Desocupación y Consignas Transicionales

Edi Mondes

Las propuestas políticas hechas a raíz de los altísimos índices de desocupación que se registran en los últimos meses, plantean a los marxistas la tarea específica de analizarlas críticamente. No sólo hay que dar una explicación materialista del desempleo en el capitalismo: es necesario intervenir frente a los planteos de otras corrientes, especialmente cuando vemos mistificaciones que abonan la reproducción ideológica del sistema. En este caso, la importancia del tema, -dada por el grado que el desempleo ha alcanzado-, ha generado que todos los sectores sociales y políticos presenten políticas para, supuestamente, darle solución.

En el artículo de Astarita que precede a éste, se explica cómo la desocupación es en el capitalismo uno de los modos centrales de disciplinamiento de la fuerza de trabajo. La existencia de un ejército de desocupados, lo que Marx denominara ejército industrial de reserva, determina un mercado en el cual se dificulta vender la fuerza de trabajo, actuando ésto como presión objetiva que posibilita la baja general de salarios y por lo tanto el aumento de la tasa de plusvalía. Esto funciona de lastre permanente en las condiciones laborales, necesario para la lógica del capital, evitando y/o contrarrestando las presiones que pudieran existir por mejores condiciones de trabajo y salariales.

Pero traspasado un límite, un cierto porcentaje, la burguesía misma, -a través de su gobierno y sus comunicadores sociales-, se ve obligada a dar respuesta a la desocupación. Incluso en condiciones como las actuales, con la clase obrera con enormes dificultades para resistir el avance del gobierno frente a la casi totalidad de sus conquistas, un índice oficial de 18,6% de desocupados en la Argentina1, puede generar una importante crisis de legitimación para el régimen. Es por eso que todos los sectores, incluso algunos ligados al gobierno, han hecho declaraciones sobre la necesidad de disminuir la actual tasa de desocupación.

El objetivo de este artículo no es analizar la totalidad de las distintas propuestas que se plantean frente a esta situación. Parte de éstas son, como se desprende del párrafo anterior, intentos por evitar la crisis de legitimación a la que hacíamos referencia. No nos detendremos en éstas, ya que son objeto de estudio del artículo precedente que ya mencionamos. Queremos, en cambio, focalizar en las soluciones que desde un sector específico de la izquierda se le plantean a los trabajadores: nos avocaremos a las propuestas del trotskysmo. Estas se plantean atacar el problema de la desocupación, pero con el objetivo estratégico de un cambio más estructural del sistema capitalista. Sin ser esto último privativo de los grupos trotskystas, creemos que sí es específico de ellos la forma particular en la que se interviene frente a las masas y la vanguardia. Es decir, un militante guevarista puede creer que por medio de una acción violenta aislada puede acabar con la apatía de las masas y generar una movilización que cuestione al sistema de conjunto. Las corrientes que se reivindican del trotskysmo, en cambio, utilizan el arma de las consignas transicionales para actuar de puente entre la conciencia atrasada de las masas y las tareas objetivamente planteadas. Es esta lógica subyacente en sus políticas la que queremos analizar críticamente. En este sentido este artículo es parte y producto de un trabajo mayor que esperamos publicar próximamente.

Los grupos trotskystas y la desocupación

Queremos antes de comenzar con el análisis de este modo de razonar, mostrar a partir de algunos ejemplos la unidad de las distintas agrupaciones en esta concepción. Mas allá de las diferencias existentes entre MAS, PO, MST, PTS y otros grupos menores, la coincidencia en lo propuesto frente a la desocupación manifiesta una estructura lógica común.

Hemos revisado las prensas y los volantes de estas organizaciones aparecidas en los últimos meses y trataremos de resumirlos en algunos ejemplos paradigmáticos. El carácter representativo de estos ejemplos será reconocido por cualquiera que haya leído algunos volantes o periódicos de estas organizaciones.

El Partido Obrero saca en la tapa de su Prensa Obrera No. 456 del 18/7/95 una nota titulada Hay una salida a la desocupación. En ella se afirma que "Pretender superar la desocupación masiva, o siquiera atenuarla, sin medidas anti-capitalistas , es un soberano engaño." Por eso proponen "una acción colectiva y coactiva de los trabajadores." Para ello, "Por ley debe imponerse, efectivamente, la prohibición de suspensiones y despidos.(...) Por ley debe imponerse también el reparto de las horas disponibles de trabajo entre todos los que están en condiciones de trabajar." En el periódico siguiente, 457 del 25/7/95, definen un programa para organizar a los desocupados. En él, se propone la prohibición de los despidos, la expropiación de las empresas que cierren o despidan, el reparto de horas de trabajo sin afectar al salario, seguro de desempleo, aumento de salarios para reactivar el consumo, plan de obras públicas, suspensión de cobros por servicios (luz, gas, teléfono) a los desocupados. Para realizar ésto, proponen el no pago de la deuda, impuestos a los grandes propietarios, que la CGT, MTA y CTA llamen a una huelga general, y culminan con el ya recurrente en estas corrientes, "Fuera Menem - Cavallo".

Es casi imposible citar publicaciones de otras corrientes trotskystas sin repetir estas consignas. Exactamente lo mismo es propuesto por ejemplo en un volante del MAS con fecha 4/9/95, -Frente al Paro del 6 y la Concentración Convocada por la CGT-. En artículos de su prensa, Solidaridad Socialista, aparecen las mismas políticas.2

La lucha por la revolución y las consignas de transición

Estas propuestas parten del hecho real de que las masas no ven en la actualidad la necesidad de enfrentar al sistema capitalista. Hoy la clase obrera cree que existe la posibilidad de acabar con la desocupación sin terminar con la explotación capitalista. Este punto de partida es indiscutible, las masas no echan la culpa de su situación social a las relaciones de producción porque creen que si se modifica el plan económico, se cambia a Cavallo, o a lo sumo en los casos más radicalizados se logra echar a Menem y reemplazarlo por otro gobierno burgués con un discurso a favor de los trabajadores, su situación puede modificarse radicalmente.

Este punto de partida es esencialmente correcto: es obvio que para una corriente revolucionaria éste es un enorme problema que debe abordarse. Nuestra perspectiva no parte de negar que la lucha debe tomar en cuenta estas condiciones sino que queremos cuestionar la forma específica en la que el trotskysmo lo intenta.

El problema consiste en cómo se genera un avance en la conciencia. Los grupos trotskystas creen tener la táctica precisa que permitiría que el movimiento obrero, partiendo de su necesidad de modificar su angustiante situación, alcance una conciencia revolucionaria y avance a la toma del poder para instaurar una sociedad socialista. Para estas agrupaciones, el factor esencial en el avance de la conciencia es la movilización. Por lo tanto su táctica consiste en proponerle a las masas una solución inmediata a su problema, algo que pueda ser fácilmente asible para ellas y que responda a sus necesidades imperiosas.

Es importante remarcar que no estamos hablando de todas las consignas que proponen algo inmediato. No cuestionamos en sí la importancia de consignas que proponen paliativos, intentos de resistir ante el avance de la burguesía y el gobierno o incluso lograr mejoras para la situación de la clase. Volveremos sobre éstas luego, pero nos adelantamos a afirmar la necesidad de este tipo de propuestas, explicando sus limitaciones.

Sí queremos profundizar sobre otro tipo de consignas, las transicionales. Estas son contradictorias, imposibles de lograr bajo estas relaciones de producción, y son las que caracterizan la propaganda de los trotskystas. El razonamiento parte de que por su atraso en la conciencia, las masas no comprenden que la realización de determinadas políticas es imposible bajo el capitalismo. Por eso, la propuesta de estos grupos tiene como objetivo plantearles que luchen por esas soluciones, para así arrancar la movilización del movimiento obrero. Este comenzaría a pelear sin saber aún con que enemigos se estaría enfrentando, las implicancias de su lucha. Así, por ejemplo, los trotskystas esperan poner al movimiento obrero en movimiento por una ley que prohíba los despidos. Cualquier obrero no podría dejar de ver con buenos ojos que una ley prohíba lo que más teme en este momento, el quedarse desocupado.

Estos grupos saben perfectamente que efectivizar una ley así es imposible bajo el capitalismo, pero como los obreros no, la táctica de los trotskystas es que lo comprendan en la movilización, al tener que enfrentar al régimen. De prosperar la lucha, éste tendría obviamente que reprimir o doblegar esta movilización. Esto generaría un avance en la conciencia de las masas, que podrían de este modo empezar a visualizar la necesidad de encarar una lucha más profunda, que enfrente al régimen y eventualmente al sistema de conjunto.

Esta sería la lógica más general del razonamiento de estas corrientes. Un ejemplo en este sentido es el del comienzo de la revolución rusa de 1905, donde las masas hambrientas marcharon dirigidas por un cura, Gapón, para pedirle al zar mejoras en sus condiciones de vida, sin cuestionar al régimen. La represión sangrienta de las fuerzas zaristas a esta movilización enfrentó y radicalizó a las masas, inicialmente pacíficas, quienes se vieron obligadas a ir mucho más lejos de su voluntad inicial, perdiendo toda confianza en el zar y enfrentándolo.3

Trotsky y la lógica de las consignas de transición

Este razonamiento que expusimos es distintivo de todas las corrientes que se reivindican trotskystas. En general, aspiran a reproducir el planteo de El programa de Transición, escrito en 1938 por Trotsky. Este hace eje en las reivindicaciones transicionales que deben agitarse para llevar al proletariado hacia la toma del poder. Incluso la consigna de Escala móvil de horas de trabajo con igual salario está tomada directamente de dicho programa.

El planteo parte de que las condiciones objetivas están maduras para la revolución. El programa del partido revolucionario es acorde a esta situación objetiva. La situación de la conciencia de las masas, el factor subjetivo, está no obstante mucho más atrás: no aceptan el programa de la revolución socialista, no están maduros para él.

Entonces se nos plantea la cuestión de como presentar este programa a los trabajadores. Esto es naturalmente muy importante. Debemos combinar la política con la psicología de masas y la pedagogía, construir el puente hacia sus mentes.4

A partir de esta tarea, Trotsky propone algunos lineamientos sobre como llevarla a cabo5:

Por algún tiempo debemos tratar de concentrar la atención de los trabajadores en una consigna: escala móvil de salarios y horas de trabajo.

El empirismo de los obreros americanos le ha dado a los partidos políticos mucho éxito con una o dos consignas - impuesto único, bimetalismo-, se esparcen entra las masas como un incendio. Cuando ven fallar una panacea, entonces esperan una nueva. (...) [Insistimos en que] toda persona debería tener la posibilidad de vivir de un modo decente, no peor que ahora, y le exigimos al Sr. Roosevelt y su gabinete que propongan un programa de obras públicas en el que cualquiera capaz de trabajar pueda hacerlo con salarios decentes. Esto es posible con la escala móvil de salarios y horas de trabajo.

... en un principio esta consigna es totalmente adecuada para la situación. Pero las otras pueden ser agregadas a medida que se desarrolle el proceso. Los burócratas se le opondrán. Luego, si la consigna se hace popular entre las masas, tendencias fascistas se desarrollarán en la oposición. Diremos que necesitamos desarrollar escuadrones de defensa. Yo creo que en un comienzo esta consigna (escala móvil de salarios y horas de trabajo) será adoptada. En realidad éste es el sistema de trabajo en una sociedad socialista - el total de horas de trabajo dividido por el total de obreros. Pero si presentamos al sistema socialista de conjunto, éste va a parecer utópico al americano medio, algo que viene de Europa. Debemos presentarlo como una solución a la crisis que debe asegurar su derecho a comer, a tomar, a vivir en viviendas decentes. Es el programa socialista, pero en una forma muy popular y simple.(L.T.)

Podemos observar como, en una primera aproximación, la lógica de Trotsky es esencialmente similar a la expuesta anteriormente para los grupos trotskystas. Trotsky también es conciente de que esta consigna es irrealizable en el capitalismo. Ante esta cuestión planteada por uno de sus camaradas, Trotsky señala que:

Es más fácil derribar al capitalismo que lograr esta demanda bajo el capitalismo. Ninguna de nuestras demandas se realizarán bajo el capitalismo. Por ese motivo las llamamos demandas transicionales. Crean un puente hacia la mentalidad de los trabajadores, y entonces un puente material hacia la revolución socialista. Toda la cuestión es cómo movilizar a las masas para la lucha.6

Crítica a la lógica transicional generalizada

La utilidad de este tipo de consignas, en determinadas situaciones, es innegable. Veremos ahora el uso hecho de ellas por Marx y Engels en la revolución europea de 1848 por ejemplo, o de los bolcheviques en los procesos revolucionarios en Rusia de principios de siglo.

Al comienzo de El Programa de Transición Trotsky hace referencia al programa mínimo y máximo de la Socialdemocracia. Contrapone a éstos su programa, puente entre las demandas actuales de las masas y el programa de la revolución socialista. Curiosamente, Trotsky no parte de un examen crítico de ninguna de las otras experiencias importantísimas del movimiento obrero, sea en época de Marx y Engels o incluso la propia experiencia de los bolcheviques y los primeros congresos de la Tercera Internacional, en las que él había jugado un rol tan protagónico. Sin embargo la discusión sobre las consignas transicionales tiene ya una larga historia para la época en que está escrito este programa: existen valiosas contribuciones a la misma en los textos de Marx, Engels o Lenin. El propio Manifiesto Comunista escrito en diciembre de 1847 ante el surgimiento de la revolución europea contiene un programa de consignas transicionales. Si bien Trotsky resignificó de manera importante las consignas transicionales, éstas formaban parte ya del arsenal del movimiento obrero organizado.

Comencemos analizando la concepción de Trotsky en El Programa de Transición y veamos la relación con su uso anterior. En primer lugar hay que señalar que dicho programa fue escrito en una época caracterizada por Trotsky como pre-revolucionaria o directamente revolucionaria. Creemos que éste es un error importante, pues la derrota política de la URSS, la derrota de la revolución española, del frente popular en Francia, el ascenso y consolidación del nazismo en Alemania, etc. configuraban una situación bastante reaccionaria de conjunto, como incluso de muchos de sus análisis concretos se desprende. Si bien con ambigüedades, Trotsky señala en las discusiones que tienen lugar antes de la aprobación del programa por su organización, que en el caso en que la burguesía hallase una tregua política los revolucionarios tendrían que cambiar su programa.7 Esto, que es contradictorio en Trotsky, es en cambio lo decisivo en la posición de Marx y Engels en relación a las consignas de este tipo.8

Para ellos, estas demandas sólo tienen sentido si se agitan en el marco de un levantamiento masivo, en el que está planteada la toma del poder, o como propaganda para las más amplias masas después de la toma del poder9. Esta posición fue sostenida por Engels en una discusión con Karl Heinzen en septiembre de 1847.10 Heinzen era un demócrata "radical" que pregonaba reformas sociales como preparación para la abolición de la propiedad privada, pero sin ponerlas en íntima relación con la situación insurreccional. Su propuesta era justamente el reparto de horas de trabajo por el estado. Al estar desligado de la insurrección, sus propuestas resultaban totalmente inconsistentes, cualquier economista burgués las podía rebatir. Engels le explicará que estas medidas:

...son posibles porque detrás de ellas está el conjunto del proletariado insurreccionado y sosteniéndolas con las armas en la mano.11

El planteo de Engels, y esto es lo esencial a retener, apunta a no presentar este tipo de medidas como si fueran posibles bajo condiciones no revolucionarias. Para comprender esta idea de Engels, fundamental, ejemplificaremos, si bien esquemáticamente, con el caso que nos ocupa, la desocupación. Cualquier economista puede demostrar que la medida de escala móvil de horas de trabajo es, bajo estas relaciones de producción, completamente inconducente. Generaría huida de capitales, que buscarían invertir en lugares donde no sufran este tipo de restricciones, y por ende cierre de fábricas. Los capitalistas argentinos obviamente tampoco tendrían ningún motivo para hacer inversiones en el país y las harían en otro lado. Miles de empresas pequeñas sin posibilidad de trasladarse a otros países con condiciones más favorables de explotación deberían cerrar, con el consiguiente aumento de desocupados. Si estuviéramos en una situación insurreccional, la propia experiencia de las masas obreras frente a esta situación las haría avanzar un paso más, expropiando las fábricas y a su vez organizándose con armas para defender lo conquistado. En este caso sí podría darse el proceso que planteaba Trotsky. El rol del estado burgués en esta instancia, con la propaganda marxista, podría ser comprendido por la clase, la que junto con el partido revolucionario podría avanzar hacia la toma del poder. Pero para ésto es condición necesaria que haya un grado de movilización revolucionaria importante. La experiencia, y hasta el sentido común, muestran que ninguna movilización comienza por un llamado de un pequeño grupo, centralmente marginales a la clase, por más audaz que sea su consigna.

La advertencia de Engels en funcionamiento

Esta idea, lo inconducente de este tipo de propuestas en un período no revolucionario, se puso en evidencia con claridad en una polémica sostenida por un trotskysta francés, Maxime Durand, del grupo de economistas de la Liga Comunista Revolucionaria12 y Alain Lipietz, economista de la corriente regulacionista, miembro de la Comisión Económica de los Verdes franceses13. Ambos grupos forman en Francia parte de un colectivo de lucha contra el desempleo, y en esta discusión plantean dos posiciones como propuestas frente al mismo. Lo que queremos mostrar aquí es con que precisión se pone en funcionamiento la advertencia que hiciera Engels en 1847. Durand defiende la política de las 35 hs. de trabajo semanal, sin reducción de salario. Lipietz le demuestra la inconsistencia de esta propuesta:

A partir de ahí, un acuerdo "capital-asalariados" por las treinta y cinco horas sin disminución de salario podría muy bien hacerse...a condición de cerrar los establecimientos menos productivos, disminuir los gastos de protección social y las reglamentaciones de defensa del medio ambiente (lo que fue en definitiva la política del boom thacheriano, arrastrado por los altos salarios).

Durand va a contestarle que el objetivo de la LCR no es una propuesta viable para las clases dominantes sino

...defender un proyecto radical que sintetice las aspiraciones populares y se oponga punto por punto a los proyectos de una burguesía que no tiene, verdaderamente, nada de humanista.

Si las aspiraciones populares son opuestas a la lógica de la burguesía, pero las masas no cuestionan al sistema de conjunto, nuestra función debiera ser precisamente explicar ésto, y así ayudar a crear el factor subjetivo para la transformación socialista. Esta es la tarea de los marxistas. Insistiremos una y otra vez en ésto: sin esta labor la conciencia de las masas no podrá romper con el inmediatismo, con el sindicalismo, con las políticas burguesas o pequeñoburguesas en general. Esto es precisamente lo que Lenin remarcó en el Que Hacer: sin esta tarea de propaganda las masas no adquieren una conciencia revolucionaria.

Ahora bien, una cosa es explicarle este proceso a las masas o a la vanguardia. Otra cosa muy diferente, opuesta, es decirle a la vanguardia en una situación como la actual, que hay que luchar por la escala móvil de horas de trabajo.

Lenin frente a las consignas de transición

El mismo tratamiento de Engels en relación a las consignas de transición puede encontrarse en Lenin. Sólo en los procesos revolucionarios de 1905 y 1917 encontraremos consignas de este tipo. Por el contrario, su posición en contra de estas consignas no acompañadas de un programa por la toma del poder, -tal como lo planteaba el reformismo menchevique-, es una constante en su obra.

Esto puede verse por ejemplo en las discusiones sobre el programa agrario de la socialdemocracia rusa. Los mencheviques defendían un programa de municipalización de la tierra; acorralados por las críticas bolcheviques, trataron de defenderse sosteniendo que tal medida sería un punto de apoyo "en el proceso de lucha" contra la monarquía y la república. Lenin reconoce que éste es un argumento importante, pero denuncia a los mencheviques precisamente porque en su programa no decían una palabra de semejante perspectiva ni ligaban la lucha campesina indisolublemente a la insurrección y a la derrota del estado zarista. Precisamente acusa a los mencheviques de no plantear su medida como:

temporaria y transitoria, en el curso de la revolución, es decir como instrumento de lucha para conquistas posteriores.14

Y agrega que:

...al plantear en mi programa que los comités revolucionarios de campesinos constituyen un instrumento de la revolución, una base para la lucha por conquistas posteriores, afirmo sin ambagues: el partido aconseja a los comités de campesinos apoderarse de las tierras y disponer de ellas hasta la asamblea constituyente.15

La política de Lenin no es: "primero agitamos la nacionalización de la tierra como panacea a los problemas de los campesinos, para que éstos salgan a luchar por esa consigna y luego adquieran conciencia de la necesidad de la insurrección". Por el contrario, critica una y otra vez este razonamiento escalonado porque consideraba que la nacionalización de la tierra sin la destrucción del estado zarista era una medida reaccionaria y por lo tanto debía ser explicada en unidad inmediata con la necesidad de la insurrección, así como con otras explicaciones, tales como el significado de la revolución burguesa en Rusia, la naturaleza de la nacionalización de la tierra, etc. De lo contrario, dice, tomada en sí misma, la nacionalización se convierte en una medida que lleva a la componenda con la reacción. A pesar de que el programa mínimo de los bolcheviques entonces no tenía nada de reformista -era el programa de la dictadura revolucionaria de obreros y campesinos-, Lenin no levanta un programa "transicional" para que las masas suban "en escalera" hasta la insurrección, donde las consignas se van lanzando aisladamente, una tras otra.

Un segundo ejemplo de su concepción sobre el programa transicional nos lo brindan las medidas de democratización radical del Estado, planteadas ahora sí en un proceso de tipo insurreccional, pero ligándolas a la revolución socialista:

La completa elegibilidad y la revocabilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del "salario corriente de un obrero", estas medidas democráticas, sencillas y "comprensibles por sí mismas", al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización estatal, puramente política, de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la "expropiación de los expropiadores" ya en realización o en preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social.16

Citaremos ahora un pasaje de las resoluciones del Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (1922) donde este problema es atacado directamente:

3. En el programa de las secciones nacionales, la necesidad de la lucha por las reivindicaciones transitorias debe ser fundamentada con precisión y claridad; deben ser mencionadas las reservas acerca de las relaciones de esas reivindicaciones con las condiciones concretas de lugar y tiempo.

4. Los fundamentos teóricos de todas las reivindicaciones transitorias y parciales deben ser absolutamente formuladas en el programa. El Cuarto Congreso se pronuncia resueltamente tanto contra la tentativa de representar la introducción de reivindicaciones transitorias en el programa como una acción oportunista, como también contra toda tentativa de atenuar o reemplazar los objetivos revolucionarios fundamentales por reivindicaciones parciales.17

En Lenin, así como en Marx y Engels, cuando una consigna es irrealizable bajo el capitalismo, ésto debe ser dicho claramente a la clase obrera. Esto es opuesto a la lógica de Trotsky. En la cita que hemos visto tomada de las discusiones internas, refiriéndose a la escala móvil de salarios y horas de trabajo, éste le plantea a sus partidarios que "Es más fácil derribar al capitalismo que lograr esta demanda bajo el capitalismo". Sin embargo, en el programa, se le plantea a las masas que

La "realizabilidad" o "irrealizabilidad" [de ésta consigna] es en la actual instancia una cuestión de relación de fuerzas, que puede ser decidido sólo a través de la lucha.18

Por otro lado, cuando ésto no es hecho, al margen de la lógica reformista, posibilista, que esta omisión encierra, la política de un partido construido en base a la propagandización de este tipo de consignas se hace totalmente inefectiva, coadyuva a la marginación de estos grupos. Concretamente, por ejemplo, para cualquier trabajador, en una situación como la actual, resulta impensable la posibilidad de que haya una ley que prohíba los despidos. El vive en su cotidianeidad la presión de los millones de trabajadores desempleados y no arriesgaría su trabajo por una lucha ante semejante utopía. El bajo grado de combatividad actual de la clase obrera lo lleva a ver esta propuesta como delirante. En lugar de plantearle la necesidad de transformar las relaciones sociales, vimos como los trotskystas se esfuerzan en plantearle la posibilidad de tal medida.

El uso ilimitado de consignas de transición: consecuencias

A partir de lo que hemos planteado sobre el uso que las consignas de transición han recibido por los clásicos, avancemos más sobre las consecuencias del uso ilimitado, para todo tiempo y lugar, de la lógica transicional por parte de los grupos trotskystas.

Estas corrientes han manifestado en muchas ocasiones la imposibilidad de que el capitalismo conceda reformas. En ese sentido, su visión catastrofista e inamovible de la situación económica mundial -¡desde 1914!19- los lleva a caracterizar que el capitalismo se encuentra en una situación que directamente no le permite otorgar ningún tipo de mejora. Escapa al objetivo de este artículo el análisis de esta posición, sólo apuntamos que tanto la totalidad de la teoría marxista expresada en la obra de los clásicos, como cualquier tipo de investigación empírica muestra la inconsistencia de esta concepción.

Sin embargo, hemos visto que la característica central de la política de estas corrientes es el planteo de reformas, más o menos radicales. Así, son levantadas de igual modo y con el mismo tono consignas que objetivamente el capitalismo, en algunos momentos y en muchos casos precariamente, puede otorgar, junto con consignas que son absolutamente inviables dentro del sistema20. Pese a que para estos grupos todas las reformas son igualmente inviables, dado el agotamiento del capitalismo como sistema, la lucha por preparar el factor subjetivo para la transformación socialista, el trazado del puente entre la conciencia y la situación objetiva, se convierte en convencer a las masas y a la vanguardia de la factibilidad de estas reformas.

Esta tarea, la necesidad de defender estas consignas como posibles, a fin de arrancar la movilización, lleva a estos grupos a defender todo tipo de quimeras. Cuando se llega a este punto, toda coherencia debe ser abandonada. Así, por ejemplo, hemos escuchado defender con los argumentos más nacionalistas la posibilidad de vivir con lo nuestro ante la probable reacción internacional frente al no pago de la deuda externa.

Desarrollemos este ejemplo, paradigmático, pues estos grupos han hecho eje en el No Pago en reiteradas ocasiones.

Esta consigna había sido definida como clave para arrancar la movilización al comienzo de la década pasada. La situación, si bien diferente que la actual, no tenía un ápice de revolucionaria. En ese marco, había que convencer a las masas de que la solución de todos los problemas estaba en la realización de esa consigna. Se agitaba esa demanda tanto en el período electoral como en procesos de luchas sindicales reivindicativas, tratando de unificar todas los reclamos detrás de esa consigna solución. En esas condiciones, los economistas burgueses presentaban objeciones, que se hacían imposibles de contestar -en forma marxista- si no se explicaba que esa consigna sólo tenía sentido si era apoyada por toda otra serie de medidas revolucionarias, en particular por el proletariado armado, las expropiaciones, la toma del poder y por el apoyo del proletariado internacional. Pero el MAS, en ese momento el más importante de los partidos trotskystas, no podía explicar todo ésto, porque hubiera implicado cambiar toda su metodología. En ese caso la consigna hubiera perdido el carácter de demanda transicional para la agitación y la movilización inmediata. Debe recordarse que por agitación se concibe la repetición sistemática de esa demanda ante las masas. Todos los condicionamientos mencionados, que exige la aplicación en un sentido revolucionario de la consigna del no pago de la deuda externa, hubieran puesto en cuestión la posibilidad de movilizar a las masas detrás de ella, y le hubieran dado un carácter propagandístico a la actividad (propagandístico en el sentido de dar muchas ideas). Era necesario, imprescindible, presentar como "factible" en lo inmediato la consigna, para que las masas votaran al MAS o para que aprobaran en alguna asamblea sindical la exigencia al gobierno del no pago, inmediato, de la deuda externa. Era necesario demostrar que un gobierno burgués podía aplicar tal demanda en un sentido progresivo, que se la podía arrancar bajo el capitalismo, para que las masas lucharan por ello.

Esa necesidad llevó a los militantes trotskistas a deslizarse por la pendiente del oportunismo, del pacifismo y del nacionalismo. Explicaciones del tipo de "el imperialismo no nos puede atacar si no pagamos" o "podemos vivir con lo nuestro porque la Argentina tiene recursos" se convirtieron en algo cotidiano. Todo se ponía al servicio de que las masas vieran la consigna como accesible y a superar las objeciones -que en el fondo eran incontestables para esa situación política-. Nótese que embarcado en esta lógica, el MAS terminó por adoptar como propia la consigna del economista del partido radical Aldo Ferrer de pagar con sólo el 10% de las exportaciones, además de enredarse en las más sofisticadas argumentaciones para responder a las críticas burguesas que llovían por todos lados. Pero la estocada final fue dada por el ejemplo del no pago de la deuda externa por el gobierno de Alan García en Perú; llegados a ese punto toda la agitación en torno a la consigna "solución" se derrumbó.

En aras de defender esta consigna, que en otro contexto puede ser muy útil y necesaria, las corrientes trotskystas infaliblemente caen en argumentos falaces en los cuales es posible aislarse del contexto internacional, pudiendo asignar los recursos que salen al exterior para mejorar la salud, vivienda, condiciones de trabajo, etc, ...y sin necesidad de derrocar al sistema capitalista.

En otro plano, pero con el mismo razonamiento, todas estas corrientes utilizan la consigna de Control Obrero. En el caso específico de los despidos, se llama a que los obreros controlen las fábricas que quieran cerrar o despedir personal. Esta consigna se considera válida para cualquier momento y lugar. Sin embargo, es evidente que el control obrero de algunas fábricas no podría revertir ni siquiera la crisis de esa empresa específica. O sea, una empresa que quiere reducir personal, que está en crisis porque por ejemplo no puede competir en el mercado con lo que se importa de un país con mayor productividad o con mano de obra más barata, sólo podría ser eventualmente levantada o con una importante inyección de capital para renovar maquinarias, o con la superexplotación de los obreros, aunque sea a cargo de los obreros mismos!21

En su visión, el objetivo es movilizar a la clase obrera22, aún engañándola, para que en el marco de la movilización y de la lucha comprenda la imposibilidad de lograr aquello por lo cual luchaba, lo que la obligue a radicalizarse. Supuestamente, en ese momento se les dirá la cruda verdad, -la necesidad del socialismo-. Por el momento es sólo una verdad para algunos conspicuos, alcanza con repetirla en cursos internos o en algún que otro artículo. Por ejemplo, los actos y artículos por el 1ro. de Mayo son una buena oportunidad para ésto.

Pero mientras tanto, se enmascaran las contradicciones del capitalismo si no se dice que, por ejemplo, una ley que prohíba los despidos es incompatible con el sistema capitalista. Los marxistas nos caracterizamos por desnudar la lógica del capital, su dinámica, sus contradicciones. Estos grupos se caracterizan por enmascararla, por abogar por leyes que sin modificar la estructura de poder (que es el que las legislaría!), modifiquen las irreformables miserias del capitalismo.

No queremos decir con esto que la voluntad de los trotskystas no sea, teóricamente, la transformación socialista de la sociedad. Lo que queremos plantear es que producto de una gran cantidad de factores, -presiones pequeñoburguesas y nacionalistas, sindicalismo, inconsistencia teórica, etc.-, su lugar ayuda a las mistificaciones burguesas.

Lenin frente a los males del capitalismo

Vamos a mostrar ahora con algunos ejemplos concretos la ubicación de Lenin en diferentes momentos de su actividad frente a la desocupación. Queremos ejemplificar con ello lo que consideramos una posición de principios, demostrar cómo Lenin plantea los objetivos finales, lejos de omitirlos como hacen los grupos que se reivindican trotskystas.

Comenzaremos mencionando un artículo de Lenin aparecido en el Pravda en abril de 1913. Nos parece de sumo interés resaltar la forma de hacer política del dirigente bolchevique que, literalmente, aprovecha toda oportunidad para mostrar la inevitabilidad de los males del sistema capitalista, la necesidad de transformar revolucionariamente la sociedad. En este artículo: Una gran victoria de la técnica23, Lenin va a destacar el avance técnico que significa el descubrimiento del proceso de obtención de gas a partir de la hulla, directamente en el yacimiento. Pero inmediatamente aclara:

Pero las consecuencias de esta revolución para toda la vida social en el régimen capitalista contemporáneo serán muy distintas de las que este descubrimiento traería bajo el socialismo.

Bajo el capitalismo, la "liberación" del trabajo de los millones de mineros ocupados en la extracción de hulla acarreará inevitablemente el paro forzoso en masa, una colosal agudización de la miseria, un empeoramiento de la situación de los obreros. En cuanto a las ganancias derivadas de este gran descubrimiento, se las embolsarán los Morgan, los Rockefeller (...) y demás lacayos del capital.

Bajo el socialismo (...), permitirá inmediatamente reducir para todos la jornada de trabajo de 8 horas, por ejemplo a 7, y aún menos.24

Lenin explica otras ventajas que este descubrimiento tendría bajo el socialismo para concluir el artículo con esta frase:

La técnica del capitalismo demuestra cada día más, ser superior a las condiciones sociales que condenan a los trabajadores a la esclavitud asalariada.25

Veamos también las Resoluciones de la VI Conferencia de toda Rusia del POSDR de enero de 191226. Allí, en la resolución sobre Las tareas de los socialdemócratas en la lucha contra el hambre, problema conexo al de la desocupación, se dispone:

a) Tensar todas las fuerzas socialdemócratas para ampliar la propaganda y la agitación entre las grandes masas de la población, y sobre todo entre el campesinado, explicando la relación que existe entre el hambre y el zarismo y toda la política de éste (...) y divulgar las reivindicaciones políticas de la socialdemocracia: el derrocamiento de la monarquía zarista y el establecimiento de una república democrática y, luego, la confiscación de la propiedad agraria de los terratenientes;...27

Nótese como en primer lugar la tarea es explicar la relación entre el hambre, -en otro pasaje de la resolución se hace referencia a la desocupación también-, y el derrocamiento de la monarquía. En este sentido, probablemente sea apropiado aclarar que significa, en este momento para Lenin, el establecimiento de una república democrática. Esto está aclarado unas páginas antes:

...la tarea de la toma del poder por el proletariado, que lleva en pos de sí al campesinado, continúa siendo la tarea de la revolución democrática en Rusia. La conferencia exhorta a los camaradas a prestar particular atención a lo siguiente:

1) que, lo mismo que antes, la primera tarea que está en el orden del día es el largo trabajo de educación socialista, de organización y cohesión de las masas proletarias de vanguardia;...28

En Lenin, la solución al problema de la desocupación es la toma del poder por parte de la clase obrera, y esto debe ser explicado a las masas. En múltiples ocasiones Lenin menciona directa o indirectamente al capítulo XXIII del Tomo I de El Capital, en el cual Marx explica la necesidad, bajo estas relaciones de producción, del ejército industrial de reserva.

También aparece esta sutura entre desocupación y capitalismo en el caso de las crisis industriales debidas, en su mirada, a la superproducción. Veremos como el análisis de éstas, realizada en este caso en la Rusia soviética pero con resonancia inmediata para la totalidad de la vanguardia obrera mundial, explica, pacientemente podríamos agregar, las consecuencias nefastas para la clase obrera, en lo inmediato, del progreso técnico bajo condiciones capitalistas:

El progreso técnico (...) ocasiona una reducción relativa de la necesidad de fuerza de trabajo vivo de los obreros por los empresarios, la demanda de trabajo desciende necesariamente por debajo de su oferta, en virtud de lo cual aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto del capital y se eleva el grado de explotación del trabajo.

(...) La superproducción que se manifiesta en forma de crisis industriales más o menos agudas, seguidas de períodos más o menos largos de estancamiento industrial, es una secuela inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa.

(...)Por lo tanto, el perfeccionamiento de la técnica, que significa incremento de la productividad del trabajo y aumento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el acrecentamiento de la desigualdad social, la ampliación del abismo entre los ricos y los pobres, el crecimiento de la inseguridad, el desempleo y toda suerte de privaciones para capas cada vez más vastas de las masas trabajadoras.29

Conclusión: Las tareas de la etapa actual

Queremos terminar esta exposición reivindicando y resituando un planteo que con mucha claridad explicitara Rosa Luxemburgo: la necesidad de luchar por reformas, mejoras, paliativos, pero con el objetivo de preparar el factor subjetivo para la transformación socialista de la sociedad. Este es el norte que creemos toda actividad revolucionaria debe tener y es lo que la distingue de los distintos tipos de reformismo.

En palabras de esta dirigente revolucionaria alemana en discusión con el posibilismo de Bernstein:

De modo que si dejamos de lado el mejoramiento inmediato de la situación de los trabajadores -objetivo que el programa del partido comparte con el revisionismo- la diferencia entre las dos posiciones es, en síntesis, la siguiente. De acuerdo con la concepción actual del partido, la actividad parlamentaria y la sindical son importantes para el movimiento socialista porque esas actividades preparan al proletariado, es decir, crean el factor subjetivo para la transformación socialista, para la tarea de realizar el socialismo.30

Para los revolucionarios, la lucha sindical y por la reforma social son válidas cuando:

...están impregnadas de una voluntad firme y consciente de conquistar el poder político. Pero si se separa esa voluntad del movimiento mismo y se convierte a las reformas sociales en fines en sí mismas, entonces dicha actividad no sólo no conduce al objetivo ulterior del socialismo sino que se mueve en sentido contrario.31

Por otro lado, en la lucha por reformas debemos tomar en cuenta que como Marx demostrara, en la mayoría de los casos las luchas de los obreros por elevar los salarios sólo son esfuerzos para mantener el valor de la fuerza de trabajo, pero,

Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor amplitud.32

Creemos que la clave de la actividad revolucionaria puede encontrarse en la síntesis de estas posiciones: luchar contra el capitalismo pero advirtiendo sobre los límites de las reformas preparando el factor subjetivo para los futuros movimientos de mayor amplitud.

La experiencia de los bolcheviques es sumamente ilustrativa al respecto. Lenin explica en reiteradas ocasiones33 cómo el eje de la actividad del partido bolchevique no estuvo centrado en lanzar consignas para la movilización de las masas sino que en la preparación ideológica y política. Incluso llega al punto de desaconsejar la movilización en algunos momentos específicos, en aras de profundizar la propaganda.34

Esto cobra mayores dimensiones en etapas como la actual. Son etapas en las que se preparan las condiciones para cuando venga el ascenso, en las que se preparan los cuadros, en las que un partido revolucionario debe intervenir en las pocas movilizaciones que se dan, pero con pocas posibilidades de convocarlas o darles un contenido.

Sin esta batalla ideológica la vanguardia sucumbe a las enormes presiones sindicaleras, pequeñoburguesas, nacionalistas, etc. El embrión del partido revolucionario debe pelear contra esas presiones. Cómo remarcara Lenin:

La vanguardia política está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo.35

Esa conquista, la vanguardia del movimiento obrero mundial ganada para posiciones revolucionarias, sin la cual no se podía dar siquiera un paso, evidentemente se perdió. Años de stalinismo, de reformismo, de vulgarización del marxismo fueron con distinto grado, parcialmente responsables de que hoy la vanguardia tenga, en el mejor de los casos, una consciencia tradeunionista, imposibilitada de cuestionar al sistema de conjunto. Creemos que en la lógica del propio Trotsky, -en años de enorme confusión ideológica, de control casi hegemónico de la vanguardia por parte del stalinismo-, se soslaya el problema de la vanguardia y de la conciencia en general. Su visión del avance de esta última deja de lado elementos estructurales del funcionamiento del capital, como es el fetichismo de la mercancía, que ocluye el verdadero funcionamiento del proceso de valorización, ocultando la lógica del sistema capitalista y dificultando la toma de conciencia de las posibilidades de subvertirlo. Nos estamos refiriendo a lo que Lenin desde el Que hacer advirtiera, los trabajadores en sus luchas, en la movilización, sólo pueden alcanzar una conciencia combativa; sólo en situaciones revolucionarias, se acercan a ver con profundidad la lógica de la explotación capitalista.

Pensemos, ahora más en concreto, de que manera debemos intervenir los revolucionarios frente a una situación como la actual. Partimos de lo antedicho, pero es necesario dotarlo de determinaciones, acotarlo, mediarlo, concretarlo.

En este sentido, y para poder analizar como a partir de esta posición principista de Luxemburgo y Lenin pensar nuestra intervención concreta, queríamos sintetizar algunos elementos determinantes.

En primer lugar es necesario partir del hecho de que cualquier grupo o partido de izquierda actual es absolutamente marginal. No hay uno sólo entre ellos que tenga una audiencia siquiera mínimamente importante. Sin entrar a analizar las causas para ésto, subjetivas y objetivas, es evidentemente un primer elemento para pensar en concreto nuestra intervención. De aquí se desprende que cualquier movilización, cualquier evento de la lucha de clases es objetivo a cualquiera de nosotros. No tenemos posibilidad de poner en movimiento ningún sector de las masas, cosa que por cierto sólo es imaginable en situaciones revolucionarias importantes, donde el partido revolucionario tiene posibilidades reales de influir sobre las masas.

En segundo lugar, estamos atravesando una situación donde el grado de conflictividad social, medido por ejemplo en cantidad de huelgas o en cualquier indicador que se prefiera, está entre los más bajos en mucho tiempo.

Esto significa que obviamente las luchas por las reformas, como se puede observar en la realidad cotidiana, está bastante dificultada. En ello también juega un rol central la confianza de la clase obrera en el sistema, la casi inexistencia de alternativas al mismo en la conciencia de las masas.

Es por esto que, dado este marco, nuestra intervención en la lucha por reformas, o más precisamente por defender nuestras conquistas, imprescindible, deba verse en muchos casos opacada por nuestra propaganda más general36. En esta etapa, la necesidad de crear un sólido núcleo de marxistas dentro de la vanguardia, adquiere preponderancia y se convierte en el eje, si bien no excluyente, de nuestra intervención. Ni la Liga Marxista ni cualquier otro grupo que, aunque sea teóricamente, se plantee una estrategia revolucionaria, puede modificar la situación de la lucha de clases. Sí podemos, y a eso estamos avocados, intentar profundizar, desarrollar y extender las herramientas marxistas mientras intervenimos sobre la realidad con los condicionamientos dados por la etapa. Cualquier intento de buscar atajos, como en el caso de los trotskystas, aún a costa de enmascarar las contradicciones y la lógica del capital, sólo puede retrasar nuestra tarea.

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NOTAS

nota1

En el artículo precedente sobre desocupación, en este número de Debate Marxista, Astarita muestra lo engañoso de este índice, en el sentido de no reflejar la totalidad de los trabajadores sin empleo.

nota2

En algunos artículos de la prensa del MAS se advierte que estas soluciones, -las mismas que sin comentarios se proponen en los volantes- son utópicas si se espera que vengan de un gobierno capitalista (ver por ejemplo S.S. No. 500, Junio de 1995). Este planteo que allí se hace, comparado con el de la mayoría de artículos o volantes de esta organización, es claramente diferente. Se advierte sobre la imposibilidad de asegurar cualquier conquista sin el derrocamiento del sistema capitalista, pero ésto está desarticulado con la política más general de esta corriente, la que el propio artículo reconoce: "Hay soluciones inmediatas que los socialistas del MAS venimos levantando empezando por: rebajar la jornada laboral a 6 horas...". Nótese que son planteadas como inmediatas, sin conexión con ningún derrocamiento del sistema capitalista.

nota3

Si bien las consignas con que las masas se alzaron en febrero de 1905 no tenían características transicionales, el ejemplo es útil para apreciar como en determinadas circunstancias las masas reciben enormes lecciones de su movilización.

nota4

Trotsky, León. The political backwardness of the American workers, en The Transitional Program for socialist revolution, Pathfinder Press, New York 1983. p. 158. (Traducción propia) Existe versión en español, si bien no incluye la totalidad de discusiones previas y posteriores a la aprobación del programa: Trotsky, León. El programa de Transición. Ediciones Crux, La Paz, Sin fecha.

nota5

Cabe aclarar que al momento de mantener estas discusiones previas a la aprobación del Programa de Transición, mayo de 1938, Trotsky señala que la desocupación era la principal preocupación del proletariado norteamericano.

nota6

Op.cit. p. 159.

nota7

Trotsky, León. A summary of transitional demands, en The Transitional Program ... p. 101

nota8

No pretendemos citar a Marx o Engels como elemento de autoridad, práctica común y deleznable dentro de las discusiones entre marxistas. Planteamos sus argumentos porque nos parecen correctos, y así deben ser analizados independientemente de quien los haya dicho.

nota9

Así como para Trotsky el uso de las consignas transicionales no estaba limitado como en Marx y Engels a situaciones insurreccionales sino que cabía usarlas en etapas pre-revolucionarias o revolucionarias, veremos que para los trotskystas su uso no sufre ninguna limitación, sirviendo para cualquier momento y lugar.

nota10

Engels, Federico. Die Kommunisten und Karl Heizen, en Marx und Engels Ausgewählte Werke, Band 1. Dietz Verlag, Berlin, 1985.

nota11

Id. p. 318

nota12

Sección francesa de la corriente trotskysta del Secretariado Unificado, dirigida desde su fundación y hasta su muerte hace algunos meses por Ernest Mandel.

nota13

Una síntesis de la discusión puede hallarse en Espacios de Reflexión, publicación del Area de investigación - UTPBA, año 1 - No.4

nota14

Lenin. Informe sobre el Congreso de unificación del POSDR, en Obras Completas Tomo 10. Cartago, Buenos Aires, 1970. p. 335. (resaltado en el original)

nota15

Ibidem. (subrayado en el original)

nota16

Lenin. El Estado y la Revolución. Anteo, Buenos Aires, 1985. p. 58

nota17

Internacional Comunista. Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista. Pluma, Buenos Aires, 1973. Tomo 2, p. 227-8

nota18

Trotsky, León. The death agony of capitalism and the tasks of the Fourth International, en The Transitional Program ... p. 116

nota19

Estas corrientes, tomando una posición de Trotsky en 1938 y sacándola de contexto, -la crisis capitalista de los '30-, afirman que las fuerzas productivas se dejaron de desarrollar desde 1914. El mismo Trotsky había demostrado en 1921 en el Tercer Congreso de la Comintern, sin embargo, cómo no hay crisis capitalistas sin salida, y que ante la falta de una respuesta organizada por parte de la clase obrera, la economía capitalista volvería a crecer. A nuestro entender la historia del siglo XX ha ratificado plenamente esta posición de Trotsky del '21, acorde, por otro lado, con el estudio marxiano de la lógica del capital.

nota20

El catastrofismo de estas corrientes tampoco permite discriminar entre etapas en las que el crecimiento económico y la situación de la lucha de clases permite arrancarle ciertas conquistas a la burguesía, de aquellas en las que el estancamiento o el crecimiento débil de la economía hacen necesaria una lucha centralmente diferente.

nota21

Rosa Luxemburgo, entre otros, en Reforma o Revolución, destroza, literalmente, la política reformista de levantar el Control Obrero en cualquier circunstancia. Tal como hemos planteado para otras consignas transicionales, muy diferente es este planteo en una situación insurreccional, ligado a la toma del poder.

nota22

Añadamos que como vimos en la cita de Trotsky, a él pertenece la idea de movilizar aún por algo irrealizable, priorizándolo frente a la explicación paciente de las perspectivas más generales. Sin embargo, como hemos mencionado y volveremos sobre ésto al final del artículo, la movilización es objetiva a estos grupos y en general a todos los partidos revolucionarios salvo en épocas de ascenso y agudización de la lucha de clases.

nota23

En Lenin, Obras Completas Tomo 23, Editorial Progreso, Moscú, 1984. p. 97

nota24

Id. p. 98

nota25

Id. p. 99

nota26

En Lenin, Obras Completas Tomo 21, Editorial Progreso, Moscú, 1983. p.131 y ss.

nota27

Id. p. 157

nota28

Id. p. 148-149

nota29

Lenin, Borrador del proyecto de programa del PCR (2/19), en Obras Completas Tomo 38. Editorial Progreso, Moscú, 1983. p. 93-94

nota30

Luxemburgo Rosa, op. cit. p. 74

nota31

Id. p. 75

nota32

Karl Marx. Salario, precio y ganancia, en Obras Escogidas Volumen 2. Editorial Cartago, Buenos Aires, 1984.

nota33

Ver por ejemplo: Lenin, El "izquierdismo", enfermedad infantil del comunismo. Anteo, Buenos Aires, 1973.

nota34

En las Tesis de Abril, Lenin contesta a las críticas de propagandismo abstracto:

En apariencia, ésto es "sólo" trabajo de propaganda. Pero, en realidad, es una labor revolucionaria sumamente práctica, porque no puede progresar una revolución, que se ha estancado, (...) por causa de la fe irracional del pueblo. (Tesis de Abril, Editorial Polémica, Buenos Aires, 1975. p. 45)

nota35

Lenin, El "izquierdismo", ..., p. 101

nota36

No debe soslayarse aquí, sin embargo, la importancia de una lucha por paliativos y mejoras, como es el caso del seguro de desempleo.