PORQUE TENEMOS MEMORIA

 

El 24 de marzo se cumplirán 27 años del golpe militar de 1976. El recuerdo de esta fecha es una forma de protesta contra la represión y la profundización de la miseria que significó este gobierno para los trabajadores y el pueblo, y como forma de conmemorar a todos los activistas obreros y populares que cayeron bajo ese gobierno.

Pero estas políticas que todos asociamos con el Proceso de Reorganización Nacional no comenzaron el 24 de marzo de 1976 ni terminaron con el fin del gobierno militar en 1983.

¿Qué lugar ocupa el 24 de marzo de 1976 en la historia de nuestro pueblo? ¿La miseria y la represión comenzaron en esa fecha? ¿se detuvieron luego de la dictadura?

Para no remontarnos tan lejos en la historia argentina, recordemos que ya durante el gobierno peronista inmediatamente anterior a la dictadura, los planes del Ministro de Economía Celestino Rodrigo habían significado un importante ataque a las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores. ¿Cuáles eran las medidas fundamentales de ese plan? La reducción del salario real de los trabajadores a través de la devaluación del peso y el aumento de los precios. Un mal presagio de lo que aún hoy nos sigue sucediendo.

La resistencia del movimiento obrero y popular era tal en aquella época, que para quebrarla la clase dominante necesitó desatar una represión abierta, sistemática y salvaje contra miles de activistas obreros y populares y militantes de izquierda a manos de la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como la Triple A.

La dictadura militar se asentó sobre estos antecedentes para profundizarlos. Desarrolló en forma aún más despiadada y sangrienta la ofensiva contra las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo para lograr imponer las condiciones que el capital necesitaba para adaptarse a las nuevas condiciones que requería la competencia en el mercado mundial. Como todos sabemos, el método que utilizó para quebrar la resistencia popular fue la implementación desde el aparato del Estado de un plan sistemático del genocidio: el exterminio de la vanguardia del movimiento obrero y popular.

Pero todo esto no terminó allí. La baja de salarios, que arrancó en los tiempos de Isabel Perón, y que se profundizó violentamente en 1976, se consolidó en los ochenta y noventa durante los gobiernos radicales y peronistas que se sucedieron en el poder. La abolición de los derecho sindicales, objetivo explícito de la dictadura, se prolongó en muchas leyes de la democracia que desembocaron en la ley de flexibilización laboral. El aumento de los ritmos y de la disciplina en el lugar del trabajo, que la dictadura imponía a base de represión al activismo, se continuó en el disciplinamiento forzoso que impusieron más tarde la hiperinflación -mediante el chantaje de que el aumento de los salarios provocaría la estampida de precios - y la desocupación - mediante el temor a ser despedido o a no encontrar empleo -. Hoy día, el actual gobierno peronista de Duhalde, como ya lo había hecho el gobierno de Isabel Perón hace 27 años, volvió a utilizar como arma contra los trabajadores la reducción del salario real a través de la devaluación del peso y el aumento de precios.

Así llegamos a la actualidad, en una situación de miseria y hambre mucho más profunda y extendida que en 1976. A la par, durante los gobiernos que se sucedieron desde 1983, el aparato represivo permaneció intacto. Las leyes de punto final y obediencia debida junto a los indultos, absolvieron a los organismos represivos, y al conjunto de la burguesía, en la responsabilidad del genocidio. Tanto la policía como las fuerzas armadas continuaron siendo los protagonistas en la represión de las protestas populares y en la muerte de varios militantes populares (Teresa Rodríguez, Victor Choque, Anibal Verón). Seguramente, muchos de ellos fueron quienes participaron en la sangrienta represión del 19 y 20 de diciembre del año 2001. De esta manera, llegamos a la actualidad, con cientos de presos políticos y sociales y miles que tienen causas abiertas por participar en las luchas populares.

¿Qué significa esta continuidad entre la dictadura y los gobiernos democráticos previos y posteriores a la misma?

Que hay un hilo que ha atravesado a todos estos gobiernos. Y este hilo ha sido el hecho de llevar adelante, en sus rasgos más generales, una política económica a la que adhiere y apoya el conjunto de la clase dominante, ya sea a través de los distintos partidos que expresan sus alternativas o, cuando esta forma resultó ineficiente, a través de la ocupación del gobierno directamente por las fuerzas represivas.

Así, cuando la resistencia obrera y popular llegó a un grado tal que se expresó en la constitución de grupos armados que ponían en cuestión el monopolio de las armas de la clase dominante y, en algunos sectores de vanguardia, en el cuestionamiento al sistema capitalista mismo como forma de organización social, la burguesía optó por destruir esa resistencia recurriendo al golpe de estado y la dictadura militar. Y, cuando la dictadura cumplió su tarea, la burguesía comenzó a reclamar la vuelta de la democracia.

Los resultados más profundos de este largo proceso son los que signan nuestra realidad actual. Por un lado, el quiebre de la resistencia obrera posibilitó a la burguesía imponer peores condiciones de explotación, eliminando derechos conquistados por la clase trabajadora tras largos años de lucha y degradando las condiciones de vida de gran parte del pueblo sumergiéndolo en la miseria y el hambre. Por otro, al destruir a la vanguardia de los trabajadores mediante la desaparición, la represión y la cárcel, se produjo un quiebre en la posibilidad de pensar en la construcción de una alternativa a esta sociedad de explotación. Las nuevas generaciones fueron educadas en el miedo a la represión, a la hiperinflación, a la desocupación, a la miseria. Y obligados a aceptar que no existían alternativas al capitalismo, el cual fue presentado como el mejor de los mundos posibles.

Por eso, la principal enseñanza que nos deja la historia de nuestro país a propósito de la conmemoración del 24 de marzo, es que la única forma de salir de esta situación de constante retroceso es que los trabajadores comiencen a recomponer sus fuerzas en pos de la construcción de una alternativa política propia.

Para detener el retroceso, la degradación y la miseria actuales es necesario avanzar en el reagrupamiento de la vanguardia obrera y la unidad de las fuerzas de clase en torno a la lucha por reivindicaciones elementales como la defensa del salario, la reducción de la jornada laboral o un seguro de desempleo. Luchar por mejores condiciones de vida y de trabajo que permitan a la par generar mejores condiciones para luchar por la construcción de una alternativa propia de los trabajadores.

Hoy, cuando están planteadas unas elecciones a presidente y vice, donde los candidatos que encabezan las encuestas coinciden en lo fundamental de la política de ataque a la clase trabajadora que se ha venido implementando, resulta indispensable comenzar a discutir cómo construir una alternativa propia, de los trabajadores. Ni las alternativas nacionalistas ni las estatistas han significado una salida para los trabajadores y el pueblo, porque de una forma u otra, no cuestionan las bases del sistema de explotación actual. Es necesario comenzar a organizarnos en pos de una alternativa que sea superadora de la sociedad capitalista, una alternativa basada en un orden social sin explotadores ni explotados, una alternativa socialista.

Porque la historia no comenzó el 24 de marzo, pero tampoco esta terminada....