Una crítica a los Nuevos

Movimientos Sociales

 

 

Este artículo tiene como objetivo criticar algunos de los argumentos que se esgrimen para defender a los «nuevos movimientos sociales»1. Tomaremos para esto a Offe2, teórico alemán que puede ser ubicado entre las filas de la socialdemocracia. También a Manuel Castells, español radicado actualmente en EEUU, con posicionamientos políticos similares a los de Offe.

     Por otra parte, la crítica hacia las premisas sobre las que se asientan este tipo de movimientos se hace más urgente frente al apoyo acrítico que reciben desde la izquierda argentina, como vimos en momentos de las convocatorias de Seattle y Praga3, por ejemplo.

     Comenzaremos con la hipótesis que construye Offe para explicar el surgimiento de los NMS. Luego trataremos las principales premisas sobre las que asientan sus acciones los NMS, haciendo una crítica marxista de las mismas.

 

1  La nueva clase media

   y los nuevos movimientos sociales

 

Offe explica el surgimiento de los NMS a partir de su base social: «Por lo que a su base social respecta, se componen... de tres segmentos de la estructura social bastante claramente delimitados: 1- la nueva clase media, especialmente aquellos elementos que trabajan en profesiones de servicios humanos y/o en el sector público, 2- elementos de la vieja clase media, y 3- una categoría de la población formada por gente al margen del mercado de trabajo o en una posición periférica respecto a él (tal como obreros en paro, estudiantes, amas de casa, jubilados, etcétera)».4

     El autor nos dice que «la nueva clase media y los segmentos «periféricos» o «desmer­can­tilizados» están en aumento y por esa razón los movimientos sociales van ganado terreno frente a los agrupamientos políticos y gremiales históricos de la clase obrera». ¿Qué análisis hace para sostener tal argumento?

     En primer lugar, habría que comenzar por saber qué entiende el autor por nueva clase media, base social de los nuevos movimientos. La nueva clase media, tiene funciones sociales tales como la «enseñanza y distribución de información, servicios de salud, control social y administración»5, las cuales, nos dice, difícilmente sean reemplazadas por máquinas automáticas servidas por los usuarios.

     En segundo término, deberíamos saber a qué se refiere el autor con «elementos desmercan­tilizados». Los identifica con las amas de casa de clase media y universitarios, los pensionistas y jóvenes en paro total o parcial. Una característica común a ellos es que «sus vidas se hallan atrapadas por el régimen bu­ro­crático y pa­triarcal de las instituciones en las que están inmersos, y que cada vez menos su si­tua­ción social se define direc­tamente por el mercado de trabajo». 

     En lo que respecta al pri­mer punto, la crítica radica en que la clase social de tal o cual grupo no se define por el valor de uso que está produciendo, por la actividad concreta que desarrolla aquél que queramos «clasificar». Más bien, la clase se define por la relación social de producción en la que está inmerso el sujeto. Esto es: más que si produce información, enseñanza, servicios de salud u otro valor de uso, de lo que debería dar cuenta nuestro autor para hablar de un aumento o una disminución de la clase media es si se está en una relación asalariada, si trabaja para un patrón que vive de su trabajo, o puede reproducir su vida sin vender su fuerza de trabajo. Es clarificador un pasaje de Marx al respecto: «Una serie de funciones y actividades envueltas otrora por una aureola y consideradas como fines en sí mismas, que se ejercían de manera honoraria o se pagaban oblicuamente (como todos los profesionales (proffesionals) médicos, abogados... se transforman directamente en trabajos asalariados, por diferente que pueda ser su contenido y su pago...»6

     Según los criterios de Marx, no en­con­tramos bases empí­ricas para plan­tear un aumen­to de la nueva clase media como sostiene Offe, sino más bien una dis­mi­­nu­ción de ésta y un aumento del número de asalariados. Por ello el argumento de que los NMS irán aumentando en detrimento de las organizaciones históricas de la clase obrera, porque aumenta la nueva clase media no tiene un fundamento en la realidad. Habrá que rastrear las causas del auge de los NMS en Europa sobre todo, en elementos político-ideológicos.

     La derrota mundial del proletariado y el descrédito del socialismo después de la caída del muro de Berlín, son fundamentales para comenzar a comprender el por qué del avance de este tipo de movimientos. El atraso ideológico y la ausencia de respuestas autónomas de los trabajadores frente al avance del capital sobre sus condiciones de trabajo y su ideología fueron y son el terreno propicio para que se desarrollen concepciones burguesas como las que encarnan los NMS, como desarrollaremos más abajo. 

      En lo que respecta a los sectores «desmer­cantilizados», el autor los identifica con las amas de casa de clase media y los jóvenes en paro. Estos se definen cada vez menos directamente por el mercado de trabajo, al tiempo que se transforman cada vez más «... por períodos más y más largos de tiempo de trabajadores en clientes»7.

     Primero, vemos la incoherencia que implica sostener que personas que se definen cada vez más a partir de ser compradores de mercancías sean encuadradas como sectores desmercantilizados.

     Y segundo, las amas de casa de clase media, los universitarios, los pensionistas y los jóvenes en paro total o parcial, están atravesados por relaciones sociales de producción, y por tanto, pueden ser encuadrados en clases sociales. Algunos perte­necen a la comúnmente llamada clase media (o pequeña burguesía), como las amas de casa de clase media, una parte de los universitarios, una parte de los pensionistas, y otros a la clase obrera, como los jóvenes en paro. El método no científico de Offe lo lleva a las inconsistencias e incoherencias lógicas que hemos marcado. Es fundamental el análisis de clase de la realidad social para evitar sostener cosas erróneas, como que el auge de los NMS de debería a un aumento de la clase media y  los sectores desmercantilizados. 

     El último grupo que forma parte de la base social de los NMS para Offe, es la vieja clase media. Este punto no merece un desarrollo considerable porque Offe parece identificarla con la pequeña burguesía. En este sentido incluye en esta categoría a campesinos, tenderos, artesanos que, como pudi­mos ver en Seatlle o en Praga, tienen una fuerte presencia en este tipo de movimientos8.

     De acuerdo con lo dicho, no hallamos bases empíricas para plantear un aumento de los NMS debido al crecimiento de la nueva clase media y los sectores desmercantilizados, sino que en momentos en que se da un fuerte aumento del proletariado a escala mundial, nos encontramos frente a:

 

I)   una reedición de una alianza de clases entre capas de la pequeña burguesía y capas del proletariado. Como vimos, en los NMS se mezclan obreros en paro, amas de casa de la pequeña burguesía y sectores de la vieja burguesía, como campesinos, tenderos y artesanos

 

II)  conducida por la pequeño burguesía. Esto se refleja en las concepciones sobre las que asientan su accionar estos movimientos: luchan por defender a la sociedad civil frente al Estado, no reconocen la lucha de clases como el hecho básico de la sociedad capitalista, sino que suponen un conflicto difuso y, por último, tienen una concepción de la tecnología y del desarrollo de las fuerzas productivas en general, que expresa el anhelo de volver atrás la marcha de la historia. Desarrollaremos estos puntos a continuación.

 

2- Las premisas

 

I    El eje del conflicto se sitúa entre el Estado y la sociedad civil

 

Los NMS parten del diagnóstico de que el Estado se está alejando de territorios de la sociedad civil porque «las contradicciones de la sociedad industrial avanzada no pueden seguir resolviéndose por el estatismo y la burocracia». Según los NMS, esto implica mayor autonomía para la sociedad civil, a la vez que hacen un llamado a su politización. Los NMS tratan de «... politizar las instituciones de la sociedad civil de forma no restringida por los canales de las instituciones políticas representativas burocráticas, reconstituyendo así, por tanto, una sociedad civil que ya no depende de una regulación, control e intervención cada vez mayores.»9

     Para éstos toda la problemática de las sociedades industriales avanzadas gira en torno a la oposición estado-sociedad civil. Ahora bien, esta oposición encubre una contradicción profunda y fundamental: la que existe entre el capital y el trabajo.

     La sociedad civil es la sociedad del mercado capitalista y del Estado que cuida y defiende al capital, la propiedad y los intereses de la clase dominante. La sociedad civil es la forma jurídica que toma la circulación de mercancías en el capitalismo, forma que encubre la explotación en el terreno de la producción. Por lo tanto, politizar la sociedad civil y volverla más autónoma es ilusorio, en tanto está atravesada por la lucha de clases y por el Estado burgués.

     Al considerar como un hecho básico y fundamental la existencia de la lucha de clases, nos vemos obligados a asumir como tareas la organización y la autonomía de la clase traba­jadora respecto de la burguesía y de su Estado (lo que también implica dar la lucha ideológica contra concepciones como las que encarnan los NMS).

 

II   La sociedad actual se caracteriza por una mayor fragmentación y diferenciación social.

 

     Extrañamente Offe divide toda la historia del capitalismo en dos etapas: una anterior a la década del ’70 caracterizada por «grandes colectividades duraderas» y «relativamente diferenciadas, tales como clases, agrupaciones según el status social, profesión, interés económico, comunidades culturales y familia».10 La otra, aún en desarrollo «presenta una mayor individuación y diferenciación social», y por tanto colectividades «menos diferenciadoras y menos duraderas como puntos de referencia orientativos»11.

     Entonces «mientras que en el capitalismo previo a los 70 la sociedad era homogénea y estaba dividida en clases, en la actualidad la sociedad está más fragmentada, es más heterogénea y por tanto ya no se agrupa en torno a intereses económicos, como los intereses de clase», sino en torno a otros como la defensa de «un territorio (físico), un espacio de actividades... como el cuerpo, la salud e identidad sexual; la ve­cindad, la ciu­dad y el entor­no físico; la herencia y la identidad cul­tural, étnica, nacional y lin­güística; las condiciones físicas de vida la superviven­cia de la huma­nidad en gene­ral.»12

     En este ca­so, Offe hace el mismo tipo de operación que otros autores de la socialdemocracia; confunde dos niveles de análisis: el momento objetivo de la existencia de las clases y el momento político de la organización y la conciencia de esas mismas clases en conflicto.

     Hoy hasta las estadísticas burguesas muestran un aumento de los obreros ocupados y deso­cupados en términos absolutos y relativos en estos últimos años en la Argentina y el mundo, como expusimos en el punto 2. Más que frente a una mayor individuación y diferenciación de la sociedad, nos hallamos ante un profundo proceso de homogeneización13.  Entonces, el pro­ble­ma de la fragmentación remite, más que al momento objetivo como parece leerse en Offe, a la lucha política.

     La clase obrera mundial atraviesa una situación de derrota que se traduce obviamente en el plano ideológico-político, en las posibilidades de poder hacer una lectura propia (esto es, no burguesa) de la realidad y de organizarse como clase y superar la fragmentación política. Offe naturaliza la situación política de derrota de la clase obrera y la traslada al plano estructural. Es mecanicista al suponer que habría una identidad entre nivel político y el objetivo en la sociedad capitalista, al punto que al observar «lo que los hombres piensan»  podemos deducir «lo que los hombres realmente hacen». 

     De la tesis de la fragmentación se desprenden algunas cuestiones de importancia. En «un mundo de fragmenta­ción», y de «in­solidaridad ob­jetiva», al decir de Cas­tells, es com­pren­sible que las tareas sean las de «reconstruir el tejido social, el lazo solidario».  Esta idea es la base de mu­chos trabajos barriales, estu­diantiles, y sin­dicales de al­gu­nas agrupaciones de izquierda. El trabajo se encara con el objetivo de «juntar», «unir» a la clase obrera o al pueblo fragmentado, para en el futuro plantear el problema de la conducción del movimiento y la lucha por el socia­lismo. Sabe­mos lo que pasa mientras tanto: la bur­gue­sía con­duce el movi­miento. Pero la cosa no ter­mina ahí.

La idea de reconstruir el lazo social es idealista, porque el lazo entre el capital y el trabajo es objetivo, no lo creamos a voluntad. Los falansterios de Fourier14 de principios de siglo XIX son expresión de esta idea que no se asienta en un análisis científico de la realidad: construir relaciones sociales a voluntad sin tomar en cuenta el movimiento histórico real. Además, si por otra parte consi­deramos el grado de desarrollo de las relaciones mercantiles hoy vemos rápidamente que «re­construir el lazo» al margen de la compraventa de mercancías (incluida la fuerza de trabajo) es imposible.  

 En trabajar por el reconocimiento de la realidad de sujeción en la que se encuentra el trabajador y elevar esa realidad al nivel de la lucha política reside gran parte de la tarea de los revolucionarios, que los NMS con sus tesis de la fragmentación y el fin de la clase obrera no hacen sino negar.    

 

III  Los efectos negativos del sistema afectan a cada vez más personas de distintos sectores sociales por igual. Por lo tanto estaríamos ante un conflicto extendido que no tiene anclaje en ninguna clase en particular. Ya no habría una única clase atacada como la clase obrera, sobre la cual depositar las esperanzas de liberación de la humanidad.   

 

     El autor nos dice que «los efectos colaterales negativos de las formas establecidas de racionalidad económica y política ya no son concentrados y específicos de una clase...»15 O sea, para Offe «la clase obrera antes a los 70 era la única que sufría los efectos negativos de las leyes de acumulación capitalista y del dominio del Estado burgués, mientras que ahora esta clase a la vez que va siendo cada vez más reducida, no es más la privilegiada en ese sentido». Esto implica que «el sistema afecta a todos los sectores de la sociedad por igual. Por tanto, el conflicto puede desarrollarse desde cualquier sector».

     En primer lugar, la clase obrera es la única explotada por la clase capitalista y por ello es la que más directamente siente los embates de la racionalidad económica del sistema (por ejemplo a través de la desocupación, efecto de la búsqueda de un aumento de la plusvalía extraordinaria por parte de los capitalistas) pero no es la única que ha sufrido históricamente los efectos negativos del sistema.

     La pequeña burguesía, por ejemplo16, en el modo de producción capitalista va perdiendo sus medios de producción frente a los capitalistas más grandes, y se ve envuelta en un proceso de proletarización. En la Argentina de estos últimos 10 años hemos visto a cada vez más almaceneros, pequeños agricultores y profesionales independientes perder sus propiedades y pasar a engrosar la masa de obreros ocupados y desocupados. Esta es una muestra más que suficiente de que los efectos negativos de la racionalidad económica nunca fue específica de una clase, como nos dice el autor, por lo ahora nos encontraríamos frente a sociedades cualitativamente distintas de las anteriormente conocidas.

     Respecto de los efectos de la racionalidad política, el sistema ha ejercido históricamente a través del Estado burgués y sus instituciones la represión y el dominio sobre vastos sectores de la población que no son parte del proletariado, pero que son oprimidos bajo diversas formas: por ejemplo las minorías nacionales y las mujeres. Este tipo de opresión no es nuevo, como daría a entender Offe.  Lenin17 establecía una diferencia entre explotados, aquellos expropiados de sus condiciones materiales de existencia y obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir, y oprimidos, aquellas categorías sociales perse­guidas, humilladas que luchan por la igualdad de derechos.

     La clase obrera si bien no es la única afectada por la racionalidad económica y política, fue  y  es la más afectada, y fue y sigue siendo la clase revolucionaria por el lugar que ocupa en la producción. Por lo tanto, como clase revolucionaria debe hacer suyas todas las reivindicaciones democráticas de los oprimidos uniendo todas las demandas bajo una estrategia proletaria, siempre respetando la especificidad de cada una de ellas.  

      En segundo lugar, de las ideas expuestas por Offe se desprenden otras consecuencias. Si «los efectos negativos del sistema están extendidos por igual sobre toda la sociedad», la lucha de clases no es más el conflicto central de la sociedad capitalista, sino que estamos frente a múltiples conflictos que pueden aparecer y ddesarrollarse en cualquier lugar con la misma significación18.

     A partir de esto, «las tareas que se desprenden para el movimiento obrero y popular son las de la resistencia desde el propio lugar en el que se desarrolla el conflicto», dejando de lado el imperativo de la centralización de la lucha contra el capital. Las tareas políticas del partido revolucionario (la organización y la propaganda) no tienen razón de ser en este razonamiento que hace una apología de la fragmentación y la resistencia.

     Estas nociones de un conflicto extendido son repetidas, bajo la idea de red, por Manuel Castells: «... en la red el enemigo escapa. Simplemente la red se desconecta. Con lo cual ¿qué quiere decir? Que la oposición sólo puede ser saliendo de la red y cambiando el sistema de valores (...) lo identitario es la trinchera fundamental de defensa contra la red, la globalización, la disolución de todo lo que existe en una gran acumulación que en el fondo, es monetaria.»19  

 

IV  Las instituciones económicas y políticas están completamente fuera de control y la tecnología es naturalmente destructiva.

 

     Por último Offe nos dice:«... las instituciones tanto políticas como económicas que administran juntas la racionalidad de la producción y del control han perdido toda su capacidad auto correctiva o de auto limitación; están atrapadas sin remedio dentro de un círculo vicioso  que solamente puede romperse desde fuera de las instituciones políticas oficiales...»20

     Estamos ante una reedición de visiones pequeño burguesas románticas: «el aparato de la producción está fuera de todo control y limitación». El capital por su carácter revolucionario rompe las barreras que impiden su movimiento y ese movimiento se sustrae de toda limitación porque ocurre «a espaldas» de quienes lo provocan. Marx nos dice en este sentido: «La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los medios de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales.» 21

     Por tanto, la pérdida de capacidad auto correctiva y de auto limitación del capital no se ha perdido. Se da a través de las crisis, mecanismo a través del cual el capital «corrige» sus excesos. Pero las crisis recrean el hambre, la destrucción periódica de fuerzas productivas, las catástrofes humanas como nunca se han visto.

     Sólo los que no reconocen este hecho esencial del capitalismo, pueden guardar esperanzas de un capitalismo «bueno», y abogar por una fuerte intervención estatal en la economía en favor de la pequeña empresa, y «fantasear» con que de esta forma el capital a través de su Estado se autocorrija y autolimite. Como es lógico, al ver el fracaso de sus aspiraciones crean el fantasma de una máquina imparable.

     Esta máquina se identifica muchas veces con la tecnología, a la que se fetichiza, se naturaliza. Los NMS creen en el «... impacto destructivo, anárquico, irracional y deshumanizador de la industrialización capitalista sobre todos los aspectos de la vida humana» y  tienen «... planteamientos  antiproducti­vistas  de la tecnología y de la industria»22 Este tipo de planteos tiene una raíz en ideologías conservadoras, ya que pretende volver atrás la marcha de la historia, retrasar el desarrollo de las fuerzas productivas.

     Este problema se evita si no pensamos a la tecnología en abstracto, como hacen los NMS, y en cambio centramos el nudo del problema en la forma social que toma esta en el capitalismo: la de un medio de explotación del capital sobre los trabajadores. 

     De esta forma no asumimos tareas erróneas como luchar por parar el desarrollo tecnológico (cuando no volver a etapas de desarrollo superadas) y por la regulación de la economía para evitar sus efectos destructivos.

     Esto último nos enfrenta a otra contradicción en las premisas de los NMS: por un lado se brega por una mayor autonomía de la sociedad civil respecto del Estado y por otro se proclama más intervención del Estado para paliar los efectos de la libre competencia capitalista.  Esto se puede ver en todo su despliegue en la discusión frente al ALCA, tratado en este mismo número.     

      

3 A modo de cierre:

 

     Los NMS expresan una alianza de clases entre capas de la pequeña burguesía y el proletariado.

     Su auge se debe más que a un aumento de la clase media y  de «sectores desmercantilizados» como sostiene Offe, a un avance de concepciones burguesas sobre un movimiento obrero más homogéneo que décadas atrás, pero derrotado políticamente a nivel mundial, con serias dificultades para desarrollar una conciencia de clase autónoma.   

     Los revolucionarios debemos apoyar este tipo de movimientos si luchan por objetivos progresistas, marcando los límites de una política que tiene su horizonte en hacer más autónoma a la sociedad civil, que intenta parar el desarrollo tecnológico, o que busca recrear el lazo social. O sea, dando la disputa ideológica frente a la burguesía que en este, como en cualquier otro terreno, intenta contener la lucha de clases dentro de los límites del sistema.

 

Valeria Ugarte

 

1 A partir de ahora NMS.

2 El trabajo se centra en su libro Partidos Políticos y nuevos movimientos sociales, Ed. Sistema, Colección Política, Madrid, 1992 (primera edición en la década del ´70). En éste el autor analiza los NMS de Alemania.

3 Ya hemos formulado una crítica a los NMS que se nuclean en torno de Acción Global de los Pueblos contra el libre comercio y la OMC en nuestro número anterior (ver Debate Marxista Nro. 1- Segunda Época)

4 Offe: 1992, p. 181.

5 Op. cit., p. 198.

6 Marx: 1997, p. 81. El subrayado es nuestro.

7 Offe: 1992, p. 198.

8 En un artículo publicado en el diario Clarín (7/5/00) se dice: en Seattle estuvieron “los Sin Tierra de Brasil, campesinos japoneses deseosos de cultivar el arroz a la vieja usanza, bancos pequeños, sindicatos, feministas...”

9 Offe: 1992, p.167. El subrayado es nuestro.

10 Op. cit., p. 182.

11 Op. cit., p. 182.

12 Op. cit, p. 177.

13 Para abordar este problema con más profundidad remitirse a Donaire Ricardo, Rev. Dialéctika Nro. 8, 1998.

14 Fourier era un socialista francés que vivió entre fines de siglo XVIII y principios del XIX. Es considerado parte del socialismo utópico, que se caracterizaba por plantear la revolución social sin un análisis científico que planteara la conexión entre las leyes de desarrollo capitalistas y el socialismo. Marx y Engels van a superar ese vacío teórico posteriormente.  

15 Offe: 1992, p. 208.

16 También podríamos citar el ejemplo de los capitalistas, que tampoco pueden sustraerse de los efectos negativos de la racionalidad económica, porque no tienen dominio sobre las leyes que rigen el sistema. Por tanto toda la clase se ve envuelta cíclicamente en crisis de acumulación que no puede evitar, al punto que muchos capitalistas quiebran y son desplazados del proceso. ¿Hacen falta más muestras para refutar la idea de que la racionalidad capitalista fue en algún tiempo exclusiva de una clase?  

17 Lenin: 1958.

18 Estamos ante la “... intercambiabilidad sistémica de los escenarios de conflicto y de las dimensiones de la solución del conflicto (que) hace obsoleta la idea de un conflicto “primordial” (como el que se deriva de la ley del valor de Marx)”. Offe: 1992.

19 Castells M., El trabajo y la política en este fin de siglo, Edición del IEF de la CTA, p. 67.El subrayado es nuestro

20 Offe: 1992, p. 208.

21 Marx: 1987, p. 96.

22 Offe: 1992, p. 187.

 

Bibliografía utilizada:

 

Libros:

 

l    Offe C,  Partidos Políticos y nuevos movimientos sociales, Ed. Sistema, Colección Política, Madrid, 1992. 

l    Marx Carlos, El capital, Ed. FCE, México, 1987.

l    Marx, Carlos, Capítulo VI Inédito, FCE, México, 1997.

l    Lenin V.I., Tareas de los socialdemócratas rusos, en Obras completas, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958, TII.

 

Revistas:

 

l    Debate Marxista Nro. 1- Segunda Época.

l    Revista Dialéktica Nro. 8, 1998.

l    El trabajo y la política en este fin de siglo, Edición del Instituto de estudios y Formación de la CTA.

l    Diario Clarín, 7/5/00.