El movimiento piquetero y la unidad

 

Durante años desde la izquierda acusamos a la burocracia sindical por dividir muchas veces, según sus peleas de facción o intereses particulares, al movimiento obrero. La consigna de unidad en la lucha por reivindicaciones elementales (que es la esencia de la pelea sindical) fue tradicional en el socialismo.

     En los últimos años la izquierda ha tenido la oportunidad de poner en práctica estas ideas en el movimiento de desocupados. Objetivamente la consigna unificadora es la de Planes Trabajar o subsidios; es lo que moviliza.

     Sin embargo, y lamentablemente, ha sucedido exactamente lo contrario de lo que marcaba esta tradición. Es un hecho que hoy el movimiento piquetero está fraccionado en tal cantidad de grupos y tendencias, que sólo los expertos pueden distinguirlos. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Muy simple: por un lado, muchos grupos de izquierda, aprovechando las posibilidades que dan los planes Trabajar, se lanzaron a formar «su» movimiento de desocupados, con total despreocupación por la unidad. Buscaban tener una carta de negociación en las pequeñas y miserables internas que suelen entablar entre ellos (y en algunos casos incluso algún beneficio material, como el sostenimiento de militantes). Por ejemplo, «su» movimiento de desocupados a muchos les garantiza una determinada cantidad de compañeros en sus actos y marchas. Por otro lado, otros grupos se fueron fraccionando por peleas tácticas que no deberían haber afectado nunca los objetivos centrales del movimiento de desocupados.

     Hay que subrayar que ninguna de estas divisiones expresa una necesidad real del movimiento. Los compañeros de base, en su inmensa mayoría, no distinguen ni saben explicar por qué el movimiento de desocupados que responde al PO, por ejemplo, está separado del que responde al MTD, o por qué este último lo está del que sigue a CCC. Todos los compañeros de las bases expresan la misma necesidad de luchar por los planes. Esto demuestra el carácter oportunista y fraccional de la política que se ha desarrollado desde la dirigencia de la izquierda.

     Por supuesto, se puede decir que este fraccionamiento también evidencia las dificultades que tienen las bases para superar a sus dirigentes e imponerles una política de unidad. Pero insistimos y subrayamos que la responsabilidad fundamental es de los dirigentes y aparatos políticos que llevaron a esta situación.

            Es necesario abrir un debate sobre esto, que es vital en una coyuntura reaccionaria como la actual. Hace mucho tiempo un revolucionario dio una fórmula genial, que es la de pelear juntos por los puntos elementales que tenemos en común, al tiempo que se mantienen debates sobre los programas y perspectivas más generales (donde es común que haya diferencias) de cada grupo o tendencia. Esto garantizaría la unidad en la acción, sin que nadie se vea obligado a renunciar a su ideología o programa. Nada justifica el infinito fraccionamiento en que se ha caído. La vieja bandera de la unidad de la clase obrera tiene una importancia y vigencia difíciles de exagerar.