Presentación

 

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l número de Debate Marxista que presentamos al lector tiene como tema principal la discusión sobre qué es hoy clase obrera y la cuestión de su centra­lidad en cuanto sujeto revolu­cionario.

     La caracterización respecto a qué es la clase obrera está en el centro de muchísimos debates en la izquierda y en los ambientes progresistas. Ya a partir del desarrollo de los sectores de «servicios» muchos intelectuales sacaron la conclusión, hace décadas, que la clase obrera estaba en vías de desaparición en todo el mundo, fagocitada por una sociedad «de la clase media». De esta manera se desacreditaba al socialismo y se negaba la posibilidad misma de la transformación revolucionaria, ya que la sociedad capitalista devendría cada vez más igualitaria.

     La extensión de las relaciones capi­talistas a nivel planetario –la llamada «globa­lización»- y la polarización social creciente, lejos de debilitar la fuerza de este ataque al marxismo, parecen haberlo rejuvenecido. Por todos lados aparece la vieja cantinela acerca de que los trabajadores de servicios no pertenecen a la clase obrera. A esto además se le agregan otros argumentos, como los que afirman que la clase obrera está en vías de desaparición, ya sea por el crecimiento de los desocupados, o por su creciente fragmen­tación, que le quita poder social. Las políticas favorables a los «nuevos movimientos sociales» se inscriben en estas corrientes de pensamiento.

     Estas tesis son examinadas y criti­cadas en los trabajos sobre qué es clase obrera, y sobre los nuevos movimientos sociales, a la luz de la teoría marxista de las clases. Las conclusiones que se desprenden de nuestros análisis son radicalmente opuestas a las que se suelen difundir comúnmente.

 

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ambién publicamos en este número un documento de la Tendencia sindical de Uruguay y un Manifiesto de delegados del Sindicato de Shell Gas ante el 2º Congreso Popular Permanente de Para­guay.  Creemos que la importancia del documento de los compañeros urugua­yos reside en que recupera el rol de la clase obrera como sujeto político frente a aquellos que le niegan toda posibilidad de recom­posición.

     Efectivamente, existen quienes, sin ne­gar la existencia de crecientes masas de asalariados, sostienen sin embargo que la clase obrera ha desaparecido como su­jeto político porque no sólo no está consti­tuida políticamente como clase indepen­dien­te -lo que es cierto en esta coyuntura his­tórica- sino también porque no existe posibilidad de que lo haga.  Para aquellos que sostienen tal idea, no se trata de un fenómeno político –producto de las de­rrotas sufridas por el movimiento revolu­cionario en el siglo 20- sino de un fenó­meno «natural». Han fetichizado la fuerza de la ideología burguesa, a tal punto que han terminado cayendo en el escepti­cismo.

     El documento de la Tendencia Sindical de Uruguay demuestra «prácticamente» las posibilidades de recomposición política que anidan en la clase obrera. Este documento, que tiene avanzadas definiciones acerca del Estado, el internacionalismo, las luchas contra el capital, e incluso sobre las experiencias pasadas de los regímenes stalinistas, cuenta con el respaldo de aproxima­damente 100 delegados al Congreso del PIT-CNT de Uruguay, próximo a reali­zarse (lo que representa un 15% del total de delegados). Es un documento que des­mien­te, por otra parte, a aquellos que reniegan de la lucha teórica y política en el movimiento obrero, con el argumento de que «lo único que necesitamos son consignas y llamados a la lucha». Los compañeros uruguayos muestran un camino alternativo: que es posible, a la par que se combate la ofensiva del capital, replantear las cuestiones políticas y teóricas más profundas, condición indispensable para el éxito de las futuras movilizaciones.

 

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ste número de Debate Marxista se complementa con un análisis de la situación económica argentina, y la reproducción de la declaración que hizo la Liga Comunista en ocasión de las reuniones por el ALCA, que se realizaron recientemente en Buenos Aires.

     El artículo sobre situación económica trata sobre el significado de la estrategia de acumulación en curso, y la unidad burguesa en torno a ella, a pesar de las tensiones y diferencias que existen en el seno de la clase dominante. La declaración sobre el ALCA trata de presentar una voz socialista e interna­cionalista frente a la verborragia nacionalista y patriotera con que desde el «progresismo» y la izquierda se está criticando el proyecto de mercado común americano.

     Ambos artículos se inscriben en la necesidad de combatir el intento de encallar el descontento y la bronca de los explotados frente a la situación económica y la política de la Alianza y del peronismo, en un nuevo frente nacional de colaboración de clases, al estilo de lo que fue en su momento el Frente Grande. En aras de esta política, por todos lados los «frentistas», sindi­calistas combativos y personajes similares buscan distinguir fracciones de la burguesía «nacional, productiva y progresista», con la que hacer alianzas o, por lo menos, establecer acuerdos. Incluso algunos han tratado de encontrar algún rasgo progresista en Cavallo frente a sus predecesores (de ahí el «compás de espera» que le abrió Moyano).

     Lo fundamental que deberíamos tener presente, en estos momentos de tanta confusión, es:

 

a)  existe una unidad burguesa en lo esencial en torno al curso de acu­mulación; las diferencias entre Ma­chinea, López Murphy o Cavallo son tácticas, secundarias, como lo son las que hay entre el peronismo y la Alianza, o entre éstos y Acción por la República. Todos coinciden en man­tener lo esencial: bajas salariales, precarización laboral, disciplinamiento del trabajo por medio del mercado y la desocupación

b)  los intentos de conformar nuevos frentes de colaboración de clases llevarán a nuevas derrotas y frus­traciones al movimiento obrero. Carrió, los «socialistas» de la Alianza, los diputados de CTERA o CTA, Moyano, no tienen nada esencialmente distinto que ofrecer. Ninguno de ellos tiene salida frente a las exigencias de los mercados y de los capitales, ya que ninguno está dispuesto a cuestionar la dominación del capital ni a aplicar medidas de corte socialista. Tampoco las expresiones más pequeño bur­guesas, como el Polo Social de Fari­nello, ofrecen salida. Los llamados piadosos a «portarse bien» y «ser caritativos con los semejantes», y las bendiciones colectivas «a las manos trabajadoras» del cura Farinello, de poco servirán el día que deba enfren­tarse a la dura realidad del capital y de su Estado. No existen otras vías distintas al socialismo que puedan enfrentar al chantaje de los capitales, que amenazan con la huelga de inversiones apenas se afecta a sus intereses. Los ejemplos de Chávez, en Venezuela, o del candidato Alan García, en Perú, son ilustrativos. Ambos esgrimen una cierta retórica populista, ambos presentan perga­minos de «nacionalismo antiimpe­rialista combativo». Ambos, como expresiones del nacionalismo burgués en decadencia, han asegurado las más amplias garantías a la explotación del capital privado.

 

     Es necesario preparar una alternativa revolucionaria, socialista, de indepen­dencia de clase. Y es en este sentido que, tanto la crítica al nacionalismo burgués como la propaganda contra el Estado, son vitales en estos momentos en que se prepara una nueva encerrona de colaboración de clases para las masas.

     Para presentar nuestra posición sobre estos aspectos, incorporamos también el informe de apertura de  Osvaldo Garmen­dia en la Charla-Debate que la Liga Comunista organizó en conmemoración del 1º de Mayo.