LAS ASAMBLEAS BARRIALES Y LA CONSIGNA "QUE SE VAYAN TODOS"

 

Las Asambleas Barriales, los cacerolazos y la consigna "que se vayan todos" constituyen de conjunto un fenómeno nuevo que ha trascendido largamente los límites de Argentina. Muchos interpretan que se transformarán las maneras de hacer política, a partir del ejercicio de la democracia directa y el control sobre los actos de gobierno.

¿Es así? ¿Es posible que a partir de la consigna "que se vayan todos" se acaben los padecimientos del pueblo, la desocupación, el hambre, la miseria? Muchos responden que sí, que las Asambleas Barriales anuncian el nacimiento de una revolución de la sociedad civil.

Pensamos, sin embargo, que por encima del entusiasmo por la movilización y fuerza que demostraron sectores de la población, es necesario examinar las implicancias de las consignas que agrupan al movimiento. Es lo que haremos en este escrito.

 

"Que se vayan todos": ¿la solución es erradicar la corrupción?

 

Desde algunos sectores se ha comenzado a criticar la consigna "que se vayan todos" porque no presentaría una alternativa concreta. Esta crítica nos parece correcta sólo parcialmente. Es que si bien no presenta explícitamente una salida, encierra en sí misma un diagnóstico y con ello una propuesta frente a la crisis.

Efectivamente, el diagnóstico -compartido por la amplia mayoría de la población- sostiene que la crisis se debe esencialmente a la corrupción de los políticos, que habrían saqueado los fondos públicos. Y en convivencia con la banca habrían robado los depósitos. La Corte Suprema entraría en juego por avalar el corralito, para mayor desesperación de los ahorristas. De manera que la salida a la crisis pasaría, según esta interpretación, por sacar del poder a los corruptos -políticos, jueces, banqueros- y obligarlos a que devuelvan el dinero. Así la consigna "que se vayan todos" conecta con la mayor preocupación de la mayoría de los participantes en los cacerolazos, recuperar sus depósitos.

A pesar de que la consigna no formula explícitamente una alternativa, conlleva la idea que es necesario constituir un partido de la "gente honesta" para defender los intereses del país (los que se llevaron el dinero al exterior se identifican con la "anti-patria") y tener un gobierno controlado por las Asambleas Barriales. El Banco Central, manejado por personal idóneo y honesto, controlaría también a los banqueros. Es la idea "del imperio de la sociedad civil", que tanto se maneja en estos momentos.

 

Pues bien, pensamos que este planteo implica afirmar que la política económica, y el sistema económico que le daba lugar, no tienen nada criticable; y que bastaría un cambio de hombres en las "cumbres" del p oder para que las cosas funcionen en beneficio de todos.

Pero éste es el programa con que subió la Alianza al gobierno, cuando prometía ser la continuadora, "prolija"y sin corrupción, de las políticas que del menemismo. Es también el planteo de los sectores de derecha, y de la mayoría de los grandes medios de comunicación, que están en manos de los capitalistas más poderosos.

Obsérvese que así se deja intacto el sistema económico actual. Un sistema que para dar trabajo exige, imperiosamente, más y más explotación. Lo ilustramos con un ejemplo: actualmente hay unos 120 mil millones de dólares de capitalistas argentinos depositados en el exterior. Para traer este dinero e invertirlo en el país estos capitalistas exigen salarios aún más bajos, todavía mayor flexibilización laboral y todo tipo de beneficios fiscales, más plena libertad de movimientos de entrada y salida de dinero del país. El gobierno está dispuesto a concederles esto, porque ésta es la lógica propia de este sistema, en el que tiene el poder efectivo quien maneja el dinero y los medios de producción. Esto es, si se imponen niveles de explotación sobre los asalariados como los que hoy existen un Chile, en Malasia o Tailandia, los capitalistas volverán a invertir. Esto implica, también, un Estado fuertemente represivo para sostener esta situación.

Entonces ¿qué salida es entonces ésta que hace hincapié sólo en la honestidad de los funcionarios, para que todo siga igual en el fondo? Respuesta: es un salida beneficiosa para los sectores más acomodados, a los cuales sólo les interesa recuperar sus ahorros atrapados en el "corralito" y que haya un Estado que, con pocos costos, les asegure sus intereses y sus propiedades. Incluso programas económicos para la devolución de los depósitos de economistas liberales se basan en imponer terribles condiciones de explotación, haciendo al mismo tiempo "decente" la política y reduciendo sus costos (leáse, reducir los salarios y condiciones de laborales de los trabajadores estatales).  Es claro que ésta no es salida para los obreros, los desocupados y las amplias capas de la población empobrecida

 

La salida "nacional y popular"

 

Conscientes de que los males del pueblo obedecen a causas más profundas que la corrupción, los delegados de las Asambleas Populares reunidos en Parque Centenario han agregado a las consignas anteriores la nacionalización de banca, el no pago de la deuda externa y la re-estatización de las empresas privatizadas.

El diagnóstico que subyace a esta propuesta es que la crisis se debe a que el Estado abandonó funciones esenciales en la economía, en beneficio del imperio del mercado. Sería entonces hora de volver al Estado. 

Este planteo apuntan entonces a reivindicar un "modelo" -esto es, un modo de funcionamiento de la economía- que estuvo en vigencia en el país hasta los años setenta, con prolongaciones hasta fines de los ochenta. Se distinguió por el manejo del Estado de una parte de la economía, mientras los capitales privados (nacionales y extranjeros) hacían sus buenos negocios en el resto.

Pero ... ¿quién manejaba el Estado, y por ende las empresas públicas? ¿y quién maneja el sistema bancario cuando está nacionalizado? Respuesta: los manejó una burocracia estatal que respondía a los intereses de los empresarios; que permitió que muchos de éstos hicieran grandes negociados como contratistas del Estado; que a su vez se enriqueció de manera colosal cobrando coimas, haciendo manejos financieros; y que garantizó el imperio del mercado y de la propiedad privada en tanto el capital no fue lo suficientemente fuerte como  para hacerse cargo de las empresas de servicios públicos.

Demos un solo ejemplo de cómo funcionó este capitalismo estatista. Dado la injerencia del Banco Central en los mercados cambiarios, durante años sus funcionarios se vendían información a los "operadores de la City" sobre las operaciones; esto daba enormes ganancias a financieros y burócratas, a costa del empobrecimiento del pueblo trabajador. Casos como éste los podríamos repetir hasta el cansancio.

Lo importante es que este modo de funcionamiento de la economía, este "modelo nacional y popular" que tanto añoran algunos, también llevó a profundas crisis. Recordemos la primera hiperinflación y el derrumbe de la economía en 1975-76 (cuando había un gobierno peronista); el desastre de los principios de los ochenta, con la dictadura; y la crisis de 1989, cuando colapsaban incluso los servicios más básicos (provisión de electricidad, gas, teléfonos, etc.). Mientras el Estado garantizaba a muchos empresarios muy buenos negocios, las fuerzas productivas del país continuaban estancadas en relación a los desarrollos de la tecnología y la ciencia que se generaban a nivel mundial, los salarios se deterioraban vía inflación, y se iban preparando las condiciones para la explosión de la desocupación.

Finalmente, las tendencias a la internacionalización de los capitales le propinaron el golpe de gracia a ese capitalismo estatista. Los mismos empresarios argentinos iniciaron la fuga de fondos, se aliaron al capital financiero mundial y exigieron el abandono del capitalismo de Estado. Por todo esto la vuelta a ese capitalismo no tiene ahora la menor posibilidad de éxito, ni acabará con los problemas que preocupan a la mayoría de los participantes en el cacerolazo. Por ejemplo, la estatización de la banca no devolverá los depósitos en dólares a los ahorristas (¿dónde encontrará la banca estatal esa masa de dólares?), ni hará que vuelvan los capitales que fugaron. La entronización de una nueva burocracia estatal no asegurará que se acaben los negociados y la corrupción, sino más bien abrirá nuevas oportunidades para el enriquecimiento desmedido. El no pago de la deuda externa (medida imprescindible para acabar con la miseria), instrumentado por un Estado capitalista dependiente y atrasado, tampoco solucionará los problemas (como lo demuestra la experiencia de otros países dependientes como Argentina). Y por supuesto, un Estado capitalista "fuerte" implica un Estado represivo contra los trabajadores y el pueblo.

Una salida progresista para los trabajadores, un programa alternativo y verdaderamente revolucionario, no puede basarse en volver a ese capitalismo estatista.

   

Forjar un alternativa socialista

 

Por último, hay una tercera alternativa que se basa en un diagnóstico de la crisis completamente distinto a los anteriores. Que dice que estamos en presencia de una típica crisis capitalista. Expliquemos brevemente el encadenamiento de sucesos: las crisis se producen cuando los capitales no ven rentabilidad para sus inversiones, y dejan de invertir. Al tiempo los sectores de altos ingresos (ingresos que provienen de las plusvalías generadas por el trabajo de los asalariados por el capital) dejan de consumir. Se precipita así una caída de la demanda, y con ello caídas de la producción; luego nuevas caídas de la demanda y de la producción, en un círculo infernal donde una caída alimenta la otra. Se multiplican entonces la desocupación y la miseria, y bajan los salarios. Lo cual reduce más el consumo de las masas populares y extiende la miseria. La crisis entonces termina afectando a los bancos, que no pueden recuperar los créditos otorgados. También baja la recaudación fiscal y aumenta la deuda, aumentando el temor de un "crack" bancario financiero. Llegado un punto, los grandes depositantes retiran los depósitos bancarios y con esto estalla la crisis bancaria, agudizando la parálisis de la producción, del comercio, del consumo y de la inversión.

Por supuesto, en este proceso la corrupción y el fraude pueden haber jugado un rol, pero la crisis es más profunda que eso. Son crisis propias del sistema, que se han repetido en la historia del capitalismo. Sólo en los últimos años hemos asistido a las bancarrotas de México, Tailandia, Indonesia, Perú, Brasil, Rusia, Ecuador, para citar los casos relevantes. En los treinta en Estados Unidos el quiebre fue tan grande que acabó con la mitad de los bancos, y millones fueron arrojados al desempleo y la miseria.

Como ya señalamos, desatada la crisis los capitales exigen condiciones más terribles de explotación para volver a invertir. Es lo que están haciendo en Argentina. Es lo que acaba de decir un economista norteamericando muy escuchado por aquí, Dornbusch: "los salarios argentinos tienen que bajar más; la crisis tiene que ir más a fondo, hasta barrer todo. Sobre esa base, habrá que volver a construir". Por "construir" este vocero profesional de los intereses de los explotadores entiende volver a invertir y consumir las plusvalías producidas por el trabajo. Pero para eso exige más "sangre, sudor y lágrimas" del pueblo. Esta es la "salida" del capital de conjunto. Esto es lo que hay que grabar en la conciencia, lo que hay que discutir cuando profundizamos en qué significa el "que se vayan todos" y las alternativas presentes.

A esta salida la clase obrera y los sectores populares deben empezar a oponerle otra salida, basada en el cuestionamiento de la propiedad privada del capital, y en la construcción de una sociedad que acabe con el Estado de los capitalistas y de los burócratas, para desarrollarse como una sociedad solidaria, sin explotadores ni explotados. Una salida que hay que empezar a considerar y a debatir.

 

En síntesis

 

La consigna "que se vayan todos" encierra una propuesta que venga "algo y alguien". En grandes líneas, hay dos proyectos mayoritarios en pugna. Uno, que dice que el problema de Argentina es de honestidad, y tienen que gobernar la gente honesta. El "partido del cacerolazo" proporcionaría ese personal idóneo para la conducción del Estado. Este planteo deja, en esencia, el "modelo" económico vigente.El segundo proyecto dice que hay que volver al capitalismo previo a las privatizaciones y la apertura de la economía; no cuestiona el carácter de clase del Estado, ni la burocracia que va a dirigirlo, ni tampoco al sistema capitalista. No tiene alternativas progresistas frente a la internacionalización de la economía y las presiones de los capitales mundializados.

Frente a estos planteos, levantamos un tercero que, lo reconocemos, es muy minoritario. Es el de empezar a construir una alternativa política basada en un programa socialista, a partir de un diagnóstico de la crisis distintos a los que se manejan hoy en día. Esta propuesta exige, en primer lugar, que la clase obrera -y hoy en concreto su vanguardia- comience un debate sobre los proyectos políticos, sobre las alternativas que implican las consignas que se están manejando. Y que fundamentalmente trabaje en pos de la reconstrucción política de la clase obrera.

Las Asambleas Barriales son importantes como instancias de movilización. Incluso, al margen de divergencias sobre las propuestas, pueden representar una vía de organización y lucha por reivindicaciones postergadas de la población. Pero hay que profundizar el debate planteado sobre sus perspectivas, entre el activismo y los luchadores que se han movilizado en estos días.