasma en el hecho de que los medios de producción se levantan frente al obrero como la encarnación del capital, como los succionadores del trabajo vivo. Este dominio del trabajo muerto sobre el trabajo vivo provoca la constante resistencia del obrero; el conflicto de clase es inherente a la relación capital/trabajo. El capital busca superar este conflicto mediante el constante desplazamiento del trabajo vivo por el trabajo muerto, por la máquina, y este hecho es el que se refleja en la elevación de la COC. Al capitalista individual esta tendencia se le impone como coerción a través de la competencia, a través de la presión que ejercen los otros capitalistas por medio de los precios en el mercado a medida que se mecanizan. Constantemente hay capitalistas que logran bajar los precios individuales de sus mercancías gracias a las mecanización, obteniendo ganancias extraordinarias y empujando al resto a imitarlos. Pero esto a la vez ocasiona nuevos impulsos a la mecanización, y de allí nuevos desplazamientos de la mano de obra. De esta forma se cumple la tendencia inherente al sistema, que consiste en el creciente dominio del trabajo muerto sobre el trabajo vivo, de la máquina -que encarna el capital frente al obrero en el proceso productivo- sobre el trabajo humano.

Llegados a este punto, es necesario preguntarse si es posible registrar esta tendencia en la realidad del sistema capitalista. Durante mucho tiempo esta tendencia al aumento de la COC solo pudo ser verificada por medios indirectos, a través de las relaciones de precios18 o en los estudios sobre sociología del trabajo -por ejemplo, citados por Lipietz (1982) para Francia-; V. Perlo (1968) llamó la atención sobre las evidencias empíricas existentes, en base a los datos de las inversiones de capital por obrero de los Estados Unidos; Carter (1970) también afirma la generalidad del reemplazo de la mano de obra por el capital fijo, en su importante estudio sobre los cambios estructurales de la economía estadounidense19. Pero la demostración más definitiva sobre el aumento de la COC en los años del gran boom económico de la posguerra la dio E. Ochoa, cuando probó, utilizando categorías en valor, el aumento de la COC para la industria norteamericana en general durante el largo período que va desde 1947 a 1972. Utilizando las tablas de input-output de la industria de EE.UU. y vectores de trabajo verticalmente integrados, dio pruebas contundentes sobre el sesgo del cambio tecnológico en un proceso de intensa acumulación capitalista, que correspondían estrechamente a lo que planteaba la teoría de Marx de la acumulación. Esta comprobación de Ochoa es la concreción empírica de la tendencia que nos muestra teóricamente Marx cuando discute la relación capitalista y el tipo de cambio tecnológico que impone; más abajo también presentaremos evidencias empíricas de Moseley sobre COC para la industria estadounidense, que confirman las de Ochoa. Más referencias sobre evidencias respecto a un igual sesgo del cambio tecnológico para las industrias de los otros países adelantados son presentadas en el trabajo de Lipietz, citado.

Sin embargo es necesario precaverse contra interpretaciones mecanicistas y lineales de la acción de la LTDTG. El propio Marx remarcó la existencia de tendencias contrarrestantes, que hacen que la ley actúe sólo como tendencia, en el largo plazo, y a través de importantes mediaciones. La disposición de los capítulos en los que Marx discute la LTDTG puede haber alimentado algunas interpretaciones mecanicistas, ya que primero nos muestra el funcionamiento de la ley, para después, en otro capítulo, explicar las causas contrarrestantes. Lo importante es ver que las mismas causas que llevan a la tasa de ganancia tendencialmente a caer son las que provocan causas que contrarrestan la tendencia. Entre ellas encontramos el aumento de la tasa de plusvalía y el abaratamiento del capital constante por aumentos de la productividad. Otras tendencias contrarrestantes, no ya ligados estrictamente al mecanismo económico de la propia ley, pero también importantes, son la explotación de recursos primarios a través del comercio exterior y los elementos políticos, como la lucha de clases y su incidencia sobre la tasa de plusvalor. Todos estos elementos hacen que la LTDTG actúe en forma tendencial, a largo plazo; pero además, su evolución e incidencia en la tasa de ganancia son esenciales para explicar los movimientos concretos de la acumulación capitalista. La elevación de la composición orgánica del capital obra como un factor estructural fundamental en lo que hace a los movimientos a largo plazo, pero no puede explicar por sí el movimiento concreto de la economía. Por otra parte, a la acción de las causas contrarrestantes debemos agregar otros factores, en particular la evolución del movimiento de los stocks -que inciden en los ciclos cortos de recuperación o descenso de la actividad económica-, la división entre el capital industrial y el capital financiero -cuyas relaciones cambian a lo largo del ciclo, lo que incide decisivamente en la tasa de ganancia industrial, la determinante en las decisiones de inversión- y los gastos improductivos. La interrelación de estos elementos y su distinta importancia en las diferentes coyunturas económicas explican los movimientos concretos de la economía capitalista.

Las crisis, la discusión sobre el "derrumbe" y las ondas largas

Antes de continuar con nuestra exposición, es necesario ubicar en el marco social más general la actual fase del sistema capitalista, caracterizada por un crecimiento débil y profundas restructuraciones de la producción y las relaciones entre los Estados. Existen dos posiciones polares en el pensamiento de izquierda y marxista: por una parte, aquellos que sostienen que en esencia esta crisis no agregaría ningún cambio sustancial a la situación de estancamiento secular que conoce el capitalismo desde comienzos de siglo. La otra posición, sostiene que se trata de un mero "reajuste" del sistema, para el que no se avizora ninguna posibilidad inmediata o mediata de colapso.

La primera posición, que podemos llamar "catastrofista", prolonga una posición que existió en la Segunda Internacional, que sostenía que se llegaría a un punto en que el desarrollo del capitalismo encontraría obstáculos insalvables, de manera que se impediría en términos absolutos seguir adelante con la acumulación. La posición más decidida a favor de esta tesis fue la de Rosa Luxemburgo, quien veía ese fin de las posibilidades de desarrollo del capitalismo en el agotamiento de los mercados no capitalistas, que se produciría inevitablemente a medida que se consumase la extensión del imperialismo en el planeta. Rosa Luxemburgo pensaba, sin embargo, que mucho antes de que llegase a ese fin ineluctable, la acción revolucionaria del proletariado acabaría con el capitalismo20. El planteamiento de R. Luxemburgo estaba muy determinado por su polémica con el revisionismo, en particular con Bernstein. Este atribuía a Marx una teoría del colapso inevitable del capitalismo, y sostenía que la experiencia había desmentido esa predicción. Para Bernstein a lo sumo existían fluctuaciones y rectificaciones, pero el sistema capitalista era lo suficientemente plástico para sobrevivir y adaptarse; el socialismo llegaría no por un derrumbe, sino por una vía evolutiva, de ampliación progresiva de la fuerza del proletariado y conquista de espacios democráticos y sociales, empujado por ese crecimiento permanente de las fuerzas productivas. A esto R. Luxemburgo respondía que, si se negaba la tesis del derrumbe, de la imposibilidad del capitalismo de subsistir a partir de determinado punto, se quitaban al socialismo todo fundamento materialista. Según R. Luxemburgo, en ese caso "el socialismo dejará de ser necesario objetivamente", y la conciencia de clase del proletariado se terminaría apoyando no en la repercusión provocada por las crisis del capitalismo, sino en "un mero ideal cuya fuerza de convicción descansa en las perfecciones que le atribuimos"21.

Como se puede comprobar, esta discusión tiene enorme importancia teórica y política para el movimiento revolucionario, y hoy se plantea casi en los mismos términos. De todas maneras, es interesante destacar que tanto Marx como Lenin no adherían a una tesis del colapso del capitalismo, entendido como una etapa a partir de la cual se diera una imposibilidad absoluta de continuar con la acumulación. Tanto para Marx como para Lenin, si el proletariado no asumía la iniciativa revolucionaria y derribaba al capitalismo, éste terminaría por reiniciar la acumulación. ¿Significa esto que tienen razón los que sostienen que el sistema capitalista sólo sufre periódicos trastornos, pero que su desarrollo puede darse "ad infinitum"?

Si bien consideramos que no existe una imposibilidad absoluta para el capitalismo de remontar una crisis, sin embargo sí es posible hablar de que el sistema se precipita periódicamente en verdaderos "derrumbes", esto es, crisis generales y destructoras, en las que millones de seres humanos son arrojados a la desocupación, condenados al hambre y la desesperación, en que se producen enormes procesos de centralización de los capitales, revoluciones del valor, reestructuraciones de las relaciones laborales con los consiguientes aumentos de la explotación y caída de los salarios, etc. En ese sentido sí es posible hablar de "derrumbes" y no de meras fluctuaciones o "correcciones" del sistema, como si se tratara de una estructura plástica, dotada de mecanismos de tipo cibernético que reaccionarían corrigiendo los "desbalances" y "desequilibrios" acumulados en la etapa anterior, para preparar a su vez una nueva etapa "dorada". Esta visión, que encontramos en escuelas aparentemente tan dispares como la neoclásica y la regulacionista, nos presenta entonces a un capitalismo desarrollándose eternamente22, en donde las perspectivas del cambio revolucionario se esfuman.

Por otra parte, si abierta una crisis capitalista, el proletariado no encuentra salida revolucionaria, no es descartable que se abra una nueva fase de acumulación del capital, que a su vez llevará en un futuro a una crisis más abarcativa, que arrastrará a más países y más fuerzas productivas desarrolladas en el período anterior de crecimiento. Esta es la visión que, por otra parte, creemos encontrar en Marx; por un lado, Marx se opone a la tesis de una crisis sin salida del capitalismo, de un derrumbe automático del sistema a partir de cual no podría seguir funcionando. Explícitamente Marx considera que la caída "puramente económica" del capitalismo corresponde "al punto de vista burgués"23. Pero al mismo tiempo Marx sostiene una visión de crisis crecientes por su importancia, que acrecentarían las bases materiales para el desarrollo de la acción revolucionaria de los explotados. En los Grundrisse Marx escribe:

"Hinc" [de aquí] la superproducción: vale decir, el "recuerdo" repentino de todos esos elementos necesarios de la producción fundada sobre el capital; por consiguiente desvalorización general a consecuencia del olvido de los mismos. Con ello se le plantea al mismo tiempo al capital la tarea de recomenzar su intento a partir de un nivel superior de desarrollo de las fuerzas productivas, etc., con un "colapse" cada vez mayor como capital. (Marx, 1989, tomo I págs. 368-9).

La evolución del capitalismo parece confirmar esta dinámica; las crisis son cada vez más abarcativas, en particular por la enorme extensión del mercado mundial capitalista. Si bien la crisis del 30 fue más profunda en los países adelantados que la crisis que arranca a fines de los sesenta, esta última tuvo una extensión y permanencia a nivel planetario incomparablemente mayor, y sus posibilidades están lejos de haberse agotado, como trataremos de demostrar más abajo. La enorme acumulación de fuerzas productivas desarrollada en la fase de expansión de la posguerra implica ahora que la desvalorización de los capitales comprometida por las necesidades de restablecimiento de la tasa de ganancia sean mayores. En líneas generales podemos decir que es a partir del imperialismo que este tipo de crisis planetarias tienen existencia real; al mismo tiempo están marcando cada vez con más agudeza la necesidad de dar una salida revolucionaria, socialista, a las catástrofes a que el capitalismo condena a la humanidad24. Existen por lo tanto una tendencia al derrumbe del sistema capitalista, que se amplían en cada crisis, pero lo único que puede efectivizar ese derrumbe, hacerlo realidad, es el triunfo de la revolución socialista.

La teoría de la dinámica de las crisis capitalistas debe por discutirse además a la luz de la teoría, hoy en boga, de los ciclos largos de ascenso y descenso del sistema capitalista. Esta teoría fue planteada inicialmente por varios economistas, pero el que alcanzó mayor relevancia -y dio su nombre a este tipo de ondas- fue el ruso Kondratiev, quien escribió sobre el tema a principios de los años veinte. Luego, en los setenta, Mandel (1979 y 1986) reactualizó la teoría de las ondas largas, planteando que efectivamente podía verificarse movimientos de ascenso de aproximadamente unos 25 años y movimientos de descenso y crisis -o estancamiento- de otros 25 años aproximadamente. Tomando en cuenta la hipótesis de Kondratiev, planteó que a los aproximadamente 25 años de fuerte acumulación previos a la primera guerra mundial le siguieron unos 25 años de guerras y depresión. Dado que la clase obrera no encontró salida revolucionaria, la clase capitalista logró recomponer la acumulación, y el cuarto de siglo que siguió a la segunda guerra fue un nuevo ciclo largo de ascenso, que terminó con la crisis de acumulación de comienzos de los setenta. De acuerdo con esta teoría, estaríamos en vísperas de un nuevo ciclo de ascenso del capitalismo -y muchos sostienen que tal vez ya haya comenzado-. La explicación de Mandel de estos ciclos está centrada en la acción de la tasa de ganancia. Luego de un largo ciclo de ascenso, la elevación de la composición orgánica del capital debilita la tasa de ganancia, iniciando un largo período de estancamiento y crisis. Factores esencialmente políticos -lucha de clases, expansiones imperialistas, etc.,- pueden restablecer la tasa de ganancia -en el caso que la clase obrera no encuentre salida revolucionaria- y con ello, al cabo de aproximadamente unos 25 años, reiniciarse una fuerte acumulación capitalista, que desembocará en una nueva crisis. La importancia de esta teoría sobre los ciclos Kondratiev para la discusión de la fase y la dinámica de la economía capitalista actual es fácil de adivinar. La extensión del capitalismo a los ex Estados stalinistas y la falta de respuesta del movimiento obrero a los ataques de la burguesía a sus condiciones de vida y trabajo podrían encajar perfectamente como los factores que estarían promoviendo el inicio de un nuevo boom económico como el que se conoció en la posguerra.

En nuestra opinión, esta teoría tiene el mérito de haber llamado la atención sobre la existencia de los movimientos de largo plazo del sistema capitalista, pero a la vez su punto débil es el excesivo mecanicismo que les adscribe. Es difícil verificar la existencia de ciclos regulares de 25 años de ascenso y 25 de descenso en la acumulación capitalista, y menos desde principios de siglo pasado. Los datos que dan los defensores de la teoría Kondratiev muestran que, por ejemplo, para el ciclo de 25 años de descenso económico que ubican luego entre las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, las tasas de crecimiento de los Estados Unidos apenas son inferiores a las que existieron en los 25 años anteriores25. Por otro lado, la depresión estadounidense que correspondería al tercer gran ciclo Kondratiev (entre 1885 y 1940-5) no comienza después de la primera guerra, como debería haber sucedido para cumplir con una periodicidad de aproximadamente 25 años de recesión, sino en 1929; en 1940 la economía de Estados Unidos ya se estaba recuperando. Es decir, la depresión, si bien severísima, duró sólo 11 años. La evolución de la economía alemana tampoco presenta una sincronización con el ciclo Kondratiev26.

Pensamos que desde el punto de vista teórico la debilidad más importante que presenta la periodización Kondratiev de los ciclos largos es que no logra explicar el porqué se debiera dar, aproximadamente después de 25 años de estancamiento o crecimiento débil, una recuperación, principalmente al incidir en esto factores políticos -tales como la derrota de la clase obrera y de las luchas sociales, superar las contradicciones que implica la desvalorización masiva y reestructuración de los capitales, etc.

Sí rescatamos la idea de que existen movimientos largos de la economía, o fases, cuyas características deben estudiarse en particular y a los que llamaremos, para distinguirlos del enfoque demasiado mecanicista de los ciclos Kondratiev, fases o períodos largos de ascenso o descenso - a veces puede ser estancamiento relativo - de duración variable. Incluso en determinados períodos históricos, como fue en la segunda mitad del siglo pasado, no podríamos hablar de una fase homogénea para las principales economías capitalistas. Sí existió un período general de ascenso de la acumulación capitalista a partir del fin de la Segunda Guerra (que en los Estados Unidos comenzó antes), que se termina a fines de los sesenta, inciándose entonces una fase larga de crecimiento débil, con tres recesiones en su seno en las economías desarrolladas y largos períodos de estancamiento y hasta retroceso en términos absolutos en amplias zonas del planeta (como América Latina en los ochenta, Africa subsahariana, con excepción de Sudáfrica). Rescatamos plenamente la tesis de Mandel, verificada luego por otros autores, que este ciclo largo de ascenso se basó en la recomposición de la tasa de ganancia del capitalismo en los años de la depresión y la guerra, en los cuales las derrotas de la clase obrera jugaron un rol central. Pero pensamos que nada autoriza a decir que ya estamos en vísperas, o entrando en un nuevo ciclo de ascenso de la economía capitalista (de acuerdo a la teoría Kondratiev, corresponderían ahora 25 años de fuerte acumulación).

Una fase de crecimiento débil

Con los elementos teóricos antes discutidos, vamos a analizar ahora la situación del capitalismo contemporáneo; otros elementos de comprensión teórica serán introducidos a lo largo de la exposición.

La economía capitalista, después de un prolongado período de crecimiento acelerado desde la posguerra, ha entrado desde fines de los años sesenta en un fase larga de crecimiento débil, combinada con recesiones, en cuyo transcurso se están produciendo profundos cambios económico y sociales. Fundamentalmente se advierte en este período largo un marcado descenso en la tasa de crecimiento de la economía mundial27, con crecimiento a largo plazo de la desocupación -35 millones reconocidos oficialmente en los países adelantados-, debilidad de las inversiones, zonas enteras del planeta que padecieron un retroceso absoluto en el desarrollo de las fuerzas productivas durante muchos años y la agudización de desequilibrios comerciales y financieros en el mercado mundial.

La desaceleración del ritmo de crecimiento capitalista estuvo estrechamente ligada a la debilidad de las grandes inversiones -fundamentalmente en ampliación de instalaciones, plantas, grandes obras de infraestructura- lo que a su vez estuvo condicionado por el debilitamiento de la tasa de ganancia a largo plazo, estructuralmente erosionada por el ascenso de la COC. Pero la elevación de la COC no fue el único elemento que actuó sobre la tasa de ganancia; como muy bien lo ha demostrado Michl (1991), es necesario combinar el estudio con la acción de las tendencias contrarrestantes, porque la elevación de la COC no actúa "en el aire". En particular, la evolución de los salarios y de la tasa de explotación y de los costos de las materias primas.

En la inmediata posguerra, la tasa de ganancia es favorecida no sólo por las enormes desvalorizaciones y destrucciones de capital que habían producido la Gran Depresión y la guerra, sino también por los bajos salarios y el disciplinamiento de la clase obrera que el capital había logrado28. Durante la recuperación posterior, los movimientos salariales estuvieron contenidos, de manera que no hicieron peligrar la tasa de ganancia, a la par que aumentaba fuertemente la productividad y la intensidad del trabajo. Si seguimos el estudio de Michl sobre los Estados Unidos, se ve que hasta 1965 los salarios no presionan fuertemente sobre las ganancias (también en los otros países capitalistas adelantados se comprueba que hasta mediados de los sesenta los salarios no presionan fuerte sobre las ganancias). Al factor salarial se unió la caída de los precios de las materias primas durante los años cincuenta. La reconstitución de la producción agrícola europea, amparada en medidas proteccionistas, y la sustitución de productos primarios por el desarrollo de la industria petroquímica, ayudaron a deprimir los términos de intercambio de los países exportadores de materias primas desde los primeros años de la década de los cincuenta en adelante. Por otra parte el precio del petróleo - insumo esencial de la nueva ola de acumulación- también se mantuvo a niveles bajos, lo que significaba un fuerte estímulo a la tasa de ganancia dada su importancia para el tipo de industria y transporte que se expandió en la posguerra. Todos estos elementos actuaron entonces como causas contrarrestantes a la erosión de la tasa de ganancia por la elevación paulatina de la COC durante los largos años de crecimiento acelerado. O sea, tenemos un aumento a largo plazo de la tasa de plusvalía, y bajos precios de las materias primas, pero por otro lado una tendencia al aumento de la COC.

Desde mediados de los años sesenta, y en circunstancias en que el ciclo estaba en su apogeo -o sea, en condiciones cercanas al pleno empleo- los beneficios de las empresas industriales de los Estados Unidos sufren mermas por la presión salarial y las rebeliones obreras contra la explotación; lo mismo sucede en otros países, particularmente en Francia e Italia, sacudidos por la fuerte combatividad sindical. A ello se une una fuerte y generalizada resistencia obrera a la explotación fabril, plasmada en indisciplina laboral, sabotajes, ausentismo, etc.29. A un nivel más general se registra un deterioro del clima social de seguridad que necesitan las inversiones, marcado por las derrotas de Estados Unidos en Vietnam y las luchas estudiantiles al respecto, y en Europa por un fuerte ascenso contestatario que alcanza sus picos entre el mayo francés de 1968 y la revolución de los claveles en Portugal, de 1974. Estos son los elementos ciertos que rescata la teoría de la crisis de reducción de los beneficios por presión salarial y en general el enfoque de las causas políticas de la crisis. En segundo lugar, se revierte la tendencia de los precios de las materias primas. Los precios de los cereales, madera, minerales no ferrosos, y el petróleo suben bruscamente desde comienzos de los setenta. Para un país como Japón se ha calculado que entre 1970 y 1974 los términos de intercambio bajaron un 32% (Itoh, 1987). En ello incidió la presión de la demanda hacia el final del boom, la constitución de stocks con motivos especulativos y el factor político del ascenso del nacionalismo burgués en regiones del llamado "tercer mundo" -OPEP, nacionalizaciones como las del cobre en Chile bajo Allende, cartels para defender los precios de metales y frutos, etc.-. Estos dos elementos, aumento de la presión salarial y de los precios de las materias primas significan por lo tanto que se bloquean dos importantes causas contrarrestantes de la caída de la tasa de ganancia, que a su vez estaba debilitada a largo plazo por la subida de la COC. Se produce entonces una caída de la acumulación, que se manifiesta en la primera recesión generalizada de los países desarrollados en la posguerra, en 1974-5, y una segunda recesión en 1979-82. Es importante señalar que cuando se desata la recesión aumenta la capacidad ociosa general de la industria, lo que a su vez profundiza la caída de la tasa de ganancia.

Existen por otra parte otros dos factores que presionan la tasa de ganancia industrial hacia abajo, y que deben incorporarse al análisis. Es lo que Harvey (1990) llama un "segundo corte" en la teoría de la crisis, o sea, la necesidad de incorporar otros determinantes que reactúan deprimiendo la tasa de ganancia, como elementos derivados. El primero es la creciente presión de la tasa de interés, lo que se tratará luego. El segundo el aumento de las actividades no-productivas, es decir no generadoras de plusvalor, pero que el capital debe necesariamente sostener con parte de la plusvalía. Comprenden todo lo relacionado con la comercialización, actividades bancarias30, seguros, gastos estatales, actividades de supervisión y control. De conjunto constituyen una punción sobre la plusvalía, que inevitablemente deprime la baja de ganancia. Este tipo de actividades creció tendencialmente en el capitalismo, y a lo largo de la crisis y la fase de crecimiento débil se mantuvo muy alta. Moseley (1992) considera éste el principal motivo de la declinación de la tasa de ganancia a largo plazo en los Estados Unidos. Pensamos que este tema debe tomarse como relevante para explicar buena parte de la caída de la tasa de ganancia, pero que debe ser ubicado como un factor derivado de la acción de la LTDTG; es la creciente dificultad en la valorización del capital y la sobreabundancia de capital dinero y las dificultades para realizar la mercancía las que impulsan este crecimiento del gasto improductivo.

Pero desde 1979 las causas contrarrestantes a la caída de la tasa de ganancia, que se habían bloqueado, se revirtieron en favor del capital. Los salarios ceden en todos los países desarrollados, empujados por las derrotas que el capital inflige al movimiento obrero organizado -gracias a la política de las burocracias obreras, y de los partidos stalinistas y socialdemócratas, y al acoso de la desocupación, que crece espectacularmente. Al mismo tiempo el capital reimpone la disciplina de la producción, ayudado por los estragos que hace la tenaza de la desocupación y las importaciones desde los países dependientes. Y en la década de los ochenta ceden los precios de las materias primas31. Estos factores actuaron entonces elevando la tasa de ganancia, la cual se recuperó de los bajos niveles a que había caído en las dos recesiones generalizadas. La subida de la productividad, las reestructuraciones industriales, la relocalización de empresas en sectores del globo donde los salarios eran más bajos, la explotación a través de la deuda, empujaron hacia arriba a la tasa de ganancia. Sin embargo, ésta no se recuperó a los niveles de boom de la posguerra porque la COC permaneció alta. Durand (1992) ha tomado los cálculos de la OCDE de evolución del promedio de la tasa de ganancia para los países adelantados, que nos da, para el período 1965-73 el 19%, baja al 15% entre 1976-79, y se recupera al 17% entre 1983-1992. Durand destaca entonces que la recuperación no logra volver a los niveles de pre-crisis (1965-73). Pero tomar como punto de referencia el promedio de tasa de ganancia que va de 1965-73, no se logra apreciar bien la magnitud de la caída de la tasa actual con respecto a los años de fuerte crecimiento de posguerra. Para los Estados Unidos Goux (1981) ha establecido que la tasa de ganancias (calculada con respecto al capital fijo, y teniendo en cuenta correcciones de distorsiones provocadas por las amortizaciones) había caído en los años setenta un 50% con respecto a la inmediata posguerra. Los cálculos de Nordhaus (1974) para la economía norteamericana nos dan caídas de la tasa de ganancia en los setenta con respecto a la inmediata posguerra del mismo orden de magnitud. Lo importante entonces es que la recuperación de la tasa de ganancia de los años ochenta, de un 15 o 20% promedio, aún está muy lejos de restablecer los niveles que impulsaron el desarrollo de fuertes inversiones durante el boom.

Por este motivo una de las características más importantes de la dinámica capitalista de los últimos 25 años será la debilidad de las inversiones, en especial de las de largo aliento -estructuras productivas, construcciones de infraestructura, etc. Cuando se invierte se lo hace fundamentalmente en la renovación de equipos y en las reestructuraciones, pero no en la ampliación de plantas. Las estadísticas de nuevo son muy significativas; tomando de nuevo la economía norteamericana, se ve que en el período que va de 1950 a 1963 la expansión de la capacidad productiva excedió a la expansión de las horas laborales en un 2,8% anual. En el período 1973-78 el incremento de la planta y equipo excede a la expansión de las horas laborales en sólo el 1% (Moral Santin y Raimond, 1986). Continúa existiendo una fuerte sobreabundancia de capital fijo, la elevada relación de capital por obrero exige fuertes inversiones, y de esta forma el principal estímulo para un ciclo sólido de acumulación -la inversión estimulada por una fuerte tasa de ganancia- sigue sin aparecer. Es decir, la elevación de la COC tiene resultados acumulativos, lo que impide que la tasa de ganancia vuelva a los niveles previos, a pesar de la baja de los costos salariales y de materiales.

Todo esto alimentó entonces un crecimiento en el cual el consumo de la clase burguesa y los sectores medios más acomodados jugó un papel muy importante. M. Durand (1992) señala la aparición de este factor de demanda dentro de la economía, que se apoya en la enorme exacción de plusvalía del proletariado -de Estados Unidos y de otras partes del mundo- pero que a la vez no encuentra una vía hacia las inversiones productivas. Es característico entonces de las actuales recuperaciones -por ejemplo la que se opera en Estados Unidos desde 1991- que estén movidas en gran medida por el consumo, y en menor medida por las inversiones de renovación de equipos32, que el desempleo no disminuya significativamente -y por lo tanto tienda a crecer con el tiempo-y que todo esto se refleje en la inestabilidad de los mercados financieros y hasta en la especulación contra la moneda de un país que se supone está en plena recuperación -como sucede con la actual caída del dolar-.

Esta situación de escasa inversión, con fuerte extracción de plusvalía, genera una masa constante de capital dinero, una sobreabundancia de capital, que no se invierte productivamente. O sea, la contrapartida de la debilidad de la inversión es la sobreacumulación permanente de capital. La revista inglesa The Economist (2/6/94) registra este fenómeno cuando afirma que luego de tres años de recuperación las empresas estadounidenses disponen de muchos recursos líquidos, pero en lugar de invertirlos los reparten en dividendos y compran sus propias acciones. En la primera mitad de 1994 las empresas informaron de recompras de acciones por 25 mil millones de dólares. La sobreacumulación permanente de capital lleva además a la aparición de fenómenos de especulación financiera más o menos permanente, en la cual se comprometen más y más los monopolios de todos los países. La importancia de esta sobreacumulación del capital financiero para los desarrollos actuales del capitalismo exige que le demos un tratamiento especial.

La sobreacumulación de capital dinerario

Toda crisis capitalista es en esencia una sobreproducción de capitales -siendo la sobreproducción de mercancías una forma que asume esa sobreproducción más general de capitales-, sobreproducción que no es absoluta, sino relativa a las posibilidades de valorización. Según Marx, esta sobreproducción se produce cuando el capital aumentado no puede suministrar más valor que el capital más pequeño (ver El Capital tomo III, cap. 15). La forma más elemental en que se manifiesta esta sobreacumulación es en la fijación del capital en su forma dineraria. Marx daba una inmensa importancia a este hecho. El capital "en su fijación en el estado de crisálida dineraria" es "absolutamente improductivo" y

Es un peso muerto de la producción capitalista. El afán de volver utilizable -para obtener una ganancia como un rédito- ese plusvalor que se atesora como capital dinerario virtual, encuentra su satisfacción en el sistema crediticio y en los "papeluchos". El capital dinerario adquiere de esta manera, bajo otra forma,el influjo más descomunal sobre el curso y el desarrollo imponente del sistema capitalista de producción (Marx, 1983, pág. 608).

Durante las crisis económicas o en los períodos de débil acumulación, el influjo de este capital dinerario es realmente "descomunal", como lo comprueba la evolución del capital financiero a nivel mundial de las últimas décadas. Mientras que en la fase de acumulación el crédito actúa como palanca de la acumulación, la centralización de los ahorros de la sociedad por los bancos se pone a disposición de la actividad inversora, la situación se revierte cuando comienzan los primeros síntomas de la crisis. A medida que se empieza a debilitar la tasa de ganancia -por las razones que antes discutimos- algunos capitales comienzan a retirarse de las inversiones productivas, pero otros tratan de mantenerse a flote ganando la lucha competitiva, invirtiendo aún más, lanzando un "verdadero salto adelante". Es lo que sucedió, por ejemplo, con muchos sectores de la industria siderúrgica a nivel mundial a comienzos de los setenta; el resultado final será la agudización de la sobreproducción cuando la crisis se desate. Pero lo importante es que en circunstancias en que los capitales están exigiendo más fondos la tasa de interés tiende a subir. Los negocios empiezan a ser "pesados", y entonces cada vez más se pide prestado para mantener el giro de los negocios, con la esperanza de que "pasen los nubarrones". Esto a su vez presiona sobre la tasa de ganancia empresaria -la que verdaderamente cuenta para decidir las inversiones- reduciéndola aún más. La tasa de ganancia empresaria se ve reducida por la transferencia de plusvalía hacia el sector financiero; el cambio hacia el incremento de esta transferencia ha sido muy marcado en los años setenta en las economías industrializadas. La parte de las ganancias brutas que pagó el capital industrial norteamericano en conceptos de intereses ascendió al 5,2% en la década de los cincuenta, pasó al 11,5% en los años sesenta y subió al 33,3% en los setenta (datos de Moral Santin y Raimond, 1986; ver también Goux, 1981). La suba de la tasa de interés afecta también a los valores bursátiles que, como es sabido, se mueven por lo general en relación inversa al movimiento de las tasas, ayudando de esta forma a debilitar las fuentes de recursos dinerarios para la inversión del capital productivo.

Este proceso debe entenderse en el marco de una corriente de capitales que se están retirando de las inversiones productivas, o que no se reinvierten, y alimentan el circuito financiero que comienza a dar buenas ganancias a costa de los capitalistas que no pueden retirarse de la producción sin grandes pérdidas y están obligados a comprometerse cada vez más con los préstamos. En el caso de los monopolios, esta división entre el sector productivo y financiero puede darse incluso dentro de la empresa; en los últimos años fueron muchos los casos en los que el sector financiero pudo compensar con sus ganancias las pérdidas que el monopolio experimentaba en sus sectores productivos. Pero lo importante a retener es que se agudiza esta escisión entre las dos formas de existencia del capital, escisión que se presenta bajo la forma de una contradicción, de una disputa por el interés:

... en la crisis general de superproducción la contradicción no se da entre los diferentes géneros del capital productivo, sino entre el capital industrial y el "loanable" (que puede prestarse); entre el capital tal cual se introduce directamente en el proceso de producción y el capital tal cual se presenta como dinero, de manera autónoma (relativamente) y al margen del proceso (Marx, 1989 tomo I págs. 365-6).

En toda crisis aparece entonces una enorme masa de capitales líquidos, que buscan ganancias rápidas sin invertirse productivamente, al tiempo que toda crisis aparece como una crisis monetaria, en la medida en que los capitalistas comprometidos con préstamos buscan afanosamente renovarlos para seguir con el giro de sus negocios, y que los bancos presionan a las autoridades monetarias para conseguir redescuentos e impedir que "se caigan" sus deudores. Se genera entonces una presión generalizada por sostener la acumulación en base al crédito o, en caso de recesión, por salir de ella con su ayuda. Pero en este caso, como también dice Marx, el crédito sólo actúa como palanca de agudización de las contradicciones en curso; incluso una expansión de la acumulación sobre la base del crédito sostenido en la emisión descontrolada, destinada a sostener el redescuento -lo que Lipietz y otros economistas han llamado una pseudo valorización de las mercancías- termina no sólo amenazando con una caída general de todos los valores ficticios y títulos -los "papeluchos" de los que hablaba Marx- sino también alimentando presiones inflacionarias que hacen dificultosa la acción de la ley del valor. Es una forma de postergar los inevitables cierres y desvalorizaciones de capital, a costa de hacerlos más amplios y profundos en el futuro. Finalmente los Estados deben actuar endureciendo el crédito. De esta forma se reimplanta la disciplina de la ley del valor; en palabras de Bonefeld

La reaserción de los límites del mercado en la forma del crédito escaso y costoso suprime las ambiciones de los productores, reforzando las presiones competitivas para intensificar las explotación de manera de mantener la solvencia. De todas maneras la imposición de una política monetaria dura está plagada de contradicciones. La acumulación productiva debe tener éxito para sostener el capital dinerario, mientras que el fracaso para convertir al crédito en explotación efectiva del trabajo reafirma, para el capital productivo, los límites del mercado para realizar el capital rentablemente (Bonefeld, 1993, pág. 63).

Estos dos movimientos se han registrado alternativamente en esta fase del capitalismo: primero, el fomento de expansiones "keynesianas", a base fundamentalmente de crédito, lo que actuaría a su vez como mecanismo de internacionalización de la crisis. En un segundo estadio, y ante reimposición de una política monetaria que buscaba imponer la devaluación de capitales, y la reestructuración productiva en toda la línea, incluida la recomposición global del ejército industrial de reserva. Muchas veces ambas políticas estuvieron entremezcladas, por ejemplo, cuando bajo el gobierno de Reagan una durísima política monetaria -que llevó a la crisis de pagos de las deudas externas y al sistema financiero internacional al borde del crack- se combinó con una política fiscal expansiva, en especial a través de los gastos de la industria de guerra, que alimentó el crecimiento entre 1983 y 198933. Estas evoluciones permiten explicar muchas de las características de la evolución actual del capitalismo. En especial, el porqué la crisis de los setenta no terminó en un crack profundo en los países capitalistas adelantados, con caída de precios y depresión, sino en un crecimiento débil, presiones inflacionarias -que llevaron a una desvalorización generalizada de capitales-. La actividad del Estado como prestamista de último recurso, dando liquidez al sistema, garantizando los depósitos bancarios34 bloqueó presiones hacia el crack en cadena, pero al mismo tiempo colocó a la acumulación del capital sobre un verdadero océano de deudas y de capitales ficticios. En 1993 la deuda pública tenida por particulares en los Estados Unidos equivalía a más del 50% del producto nacional bruto. El nivel general de endeudamiento de las empresas también se mantiene alto, y los efectos de un verdadero crack ya se hicieron sentir en el extendido sector de las instituciones de ahorro y préstamo. Desde 1980 a 1992 cerraron aproximadamente 1.200, con activos por más de 500 mil millones de dólares; fueron afectadas especialmente por las dificultades en la realización de la plusvalía en el sector de empresas medianas y pequeñas y por la caída de los precios de la propiedad. Pero éste es sólo un botón de muestra de las debilidades sobre las que se asienta gran parte de la economía capitalista.

El capital financiero internacional

La reubicación del capital dinerario en búsqueda de nuevas alternativas de inversión se realizó especialmente a través de la inversión cruzada entre grandes empresas multinacionales y bancos multinacionales. Estos desarrollos afirman la vigencia de los estudios de los autores marxistas de principios de siglo (Hilferding, Lenin, Bujarin) sobre la importancia del capital financiero. W. Andreff y O. Pastré (1981) han actualizado estos trabajos, mostrando cómo la comprensión de la actual fase del capitalismo implica la necesidad de estudiar la doble relación entre la banca y la industria, por una parte, y entre el capital financiero internacional y la internacionalización del capital por la otra. Tanto el capital industrial como el bancario se han internacionalizado conjuntamente; contra la costumbre de analizar separadamente la expansión y la internacionalización, Andreff y Pastré insisten en que la expansión e internacionalización de ambas formas de existencia del capital se condicionan y complementan recíprocamente. En lugar de seguir la secuencia propuesta por Hilferding, en el sentido de que el surgimiento del capital financiero originaría la internacionalización del capital, se insiste en que su formación no está desligada de la internacionalización:

la internacionalización se ha vuelto la causa y la fusión del capital industrial y el capital bancario su efecto. O al menos, ambos fenómenos aparecen hoy dialécticamente ligados el uno al otro (Andreff y Pastré, 1981, págs. 50-51).

A su vez, estos autores demuestran cómo el dominio de muchas transnacionales industriales sobre grupos financieros o su transformación en casi banqueros, obliga a abandonar la idea que se mantenía a principios de siglo de un dominio unilateral de la banca sobre la industria. Esta integración hace que la distinción entre el sector financiero e industrial, concebidas como dos fracciones capitalistas completamente separadas y antagónicas, pierda creciente validez. Más bien es necesario concebirlas como diferentes formas del capital, sobre la base del capital financiero (Bonefeld, 1993). Desde el punto de vista teórico, este enfoque encuentra su origen y fundamento en los análisis de Marx sobre las diferentes formas de existencia del capital en su ciclo (ver primera sección del libro II de El Capital). La oposición entre el sector productivo y el que recibe interés, a la que nos referimos repetidas veces a lo largo de este artículo, debe entenderse en el marco de esta unidad profunda de las dos formas del capital, la metamorfosis constante de la forma dineraria en la productiva o mercantil y viceversa, y el objetivo común derivado de ella de aumentar las tasas de plusvalía y de ganancia35.

La fuerte internacionalización e integración de ambas formas de capital intensificó la concentración y centralización de los capitales a escala global. El capital adquirió una gran movilidad para levantar recoger fondos en los mercados internacionales, moverse entre las diferentes formas de inversión productiva y financiera e internacionalizar la crisis e imponer su lógica de reestructuración capitalista, aumento de la explotación y elevación de la rentabilidad del capital en todas partes del planeta.

La centralización internacional de los capitales dio lugar a gigantescas empresas, que ya no se identifican plenamente con un Estado nacional, y que dan un nuevo impulso a la internacionalización de la economía. En palabras de la revista Business Week, que dedicó un artículo central al tema hace unos años,

En la medida en que el comercio a través de las fronteras y los flujos de inversiones alcanzan nuevas alturas, grandes compañías globales están tomando decisiones con poca consideración por las fronteras nacionales. A pesar de que pocas compañías se han desligado completamente de sus países de origen, la tendencia hacia una forma de corporación "sinestado" es inconfundible (BW 14/5/90).

La ola de fusiones y adquisiciones operada en los últimos años cambia el panorama con respecto a la vieja corporación de los años sesenta, que todavía consideraba a las operaciones en el exterior como un apéndice de las actividades en el país de origen, y en las que la relación entre comando de la empresa y nacionalidad estaba clara. Hoy docenas de grandes empresas norteamericanas realizan más beneficios fuera que dentro de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, en los últimos años de la década del ochenta, multinacionales con sedes en el extranjero hicieron inversiones en Estados Unidos por valor de 200 mil millones de dólares, comprando plantas y adquiriendo compañías en marcha. Esta movilidad general del capital hace que sea difícil encontrar "lealtades" a tal o cual Estado; mejor podemos hablar de un "oportunismo" del capital -que responde a su naturaleza, buscar la valorización por encima de todo- que lo hace extremadamente volátil. El entrecruzamiento de intereses y presiones sobre los Estados para defender mercados o condiciones de producción no lleva a que desaparezcan las tendencias al proteccionismo; simplemente las combinan con el crecimiento del comercio mundial, del flujo rápido de capitales internacional y la internacionalización global del capital.

La mayor integración de todos los países al mercado mundial capitalista es favorecida e impulsada a su vez por la internacionalización del capital bancario y financiero, que actuó como palanca objetiva de extensión de la crisis. Un ejemplo de esta dinámica nos lo proporciona la evolución de la deuda externa. Los excedentes dinerarios ubicados en los mercados europeos (provenientes en buena parte, pero no exclusivamente, de los excedentes de los productores de petróleo) fueron reciclados a los países atrasados a comienzos de los años setenta, a tasas de interés muy bajas. Esto permitió a su vez fomentar una demanda por parte de estos países, que contribuyó a la recuperación de la recesión de 1974-5 que se produjo en los países desarrollados. El giro hacia una política monetaria dura a fines de esa década llevó a la crisis de pagos de 1982 -cuando México se declaró insolvente-, lo que a su vez aumentó la dependencia de todos los países deudores a los dictados del capital. Si bien la amenaza de cesación de pagos generalizada obligó al capital financiero a renegociar los plazos del repago de las deudas, lo central es que se impuso la presión de sobre los Estados y sus economías, en el sentido de integrarlas más al mercado mundial y obligarlas a llevar a fondo las reestructuraciones y ataques a los niveles de vida de las masas que están en curso en todo el mundo.

De conjunto estos movimientos del capital tanto dinerario como productivo llevan al debilitamiento del control de los Estados sobre sus economías. En un artículo anterior de Debate Marxista mostramos cómo la internacionalización del capital acarrea la pérdida de soberanía de los Estados y de su capacidad para controlar los movimientos monetarios, porque todos se ven atrapados en las redes del capital financiero (ver Debate Marxista Nº 2; ver Harvey, 1990; Bonefeld, 1993).

The Economist (editorial del 18/6/94) reconocía indirectamente este hecho, diciendo que "el verdadero poder está en los mercados internacionales, no en los gobiernos" y que las transacciones brutas en bonos y acciones entre los Estados Unidos y el resto del mundo saltaron de representar menos del 10% del pnb de Estados Unidos al 135% en 1993. Estos grandes flujos de capitales se mueven con mucha rapidez a través de las fronteras, y al menor signo de inestabilidad se mueven especulativamente contra las monedas, los bonos o las acciones. Como sosteníamos en el artículo citado de Debate Marxista Nº 2, ésta es la base material, estructural, del debilitamiento a largo plazo del nacionalismo burgués de los países atrasados y más en general del quiebre de los intentos de regulación estatal de tipo keynesiano de las economías.

Por otra parte, en una economía que se levanta sobre un mar de deudas, con profundos desequilibrios comerciales y financieros internacionales, y dada la debilidad de la acumulación capitalista, estos movimientos agudizan los peligros de crack financiero. Un ejemplo lo hemos tenido este año, con la caída del dólar, a pesar de que la economía de los Estados Unidos se encuentra en una fase de recuperación de la recesión de 1990-91. El problema es que esa recuperación se produce sin haberse dado solución a los problemas básicos de la acumulación, con un fuerte endeudamiento general de toda la economía, y el déficit comercial y de cuenta corriente que no cierra. La apertura de las economías y el financiamiento internacional de los déficits obligan a observar como variables claves el comportamiento de las cuentas externas. En el caso de los Estados Unidos, debe tenerse presente que en los años ochenta este país transfirió al exterior unos 600 mil millones de dólares, principalmente a Tokio; los capitalistas japoneses a su vez reciclaron estos dólares por medio de inversiones a los Estados Unidos, pero la recesión en Japón los obligó a vender activos norteamericanos, con una pérdida global que se calcula en 300 mil millones de dólares. Esta "salida" del dólar llevó a las caídas de su cotización en los mercados internacionales.

Tendencias de la fase actual del capitalismo mundial

Es la presión de este capital que busca nuevas oportunidades de inversión, junto al crecimiento del comercio mundial (que desde 1950 ha crecido a una tasa que duplica la de la producción mundial) la que se comienza a volcar en los países en los que dominaron los regímenes stalinistas. Sobre la base de los impulsos actuantes hacia el desarrollo de relaciones capitalistas y de la inversión de capital dinerario autóctono que existía "en los poros" de estas sociedades36, el capitalismo está encontrando nuevos mercados y campos de inversión. El más relevante es China. Siendo una economía en la que más de la mitad del producto nacional ya ha pasado a manos del sector privado (y un 30% de la producción industrial) y en la que -más importante aún, por lo que indica en dinámica- el sector privado crece a una tasa entre 8 y 9 veces superior a lo que crece la producción del sector estatal37, los capitales internacionales están encontrando aquí alivio a la presión de la sobreacumulación. Entre 1985 y 1990 el flujo de inversión directa extranjera en China fue de 6.400 millones de dólares anuales, pero en los últimos años se registra un fuerte crecimiento: 11.000 millones en 1992, casi 26.000 millones en 1993. En lo que hace a la ex- URSS, si bien el proceso es mucho más lento y las contradicciones que provoca la reconversión al capitalismo están más agudizadas, también el capital internacional está encontrando oportunidades de buenos negocios. Las relaciones de propiedad se han transformado con una rapidez mayor de lo esperado en un sentido capitalista; hoy se cuentan 100.000 empresas privatizadas en Rusia, lo que representa la fuente de más de la mitad del producto bruto y se acaba de iniciar una nueva etapa de privatizaciones. Las revistas de negocios capitalistas como Business Week o The Economist exaltan la oportunidad de comprar propiedades subvaluadas38; esto de conjunto abre posibilidades de grandes ganancias y de explotación de una mano de obra calificada, atenazada por un creciente ejército de desocupados y por el quiebre del "socialismo" stalinista. En otros países en los que cayó el stalinismo también se abren posibilidades de inversiones para el capital. Un caso tal vez emblemático -por lo que representó la lucha de este país contra el imperialismo en los sesenta y setenta- lo da Vietnam, que también registra un fuerte crecimiento de la inversión de capital extranjero en los últimos años39.

El caso de China a su vez se inscribe en la dinámica de crecimiento capitalista muy fuerte que se registra en el conjunto de la zona del Pacífico asiático, que de conjunto alberga al 56% de la población mundial. Ya no se puede seguir despreciando este fenómeno y sus repercusiones en la economía mundial con el argumento de que se trata meramente de "los cuatro tigres, tres de los cuales no constituyen siquiera un país", como se argumentó durante muchos años -en especial desde la izquierda-. Entre 1983 y 1992 China experimentó una tasa de crecimiento anual promedio del 9,7%, Corea del Sur el 9,6%, Tailandia el 8,3%, Singapur 6,7%, Hong Kong 6,5%, Malasia 6,3% e Indonesia 5,7%. Sólo China tiene hoy un comercio exterior que roza los 200 mil millones de dólares en valores. Capitales japoneses -principalmente- y estadounidenses se disputan en estos momentos estos territorios como campos de inversión, a la vez que vemos fuertes inversiones de grupos económicos asiáticos -chinos, coreanos, etc- desarrollados al calor de este crecimiento. Esta extensión del capitalismo, si bien no logra cambiar de conjunto el panorama de crecimiento débil que discutimos antes, proporciona paliativos y salidas a las mercancías y al capital sobrante. Un ejemplo de lo primero nos lo da la última recuperación europea, actualmente en curso, que estuvo estimulada en gran parte por las exportaciones a Asia (también a los Estados Unidos); el aumento de las exportaciones alemanas fue el principal responsable del crecimiento del pnb, y de conjunto el total de las exportaciones de la Comunidad Europea a los países atrasados (incluyendo aquí al este de Europa) es dos veces más grande que la suma de las exportaciones a Estados Unidos y Japón.

Estos desarrollos brindan un panorama de conjunto más complejo del que muchas veces se presenta en visiones de tipo "catastrofistas" de la izquierda, que se niegan a considerar los cambios y evoluciones del capitalismo, al que atribuyen un estancamiento más o menos permanente. A lo largo de esta fase larga de estancamiento de la inversión productiva o crecimiento débil se han operado cambios en el sentido de una mayor extensión de las relaciones capitalistas, con la consiguiente extensión del mercado mundial, de la acción de la ley del valor, de la centralización y concentración de los capitales, la reconstitución de los ejércitos industriales de reserva, pero también la subsunción bajo el capital de nuevos e inmensos contingentes de clase obrera a nivel mundial. El aspecto más importante, aunque no el único, de este último aspecto, es la incorporación por parte del capital de zonas del planeta, los ex regímenes stalinistas, a las que hasta ahora sólo había podido explotar indirectamente -por los mecanismos de la deuda externa o del mercado mundial- porque no podía asentarse la propiedad privada ni la libre contratación y acumulación de capitales. Por el momento no permite superar las contradicciones que dieron origen a la caída de la tasa de ganancia y de inversiones, pero sí da una salida a la sobreacumulación de capital -incluida la sobreproducción de mercancías; además, la explotación de mano de obra barata y la apropiación de activos depreciados opera en el sentido de elevar la tasa de rentabilidad. Zonas extensas del planeta están sometidas a lo que se podría llamar un proceso de "reperiferización"40, con entrada del capital financiero e industrial que tiende a imponer sus duras condiciones de explotación a la clase obrera; en otras, la extensión de las relaciones de producción capitalista conmueve viejas estructuras económicas y sociales41. Recíprocamente, esta internacionalización de las relaciones de producción capitalista repercute sobre la clase obrera de los países adelantados, ya que tienden a igualarse los niveles de explotación42.

Los que sostienen que la clase obrera a nivel mundial tiende a desaparecer, o que las leyes descubiertas por Marx y desarrolladas luego por los marxistas sobre la crisis capitalista dejan de tener vigencia, tienen ante sus ojos una realidad que los desmiente. Sólo la clase obrera industrial de China, que se incorpora hoy de pleno a la división internacional del trabajo, es tan grande como el conjunto de la fuerza laboral de los Estados Unidos. La ley del valor penetra por todos los poros de las sociedades, la internacionalización y el disciplinamiento que impone el capital financiero -o sea, el disciplinamiento de la ley del valor- unifica más la estructura económico-social del mundo bajo el mando del capital, y tiende a imponerle sus necesidades de valorización. La llamada escuela de la dependencia, que se desarrolló en los años sesenta y principios de los setenta en América Latina, tuvo el mérito de haber enfocado el sistema mundial en cuanto totalidad, en la que unas partes se desarrollaban y crecían orgánicamente unidas a la explotación de otras; concibió al mercado mundial como una totalidad superior, en la cual ningún elemento puede concebirse en forma aislada. Pero sólo concibió esa totalidad como estructura articulada a partir de la explotación de unas regiones por otras43. De allí que se haya planteado la explotación del centro por la periferia y de allí también se derivaron las tesis sobre el aburguesamiento de la clase obrera de los países adelantados y el papel revolucionario de las masas campesinas del llamado "tercer mundo". Hoy, los desarrollos que hemos comentado, muestran la enorme vigencia del análisis de Marx: el mercado mundial es una totalidad, pero en la que aparece con claridad la contradicción capital-trabajo como la fundante y general. Todas las demás contradicciones pasan a ser particulares, que existen como formas subordinadas a la primera. Las tesis de los desarrollos autárquicos, de las revoluciones intermedias no proletarias, que conseguirían "la liberación nacional" sin afectar las relaciones de producción capitalista, se muestran como lo que son, utopías del reformismo pequeño burgués que sueña con un pasado irrecuperable.

Pero así como rechazamos la visión de la crisis permanente y sin salida del capitalismo, tampoco aceptamos la visión de que se estaría iniciando un nuevo ciclo largo de acumulación sostenida, del tipo que hubo en la posguerra. Las tesis sobre la emergencia de un nuevo régimen de acumulación -al que algunos llaman post-fordismo) no tiene por ahora apoyo empírico. Si bien la última recesión no fue sincronizada en los países de la OCDE44, de conjunto las economías continúan dando signos de debilidad, los desequilibrios se acumulan junto a las enormes masas de capital dinerario que sólo buscan rentabilidades en sectores especulativos, el crecimiento de las deudas y de los capitales ficticios mantiene vigente un mecanismo de "bomba de tiempo" que todavía no se desactivó. El problema de la deuda externa de los países atrasados se ha desactivado en cuanto a la inmediatez de la posibilidad de un crack, pero al precio de establecer una sangría a largo plazo sobre estas economías, y con peligro de reactivación de la crisis de liquidez no bien cambien los flujos internacionales del capital financiero o la política monetaria de los grandes países. Incluso muchos de los países que se presentan como "modelos" de desarrollo evidencian esas características de crecimiento con fuertes dosis de capital especulativo y carencia de inversiones a largo plazo; Argentina es un ejemplo de ello. La introducción de los métodos del trabajo en equipo y la flexibilización laboral, que se han interpretado como muestra de la emergencia de un nuevo modo de acumulación, no son otra cosa que la repetición de los viejos métodos con que el capitalismo busca elevar la tasa de ganancia en una situación de debilidad de la acumulación (ver artículo sobre flexibilización en este número de Debate Marxista).

La tesis del colapso de la acumulación, a la que periódicamente está condenado el sistema capitalista, ha mostrado nuevamente su vigencia en esta fase larga de la crisis. No se trata de simples "rectificaciones" o "correcciones" de un sistema esencialmente sano; la catástrofe en materia de vidas humanas, de sufrimientos inenarrables a los que el capital condena a los seres humanos en aras de mantener su tasa de rentabilidad están a la vista. En otro artículo de este número de DM se muestra cómo el desarrollo de las fuerzas productivas permitiría alimentar plenamente a una población varias veces superior a la que hoy hay en el planeta. Sin embargo 1.300 millones de personas viven en la pobreza más absoluta; en las areas ocupadas por el 20% más pobre de la humanidad, la población participa con apenas el 1,4% del producto bruto de la economía mundial, y el siguiente 20% más pobre con el 1,8%. Zonas enteras del planeta están literalmente devastadas por las enfermedades, la pobreza y la marginación: el 80% de la población de Bangladesh, el 40% de la de Nigeria, el 50% de Brasil, el 40% de la India, el 60% de Etiopía y el 60% de Filipinas viven en la pobreza más absoluta, para nombrar algunos de los países más poblados de la tierra. De acuerdo a las cifras oficiales de la OCDE, en los países adelantados hay 35 millones de desocupados, de los cuales cerca de la mitad lo son a largo plazo (o sea, hace más de un año que buscan en vano trabajo). Pero esas estadísticas no cuentan al que ya ha desistido de buscar trabajo, o al que sobrevive mal por su cuenta pero buscaría otro empleo en caso de que hubiera posibilidades. Se calcula que en ese caso las cifras podrían llegar a triplicarse. Fenómenos de pobreza absoluta, marginación, drogadicción y desesperación por la falta de esperanzas se han incorporado al panorama de los países capitalistas adelantados. En Estados Unidos la propia burguesía habla de cómo su país se acerca a la "brasilerización". Esto no es más que la confesión de cómo, después de décadas de desarrollo de las fuerzas productivas por el capitalismo, se ha desembocado en una crisis más fuerte, que confirma la vieja tesis de Marx de la acumulación: concentración de la riqueza en un polo, crecimiento de la miseria y de la desesperación en el otro. Después de décadas de proclamar la igualación de oportunidades y la mejora de la clase obrera -incluso su desaparición como clase, absorbida por una clase media universalizante- los trabajadores se ven ante la creciente precarización de sus empleos, caída de salarios, aumento de los ritmos de producción y jornadas de trabajo, cuando no condenados al desempleo. Por último, digamos que los gigantescos avances de la ciencia y la tecnología, que podrían liberar definitivamente al ser humano de los trabajos penosos y repetitivos ya son técnicamente factibles, pero la alta inversión necesaria, los bajos salarios que encuentra el capital entre los amplios sectores de la mano de obra descalificada y las condiciones generales de la economía, impiden hasta ahora su introducción masiva; de allí la reaparición de formas de explotación tipo "mano de obra intensiva" en esta fase de crecimiento débil. El uso masivo de la automatización y la tecnología disponible aumentaría la COC, lo que exige una previa y más masiva desvalorización de los capitales existentes. Una vez más se encuentra que las condiciones capitalistas en que se emplea la máquina se convierten en obstáculos para el desarrollo de las fuerzas productivas. La tecnología, y contra lo que piensan los neo-schumpeterianos, por sí misma es incapaz de sacar al capitalismo de la crisis.

La perspectiva es entonces que los trabajadores se vean confrontados a nuevos ataques a sus niveles de vida, a la necesidad de oponer a las tendencias del capital una estrategia internacionalista y a resistir las nuevas formas de explotación en desarrollo por el capital. La única forma de evitar a la humanidad la continuación de los horrores que se ven a diario, la desocupación y la miseria por un lado, la sobreabundancia de capitales y las fuerzas productivas no utilizadas plenamente es con la revolución socialista, cuyas bases materiales están más que maduras.


Apéndice

Presentamos la demostración sobre cómo la tendencia a la baja de la tasa de ganancia no puede ser revertida por el aumento de la tasa de plusvalía si la COC sube. Para ello, vamos a escribir la COC de manera ligeramente distinta a como se lo hace habitualmente. La escribimos como c/pl+v; esto es lícito desde el momento que esta fórmula debe expresar la relación entre trabajo muerto y trabajo vivo, y claramente pl+v representa trabajo vivo.

Por lo tanto, escribimos

Como se puede ver, en el caso en que la tasa de plusvalía llegue al máximo (con v=0, donde los obreros "viven del aire"), no puede superar el límite de 1, mientras que en el denominador c/(v+pl) puede aumentar tanto como se quiera y v/(v+pl) tiende a 0 cuando la tasa de plusvalía tiende al máximo. Esto expresa una situación en la que la extrema productividad ha llevado el costo de las subsistencias obreras casi a cero, de manera que la mayor parte de las horas de trabajo del obrero generan plusvalía para el capitalista. La tasa de ganancia tiende entonces a ser la inversa de la COC, expresada como c/(v+pl). Es claro que la caída de la tasa de ganancia es inevitable a medida que la COC aumenta, y que este aumento tiende a sobreponerse a todo aumento de la tasa de plusvalía. La formulación de Marx es por lo tanto totalmente válida, aunque no la haya realizado con la suficiente precisión matemática. En este desarrollo seguimos estrechamente a Emmanuel (1978) págs. 127-8.

Ver crítica a este apéndice.

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NOTAS

Nota 1

Una visión de las teorías de la crisis por el subconsumo puede encontrarse en M.F.Bleaney, 1977. Una visión más general sobre teorías de las crisis en P. Sweezy, 1974.

Nota 2

Esto las distingue precisamente de las crisis precapitalistas, que se distinguían por una carencia de productos para el consumo, ya fuera a causa de desastres naturales o de guerras, conflictos, etc.

Nota 3

Ver Itoh (1987) para una discusión sobre la evolución de la teoría de la crisis en Marx. Por otra parte pensamos, como muchos otros marxistas, que Marx no logró terminar de elaborar una teoría de la crisis.

Nota 4

Dice Marx:

"Decir que las crisis provienen de la falta de un consumo en condiciones de pagar, de la carencia de los consumidores solventes, es incurrir en una tautología cabal ... si se quiere dar a esta tautologâíaa una apariencia de fundamentación profunda diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado exigua de su propio producto, y que por ende el mal se remediaría no bien recibiera aquélla una fracción mayor de dicho producto, no bien aumentara su salario, pues, bastaría con observar que invariablemente las crisis son preparadas por un período en que el salario sube de manera general y la clase obrera obtiene realmente una porción mayor de la parte del producto anual destinada al consumo. Desde el punto de vista de estos caballeros del "sencillo" sentido común esos períodos a la inversa, deberían conjurar las crisis" (Marx, 1983, p˝ág. 502).

Nota 5

Ni siquiera Aglietta en su obra Regulación y crisis del sistema capitalista -fundamental en la escuela de la regulación ha podido demostrar, desde el punto de vista teórico convincentemente cómo actúa el subconsumo de la clase obrera como causante de la Gran Depresión. Pensamos que su explicación tampoco encuentra soporte empírico, no sólo por lo incorrecto de su tesis sobre el "régimen de acumulación extensiva" previa al "régimen fordista", -como lo demuestra S.Clarke (1992)- sino también por lo que nos muestra la dinámica de la Gran Depresión en los Estados Unidos. Aunque no lo podemos desarrollar aquí dejemos señaada la relevancia que tuvo la caâída del consumo de las clases medias y de la burguesía partir del quiebre bursátil y del derrumbe de los capitales ficticios, arrastrando a toda la industria al abismo. Ver por ejemplo, Temine (1976) o Romer (1993). Ese derrumbe remite a su vez a un claro fenómeno de sobreacumulación de capital en circunstancias de un debilitamiento estructural de la tasa de ganancia, que se revertiría luego en gran medida con la misma desvalorización de los capitales y las destrucciones de la guerra. Por otra parte, para una crítica al subconsumo en base a los esquemas de reproducción de Marx, puede consultarse a Cogoy (1972).

Nota 6

Cuando discute contra el populismo, a pesar de utilizar los esquemas de reproducción de Marx para demostrar las posibilidades de desarrollo del capitalismo, Lenin ubica la causa última de la crisis en la falta de consumo de las masas. Curiosamente, como casi todo el marxismo de la Segunda Internacional, no presta atención a la LTDTG, a pesar de que el libro III de El Capital ya se había publicado. Cuando escribe El imperialismo fase superior del capitalismo Lenin vuelve a reivindicar la teoría del subconsumo, tal vez de forma más explícita aún, porque elogia la explicación de las causas de las crisis de Hobson, quien es claramente un subconsumista. La crítica de Lenin a Hobson es política -le reprocha las consecuencias políticas que extrae Hobson de su teoría de la crisis- pero no teórica.

Nota 7

El trabajo más importante sobre economía marxista de R. Luxemburgo, La acumulación del capital sólo puede ser ubicada en el subconsumismo "en cierto sentido" porque se trata sólo de algunos pasajes, que no encajan del todo con el sentido y las explicaciones fundamentales de su teoría de las crisis. Comúnmente se ha asimilado a R. Luxemburgo como una teórica del subconsumo, pero este encasillamiento sólo está justificado para su obra anterior; ver por ejemplo Reforma o Revolución, donde sí encontramos una clara a adscripción de R. Luxemburgo a la teoría de la crisis por falta de consumo de las masas. En La acumulación del capital cambia el enfoque general; A. Emmanuel (1978), Bleaney (1977) y Ciafardini (1973) sostienen que esta obra no puede ser encasillada sin más en el marco teórico del subconsumo. Aprovechamos la ocasión para destacar el valor de la interpretación de Ciafardini, en nuestra opinión la más ajustada y rica, al destacar las contradicciones internas que encierra La acumulación del capital de la revolucionaria alemana. Por otra parte, tampoco R. Luxemburgo presta atención ni se apoya en la LTDTG de Marx.

Nota 8

Entre otros, la influencia de Tugan-Baranovsky se nota en los escritos de Lenin contra los populistas, cuando demuestra la posibilidad de expansión del capitalismo en Rusia a pesar de la miseria de las masas. De todas maneras, Lenin tomó distancias con respecto a la tesis central de Tugan-Baranovsky sobre la imposibilidad de las crisis por falta de consumo de las masas.

Nota 9

Embebido en un marco de pensamiento neo-kantiano, tan influyente en el marxismo centro-europeo de principios de siglo, Tugan-Baranovski sostiene que existe otra contradicción fundamental, común a todos los modos de producción en los que existe explotación, consistente en la contradicción entre la producción como un medio para satisfacer necesidades humanas y al mismo tiempo como un fin en sí mismo en cuanto a creación de capital.

Nota 10

Remitimos a la crítica de S. Clarke citada, donde se demuestra que en esencia la tesis central de Aglietta sobre las crisis del capitalismo es de tipo de teoría de la desproporcionalidad. La impresión de que se trata de una tesis de crisis por subconsumo proviene, en nuestra opinión, de su explicación concreta sobre las causas de la Gran Depresión de los treinta, pero también ésta remite en el fondo a la acción de las despropociones crecientes entre las ramas.

Nota 11

Adscriben a esta teoría sobre el origen de la última crisis capitalista, entre otros, A.Glyn y R.Sutcliffe, 1972; R. Body y J. Crotty, 1975; M. Itoh, 1987; J. Roemer, 1979; M. Bleaney, 1980; T.E. Weisskopf, 1980.

Nota 12

Se trata en cierto sentido de una variante del llamado "ciclo político" expuesto por Kalecki, pero extendido a ondas de largo alcance del capitalismo. Ver al respecto M. Salvadori (1983).

Nota 13

Esta línea de pensamiento, que tiene sus orígenes en el a autonomismo obrero italiano se apoya esencialmente en una reelaboración del concepto de clase obrera y del significado de lo que llaman "fábrica social" y "obrero social" (ver por ejemplo T. Negri, 1992). Puede tenerse un panorama de este pensamiento en Cleaver (1993) o Witheford (1994).

Nota 14

La tasa de plusvalía es igual a la plusvalía/capital variable, o también se puede expresar como tiempo de trabajo excedente/tiempo de trabajo necesario. Mide el grado de explotación

Nota 15

La demostración se presenta en el Apéndice.

Nota 16

Diversas versiones del teorema Okishio -que apareció por primera vez en 1961, en Kobe University Economic Review se pueden encontrar en Roemer, 1979 o en H. Maletta.

Nota 17

Una respuesta a la objeción basada en el teorema Okishio la encontramos en Shaik 1978 y 1980. También Lipietz, 1982.

Nota 18

Esto llevó incluso a un partidario de la LTDTG como Mattick a sostener que la tendencia al aumento de la COC era indemostrable empíricamente, como lo era también la ley. En general, creemos que Mattick cayó en un esencialismo, ajeno por otra parte al m método y al pensamiento de Marx. La posición de que comentamos puede verse en Mattick (1977).

Nota 19

Dice Carter:

"De todos los cambios estudiados hasta ahora, la declinación en los coeficientes de trabajo directo son los más pronunciados ...Tales reducciones generalizadas exigen una explicación sistemática. La economía se comporta como si el ahorro de trabajo fuera el objetivo del progreso técnico y la mayoría de los cambios en la estructura intermedia y de capital puede ser justificada por la reducción en los requerimientos de trabajo directo y en menos medida de trabajo indirecto" (Carter, 1970, pág. 152).

Nota 20

Para el conjunto de esta posición, ver R. Luxemburgo, 1968. En nuestra opinión, la mejor crítica a este libro se encuentra en Ciafardini.

Nota 21

Ver al respecto R. Luxemburgo (1974) pág. 11 y siguientes.

Nota 22

Los defensores del regulacionismo pueden sentirse algo molestos con esta descripción, pero no hay por nuestra parte ninguna exageración polémica. Por ejemplo, Dockès y Rosier (1983) nos dicen:

El concepto de regulación remite a la idea de relaciones de interacción entre elementos inestables. La regulación de un proceso complejo es ajuste, conforme a ciertas reglas o normas, de una pluralidad de movimientos no necesariamente coherentes a priori. Un sistema regulado -cuyo prototipo es un sistema cibernético- se caracteriza por el hecho de que ciertas de sus variables van a mantenerse en las cercanías de un valor constante por medio de detectores de perturbaciones... (pág. 8)

De allí a la detecciiónd de perturbaciones y su corrección, regulación de sistemas que se desenvuelven en ciclos en torno a estados de equilibrio, desorden creador para la restauración de una nueva regulación, etc., etc., son todos conceptos que tienen muy poco que ver con la violencia real de la crisis capitalista, el estallido de sus contradicciones y las posibilidades revolucionarias que abren.

Nota 23

Ver El Capital tomo III, capítulo sobre la caída de la tasa de ganancia. Para una discusión de esta posición de Marx, consultar Colletti, 1983, pág. 39.

Nota 24

Al respecto tiene validez la caracterización de Lenin de la fase imperialista como "última fase del capitalismo". En primer lugar, porque no existió otra fase del apitalismo, por ejemplo, la fase "capitalismo de Estado", como muchos pensaron que sucedería (entre ellos los teóricos de la escuela de Frankfurt, basados en los trabajos de Pollock). Entre el capitalismo monopolista y la dictadura del proletariado no hay etapas intermedias; el monopolio, el dominio del imperialismo en el mundo y la extensión de las relaciones capitalistas que conlleva muestran la madurez de las relaciones sociales para la emergencia de la revolución socialista. Los planteos sobre la necesidad de luchar por etapas intermedias dentro del capitalismo no hacen más que reflejar ideológicamente el eterno programa del oportunismo, que busca salida dentro del sistema de explotación. En tercer lugar, también es correcto que el monopolio introduce una tendencia al estancamiento. Pero de allí a afirmar que el capitalismo habría entrado en una fase de estancamiento permanente hay un gran paso, que no se puede dar tan alegremente. El mismo Lenin destaca que esa tendencia al estancamiento no impide que el capitalismo, "de conjunto" se desarrollo con una fuerza incomparablemente mayor durante la fase imperialista, especialmente en cuando encuentra nuevos campos de inversión.

El planteo del estancamiento permanente del capitalismo, además de ser formulado por la mayoría de las sectas trotskistas, fue sostenido en el marxismo por Sweezy y Baran (1982); no es casual que estos últimos negaran la existencia de la LTDTG -que como vimos, es una expresión del desarrollo de las fuerzas productivas- y por lo tanto tampoco encontraran una razón clara para las crisis. El estancamiento permanente terminaba siendo "absorbido" por el capitalismo desarrollado, y por eso Baran y Sweezy trasladaron sus esperanzas de revolución a los pueblos del llamado "Tercer Mundo". Es notable cómo un planteo de estancamiento permanente, que muchos suponen "lo máximo" en pensamiento revolucionario, al negar la violencia y el cambio cualitativo que introduce el estallido de la crisis, termina por anular de hecho la perspectiva de revolución. Por último, digamos que la tesis de las sectas trotskistas, que pretenden que el capitalismo no desarrolla las fuerzas productivas, pero al mismo tiempo que se cumple al LTDTG, no resiste el menor análisis. Sólo es una expresióniónás más de la barbarie en que están inmersas.

Nota 25

El porcentaje de crecimiento medio anual del producto real para los Estados Unidos entre 1846 y 1878 (fase de ascenso del ciclo Kondratiev) fue del 4,2%, mientras que entre 1878 y 1984 (fase de supuesto descenso) fue del 3,7%. Entre 1894 y 1914 (nuevo ciclo de ascenso, de acuerdo a la periodización Kondratiev) fue del 3,8%. Como se puede comprobar, no está claramente determinado que haya existido aquí ese tipo de ciclos. Los datos están extraídos de Gordon, Edwards y Reich (1986).

Nota 26

Para Alemania las tasas promedio de crecimiento del producto real son las siguientes: 1846-78 (fase de ascenso del Kondratiev), 2,5%; 1878-94 (descenso), 2,3%; 1894-1914 (ascenso) 2,9% y 1914-38 (descenso del Kondratiev) 2,9%. Nuevamente tenemos una economía muy importante en la que no se da el ciclo. Los datos son de Gordon, Edwards y Reich (1986).

Nota 27

En la década de los sesenta la economía del mundo capitalista creció a una tasa del 4,9% anual, en los setenta el crecimiento fue del 3,8%, en los ochenta la tasa siguió cayendo, 2,7% y en promedio en los tres primeros aññs de los noventa lo hizo a menos del 2%.

Nota 28

Un factor fundamental en este disciplinamiento lo constituye el hecho de que el movimiento obrero no logró dar una salida revolucionaria a la guerra porque los grandes partidos obreros y los sindicatos renunciaron a luchar por el socialismo en aras de apuntalar al bando imperialista "democrático"; y en la posguerra llamaron a "poner el hombro" en aras de a reconstrucción capitalista. Contra lo que piensan los regulacionistas, el factor más dinámico en la recuperaciónión de la posguerra no estuvo en el consumo, sino en la inversión. Esto se ve con más claridad en los países que más se recuperaron; al respecto, ver Mandel (1979).

Nota 29

Moseley (1992) calculó la tasa de plusvalía para los Estados Unidos en entre los años 1947 y 1977. Partiendo de una tasa de pl/v=1.4 para 1946, se eleva hasta 1.73 en 1965-66, lo que significa un crecimiento de casi el 24%. Pero desde entonces la tasa de explotación baja al 1,55 en 1974, para comenzar a recuperarse luego, hasta el 1,63 en 1977, último año del cálculo de Moseley. Mientras tanto, la COC crece en forma constante hasta 1975, llegando a ser en ese año casi un 51% superior a la que existía en 1947.

Nota 30

En este punto nos referimos a estas actividades en lo que hace a la manipulación, cuidado, transporte de dinero y activos financieros, y no al préstamo. Marx ubicaba este tipo de actividad como parte de los gastos necesarios del capital, como capital mercantil.

Nota 31

Para dar una idea de las magnitudes de esta transferencia de valor hacia la industria, The Economist del 30/11/85 calculaba que los países atrasados habían perdido 65.000 millones de dólares por caída de los términos de intercambio en los doce meses anteriores.

Nota 32

El informe económico del presidente de los Estados Unidos de 1993 señalaba estas características de la recuperaciión liderada por los aumentos en los gastos de consumo, por los gastos en equipos e inventarios, con caída en inversiones en estructuras (Economic Report of the President 1993).

Nota 33

Se ha calculado que entre 1982 y 1987 las compras del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos ocasionaron, en promedio, el 0,35 del índice del promedio anual de crecimiento del pnb (Informe económico del presidente, 1993).

Nota 34

Las medidas financieras tomadas en los treinta, tales como la de garantizar los depósitos bancarios y comprometer la acción del Estado a otorgar liquidez al sistema corregían y venían a dar la razón a Marx cuando sostenía, en el siglo diecinueve, que si bien nunca una política monetaria podía salvar al capitalismo de una crisis de aacumulación una política monetaria estúpida podía agravarla innecesariamente. De todas maneras la política e expansiva y monetaria "blanda" terminaba afectando la efectividad de la ley del valor, y toda crisis "exige" necesariamente su cuota de desvalorizaciones y destrucción de las fuerzas productivas.

Nota 35

Un argumento caro a los reformistas de toda especie es el presentar al capital industrial como "bueno y progresivo", por oposición al capital dinerario "rapaz y usurero". Pero en realidad la oposición entre ambas formas se difumina cuando se comprueba cómo el capital dinerario crece en base a la fijación de capitales salidos de la industria en su forma dineraria, y viceversa, cómo el capital prestatario toma participación en los negocios industriales cuando lo ve conveniente.

Nota 36

En todos los países del este de Europa existía una importante masa de dinero, fijado en inversiones bancarias y atesoramiento, que a partir de la instalación de Estados burgueses restauracionistas en 1989-90 y de la legalización de la propiedad privada, pueden volcarse a la producción, el comercio y la transacción bancaria y financiera. En China, aunque con otro ritmo, se da el mismo fenómeno, más alimentado todavía por el enriquecimiento campesino, que desde mediados de los ochenta ya no se vuelca en mejorar la producción agrícola. La fuente principal de inversiones en China hasta el momento está constituida por fuentes internas a la economía.

Nota 37

Ver Jefferson y Rawski, 1994.

Nota 38

El valor libros de 14.000 empresas se calculó en enero de 1992 y desde entonces no cambió, a pesar de que en dos años los precios subieron el 10.500%. Existen casos de compras de instalaciones petroleras, por ejemplo, por lo que valen unas pocas reservas de barriles de petróleo. Todo esto da lugar a gigantescos negociados y estafas, y y diferentes formas de violencia de las mafias y sectores de la ex-burocracia, que se quedan con parte del botín.

Nota 39

Fue de 1.800 millones en 1992 y de 2.850 en 1993.

Nota 40

Tomamos este término de Ubrik Schierup (1992), que lo aplica a los procesos actualmente en curso en Yugoslavia. Allí aparecieron relaciones de subcontrata de mano de obra por parte de empresas ligadas al capital internacional, con mecanismos de transferencia de plusvalía hacia el exterior, en particular en las ramas del vestido y textil. En muchos casos los salarios son más bajos que en Indonesia o Taiwan, y reaparecen formas de producción basadas en economías semi-rurales, que recuerdan a la acumulación primitiva del capitalismo. Al mismo tiempo se cierran empresas creadas en el período de industrialización del titoismo.

Nota 41

Por ejemplo, se ha registrado cómo la industrialización ha sacudido las viejas relaciones familiares en países como Malasia o Indonesia, lo que se evidencia en el aumento de los índices de divorcios, en la ruptura de viejos tabúes sexuales, debilitamiento de las prácticas religiosas, etc.

Nota 42

La internacionalización de la economía impone las condiciones de de la competencia al proletariado de los países adelantados, especialmente en los sectores menos calificados, debido a las importaciones que llegan desde los países con salarios más bajos. En En los años ochenta el salario real de los sectores menos calificados de la clase obrera de Estados Unidos bajó un 13%.

Nota 43

En especial véase al obra de Gunder Frank, el autor más representativo de esta corriente.

Nota 44

Al no moverse al unísono, los flujos de comercio internacional ayudaron a suavizar la caída, que fue de larga duración pero menos profunda que las de 1974-75 y l la de 1979-82. La recesión en Estados Unidos en 1990-91 se suavizó gracias a las exportaciones a Europa, que todavía no había entrado en recesión. A su vez la recesión europea fue aliviada por la expansión norteamericana que se da a partir de 1991; Japón entra a su vez en r ecesión en 1992 y todavía no se avizoran claros signos de recuperación, mientras que las economías europeas han comenzado a mejorar.