Declaración de la Liga Comunista frente al ALCA

 

DEMOS UNA RESPUESTA SOCIALISTA

LUCHEMOS POR LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA INTERNACIONAL

 

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esde el martes 3 de abril, y hasta el sábado 7, se reunirán en Buenos Aires los ministros de Comercio de los 34 países del continente americano para tratar de terminar el borrador sobre la negociación del ALCA (Acuerdo para el Libre Comercio de América). La idea es establecer una zona de libre comercio que vaya desde Alaska hasta Tierra del Fuego, que debería estar en funcionamiento hacia el 2005. De hecho, el ALCA es la extensión del acuerdo de libre comercio que ya rige para Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA).

     El ALCA ha suscitado el rechazo de la CTA, MTA, de la izquierda, de «progresistas». Bajo las consignas de «defendamos la soberanía nacional», «no entreguemos nuestras riquezas», «no nos convirtamos en una colonia de los Estados Unidos», estos sectores están convoncando a la movilización de los trabajadores.

 

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ontra este sentimiento nacionalista que prevalece en la izquierda y el sindicalismo opositor queremos hacer conocer una voz socialista e inter­nacionalista. Sabemos que nuestra posición es minoritaria. Pero no podemos dejar de decir que la crítica al ALCA desde una posición nacionalista traerá nuevos y graves perjuicios a los trabajadores.

 

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mpecemos diciendo que el proyecto de formación del ALCA se inscribe en una tendencia mundial hacia la conformación de grandes bloques comerciales. Algunos están hegemonizados por las fracciones más fuertes del capitalismo -por los capitales de Estados Unidos, de Alemania, de Japón. Otros están bajo control de capitales locales; por ejemplo el Mercosur está bajo el control de la burguesía brasileña, y en menor medida argentina, en detrimento de las de Paraguay o Uruguay.

     Por esta vía avanzó la internacionalización del capital en los últimos años. Los capitales quieren asegurar la libertad -para inversiones directas y de cartera, para el comercio- en «sus» áreas de influencia, en detrimento de los capitales que quedan fuera del bloque. A través de los bloques los capitales disputan -con ayuda de «sus» Estados nacionales- por tarifas aduaneras, regímenes de subsidios, derechos de propiedad intelectual, y otros factores que entran siempre en la competencia. En una palabra, disputan acerca de cómo cada explotador se coloca en mejor posición frente a sus competidores. Aquel que tiene mejor tecnología, o mejores condiciones de explotación sobre «sus» obreros, presiona por el libre comercio. Los más débiles son proteccionistas hasta tanto se «ponen a tono». De aquí las presiones «cruzadas» en todo sentido, las trabas al libre comercio de unos y otros, las devaluaciones competitivas de las monedas, o los impulsos a reestablecer la libertad comercial.

 

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e trata entonces, y de conjunto, de una problemática burguesa. En esta lucha ganan los capitales más fuertes y concentrados -pertenecientes a los países imperialistas- mientras que los capitales de los países dependientes tratan de defender «sus tajadas» en la torta. Lo hacen desde posiciones de debilidad, pero conscientes de que su porvenir está en intentar una inserción exitosa en esta mundialización.

 

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a clase dominante de Argentina es partícipe activa en este proceso. Por eso no es cierto que Argentina ahora se convierta en una «colonia» de los Estados Unidos, como dice la mayoría  de  la  izquierda.  La  burguesía  argentina -como la burguesía mexicana- es una clase explotadora con raíces propias, con control sobre su Estado y su territorio (lo que no sucede con una colonia). Cuando decide entrar al ALCA, lo hace defendiendo sus intereses, no porque sea «obligada» por alguna fuerza de ocupación extranjera. Por eso, cuando la izquierda y la dirigencia sindical dicen que la clase dominante argentina «claudica», «traiciona» o «es cobarde», la están embelleciendo, ya que apuestan a fracciones que «deberían responder con valentía a sus intereses genuinos».

     Sólo fracciones muy débiles de la pequeña burguesía, afectadas por la crisis, se opondrían hoy al ALCA. Son estas fracciones, y sobre todo sus representantes políticos, los que llaman a la clase obrera argentina a abrazar la causa del nacionalismo y/o de «seguir en el Mercosur».

 

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a izquierda «socialista-nacionalista» y la dirigencia sindical fundamentan su postura diciendo que con la integración al ALCA Argentina estará bajo una intensa presión para adaptar sus condiciones económicas «a las exigencias de Estados Unidos». De esta manera confunden los efectos con las causas. Creen que los ataques al trabajo se deben a los acuerdos comerciales -y no a las leyes del desarrollo capitalista- y que por lo tanto pueden ser eliminados con medidas nacionalistas. Pero lo cierto es que la flexibilización laboral, la baja de salarios es la respuesta del capital (incluido el argentino, incluido el capital «pequeño, industrioso y progresista») a su crisis de rentabilidad y a las presiones de la competencia.

     Por eso, y contra lo que dicen los dirigentes del movimiento obrero y de los principales partidos de la izquierda nacionalista, el nacionalismo y el proteccionismo no aportan ninguna solución al avance de la flexibilización laboral y bajas salariales.

     Por otro lado, las medidas proteccionistas son un engaño para los trabajadores. Veáse el ejemplo reciente: a las subas de aranceles dispuestas por Cavallo ya respondieron Brasil y Chile con otras subas. Así, lo que gana en empleo un sector de la economía argentina, lo pierde otro sector de la economía brasileña o chilena y viceversa. Pero el efecto político de la propaganda a favor de los aranceles y el proteccionismo está a la vista: es indudable que las medidas de Cavallo han podido ser presentadas por sus defensores como «pro­gresistas», con el argumento de que «protegen a la industria nacional». Esta es la consecuencia, concreta, de la insistencia en la educación nacionalista.

     La propaganda «izquierdista-progresista-nacionalista» que se ha desatado en estos momentos profundizará en esta ideología nacionalista, con consecuencias políticas altamente perjudiciales para la lucha de los trabajadores. Es que plantear la cuestión en términos de  «la lucha es contra Estados Unidos» lleva a ignorar la posibilidad de establecer unidades de acción y de plataformas reivin­dicativas con los trabajadores de Estados Unidos, de Canadá, y del resto de América.

 

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osotros decimos, por el contrario, que los trabajadores argentinos tienen que llamar a sus hermanos de clase de toda América a la unidad. Por ejemplo, sería un objetivo de lucha que por ramas industriales se establezcan condiciones de salario y trabajo homogéneas, según las pautas más favorables para el trabajo. Esta respuesta de clase, solidaria, internacionalista, es imposible si se parte de una postura nacionalista como la que está adoptando la izquierda argentina. Además, es imposible sostener una posición tajante contra la xenofobia nacionalista argentina -que se descarga a diario sobre los trabajadores bolivianos o paraguayos- si no se combate la xenofobia nacionalista contra los trabajadores de Estados Unidos o Canadá. Podemos presentar este argumento también con una pregunta: ¿Por qué la izquierda argentina, o el CTA y MTA, no lanzaron una campaña furibunda de rechazo al Mercosur por «opresión y explotación sobre el Paraguay»? La sola formulación de la pregunta desnuda su carácter oportunista y patriotero.

 

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or todo esto, como socialistas, nos oponemos a las políticas de la burguesía argentina -y de cualquier otro país- no en términos nacionales, sino de clase.

     Hace más de ciento cincuenta años, dos grandes revolucionarios, llamados Carlos Marx y Federico Engels, lanzaron una llamado a los obreros del mundo a unirse, por encima de toda diferencia nacional. Ellos explicaron que la clase obrera de ningún país debía alinearse ni con las fracciones nacionalistas, ni con las fracciones «internacionalistas» de las burguesías de sus países.

     A pesar de que la inmensa mayoría de la izquierda abandonó estas posturas, para abrazar la causa del nacionalismo, seguimos pensando que el llamado de Marx y Engels a la unidad de todos los explotados tiene mayor vigencia que nunca. En esto se juega la posibilidad de construir una alternativa independiente de todas las fracciones de la clase dominante. Y por supuesto, la de sostener las enseñanzas más elementales del socialismo, de la lucha solidaria e internacionalista de todos los oprimidos por el capital.

 

Liga Comunista