La ciencia como mercancía

Una reseña de The dialectical biologist (Harvard University Press, 1985) de Richard Levins y Richard Lewontin (2)

En este último tiempo, en el marco de la "modernización" del capitalismo argentino, se ha comenzado a discutir una nueva ley universitaria, así como el futuro del Conicet. Uno de los puntos más importantes planteados es la intervención de las empresas en la determinación de los programas de estudios e inclusive en la dirección de las universidades. Igualmente, una de las propuestas sobre el Conicet y los otros organismos de investigación (CNEA, INTA, INTI) es su desmantelamiento para dejar sus tareas a la iniciativa privada. Paralelamente, se incita a los investigadores y docentes universitarios a complementar sus ingresos con asesorías. En otros países, como en Francia, los organismos de investigación promueven que sus científicos establezcan empresas y que la investigación sea cada vez más orientada hacia las necesidades del mercado.

En muchos sectores de la universidad y de los medios científicos se cuestionan estas propuestas, insistiendo que la ciencia y la universidad tienen que conservar su carácter independiente, no sujetos a los dictados de los grandes capitales. En esta reseña trataremos de demostrar, basados en una parte de The dialectical biologist de Levins y Lewontin, cómo ésta es una posición esencialmente reaccionaria, incapaz de comprender qué significa el capitalismo.

El capitalismo es un sistema de producción que, necesariamente, tiende a expandirse, en área geográfica, en intensidad y a todos los aspectos de la vida corriente. Bajo el capitalismo todo tiende a convertirse en mercancía: la ciencia, el deporte, los genes, el honor, los órganos y hasta la vida humana. Cuando el capitalismo estaba todavía en pañales, Shakespeare lamentó esto:

"¡Oro! ¡Oro amarillo, brillante, precioso! [...] Muchos suelen volver con esto lo blanco negro; lo feo, hermoso; lo falso, verdadero; lo bajo, noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente. çOh dioses! ¿Por qué? Esto os va a sobornar a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes y a alejarlos de vosotros; va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto; este amarillo esclavo va a fortalecer y disolver religiones, bendecir a los malditos, hacer adorar la lepra blanca, dar plaza a los ladrones, y hacerlos sentarse entre los senadores [...]" (W. Shakespeare, Timón de Atenas, Acto IV, escena III, en Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1967)

Igualmente, en el Manifiesto Comunista podemos leer:

"Dondequiera que ha conquistado el Poder, la burguesía ha destruído las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus "superiores naturales" las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel "pago al contado". Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituído las numerosas libertades escrituradas y bien adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. [...] La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al sabio, los ha convertido en sus servidores asalariados." K. Marx y F. Engels, Manifiesto Comunista, en Obras Escogidas, T. I, p. 24, Akal Editor, Madrid 1975

Así, en una sociedad en la que todo tiene su precio, en la que todo se puede comprar y vender, la ciencia no podía escapar a esa ley general. Hoy día tiene, en tal sentido, las características siguientes:

• La ciencia se ha transformado en una inversión de las empresas: La inversión en investigación y desarrollo, en los grandes grupos industriales, compite con otras formas de invertir capital como "aumentar la producción de productos ya existentes, comprar más publicidad, pagar abogados o lobistas, adquirir otras empresas, destruir sindicatos, coimear ministros, etc." (Levin y Lewontin, op. cit., p. 200.

Muchas veces las empresas, en lugar de pagar a sus propios equipos de investigación y desarrollo, prefieren subvencionar a grupos de científicos que trabajan en universidades o institutos estatales, con lo que ahorran dinero y hacen aparecer sus productos como basados en resultados científicos "independientes". Un ejemplo es el del investigador francés Benveniste quien, si bien trabajaba para el INSERM (Instituto Nacional de las Ciencias de la Salud y de la Investigación Médica) recibía subsidios de los laboratorios especializados en la producción de medicamentos homeopáticos. A mediados de los años '80 publicó un artículo en la revista Nature donde "demostraba" la "memoria del agua". Esta "memoria" fundamentaría los principios de la homeopatía. Lamentablemente para los laboratorios, los resultados se comprobaron totalmente falsificados. De todos modos Benveniste sigue en su puesto.

• "La forma extrema de inversión en investigación es la sociedad consultora científica, cuyo único producto es el informe científico:[...] Aquí es muy obvio que la prueba de calidad del informe es la satisfacción del cliente y no la evaluación por los pares 1. [...] Una vez que el informe científico se transformó en una mercancía, está sujeto a dos características del mundo de los negocios: la diligencia puede ser asaltada y la cerveza puede ser aguada, es decir, que la mercadería científica puede ser robada o adulterada. Ambos tipos de iniciativa -la apropiación del trabajo de otros y la falsificación de los resultados para publicar supuestos éxitos o para vencer a competidores- son un problema creciente. Aunque fraudes científicos ya ocurrieron en el pasado y peleas por prioridad ocurrieron entre individuos rivalizando por prestigio 2, los fraudes científicos tienen hoy día una base económica racional 3, por lo que es de esperar que aumenten." (Obra citada, pp. 201-202).

Inclusive, cuando la producción científica lo es dentro de los marcos académicos, la evaluación se hace cada vez más desde un punto de vista de "productividad" y no de calidad científica. Es decir, que los investigadores y profesores universitarios son calificados para sus ascensos y subvenciones por el número de publicaciones y no por la importancia de sus descubrimientos y desarrollos. Esto lleva a una inflación del número de publicaciones y revistas científicas, así como a la publicación de resultados dudosos e inclusive directamente al fraude.

Por ejemplo, a principios de los años '80 el joven investigador en cardiología John Darsee de la Universidad de Harvard publicó, en un período de dos años casi cien artículos. Otros científicos de su laboratorio comenzaron a sospechar y descubrieron que Darsee había falsificado la mayor parte de los datos. Lo interesante es que tanto su jefe como la propia universidad prefirieron ocultar los hechos al organismo nacional que financiaba las investigaciones. En 1986 un artículo fue publicado en la prestigiosa revista Cell firmado, entre otros, por el premio Nobel David Baltimore. Una estudiante postdoctoral de su laboratorio descubrió que los resultados se habían falsificado y lo denunció. Luego de varios años de investigación se determinó que, efectivamente, había habido fraude pero Baltimore no era responsable ya que él se había limitado a firmar el artículo junto con los verdaderos autores 4. El contrato de la estudiante no fue renovado y durante varios años en ningún otro laboratorio fue aceptada.

Una muestra de las propias contradicciones creadas por el aspecto mercantil del trabajo científico es que, por un lado los científicos son evaluados por su producción puramente cuantitativa pero, por el otro, al depender cada vez más las universidades y los institutos de investigación del mercado capitalista para obtener fondos que le permitan continuar su funcionamiento, lo que le interesa a las empresas no es el número de artículos publicados sino el de los desarrollos y procesos comercializables. La consecuencia, tarde o temprano, es que investigadores, considerados hasta un momento como de primer plano, pasan a no valer nada si su producción no es efectivamente vendible.

• El descubrimiento científico ha llegado a ser cuantificable: En los departamentos de investigación y desarrollo se evalúa el tiempo que lleva desarrollar un nuevo producto, con cuánto trabajo y a qué costo. Así el trabajo científico se convierte, como todo los demás, en trabajo humano abstracto. La consecuencia de esto es que

• "Los científicos han pasado a ser "mano de obra científica": Como tal, están sujetos a costos de producción, intercambiabilidad y supervisión gerencial. La división del trabajo dentro de la ciencia, la creación de especialidades y categorías, hoy día están cada vez más racionalizadas. La parte creativa del trabajo científico está cada vez más restringida a una pequeña fracción de los científicos, el resto está cada vez más proletarizado, perdiendo el control no sólo sobre su elección del problema y del enfoque, sino también sobre su actividad diaria y, a veces, horaria. [...] Pero la descalificación del trabajo científico produce mayor alienación; los productores no comprenden el proceso en su conjunto [...] y tienen poca oportunidad de ejercer la inteligencia creativa. Una vez alienado el trabajo en este sentido [...] es necesaria una mayor supervisión [...] que produce más alienación y alienta corrupción e indiferencia. [...] Los investigadores mismos, y hasta los administradores de la ciencia, no son más responsables en primera instancia ante sus pares sino, hacia arriba en la jerarquía, ante quienes controlan los fondos." (Obra citada, pp. 202-203).

• "El trabajo científico 6 mismo tiene que ser producido: Las universidades y las escuelas vocacionales tratan de preparar los diversos niveles de trabajadores científicos al costo mínimo, transformando el proceso de educación en un servicio externo de los departamentos de personal de las empresas privadas. [...] Los científicos reaccionan ante esta mercantilización de formas encontradas. Por un lado lo lamentan. Muchos de ellos, provenientes de las clases medias, eligieron la ciencia como una forma de escapar del mundo de los negocios. Eligieron dedicarse a un tipo de trabajo cuyo producto era un valor de uso, valioso por sí mismo y no para el intercambio. Ellos lamentan la pérdida del viejo espíritu de cuerpo y la dedicación altruísta a la verdad que era el mito fundador de la ciencia no mercantilizada. Lamentan la proletarización del trabajo científico y su pérdida de autonomía [...]. Por el otro lado, muchos científicos se apresuran a aprovechar las oportunidades empresariales. [...] Alrededor de los dos tercios de los científicos trabajando en los E.E.U.U. lo hacen para empresas privadas, donde la búsqueda de ganancias es el objetivo francamente reconocido." (Obra citada, p. 203).

Todo esto lleva a que los resultados científicos empiecen a ser patentados. Muchas veces las universidades o los institutos no autorizan la publicación de un artículo antes de que los resultados hayan sido registrados en la oficina de patentes. La universidad británica de Cambridge todavía se está lamentando de no haberse ocupado de patentar en su momento los anticuerpos monoclonales coinventados por César Milstein. Actualmente la mayoría de las universidades norteamericanas y europeas tienen un departamento legal que se ocupa de estos trámites. La discusión actual es si las secuencias que se van determinando del genoma humano pueden ser patentadas o deben ser consideradas como "patrimonio de la humanidad". Lo que posiblemente suceda es que, tarde o temprano, como en el resto de la sociedad, prevalezca el criterio capitalista: si puede dar ganancias entonces debe ser patentado.

"Como resultado de estos desarrollos, las divisiones de clases que recorren nuestra sociedad de conjunto también lo hacen a nivel de la ciencia. La mayoría del millón de científicos trabajando en los E.E.U.U. forman un proletariado científico; venden su fuerza de trabajo y no tienen control sobre el producto de su trabajo. En el otro extremo, a lo sumo unos pocos miles forman la burguesía científica, invirtiendo en investigación y determinando en gran medida las orientaciones de investigación y desarrollo. En el medio está el grupo de los profesionales pequeño-burgueses trabajando solos o en pequeños grupos en universidades o institutos de investigación." (Obra citada, p. 204).

• "La producción de insumos de capital para la ciencia se ha transformado en una importante industria: Esto incluye reactivos químicos, aparatos, medios de cultivo, cepas estandarizadas de animales de laboratorio e información científica. [...] La tecnología no está orientada a encontrar la manera más barata de estudiar la naturaleza sino a la ganancia en un mercado específico." (Obra citada, p. 204).

A pesar de las diversas opiniones políticas y filosóficas de los científicos, "existe una ideología implícita coherente que puede, con justeza, calificarse como burguesa. Ella incluye las siguientes características:

• Individualismo: La visión atomística de la sociedad, propia del orden burgués, aplicada a la ciencia, afirma que el progreso es llevado a cabo por unos pocos individuos (que casualmente somos "nosotros"). Los científicos se ven como agentes libres llevando a cabo de forma independiente sus propias inclinaciones. [...] El individualismo en la ciencia ayuda a crear la creencia común que las propiedades de una población se deducen de forma directa de las de sus átomos (genes) de poblaciones o sociedades. Transforma también la experiencia subjetiva de la ambición por avanzar en la carrera en la invención del egoísmo como una ley de la evolución 6. Un elemento crucial de la ideología individualista es la negación de ésta.

• Elitismo: Esta afirmación de la superioridad de una pequeña minoría de intelectuales lleva a menudo a la creencia de que la supervivencia de la humanidad depende de la capacidad de esa minoría de obligar al resto de la gente a hacer lo que es bueno para ellos. Esta inclinación está especialmente marcada en los relatos de ciencia ficción sobre resistencia a la opresión, donde unos pocos científicos conspiran para vencer a los dictadores." (Obra citada, p. 204).

• Pragmatismo: "Para los científicos, el pragmatismo significa aceptar los límites impuestos por la mercantilización y la especialización. Significa seguir adelante con el trabajo sin preguntar por qué, lo que fue inmortalizado en una canción de Tom Lehrer: "'Si los cohetes suben, ¿a quién le importa donde caen?. Esa no es mi área', dijo Werner von Braun 7." [...] A los ojos del pragmático, sentimientos sobre la injusticia de ciertos aspectos de la sociedad se ven necesariamente como ideológicos, reflejando inmadurez frente al distanciamiento del académico." (Obra citada, pp. 206-207).

• "Reduccionismo: La especialización del trabajo científico [...] crea un modelo de la organización científica que se ve como el modelo para la organización del mundo. La naturaleza es percibida como siguiendo el diagrama organizativo de nuestra empresa o universidad, con fenómenos similares unidos bajo un único jefe; fenómenos distintos pero relacionados, bajo un decano común; y hechos no relacionados como pertenecientes a distintas facultades o ramas de la empresa." (Obra citada, p. 208).

Todo esto lleva a afirmar a Lewontin, en otro trabajo que la "ciencia es más que una institución dedicada a la manipulación del mundo físico. Tiene también una función en la formación de la conciencia sobre el mundo político y social. La ciencia, en este sentido, es parte del proceso general de educación, y las afirmaciones de los científicos son en gran medida la base para tal formación. El objetivo de la educación en general, y de la educación científica en particular, es no sólo hacernos capaces de manipular al mundo sino también formar nuestras actitudes [hacia éste]. Nadie vio esto más claramente y con más honestidad que una de las figurar políticas más conservadoras de la historia norteamericana, Daniel Webster, quien escribió que «la educación es una forma ingeniosa y liberal de policía mediante la cual la propiedad, la vida y la paz de la sociedad son mantenidas.»" (R. Lewontin, The doctrine of DNA, Harper Perennial, Nueva York, 1991).

Los autores concluyen su trabajo "como socialistas, no criticamos la mercantilización de la ciencia para llamar a una vuelta a los tiempos anteriores. Esto sería tan inútil como las leyes antitrust, las que buscan recrear exactamente esas condiciones que permitieron el ascenso de los trusts. [...] La mercantilización de la ciencia, su incorporación plena al proceso del capitalismo, es el hecho dominante para la actividad científica [...]. Como científicos, vemos la mercantilización de la ciencia como la causa fundamental de la alienación de la mayoría de los científicos de los frutos de su trabajo. Ella separa las brillantes ideas de la ciencia de los correspondientes avances del bienestar humano, produciendo muchas veces resultados que contradicen sus propósitos declarados. La continuación del hambre en el mundo moderno no es el resultado de un problema intratable [..]. Sino, que la agricultura en el mundo capitalista está directamente preocupada por la ganancia y sólo indirectamente con alimentar a la gente. De forma similar, la organización de la salud es directamente una empresa económica y sólo de forma secundaria está influenciada por las necesidades sanitarias de la población. Las irracionalidades de un mundo científicamente sofisticado no resultan de las fallas de la inteligencia sino de la persistencia del capitalismo el que, como efecto secundario, también aborta la inteligencia humana." (Levins y Lewontin, op. cit., p. 208).

Por nuestra parte, coincidiendo en general con los planteos de Levin y Lewontin, queremos agregar que, a pesar de la mercantilización creciente de la ciencia y la proletarización del trabajo científico, siempre quedan espacios para el pensamiento independiente y la creación científica que sea capaz de cuestionar al sistema(8). Esto no significa, sin embargo, que debamos centrar nuestra lucha en preservar esa relativa independencia de pensamiento sin salir del dominio universitario. Como plantean los autores, el proceso de mercantilización de la ciencia depende del sistema capitalista y, mientras éste siga existiendo, esos espacios se van a ir reduciendo inexorablemente. Es por eso que la única forma efectiva de lograr desarrollar la independencia del trabajo científico con respecto al capitalismo es acabar con éste.

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NOTAS

nota1

La forma de evaluación tradicional y "pura" de la producción científica es la evaluación por los pares, es decir, por científicos de la misma área.

nota2

Un ejemplo clásico fue el enfrentamiento entre Newton y Leibnitz, cuando el capitalismo estaba aún muy lejos de inficcionar a la ciencia, reivindicando la invención del cálculo infinitesimal.

nota3

Es interesante que James Wible, un economista neoclásico, propuso en un artículo en la revista Philosophy of the Social Sciences de marzo de 1992, una interpretación del fraude científico basada en los modelos neoclásicos donde el científico tiene una "función de producción" y calcula los beneficios y riesgos asociados al fraude.

nota4

En las ciencias experimentales es habitual que los artículos sean firmados no sólo por sus verdaderos autores, sino también por los jefes de los laboratorios. Por ejemplo, el propio Baltimore, firmó más de cien artículos entre 1986 y 1990.

nota5

Si bien citamos literalmente, entendemos, por lo que sigue, que los autores se refieren a la fuerza de trabajo científica y no al trabajo científico.

nota6

Hoy día, una buena parte de los biólogos evolucionistas explican el comportamiento individualista y egoísta del individuo en la sociedad capitalista como debido a que todos tenemos "genes del egoísmo" que es lo que permitió y permite la evolución. Intentar cambiar ese comportamiento -y por supuesto la sociedad capitalista- resultaría entonces una utopía.

nota7

Werner von Braun fue el experto que desarrolló, bajo la Alemania nazi, los misiles V2 que fueron arrojados sobre Londres. Luego de la guerra pasó a trabajar para los Estados Unidos y fue uno de los iniciadores de su programa espacial.