LIGA COMUNISTA (ARGENTINA)

VoLANTES
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas mayo de 2005
Día Internacional de los Trabajadores
Declaración de la Liga Comunista

 

La celebración con un acto unitario de la izquierda del Día Internacional de los Trabajadores representa una buena oportunidad para pasar revista a la coyuntura política y las tareas que enfrentamos.

En grandes rasgos podríamos decir que la actual situación se caracteriza por la continuidad de la recuperación económica que se inició hacia marzo de 2002, luego de la profunda crisis del año anterior. Una recuperación que ha sustentado la recomposición política de la clase gobernante, la relegitimación de instituciones (Corte Suprema, hasta cierto punto el Parlamento) y el fortalecimiento de Kirchner y el partido Justicialista. Estos últimos aparecen ante la población como los “que nos sacaron de la catástrofe del 2001”.    

Pero no hay misterios en esta recuperación. La misma se produjo gracias a la caída del salario, la extensión del trabajo en negro y la miseria y el hambre de millones. Así, mientras las ganancias de las empresas se recuperaron rápidamente desde lo más hondo de la crisis, y los precios subieron casi un 55%, los salarios sólo lo hicieron, en promedio, un 35%. Es un dato que la riqueza está más concentrada todavía que en los años noventa. Sobre esta base repuntaron, parcialmente, el empleo y las inversiones. Una vez más se ha demostrado que no existen salidas “progresistas y humanas” a las crisis capitalistas.

Frente a este panorama las recientes luchas de telefónicos, subterráneos, docentes de Salta, trabajadores de la salud, y otras, buscan recuperar, aunque sea en parte, el terreno perdido a manos del capital. Por eso también los empresarios dicen que no pueden dar aumentos salariales si no se eleva la productividad. Por "productividad" entienden, por supuesto, mayor esfuerzo de los trabajadores. Con lo cual están afirmando que las enormes ganancias que están logrando no deben ser tocadas. 

¿Y qué plantea el gobierno? Pues exactamente lo mismo que los capitalistas. Al margen de los discursos "para la tribuna" de Kirchner, el gobierno se pone de acuerdo, en lo fundamental, con el FMI, el Banco Mundial y los representantes del gran capital. Veamos algunos datos: es un hecho que este gobierno, que posa de "anti imperialista", ha pagado al FMI, con recursos reales, casi diez mil millones de dólares. Que este gobierno, que dice estar en contra del trabajo en negro, mantiene en el Estado a miles de trabajadores contratados y precarizados. Y que los trabajadores estatales han sufrido caídas de salarios aún mayores que en el sector privado. Por eso, y al margen de las disputas sobre si Kirchner tiene o no buenos modales, la política de fondo del Justicialismo es alabada por los mismos economistas que apoyaron las políticas que desembocaron en la crisis de 2001.

Por todo lo anterior decimos que no se trata de la lucha entre "la Nación, con Kirchner a la cabeza, y el capital extranjero", como pregonan algunos defensores "por izquierda" del gobierno, sino de la lucha del trabajo contra la superexplotación del capital. 
La idea de que la línea divisoria pasa "por lo nacional" busca enganchar a los trabajadores detrás del capital y su Estado, y debilitar así la pelea por las reivindicaciones. En cambio la idea de que la división clave es entre explotadores (sean nacionales o extranjeros) y los explotados (sean argentinos o de cualquier otro país), implica que los asalariados se constituyan como una clase independiente y fortalezcan su unidad y su capacidad para desarrollar un programa de liberación de todas las capas sociales oprimidas. 

Por otra parte es claro que la recuperación económica ha colocado al movimiento obrero en una mejor situación para luchar. Por supuesto, esto no quiere decir que estamos en condiciones de llamar a "huelgas generales" e "insurrecciones". No es el momento de consignas ultraizquierdistas que aborten el proceso de recomposición de lucha que empezó a desarrollarse. Por el contrario, debemos trabajar en el sentido que ya lo está haciendo en muchos lados el movimiento obrero desde las bases, por las reivindicaciones de la hora: 
Por aumento de salarios. 
Contra la precarización laboral y el trabajo en negro. 
Por la democracia sindical, contra toda burocracia. 
Por un seguro de desempleo para los trabajadores desocupados.
En torno a estos puntos elementales habría que establecer el frente unido de todas las organizaciones y tendencias, al margen de las diferencias políticas e ideológicas. Todo paso adelante en esta unidad y toda reivindicación que se logre redundarán en mejores condiciones para las fuerzas del trabajo. En este marco unitario cada tendencia del movimiento obrero desarrollará, naturalmente, sus programas y perspectivas. 

Finalmente, y como militantes internacionalistas, en este Primero de Mayo decimos que la lucha en Argentina es parte de una pelea mundial que tiene por delante la clase obrera, porque en todos lados se da la misma historia: suben las ganancias y los salarios se estancan o caen; aumenta la automatización y por otra parte aumenta la desocupación; se desarrollan las fuerzas de la producción y la tecnología, y paralelamente crecen la miseria y el hambre. Por eso afirmamos que la liberación de los trabajadores sólo será definitiva acabando con el capital y uniéndose los trabajadores por encima de nacionalidades, credos o cualquier otro tipo de diferencias.