MALTHUSIANISMO Y ECOLOGÍA

A propósito del artículo escrito a propósito de la conferencia de El Cairo

En el número 4 de Debate Marxista Pablo Bennetti publicó un artículo referido a la Conferencia que tuvo lugar en El Cairo sobre el futuro de la población mundial. El artículo se centra en la crítica a las posiciones neo-malthusianas sostenidas por la mayor parte de los participantes en aquélla:

... la Conferencia de El Cairo, al aceptar como un hecho la "verdad" de la tesis malthusiana, está pregonando la misma posición: si hoy hay hambre en el mundo, esto no se debe a las estructuras sociales. En última instancia, el sufrimiento humano sería un producto necesario de las inclinaciones naturales (y para los religiosos "perversas") de los seres humanos.

Bennetti concluye que la preocupación central de la burguesía a propósito

de la superpoblación son los conflictos sociales que potencialmente puede generar.

Este es, en efecto, un grave problema para la burguesía mundial, pero de solución imposible dentro de los marcos del actual sistema capitalista. La existencia de enormes masas de población excedente es un producto necesario de la acumulación capitalista y una fuente constante de conflictos.

Partiendo de un acuerdo completo con este planteo de Bennetti y su denuncia de la conferencia y del manejo que hace la burguesía sobre los problemas de superpoblación, quien niega que el problema de fondo es el propio capitalismo, quiero detenerme a criticar lo que creo que es un desprecio por parte de Benetti de aquellos problemas.

Ciertamente, como se plantea bien en el artículo, la noción de superpoblación es relativa, depende de las condiciones naturales, de los desarrollos tecnológicos y de las relaciones sociales. Pero por otro lado, insistiendo sobre ciertos estudios, se deja la impresión de que no hay ningún problema técnico para sostener una población de 30.000 millones de habitantes sobre la tierra.

Volviendo a la época de Malthus, resulta que la posición del reverendo no era la del conjunto de la burguesía. Los representantes del capitalismo en ascenso, conscientes de la dinámica expansiva del sistema, de la tendencia permanente a aumentar la producción de todo, se convencieron muy pronto de la impertinencia de las tesis de Malthus. Para el siglo XIX (y aquí incluimos no sólo a los pensadores burgueses sino también a los pensadores revolucionarios como Marx y Engels), el desarrollo de la técnica permitiría al ser humano, a largo plazo, un dominio total de la naturaleza. En cierto sentido no se equivocaban, en esa época no se veían límites objetivos que la naturaleza pudiera poner y existían muchos recursos energéticos que todavía no se utilizaban más que marginalmente. Inclusive, hoy día, ciertos representantes de la burguesía, en particular la tendencia ultraliberal ilustrada por el semanario inglés The Economist, mantienen esa posición, lo que se refleja en las dos referencias a esa revista citadas en el artículo de Bennetti.

Sin embargo, la sola existencia, sobre todo en los países imperialistas, de movimientos ecologistas que cuestionan la destrucción del medio ambiente producido por el desarrollo desmedido, por la industrialización y hasta por la extensión de las tierras de cultivo, plantea la necesidad de estudiar estos problemas. Se trata de peligros reales o tan sólo de un planteo nostálgico de volver a otros tiempos en los cuales se vivía "en armonía con la naturaleza", más precisamente, volver al paraíso terrenal?

Sin duda que hay mucho de esto último y tal vez en muchos casos sea lo fundamental. Sin embargo, el aumento de las emisiones tóxicas, el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera, el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida, la muerte de bosques en Europa y Norteamérica por las lluvias ácidas, la contaminación por residuos radiactivos y las dificultades para depositarlos en lugares seguros a largo plazo, los efectos sobre el medio ambiente producidos por una agricultura intensiva basada en enormes cantidades de productos químicos y en semillas híbridas, son problemas reales.

En el mismo sentido a lo que acabamos de decir, y paralelamente a los trabajos citados por Bennetti, existe una gran cantidad de otros estudios, tan académicos como los primeros, pero con argumentos en el sentido de que si la humanidad sigue creciendo pronto vamos a tropezar con serios problemas a nivel de los recursos naturales.

Como decimos más arriba, el planteo ecologista radical, de "dejar tranquila a la naturaleza" y, en última instancia de volver a una sociedad preindustrial, no es más que un sueño, algo totalmente imposible y, por lo tanto, profundamente reaccionario. El encarar seriamente esos problemas implica partir del reconocimiento de que a la naturaleza no se la puede ñdejar tranquilaî ya que, desde que el hombre es hombre, su interacción con la naturaleza la modifica y lo modifica. No importa qué hagamos vamos a seguir modificando a la naturaleza. El problema es cómo.

En una sociedad capitalista, donde la valorización del capital es su razón de ser, los efectos de su funcionamiento sobre la naturaleza son vistos como consecuencias secundarias, a veces molestas, pero a las que no se les da mayor importancia hasta que no entran en contradicción con la valorización del capital. Por ejemplo en Francia, donde la energía nuclear produce entre el 80 y el 90 por ciento de la electricidad, si se produjera un serio problema de seguridad de funcionamiento de los reactores o de contaminación del medio ambiente, posiblemente el país dejaría de funcionar, lo que plantearía de frente la contradicción entre el funcionamiento del capitalismo y sus efectos sobre la naturaleza. Sin embargo, por ahora, el conjunto de la burguesía prefiere ni siquiera plantearse tal eventualidad. De todos modos, por ahora, estos casos son marginales. Entonces, plantear que el capitalismo se ocupe de los problemas "ecológicos" es no entender cuál es la lógica del mismo

Ocuparse de esos problemas significa primero comprender cómo la acción del hombre modifica a la naturaleza, cuáles son las necesidades de la humanidad, qué recursos naturales se deben utilizar y de qué manera. Esto significa, en las palabras de Engels, pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad, es decir, de considerar la modificación de la naturaleza por el hombre como un efecto secundario pero inevitable y molesto de otras actividades, a considerarla como una parte integral de la actividad humana. De más está decir que en una sociedad donde grandes masas apenas tienen para comer (mal), donde el objetivo central es la valorización del capital, esto es imposible. Sólo en una sociedad donde no haya más explotación del hombre por el hombre, basada en una tecnología avanzada, la ecología dejará de ser un problema para integrarse a la actividad conciente de la humanidad. Esto significa, en concreto, que será el conjunto de la sociedad que estudiará y debatirá sobre sus necesidades y de cómo integrarlas a un medio ambiente del cual se conoce cada vez más. Tal vez tal sociedad avanzada entienda que es posible y decida expandir la población del planeta a 30 mil millones o entienda que lo mejor es limitarla a mil millones. Pero eso, de ninguna manera es una discusión a plantear hoy día. Es por eso que creo que, tomada de manera absoluta, la superpoblación no es el problema a discutir actualmente y, por lo tanto, la discusión contra los neomalthusianos no debe hacerse "demostrando" la posibilidad de expandir la población en el planeta, sino denunciando el carácter ideológico de su planteo, como bien lo hace Benetti.