Marxismo y educación

Elaboración colectiva de la LIGA MARXISTA



Parte I

REFLEXIONES PARA UNA CRITICA MARXISTA A LA ESCUELA CAPITALISTA

    Las polémicas y combates en torno a la educación ocupan un lugar de primer orden en las preocupaciones y afanes de todos los luchadores sociales; las ideologías e intereses de las clases se expresan en los programas y propuestas educativas. En los últimos tiempos el tema retomó actualidad, a partir de dos hechos producidos desde el gobierno y el Parlamento: la ley federal de educación y la nueva ley universitaria. Ambas contienen claras definiciones de tipo ideológico, que inculcan los valores sociales y políticos de la clase dominante. Estos son difundidos sistemáticamente a la llamada "comunidad educativa", para que ésta renueve su compromiso y profundice en su transmisión a los educandos. Por ejemplo, en las escuelas de la provincia de Buenos Aires los maestros son obligados a concurrir a verdaderas "sesiones de adoctrinamiento", previo a las cuales deben estudiar unos panfletos llamados "módulos". En estos se pone por las nubes el rol del Estado en materia educativa, se reivindica el papel de la familia actual como núcleo básico de la formación del niño y se deslizan concepciones religiosas a cada paso.

    A pesar de su importancia para la conservación del cemento ideológico que encubre al Estado y a la explotación capitalista, la izquierda argentina coincide con aspectos esenciales del sistema educativo burgués, tales como preservar y reforzar el rol que asume el Estado en la educación1. Los partidos autotitulados socialistas revolucionarios de nuestro país no hacen un análisis ni articulan su política en base a la tradición teórica y política del marxismo. Las agrupaciones estudiantiles de izquierda a lo sumo cuestionan al radicalismo, al peronismo o al Frepaso por no ser lo suficientemente consecuentes en la lucha por sus programas estatistas y burgueses; pero no cuestionan sus contenidos fundamentales, de manera que en las luchas estudiantiles reina indisputada la ideología de la burguesía y de la pequeña burguesía "progresista". La reivindicación de la escuela estatal, la demanda de "Universidad abierta al pueblo" o "para los trabajadores", sin cuestionar al sistema capitalista, son las consignas corrientes que escuchamos en toda manifestación estudiantil o ligada al tema de la educación. Lo mismo podemos decir de las luchas docentes.

    El trabajo que proponemos tiene como objetivo encarar críticamente esta ideología, y avanzar en una estrategia marxista de lucha contra la escuela burguesa. Para ello rescatamos la tradición del marxismo revolucionario, lo escrito por Marx y Engels sobre educación, y los trabajos de la Tercera Internacional, en la época en que era conducida por Lenin y el bolchevismo. En estos últimos la Internacional Comunista sistematizó la crítica proletaria revolucionaria a la escuela capitalista. A diferencia de muchos "marxistas" actuales, que desprecian la crítica al papel ideológico de la educación capitalista, la Tercera Internacional, dirigida por Lenin y Trotsky, daba mucha importancia a la lucha contra la escuela capitalista. En aquellos primeros años después de la revolución rusa se formó el "frente cultural rojo". Como dice un comentarista

    La creación de movimientos de masas mundiales sobre el frente de la ideología es característica de la Comintern. La Segunda Internacional no había concebido nada semejante... (D. Lindenberg, 1972 pág. 46).

    Es sintomático de la crisis ideológica y de la adaptación a la ideología burguesa reformista de los partidos que se reivindican del marxismo, el hecho que pasen por alto estas tradiciones del socialismo revolucionario. Hablan sobre la educación como si sus posiciones surgieran "ex-nihilo". Es una forma de mantenerse acríticamente dentro de los marcos ideológicos y políticos establecidos por la pequeña burguesía radical "progresista".

Economicismo y frente popular en educación

    Todo el espectro "progresista" en materia de educación, desde los radicales y peronistas de izquierda hasta las agrupaciones "trotskistas", desarrollan la lucha en dos niveles, el de la reivindicación económica, y el programa por la escuela "popular, democrática, laica". Las reivindicaciones económicas son conocidas: más presupuesto, más salarios para los docentes, mejores condiciones para las escuelas carenciadas, etc. Por lo general, la exigencia de estos puntos se desvincula de la crítica más general a la sociedad capitalista; a lo sumo, las agrupaciones izquierdistas agregan una serie de demandas como impuestos progresivos a los grandes capitales o no pago de la deuda externa, para financiar la educación, sin explicar que esas medidas sólo pueden tomarse en el marco de una revolución proletaria. Pero no vamos a examinar ahora esa metodología, que forma parte de una visión más general de hacer política, para concentrarnos en el examen de la actitud de la izquierda y el progresismo ante la escuela capitalista.

    A las reivindicaciones económicas se une entonces el tradicional programa por la educación "popular y democrática", a partir del cual se vertebra la estrategia del "Frente Popular Educativo", versión particularizada del tradicional Frente Popular de colaboración de clases. Empecemos explicando brevemente qué es el Frente Popular en el plano político general, para entender cómo funciona esta estrategia en la educación.

    La política del Frente Popular se plantea por primera vez en 1934, en la Internacional Comunista dirigida por Stalin. Postulaba la unidad política de la clase obrera con los sectores de la llamada burguesía democrática y liberal, para detener o derrotar al peligro fascista. Posteriormente esta estrategia se generalizó, para la cual siempre se encontraron justificativos: fuese para derrotar a las dictaduras militares, o a cualquier peligro reaccionario. En aras de esta unidad los partidos obreros renuncian a sus objetivos socialistas, a desarrollar la lucha de la clase obrera contra la burguesía, para no amenazar la unidad con los "compañeros de viaje" liberales y "progresistas". Toda la política se vertebra alrededor de lograr, en una primera revoluciónð, un Estado "popular y democrático", como paso previo a una segunda revolución socialista (para una crítica a esta política, ver Debate Marxista Nro. 2). Insistimos en un punto clave, a saber; para justificar y "enganchar" a la clase obrera a este carro burgués, siempre se agita el peligro, "inminente" o "latente", del fascismo, del golpe militar, o de la necesidad de defender las libertades democráticas amenazadas.

       Este breve comentario nos permite comprender el traslado de la política frentepopulista aplicada l terreno de la educación. Aquí se agita en forma permanente el peligro -real o imaginado- del ataque fascista, imperialista o clerical, contra la escuela "laica y democrática", o "estatal y popular". Y se llama a cerrar filas, a no criticar a la escuela existente, de manera de no estorbar la movilización unitaria, "urgente y necesaria". La estrategia en las luchas educativas sigue las reglas generales de toda política frentepopulista al milímetro. Las organizaciones estudiantiles o sindicales de educadores fijan los marcos generales de las reivindicaciones que posibiliten el encuentro colaborativo entre los representantes de la pequeña burguesía o de la burguesía "progresista" con los partidos que dicen hablar en nombre del marxismo. Todo se monta sobre la ilusión de que es posible lograr, en una primera etapa, una revolución cultural y educativa, en la que se concretarían las reividicaciones clásicas de la "escuela popular y democrática", de la "Universidad al servicio del pueblo", de la "Universidad de los trabajadores"; en otras versiones es Universidad al servicio de la independencia nacional con respecto al imperialismo, etc. A igual que con el Estado, ahora se considera a la escuela como una institución "neutra", que bajo la presión de la movilización puede ser puesta al servicio del pueblo. Desde la escuela, se argumenta, pueden generarse esas fuerzas progresistas que, defendiendo "la cultura y el saber", neutralice los designios siniestros de las clases dominantes. Es necesario penetrar a fondo en esta lógica, comprenderla acabadamente. En palabras de uno de sus defensores:

El saber, los métodos de pensamiento, la cultura en suma, es uno de los factores que pueden impedir que la escuela caiga del lado de las clases dominantes, siem||pre que la presión y la experiencia vivida por las masas obstaculicen la tergiversación o la insignifican||cia de lo que se propone. La presión de estas fuerzas sobre la escuela es lo que puede arrebatarla a la empresa de la clase dominante... (G. Snyders, 1978, pág. 103)

       Observemos la ideología que se presenta: no está claro que la escuela esté en manos de las clases dominantes, -porque "puede impedirse que caiga en sus manos-; con "la presión y la expe||riencia" de las masas, todo puede lograrse. Incluso la terminología empleada es engañadora al recubrir una política de derecha con un lenguaje de izquierda, porque la meta proclamada de "arrebatar" la escuela a la clase dominante reproduce la vieja consigna del Manifiesto Comunista en la materia. Efectivamente, Marx y Engels plantearon entonces como objetivo el "arrancar la educación a la influencia de la clase dominante", pero esta meta sólo es alcanzable si se acaba con el sistema de propiedad privada y con el Estado capitalista. Al no explicitarse esta condición, los reformistas educativos abren de par en par las puertas para la ideología y la práctica de la colaboración de clases.

       Los marxistas necesitamos desnudar el carácter y las funciones de la escuela capitalista y denunciar el papel que juega la burguesía "progresista" en materia de educación. Para avanzar en esta crítica ubicaremos la función de la escuela en la sociedad capitalista.

Sobre la función de la escuela en el modo de producción capitalista

       La escuela contribuye a la reproducción de la división de la sociedad en clases. Subrayamos que contribuye, no la crea2. En el capitalismo se reproducen sistemáticamente, y en forma ampliada, las relaciones sociales de producción; ésto es, produce crecientemente y reproduce a la clase obrera como clase en un polo, y a la clase capitalista en el otro. El capitalismo tiende por lo tanto a la proletarización de los sectores llamados "independientes". Esta estructura económica básica, y la dinámica que le es inherente, constituyen el basamento de la estratificación social, y son las que determinan, en líneas generales, los papeles y las funciones de las instituciones sociales. Reproduce a la clase obrera como clase, por el otro a la clase capitalista, reforzando su dominio y control sobre los medios de producción. Tiende a la creciente proletarización de sectores que tenían la posibilidad de realizar trabajos llamados "independientes". Esta estructura económica básica es la que domina los movimientos sociales, la que constituye el basamento de la estratificación social, y la que asigna, por lo tanto, los papeles y las funciones de los individuos en la sociedad.

       Por eso constituye una ideología sin sustento la pretensión de eliminar las diferencias sociales a partir de las anheladas -y utópicas bajo el capitalismo- demandas de "igualación de oportunidades escolares", "escuela única", "Universidad para los trabajadores", y otras tantas reivindicaciones cotidianas del movimiento estudiantil y docente. El sistema educativo está condicionado por las relaciones sociales que se reproducen inevitablemente a partir de la explotación capitalista; por lo tanto no se pueden acabar, ni siquiera atenuar, las diferencias de clases, a partir de los cambios en la educación. La idea de que mediante la educación se pueden modificar las condiciones sociales coincide objetivamente con la ideología burguesa mistificadora que pretende que las diferencias en la inserción del mercado de trabajo se derivan "naturalmente" de las diferencias en la educación. De allí hay un paso a culpar a los trabajadores por estar desocupados o tener malos salarios, ya que no habrían puesto suficiente empeño en su estudio y preparación en los años escolares.

       Es necesario insistir en esta constricción económica de las utopías educativas de los "progresistas", dada la difusión entre los docentes de la idea de que con su "sacerdocio" es posible "democratizar" la sociedad y acabar con las diferencias sociales si se logra "igualar" la enseñanza. El funcionamiento de la escuela está determinado por las necesidades de la reproducción del capital, aunque debe convenirse en que los factores políticos e ideológicos -lucha de clases, necesidad de legitimar la acción estatal, etc.- introducen mediaciones importantes, que a veces establecen desajustes entre las ofertas educativas y las demandas del mercado de trabajo. De todas maneras, la variable determinante está constituida por las relaciones de producción y de acumulación del capital, y no a la inversa, como sostiene la ideología liberal.

       Por esta razón también, se constata que la pirámide escolar se corresponde bastante estrechamente con las diferenciaciones sociales; como lo han demostrado los teóricos reproductivistas (ver Baudelot y Establet, 1975) los alumnos de origen humilde se concentran en determinadas carreras y escuelas, existiendo una selectividad social en los procesos de evaluación y orientación escolar congruente -en líneas generales- con las necesidades del mercado de trabajo. Esto muestra por qué determinadas consignas como "Universidad para los obreros" dependerán para su efectivzación de la revolución socialista; que algunos obreros lleguen a la Universidad y de allí accedan a la situación de cuadros dirigentes de la sociedad (o sea, sean incorporados a la clase dominante), o que algunos hijos de la burguesía se vean excluidos de ella, no altera la reproducción masiva, general, de las grandes clases sociales3. La utopía de la reconciliación de clases a través de la acción de la escuela y del Estado es sólo un lugar común, vacío de contenido, de la "democracia avanzada".

       Entrando ahora en la discusión de las funciones de la escuela, existen dos aspectos que debemos desarrollar: uno es el ideológico-político, que tiene que ver con los valores inculcados, las actitudes y esquemas de comportamiento, las ideas sobre el Estado, sobre la patria, la sociedad, etc. y otro es el que se relaciona con las necesidades de la reproducción material de la sociedad.

        El primero alude a la necesidad del capitalismo de formar obreros que acepten el modo de producción capitalista, que estén dispuestos a dar la vida "por la patria", que mastiquen sin chistar la ideología de la clase dominante, que sean en el futuro mano de obra disciplinada bajo el mando del capital. Además existe la necesidad de formar los cuadros dirigentes de la clase burguesa, los que reemplazarán en el dominio del Estado y en la conducción de las empresas a los actuales; de educarlos en un "cemento" ideológico que les permita sobrellevar las presiones derivadas de la lucha de clases y de mantener la propiedad privada contra los desposeídos. También aquí la escuela capitalista, en especial en los niveles superiores, debe inculcar actitudes de mando y comportamientos acordes con la clase que debe destacar los dirigentes del Estado, empresas, etc.

       La escuela reproduce entonces la ideología de la clase dominante, aunque no la crea. La ideología de la clase capitalista no se produce -en lo que se refiere a sus formas fundamentales- en la escuela o en las Universidades. El fetichismo de la mercancía, la ilusión de la libertad, la igualdad y la fraternidad que se generan en el mercado, son formas ideológicas que surgen espontáneamente de las relaciones sociales de producción mercantiles y capitalistas. Pero la escuela capitalista sí reelabora, amplifica, fija e inculca estas formas ideológicas en las conciencias. La escuela es correa de transmisión de la ideología oficial, instrumento de domesticación y disciplinamiento de la futura fuerza de trabajo que explotará el capital. La Universidad y su mundo académico otorgan a las formas ideológicas burguesas un carácter "serio", "científico", recubriéndolas de su autoridad. La educación burguesa prolonga y consolida la existencia de esa ideología que surge espontáneamente de las relaciones mercantiles y capitalistas. Por lo tanto, no se puede modificar "en sí" esta reproducción de la ideología de la clase dominante "autonomizando" la escuela, pretendiendo erigir un ámbito aislado, en el que se realizaría "ciencia" en sentido "positivo", aislada de los condicionamientos sociales. La escuela no sólo ni principalmente reproduce ideología capitalista porque está sujeta a las imposiciones directas de la burguesía y su Estado -aunque este elemento no es en absoluto despreciable- sino que lo hace esencialmente porque es una escuela inmersa, determinada, por las relaciones de producción que le dan vida.

       Esto no niega que la izquierda deba utilizar espacios, ganados en la lucha democrática, para ejercer la crítica, para desarrollar aspectos del pensamiento social crítico -esto es, del marxismo-. Pero los mismos, mientras subsista la sociedad de clases, estarán destinados a ser siempre precarios y más o menos marginales. Nunca se podrá cambiar el carácter de clase de la escuela y la Universidad capitalista mediante la toma de "trincheras" en su interior por los izquierdistas; sin embargo esta ilusión pavimenta el camino para la incorporación al régimen académico burgués de muchos revolucionarios.

La defensa de la enseñanza por el marxismo

       Sin embargo, a pesar del carácter claramente ideológico de los contenidos de la enseñanza que tienen relación con lo social, los marxistas defendemos la adquisición de conocimientos que constituyen también el acervo de los logros del desarrollo del pensamiento humano. Por ejemplo, la enseñanza de la revolución francesa en la escuela secundaria burguesa está plagada de interpretaciones falsas, de hechos que se presentan tergiversados, pero al mismo tiempo que los alumnos conozcan estos acontecimientos favorece la crítica marxista, amplía los horizontes mentales para la superación de la ideología capitalista4.

       La importancia de esa adquisición de conocimientos es todavía más evidente cuando tomamos el segundo aspecto de la educación es técnico y científico, relacionado con las ciencias aplicadas a la producción, a la salud, a la investigación en ciencias naturales o exactas, etc. En términos generales, podemos englobar este aspecto bajo la categoría de "relación del hombre con la naturaleza". Está determinada por la necesidad de formar mano de obra calificada para todos los niveles, tanto para los que están sujetos a la explotación capitalista como para los futuros cuadros.

       Este aspecto no siempre puede ser separado del aspecto ideológico-político, de la lucha de clases. Por ejemplo, la enseñanza de los aspectos técnicos de la disposición de una empresa en la facultad de ingeniería, está condicionada por las relaciones antagónicas -de clase- en las cuales será aplicada. En medicina, el enfoque de la relación entre enfermedades y los males sociales no puede desligarse de la concepción global ideológica y política. Pero en cada una de estas ramas podemos advertir una serie de conocimientos intrínsecos a la materia de estudio (por ejemplo, a la resistencia de los materiales y cálculos técnicos en ingeniería, a la anatomía y fisiología humanas) que no pueden ser reducidos a los social.

       Por las razones apuntadas, en este punto nos apartamos de los autores partidarios del reproductivismo, para los cuales los contenidos educativos son mera ideología. Ya vimos que hay conocimientos que no son mera ideología, aunque estén emponzoñados por la visión e interpretación burguesa; y con más claridad aún, existe un conocimiento que está relacionado con el permanente mediar del hombre con la naturaleza, que no es producto de la ideología de clase (a no ser que revivamos los viejos planteos stalinistas de "biología proletaria" o "lingüística de clase", etc.) y que deben ser reivindicados como contenidos válidos, a los que debe tener acceso la clase obrera. La escuela capitalista, además de la enseñanza ideológica, prepara a los alumnos en una serie de conocimientos imprescindibles para su incorporación como mano de obra asalariada: el leer y escribir, conocimientos sobre matemáticas, historia, ciencias naturales. Como marxistas, defendemos estos conocimientos, esta adquisición de cultura por parte de la clase obrera. En este respecto nos distinguimos de muchos teóricos de la reproducción, quienes a partir de afirmar que la enseñanza de la escuela capitalista es mera ideología, sostienen que toda exclusión de las masas de la misma es progresiva. No ven que contradictoriamente la burguesía necesita dar una formación intelectual a los trabajadores, aunque sea mínima, y esa formación puede ser provechosa para la lucha obrera. Conociendo sus límites -por esa vía la clase obrera no dejará de ser explotada- criticando el carácter de clase de la escuela y su ideología, al mismo tiempo reivindicamos todo conocimiento que contribuya a la mejora del nivel cultural e intelectual de los trabajadores.

       Esta posición es una tradición en el marxismo. Marx planteó la reivindicación de la enseñanza obligatoria, para poner fin al martirio de la infancia obrera, a la que se le negaba toda escolarización y se la obligaba a trabajar en las llamadas "casas de sudor". Por otra parte, reclamaba el reconocimiento de las instituciones autónomas de enseñanza obrera, que la clase obrera tenía, sola o con la ayuda de burgueses progresistas como Owen. Engels, a su vez, escribió que

La burguesía tiene muy poco que esperar y mucho que temer de la formación intelectual de los obreros (Situación de las clases trabajadoras en Inglaterra)

y Lenin consideraba al saber y la instrucción -de la misma escuela burguesa- como "la chispa" que podía caer sobre "la pólvora" (los trabajadores).

       Insistimos por otra parte que esto no debe ser absolutizado; Lenin también era consciente de los límites de la escuela burguesa, pero destacaba que la burguesía está obligada a instruir al proletariado, y que esa instrucción facilita la capacidad de combate y politización de la clase obrera. La burguesía no puede resolver esta contradicción, por ello trata de inculcar los conocimientos imprescindibles, acompañados del condimento ideológico que vimos.

        Estos planteos conservan actualidad en sus líneas esenciales, porque sin desconocer la necesidad de la crítica ideológica a la escuela capitalista, es necesario levantar el reclamo de la enseñanza general, ante la enorme masa de chicos que ni siquiera llegan a terminar los primeros grados. En amplios sectores de las grandes ciudades y en el campo, se cuentan por decenas de miles los adolescentes que son analfabetos completos o funcionales, que no tienen idea de nociones elementales sobre historia, geografía o matemáticas, etc. Volvemos a encontrar los ejemplos de embrutecimiento masivo de la niñez y adolescencia -condenadas a trabajos bestiales y a la más completa indigencia cultural- que Marx muestra en El Capital, durante la época del desarrollo industrial en Inglaterra. Pero además hoy existe otra forma de exclusión de las masas del conocimiento que es, en palabras de Tedesco:

el vaciamiento o la pérdida de capacidad de la escuela en cuanto a su función específica de desarrollar el aprendizaje de contenidos socialmente significativos (Tedesco, 1983, pág. 59).

        Esto está extremadamente extendido en las escuelas primarias de los barrios populares, en las secundarias nocturnas y de los barrios obreros, etc. Los alumnos concurren a clase, pero en ésta se aprende muy poco, la enseñanza tiende a vaciarse de contenido a medida que se extiende. Tedesco cita un estudio realizado en 1981 que registra esta tendencia: el vaciamiento de la enseñanza es más visible en los países en que la escolaridad está más extendida. La reivindicación de la enseñanza es entonces un punto central del programa del socialismo revolucionario. Lamentablemente, en la izquierda esta reivindicación ha sido emponzoñada por la adoración y reivindicación del papel del Estado burgués en la enseñanza.

La escuela única y estatal

        En la ideología liberal pequeño burguesa, común en los medios estudiantiles y docentes "progresistas" -incluida la CTERA- y en la izquierda, se da como un hecho natural la reivindicación del papel del Estado capitalista como educador de la población. En el pensamiento "marxista" esta tesis viene de los socialistas de la Segunda Internacional, y abreva en la ideología de la burguesía liberal "de avanzada". Pero se opone por el vértice a la estrategia del socialismo revolucionario. Precisamente los teóricos de la Tercera Internacional (en época en la que IC era dirigida por Lenin) consideraron como la manifestación más clamorosa del oportunismo de los partidos socialdemócratas en materia de educación el culto al papel "democratizador" y "progresista" del Estado como educador colectivo. Pero hoy -y esto es parte del envilecimiento al que llevaron al marxismo- parecemos "de otro planeta" los que impugnamos la idolatría estatista de los educadores izquierdistas.

El punto nodal de los estatistas es la afirmación que la institución de la escuela estatal laica y única contribuye a la democratización del país, que ésta a su vez empuja a la democratización de la escuela y a la elevación de las clases bajas, lo que a su vez repercute sobre la democratización de la sociedad y del país. La escuela estatal única representaría entonces una conquista, que amenazaría a la clase dominante dado su rol "nivelador" dentro de la sociedad. De allí la consigna de todos los progresistas, de escuela estatal única, como remedio a los males de la educación. En esta formulación se encierran dos mistificaciones: que puede existir una escuela única sin acabar con el capitalismo y que el Estado puede cumplir una función neutra como educador.

La escuela única es una utopía bajo el régimen capitalista, porque la sociedad de clases "exige" y objetivamente provoca que haya una escuela para los obreros y los sectores empobrecidos, y otra escuela para los hijos de la burguesía y de los sectores medios acomodados. El vaciamiento del contenido educativo de las escuelas "populares", al que nos referimos en el anterior punto, es la expresión palpable de esta división clasista de la escuela. Por eso los marxistas decimos que todos los condicionamientos sociales y económicos determinan esta división "ab initio" entre dos tipos de escuela. Agitar la consigna de la escuela única, sin explicar que ésta es imposible bajo el sistema capitalista, es contribuir activamente al papel mistificador por parte de la burguesía.

        Pero además los marxistas no podemos reivindicar a la escuela estatal capitalista. Aclaremos antes de seguir, que defendemos la gratuidad de la enseñanza, pero lo que está en cuestión aquí no es ese punto y la lucha contra la elitización de la enseñanza, sino el papel del Estado en cuanto educador. Repetimos la cuestión que planteaba Marx a los estatistas de su época en materia de educación: ¿quién educa al Estado? Esta sola pregunta debería hacer reflexionar a los marxistas acerca de esta verdad elemental: el Estado no es neutro, y por lo tanto, la escuela estatal no puede dejar de estar al servicio de la clase dominante. Esta crítica es muy importante en países como Argentina, en que el Estado -dada la debilidad de la acumulación capitalista- jugó un papel muy dinámico en el logro de una homogeneidad ideológica a través de la educación. Las ceremonias patrióticas, el culto a la bandera, el himno y las tradiciones, han sido factores importantísimos en la transmisión de valores de la burguesía a la clase obrera y los oprimidos. Esta función ideológica del Estado educador es de hecho reivindicada por nuestros izquierdistas, cuando exigen que tenga el monopolio de la enseñanza. Ni siquiera se percatan que están forzando una puerta abierta, porque hoy el Estado es el quien tiene el monopolio en fijar los contenidos básicos de la educación, incluyendo a los establecimientos privados. Los contenidos fundamentales de la enseñanza, privada o estatal, están determinados por el Estado capitalista; por eso, podemos decir que toda la educación, gratuita o paga, es estatal. Por este motivo los marxistas reivindicamos la consigna de Marx de "fuera el Estado de la educación", sí a la enseñanza gratuita.

        La demanda de impedir la influencia del Estado y el gobierno sobre la escuela no es una consigna estrictamente "socialista", sino democrática consecuente, que no puede cumplirse a menos que una revolución obrera cambie el carácter de clase del Estado. En ese caso, la escuela pasaría a estar bajo la influencia de los consejos de obreros y las capas oprimidas y explotadas de la población, quienes decidirían democráticamente acerca de la organización de la enseñanza. De todas maneras, la demanda de "fuera el Estado de la educación", junto a la siempre vigente exigencia de educación gratuita para la población trabajadora, juega un rol importantísimo en la crítica dentro de la escuela capitalista y da un eje a las luchas por las libertades democráticas. Esta consigna desenmascara la hipocresía de quienes hablan de la "democracia" que existe en la enseñanza. A éstos les preguntamos: ¿por qué el Estado decide que se enseñen obligatoriamente los conceptos de patria, de instrucción cívica, en las escuelas? ¿quién es el Estado, el mismo que mantiene la continuidad del aparato represivo de la dictadura militar, que ha dejado impunes a los genocidas del "proceso", para "enseñar" acerca de las libertades democráticas? Los mismos que reclaman por la "autonomía" de la Universidad, defienden la Universidad y la enseñanza estatal; ¿no es esto contradictorio? Los estudiantes que rechazan indignados la ingerencia de los monopolios en la educación y los convenios de trabajo de las facultades con las empresas capitalistas, no dicen palabra ante el artículo de la nueva ley universitaria que establece la colaboración de la Universidad con el Estado.

        Por último, acerca de la exigencia de expropiación de las escuelas privadas capitalistas -religiosas o no- los marxistas la planteamos indisolublemente unida a la lucha por el poder obrero y de los explotados.

La enseñanza laica y la cuestión de la religión

        La relación entre religión y enseñanza es otra de las grandes problemáticas que atraviesan la lucha de clases en torno a la educación. Existen en la política de los marxistas dos aspectos que es necesario examinar: por un lado, la importancia de la demanda (que también planteaba Marx) de "fuera la iglesia de la educación" y el cómo se lleva adelante una política revolucionaria fundada en ella. Por otro lado, la posición que debe adoptar el socialismo revolucionario ante el movimiento burgués y pequeño burgués laicista5 en la enseñanza.

        Empecemos con el primer aspecto, nuestra demanda de separación completa de la iglesia de la educación. Esta es una exigencia democrática, que traslada al plano de la escuela la reivindicación política más general de los marxistas sobre la religión, a saber, que ésta sea un asunto completamente privado desde el punto de vista del Estado. Toda lucha democrática en el sentido de hacer retroceder la influencia de la iglesia en la educación es apoyada por el socialismo científico.

        En este terreno, debemos sin embargo hacer una aclaración: nuestro objetivo no es llevar al terreno educativo una "guerra a la religión"; predicar por ejemplo, que se prohíba la religión. Engels y Lenin6 pusieron en guardia contra este tipo de políticas, que estimulan el catolicismo militante, y promueven las divisiones religiosas en lugar de las políticas y sociales. Así, sería políticamente criminal fraccionar la lucha de los docentes por cuestiones religiosas; por este motivo los marxistas siempre consideraron las campañas de "guerra a la religión" de los anarquistas como objetivamente favorables a la burguesía. Para los marxistas, lo más importante es desarrollar la lucha de clases, y la lucha contra la religión se subordina a ese objetivo. Queremos llegar a la extinción de la religión, y eso se va a lograr revolucionando las condiciones materiales -acabando con la pobreza y desesperanza de las masas- que constituyen el fundamento de las ilusiones y del consuelo que el pueblo busca en las esferas de la religión; para ello, lo central es posibilitar al máximo el desarrollo de la lucha de clases y no desviar a ésta hacia enfrentamientos religiosos. Por ese motivo, el programa de los marxistas (por ejemplo, el programa de Erfurt de 1891) sostenía que debía declararse a la religión un "asunto privado" con respecto al Estado; o sea, los socialistas revolucionarios nos declaramos en contra de toda persecución religiosa, contra toda restricción a las libertades de culto.

        De aquí no se debe desprender, por supuesto, que la religión sea un asunto privado para el partido marxista; éste educa a las masas en el materialismo y explica los orígenes históricos de la religión y sus bases materiales en la miseria del mundo actual.

        Este planteo general nos permite discutir una política frente a la intromisión de la religión en las escuelas. Debemos luchar para que se eliminen las influencias de la iglesia en la escuela, que se filtran de mil modos distintos, y que se presentan siempre como enseñanzas "naturales". Por ejemplo, en los libros de texto de las escuelas laicas se menciona "naturalmente" y "al pasar" a dios y a los principios religiosos; o es normal que en ceremonias escolares intervengan los curas, y a todos los niños se los haga participar en ellas (bendición de aulas e instalaciones, homilías a los alumnos en ocasiones especiales, etc.). En clases de ética se inculca "naturalmente" la moral religiosa. Todo esto se hace, insistimos, "como si tal cosa", "familiarmente", en las escuelas estatales laicas. Nuestra demanda es acabar con esta influencia perniciosa, y por otra parte, que se debata abiertamente acerca de la religión en las materias como historia y ética, de manera que los materialistas puedan dar sus opiniones frente a los defensores de la fe. Todo debe ser objeto de discusión y cuestionamiento, que se vea que no existe una única opinión. De la misma forma impugnamos el derecho que se otorga a los padres de dar educación religiosa a los niños. Los niños deben tener derecho a conocer las diferentes posiciones, (ampliamos esta crítica cuando discutimos el papel de la familia en la educación).

        Con esto no queremos alentar esperanzas en que sea posible desarraigar a la religión mediante la crítica "ilustrada" (el planteo típico del ateísmo burgués), sino ampliar los espacios democráticos y críticos dentro de la escuela capitalista.

        La segunda vertiente de nuestra crítica se refiere al laicismo. Por supuesto que los marxistas no rehusamos una lucha en común con los sectores del laicismo burgués y pequeño burgués contra tal o cual avance de la iglesia, en caso de que haya posibilidad de hacerlo. Pero al mismo tiempo denunciamos el carácter mistificador que tiene la ideología del laicismo, porque detrás de ella y de la aparente "neutralidad" religiosa de la escuela laica se esconde la influencia e ingerencia de la iglesia de la que hablamos antes. El laicismo es un velo mistificador, para hacer creer que existe una "neutralidad" escolar, mientras la enseñanza religiosa se mete por todos los poros, en la vida real, en la ideología que destilan los manuales y los libros escolares, en la influencia de la Iglesia en la vida de la comunidad, en la organización de las diversiones, de la cultura, etc. El gran error de todos los pseudo marxistas está en no hacer esta crítica, marxista, esencial, al carácter burgués y de ocultamiento que tiene el laicismo.

        Pero además la laicización de la enseñanza no fue, históricamente, una reivindicación exclusiva de la clase obrera, sino también de sectores de la burguesía. Incluso en ciertos países, como en Francia (Francia es el paradigma del laicismo), la mayoría de la burguesía hizo suya esa reivindicación y fue utilizada para acabar, al mismo tiempo que con la enseñanza religiosa, con las escuelas socialistas. No es casual que el prócer de la enseñanza laica y estatal en Francia fuera un masacrador de la Comuna de París7, y que se haya aprovechado la bandera del laicismo para entronizar el rol del Estado como único educador. En ese sentido, la denuncia del programa de la CGT francesa de 1919, que decía que el laicismo burgués sustituye el dogma de la Iglesia por el dogma del Estado, conserva toda su vigencia.

        En resumen, la política marxista, a la par que lucha por eliminar toda influencia de la iglesia en la enseñanza, no deja de diferenciarse del movimiento laicista burgués en dos aspectos claves, a saber, su rol encubridor de la influencia religiosa de hecho en la enseñanza y su papel de pilar de la enseñanza a cargo del Estado. Hay que cobrar conciencia que el laicismo es un poderoso señuelo que se le presenta a la izquierda para mantenerla en el régimen burgués, para inficionarla de colaboración de clases en el terreno de la educación.

La relación entre la escuela y la familia. Nuestra reivindicación de la educación social

        El complemento necesario de la escuela burguesa es la educación familiar; a los padres se les da la responsabilidad y el derecho de decidir sobre la educación de los hijos, junto al Estado. La familia es considerada como el núcleo protector y transmisor de la cultura, de los valores morales, y actitudes sociales, convirtiéndose así en la otra gran institución educadora de los niños. No puede haber crítica a la escuela capitalista que no se articule con una crítica a este papel de la familia y al derecho omnímodo de los padres para decidir la orientación educativa de sus hijos en aspectos claves (por caso, la educación religiosa).

        Sin embargo, entre los "progresistas" y los socialistas este derecho no es cuestionado, se acepta como un dato. La vindicación de la escuela estatal por parte de estos "socialistas estatistas" deja intacta -no puede ser de otra forma- a la familia actual y su derechos sobre el destino educativo de los hijos.

        Los marxistas debemos criticar todo esto, retomando la tradición del Manifiesto Comunista: reivindicar la educación social, la educación por parte de la sociedad. Al hacerlo desarrollamos hasta sus últimas consecuencias, cambiando su carácter, lo que ya está presente y es un hecho en la actual sociedad, esto es, ingerencia de ésta en la educación.

Pero decís que destruimos los vínculos más íntimos, sustituyendo la educación doméstica por la educación social. Y vuestra educación ¿no está también determinada por la sociedad, por las condiciones sociales en que educáis a vuestros hijos, por la intervención directa o indirecta de la sociedad a través de la escuela, etc.? Los comunistas no han inventado esta ingerencia de la sociedad en la educación, no hacen más que cambiar su carácter y arrancar la educación a la influencia de la clase dominante. Las declamaciones burguesas sobre la familia y la educación, sobre los dulces lazos que unen a los padres con sus hijos, resultan más repugnantes a medida que la gran burguesía destruye todo vínculo de familia para el proletario y transforma a los niños en simples artículos de comercio, en simples instrumentos de trabajo (Marx y Engels, O.E. pág. 39).

        Cuando la burguesía dice que la responsabilidad de la educación debe ser compartida por los padres, revela toda su hipocresía, porque a la familia obrera le faltan todos los elementos materiales e intelectuales para la educación de sus hijos. La clase trabajadora vive en condiciones miserables, con jornadas de trabajo agotadoras, o en otros casos, aún peores, sin trabajo, hundida en la indigencia y degradación más completa. Las masas están embrutecidas por el capitalismo, por los grandes medios de comunicación. Por supuesto, alguien puede argumentar que también los burgueses "comunes" y las clases medias gozan de una notable indigencia intelectual y cultural como para educar a sus hijos, pero ése no es problema nuestro.

Si la burguesía y la aristocracia no atienden sus deberes ante sus descendientes, allá ellos; los niños que disfrutan del privilegio de estas clases están condenados a sufrir sus prejuicios (Marx, citado Hoernle, p. 77).

        Pero en el caso de la clase obrera es distinto, porque como dice Marx, el obrero no actúa libremente:

En la mayoría de los casos [el obrero] es demasiado ignorante para entender cuál es el verdadero interés de su hijo o cuáles son las condiciones normales del desarrollo humano (ídem).

        Pero además de las condiciones de vida material, el rol educador de la familia actual debe ser impugnado por su estructura y función intrínsicas, por ser transmisora de valores burgueses. Diversos estudios (ver R. Nemitz, 1987) muestran cómo la familia actual desocializa, haciendo al niño extremadamente dependiente de un pequeño número de personas; esta dependencia se convierte en extremadamente peligrosa, porque la separación del niño con respecto a la persona que se ocupa de él cobra la dimensión de un drama, que se inscribe en el cambio corporal del niño con su medio (explicadas por el psicoanálisis como las fases oral, anal, genital). De acuerdo a investigaciones comparativas, esta relación paradójica de separación-fusión propia de la familia favorece la tendencia a la posesión exclusiva de cosas y hombres, la rivalidad agresiva por objetos (Nemitz, 1987, pág. 75). Se rechaza una socialización en la que el niño sea capaz de una identificación recíproca con diferentes miembros de un grupo; se promueve el egocentrismo. De hecho se forma una conciencia en el cuadro estrecho de la familia; cuando se estudiaron la psicología de los niños de clanes, se encontró que desarrollaban una conciencia "sobre el nosotros" y no "sobre el yo" como sucede en la familia monogámica (Nemitz).

        Al mismo tiempo la familia es el lugar decisivo de la formación de la identidad sexual, de manera que reproduce la desigual repartición del status sexual y por lo tanto el germen de la división sexual del trabajo. En la familia moderna es la mujer la que carga con la responsabilidad mayor en el cuidado y educación de los niños. La ideología del Estado capitalista y de la sociedad -y las maestras son buenas transmisoras de ella, e imponen a las madres de hecho esta pauta- dice que la madre debe ocuparse por el cuidado de los niños, aseo, preparar la comida, ayudar en los deberes escolares, en los desplazamientos, etc. Lo que en una educación social sería trabajo repartido, obra de la comunidad, aquí se carga en la mujer y éste es uno de los factores principales que la mantienen sometida. El mismo "ver" del hijo a la madre cumpliendo esas funciones "naturales" es ya una educación. En este sentido la familia reproduce el autoritarismo estatal en el rol del padre y transmite las actitudes sexistas que llevarán posteriormente a aceptar como normal la discriminación sistemática de la mujer en la producción y otros ámbitos.

        Los marxistas impugnamos y criticamos todo esto, contraponiendo nuestro programa de la educación social, la educación en y por la producción8. Queremos que los niños se incorporen al trabajo productivo y que los adultos integren la educación a su actividad cotidiana. Esta es la verdadera fusión del trabajo intelectual y manual, ésta es nuestra alternativa. Solo una organización de la educación social puede superar los marcos estrechos de la familia; y esa organización permitirá, a su vez, una nueva forma de familia, en donde se acabe con la autoridad paterna y la esclavitud de madres e hijos.

        Aclaremos también que la "escuela de la producción" es distinta de las escuelas técnicas, ya que éstas sólo introducen algunos conocimientos de trabajo manual (y sólo para una parte de la sociedad) en el marco de la enseñanza teórica.

Nosotros, los comunistas, exigimos por el contrario la unión de la escuela con la fábrica, la introducción de la pedagogía en la fábrica. Lo hacemos no tan solo por aumentar el éxito de la educación por unos métodos pedagógicos mejorados, sino también por motivaciones de orden general, económicas, sociales y políticas. La unión orgánica de la escuela y la producción social aumenta la productividad del trabajo humano y permite la utilización polivalente del individuo humano; pero simultáneamente quita la escuela a los funcionarios clericales, ... pone en estrecha relación al niño proletario con los miembros adultos de su clase, dirige la atención de los trabajadores adultos hacia la escuela de sus hijos y automáticamente pone fin a cada una de estas separaciones entre los niños, separación sexual, confesional y también a esta separación inerte que es el grupo de edad. Una verdadera escuela única sólo es posible sobre la base de la escuela del trabajo industrial (Hoernle, 70-1).

        Debería decir también que esto solo es posible con una dictadura del proletariado. Este debería ser nuestro programa, opuesto a la escuela capitalista.

Parte II

APUNTES PARA UNA POLITICA MARXISTA EN LA UNIVERSIDAD

        En este artículo vamos a plantear algunas pautas para comenzar la elaboración y desarrollo de una política estudiantil revolucionaria en la Universidad, basada en la crítica teórica a la escuela capitalista que examinamos en el trabajo anterior. Para esto vamos a partir de una caracterización del movimiento estudiantil que se discute con mayor extensión en otro artículo de este número de Debate Marxista. Los elementos centrales de la misma son:
  1. el movimiento estudiantil no forma una clase, cuyas reivindicaciones serían progresivas o regresivas "de conjunto". Por este motivo las reivindicaciones de los hijos de los obreros, de los barrios populares, en materia de más presupuesto, de mayor educación, etc. tienen un sentido diferente al de las escuelas de la burguesía o a las reivindicaciones de las Universidades, a las que casi no accede la clase obrera. En la militancia universitaria nos movemos entonces en un terreno que no es igual al que existe cuando podemos plantear la unidad de clase (a diferencia de lo que sucede en las escuelas proletarias o de los barrios populares).
  2. El movimiento estudiantil universitario tiene un origen social mayoritariamente burgués y pequeño burgués, a lo que habría que agregar los hijos de algunos -muy pocos- hijos de obreros acomodados.
  3. Sin embargo el estudiantado universitario no se define sólo por su origen social, sino también por la posición transitoria que tiene entre su medio social y la futura clase social a la que se integrará y la función social que cumplirá.

        Esta situación transitoria, unida a su origen de clase, le dará un carácter extremadamente heterogéneo y dinámico al movimiento estudiantil universitario, y explicaría así los límites que tienen las reivindicaciones puramente corporativas-gremiales, pero también su explosividad y su potencial como punto de arranque para cuestionamientos mayores, para adquirir otras proporciones. Está también en la base de formas ideológicas cambiantes, determinadas o influidas en gran medida por las perspectivas de inserción o no en la clase dominante, o de inserción o no en la estructura productiva como técnicos asalariados de las empresas privadas, o en actividades asalariadas del Estado capitalista. Es evidente que no será igual la perspectiva y la situación ideológica y política de quien se prepara para ser administrador de empresas o seguir la carrera de diplomático, de quien solo tiene la perspectiva de ser un profesor mal pagado de colegio secundario o técnico calificado de una planta industrial. Habría que insistir en que, si esto es cierto en cuanto caracterización del sector estudiantil, los cambios generales de la sociedad, de la lucha de clases, de las perspectivas de acumulación capitalista y de trabajo, etc. serán decisivas a la hora de evaluar la incidencia y las perspectivas de todo desarrollo.

        Lo anterior explica que el estudiantado universitario refleje de forma distorsionada y muchas veces ampliada las diferentes corrientes sociales y políticas que se agitan en la sociedad en su conjunto. La unidad estudiantil solo puede lograrse, en determinadas circunstancias, detrás de demandas estrechamente corporativas; pero por lo general, en el estudiantado se manifestarán las más variadas corrientes y tendencias, y es tarea del marxismo revolucionario mostrar permanentemente sus raíces de clase, los intereses que expresan.

        Esta división objetiva se refleja hoy en las diferentes reacciones del estudiantado universitario ante la ofensiva del gobierno y la burguesía en pro de una mayor elitización de la Universidad y racionalización de la oferta de profesionales. Por diversos motivos que son tratados en otro artículo de este número de Debate Marxista, la Universidad registró en las últimas décadas un proceso de masificación -se trata en realidad de un fenómeno mundial-, vehiculizado por la entrada de amplios sectores de las clases medias a la misma. Esta masificación, que fue tolerada por los gobiernos -entre otras, por razones de legitimación del Estado y manutención de una base política electoral- choca sin embargo con las necesidades de la acumulación capitalista (débil) y con la crisis fiscal del Estado. De allí la tendencia hacia la racionalización, limitación del ingreso y vuelta a la elitización de las Universidades. Entre otros elementos, esto se concreta en las disposiciones que permiten a las empresas intervenir de forma más directa en la educación (el proyecto de nueva ley universitaria, fomenta el establecimiento de convenios entre las universidades y las empresas), en el arancelamiento y en las mayores facultades que se otorga al Estado para tener injerencia en los planes académicos.

        Un sector del estudiantado se movilizó en los últimos días contra este proyecto, rechazándolo globalmente y planteando las consignas de "Defensa de la autonomía", "No al arancelamiento", "Universidad para los trabajadores", "Mayor presupuesto". ¿Cuál es la actitud de los marxistas ante esta lucha del movimiento estudiantil universitario?

        Algún compañero podría pensar que, dado que los trabajadores masivamente están excluidos de la universidad, esta lucha no es de nuestra incumbencia. De acuerdo a esta posición, los marxistas no hubiéramos participado en las movilizaciones estudiantiles del mayo francés de 1968, por lo menos en su gestación, porque empezaron como un movimiento de oposición a las reformas de Fouchet (ministro de educación de entonces) que quería imponer un plan académico de selección estricta y de jerarquización de los cursos. Tampoco hubiéramos participado de las masivas movilizaciones estudiantiles de mediados de 1986 de Francia, España e Italia, que protestaban contra los planes educativos que limitaban el acceso a las universidades e imponían controles de asistencia más estrictos, sacaban turnos de examenes, etc. En realidad, estamos en presencia de un razonamiento sectario, alejado de la política socialista revolucionaria, porque todo avance reaccionario que tienda a elitizar la educación universitaria, estrechar los márgenes de discusión democrática y organización, sólo puede resultar en un perjuicio para el desarrollo de la lucha de clases y para la organización del movimiento obrero, de los sectores oprimidos y de izquierda.

        Sin embargo, nuestro apoyo a esta lucha no puede ser acrítico; existe una línea demarcatoria que nos diferencia de la política y programa de la oposición burguesa y pequeña burguesa, que sólo pretende defender sus estrechos intereses corporativos, como estudiantes "en tránsito" hacia la inserción como mano de obra calificada. Los socialistas revolucionarios participamos en el movimiento, luchamos activamente contra la ley universitaria y la ofensiva en pro de la elitización y las restricciones democráticas del capital y el gobierno, pero al mismo tiempo buscamos desarrollar una corriente estudiantil que adhiera al socialismo, que sea consciente de que sólo con una revolución socialista podrán verse satisfechas muchas de las reivindicaciones que hoy se levantan.

El desarrollo de una política marxista en la Universidad

        La actividad marxista debe entonces plantear constantemente esas perspectivas generales, empezando por mostrar el carácter de clase de las demandas, programas y actitudes en juego dentro del movimiento estudiantil.

        A este respecto, un punto muy importante, y que por lo general es silenciado por las corrientes izquierdistas, estriba en mostrar las raíces de clase de la actitud de un amplio sector del estudiantado universitario frente a los avances en la elitización y específicamente el arancelamiento de las facultades. Todos sabemos que hay sectores -bastante amplios- del estudiantado, provenientes de la burguesía, que lo ven con buenos ojos; son los que están de acuerdo con el reaganismo, los que han sido ganados para la ideología de la competencia y del mercado. Esta base material, de clase, de la conformidad de un sector del estudiantado universitario con las políticas de la burguesía hay que desnudarla, mostrarla, dando así un paso para impugnar el mito de los intereses "unitarios" del estudiantado. Por otro lado debemos explicar la naturaleza de la reivindicación de muchos sectores de las clases medias y bajas contra la elitización de la Universidad. Mostrar que este proceso responde a las necesidades económicas del Estado capitalista de retroceder con respecto a una época de ciclo económico en ascenso y de empuje de las luchas estudiantiles y sociales de fines de los sesenta; explicar que responde también a la fase de crecimiento débil del capitalismo, en la que existe una sobreproducción de profesionales con relación a las necesidades de la acumulación capitalista.

        En este sentido, apoyamos las luchas contra la elitización de la Universidad, pero mostramos sus orígenes, que no se deben a la mala voluntad de tal o cual gobierno, sino al sistema capitalista. Al mismo tiempo, los marxistas debemos mostrar, en base a los datos que nos proporciona la realidad en abundancia, cómo el capitalismo proletariza cada vez más las profesiones terciarias y restringe las oportunidades de inserción laboral en las mismas; mostrar que el destino de una inmensa cantidad de estudiantes es ser mano de obra asalariada -calificada- del capital, o ingresar al ejército de desocupados, o tener trabajos mal remunerados en otras profesiones (como arquitectos trabajando de taxistas, etc.). Demostrar la necesidad de una salida socialista a esta situación.

        Yendo ahora más específicamente a las reivindicaciones actuales estudiantiles, los socialistas revolucionarios debemos demostrar la insuficiencia o utopía de muchas de las consignas que hoy se demandan como realizables bajo el capitalismo, empezando por la que más ha predominado en las movilizaciones: "Universidad para los trabajadores". Nosotros estamos de acuerdo con el sentido en que la mayoría de los compañeros agitan esta consigna (no se puede negar una dosis de demagogia de algunos "amigos del pueblo"), porque demuestra una preocupación por la situación de los desposeídos, por la indigencia intelectual y cultural en que el sistema mantiene a las masas. Pero al mismo tiempo debemos explicar pacientemente que mientras exista la propiedad privada y la explotación capitalista, subsistirá la división entre el trabajo intelectual y manual y la exclusión de las más amplias masas de la cultura. Debemos combatir enérgicamente la ilusión -que en las movilizaciones estudiantiles se plasmaba también en consignas- de que mediante el cambio del gobierno o del ministro de Economía los trabajadores podrán entrar masivamente a la Universidad. Necesitamos también demostrar que el problema no se arregla con becas para los hijos de obreros (como proponen algunos "amigos del pueblo"), porque a lo sumo, de lograrse, podría facilitar el acceso a la Universidad a algunos alumnos salidos de los barrios humildes, pero que en absoluto acaba con una situación que tiene su origen en las relaciones sociales de producción.

        Tomemos otra reivindicación estudiantil, el gobierno tripartito o cuatripartito (se incluye en esta última propuesta "revolucionaria" a los no docentes) de la Universidad. Podemos decir que esta demanda expresa la aspiración del movimiento estudiantil a una mayor participación y el cuestionamiento a la elitización y el autoritarismo ejercido por los jefes de cátedra y el cuerpo académico en los planes de estudio y decisiones. Pero al mismo tiempo, debemos mostrar la insuficiencia del planteo: primero, porque no habrá una verdadera discusión democrática en la Universidad en la medida en que siga siendo una Universidad burguesa. Luchamos por toda ampliación de las brechas y espacios que posibiliten el cuestionamiento y discusión, pero debemos ser conscientes de que ésta tendrá siempre un techo, determinado por las necesidades de formar en la ideología de las clases dominantes a los futuros cuadros dirigentes de la sociedad. Debemos decir también que el gobierno de la "comunidad universitaria", aún en sus formas más democráticas (esto es, con la elección del conjunto del estudiantado de las autoridades académicas, como exigen las versiones más izquierdistas) no cambiará un ápice el carácter de clase de la Universidad. Incluso, en muchos casos, puede dar lugar a un sistema tan antidemocrático y cerrado en lo ideológico como el que existe actualmente. Pensemos por un momento en un voto estudiantil masivo en universidades como Ciencias Económicas; el eventual gobierno de los estudiantes (en su mayoría partidarios de los radicales, de la UCD, del peronismo o del Frepaso) no verían ningún inconveniente en mantener la actual proscripción del marxismo de esa facultad. Lo mismo podemos decir de otras grandes universidades, como Derecho.

        La reivindicación de la entrada de los no docentes en el gobierno de la Universidad exige además otras consideraciones, porque en este caso estamos ante un planteo terriblemente reformista, que llevaría (en caso de aplicarse) a la conciliación y subordinación, consentida, de los trabajadores a las necesidades de la Universidad burguesa. Sería imposible de evitar -dada la situación actual de la lucha de clases- que los trabajadores no docentes no se vieran envueltos en discusiones acerca de cómo trabajar más eficientemente en provecho de la Universidad "de todos". Es triste y ejemplo del envilecimiento a que han llevado al marxismo que esta demanda sea planteada por algunas sectas autotituladas "marxistas" y "revolucionarias". En lugar de explicar a los compañeros no docentes que la Universidad es una institución burguesa que los explota, que ellos no deben tener una actitud cooperativa, etc., estas sectas "marxistas" predican el colaboracionismo de clase bajo la forma de coparticipación obrera en la gestión universitaria.

        Examinemos, relacionada con la anterior, la reivindicación de "autonomía" universitaria. Estamos de acuerdo en luchar contra toda ingerencia directa del Estado en los planes académicos; sin embargo, éste interviene hoy de hecho en la educación, de manera más disimulada en la Universidad, abiertamente en todo el resto del sistema. Pero existe otro aspecto, a saber, que la autonomía solo puede existir en su aspecto formal, pero no de contenido. Autonomía significa libertad, independencia. ¿Puede existir una "isla", en la que elabore e imparta la ciencia con independencia de los intereses de clase dominantes en la sociedad? Es evidente que no, que existen miles de lazos ideológicos, políticos y por supuesto materiales, que hacen que la tal "autonomía" no pueda ser más que formal. La revolución socialista, por su parte, influirá abierta y directamente en la Universidad. Luchar por la autonomía, por lo tanto, tiene un aspecto progresivo en lo que respecta al rechazo de la ingerencia directa del Estado, pero al mismo tiempo esta consigna, lanzada sin explicaciones, sin mostrar su contenido y significado real, cumple nuevamente un rol mistificador, es utópica. Debemos decir que la autonomía será siempre formal, superficial, porque la institución académica no puede dejar de tener un carácter de clase dentro de esta sociedad. Por otro lado, debemos mostrar que es incoherente pedir la autonomía universitaria con respecto al Estado y reivindicar el monopolio de éste como educador para el conjunto del sistema. Los marxistas levantamos la reivindicación de fuera el Estado de la educación y explicamos que esta exigencia democrática radical sólo podrá ser cumplida efectivamente por la revolución socialista.

        Ligada a las anteriores, encontramos la demanda de "Universidad al servicio del pueblo"; se pretende que, a partir de convertir a la Universidad en una isla democrática, gobernada por la mayoría de los estudiantes y los no docentes, la institución de conjunto cambie su orientación y naturaleza, sin necesidad de acabar con el Estado burgués y la propiedad privada. No es necesario repetir que estamos en presencia de una nueva mistificación, difundida alegremente por todas las corrientes burguesas y pequeño burguesas "izquierdistas". Nuevamente, luchamos contra toda forma de avance en la elitización de la enseñanza, pero mostramos los límites de esta lucha.

        En el mismo sentido debemos discutir la demanda de ruptura de los convenios con las empresas privadas para las pasantías y prácticas rentadas. Los estudiantes que levantan esta exigencia expresan su justa indignación por la forma en que se facilita mano de obra barata a las empresas capitalistas y se posibilita la ingerencia directa de éstas en la producción académica y científica. Pero la salida a esta situación no está en volver atrás la rueda de la historia; esto es utópico, porque toda la producción científica tiende a caer en manos de los capitales. Hoy, en las universidades, se estudia economía, derecho, ingeniería, y tantas otras carreras, con libros de texto que enfocan todo desde el ángulo de los intereses de las empresas; las materias son dictadas por centenares de profesores que tienen lazos -indirectos y en muchos casos directos- con los capitales. Apenas quedan algunos resquicios en ciencias sociales y humanidades, que en absoluto cambian el carácter y la tendencia del conjunto. La ligazón entre Universidad y capital ya es un hecho, y los convenios y pasantías vienen sólo a ampliarla y legalizarla. La única forma en que la enseñanza e investigación académica no esté subordinada a las necesidades del capital es aboliendo el poder del capital. Insistimos, esto no invalida la lucha contra tal o cual avance en esta subordinación (como es el proyecto de nueva ley universitaria), pero siempre deben tenerse presentes los límites del combate en curso.

        Sobre este punto, señalemos además que, si bien el movimiento estudiantil cuestiona la creciente ligazón directa de la Universidad con las empresas privadas, no dijo palabra sobre el punto del proyecto de ley que establece la cooperación científica y técnica de las facultades con el Estado. Esta posición se explica porque en general se considera al Estado como neutro. Para los estudiantes izquierdistas, es criminal un convenio con empresas, pero parece que no tienen nada que decir sobre que las universidades colaboren con el ministerio de Economía para que sea más preciso en sus estadísticas. O que ayude a la policía y al ejército en ser más eficientes.

        Por último, para terminar con este breve examen de las principales reivindicaciones estudiantiles hoy en danza, somos conscientes que detrás de la discusión sobre los convenios de trabajo entre la Universidad y las empresas y el Estado, está imbricado el tema de la relación entre el estudio y el trabajo. Muchos estudiantes sienten la necesidad de romper con la "caja de cristal" en que se desarrolla la enseñanza; saben que en la mayoría de las carreras, la incorporación a la actividad productiva o a la práctica profesional es extremadamente traumática (es normal, por ejemplo, el caso de ingenieros recibidos que nunca estuvieron en una obra, en una fábrica, etc.). El capitalismo solo puede dar soluciones parciales a esta situación porque la división entre trabajo intelectual y manual está basada en la división de clases existente y en la explotación. Pero el programa socialista no pretende realizar la utopía reaccionaria de mantener al estudiantado en una caja de cristal. Condenamos la forma en que el capitalismo incorpora mano de obra calificada estudiantil para explotarla, pero al mismo tiempo presentamos nuestra alternativa de fusión del trabajo intelectual y manual, de escuela en la producción socialista.

¿Cuánto tiene esta política de "abstracta"?

        Algunos compañeros, activistas estudiantiles de izquierda, a quienes hemos presentado los borradores de este artículo, nos dicen que están de acuerdo, en líneas generales, con el mismo, pero que esta crítica marxista es inaplicable a la situación concreta de la lucha estudiantil actual. En síntesis, sostienen que si queremos aplicar esta orientación política en las movilizaciones estudiantiles en curso caeríamos en una política "abstracta".

        No vamos a negar que "bajar a tierra" lo anterior, esto es, traducir a las tácticas y consignas cotidianas de lucha los lineamentos de la crítica marxista a la escuela capitalista representa una instancia de la elaboración de la política revolucionaria que estamos lejos de haber resuelto, y para la cual solicitamos la colaboración de todos aquellos que coincidan en la necesidad de superar el economicismo y reformismo estatista del que hace gala la izquierda estudiantil. Estamos recién trabajando los primeros ejes de intervención, en un terreno que es nuevo para nosotros9. Sin embargo sí queremos reivindicar el esfuerzo de ligar la militancia marxista cotidiana en el movimiento estudiantil a la teoría; ésta debe empapar a la primera, guiarla y no a la inversa, como sucede actualmente, porque en éste último caso es inevitable repetir el discurso dominante de la pequeña burguesía estatista y academicista.

        Pero además, pensamos las consignas realmente abstractas son muchas de las que levanta hoy el movimiento estudiantil. Por ejemplo, es una completa abstracción porque prescinde de las condiciones sociales existentes, de las relaciones de producción condicionantes pretender que sin derribar al Estado capitalista y acabar la propiedad privada se logre una "Universidad para los trabajadores". La mayoría del movimiento estudiantil vocea alegremente esta consigna, y no la considera "abstracta", a pesar de que sea hoy completamente inalcanzable. Entonces nosotros afirmamos que es muchísimo menos "abstracta" la consigna que proponemos: "por una Universidad para los trabajadores por medio de una revolución obrera que acabe con el actual Estado". La Federación Universitaria se propone luchar "por una Universidad abierta democrática, puesta al servicio del pueblo y que sirva para la igualación de oportunidades". Y nosotros afirmamos que esta demanda hace abstracción del carácter de clase de la democracia de la Universidad actual, hace abstracción de los condicionamientos de clase que le impiden materialmente "estar al servicio del pueblo" y hace abstracción del hecho de que, mientras exista la propiedad privada de los medios de producción, no habrá "igualdad de oportunidades". ¿Por qué nuestros críticos no repudian todas estas abstracciones, y nos acusan a nosotros de abstractos cuando queremos desnudar las utopías en que se mueven? Posiblemente más importante sea la objeción de que nuestra crítica al estatismo de los programas estudiantiles también es "teórica y abstracta". ¿Qué se pretende con esta objeción? ¿Que aceptemos el estatismo? Pero después de todo, en la reivindicación del papel del Estado como educador también hay teoría, la que dice que el Estado es neutro y manejable por los sectores populares (mediante el voto). Es decir, los estatistas nuevamente están cayendo en "abstracciones", esta vez dejando de lado nada menos que el carácter de clase del Estado.

        En síntesis, en estos problemas todos los sectores políticos presentan sus perspectivas y demandas -lejanas o cercanas, abstractas o concretas- sustentadas en sus ideologías y teorías más generales. Los marxistas lo único que decimos es que, junto a la lucha por las reivindicaciones democráticas elementales del movimiento estudiantil, o contra la elitización de la Universidad, junto a este combate inmediato y actual, presentamos nuestra crítica y las perspectivas más amplias, y llamamos a formar una corriente marxista que luche por ellas, por el programa del socialismo científico. Esto es, por el programa de la revolución obrera y socialista, la única que puede acabar con el embrutecimiento a que condena el capitalismo a las más amplias masas y avanzar hacia la eliminación de la actual división entre el trabajo intelectual y manual.

Bibliografía

Ch. Baudelot y R. Etablet (1975): La escuela capitalista, Siglo XXI, México.

S. Bowles y H. Gintis (1981): La instrucción escolar en la América capitalista, Siglo XXI, México.

E. Hoernle (1978): Reflexiones de K. Marx sobre algunos problemas fundamentales de la política escolar proletaria en AA.VV.: La Internacional Comunista y la escuela, Icaria, Barcelona. El artículo de Hoernle apareció originariamente en Die Internationale, 1927.

V. I. Lenin (1970): La actitud del partido obrero hacia la religión en Obras Completas tomo 15 Cartago, Buenos Aires.

D. Lindenberg (1972): L'Internationale Communiste et l'école de classe, Maspero, París.

K. Marx y F. Engels (1975): Obras Escogidas, Akal, Madrid.

R. Nemitz (1987): La famille et l'ecole. Éléments d'une théorie marxiste de l'éducation en Actuel Marx Nº 1, París.

Snyders (1978): Escuela, clase y lucha de clases, Comunicación, Madrid.

J.C. Tedesco (1983): Crítica al reproductivismo educativo en Cuadernos Políticos Nº 37, México.



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Notas

Nota 1

Hasta donde conocemos, la excepción es la Liga Socialista Revolucionaria, que recientemente publicó un artículo en su prensa criticando las tesis centrales de la reivindicación "izquierdista" de la enseñanza burguesa. Ver Octavio, "Educación, aporte para el inicio de un debate necesario en la vanguardia estudiantil" en Bandera Roja Nro. 15, abril 1995.

Nota 2

Las ideas que siguen a continuación están fuertemente influidas por la llamada dentro de la teoría educativa escuela de la reproducción. El reproductivismo rompió con la teoría liberal que exaltaba las potencialidades transformadoras de la escuela con respecto a las desigualdades sociales. Para el reproductivismo el funcionamiento del sistema educativo reproduce la diferenciación de la estructura social; ésta determina al primero. Tomamos la tesis reproductivista, pero al mismo tiempo consideramos en este trabajo que es necesario mediar el estudio con la incidencia que tiene en la estructura escolar los factores políticos, los cambios en la lucha de clases, etc. Para el reproductivismo los procesos de selección escolar y su funcionamiento tiende a ser absolutamente congruentes, y están determinaÐdos en su casi totalidad, por las necesidades que emanan de la economía capitalista. Cada sector social recibiría la cuota de educación necesaria para incorporarse al mercado de trabajo, determinado por la acumulación del capital. En nuestra opinión, que explicamos luego con más detalle, esa concordancia puede ser obstaculizada en mayor o menor medida por las mediciones mencionadas.

Sobre el reproductivismo, ver S. Bowles y H. Gintis, (1981) y Ch. Baudelot y R. Etablet (1975). Para una crítica a la escuela que plantea la necesidad de establecer otras mediaciones, sin desconocer el aporte básico de los anteriores autores, ver J.C. Tedesco (1983).

Nota 3

Al respecto, Marx hizo una interesante observación sobre la capacidad de la Iglesia, en el feudalismo, para permitir que algunos campesinos pobres, si eran capaces, pudieran hacer carrera y acceder a los rangos más altos de la jerarquía eclesiástica. Lejos de debilitar a la clase dominante, esto la fortalecía, porque le permitía nutrirse de los elementos más activos y capaces de la sociedad. Que la burguesía permita a algunos hijos de obreros acceder a los más altos puestos, no sólo no la debilita, sino que objetivamente le permite reforzar laideología del capitalismo competitivo, que da oportunidades a todos, que permite la victoria de los más capaces, etc.

Nota 4

Si bien en otro contexto, Lenin defendió este aspecto de la enseñanza capitalista:

La vieja escuela declaraba que quería crear hombres instruídos en todos los dominios y que enseñaba las ciencias en general. Ya sabemos que esto era pura mentira, puesto que toda la sociedad se basaba y se cimentaba en la división de los hombres en clases, en explotadores y en explotados... Cada una de sus palabras estaba adaptada a los intereses de la burguesía...

La vieja escuela era libresca, obligaba a almacenar una masa de conocimientos inútiles, superfluos, muertos, que atiborraban la cabeza... Pero concluir de ello que se puede ser comunista sin haber asimilado el tesoro de conocimientos acumulado por la humanidad, sería cometer un enorme error. Nos equivocaríamos si pensáramos que basta con aprender las consignas comunistas, las conclusiones de la ciencia comunista, sin haber asimilado la suma de conocimientos de los que es consecuencia el comunismo...

Para llegar a ser comunistas, hay que enriquecer indefectiblemente la memoria con los conocimientos de todas las riquezas creadas por la humanidad (Tareas de las juventudes comunistas, 2 de octubre de 1920, en Obras Escogidas, tomo 6, págs 145-147).

Nota 5

De acuerdo al significado de la palabra derivada del adjetivo "laico", cuando hablamos del laicismo en educación se debería entender como tal la doctrina o corriente favorable a la ausencia de influencia religiosa en la enseñanza. Desde este punto de vista, los marxistas seríamos "laicistas". Pero el término ha adquirido un significado particular a partir del movimiento burgués liberal y pequeño burgués que se agrupa hoy detrás de la bandera de la enseñanza laica y de la ideología encubridora que la acompaña, que se discute más abajo. Por este motivo, cuando hablamos del laicismo nos estaremos refiriendo en particular a esa corriente política dentro de la educación.

Nota 6

Ver Lenin (1970).

Nota 7

Nos referimos a Jules Ferry, que además de ser responsable de las masacres de la Comuna, lo fue de las cometidas por los franceses en la conquista de Túnez y Tonquín.

Nota 8

La burocracia soviética reivindicó sistemáticamente a la familia monogámica, al mejor estilo burgués; una prueba más de su ruptura completa con el marxismo. Pero también los partidos autotitulados "marxistas" y "revolucionarios" se callan o peor todavía, unen sus voces al coro de reaccionarios y santurrones que ensalzan el rol de la familia actual. Para poner un caso, recientemente el ex diputado "trotskista" Luis Zamora brindó, muy suelto de cuerpo, "por la familia" en un conocido y reaccionario programa televisivo.

Nota 9

Como lo hemos afirmado con relación a otros temas que hemos tratado desde Debate Marxista, hemos sido parte activa de ese pseudo marxismo, estatista y pequeño burgués que hoy criticamos. La crisis teórica y política de las organizaciones que se autotitulan marxistas ha llegado a tales extremos, que hoy descubrimos aspectos de la crítica marxista a la sociedad capitalista que estuvieron celosamente guardados; por ejemplo, la existencia de la Internacional de Trabajadores de la Educación -adherida a la Tercera Internacional- y sus tesis, es desconocida para la mayoría de la militancia. Lo mismo sucede con las polémicas que se dieron en esa organización contra las posiciones que reivindicaban el papel del Estado en materia de educación, la neutralidad de la escuela capitalista, etc.