El Frente Popular en Francia

Este año se cumple el sexagésimo aniversario de la victoria electoral del Frente Popular español y del comienzo de la guerra civil en ese país. Ese mismo año también triunfaba en las elecciones francesas el Frente Popular, sobre el cual se conoce en nuestro país mucho menos que sobre su análogo español, sin embargo este último se constituyó sobre el modelo francés, el que fue la primera experiencia de este tipo en la historia. En este artículo daremos una suscinta visión de los hechos así como un intento de interpretación de los mismos, como complemento expondremos - aparte- las posiciones de Trotsky y del Partido Obrero Internacionalista (POI), el partido trotskista francés de la época.

La crisis económica

Francia fue el último gran país industrializado en sentir los efectos de la crisis de los años treinta: mientras que los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania sufrían plenamente sus efectos a fines de 1929, en Francia recién dos años después comenzaban éstos a sentirse. Esta particularidad se explica fundamentalmente por una estructura económica más atrasada, con un peso del sector agrario muy importante (la mitad de la población), una menor industrialización (los asalariados constituían apenas un poco más de la mitad de la población activa) y un peso reducido del comercio exterior. Igualmente la importancia del mercado colonial ayuda a retardar los efectos de la crisis y a hacerlos menos profundos que en las otras grandes potencias capitalistas. Pero si la caída de la producción, la deflación y el desempleo no alcanzan de ninguna manera los niveles alcanzados en los Estados Unidos o en Alemania, la crisis es más duradera. Esto último es también, en parte, una consecuencia de la importancia de las pequeñas explotaciones agrícolas, capaces de sobrevivir aunque sus ingresos disminuyan notablemente, pero que, por la misma razón necesitan largos años para recuperarse.

La política económica y social del gobierno -primero de derecha y luego radical- también contribuyó a atenuar los efectos de la crisis pero retardando, a su vez, la recuperación. El desempleo masivo se evita con la expulsión de alrededor de medio millón de trabajadores extranjeros y con el retorno de las mujeres a los quehaceres hogareños. Mientras que los países anglosajones devalúan varias veces sus monedas, el gobierno francés elige el camino del equilibrio presupuestario y la estabilidad monetaria a todo precio. En un momento en que la crisis en Alemania provoca que las reparaciones de guerra pagadas por ese país disminuyan brutalmente, la negativa a devaluar cierra los mercados extranjeros a la producción agrícola francesa. Ante la caída de los ingresos fiscales el gobierno decide una reducción de los sueldos de los empleados públicos, así como de las pensiones a las familias de las víctimas de la guerra y de los veteranos de la misma. El efecto es que la propia política del gobierno contribuye a la degradación de la actividad económica.

Paralelamente a la caída de los ingresos de los empleados públicos, en las empresas privadas los patrones, apoyándose en el miedo al desempleo, pueden imponer a los trabajadores horarios variables según las necesidades del momento. Aunque desde 1919 la jornada legal de trabajo es de ocho horas, los trabajadores no pueden negarse a hacer horas extras (pagadas como horas normales). Mientras que hay obreros que trabajan ciertas semanas hasta sesenta horas y el número de desempleados no llega al millón, el número de horas trabajadas (y en consecuencia pagadas) disminuye notablemente, provocando una merma importante en el ingreso real del conjunto de los asalariados.

La situación política

En las elecciones de 1932 triunfa la alianza del partido radical 1 (apoyado principalmente sobre la pequeña y mediana burguesía urbana) y los socialistas, cuyo nombre oficial es la Sección Francesa de la Internacional Obrera (S.F.I.O.). Desde un principio el gobierno, dirigido por los radicales y apoyado por los socialistas, intenta seguir con la política deflacionista de su predecesor de derecha. Sin embargo, sometido al tironeo, por un lado de la gran burguesía que exigía un mayor rigor, y por el otro de su base electoral que había votado por un cambio de la política económica, el gobierno se encuentra paralizado. Una primera consecuencia es que entre junio de 1932 y febrero de 1934 el país conoce una sucesión de seis gobiernos dominados por los radicales y apoyados sin mucho entusiasmo por los socialistas.

La incapacidad del gobierno de llevar a cabo una política coherente para sacar al país de la crisis, así como los escándalos financieros implicando personajes cercanos a los medios parlamentarios, alimentan a las corrientes antiparlamentaristas y fascistisantes (las ligas 2) quienes exigen un poder fuerte y medidas populistas contra la crisis. En enero de 1934, a causa de su intento de bloquear la investigación sobre el escándalo Stavisky (un banquero cuyas dudosas operaciones habían gozado de protecciones políticas y judiciales) el primer ministro Chautemps renuncia y es reemplazado por Daladier, representante del ala izquierda del partido radical. Éste saca de su puesto de prefecto de policía a un hombre conocido por sus simpatías hacia las ligas, las que aprovechan el pretexto para llamar el 6 de febrero a una gran manifestación contra el gobierno y "el parlamento de ladrones".

El gobierno responde con la fuerza y la manifestación se salda con 17 muertos y 2300 heridos. Sin embargo el primer ministro radical renuncia, conformándose un gobierno de unidad nacional con los partidos de derecha, gobierno que será caracterizado por Trotsky como un bonapartismo semiparlamentario. La izquierda no puede evitar de ver en la manifestación de las ligas un intento de toma del poder por los grupos fascistas como la marcha sobre Roma de Mussolini. No hay que olvidar que exactamente un año atrás Hitler había tomado el poder en Alemania. Mientras los socialistas acusan al gobierno de no haber sido lo suficientemente duro con las ligas y llaman a la defensa de la democracia, los comunistas lo acusan de fusilador y llaman a manifestar contra el fascismo pero también contra la democracia burguesa. Mientras tanto la CGT (la central obrera mayoritaria y reformista) llama a una huelga general para el día 12 de febrero contra la derecha y por la democracia, la que recibe inmediatamente el apoyo de la SFIO. El PC y la CGTU (la central sindical comunista), luego de recibir las consignas desde Moscú, deciden adherir aunque manifestando separadamente.

La huelga general fue un éxito. El eje de la jornada fue la defensa de las libertades y contra el fascismo. En París, al encontrarse las dos manifestaciones, la mayoría de los participantes gritaba "Unidad, unidad!" y en el interior la mayoría de los actos y movilizaciones fueron unitarios. A nivel de la base existía, entonces, una fuerte corriente favorable a la unidad de acción entre los partidos obreros.

El viraje comunista

Hasta ese momento la Internacional Comunista seguía la orientación llamada del tercer período 3, caracterizada por una política de ultraizquierda, la cual identificaba al fascismo con la democracia burguesa, considerando a la socialdemocracia como socialfascista y negando la posibilidad de un frente único entre los partidos comunistas y los socialdemócratas . Esta política facilitó a Hitler la toma del poder en Alemania, al no verse enfrentado por una fuerte oposición obrera.

Ya en 1933 en el seno del PC francés se comienza a insinuar la necesidad de revisar esa política y reconsiderar las posibilidades de frente único con la socialdemocracia, posición que fue calificada de revisionista y no tuvo manifestación práctica en los hechos. Sin embargo, a partir de la experiencia alemana y con un cambio de la dirección de la Internacional Comunista (IC), en Moscú se comienza a ver la necesidad de llevar a cabo una amplia unidad antifascista. El 16 de mayo, hablando ante el presidium de la IC y con la presencia de Thorez, dirigente del PC francés, Manuilsky -con el aval de Stalin- expresa la necesidad de llegar a acuerdos de unidad de acción con la dirección socialdemócrata. En el curso de los meses siguientes, la IC, bajo la dirección de Dimitrov, cuestiona la teoría del socialfascismo y precisa lo que será luego la política de los frentes populares.

Ya en junio el PC propone a la SFIO un pacto de unidad de acción basado en las consignas de la huelga del 12 de febrero, pacto que es firmado por las dos direcciones un mes después. Este acuerdo tiene una importancia histórica por ser el primero firmado por un partido comunista y uno socialdemócrata. Entre los puntos acordados se encuentra no solamente la defensa de la democracia contra el fascismo sino la lucha contra la guerra, la anulación de las últimas medidas económicas y la instauración de la representación proporcional en el parlamento.

El Frente Popular

Si bien las consignas del acuerdo de unidad de acción entre el PC y la SFIO no eran muy audaces, se trataba de un pacto entre partidos obreros, sin ningún punto electoral y dentro del marco de lo que se conoce como frente único obrero. Sin embargo esto va a cambiar al poco tiempo.

A partir de octubre el PC comienza a plantear la necesidad de ensanchar lo que llama el "frente común de la libertad y la paz", abarcando a la pequeña burguesía, a los profesionales, a los campesinos 4, a los trabajadores independientes y a los pequeños comerciantes. Es de hacer notar que la oposición más importante a esa proposición viene de sectores de la propia SFIO.

Así como antes el PC pretendía ganarse a las masas obreras socialistas ignorando a sus dirigentes, ahora consideraba que la única forma de ganar una influencia sobre las clases medias consistía en llegar a un acuerdo con su dirección, en este caso el partido radical. Así el "fusilador Daladier" pasó a ser en las páginas de L'Humanité (el diario comunista) el "señor presidente Daladier" y, lo que es más importante, tanto el programa como las consignas cambiaron de tono. Donde antes se leía "clase obrera", "proletariado", "socialdemocracia", se pasaba a leer "pueblo", "nuestro país" y "socialistas". No es de extrañar, ya que una buena parte del gobierno, y en particular el primer ministro, eran miembros del partido radical.

En mayo, el primer ministro francés Laval viaja a la URSS y firma con el gobierno soviético un tratado de colaboración y de apoyo militar mutuo. Stalin se declara, en consecuencia, favorable a la defensa nacional francesa. Si bien esto provoca sorpresa en el seno del PC, a los pocos días se reacomoda y del "derrotismo revolucionario" se pasa a la "defensa nacional". Las bases para un programa de frente popular estaban echadas.

Para el 14 de julio de 1935 -la fecha nacional francesa- los partidos de izquierda, los sindicatos, el movimiento contra la guerra y varias asociaciones populares, formando un Comité Nacional de la Reunión Popular, llaman a una gran manifestación de masas. El partido radical, en crisis luego de tres años de gobierno y perdiendo caudal electoral, decide participar. Las manifestaciones, tanto en París como en el interior son un éxito, con varios cientos de miles de personas desfilando bajo las consignas de lo que será el Frente Popular.

Al día siguiente de la manifestación, el Comité de la Reunión Popular decide no disolverse y continuar la lucha por las consignas de la jornada precedente. Luego de diversas negociaciones, en septiembre se firma el programa común cuyos principales puntos son la amnistía general; la disolución de las organizaciones paramilitares; el respeto del derecho a sindicalizarse; la colaboración internacional por la paz en el seno de la Sociedad de Naciones (SDN) 5; la nacionalización de la industria militar; la reducción de la semana laboral; la ejecución de un plan de grandes trabajos públicos; el apoyo a las cooperativas agrícolas; el desarrollo del crédito agrícola; la creación de una oficina nacional de cereales.

Ante tal programa, las últimas reticencias de los radicales a participar quedaron rápidamente disipadas, como lo declaró el diputado Campinchi, representante de ese partido en el parlamento:

"Partidario de la propiedad individual y de la defensa nacional, nuestro partido deseaba, ante todo, preservar su autonomía diferenciándose del socialismo y del comunismo (...) Hoy día son ellos que vienen a nosotros, recorriendo todo el camino, no pidiéndonos otra garantía que la defensa de la República, cómo vamos a rechazar la mano que nos tienden?" (Citado por Lefranc, p. 25)

Es de hacer notar que las presiones para hacer más potable el programa para "las clases medias", es decir para los radicales, vinieron del PC, el que forzó a la SFIO, entre otras cosas, a dejar de lado su exigencia de nacionalización de los servicios públicos y el control de los bancos.

En el VII congreso de la IC en agosto de 1935 la delegación francesa es la vedette, su política es aprobada por la dirección internacional, la que fija, para todos los partidos comunistas del mundo, la política de frente popular antifascista. Esta orientación se pudo concretar, además de en Francia, solamente en España y Chile 6.

Paralelamente a la constitución del Frente Popular se realiza el proceso de unificación sindical entre la CGT y la CGTU, el que terminará de concretarse en marzo de 1936.

No hay que olvidar que todo este proceso se da dentro de un marco de radicalización y lucha de las masas, el que llega a nuevos máximos con las huelgas y manifestaciones que adquieren un carácter semiinsurreccional en los puertos de Brest y Toulon en agosto de 1935 y en la ciudad industrial de Limoges en noviembre del mismo año.

La victoria electoral y las grandes huelgas

El 26 de abril de 1936 se realiza la primera vuelta de las elecciones legislativas. El Partido Comunista es ejemplar por la moderación de sus consignas: "Por una Francia renovada. Por una Francia limpia. Por una Francia Unida. Por una Francia libre, fuerte y feliz" y en su discurso radiofónico diez días antes de las elecciones Thorez dice

"Te tendemos la mano católico: obrero, empleado, artesano, campesino, nosotros que somos laicos, porque eres nuestro hermano, porque estás, como nosotros, oprimido por los mismos problemas. Te tendemos la mano, voluntario nacional, veterano convertido en Cruz de Fuego 7, porque eres hijo de nuestro pueblo, porque sufres como nosotros el desorden y la corrupción, porque quieres evitar, como nosotros, que el país se derrumbe en la ruina y la catástrofe" (Citado por Brunet, p. 36).

Si bien en número total de votos los partidos que forman el Frente Popular no ganan más que un 1,5% con respecto a las elecciones de 1932, el electorado se izquierdiza: mientras que la SFIO pasa de 2.034.000 votos a 2.206.000, el PC duplica sus votos pasando de 788.000 a 1.469.000 y los radicales caen de 2.316.000 a 1.743.000. El sistema electoral francés a dos vueltas permite que cada partido se presente de forma independiente a la primera y que para la segunda, todos los partidos de cada frente apoyen en cada circunscripción al candidato mejor colocado. El 27 de abril todos los partidos del Frente Popular firman el acuerdo de desistimientos recíprocos para la segunda vuelta fijada para el 3 de mayo. El resultado es una victoria del frente con un total de 378 diputados sobre 598, constituyendo la SFIO la primera minoría con 146 bancas.

La victoria de la izquierda tiene un efecto inmediato sobre la clase obrera. El primero de mayo, que no era aún feriado, era tradicionalmente un día de huelga pasiva con actos públicos y, en general, la única represalia que tomaba la patronal era no pagar el día no trabajado. El primero de mayo de 1936, el número de huelguistas es muy superior al de los años precedentes y varias fábricas tienen que cerrar. Durante todo el día hay actos y manifestaciones en París y en el interior. En dos grandes fábricas de aviación en Le Havre y Toulouse la patronal despide a varios obreros huelguistas. El 11 de mayo, una semana después de la victoria electoral y el anuncio de la próxima constitución de un gobierno dirigido por el socialista Blum, estallan huelgas en esas fábricas, con la novedad de la ocupación de las mismas. Los intendentes socialistas de ambas ciudades intervienen resolviendo los conflictos a favor de los trabajadores.

Inmediatamente en otras grandes fábricas de la región parisina comienzan huelgas por distintas reivindicaciones, en particular por aumentos de salarios, vacaciones pagas , disminución de la semana laboral y libertad sindical. Al igual que en los primeros dos casos la ocupación pasa a ser la norma.

El 24 de mayo se realiza la manifestación de homenaje a los muertos de la Comuna, con una participación de 600.000 personas (sobre unos cuatro millones de habitantes en París y alrededores) y los dirigentes socialistas, comunistas y sindicales del Frente Popular a su cabeza. Los días siguientes la huelga se extiende a las fábricas metalúrgicas parisinas y pronto a todo el país, incluyendo sectores donde reina el paternalismo patronal como las grandes tiendas de París.

Muchas veces, sobre todo en las pequeñas empresas, los trabajadores paran, ocupan la fábrica y recién después comienzan a elaborar el pliego de reivindicaciones. En una gran fábrica de los suburbios del norte de París, el comité de huelga realiza una asamblea con la participación de delegados de una treintena de empresas de la zona y se vota el llamado a un comité nacional de huelga. Esta iniciativa no llegó a concretarse pero es una muestra más de la radicalización de la lucha y del surgimiento de un embrión de autoorganización de los trabajadores.

En muchas ciudades del interior son las propias municipalidades socialistas o comunistas las que se encargan de reabastecer a los trabajadores que ocupan las fábricas, pero en general, son los trabajadores que no están en huelga o los pequeños comerciantes. El estallido y la solidaridad manifestada son una expresión, ante la crisis económica y la política que pretendía hacer salir al país de aquélla sobre las espaldas de los trabajadores y de los sectores medios, de que la mayor parte de la población francesa ya no podía soportar la situación, comenzando a considerar seriamente, como única posible, una solución de carácter obrero.

El 6 de junio Blum presenta su gobierno y su programa al parlamento y el 7 se reúne con los representantes de la CGT y de la CNPF (Confederación Nacional de la Producción Francesa, la central patronal). Luego de laboriosas negociaciones se firma el acuerdo, llamado "de Matignon", por el nombre de la residencia del primer ministro, donde se discutió. Los empresarios se comprometen a otorgar aumentos de salarios entre el 7 y el 15 por ciento, no sancionar a los huelguistas, reconocer la libertad sindical dentro de las empresas y negociar inmediatamente las convenciones colectivas de trabajo. Por su parte los representantes sindicales se comprometen a cesar inmediatamente las huelgas y las ocupaciones. El gobierno anuncia que al día siguiente va a presentar ante el congreso los proyectos de ley sobre las convenciones colectivas, las vacaciones pagas 8 y la semana laboral de 40 horas. Si bien las concesiones patronales son importantes, hay que tener en cuenta que lo que se estaba jugando era mucho más: la cuestión del poder, y es ése exactamente el límite de cualquier concesión de la burguesía, en cualquier lugar del mundo y en cualquier época.

El 11 de junio se votan las leyes y, mientras que Pivert, líder del ala izquierda de la SFIO llama a seguir la huelga, diciendo "todo es posible", Thorez responde "No, no todo es posible ahora (...) No es cuestión de tomar el poder" y pronuncia la frase decisiva "Hay que saber terminar una huelga cuando se obtuvieron las reivindicaciones". A partir del 12 comienza el reflujo y a fin de mes no hay practicamente más huelgas.

Según la información oficial del Ministerio de Trabajo, durante el mes de junio hubieron 12.142 huelgas y 1.830.938 huelguistas, datos que si bien son parciales ilustran la amplitud del movimiento. Asimismo, una innovación de estas luchas con respecto a todas las anteriores, fue la participación masiva de los empleados y técnicos junto a los obreros.

La decepción

La victoria del movimiento huelguístico, tanto por las concesiones directas de la patronal como por la nueva legislación social provocó una ola de entusiasmo entre los trabajadores, lo que se reflejó en un proceso de sindicalización masiva, pasando la CGT de 800.000 a 4 millones de miembros en menos de un año. Los sindicatos, hasta entonces casi marginales, adquieren un carácter de masas. La izquierda también se ve reforzada y en particular el PC que de los 30.000 miembros que tenía en 1933 pasa a 320.000 en 1937. Un caso ejemplar es la fábrica Renault donde los obreros sindicalizados pasan de 700 a 24.000 y los miembros del PC de 100 a 6.000 9.

Durante sus primeros meses en el gobierno, el Frente Popular, pudo cumplir con una buena parte de su programa electoral. Para poder lograrlo contó, por una parte con el hecho que aquél era muy diluído y perfectamente compatible con la estructura socio- económica del país y, por otra parte, con la presión irresistible de dos semanas de huelga de masas y movilizaciones permanentes.

Sin embargo, gracias a las llamadas a la desmovilización por parte de la CGT, el PC y la SFIO, así como a la confianza que sentían los trabajadores hacia el que veían como "su gobierno", éste pasó a comportarse esencialmente como cualquiera de sus predecesores explícitamente burgueses.

Un mes y medio después de su asunción, el gobierno de Blum se vio enfrentado con el levantamiento franquista contra el gobierno de Frente Popular español. Éste pidió inmediatamente ayuda militar a Francia y en un primer momento el gobierno francés elaboró un plan de asistencia. Sin embargo la mayoría de los radicales y un sector de la SFIO se opusieron a tal apoyo, a la vez que Inglaterra veía con buenos ojos cualquier ataque contra un gobierno donde participaran los comunistas. El resultado fue la iniciativa del propio gobierno de Blum de proponer un acuerdo de no intervención a todas las potencias europeas. Por supuesto que este pacto fue aceptado e inmediatamente Alemania e Italia se dedicaron alegremente a violarlo con asistencia masiva a las tropas franquistas.

El PC, junto con la CGT y los sectores de izquierda de la SFIO se manifestaban explícitamente por la intervención a favor de la República, llegándose a realizar una huelga simbólica de una hora en todas las fábricas metalúrgicas de la región parisina. La presión de importantes sectores de masas llevó a que el gobierno permitiera el abastecimiento con cuentagotas por parte de la URSS a los republicanos españoles a través del territorio francés, así como que no pusiera enormes obstáculos a la formación de las Brigadas Internacionales. Sin embargo sus declaraciones de no intervención, así como sus actitudes ambiguas no podían sino crear la confusión y el desaliento en los trabajadores que no comprendían cómo "su gobierno", cuyo programa incluía explícitamente la defensa de la democracia contra el fascismo no sólo en Francia sino en toda Europa, no actuaba en defensa de la misma cuando otro gobierno de Frente Popular lo necesitaba imperiosamente.

El Partido Comunista, a la vez que exigía -en voz baja y sin cuestionar abiertamente la política del gobierno- la intervención a favor de la República Española, llamaba a ensanchar la coalición a un "frente de unidad francés" que incluyera a los partidos de derecha "democráticos", con la justificación que un tal frente evitaría una guerra civil como en España. Esta política no podía sino aumentar la confusión entre las masas.

Los procesos de Moscú en los que se acusa a lo que quedaba de la vieja dirección bolchevique de contrarrevolucionarios y agentes del trotsko-fascismo contribuyen de una manera importante a sembrar las dudas y la incomprensión entre los trabajadores e importantes sectores de las clases medias que habían comenzado a buscar una salida revolucionaria y para los que la URSS era el modelo a seguir.

Igualmente la situación social, luego del período de gracia abierto por el triunfo electoral y el movimiento huelguístico, comenzó a deteriorarse. La situación económica no dejaba de empeorar, los ingresos del tesoro seguían disminuyendo al tiempo que se daba una importante fuga de capitales. En septiembre de 1936 la inflación ya había absorbido la mayor parte de los aumentos salariales de junio, lo que se amplificó con la devaluación decretada de alrededor del 30%.

A mediados de septiembre comienza una nueva serie de huelgas, tanto por aumentos salariales como para exigir el cumplimiento de los acuerdos de junio que muchos patrones comenzaban a sentirse en condiciones de violar. Sin embargo esta vez las condiciones son distintas a las de cuatro meses antes. Como lo testimonia Lefranc, dirigente sindical de la época

"De esta manera la fuerza obrera que en junio parecía irresistible y a la que nadie se atrevía a enfrentar cara a cara, se agota en una multitud de escaramuzas, muchas veces defensivas y de resultado dudoso. Poco a poco, junto con las dudas, aparece el cansancio. En el conjunto del país, el empuje, que ya se nota en septiembre, se acentúa en octubre, mientras que noviembre y diciembre marcarán el reflujo. (...) Lo que no dicen las estadísticas es que la atmósfera es distinta que en junio. Huelgas de resentimiento, de decepción, de cólera. Se acusa a la patronal de sabotear las leyes sociales, al gobierno de no enfrentarla y a los partidos de izquierda de dejarse estar en la legalidad burguesa. (...) La masa trabajadora, entusiasta en junio, está decepcionada en el otoño por los resultados de las leyes sociales y por el asunto de España." (Lefranc, pp. 266-267).

A partir de octubre el gobierno intenta concretar un nuevo acuerdo de Matignon con los sindicatos y la patronal, pero esta vez, esta última, fuerte en la nueva situación, termina rompiendo las negociaciones. Mientras que el gobierno responde imponiendo una ley de arbitraje obligatorio, las huelgas terminan diluyéndose en un ambiente de derrota.

La dislocación final

En febrero de 1937 el gobierno lleva a cabo un viraje en su política económica, de una política esencialmente keynesiana (la Teoría General acababa de publicarse) que se orientaba a relanzar el consumo y a partir de éste la producción, se pasa a una política clásica respondiendo a las exigencias del capital financiero. Esto es explicitado en un discurso radiofónico de Blum donde declara la necesidad de una "pausa" en la política social del gobierno y el compromiso de no aumentar el gastos público ni de tomar medidas fiscales contra el capital o las grandes fortunas.

La nueva política económica, aprobada masivamente por la derecha, aumentó la intensidad de la crisis en en seno del Frente Popular, la que se vio acentuada por los 6 muertos y 200 heridos provocados por la policía el 16 de marzo entre los manifestantes de izquierda que intentaban oponerse a una reunión de un partido fascista en Clichy, un suburbio obrero al norte de París.

Finalmente, el 13 de junio, en ocasión de un voto parlamentario contra el gobierno, éste renuncia ante la indiferencia de las masas.

Sin embargo la agonía del Frente Popular duraría todavía un año y medio más.

Si bien el nuevo gobierno, dirigido por un radical seguía reivindicándose del Frente Popular, con una importante participación socialista -Blum era viceprimer ministro- y apoyo comunista en el parlamento, para la mayoría de los trabajadores no era sino un intermedio a la espera de un nuevo gobierno de izquierda. Durante todo el año 1937 y comienzos de 1938 los conflictos se intensifican, las huelgas se hacen más duras así como la represión gubernamental y la intransigencia de la patronal que exige una vuelta atrás de las concesiones de 1936. A diferencia de la anterior oleada, esta vez los trabajadores de los servicios públicos también participan activamente. Paralelamente las clases medias que esperaban del Frente Popular una solución a sus problemas se ven defraudadas en sus esperanzas y comienzan a orientarse hacia una alternativa de derecha que garantice el orden y la paz social.

Ante una situación difícilmente controlable, el presidente Lebrun vuelve a llamar a Blum a formar un gobierno mayoritariamente socialista 10. Esta vez, junto con una política económica keynesiana, intentaba resolver los conflictos laborales otorgando aumentos salariales pero anulando, de hecho, la semana laboral de 40 horas. La oposición de los trabajadores por una parte y de la gran burguesía por la otra hicieron que este gobierno no llegara a durar cuatro semanas.

El sucesor de Blum fue el radical Daladier. Esta vez la SFIO no participaba en el gobierno, aunque, al igual que el PC, le otorgaba su apoyo desde el parlamento. Desde el principio Daladier anuncia una política antiobrera basada en la anulación de las conquistas de 1936. El 30 de noviembre la CGT llama a una huelga general, la que por un lado no llega a tener la extensión esperada y por el otro es salvajemente reprimida.

La URSS y el PCF

El 30 de noviembre de 1938 puede considerarse como la derrota del movimiento de masas que había comenzado en febrero de 1934 y la liquidación definitiva del Frente Popular: para la burguesía éste había perdido toda su utilidad y ante las masas había perdido toda su confianza. Mientras los trabajadores se encontraban desorientados y sin una dirección creíble, importantes sectores de la pequeña burguesía esperaban que algún "salvador de la patria" pusiera en orden al país.

Muy pertinentemente Trotsky caracteriza la derrota del 30 de noviembre como el punto de no retorno hacia la Segunda Guerra Mundial. Las masas ya no eran capaces de resistir a la política militarista del gobierno ni, lo que se vio a los pocos meses, a la invasión y ocupación por parte del nazismo.

De lo descripto más arriba podemos ver cómo, aunque no se tratara de la principal fuerza del Frente Popular, la política y las decisiones del Partido Comunista Francés fueron las que determinaron tanto la formación del Frente como su programa. Y, siguiendo las discusiones y vuelcos en la política del PC, no deja de ser evidente hasta qué punto se trataba fundamentalmente de la correa de transmisión de la política exterior de la Unión Soviética. Así cuando Stalin firmó el pacto de colaboración militar con Laval, el PC dejó su discurso de derrotismo revolucionario para pasarse al bando de la defensa nacional, que fue siempre un punto central del programa del Frente Popular. Cuando la dirección de la Unión Soviética, aterrorizada ante el ascenso de Hitler, decidió estrechar sus lazos con las democracias occidentales, para mostrar que se trataba de un socio respetable, ordenó a los partidos comunistas para que endulcoraran su programa, lo que se reflejó en el Frente Popular francés e inclusive llevó al PC a ponerse a la derecha de la SFIO. Que el PCF no rompiera con Blum cuando éste decidio la no intervención a favor de la República Española no es sino la contracara a la ayuda soviética con cuentagotas a los republicanos, a la vez que sus agentes se ocupaban de liquidar a los revolucionarios que querían llevar hasta el final la lucha contra los fascistas españoles.

Afortunadamente para el Frente Popular, éste había ya dejado de existir cuando en 1939 la Unión Soviética firmó el pacto de defensa mutua con la Alemania de Hitler. Eso evitó que su final quedara definitivamente manchado con declaraciones en defensa de la Alemania nazi "frente al imperialismo anglosajón", como las del PC hasta la invasión alemana a la URSS dos años después.

Los modernos herederos del Frente Popular

Si bien hoy día el Partido Socialista, heredero de la SFIO, y el PC reivindican la etapa del Frente Popular por las conquistas sociales, en particular la semana de cuarenta horas, la libertad sindical y las vacaciones pagas, no tenemos que olvidar que al Frente Popular, a la socialdemocracia y al stalinismo -tanto en Francia como en el resto del continente- le caben la mayor responsabilidad por la derrota sufrida por los trabajadores franceses, así como por la horrible masacre que significó la guerra. Recordemos que aquellas conquistas se perdieron totalmente a los tres años y que hubo que esperar una nueva movilización de masas, a caballo de la resistencia contra el nazismo, para que pudieran recuperarse.

Una generación más tarde en Chile, una nueva experiencia de Frente Popular terminaba con el Pinochetazo y una derrota de la cual los trabajadores trasandinos no se han recuperado todavía. En 1981, nuevamente en Francia, asumía la presidencia el "socialista" Mitterrand, apoyado en el PC y lo que quedaba del radicalismo. Esta vez, durante los dos primeros años, los comunistas participaron efectivamente en el gobierno. Los resultados, luego de 14 años de presidencia "socialista", de los cuales 10 lo fueron bajo gobiernos "de izquierda", son que la clase obrera francesa está sufriendo, de parte de la patronal, el mayor ataque a sus conquistas desde la segunda guerra mundial, que la tasa de desempleo es mayor que hace quince años, que el ingreso de los trabajadores se ha estancado, mientras que la burguesía no deja de enriquecerse.

Hoy día, el Frente Popular u otras variantes reformistas, con o sin PS, con o sin PC, siguen siendo una amenaza para la independencia de clase de los trabajadores. Esos frentes o sus remedos, partiendo de reivindicaciones sentidas por los trabajadores y las masas explotadas, se ocupan de atarlas al carro de la burguesía, ahogando sus luchas y preparando nuevas derrotas. Vemos por un lado las variantes lavadas que ya ni siquiera levantan el socialismo ni reivindican las viejas experiencias de Frente Popular, como El Olivo, hoy en el poder en Italia, el Partido de los Trabajadores en Brasil, el Frente Amplio uruguayo o el Frepaso en nuestro país. Pero por el otro, y mucho más peligrosas, están las que levantan (de palabra) el socialismo y reivindican como ejemplos a seguir los Frentes Populares históricos. En España encontramos a la Izquierda Unida, dirigida por el PC; en Italia, el Partido de la Refundación Comunista, escisión de izquierda del viejo PC, que llama a una nueva coalición "frentepopulista" que reemplace al Olivo; en Francia, el PC y algunos sectores de partidos de la izquierda extraparlamentaria plantean la necesidad de una alternativa "de izquierda unitaria" al actual gobierno de derecha o a una variante PS; en nuestro país, el PC y el PCR-PTP, posiblemente el más importante partido de la izquierda, llaman a la construcción de un frente según el modelo de los Frentes Populares español o francés. Vemos entonces que la discusión sobre el Frente Popular no es tan sólo una discusión histórica sino de la más candente actualidad y por lo tanto indispensable.

Bibliografía

Brunet, Jean-Paul, Histoire du Front Populaire, PUF, Paris, 1991.

Lefranc, Georges, Juin 36, "l'explosion sociale" du Front Populaire, Julliard, Paris, 1966.

Wolikow, Serge, Le Front Populaire en France, Complexe, Paris, 1996. ú

Ver artículo sobre la posición de Trotsky y el trotskismo ante el Frente Popular francés

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Notas

Nota 1

El Partido Radical francés, si bien burgués por su política, se apoyaba fundamentalmente en la pequeña burguesía urbana y rural. Criticando al Frente Popular como un frente de colaboración de clases, Trotsky calificó al Partido Radical de "sombra de la burguesía". Vale la pena señalar que en nuestro país la UCR fue fundada tomando como modelo al partido francés.

Nota 2

Estas ligas estaban formadas por veteranos de la guerra de 1914-1918 y jóvenes de la burguesía. Su actividad principal era atacar locales y reuniones obreras. En nuestro país, durante los años '20 hubo varias ligas similares, siendo la más importante la Liga Patriótica.

Nota 3

Durante el tercer período la Internacional Comunista aceptaba solamente el frente único por la base, es decir excluyendo un acuerdo entre las direcciones del PC y de la socialdemocracia. La justificación de esta negativa era la caracterización de la socialdemocracia como "socialfascista", es decir su identificación, en los hechos, con el fascismo, del cual sólo diferiría en la forma.

Nota 4

El campesinado francés está constituído por pequeños propietarios, comparables a los farmers norteamericanos o a los chacareros medianamente acomodados de Córdoba o Santa Fé. Ese campesinado es profundamente reaccionario y ha sido la base social del poder de la burguesía francesa desde 1789 en adelante.

Nota 5

La Sociedad de Naciones, organización supranacional de las potencias imperialistas, fue creada al final de la Primera Guerra Mundial, "para mantener la paz en el mundo", como lo fue su sucesora, la ONU, luego de la Segunda Guerra. Lenín, sin pelos en la lengua, llamó a la SDN "cueva de bandidos".

Nota 6

Nos estamos refiriendo al Frente Popular chileno de los años '30 y no a su reedición, casi cuarenta años después, con su trágico final.

Nota 7

La Cruz de Fuego era una de las organizaciones paramilitares fascistas de la época.

Nota 8

Hasta ese momento solamente los empleados públicos gozaban, por ley, de vacaciones pagas. En las empresas privadas ese beneficio correspondía también a los empleados, mientras que los obreros, en la gran mayoría de los casos no tenían otros días de descanso que los domingos y los feriados.

Nota 9

Este ejemplo muestra cómo, a diferencia de ciertas concepciones muy en boga en la izquierda, la transformación en partido de masas de un partido visto por los trabajadores como revolucionario, no se da de forma gradual sino que depende de la existencia de grandes luchas y se da de forma explosiva. Nueve años después, al final de la guerra, y gracias a su papel en la resistencia contra el fascismo, el PC volvió a convertirse de la noche a la mañana en un partido de masas.

Nota 10

Varios años después el propio Blum reconoció que su nombramiento se debió, además, a la necesidad de terminar de desprestigiar al Frente Popular ante las masas para abrir definitivamente el paso a un gobierno abiertamente de derecha.