Trotsky ante el Frente Popular

La circunstancia que Trotsky haya estado presente en Francia durante el proceso que lleva al Frente Popular al poder, junto con el hecho de que durante los primeros meses de su estadía haya podido militar en la dirección de la Liga Comunista (LC) y que luego haya podido seguir „aunque cada vez más alejado físicamente„ la evolución de la situación, nos permiten estudiar su posición en medio de un proceso revolucionario exactamente cuando acaba de llegar a la conclusión de la necesidad de crear una nueva internacional. Trotsky llega a Francia a mediados de 1933, en un momento en que la LC, el grupo local de la oposición de izquierda, tenía apenas un centenar de militantes, muy jóvenes y sin experiencia y, sobre todo, ajenos al movimiento obrero real. El entrismo en la SFIO A partir de la agudización de la lucha de clases que comienza a darse en febrero de 1934 y del consiguiente ascenso en la movilización obrera, un importante sector de la LC, con el apoyo de Trotsky, se plantea la posibilidad de ingresar „como tendencia„ a la SFIO. La justificación de esta política estaba basada en la necesidad de ligarse a la lucha real de los trabajadores en medio de un proceso que se aceleraba, lo que no podía lograrse a partir de un pequeño grupo de propaganda aislado. Un hecho muy importante era que dentro de la SFIO existía ya una corriente de izquierda, la Izquierda Revolucionaria, dirigida por Pivert, muy influyente en el movimiento obrero y a la cual se acercaban trabajadores e intelectuales que rompían por la izquierda con el stalinismo. En la SFIO existía la libertad de tendencias, lo que permitió a la LC entrar conformada, pasando a denominarse Grupo Bolchevique Leninista (GBL), no ocultando para nada su programa y continuando con la edición del periódico La Vérité. Esta situación y condiciones permitían a la organización mantener su independencia e intransigencia, aprovechando de la audiencia obrera de la SFIO y, sobre todo, ser perfectamente clara y honesta ante las masas. Vale la pena contrastar este entrismo con el practicado luego de la guerra por un sector de la IV Internacional en el seno de los partidos comunistas europeos o el realizado por el morenismo dentro del peronismo en los años cincuenta e inclusive dentro del Partido Socialista Obrero Español a fines de los setenta. En todos estos casos el entrismo variaba entre la claudicación lisa y llana y la maniobra para llevarse algunos militantes, muy lejos de la actitud de los trotskistas franceses de los años treinta. La táctica del entrismo rindió sus frutos, aunque de forma relativa, lo que se manifestó en que el GBL alcanzó la dirección de las Juventudes Socialistas de la región parisina, aumentando notablemente el alcance de su prensa y su influencia en sectores de vanguardia del movimiento obrero. Sin embargo no hay que olvidar el punto de partida extremadamente bajo, así como los obstáculos puestos por la dirección de la SFIO, lo que culminó con la expulsión de varios dirigentes a mediados de 1935, la campaña antitrotskista comenzada por el stalinismo y, fruto de todas esas presiones en medio de un proceso revolucionario, las disensiones en el seno del GBL. Con el acuerdo de Trotsky, la mayoría del GBL sale de la SFIO, con varias centenas de militantes. Una minoría decide quedarse junto con Pivert, quien propone atenuar las críticas contra la dirección para evitar nuevas expulsiones. Sin embargo a fines de 1935 los militantes revolucionarios que aún quedaban en el seno de la SFIO se ven finalmente expulsados. En junio de 1936, en medio del proceso de huelgas, los dos grupos trotskistas se unifican en el Partido Obrero Internacionalista (POI) que edita el periódico La Lutte Ouvri¶re, cuyos dos primeros números fueron secuestrados por el gobierno del Frente Popular. Sin embargo la unidad va a durar poco tiempo y los tres años siguientes „Trotsky, primero en Noruega y luego en México, poco puede hacer„ verán a las dos tendencias salidas de la oposición de izquierda librarse a un juego de denuncias y acusaciones mutuas, lo que junto con la situación objetiva, las lleva, en el momento de comenzar la guerra, a encontrarse tanto o más marginales que en 1934. Una situación revolucionaria Ya desde 1934 Trotsky caracteriza la situación como prerevolucionaria y advierte de los peligros que la acechan. ñLa clave de la situación se encuentra ahora entre las manos del frente único de los dos partidos. Si éste no la utiliza, terminará jugando el mismo lamentable papel que inevitablemente hubiera jugado en Rusia el frente único de mencheviques y socialistas revolucionarios en 1917 ... si los bolcheviques lo hubieran permitido. (...) El objetivo del frente único de los partidos socialista y comunista no puede ser sino un gobierno de ese frente, es decir un gobierno socialista-comunista.î (La Vérité, 9/11/34) Si bien el modelo ruso está presente, no se trata de proponer la creación de soviets en abstracto, sino a partir de la propia experiencia de las masas en lucha. Sin embargo son las propias direcciones de la SFIO y del PC las que se oponen a cualquier iniciativa de ese tipo. ñDurante la lucha en Toulon y Brest los obreros hubieran creado sin dudarlo una organización local de combate si se los hubiera llamado a hacerlo. Al día siguiente de la represión sangrienta de Limoges, los obreros y una importante fracción de la pequeña burguesía, sin lugar a dudas hubieran manifestado su disposición para investigar sobre los sangrientos aconteciemientos y evitar su repetición en el futuro. (...) No hay que dejar pasar ni una sola de esas oportunidades. La primera condición para hacerlo es de comprender el significado de los comités de acción como el único medio de quebrar la resistencia antirevolucionaria de los aparatos de los partidos y de los sindicatos.î (La Vérité, 26/11/35) A pesar de la política de las direcciones y de la extrema debilidad de los revolucionarios, la propia movilización de las masas acelera el proceso. ñLas masas obreras están creando, por medio de su acción directa, una situación revolucionaria. (...) La Cámara [de diputados] no es gobernable porque la crisis actual no abre ninguna salida parlamentaria. También en este aspecto las masas trabajadoras francesas, con el seguro instinto revolucionario que las caracteriza, han percibido, sin quivocarse, ese importante aspecto de la situación. En Toulon y Brest ellas han hecho sonar las primeras señales de alarma. î (La Lutte Ouvri¶re, 12/6/36) Y en el artículo titulado explícitamente ñLa revolución francesa ha comenzadoî decía Trotsky ñLa esencia del actual movimiento reside precisamente en el hecho de romper con los marcos corporativos, profesionales o locales, levantando, por encima de ellos, las reivindicaciones, las esperanzas, la voluntad de todo el proletariado. Rompiendo con los marcos corporativos y locales, el movimiento huelguístico se ha transformado en temible no solamente para la sociedad burguesa, sino también para sus propios representantes parlamentarios y sindicales. (...) El hecho que el movimiento de masas haya alcanzado, bajo esta forma improvisada, dimensiones tan grandiosas y consecuencias políticas tan gigantescas subraya de la mejor manera el carácter profundo, orgánico, verdaderamente revolucionario de la oleada de huelgas. (...) Pero falta una dirección.î Esto podía ser aún solucionado por la propia dinámica. ñLa principal conquista de la primer oleada de huelgas se encuentra en el hecho que han aparecido dirigentes en los talleres y fábricas. Los elementos de los estados mayores locales y barriales han aparecido.î (La Lutte Ouvri¶re, 9/6/36) Sin embargo, este proceso embrionario no llegaría a desarrollarse, lo que es constatado tres meses después. ñLos obreros han ejercido en junio una presión grandiosa sobre las clases dirigentes, pero no la han llevado hasta las últimas consecuencias. Ellos han mostrado su fuerza revolucionaria pero también su debilidad: la ausencia de programa y de dirección.î (La Lutte Ouvri¶re, 18/9/36) Aquí encontramos una caracterización que llegará a ser un lugar común en el movimiento trotskista internacional: la ausencia de dirección. Justamente el problema con que se toparon los trabajadores franceses no fue la falta de una dirección, sino que todavía confiaban en una dirección contrarrevolucionaria, una dirección que hizo todo lo posible para frenar el proceso y que finalmente lo logró. El problema fue la falta de una dirección revolucionaria que pudiera plantearse como alternativa ante la socialdemocracia y el stalinismo y ganarse la confianza de las masas. El trotskismo francés, marginal y devorado por las disputas internas fue incapaz de cumplir el papel que los bolcheviques rusos habían cumplido dos décadas atrás. El Programa de Transición Respondiendo a la falta de programa, Trotsky señala la necesidad de elaborar un programa de transición, pero vale la pena señalar que, en esta ocasión todavía, su planteo coincide con el clásico levantado por Marx y Engels en 1848 y luego por Lenin. ñLa campaña del frente único debe apoyarse sobre un programa de transición bien elaborado, es decir sobre un sistema de medidas que „con un gobierno obrero y campesino„ deben asegurar la transición del capitalismo al socialismoî. (La Vérité, 9/11/34). A diferencia de la posición que tomará el propio Trotsky a partir de 1938 y de allí todo el movimiento trotskista, esta claro que no se trata de de un programa para que las masas exijan su cumplimiento a un gobierno burgués, sino un programa a ejecutar luego de la toma del poder. A fines de 1934 los dirigentes sindicales reformistas Henri de Man (belga) y Léon Jouhaux (francés) elaboran un plan económico alternativo al de los respectivos gobiernos con la finalidad explícita de salir de la crisis dentro de los marcos del capitalismo. Las características del plan eran de tipo keynesiano para reanimar la economía, incluyendo nacionalizaciones en sectores clave de la economía y ciertas medidas sociales a favor de los trabajadores. En marzo de 1935 el Comité Central Nacional de la CGT (Johaux era su secretario general vitalicio) discute, dentro del marco del programa de lucha de la organización sindical, el exigir del gobierno el cumplimiento del plan. El GBL había ganado poco tiempo atrás a Alexis Bardin, miembro de la SFIO y de la dirección de la CGT. En ocasión de la discusión sobre el plan, Trotsky prepara la intervención de Bardin, quien no ocultaba su pertenencia a la tendencia revolucionaria. Bardin, sin dejar de señalar las limitaciones del plan va más allá ñHay que decirlo claramente: solamente un gobierno revolucionario, el de obreros y campesinos, decidido a luchar implacablemente contra todos los explotadores, puede aplicar el plan, completarlo, desarrollarlo y sobrepasarlo en el camino del socialismo. Esto significa para el proletariado conquistar el poder.î Es claro, entonces, que el programa de transición no cumple en ese momento el papel que se le da años más tarde de movilizar a las masas y desenmascarar a las direcciones. Las masas ya están movilizadas y se explica que el programa va a servir para comenzar la construcción del socialismo después de la toma del poder, y este objetivo se declara explícitamente. La denuncia contra la socialdemocracia y el stalinismo no es por no aplicar el programa sino por negarse a tomar el poder y aliarse en cambio con la burguesía para mantener el sistema capitalista. Si bien podrâa decirse que se trata de un anacronismo ya que la Teorâa General no aparecer½ hasta principios de 1936, sus ideas flotaban ya en el ambiente desde el desencadenamiento de la crisis de los aöos treinta.