Situación nacional y  política revolucionaria

 

Ataque a la clase trabajadora, la unidad burguesa y sus contradicciones

 

Los trabajadores nos encontramos frente a un brutal ataque a nuestros salarios, condiciones laborales y de vida. No se trata sólo de la rebaja de salarios a los estatales y de la reducción de los gastos en educación y salud que están instrumentando el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, sino también de las rebajas de salarios que están imponiendo muchas patronales, al calor de la ofensiva que se desata sobre los estatales, de la crisis económica y del extendido temor a la desocupación.

   Pero hay más. El acuerdo con el FMI establece que al "ajuste" en curso le debe seguir otro de características aún más terribles para los trabajadores: se sabe que se acordó una nueva rebaja del gasto público en las provincias por unos 4.000 millones de dólares (10% del gasto provincial), suprimir la mayoría de los planes Trabajar, suprimir definitivamente el incentivo docente, eliminar miles de puestos en la administración pública, reformar el estatuto docente, modificar el régimen jubilatorio aumentando la edad de retiro para las mujeres. La depresión económica imperante llevará a su vez a nuevos ataques sobre los trabajadores del sector privado.

 

Por todos lados el capital, ayudado por el Estado, presiona por descargar el peso de la crisis sobre las espaldas de los asalariados. El objetivo es "hacer competitiva" a la economía argentina, reduciendo los salarios y los costos del Estado, a los efectos de aumentar la tasa de ganancia del capital en general. Un objetivo que comparten las cámaras empresarias industriales, de la construcción, del comercio, de los bancos, los fondos de pensión y de inversión, las cámaras de exportadores, de importadores, los economistas del establishment, los grandes medios de comunicación, los gobiernos latinoamericanos y de las potencias imperialistas, el FMI, el Banco Mundial, y muchos otros que ya se han pronunciado a favor de las medidas del gobierno y del ataque a los salarios.

   Nos encontramos ante un ataque que está en consonancia con un modo de acumulación que se inscribe en las tendencias mundiales del capital. Cuya característica central es la acumulación en base a la intensificación de la explotación absoluta de los trabajadores, exacerbada por la competencia de los oligopolios y sustentada en el disciplinamiento del trabajo a través de la desocupación.

   Por eso hay que comprender que estamos ante un enfrentamiento del conjunto de la clase explotadora contra el conjunto de los explotados, sean asalariados o desocupados. Aquí está en juego una nueva y gigantesca transferencia del valor generado por el trabajo a los empresarios. Esto es lo que sustenta la hermandad profunda de todos los explotadores y su respaldo al plan del gobierno. Es lo que explica, en última instancia, el apoyo de los principales partidos a las políticas instrumentadas hasta el momento.

 

Pero... ¿acaso no hay oposición al ajuste en la dirigencia radical, en el Frepaso, en el PJ? Moreau, Alfonsín, Duhalde, Cafiero que hablan contra "el ajuste sin fin", ¿no están defendiendo, aunque sea parcialmente, los intereses de los trabajadores?

   La respuesta es no, no están defendiendo los intereses de los trabajadores. Las críticas y renuencias de estos políticos se debe a que no quieren pagar los costos que implica el ajuste. Pero por otra parte son conscientes de que en el actual contexto nacional y mundial no existen posibilidades - ni las mínimas- para llevar adelante una política de carácter "populista" o "progresista", como pretendía la Alianza, en tanto se mantenga un régimen capitalista. De ahí que hagan planteos de oposición, pero no presentan ninguna alternativa real. Saben que tienen que presentarse como gente "seria" y "responsable" ante los capitales (y los "mercados"), pero al mismo tiempo no quieren "pagar" los costos en términos de sustento social del Estado y los aparatos políticos.

 

Esta contradicción es insalvable, y por eso no dejan de repetirse las crisis políticas, las rupturas y los realineamientos. Antes fueron la renuncia de Alvarez, de los miembros más prominentes del Frepaso en el Gobierno, de radicales como Storani; las permanentes quejas de Alfonsín, las sucesivas fracturas en el bloque de diputados de la Alianza; las rupturas en el peronismo; la oposición de los gobernadores a que el Estado les reduzca los fondos de la coparticipación. Y seguramente vendrán más tensiones, más críticas y rupturas. Pero "a la hora de la verdad" fueron avalando las medidas contra los trabajadores. En muchos casos hasta el límite de lo que les permitía sus bases electorales (casos Alvarez, Meijide), para después dejar hacer por omisión; o contribuyendo desde afuera del gobierno (como hizo Alvarez impulsando la vuelta de Cavallo al gobierno). En otros casos, actuando de manera más solapada. Así, a pesar de las declaraciones públicas el alfonsinismo apoyó el ajuste en el Congreso, el "progre" Cafiero firmó el decreto, el bloque peronista allanó el camino para la aprobación de la ley en las Cámaras, los gobernadores del PJ se pusieron en la primera fila del ataque a la clase obrera.

   Esta situación explica también la paradoja de que aunque De la Rúa prácticamente no tenga candidatos propios en las próximas elecciones, su política de fondo goza del consenso de los principales candidatos. Por eso se pueden tejer alianzas entre "opositores" y oficialistas, preparando el escenario que se abrirá con la segura y estrepitosa derrota que tendrán los candidatos de la Alianza en octubre. Esta orientación la expresa de manera depurada Cavallo, cuyo partido ya "cerró" con el peronismo en Córdoba y de Capital, está en trámites con Reuteman en Santa Fe, y en avanzadas conversaciones con Duhalde en Buenos Aires. Cavallo, expresión acabada de los intereses del capital "en general", es vértice de recomposición de las alianzas destinadas a soldar el frente de los explotadores contra los trabajadores. Aunque con una táctica distinta, Alfonsín -llamando al gobierno de "unidad nacional"- persigue el mismo objetivo: unificar a la dirigencia de los grandes partidos para compartir los costos políticos de los nuevos ajustes que se vienen. Por su parte Duhalde se ofrece como posible futuro jefe de Gabinete de un gobierno liderado por De la Rúa y comprometido con la misma política económica en curso.

 

Es fundamental retener que enfrentamos un frente del lado de los explotadores y el capital que, a pesar de sus disensiones y conflictos, continúa avanzando sobre los salarios y las pocas conquistas sindicales que aún sobreviven, y sobre todos los gastos sociales. Esto significa que la clase trabajadora no puede depositar la más mínima confianza en ninguno de estas corrientes y/o personajes.


   Pero... ¿esto incluye a la diputada Carrió? ¿Acaso no se está enfrentando con el poder establecido? Es cierto que las denuncias de la diputada Carrió y su nuevo agrupamiento, el ARI (Argentinos por una República de Iguales) sobre el lavado de dinero y los grandes negociados  han conmovido a la opinión pública. Pero al mismo tiempo el ajuste sobre los salarios se imponía, sin que la diputada hiciera nada efectivo para impedirlo o apoyar a los huelguistas y piqueteros. Es que su discurso se centra enteramente en afirmar que la pobreza y la desocupación en Argentina son el producto de un capitalismo "corrupto", y que si tuviéramos un capitalismo "decente" (y cristiano), las cosas irían de mil maravillas para los trabajadores. Pero éste es el viejo discurso de Chacho Alvarez, apenas renovado. Y ya sabemos en qué terminó Alvarez: justificando la flexibilización laboral y los recortes salariales a los empleados públicos. Lo mismo hará Carrió en el futuro si le toca estar al frente de cualquier administración pública, porque no tiene ningún programa que se aparte radicalmente de lo que impera. Obsérvese que en el mismo momento en que Carrió lloraba y se golpeaba el pecho anunciando su cruzada por la moral pública, en Washington los enviados del Ministerio de Economía discutían con el FMI los términos del nuevo y más duro ajuste. ¿Por qué no salió en ese momento a cuestionar estas conversaciones? ¿Por qué no dijo y dice que está en contra de negociar con el FMI? La razón es que Carrió y el ARI no tienen alternativas frente a las exigencias que impone la explotación globalizada del trabajo asalariado por los capitales.  Por ejemplo, no tiene ningún plan ni programa concreto para bajar las tasas de interés y restablecer el crédito (y sin esto no hay acumulación capitalista), que no sea hacer lo que hacen De la Rúa, Ruckauf y Cavallo.

 

La oposición reformista, sindicalista y pequeño burguesa

 

Los opositores de la pequeña burguesía y del sindicalismo reformista como Farinello,  Alicia Castro, los dirigentes de MTA o CTA, el grupo de diputados disidentes del FREPASO vinculados a la CTA, conforman un heterogéneo frente ideológicamente emparentado con el ARI y el progresismo del Frepaso.

   También estos sectores están buscando una salida progresista a la crisis, sin cuestionar las bases del sistema capitalista. El padre Farinello ha reunido un conglomerado de grupos, que van desde la derecha hasta desprendimientos de la izquierda, con un discurso vago, que sólo atina a llamar a la "comprensión y la solidaridad", y a recuperar los "valores de la Nación". Pero con eso no se detiene la ofensiva del capital.

   Los dirigentes sindicales "críticos y disidentes", por su parte, renuevan sus apuestas a corrientes políticas claramente enemigas de los trabajadores. Moyano, en el quien muchos trabajadores y activistas depositaron esperanzas en los últimos tiempos, tiene sólidos compromisos con Ruckauf y con el aparato justicialista. Después de días de una virtual desaparición de las movilizaciones contra el ajuste, reapareció abrazándose públicamente con los dirigentes de la CGT Daer y compartiendo un palco y discursos que ni siquiera dirigieron una palabra de crítica al gobierno.

 

La política de CTA y ATE también es ilustrativa. Ya no hay movilización, acto o evento en que los dirigentes de ATE y CTA no se llenen la boca convocando al movimiento Pro consulta por el Seguro de empleo y Formación y a la construcción del Movimiento Político y Social. El Seguro de empleo para todo desocupado es una reivindicación vital, muy superior a los Planes Trabajar, por la que es necesario movilizarse y organizarse. Pero la orientación general de CTA y ATE está al servicio de construir una nueva alianza con el  "espacio progresista", como lo hizo anteriormente con el Frepaso. En lugar de intentar construir una salida política independiente de los trabajadores, CTA y ATE apuestan a una línea de recambio en el sistema, con el argumento de que "se trata de derrotar a una pequeña minoría" (no al conjunto del capital).

   Al respecto es importante recordar la experiencia reciente. Hacia el final del menemismo la conducción de ATE creyó que el cambio de un presidente implicaba el fin de un modelo económico y social y por eso promovió una campaña y consignas que alentaron esta visión  ("Chau Menem, ATE también lo hizo"). La justificación que daba la dirección de ATE era que la "contradicción fundamental" en nuestro país estaba dada por el menemismo contra  antimenemismo, y no por el choque entre el conjunto del capital (y su Estado) y los trabajadores. Para esto disimulaba ante sus bases el hecho de que De la Rúa prometía, a quien quisiera escucharlo, que su objetivo era brindar todas las condiciones para que los capitales eligieran a Argentina como lugar de inversión. ¿Y qué son esas "condiciones" sino flexibilización laboral, ajuste a los estatales y baja salarial?

   Para colmo, después de las elecciones las direcciones de CTA y ATE alentaron un triunfalismo profundamente desorientador (hablaban de "pasar de la resistencia a la victoria"), porque seguían creyendo que con el cambio del gobierno se crearían las condiciones para mejorar el nivel de vida de los trabajadores. Expresiones que en tan sólo 100 días de gobierno de la Alianza fueron tiradas al basurero, pero marcaron la orientación política; además de contribuir a la confusión y desmoralización de las bases.

   Ante el rápido agotamiento de los tiempos de la Alianza las direcciones de CTA y ATE intenta reacomodarse con alguna fracción minoritaria del arco burgués opositor. Por eso un sector de CTA ya cerró acuerdos con la ARI, reproduciendo la política oportunista realizada antes con el Frepaso. El resto de la dirección de CTA y ATE intentará caminos similares.

 

En cuanto a las amplias franjas de la pequeña burguesía "progresista", que apoyó a la Alianza por motivos diversos (sectores de la Franja Morada, de la juventud del Frepaso, intelectuales y profesionales independientes semi izquierdistas, etc.) en gran medida están desmovilizadas, sin norte; o incluso aceptan el ajuste, como hace la Franja en la Universidad de Buenos Aires, militando activamente por impedir que se concrete la huelga docente. 

 

La respuesta del movimiento obrero

 

Partiendo de una situación que muchas veces hemos caracterizado como de retroceso, confusión y desmoralización del movimiento obrero, la respuesta frente al ataque del Estado y el capital se ha dado a través de luchas de distintas modalidades e intensidad, y de manera claramente desigual. El paro nacional del jueves 26 de julio fue masivo, evidenciando el descontento y la bronca, pero también las contradicciones interburguesas a las que hacíamos referencia antes, y las necesidades de reacomodarse y descomprimir de la burocracia y de la dirección peronista. Es necesario recordar que el paro nacional se convoca luego de que los Gobernadores del PJ se reuniesen con el Presidente en la Quinta de Olivos, y no llegaran a un acuerdo, al menos para ellos, razonable. Después del amplio acatamiento al paro, no se mantuvo ese nivel de respuesta; las acciones generales se fueron diluyendo con el correr de los días, con excepción de la huelga y movilizaciones de los docentes y la salida a la calle de los estatales de la provincia de Buenos Aires y parcialmente en otros lugares.

   De parte de los trabajadores privados prácticamente no hubo respuesta a las múltiples rebajas salariales y despidos que se están produciendo en las últimas semanas. Este es un elemento que debe ser tenido en cuenta porque influye en el marco general de la situación. La burocracia sindical, en particular la CGT Daer, está en una actitud colaboracionista. Por eso llama a alguna movilización aislada, sin continuidad ni perspectivas. Su objetivo es recuperar espacios, tanto a nivel de la politica general como dentro del aparato del PJ, y renegociar sus prebendas con el gobierno. Es significativo que a raíz de la última movilización, Cavallieri se preocupó por remarcar que las críticas no estaban dirigidas contra De la Rúa, sino contra algunos ministros y el FMI.

 

En el otro extremo de las reacciones, los docentes y los estatales de la provincia de Buenos Aires, que han sufrido quitas brutales de sus salarios, se movilizaron activamente, realizando paros, manifestaciones multitudinarias y asambleas. En estatales a nivel nacional, sin embargo, la respuesta fue más heterogénea. Aquí se hizo sentir la influencia de UPCN, que tiene una posición colaboracionista abierta con el gobierno. Además, finalmente la huelga docente en la provincia de Buenos Aires quedó relativamente aislada y por el momento fue levantada. Es claro que a pesar de que hay condiciones objetivas para desarrollar medidas de lucha, no hay es una dirección dispuesta a dar una orientación combativa de fondo al conflicto. Esta situación genera varios problemas serios:

1.      Porque la lucha y la resistencia encarada por los trabajadores no logró involucrar al conjunto de la clase obrera generalizando la pelea; ni transformarse en un movimiento de masas capaz de hacer retroceder al gobierno en su Plan de Ajuste. El movimiento obrero, en su mayoría, continúa bajo la influencia de las CGT Daer y Moyano, y no está dispuesto a romper por ahora con estas organizaciones. Otra parte amplísima está confundido, desorganizado y sin referentes políticos claros de ningún tipo. En otros lugares el activismo opositor a las conducciones aún no logra convertirse en una alternativa real.

2.      En los primeras semanas después del ajuste se realizaron algunas manifestaciones importantes, pero no se pudieron sostener. En buena medida no hubo un análisis profundo y serio de las actuales condiciones objetivas y subjetivas de la situación que atravesamos los trabajadores, en tanto no se respetaban los tiempos ni las características de lucha de los estatales.

3.      A partir de lo anteriormente planteado se alimentó una visión distorsionada de la realidad magnificando cada una de las acciones, derivando en posiciones voluntaristas asumidas por las direcciones de ATE y la CTA.

4.      En el mismo sentido, los partidos de izquierda fueron arrastrados por esta política exitista, oscilando entre el oportunismo y planteos de lucha imposibles de cumplir en estos momentos, exaltando la ideología nacionalista y no comprendiendo el verdadero proceso que esta desarrollando.

   En base a estos elementos, debemos valorar en sus justos términos la resistencia de los trabajadores. Sobrevalorarla lleva a errores ultraizquierdistas y a que la vanguardia se despegue de la gente. Así, por ejemplo, la agitación insistente por la huelga general cuando no se puede efectivizar, o por generar sindicatos paralelos "rojos", como están proponiendo algunos, lleva al sectarismo y al palabrerío estéril. Pero también es un error decir que "no pasa nada". Se está resistiendo al nivel que da la organización y situación política de la clase obrera (que incluye el hecho objetivo de tener direcciones burocráticas y pro patronales). Un nivel que puede caracterizarse de débil en relación a la magnitud del ataque, pero que alcanzó niveles muy importantes en algunos sectores, en especial con la gran huelga de los docentes y las movilizaciones estatales en la provincia de Buenos Aires.

 

El movimiento piquetero

 

En este cuadro los piqueteros se constituyeron durante las dos primeras semanas posteriores al anuncio del ajuste en la vanguardia de la lucha del  pueblo, en tanto plantearon el único Plan de Lucha serio. Se trata de un movimiento que surgió como necesidad de los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad, que son nuestros compañeros desocupados. En su mayoría está hegemonizado por CCC y CTA, que le han dado el contenido a las reivindicaciones programáticas. Ambas distinguen el plano de la reivindicación inmediata (la entrega de los planes Trabajar) del programa de más largo plazo. Este último repite en lo esencial los programas de la mayoría de la izquierda argentina: ataca al "modelo" (no al sistema capitalista); se pronuncia por un mayor rol del Estado capitalista en la economía; defiende el proteccionismo económico; plantea que el enemigo principal son los banqueros (no el capital en general). En este marco básico se inscriben diferencias menores entre CCC y CTA. Sectores más minoritarios del movimiento de desocupados, como los dirigidos por Partido Obrero o el Movimiento Teresa Rodríguez, no se apartan en lo sustancial de estas formulaciones.

   En lo que hace a las tácticas de lucha, el MTR planteó una radicalización de los cortes de rutas, apuntando a cortar efectivamente la circulación en todo el país, e incluso se lanzó a la ocupación de algunos edificios públicos, como en el Banco Provincia y el Ministerio de Trabajo en La Plata. Se trata de acciones que corresponderían objetivamente a un nivel del movimiento de masas y a una situación política de tipo casi insurreccional. La represión del gobierno sobre estos compañeros fue brutal, y hoy está planteada como tarea para todo el movimiento obrero y popular lograr su liberación y desprocesamiento.

 

La mayoría de la conducción del movimiento piquetero, CCC y CTA, en cambio, se avinieron a una política más conciliadora. A su vez la estrategia del gobierno es cooptarlos, para subordinarlos o incorporarlos como nuevos factores o realidades "institucionalizadas".

   De ahí la combinación de represión y la persecución por parte del gobierno a los referentes y luchadores sociales que "sacan los pies del plato", y la política de clientelismo político, llevado adelante por los punteros políticos del PJ y de la Alianza, por otro lado; política en la que han entrado algunos que tienen un discurso de izquierda. De este modo, se  terminó concurriendo a una reunión con la Ministra de Trabajo, sin un objetivo preciso, donde se establecieron compromisos, para asumir luego actitudes deplorables, como acusar de "servicios" a aquellos sectores que no aceptan las orientaciones de CCC y CTA, o que cortan rutas por fuera del cronograma programado por estas organizaciones.

   Esta situación ha generado una ruptura en el propio terreno de los piqueteros, particularmente luego de la represión y encarcelamiento que sufrió el Movimiento Teresa Rodríguez. El futuro del movimiento estará muy condicionado a la evolución política de los activistas y vanguardia del movimiento y, por supuesto, a las alianzas que puedan establecer las principales corrientes que lo están orientando; en particular CCC y CTA.

 

 Los partidos de izquierda

 

Como decíamos más arriba, los partidos de izquierda alimentan una visión distorsionada de la realidad al magnificar las acciones y alentar una falsa perspectiva de éxito. Para estas organizaciones, igual que para la mayoría del progresismo y del reformismo sindicalista, el norte inmediato del movimiento es, además de parar el ajuste, la renuncia de De la Rúa y Cavallo. De esta manera repiten la orientación que tuvieron bajo los gobiernos de Alfonsín y Menem, consistente en exigir cambios de los personajes (ministros, gobernadores, presidentes) que sólo llevan al recambio de "fusibles". Ejemplo: cuando renunció Cavallo, bajo el gobierno de Menem, estas organizaciones calificaron, casi unánimemente, el acontecimiento de "triunfo" (disimulando que Roque Fernández continuaría la misma política). Luego, cuando renunció Machinea, volvieron a hablar de "triunfo" (disimulando que subía López Murphi). Cuando renunció López Murphi, insistieron en que se trataba de otro "triunfo" (disimulando que subía Cavallo, al que antes lo habían sacado con su respectivo "triunfo"). En tanto, los ajustes y ataques de fondo contra la clase trabajadora continúan. Esto lo advierten todos los compañeros; de ahí los peligros de desmoralización y confusión que encierra esta política. Ejemplo: en Jujuy la orientación de CCC fue exigir permanentemente las renuncias de gobernadores ("responsables del hambre en la provincia"). Al cabo de una interminable sucesión de "triunfos" y recambios en la gobernación, el hambre y la desocupación continúan reinando en Jujuy y el movimiento de masas entró en un impasse.

 

Por otra parte las organizaciones de izquierda continúan reclamando a las direcciones de CTA y ATE "un Plan de Lucha". Sin embargo las direcciones de CTA y ATE propusieron y llevaron adelante el paro general de los Trabajadores Estatales, el paro nacional, los paros de 24, 48 y 72 horas con cortes de calle y movilizaciones. Se trata tal vez de las acciones más importantes de los últimos tiempos. Sin embargo la respuesta no fue la esperada.

   De este modo, las organizaciones de izquierda son víctimas de sus propias palabras; no sólo caen en la contradicción, sino también terminan extremando posiciones que suenan caricaturescas, reclamando paros por tiempo indeterminado. En lugar de plantear el problema político -la falta de perspectivas y de un programa realmente superador por parte de CTA y ATE para enfrentar la crisis- que subyace a la debilidad de las acciones del movimiento de masas y a las condiciones en que se desenvuelve (en especial el temor al despido), estas organizaciones insisten en superar esta situación exigiendo "Plan de Lucha", o proponiendo acciones diferenciadas del conjunto a costa de cualquier cosa. Algunos llegan a proponer trabajar por fuera de los sindicatos de masas, en particular de ATE.

 

Paralelamente casi todos los partidos de izquierda se mimetizan con el discurso  hegemónico de los reformistas y nacionalistas, planteando la "el no pago de la Deuda Externa. Por Segunda Independencia Nacional". Pero el no pago de la deuda tiene sentido en el marco de las acciones de un gobierno revolucionario, dispuesto a encarar medidas de tipo socialista. En el cuadro de un sistema capitalista, los "default" no mejoran la situación de la clase trabajadora y el pueblo, como lo demuestran las experiencias recientes de Rusia, Ucrania, Ecuador, y un poco antes México, Perú y la misma Argentina. Muchos compañeros advierten, por lo menos intuitivamente, esta situación; lo que no contribuye a la claridad y firmeza de los objetivos de lucha.

   De hecho los discursos de la izquierda ocultan y diluyen el carácter de clase de la política en curso, al centrar la atención en la lucha "antiimperialista" o contra los "banqueros". Esto implica suponer que existe un sector de la "burguesía nacional progresista", "oprimido" (a igual que los trabajadores) por la banca y el FMI, con el cual se podrían establecer alianzas. Esta orientación se complementa lógicamente en las formulaciones de las organizaciones mayoritarias con posiciones abiertamente pro institucionales. Un ejemplo es la demanda -del MST y PO- de convocatoria a una Asamblea Constituyente, que debería iniciar una "transformación profunda del país".

 

La situación de la clase trabajadora y nuestro trabajo

 

Hay que destacar que los trabajadores no ven la perspectiva de éxito de la lucha encarada, y por el otro, que las condiciones de precariedad laboral y el alto nivel de desempleo actúan como un factor de presión muy importante. También que las corrientes marxistas revolucionarias no somos la dirección de este conflicto. Pero es necesario un rol protagónico, con propuestas serias, coordinando acciones, propiciando las condiciones para que desarrollen nuevas experiencias, solidarizándonos y haciéndonos presentes en cada conflicto, etc. Es necesario:

1.      A la par que participamos y luchamos por parar este ajuste, destacar el carácter de clase del ajuste y la política en curso. Combatir toda ilusión en los recambios del sistema; particularmente de los nuevos "progresismos", que buscan abortar cualquier atisbo de evolución política hacia la independencia de clase.

2.      Propiciar medidas que nos pongan en contacto con los compañeros más avanzados de la clase trabajadora donde podamos discutir la caracterización de la etapa y las perspectivas más generales del movimiento, y avanzar en la organización.

3.      Luchar por la unidad de los trabajadores en la lucha; esto es, por la unidad en la acción al margen de las diferencias programáticas y políticas existentes. Rechazar las actitudes sectarias y ultras, que puedan desconectar al activismo de las bases, de sus tiempos y formas de lucha. En particular, es necesario no desvincularse abiertamente de las decisiones de las Asambleas y Plenarios de Delegados.

   En base al análisis realizado, en particular: que la clase dominante y su gobierno profundizarán los ataques; que se trata de una política de largo plazo de los capitalistas que, pese a contradicciones, disensos y recambios, continuará en el futuro. Que además es necesario luchar en frente único contra el ajuste, al tiempo que peleamos por una perspectiva y un programa de independencia de clase.

   Es necesario explicar que sólo un gobierno de los trabajadores y revolucionario podrá tomar las medidas de fondo -no pago de la deuda, reparto de las horas de trabajo hasta eliminar la desocupación, nacionalización de la banca y medidas similares- que apunten a acabar de fondo con los padecimientos de los trabajadores y los sectores populares.

   Es imprescindible que en las próximas luchas actúe una vanguardia con más organización y una conciencia más clara, para que no continuar estando a la rastra de direcciones oportunistas, que han fracasado repetidamente en los últimos años.